EL SER HUMANO Y LA TRASCENDENCIA AQUÍ Y AHORA
Por Jordi Sapés

 

Entendemos la trascendencia como una superación de límites, habitualmente el de la muerte física. Trascendencia equivale para muchos a vida después de la muerte: tenemos miedo a desaparecer y la idea de que la muerte solo es aparente nos tranquiliza.

Otra idea parecida es la hipótesis de la reencarnación: moriremos pero de forma provisional porque vamos a volver de nuevo a este mundo con un nuevo cuerpo y una nueva personalidad.

Aparte de estas hipótesis de tipo físico o metafísico hay otra alternativa más mental que consiste en trascender permaneciendo en la memoria de las generaciones futuras, si es posible con una mención explícita en las crónicas que se refieren a nuestra época. Eso, de un modo más modesto, es lo que pretenden habitualmente los padres: vivir una continuidad influyendo en sus hijos y nietos.

Es curioso que la trascendencia nunca se plantee en términos de pasado; fijaros que si hablamos de reencarnación, la imaginamos siempre en el futuro. Y no hay motivo alguno para verlo así porque, si podemos salir del tiempo y volver a entrar, tanto podemos hacerlo en el pasado como en el futuro. Esta sería la explicación de las genialidades de Leonardo da Vinci o de Jules Verne: procedían del futuro.

Claro que nuestro cuerpo siempre procede del pasado: cuando llegamos a este mundo recibimos una herencia genética, psicológica y material que determina en buena medida cómo será nuestra existencia. Así que esta influencia que aspiramos a tener en las generaciones futuras, de entrada, cae sobre nosotros procedente de las pasadas, tanto de la familia en la que nacemos como de la situación social en la que irrumpimos.    No sabemos si pasaremos a la historia de una forma personal, pero lo que es evidente es que la historia pasa a través de nosotros; así que, de hecho, nuestra personalidad no es más que un eslabón de esta cadena que transmite la trascendencia, desde el pasado, hacia el futuro.

Sin embargo, si pasa del pasado al futuro, es que está presente aquí y ahora. Y como el ahora pasa en un instante a ser pasado, debe ser necesariamente algo que está fuera del tiempo. Nosotros tenemos claro que la trascendencia reside en nuestro ser esencial, siempre presente, siempre idéntico: la trascendencia es nuestra naturaleza esencial y lo trascendente es que nos expresemos desde esta realidad esencial, luchando por que la realidad del ser humano sea el punto de referencia de la existencia individual y social.

No es lo mismo actuar desde el personaje que hacerlo de un modo consciente y voluntario desde nuestra capacidad de ver, amar y hacer. La cosa cambia mucho; y cambia no solo en relación a lo que podemos hacer sino también en relación a lo que admitimos que nos hagan.

Desde la trascendencia hay situaciones que simplemente no son de recibo, por eso Jesucristo expulsó a latigazos a los mercaderes del templo; no se puso a discutir con ellos y a convencerlos de que dieran una mayor cantidad de limosna para los sacrificios. No era un posibilista sino que había venido justamente a destacar claramente que el ser humano tiene muy poco que ver con este patio de Monipodio en el que estamos viviendo.  

Así que lo trascendente aquí y ahora es no colaborar con este orden de cosas y levantar la bandera de la dignidad del ser humano. Ser un hombre o una mujer reales, sin complejos ni limitaciones internas: esto es la trascendencia.

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