EL AMOR ES UN “ROMPECABEZAS”                                                         
 
Los fabricantes de rompecabezas imprimen sus imágenes sobre cartulinas que después troquelan generando múltiples piezas. Existen rompecabezas de 5, 6 y hasta 10.000 piezas. Se fragmentan para que nos divirtamos reuniendo estas piezas de un modo significativo. Para disfrutar con este juego necesitamos que alguien las haya separado y revuelto previamente, de tal manera que reconstruirlo ofrezca una cierta dificultad: un rompecabezas excesivamente fácil de resolver no resulta divertido.
 
Imaginemos que algunos de estos fabricantes consiguen hacer que estas piezas tomen conciencia de si mismas. Puesto que han adquirido la conciencia después de haber sido disgregadas, observan la existencia con una gran confusión: desconocen su origen y por lo tanto su meta. Y sin embargo el fabricante las ha hecho conscientes con el fin de que busquen el lugar que les corresponde, y resuelvan el rompecabezas por si solas.
 
Cuando estas piezas se miran al espejo, contemplan imágenes absurdas, sin pies ni cabeza; les resulta muy difícil gustarse tal como son. Pero a pesar de ello sienten el impulso de agruparse: piensan que juntas estarán mejor y ofrecerán una imagen más coherente. El fastidio es que raramente encajan con sus vecinas; a veces tienen la impresión de convenir pero, al constatar la imagen que ofrecen emparejadas, han de admitir su equivocación: no han nacido para estar juntas.
 
Sin embargo intuyen que en algún lugar debe existir la pieza que casa con ellas; así que, con afán de perfeccionarse, se mueven sin cesar, tanteando cuantas compañeras se cruzan en su camino. En este constante deambular se topan de vez en cuando con conjuntos de dos o más piezas que han conseguido agruparse: las imágenes que presentan son ciertamente agradables y esto las anima perseverar. ¡Si al menos alguien pudiera indicarles hacia donde deben dirigirse!
 
Pero a menudo los consejos ajenos tienen graves consecuencias: Cierta pieza intuye que los límites de la realidad son rectos; pero su visión es parcial y confusa; y acaba promocionando la idea de que las piezas deberían tener un perfil recto: cualquiera puede ver lo fácil que sería encajar contornos rectos. La “rectitud” aparece entonces como una manera de ser muy conveniente. Su ausencia explica además el disgusto generalizado que las piezas experimentan hacia si mismas.
 
Ahora “ya se sabe” hacia donde hay que ir. Las piezas realizan todo tipo de ejercicios para “rectificarse”: procuran estirarse para parecer más rectas, se acusan las unas a las otras de falta de “rectitud” y pierden las ganas de ensayar nuevos contactos entre si. En cambio, es el disloque para las formas que muestran una parte de su contorno rectilíneo: todas quieren ser como ellas y juntarse con ellas. La mayoría emprende largos viajes para encontrarlas, porque corre la voz de que abundan en los lugares más lejanos.
 
Solo las que se tienen a si mismas por claramente deformes se quedan en el centro, desmoralizadas. Y también muchas de las que habían conseguido formar pequeños agrupamientos. Allí reina ahora la calma. Las piezas tienen tiempo para rodearse y observarse con tranquilidad desde diversas perspectivas. Y surge la sorpresa: algunas empiezan a encajar por donde menos esperaban. Los grupos se van haciendo mayores y van incluyendo a las que regresan desengañadas de los alrededores. Algunas que se consideraban verdaderas monstruosidades son recibidas con gran alborozo al ser las únicas que faltaban en ciertos lugares. Son valiosas porque son como son. Y todas son imprescindibles; incluso las rectas.
 
Lo dicho: el amor es un rompecabezas.

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5 Comentarios

  1. Comentario de Carlos DEscalzo el día 21 agosto, 2010

    Gracias por este ingenioso cuento que nos ayuda a comprender que el Amor es una fuerza que aglutina o que pega más allá de la forma.

  2. Comentario de María Ángeles el día 28 agosto, 2010

     
    Me ha encantado este cuento.
    Muchas gracias por exponerlo y compartirlo.

  3. Comentario de maria el día 31 agosto, 2010

    Efectivamente, muy bonito. Supongo que el asunto es la confianza en que todos somos amor, inteligencia y energía , independientemente del troquel que nos haya tocado. Imagino que cuando tienes la certeza de que de que cualquier forma que eres está bien ,es cuando se empieza a disfrutar la vida de verdad.

  4. Comentario de jordi sapés el día 1 septiembre, 2010

    Está bien por dos motivos: porque todo es bien y porque es la tuya. Sin troquel, tú no habrías existido nunca.

  5. Comentario de jose enrique el día 14 septiembre, 2010

    Lo primero para mi es ampliar la conciencia para  vivirse como ficha de rompecabezas, y luego ya te queda claro que tu forma como ficha, sea la que sea, es fundamental para completar el rompecabezas. Un saludo a todos
    Josenrique

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