EL PERSONAJE DE LOS OTROS
 
El concepto de personaje es exclusivo de la línea de Antonio Blay. Lo más parecido que podemos encontrar es la idea de ego, como noción de si misma que tiene la persona. O la idea budista de que el yo es una ilusión.
 
En efecto el personaje es una ilusión. Lo es en el sentido que yo soy de una manera determinada y existo en esta realidad física; pero lo que pienso de mi no tiene ninguna realidad. Es como si contemplo un escaparate de una tienda que expone sus productos a la vista del público: los productos son reales, pero el hecho de que a mí me gusten o no, no es real.
 
Supongamos que estamos contemplando un vestido de color verde. El vestido es real y también lo es el color verde de la tela con la que ha sido confeccionado. El hecho de que a mí me guste o no, no le afecta para nada al vestido. Y sobre todo, no le afecta al vestido el hecho de no ser azul, que es el color que a mí me gusta. Si algo es irreal, es la idea de que una cosa no sea de una manera distinta de cómo es.
 
Pues bien, la personalidad es real; en cambio el personaje no, porque el personaje es la idea de que yo debería ser de otra manera. Esto no existe, no es real. Yo soy como soy, y los demás también.
 
Claro que mi personaje puede opinar que los demás tampoco son como deberían ser. Incluso, en el colmo de la locura, yo puedo estar de acuerdo con alguien que me dice que no soy como debería ser; e incluso querer cambiar, para ser como el otro considera conveniente. De hecho, esto es lo que sucede cuando caemos en el estado de conciencia alienado que llamamos personaje. Pero incluso en el caso de que yo mismo piense así, esta idea de mi no es como yo soy; sólo es la idea de que debería ser distinto. Y esta idea no tiene realidad.
 
Cuando estamos situados en el nivel de conciencia del personaje, nos cuesta mucho vernos a nosotros mismos tal como somos; y también nos cuesta ver a los demás tal como son. Parece mentira pero solemos verlos como no son; es decir: en función de cómo nuestro personaje le gustaría que fueran. Y esta fantasía no siempre es crítica: a menudo, sobre todo cuando nos enamoramos, proyectamos en el otro una imagen ideal que tenemos en nuestra mente: nos parece que hemos tenido la fortuna de descubrir a alguien que es “como hay que ser”. Por eso después vienen las desilusiones. El otro no es responsable de nuestra desilusión; simplemente él es como es.
 
En la realidad, incluso en el caso de que no se guste a sí mismo, el otro siempre ha sido como es. El problema es si nosotros lo hemos observado con atención o lo hemos dado por supuesto desde nuestra manera de pensar. En el momento en que lo miremos directamente, sin el filtro de esta manera de pensar, lo veremos tal cual es.
 
Lo que nunca podremos ver es el personaje de otro; lo podremos pensar, imaginar, deducir, pero no lo podemos ver, porque no es nada real. Si el otro está en el nivel de conciencia del personaje, cuando despierte, se verá a si mismo tal como es. Y si soy yo el que estoy en este nivel, cuando yo despierte, veré al otro tal como es.
 
¿Podemos tener una desilusión cuando despertemos y veamos al otro tal como es?
 
No, las desilusiones las tiene siempre el personaje. Si nuestro personaje juzgaba mal al otro, veremos que es mucho mejor de lo que pensábamos; y si teníamos de él una idea maravillosa, veremos que su realidad es mucho mejor que esta idea maravillosa. Porque cualquier realidad es superior a una idea. El vestido verde que existe, aunque me disguste, es inmensamente superior al azul que no existe. Y eso, cuando uno está despierto, lo ve con mucha claridad.
 
Sin embargo, hay gente dormida que utiliza el concepto de personaje para criticar a los demás y sentirse por encima de ellos: ¡es que tienen un ego que se lo pisan!                

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  1. Comentario de maria el día 28 marzo, 2011

    Me gusta mucho este artículo. Está muy bien explicado y me ha hecho mucha gracia la historia de los vestidos.  ¿Podrías ampliar un poco la frase :Si algo es irreal, es la idea de que una cosa no sea de una manera distinta de cómo es.? Siempre me tropiezo un poco con este concepto.

    • Comentario de J.Sapés el día 28 marzo, 2011

      Bueno, podemos seguir con el símil de los vestidos. Imagínate que te digo que te voy regalar uno muy bonito. Tú esperas mi llegada con ilusión para ver el vestido que te he comprado, pero resulta que no he encontrado ninguno que fuera lo suficiente bonito para ti. Y la próxima vez tampoco te llevo ninguno, porque tú te mereces el vestido más bonito del mundo. Pasan los días y yo no consigo encontrar el vestido de mis sueños; ninguno me parece ser el que tú te mereces; pero sigo comentándote lo elegante que vas a estar con este vestido fabuloso que no logro encontrar.
      Al cabo de un tiempo, te vas a mosquear y me dirás: “bueno, traéme cualquier vestido, aunque no sea tan bonito”.

  2. Comentario de David el día 29 marzo, 2011

    Hola Jordi, lo que no acabo de ver del ejemplo es que los gustos no sean reales, ¿a nivel de yo-experiencia tampoco?. Parece por el ejemplo del escaparate que lo único real sea el mundo físico, pero para un yo experiencia con un cierto grado de actualización – y un modo de ser - los gustos tendrían que ser tan reales como los productos.  Entiendo que la irrealidad de los gustos estaría más bien visto desde el yo esencial. A ver si me aclaras esta duda.
    Un abrazo

    • Comentario de J.Sapés el día 29 marzo, 2011

      Los gustos son reales en la medida en que se refieren a algo que existe. El disgusto por algo, por el hecho de no ser de otra manera, no se refiere a nada existente; es un montaje de la mente.

  3. Comentario de maria el día 1 abril, 2011

    Bueno, David, veo que coincidimos por lo menos en las dudas. 
    En ocasiones deseamos (me meto en iios con esta palabra, lo se)  imaginamos , diseñamos proyectos que "no son" aún pero que queremos que sean  para poder convertirlos  en realidad y, de acuerdo, no hay que disgustarse si no salen, es señal de que es necesario mejorarlos o reconsideralos, pero existen como ideas y como proyectos no?

    • Comentario de J.Sapés el día 1 abril, 2011

      Aquí es inevitable hacer una reflexión filosófica: ¿existe cualquier cosa por el sólo hecho de que aparezca en tu mente?. Que aparece en tu mente es un hecho, pero ¿esto lo hace real? Si tú estás convencida de que puedes volar y te tiras por la ventana de un quinto piso, ¿qué pasa?
      Parece que la experiencia nos dice que debemos exigir algunas garantías para considerar los deseos y los pensamientos como algo existente. Si partiendo de la realidad que vives, imaginas qué cosa puedes hacer para transformarla y procedes a llevarla a cabo, este deseo y esta imagen aparecen como algo indispensable. Sin embargo, si te pones a fantasear y a complacerte con imágenes fantásticas, positivas o negativas, sin sentirte obligada a hacer nada para que tengan una repercusión práctica, tu mente puede elaborar toda clase de desvaríos.
      Todo cuanto existe está hecho de inteligencia, amor y energía; si algún fenómeno de conciencia carece de una de estas esencias, no se puedes considerar real y existente.
      Claro que la mente tiene la capacidad de distinguir las tres variables: la imagen, el deseo y la acción, pero eso no significa que tengan una existencia independiente. Las ganas de comer jamón están directamente relacionadas con el jamón, aunque se puede distinguir perfectamente una cosa de otra; pero eso no te permite considerar las ganas como algo existente per se. Si caes en este error puedes acabar considerando también reales las ganas de tirarte por la ventana para volar. Y la idea de que las cosas no son como deberían ser.

  4. Comentario de David el día 1 abril, 2011

    Hola Jordi y María.
    Si, María, coincidimos en las dudas y seguro que en más cosas.
    Jordi, esos ejemplos que pones sobre las ideas y los gustos que existen (las ganas de comer jamón, el gusto por un vestido, etc), son dependientes de objetos del mundo físico (jamón, vestido, …). Ya se que me salgo un poco del tema pero siguiendo con las reflexiones filosóficas, el triángulo equilátero no existe en el mundo físico, existen aproximaciones, ¿pero podemos decir que por ese motivo el triángulo equilátero no es real?.
    Un abrazo

    • Comentario de J.Sapés el día 1 abril, 2011

      No te sales del tema. El triángulo equilátero es una idea platónica y en este plano físico no es real. O sea que si andas rechazando las “aproximaciones” que encuentres en nombre de esta perfección platónica tendrás otro ejemplo de lo que yo quiero señalar: no habrá ningún triángulo que sea conforme. Ahora bien, si te situas en el nivel mental superior de los arquetipos, allí encontrarás el dichoso triángulo equilátero. Lo que no vas a encontrar, en ningún nivel, son triángulos “no-equiláteros”; porque todos los triángulos terrestes son escalenos.

  5. Comentario de Eduardo el día 13 mayo, 2011

    Acabo de leer este último comentario y creo que estamos mezclando existencia con substancia, es decir, que en este mundo físco no es que "no exista ningun triangulo equilátero" la realidad es que tampoco existen triangulos escalenos, es más, no existe ningun triangulo puesto que esta realidad física que conocemos es tridimensional por lo tanto partiendo del  punto, la recta, los polígonos y terminando en la circunferencia, todos ellos  son  abstracciones mentales.
     

  6. Comentario de A.Sancho el día 19 julio, 2011

    Estimado Señor Sapés, en primer lugar permítame felicitarle por su esfuerzo y labor en la difusión del pensamiento de Antonio Blay en una sociedad tan consumista como la actual. Pensadores de su talla son vitales para hacer germinar un cambio renovador que inspire una mayor humanidad a nuestra cultura.
    Bien, ahora me gustaría compartir las reflexiones que han nacido en mí a raíz de la lectura de su artículo y de los comentarios de los lectores.
    En concreto, me gustaría revisar algunas de sus ideas que ha expuesto:
    “Es como si contemplo un escaparate de una tienda que expone sus productos a la vista del público: los productos son reales, pero el hecho de que a mí me gusten o no, no es real.”
    “El triángulo equilátero es una idea platónica y en este plano físico no es real.”
    Antes de escribir este artículo, seguramente, usted habrá tenido que tomar la decisión de escribir o no este artículo.
    Habrá “contemplado” en su mente las varias posibilidades de acción que disponía en ese momento en concreto, por ejemplo, en el “escaparate de su mente” se le “exponía” la posibilidad de por ejemplo: ponerse a ver la televisión, empezar a hacer la cena, seguir rumiando sus ideas, dejar el artículo para más tarde, etc.

    Y frente a todas esas posibilidades, una de ellas le habrá despertado más “ganas”, “le habrá gustado más” y por eso la ha escogido y le ha dado vida con sus actos. Por lo tanto, su gusto por esa idea es real y existe. La escritura de su artículo lo confirma.
    “El hecho de que a mí me guste o no, no le afecta para nada al vestido.”

    El hecho de que a usted le haya gustado la “idea” que ofrece posibilidad de escribir el artículo, afecta enormemente a la “idea”, puesto que a través de su “gusto”, usted la ha encarnado, la ha expresado y su acción (el artículo) ha interactuado con el resto de objetos físicos produciendo cierto cambio; por eso estoy escribiendo esto ahora.

    Por su artículo deduzco que con sus enseñanzas quiere generar un determinado cambio en las personas mediante la reflexión en el plano de las ideas. Hay una intencionalidad, una meta a la que aspira llegar, que no está presente aún como realidad corporal en este momento presente, pero que existe como posibilidad a nivel ideal.

    Como en la mente ve adelantado el fruto de la acción, se pone en marcha en el presente.
    Por lo tanto, su “meta platónica” a la que aspira llegar mediante el acto de escribir el artículo es 100% real, el “quid” de la cuestión es si todas las ideas son realizables o no. Todas las ideas son reales, están en nuestra cabeza, no se puede negar la realidad de lo que se ve y mueve en nuestra mente.
    La confusión estriba en que no todas las ideas describen objetos existentes o actos realizables. Por ejemplo, yo puedo tener la “creencia” de que cada vez que diga “abracadabra” aparecerá un conejo sobre mi mesa, y por mucho que diga la palabra, pues no aparece ningún conejo.

     
    “Pues bien, la personalidad es real; en cambio el personaje no, porque el personaje es la idea de que yo debería ser de otra manera. Esto no existe, no es real. Yo soy como soy, y los demás también.”
    El personaje, como idea que es, también es una estructura mental real, es nuestra autoimagen que nos hemos hecho, y que también hemos introyectado de otros, de lo que somos como personas y de lo que es el mundo. Y nuestros actos diarios nacen en base a la relación que tenemos nosotros con esa autoimagen y de la imagen que tenemos del resto de personas y del mundo.
    Si no hubiese un “personaje”, no se podría buscar e interactuar con “aquello que no es el personaje”. No sería posible el encuentro.
    Creo que el problema no es tener una autoimagen, el problema es el tamaño de esa imagen. Si quiero poner un litro de agua en una botella de dos litros, no habrá ningún problema pues me sobra espacio. En cambio, si quiero poner todo el Mediterráneo en un vaso de plástico no me cabe más que un vaso de Mediterráneo, el resto queda fuera.
    Cuando desde la autoimagen que sostiene el ego se intenta abarcar y comprender qué es la Vida, Dios, el sentido del dolor, etc., uno descubre, si es humilde, la pequeñez de su “vaso contenedor” ante la infinitud del misterioso contenido llamado VIDA.

    “El hecho de que a mí me guste o no, no le afecta para nada al vestido.”

    El hecho de que a mi autoimagen no le guste ser un mero un vaso de agua es muy importante.
    El hecho de que mi ego no se conforme con conocer una porción muy pequeña de la realidad afecta totalmente a la realidad porque en función de ese proceso la realidad se expande aún más, la realidad cobra vida a través de nuestra toma de consciencia y posteriormente a través de nuestros actos. Lo que estaba en el otro lado, entra también en éste, en el de la persona humana.

    Vea si es importante y vital reconocer como real nuestro “gusto por el vestido frente al escaparate”. De ello depende traer o no traer más consciencia y más Vida a nuestras vidas humanas. Es decir, ir experimentando e ir ganando en comunión con la Vida Cósmica y Total. Pues en comunión con la Vida ya lo estamos desde que nacemos y compartimos su misma naturaleza expansiva además de otros tantos atributos.
    ¿No es el anhelo de fusión con lo Otro nuestro deseo más profundo?
    ¿No es el proceso de satisfacer ese mismo deseo el que nos hace co-creadores de la Creación?

    Si no hay amor para reconocer la potencia latente que encarna una semilla, nada empezará.
    Sin embargo, la propia naturaleza y potencia de la semilla es dar a luz al árbol que su propia existencia ya anticipa. Y esa potencia no se extingue aunque no se le haga caso.
    A esa fuerza impulsora que no se puede parar, pero si frenar temporalmente, a eso lo llamo yo “gusto por la Vida”.

     
    Espero gustoso sus comentarios.

    • Comentario de J.Sapés el día 20 julio, 2011

      Qué es real y que no, es una de las discusiones centrales de la Filosofía. Mi experiencia me dice que hay diferentes niveles de conciencia de la realidad y que hay cosas que son reales en un nivel y no lo son en otro; por eso hay perspectivas filosóficas especialmente adecuadas para tratar cada uno de estos niveles: valen para uno y no para otro.

      Lo adecuado es considerar como real lo que es operativo en cada nivel. Si tú abres la nevera y ves lo que hay y lo que no hay, lo que no hay es real, como idea, en tu mente. Sin embargo, si pretendes comer lo que no hay vas a acabar mal. Y eso es lo que yo pretendo resaltar cuando hablo del personaje.

      Quizás en el artículo no queda clara la diferencia entre personalidad y personaje: la personalidad resulta imprescindible para interactuar con los demás, pero los complejos de inferioridad, por no ser de otra manera, por ejemplo: tal como quería tu padre que fueras, no son más que un impedimento. Son tan poco operativos como lo que no hay en la nevera. Ciertamente pueden condicionar tu existencia, pero de una forma absurda.

      Y cuando quieras ascender a otro nivel superior, te encontrarás no solo con que tu personalidad tiene difícil alcanzar esta comunión con la Vida Cósmica y Total sino que, además, se muere por el camino. A Dios gracias, tu Yo Esencial permanecerá porque, en última instancia, es lo único real.

      Desde esta única realidad última, todo lo que dices es correcto. El problema es cómo hacemos para experimentarlo partiendo del nivel de conciencia en el que estamos; y la diferencia que Blay establece entre personaje y yo experiencia o personalidad, sirve para desbrozar el camino.

      Porque el problema no solo es de tamaño, es fundamentalmente de conciencia de lo que somos. Si yo tengo conciencia de ser agua, me puedo maravillar ante la inmensidad del mar, pero no me vivo como algo distinto de él. En cambio si tengo la idea de que yo no soy agua, vete a saber hacia dónde dirijo mi existencia. Y eso es lo que hace el personaje: darme una información errónea acerca de lo que soy.

  7. Comentario de A. Sancho el día 20 julio, 2011

    En primer lugar, muchas gracias por su tiempo y sus comentarios. Me son de gran ayuda para ver los puntos débiles de mi anterior exposición.
    Me gustaría revisar el concepto de “lo que no hay” que aparece en su ejemplo de la nevera y argumentarle que yo sí pienso que esa idea es real tanto en la realidad física como en mi mente.
    “Si tú abres la nevera y ves lo que hay y lo que no hay, “lo que no hay” es real, como idea, en tu mente.”
    Yo le propongo otro ejemplo, imaginemos una ventana abierta por la que entra la luz del sol. El hueco de la ventana, el vacío que genera la estructura de la ventana es lo que permite que pasen los rayos de luz. Para mí, “el vacío de la ventana” es  “la presencia de la ausencia de todas aquellas cosas que pueden impedir el paso de la luz”. Si por el hueco de la ventana bajo la persiana, ya no veo el vacío de la ventana, ya no veo “lo que no hay”, veo el objeto y al mismo tiempo, muy importante, dejo de ver la luz que viene del otro lado.
    Por lo tanto, que pase la luz a través de la ventana y que yo vea iluminada la habitación demuestra que “lo que no hay” es real tanto en la existencia física como en mi mente.
    Reconocer la realidad, existencia y operatividad que ejerce dicho “vacío”, según mi parecer, es vital en el proceso de toma de consciencia.

    Como bien me indica, reconozco que mi imagen del vaso no es del todo funcional porque se centra en el tamaño la autoimagen. Añade además, que la personalidad se va muriendo en el proceso de Comunión con la Vida Cósmica.
    Si hacemos un equivalente entre “persiana” y “personalidad”, deduzco que el proceso de muerte de la personalidad debería ser así.
    La  personalidad es todo aquello que impide el paso de la luz en la habitación de nuestra consciencia. Tipos de personalidad hay muchas, habrán personalidades que son persianas totalmente bajadas, persianas semiabiertas, cortinas, etc…

    Entonces, el problema se centraría más que en el tamaño de la autoimagen, en el grado de transparencia de la personalidad.
    Otra reflexión que me surge a raíz de mi ejemplo es la siguiente: a pesar de que la persiana esté bajada y no haya luz dentro de la habitación, la parte externa de la persiana sigue estando en contacto con la luz…
    Curiosamente, todo esto encaja con una traducción personal que hice del primer capítulo del Tao Te King  que dice así:
     
    “La vida que se puede vivir no es la Vida Eterna,
    los nombres que se pueden nombrar no son el Nombre Eterno.

    Lo innombrable origina el Cielo y la Tierra,
    poner nombre a la Creación hace engendrarla (dentro de uno) al igual que una madre alberga en su vientre a su hijo.

    Por lo tanto, aquellos que no tienen deseos pueden ver su Esencia (de la Vida Eterna),
    los que tienen deseos ven su corteza (de la Vida Eterna).

    Ambos tipos de personas salen de la misma fuente,
    y ambos se refieren a ella como oscura.

    Oscura la de aquel y oscura también la del otro,
    puerta a la maravillosa Esencia.”

    A riesgo de equivocarme, deduzco por mi traducción de la explicación de Lao Tsé, que el deseo que tiene la persona por nombrar y conocer el mundo hace que lo recreemos virtualmente dentro nuestro, y al igual que una madre mientras lleva en el vientre a su hijo, sólo puede verse su propia barriga aunque sienta patear al bebé dentro, es decir sólo ve la “corteza” de la Vida.
    Sin embargo aquellos que no tienen deseos de conocer la realidad nombrándola, pueden ver la esencia de la Vida Cósmica. Se podría concluir que el deseo de conocer la realidad nombrándola se  convierte en “persiana” que impide el paso dentro de la habitación de la consciencia, y que la parte exterior de la persiana iluminada por el sol, es a lo que llama Lao Tsé como “corteza”.

    Por eso insisto en recalcar que aceptar como real y operativo “lo que no hay” es fundamental, porque la ausencia de deseo de nombrar es condición para dejar pasar la luz.
    Y ya para acabar, mencionar que lo que la personalidad siente como momentos de “oscuridad”,  bien podrían ser momentos de “luz” si se mira desde el lado del alma. Pero al ser una experiencia no nombrada, solo se podrá reconocer su existencia por los frutos y transformación que vaya generando en la personalidad y personaje del individuo.
    Por lo que he venido deduciendo hasta el momento, creo que los escritos de los místicos cristianos como San Agustín, el Maestro Eckhart o el texto de  “La Nube del No Saber” también señalan esa vía de desasimiento del personaje o transparencia como proceso para una mayor  Comunión con todo lo otro que no es el personaje.
    Un cordial saludo
    A. Sancho

    • Comentario de J.Sapés el día 20 julio, 2011

      Muy buena la traducción.
      Dos precisiones en relación a mi respuesta anterior:

      En el ejemplo de la nevera no hay que olvidar la segunda parte: lo que no hay no se puede comer. Esto es básico para entender la figura del personaje: El concepto de personaje no remite a una limitación sino a una deficiencia, porque no se refiere a un vacío, sino a la ausencia de algo que supuestamente debería haber. El personaje es el resultado de enjuiciar la personalidad que el niño muestra espontáneamente en función de un modelo completamente ajeno a su naturaleza, a la manera de ser que está de moda en un determinado tiempo y lugar.

      La otra precisión es que, cuando hablo de muerte de la personalidad, lo hago en su sentido literal: la personalidad nace y muere; el Ser esencial es eterno.

      Tenemos pues tres niveles de conciencia referidos al Yo:

      - El ser esencial o Vida que se encarna
      - La personalidad que es el modo de ser, que nace y muere
      - El personaje, que es el resultado de un juicio externo y que, en la medida en que no responde a unas determinadas expectativas, se experimenta como modo de no-ser.

      Para captar en toda su profundidad el concepto de personaje, aconsejo la lectura de la obra de Antonio Blay: Ser, curso de psicología de la autorrealización; publicada por la Editorial índigo.

  8. Comentario de Ricard el día 2 septiembre, 2011

    Apreciado Sr. Jordi:
    Con el debido respeto, me gustaría comentar brevemente la frase: "la personalidad nace y muere".
    Bajo el punto de vista crístico o cristiano, considero correcta la expresión: "construir o construirse una personalidad redimida", en la medida que hace transparente al Ser esencial. Y transparente en los pensamientos, actos, sentimientos y también en los silencios.
    En este sentido, la personalidad redimida ya no tendría que morir …
    Reciba un cordial saludo.
    Ricard

    • Comentario de J.Sapés el día 2 septiembre, 2011

      Bueno, la personalidad es una forma transitoria; todo lo que nace muere, solo el Ser es; y el Ser es Dios. Eso yo no recuerdo haberlo experimentado; pero Blay decía que la existencia se prolonga, después de la muerte física, en un mundo emocional y mental que puede explicar la idea del cielo y el infierno. Sin embargo, afirmaba que eso también era transitorio. En el caso de la personalidad totalmente transparente al Ser Esencial, la muerte es la mejor ocasión para soltar toda pretensión de mantener una individualidad propia y fundirse en Dios, que es lo que somos. Hay que morir totalmente para renacer.

  9. Comentario de Ricard el día 2 septiembre, 2011

    Gracias. Tratamos de realizar aproximaciones lúcidas al Misterio de la Vida, al Misterio de Dios.
    ¿Quién dice que una personalidad redimida pretende mantener una individualidad propia?
    Creo que a partir de cierto punto no puede existir la pretensión, sólo puede existir la alabanza: ¡Bendito sea Dios!

    • Comentario de J.Sapés el día 2 septiembre, 2011

      Cierto, pero entonces ¿que sentido tiene hablar de personalidad?

  10. Comentario de antonio perez el día 23 octubre, 2011

    Siempre me ha llamado la atencion que un mundo donde nosotros,su habitantes hemos
    creado tanta maldad y sufrimiento,seamos todos esencialmente amor.
    Por favor,no trato de ser cinico ni nada parecido,solo trato de entender,algo que para mi siempre a sido incompremsible,que es la maldad humana.

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