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Actitudes ante la investigación del sentido de la vida

Martes, abril 10th, 2012

ACTITUDES ANTE LA INVESTIGACIÓN DEL SENTIDO DE LA VIDA, POR ANTONIO BLAY

Todo ser racional, en un momento u otro de su vida, tiene que detenerse a pesar de su más o menos agitado ritmo de vida diaria, para enfrentarse con un enigma fundamental que exige una respuesta clara, inmediata y contundente: Yo, ¿por qué existo?, ¿para qué estoy viviendo?, ¿cuál es el sentido de mi existencia?, ¿qué es la vida?

Son numerosas las personas que ante preguntas “tan extrañas” después de otear brevemente su horizonte intelectual y revisar rápidamente su archivo de datos y experiencias personales, presionados por los problemas inmediatos a resolver o por su rutina habitual de acción, zanjan la cuestión con un elocuente encogimiento de hombros y prosiguen sus actividades, luchas y problemas, sin comprender nada de esa vida en la que luchan y por la que luchan; más bien sintiéndose aliviados al alejar de si tales pensamientos perturbadores.

Otras personas, las más, se contestarán a sí mismas de acuerdo con las lecciones aprendidas en su infancia o juventud. Y aquí encontramos varios grupos:

El grupo en el que prevalece una formación científica, se satisfará afirmado que la vida no es más que un proceso de lucha por la supervivencia, de adaptación progresiva al medio ambiente, de evolución de un proceso orgánico, etc.

El grupo en el que predomina el aspecto religioso tradicional nos dirá que la vida es el campo de experimentación creado por Dios, para que el hombre, luchando por el bien y en contra del mal, merezca ganar la felicidad o la condena eterna.

Existe también el grupo de los que mantuvieron durante un tiempo una visión idealista de la vida, pero que ante los fracasos y desengaños, o bien presionados por incentivos más inmediatos, se refugian en el escepticismo adoptando una filosofía que les parece “más realista”.

Hay otras personas que, después de haber hecho varias incursiones en el terreno de las más variadas escuelas filosóficas, acaba con un lio tan tremendo en su cabeza que ya no consiguen mirar nada por sí mismos y solamente saben pensar en términos de tal o cual “autoridad”.

Algo parecido sucede con los que después de haber descubierto que en todas las grandes religiones, así como en la teosofía y el ocultismo, hay cosas excelentes, y que algunas grandes verdades y aspectos éticos son comunes o similares, acaban aceptando “un poco de todo”, resultando de ello un confuso y espeso “potaje intelectual”, que por su contenido de dudas e ideas contradictorias, anula toda posibilidad de trabajo espiritual concreto y positivo.

Hay también, claro está, es grupo enorme formado por los agnósticos, que con una pirueta lógica asombrosa, toma como punto de partida la conclusión firme de que al hombre le es totalmente imposible llegar a conocer nada verdadero sobre el sentido de su vida, si es que la vida puede tener realmente algún sentido. Y partiendo de esta postura “tan racional” ahogan desde su nacimiento cualquier deseo de investigar, cualquier intento de enfrentarse ante el problema con la mente abierta.

Las personas de estos grupos adoptan estas posiciones como una necesidad de afirmarse a sí mismos en aquello que afirman o niegan. Y parece que la necesidad de esta afirmación personal es más importante que la misma respuesta afirmativa o negativa al problema en cuestión. Incluso más importante que el mismo problema.

Creo que es principalmente esta actitud la que incapacita a la persona para ver y descubrir nada realmente nuevo. Es el gesto de hincharse a sí mismo en la pretensión de ser y estar completo en sí mismo. Y verdaderamente, en esta situación, en este estado, no hay sitio para nada más.

La otra actitud que también incapacita para ver y descubrir es la opuesta: la de encogerse. Es la actitud del miedo, de quien está en el mundo sintiéndose con el riesgo constante de ser gravemente lesionado, física o moralmente. Y necesita estar defendiéndose a base de ocupar el menor sitio posible, físico, afectivo y mental. Y por eso tampoco hay aquí sitio para nada nuevo.

Las únicas personas que tienen una oportunidad de descubrir alguna nueva verdad son las que con sencillez y sinceridad son capaces de enfrentarse con el mundo, con la vida, en esa disposición, mezcla de curiosidad, interés y admiración que siente el niño ante cada cosa nueva que se le presenta en su experiencia cotidiana, viendo en ella algo mágico y maravilloso que a la vez le atrae y exige ser desentrañado. Son las personas que ante la importancia del descubrimiento que presienten se olvidan de sus propias cualidades, limitaciones y problemas, para entregarse con todo su ser, abierto y receptivo, primero al tímido acercamiento y tanteo, y luego a la incondicional búsqueda y total penetración del misterio.

Extracto del libro:

Antonio Blay.- Plenitud en la vida cotidiana.- Editorial CEDEL, 1981. (capítulo primero)


La Identificación

Martes, abril 10th, 2012

LA IDENTIFICACIÓN

Llamamos identificación al fenómeno de crispación o de limitación mental y de proyección de toda nuestra noción de realidad en el objeto que vivimos en aquel momento. Identificarse es confundir la propia realidad con la realidad de un fenómeno interno o externo.

Por ejemplo, si cuando estoy en el cine sigo con interés una película que me resulta muy interesante, todas las vicisitudes del héroe o de la heroína producirán en mi una gran sensación, hasta el punto de emocionarme, conmoverme, animarme o exaltarme, y es porque vivo aquellas escenas con una realidad que me hace olvidar por unos instantes mi propia realidad.

Precisamente cuando la olvido es cuando más me emociono, cuando más intensamente reacciono ante una película bien hecha.

Pero ¿qué ocurre en esos instantes en que solo percibo lo que veo en la pantalla, en que estoy contento, alegre o asustado según se desarrolle el argumento? Sencillamente, que he olvidado mi noción de realidad, y aunque sigo teniéndola no la vivo como mía sino que se la doy al personaje con el que me identifico. Confundo mi noción de realidad con la suya. Estoy literalmente hipnotizado por aquella imagen, por el personaje que representa, y toda mi noción de realidad, en vez de vivirla como mía, la vivo como perteneciente a él. Yo, en aquel instante creo ser él.

Fragmento del libro de Antonio Blay: Plenitud en la vida cotidiana (Ediciones CEDEL) (capítulo III)

A la luz de este fragmento podemos reflexionar sobre los siguientes puntos:

1.- ¿vemos claro que la realidad siempre la ponemos nosotros?

2.- ¿qué es despertar?


Persiguiendo el yo

Jueves, enero 13th, 2011

PERSIGUIENDO EL YO
 
En el Trabajo de Antonio Blay se habla de muchos yos: el yo idea, el yo ideal, el yo experiencia, el yo esencial… Cuando estos conceptos se sacan de contexto, pueden producir una confusión que da lugar a algunas preguntas frecuentes: ¿en que yo estoy?, ¿qué yo es el que trabaja?, ¿qué yo es el que actúa?…
 
La expresión que utilizaba Blay para definir el yo era que es la identidad, lo que nunca cambia, lo que siempre permanece inmutable. Y al mismo tiempo afirmaba que el Trabajo consistía en ser cada vez más uno mismo. ¿Cómo es posible que algo que nunca cambia pueda ser más? Porque lo que crece es la conciencia del yo, no el yo en sí mismo, que nunca cambia. (más…)

Mi experiencia con Antonio Blay y sus primeros frutos

Lunes, noviembre 1st, 2010

MI  EXPERIENCIA CON ANTONIO BLAY Y SUS PRIMEROS FRUTOS
 
Yo estuve con Blay desde 1980 a 1985. Cuando lo conocí llevaba treinta años buscando algo por lo que valiera la pena luchar. Participé en los movimientos políticos y culturales de los 70 pero, al final, los encontré decepcionantes. Y cuando ya me cuestionaba a mi mismo por ser incapaz de llevar una vida normal satisfactoria, encontrarlo a él me devolvió la confianza en la bondad de mis anhelos y aspiraciones (más…)

El personaje no es lo mismo que la personalidad

Miércoles, junio 30th, 2010

EL PERSONAJE NO ES LO MISMO QUE LA PERSONALIDAD
 
El “personaje” es un concepto acuñado por Antonio Blay, para referirse a lo que Gurdjieff llama “falsa personalidad” y la psicología tradicional conoce como “ego”.
 
La palabra “personaje” remite al papel que los actores representan en el teatro o en el cine. El actor tiene su propia personalidad pero, a efectos del guión, tiene que olvidarse de si mismo y representar un papel; tiene que actuar como si fuera otro; y tiene que hacerlo de tal manera, que parezca que es realmente otro. En la historia del cine, se da el caso de actores que se especializaron en un determinado papel; y acabaron confundiéndose a si mismo con el personaje que representaban; olvidando su verdadera identidad. Se dice que acabaron locos, alienados. (más…)