SEMINARIO SOBRE LA PERSISTENCIA DEL PERSONAJE. RESUMEN.
 
Conviene no caer en la idea de que el personaje es nuestra manera de ser o personalidad. El personaje sólo es un embolado mental que se mueve entre dos fantasías: la amenaza de no ser aceptado y el propósito de evitarlo llegando a ser importante para alguien.
 
Una vez visto el personaje, con la profundidad suficiente; es decir: habiendo observado los patrones que repite constantemente y los complejos e ilusiones que arrastra, este personaje sólo puede sernos útil como despertador. No es cuestión de sentarnos a contemplarlo y hacer una tesis doctoral sobre el mismo. Porque ver el personaje implica haber comprendido el error que hay en este mecanismo que nos impide mantenernos despiertos: sus fantasías, tanto negativas como positivas, y los correspondientes miedos y deseos que estos pensamientos generan.
 
Claro, no se trata de pensar o sentir lo contrario, se trata de despertar, de proponernos estar todo el día despiertos; no hay motivo alguno para mantener una visión distorsionada de la realidad. Ver el personaje sirve para desidentificarse de él por completo; seguir hablando de “mi personaje” es una trampa; y también lo es utilizarlo como excusa o justificación para no hacer frente a las dificultades reales que tenemos. Porque la mayoría de dificultades las provoca el propio personaje al no aceptar la realidad tal como es. Siempre que observemos en nosotros discriminación, disconformidad o disgusto con la realidad, es que detrás está el personaje; y por tanto, es señal de que estamos dormidos y debemos despertar.
 
Nuestra naturaleza es capacidad de ver, amar y hacer. Esta capacidad no se agota; y por lo tanto no tiene sentido que aceptemos ninguna limitación. La posición “humilde” es tan absurda como la vanidad. A veces el personaje se disfraza de “buena persona” o de “persona sensible” para justificar su falta de empuje y su renuencia a comprometerse con la vida. Pero se disfraza también de grandes propósitos y buenas intenciones, entre ellas las espirituales. El yo ideal se alimenta de ellas, quiere ser mejor, ejemplar, quiere realizarse…en el futuro. Olvidando que todo lo que el yo ideal puede imaginar se queda pequeño al lado del potencial que ya somos, aquí y ahora. O sea que hablar del Trabajo, en vez de ponerlo en práctica, es otra forma de caer de nuevo en brazos del personaje.
 
Hay quien decide dar por descontado que esto sucederá y lo utiliza como justificación para tirar la toalla. Desde luego que pasará si no hay una decisión irrevocable de permanecer despiertos, de vivir la existencia como sujetos conscientes y de hacer caso omiso de las fantasías trágicas o estimulantes que el personaje intentará seguir presentando a nuestra mente. Pensar es sinónimo de presencia del personaje, tanto da que pensemos en la comida como en los niveles superiores. Lo que se trata es de situarse en estos niveles superiores, no de pensar en ellos.
 
Estar despierto es el estado natural del ser humano después de haber trascendido el engaño del personaje. El personaje es algo artificial insertado en la mente por una educación incorrecta; y es algo que, en consecuencia, se puede eliminar. Estar despierto es el nivel de conciencia propio del yo experiencia o personalidad, del yo que se expresa conscientemente a través de unos cuerpos. Así que despertar no es un estado meditativo que requiere inhibirse del mundo ordinario, todo lo contrario: es un estado operativo de máxima presencia en este mundo ordinario.
 
Despertar es poner la atención en la presencia del yo, para actuar a continuación en la realidad como sujeto consciente desde esta presencia. La existencia es la actualización del potencial de inteligencia, amor y energía que somos; pero esta actualización no es aleatoria sino que responde a unos estímulos concretos que aparecen en el exterior. Mientras que el personaje se afana inútilmente por manipular este exterior, el yo experiencia asume su poder, sus capacidades y se hace responsable de la respuesta que da, porque esta respuesta es su razón de existir.
 
O sea que estar despierto no es sólo experimentar la seguridad, la paz y la serenidad inherentes a la conciencia del yo, es vivir conscientemente en todo momento la respuesta que doy a lo que me aparece en el exterior. Esta conciencia activa de sujeto no debo perderla en ningún momento, si no quiero que el mecanismo del personaje vuelva a apoderarse de mi. El hecho de haberlo constatado como opera el piloto automático no lo va a cambiar. La cuestión es prescindir de este piloto automático para dirigir mi vida en primera persona.
 
Esto, como todo, de entrada, es difícil; pero a base de ejercitarlo, se convierte en algo habitual. Lo que no tiene sentido es haber contemplado el desperdicio de la vida que hace el personaje y aceptar mantenerse ahí. Apostar por la conciencia es lo único que tiene sentido. Y el campo de batalla final entre el personaje y la conciencia es la vida cotidiana. Algunos pretenden pasar del personaje a la realización, y no se dan cuenta de que siguen estando en poder del yo ideal, porque todavía no se tienen a si mismos.
 
Vivir en el yo experiencia es responder de una forma personal y consciente a lo que aparece en el exterior con toda la inteligencia el amor y la energía de que uno es capaz, combinando adecuadamente estas tres capacidades. Sin condicionar esta respuesta, sin criticar lo que se presenta. El yo experiencia vive en lo que hay, tal como es, no en lo que debería haber. Y expresa su inteligencia, amor y energía para perfeccionar lo que recibe, no para conseguir prestigio o reconocimiento porque, despierto, ya soy; y no necesito reconocimiento alguno.
 
Cierto que debemos enfrentar un mundo y una humanidad en estado embrionario, pero para eso estamos aquí. La inteligencia sirve para investigar lo que no comprendo, la energía sirve para superar los obstáculos y el amor sirve para integrar lo que me parece injusto o inaceptable. Nuestro paso por esta existencia consiste en perfeccionarla aportando de una manera personal el amor, la inteligencia y la energía que somos. Y para eso, disponemos de un caudal inagotable procedente de nuestro Yo Esencial, un caudal con el que nos conectamos a través del ejercicio del Centramiento.
 
Después de haber visto el personaje no podemos seguir viviendo igual que antes, tenemos que hacer espacio-tiempo para la conciencia. Cuando uno descubre lo que es, se da cuenta que la vida es algo distinto de lo que creía. Podemos entender las motivaciones de la gente que vive en el personaje pero las nuestras son ahora distintas; convivimos en el mismo mundo pero tenemos otros objetivos. Ahora no estamos atrapados por el mundo, pero tampoco pretendemos huir de él; lo que pretendemos es hacer que nuestra personalidad se haga transparente al Ser Esencial para que El pueda actuar a través de nosotros. Esta finalidad nos llama a ser responsables de cómo administramos nuestra existencia y como empleamos nuestro tiempo.
 
Hay objetivos que la sociedad valora mucho pero que exigen una atención exclusiva hacia el exterior; y nosotros tenemos que ser un puente entre lo Superior y la realidad económica y social. No somos partidarios del ascetismo, porque esto nos separaría del mundo ordinario, pero si de la sobriedad que nos permite vivir con lo que de verdad necesitamos. No somos partidarios de la subordinación, pero tampoco buscamos el poder, porque el poder es excesivamente tributario de las estructuras sociales. Alentamos la creatividad allí donde la vida nos lleve a trabajar; y la calidad por encima de la cantidad. Estructuramos nuestra vida de cara a actualizar el máximo el potencial que somos, y esto nos aconseja llevar una vida equilibrada, no en nombre de la moral sino de la inteligencia. Porque, al igual que la inteligencia sin amor puede dar resultados terribles, también el amor sin inteligencia produce muchos desastres.
 
El amor, la unidad, el colectivo, los desamparados, el tercer mundo, etc. son temas que empiezan a interesar a las personas. La humanidad está empezando a vibrar en unas dimensiones que trascienden lo meramente material e incluyen lo estético y un cierto interés por el conocimiento; de momento con una finalidad básicamente práctica. Sin embargo, la capacidad menos desarrollada a nivel de masas es la inteligencia, la capacidad de ver por uno mismo. Por eso la política se desarrolla en estos niveles emocionales tan primarios.
 
Es importante que actuemos como pequeños faros de luz. Evitando sumarnos a la crítica fácil al gobierno y a los políticos. No se trata de dar alternativas; se trata de algo más elemental: querer saber lo que sucede, cuales son los problemas reales; en vez de buscar un chivo expiatorio a quien hacer responsable. Es cierto que los países tienen los gobiernos que se merecen; y es cierto que los que no comprenden su historia están obligados a repetirla. Nosotros vivimos en varias dimensiones, tenemos una dimensión individual, otra laboral, otra familiar, otra social y otra humana. Y hemos de ser conscientemente activos en todas estas dimensiones. En gran parte, vivir los niveles superiores de conciencia pasa por estar operativo en todos estos ámbitos.

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