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Persiguiendo el yo

Jueves, enero 13th, 2011

PERSIGUIENDO EL YO
 
En el Trabajo de Antonio Blay se habla de muchos yos: el yo idea, el yo ideal, el yo experiencia, el yo esencial… Cuando estos conceptos se sacan de contexto, pueden producir una confusión que da lugar a algunas preguntas frecuentes: ¿en que yo estoy?, ¿qué yo es el que trabaja?, ¿qué yo es el que actúa?…
 
La expresión que utilizaba Blay para definir el yo era que es la identidad, lo que nunca cambia, lo que siempre permanece inmutable. Y al mismo tiempo afirmaba que el Trabajo consistía en ser cada vez más uno mismo. ¿Cómo es posible que algo que nunca cambia pueda ser más? Porque lo que crece es la conciencia del yo, no el yo en sí mismo, que nunca cambia. (más…)

Propósitos para el nuevo año

Domingo, enero 9th, 2011

PROPOSITOS PARA EL NUEVO AÑO
 
El tiempo existencial es lineal y va desde el nacimiento a la muerte. El tiempo esencial es cíclico: se manifiesta para reencontrarse a sí mismo. Por eso, al tiempo que envejecemos maduramos, porque vamos repitiéndolo todo, pero cada vez más conscientes de ser nosotros mismos.
 
Cuando percibimos ambos tiempos simultáneamente, es como si se contrarrestaran porque constatamos que está pasando el tiempo pero también que está sucediendo lo mismo; entonces tenemos la oportunidad de experimentar la eternidad, que es lo único real. Lo temporal contempla fenómenos que aparecen, desaparecen y reaparecen; pero desde la eternidad, desde fuera del tiempo, tenemos la opción de hacerlos reaparecer de forma distinta. Esta opción rompe el mecanismo, rompe la continuidad; y trasforma el círculo cerrado de la repetición en una espiral creativa. (más…)

Despues del personaje el yo experiencia

Viernes, mayo 7th, 2010

DESPUES DEL PERSONAJE EL YO EXPERIENCIA
 
Lo primera práctica del Trabajo es despertar. Despertar no es difícil, lo difícil es impedir que el personaje nos devuelva al sueño. Para liberarnos de la influencia del personaje lo hemos observado hasta entender porqué teme tanto algunas cosas y tiene tanta necesidad de conseguir otras. Lo que nos induce al sueño son los deseos y temores del personaje; pero, detrás de estas emociones, si estamos advertidos, descubriremos siempre al yo idea y al yo ideal, actuando según sus patrones habituales.
 
Si recaemos en el personaje, el propio malestar que experimentemos actuará de despertador. A condición , claro está, de que nos mantengamos alerta y no admitamos los estados negativos. Sabemos por experiencia que, cuando estamos despiertos, no hay estados negativos. O sea que estar despiertos ha de ser un propósito constante.
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