El progreso paciente e inagotable del Ver
Publicado en mayo 9, 2013 a las 16:49, por J.Sapés
EL PROGRESO PACIENTE E INAGOTABLE DEL VER
Publicado por Jordi Calm
A raíz del texto de Antonio Blay escogido este mes, en el que Blay acota con su precisión habitual los ámbitos de la visión despierta y del pensamiento concreto, creo conveniente remarcar un aspecto del Trabajo en que estas precisiones tienen especial valor, y utilidad. Uno de los primeros descubrimientos que solemos hacer cuando empezamos con despertadores y diarios es que la manera en la que usualmente interpretamos la realidad que nos envuelve y, en consecuencia, la forma en la que respondemos a sus retos, parte de unas premisas mentales que, en forma de juicios y pensamientos, definen nuestras posibilidades de actuación y las enmarcan en unos márgenes tan estrechos como presuntamente inevitables.
Y es así porque, tal y como pensamos en un principio la realidad, nos es imposible encontrar otra manera de actuar que como lo hacemos, a pesar de los berenjenales en los que nos sumerjan nuestras acciones y, aunque a menudo constatamos en nosotros un regusto más o menos agridulce según las consecuencias que suframos, este sinsabor, que no es sino una alerta punzante de la falibilidad de nuestro esquema mental, suele ser padecido sin más, lo cual permite reproducir estas dinámicas de valoración y actuación tantas veces como nuestra resistencia psicológica, y en extremos incluso física, lo permita. A menudo nuestra llegada al Trabajo se produce cuando esta resistencia se ha quebrado, o somos conscientes de la inminencia de dicha rotura, ya que es entonces, y sólo entonces, cuando nos planteamos otras posibilidades, y las palabras que oímos en el curso de introducción al Trabajo puedes ser escuchadas y tenidas en consideración por nuestro intelecto.
El carácter práctico de este Trabajo hace que pronto este dinámica mental que mueve nuestros hilos no tan sólo haga cada vez más evidentes sus distorsiones, sino que descubramos primero y constatemos inmediatamente después que hay otra manera de entender la vida, y por tanto de manejarnos en ella, una manera que se basa no en la aplicación inconsciente de esquemas mentales limitantes y limitados, sino en una visión directa de la realidad exterior desde una vivencia directa de nuestra realidad interior. Pisamos el terreno con los ojos abiertos, y no a través de un mapa mal dibujado que, a fuerza de poner nuestra atención sólo en él, se convierte en una venda. Es el Ver del cual habla Antonio, el Ver que transforma.
Este descubrimiento deviene muy esclarecedor, por breve que sea, ya que un solo instante da fe de su existencia; sin embargo, la forma en la que debe asentarse en nosotros es, por su propia naturaleza, gradual, ya que cualquier intento de acelerar el proceso de maduración que cada cual precisa para moverse con soltura en este, o en cualquier otro nivel de conciencia más profundo, es en un principio frustrante y, con suerte más pronto que tarde, una muestra más de antiguas idealizaciones. Sin embargo, esta disposición paciente, por real, que se nos pide tiene muchas contrapartidas, porque en el largo camino que el Trabajo nos propone recorrer y que nos lleva del personaje al yo experiencia primero y a la impersonalidad después, siempre encontraremos otra puerta que abrir, otra realidad más profunda e inclusiva que ver de forma eminentemente recreativa ya que, y también como seña de identidad de este Trabajo, cada nivel de conciencia que asentemos en nosotros siempre será operativo, siempre nos permitirá no tan sólo una contemplación, sino también una actuación, una actualización en la existencia de esta realidad interior que descubramos, por inmensa y profunda que esta sea.
Protagonizando la evolución
Publicado en mayo 9, 2013 a las 16:43, por J.Sapés
PROTAGONIZANDO LA EVOLUCIÓN
Publicado por Jordi Sapés
No podemos quejarnos de la época en que vivimos. Seguramente no es muy confortable pero tenemos la oportunidad de vivir una época en la que la historia se acelera.
En nuestro país hemos asistido a la caída del franquismo, el advenimiento de la democracia, la descentralización de la administración, la entrada en la Unión Europea, el cambio de moneda, la burbuja inmobiliaria, la crisis económica, el afloramiento de la corrupción, la aparición de los indignados y la obsolescencia de la última Constitución.
En el mundo hemos experimentado la caída del socialismo soviético, el triunfo de la Escuela de Chicago, el advenimiento de un presidente norteamericano de raza negra y la crisis financiera mundial.
A eso tenemos que añadir ahora la renuncia de un Papa, que pone de relevancia la existencia de algo Superior, y la elección de un nuevo pontífice que, de momento, habla en clave evangélica en vez de hacerlo en clave vaticana. Veremos hasta dónde llega esta nueva perspectiva de la Iglesia, pero no podemos pasar por alto estos sucesos sin saludarlos con una cierta esperanza. Porque no cabe duda de que estamos asistiendo al derrumbe de lo viejo y a la aparición de algo nuevo.
Desde el punto de vista de materialismo histórico, los grandes cambios sociales se producen cuando el sistema económico vigente deja de ser útil para el progreso y se convierte en un lastre. Cuando esto sucede, se dan las condiciones objetivas para un cambio radical del sistema. Y nadie puede negar que el capitalismo aparece cada vez más como un cuerpo extraño a erradicar, porque está paralizando la economía y generando un sinfín de situaciones socialmente inadmisibles, opuestas a la dignidad del ser humano.
Pero el materialismo histórico dice también que no basta con estas condiciones objetivas: es necesario un factor subjetivo que las aproveche y plantee un cambio para dar curso a una demanda ya existente, la demanda de una humanidad que ya ha despertado a un nivel superior de conciencia.
En teoría, este papel lo tenían que jugar los partidos de izquierda: organizaciones políticas de la clase obrera que, al liberarse de la alienación material, iban a liberar la totalidad de la sociedad. Pero estos partidos han fallado y, sin embargo, nuestra especie está lista para una concepción global del planeta y una organización social acorde con la visión holística del cosmos. De hecho, el capital, ya se mueve en clave planetaria, aunque su objetivo sigue siendo la explotación egoísta de los recursos materiales y humanos.
Por el contrario, las organizaciones políticas continúan fragmentadas e identificadas con territorios concretos y se prestan al juego del divide y vencerás de los egoísmos territoriales, que el capital utiliza al igual que hace con los personales. En la situación económica que atravesamos es particularmente lacerante la ausencia de una estrategia común de los sindicatos europeos, más corporativos que nunca e insensibles a las dificultades que atraviesan un porcentaje más que notable de la población mundial.
A lo mejor es que este factor subjetivo que se echa en falta somos nosotros: la gente que nos movemos en los ambientes de la espiritualidad viva. A lo mejor el nuevo paradigma es el del evangelio: amarnos los unos a los otros desde la capacidad de amar que somos, actualizándola de un modo concreto, con la ayuda de nuevas estructuras políticas y administrativas que han de sustituir las actuales. Desde luego esto sería algo realmente novedoso; tendría el carácter que se precisa para un cambio de modelo económico y de sistema social. ¿Os imagináis a las diferentes Iglesias protagonizando este cambio, por encima de fronteras y culturas?
Ya sabéis que todo empieza por una imagen arquetípica.
Ver y pensar
Publicado en mayo 9, 2013 a las 16:38, por J.Sapés
VER Y PENSAR
Hay una gran diferencia entre estar simplemente atentos a algo y el razonar sobre algo. Al razonar nos estamos pronunciando sobre ese algo, estamos formando símbolos, estamos juzgando, valorando, seleccionando. Pero cuando yo miro algo, cuando aprendo a dirigir mi atención de una manera fija, sostenida, sobre algo, estoy simplemente mirando y es manteniendo esta actitud de mirar cuando se puede llegar a ver, del mismo modo que sólo manteniendo la actitud de escuchar se puede llegar a oír. Y al decir escuchar quiero decir escuchar de veras y en consecuencia, oír de veras; porque lo que ahora hacemos no es escuchar de veras, pues mientras estamos escuchando también estamos pensando, estamos comparando, razonando o criticando lo que escuchamos, y esto nos impide desarrollar nuestra capacidad de oír del todo.
Como estamos tan acostumbrados a escuchar de este modo ni siquiera nos ha pasado por la mente la idea de que realmente existe la capacidad de escuchar del todo. Uno cree que ya está atento, que ya se está enterando de todo, pero luego, cuando la persona tiene que repetir o dar cuenta de lo que ha escuchado, se evidencia que la persona sólo ha cogido unos pequeños fragmentos de lo que se ha dicho -y aun esos fragmentos los interpreta mediante una óptica totalmente subjetiva-, que no ha tenido la capacidad de escuchar realmente lo que el otro decía, cómo lo decía y desde la perspectiva en que lo decía.
En el sentido de la atención sostenida ocurre lo mismo que en el escuchar. Hemos de aprender a mirar sin razonar, a fijar nuestra atención, muy clara, muy despierta, muy lúcida, en un acto simple de mirar aunque a primera vista esto nos parezca muy tonto, pues, como se dice en forma de chiste, los mochuelos se «fijan» mucho. A pesar de que parezca una cosa tonta, es preciso practicar para llegar a descubrir que ahí está la clave más importante para entrar en el reino interior, en este mundo oculto, en este mundo de posibilidades inmensas que hay en nuestra mente y en nuestro corazón.
Repito: se trata de la capacidad de mirar con una atención sostenida, sin razonar. Después ya razonaremos si conviene, ya que no se trata de abdicar de nuestro juicio crítico, sino simplemente que cuando se trata de mirar, en la medida en que tratamos de razonar estamos disminuyendo nuestra capacidad de mirar. Cuando «miramos» manteniendo esta actitud de atención sostenida, se produce un fenómeno extraordinario: entonces la mente adquiere la capacidad de entrar dentro de la cosa que mira, adquiere la capacidad de penetrar; y ahí está una de las principales diferencias entre mirar y pensar. Con el pensar nosotros solamente representamos las cosas por medio de ideas, no entramos dentro de nada, nos limitamos a tomar fotografías y hacer combinaciones con esas fotografías, con los datos, con las ideas. En cambio, a través del mirar aprendemos a hacer el contacto del «foco» de nuestra mente con otros focos que existen en nosotros, sea al nivel del sentimiento, sea al nivel de la intuición, de la sensación, de lo que sea; y cuando mantenemos esa atención sostenida, entonces se produce una penetración de nuestro foco mental dentro de este otro sector, del sentimiento o de la sensación, entramos en él, y al penetrar se produce el descubrimiento de unas fuerzas que transforman; transforman la mente, transforman la capacidad de vivir.
Extracto de la obra: El trabajo interior, técnicas de meditación. A. Blay. Ediciones Indigo 1993
Sobre la discrepancia
Publicado en marzo 6, 2013 a las 10:33, por J.Sapés
SOBRE LA DISCREPANCIA
El tema de la discrepancia renace periódicamente y aparece como fuente de confusión en el Trabajo.
La cuestión viene de la denuncia que hacemos en relación a la manera que tiene el personaje de interpretar la realidad. Decimos que al personaje nunca le parece nada bien, que se dedica a rechazar la realidad porque no es tal como él pretende que sea; que siempre habla de lo que no hay en lugar de prestar atención a lo que hay, que para observar la realidad lo primero que hay que hacer es librarse de los ideales del personaje, etc.
Sucede que a menudo, hay quien interpreta que lo bueno y deseable es justo lo contrario: que todo nos parezca bien, que hagamos elogio de la realidad en la que vivimos, que ignoremos los déficits que esta realidad presenta, nos conformemos con lo que hay y aparquemos los ideales como una utopía irrealizable.
Y no es eso. Lo que el Trabajo denuncia es el rechazo de la realidad, no la pretensión de mejorarla. Porque nuestra existencia consiste justamente en mejorar esta realidad aportándole una mayor luz, unidad y eficacia. Pero eso se puede hacer partiendo de lo que hay y utilizándolo como materia prima a transformar, no rechazándolo como algo inadmisible e insoportable. El rechazo no solo conduce a la parálisis sino que, por desgracia, la justifica; porque queda muy estético quedarse al margen de la realidad para no contaminarse con ella.
Lo que nosotros censuramos es la discrepancia del personaje, basada en el egocentrismo y la vanidad, no la lucha de las personas que trabajan y se esfuerzan por hacer un mundo mejor. La discrepancia es un derecho que se ejercita precisamente luchando a favor de algo, no en contra de nadie. Y el ejercicio implica hacer, no pensar ni sentir. Se puede pensar y sentir, pero es algo totalmente estéril si no se traduce en el hacer, en el actuar.
Hay una discrepancia institucionalizada que es absolutamente inútil. Es aquella que ya se sabe que no va a servir para nada. Es la de los sindicatos que se reúnen con la administración para que la administración les comunique que este año también les van a robar la paga extra a los funcionarios. A esto lo llaman ahorrar. Pero los sindicatos acuden a la reunión a sabiendas de que es cosa hecha que su presencia sólo sirve para cumplir un trámite obligado por la ley.
También es una discrepancia institucionalizada la de los partidos que presentan propuestas y enmiendas en el Congreso a sabiendas de que la mayoría absoluta del partido del gobierno, hará imposible que prosperen. Y no necesariamente porque el partido del gobierno no esté de acuerdo con la propuesta sino porque no son ellos los que la presentan.
También lo es la de los que participan en estas campañas de Internet a favor de reducir el número de políticos y el sueldo que cobran. Esta discrepancia es especialmente desagradable porque busca el mal de otro en vez del beneficio propio. Podrían defender que todo el mundo gozara de las mismas ventajas que los políticos, pero se inclinan por perjudicar a la gente que conservan una mínima seguridad en su existencia. No les exigen que cumplan adecuadamente la función para la que han sido elegidos sino que invierten su energía en quitarles los derechos adquiridos.
Esto nos conduce a una nueva manera de manipular que se basa en acusar al otro de ser el culpable de que “estemos viviendo por encima de nuestras posibilidades”. Este enfoque permite no solo despedir gente a mansalva y reducir el salario y los derechos de aquellos que permanecen empleados, sino también hacerles responsables de los problemas que tenemos a estos que “sobran”. Y así vamos a acabar siendo una “pandilla de vagos, corruptos y malversadores” que suerte tenemos de la “gente cabal” que ha decidido escarmentarnos y poner las cosas en su sitio. Como señala Gurdjieff, lo que mueve al mundo, hoy por hoy, no es el sexo sino las emociones negativas. A eso nos referimos cuando hablamos de la discrepancia del personaje.
Por el contrario, hay gente que hace propuestas, que lucha por aportar algo nuevo en su trabajo, en su medio social. Aprovecho para recomendar un libro que ha publicado Daniel Gabarró y que os podéis bajar gratuitamente de las siguientes Webs: www.sinenemigos.org (en castellano) y www.senseenemics.org (en catalán). El título es suficientemente explicito y veréis la cantidad de opciones que plantea.
Movilización consciente del Potencial
Publicado en marzo 6, 2013 a las 10:29, por J.Sapés
MOVILIZACIÓN CONSCIENTE DEL POTENCIAL
Por Isabel Moya
Todos los que nos encontramos en el Trabajo nos definimos como un potencial infinito de inteligencia, amor y energía; es decir, reconocemos que hay en nosotros una fuerza que nos empuja, en cada uno de estos aspectos de la realidad, a actualizarlo.
Si revisamos bien cada una de nuestras actuaciones en los diferentes entornos en los que nos movemos, podemos darnos cuenta de que las acciones que realizamos, incluso las que nos vienen por obligación, casi siempre nos ofrecen un margen de libertad personal en cuanto al modo de llevarlas a cabo. Así que podemos escoger entre realizarlas de la manera rutinaria de siempre o bien, conocedores de nuestro potencial, ver lo que personalmente podemos aportar.
Supongamos que tengo que confeccionar unos listados: Si conscientemente desestimo la inercia de hacerlos como de costumbre porque me intereso por un nuevo sistema que ha aparecido y decido dedicarle un poco más de tiempo y energía, está claro que adopto una actitud más abierta, que aumento mis conocimientos y que todo ello me genera una satisfacción.
Y es que esta pequeña diferencia de actitud suele ser a menudo la que nos brinda la oportunidad de aprender algo nuevo, de desarrollar alguna cualidad…
Vale la pena tenerlo presente para poder desarrollarlo conscientemente en las tareas cotidianas.
Blay dice: “No es lo que siento dentro lo que me desarrolla, es lo que yo activo, lo que yo expreso dinámicamente en el mundo”.
Sobre la gracia
Publicado en marzo 6, 2013 a las 10:23, por J.Sapés
SOBRE LA GRACIA
Es preciso pasar por una especie de inmolación de lo personal. Sólo cuando uno afronta una y otra vez las dificultades, los obstáculos, las críticas, los desengaños, y no se limita a quejarse, a exclamarse, a hacerse la víctima, sino que se abre a la situación y procura ser consciente de sí y de la situación, entonces es cuando se produce la disolución de esa crispación, de ese gesto, de ese nudo que tenía en lo más profundo de su mente. Entonces es cuando se abre paso al poder de la gracia que penetra y que por sí misma transforma, eleva, llena.
Hemos de llegar a comprender que todo nuestro trabajo de mejoramiento y realización está protagonizado por Dios. No somos nosotros quienes trabajamos, quienes mejoramos, no somos nosotros quienes tenemos más virtud, más amor, más comprensión, más interés, ni más sabiduría. Es sólo la luz de la Verdad, la fuerza del Amor, la potencia de la Energía absoluta las que se manifiestan un poco más a través de nosotros y permiten que nuestra tontería quede en un segundo plano y se exprese un poco más la brillantez interna, la luz que nos llega de lo superior.
No hemos de crisparnos sobre nuestro trabajo de mejoramiento. Hemos de trabajar y a la vez hemos de abandonar todo trabajo, hemos de darlo todo, pero como si no hubiéramos hecho absolutamente nada. Hemos de aprender este doble gesto, este doble movimiento, de nosotros hacia arriba y, después, de arriba hacia nosotros; abrirse a la gracia es tomar el atajo más rápido que hay, no para llegar sino para permitir que nos llegue la verdad, la realización.
La gracia no es un poder especial, extraño y difuso. La gracia es algo muy concreto. Es fundamentalmente una energía de una potencia extraordinaria que no depende de nada de nuestras ideas, ni de nuestros sentimientos. La gracia es la manifestación más elevada de la energía; irradia por sí misma y no está sujeta a ningún vaivén. Esta fuerza inherente a la gracia es la que nos da esa intuición de realidad y la que nos capacita para hacer las cosas que debemos hacer.
La gracia es también conocimiento, pero es un conocimiento directo de la verdad. De la verdad superior pero al mismo tiempo de la verdad de las cosas y de nosotros mismos. Tiene el poder de rectificar, de configurar y de transformar las cosas para adaptarnos realmente a lo que es la verdad. Poder abrirse inteligentemente, conscientemente, al mundo de la gracia es permitir que actúe en nosotros la mente auténtica, superior; entonces todo lo que depende de nuestra mente va situándose en su lugar.
Y la gracia, por último, es amor, verdadero amor. No el amor que me tengo o me tienen a mí, sino ese amor que se manifiesta a través de mí y que es el único auténtico. Cuando uno logra abrirse a estas realidades y aprende a ser consecuente con estas nociones e intuiciones que le vienen de lo superior, uno se va afinando. Pero el proceso es largo, pues hasta que no se ha transformado por completo la mente y la gracia no ha tomado plena posesión de uno, continúa la crispación sobre el yo.
Extracto de la obra: El trabajo interior. Técnicas de meditación. A. Blay. Editorial INDIGO. 1993
El progreso en el Trabajo. Choque y superación
Publicado en febrero 19, 2013 a las 10:07, por J.Sapés
EL PROGRESO EN EL TRABAJO. CHOQUE Y SUPERACIÓN
Publicado por Jordi Calm
Todas las personas que hacemos el Trabajo experimentamos un progreso palpable en muchos aspectos de nuestras vidas: nuestra capacidad para tratar las circunstancias que nuestro entorno nos presentaba, un mayor reconocimiento y vivencia de nuestra realidad esencial, y así podríamos seguir desplegando un abanico que sería bastante amplio.
En buena parte de estos progresos es muy probable que, en un momento dado, tenga lugar algo parecido a un choque entre una realidad que hasta ese momento se nos presenta como inamovible y, por otra parte, nuestra voluntad de trascenderla, de ir más allá para vivirla de una manera diferente a la habitual, algo que en aquel momento vemos que debemos hacer y nos vemos con las fuerzas suficientes para hacerlo.
Y, básicamente, traspasamos esa circunstancia al añadir elementos nuevos de nosotros mismos que hasta entonces no habíamos utilizado, muchas veces sin tener del todo claro que están a nuestro alcance. Sin embargo, al trabajar ese tema, o esa situación, esa determinación que nos ha llevado hasta ahí se revela adecuada, y conseguimos no solo superar ese escollo, si no reconocer en nosotros esas nuevas fuerzas o capacidades, de modo que las podemos asumir e integrar en esa y cualquier otra circunstancia de nuestra vida en la que consideremos que es conveniente utilizar. A modo de ejemplo concreto, todas las personas que asistimos por primera vez al taller del inconsciente energético (cualquier taller serviría, pero éste, al ser el inicial, y por su impacto, merece ser destacado) afrontamos determinados aspectos de nuestra vida que por una parte teníamos claro que eran importantes pero que, al mismo tiempo, no sabíamos a veces ni por donde coger. Sin embargo, al hacer el taller, la actualización de energías, de emociones, y la comprensión que hacíamos de todo lo que allí sucedía, representaron para muchos de nosotros, por no decir todos, un antes y un después en el Trabajo, y en nuestras vidas.
Porque, cuando se abre una puerta, y se entra en esa habitación que hasta ahora era desconocida para nosotros, resulta que siempre podemos encontrar un cajón con nuevas llaves, y seguir abriendo puertas, y por tanto progresar o, por decirlo de forma más adecuada para el Trabajo que hacemos, actualizarnos.
El Ser y los “modos” de ser.
Publicado en febrero 19, 2013 a las 10:01, por J.Sapés
EL SER Y LOS "MODOS" DE SER
En cuanto al modo de soltarnos…, sólo podremos soltar lo que estamos reteniendo cuando nos vivamos como otra cosa que eso que creemos ser. Mientras uno cree ser algo, defenderá ese algo a capa y espada, con las uñas, con los dientes, con lo que sea. Por eso, lo único liberador es la realización de la propia identidad.
El esquema mental de cada uno está afianzado ahí no sólo como idea, sino como emociones, como fuerzas, como hábitos y como toda la propia historia. Por lo tanto no basta una idea para soltar la que tenemos, para contrarrestarla. Es necesario llegar a tener una conciencia directa, vivencial, profunda, inmediata, de la potencia, de la inteligencia y de la felicidad que somos; sólo entonces nos podremos reír de todas las formas que pretendíamos ser. Uno solamente puede soltar algo cuando tengo algo mejor. Por lo tanto, pretender que la persona «suelte», con la promesa de que luego encontrará algo mejor, es un engaño, es algo que no funciona.
Sólo cuando uno se vive a sí, mismo como felicidad, deja de estar en estado de alerta en relación con las emociones. Sólo cuando uno se vive como inteligencia deja de preocuparle su esquema mental y si éste está amenazado o no. Al descubrir lo que uno es, se ve que uno no es ningún modo de ser. Somos Ser, y no ningún modo de ser. Cuando yo creo ser un modo de ser, todos los demás modos significan un peligro; y por eso sólo yendo a lo que es mi realidad central, yendo al Ser, el que está detrás del modo, me libero del modo y de todos los demás modos. Entonces, de una forma natural, ¡yo viviré mis modos! pero los viviré libremente, sin depender de ellos.
Si pudierais ver con claridad que nos estamos viviendo siempre en tanto que modo, y que nosotros no somos ningún modo, que intrínsecamente somos Ser… con la posibilidad de infinitos modos…, en lo intelectual, en lo afectivo, en la conducta, en todo…, esto sería un salto «mortal» para el miedo. Un salto definitivo que nos situaría más allá del miedo.
Texto extraído del libro La realidad. Curso de Profundización y diálogos. Editorial Indigo. 1994
Sobre la plenitud
Publicado en febrero 19, 2013 a las 9:54, por J.Sapés
SOBRE LA PLENITUD
Una de las imágenes más utilizadas para representar la plenitud es la de la copa de agua, colmada hasta rebosar. Esta imagen se aprovecha también para resaltar que copas de diversos tamaños exigen diversas cantidades de agua: la copa más pequeña alcanza su plenitud con menos agua que la grande, así que cuanto más desarrollada está una personalidad, más trabajo requiere alcanzar esta plenitud.
En otras palabras, el esfuerzo que debemos realizar depende de nuestro desarrollo personal: cuanto más evolucionado está nuestro yo experiencia más entrega se nos exige.
Así que si nos sentimos vacios después de haber hecho mucho, sobre todo comparándonos con lo que hace la mayoría, es porque no hemos hecho lo suficiente, porque nuestra copa no está a rebosar. Y el hecho de que las de los demás tampoco lo estén o incluso estén más vacías que la nuestra, no nos resuelve nada.
Una de las consecuencias más graves de habernos desconectado del Potencial que somos y estar buscando nuestra satisfacción en el exterior es que el hecho de no obtenerla nos ha vuelto cicateros con nuestro esfuerzo. Hacemos el intento de esforzarnos en un grado 7 y al no conseguir la plenitud anhelada tendemos a buscar un arreglo en el grado 6 o 5. Terrible equivocación, porque la plenitud está en el 10 y nuestro ser existencial está pensado para dar el 10. Vivimos gracias a la actualización, poca o mucha, del Potencial que somos; pero vamos a medio gas, o a menos; y nunca hemos experimentado el placer y la felicidad que se produce cuando ruge el motor. Se pude vivir con poco esfuerzo, pero se vive mal. Fichte dice que el mal es la consecuencia de quedarnos a media potencia por miedo a dar sin obtener nada a cambio; buscando un sucedáneo de la plenitud en la comodidad y devaluando el mundo como excusa para justificar nuestra pereza. Y Nietzsche nos anima a afirmar nuestra existencia sin renuncias y sin poner condiciones a la realidad; porque negar la realidad es negarse uno mismo.
Claro que uno no puede entregarse a tope a algo que le disgusta; así que una vez que hemos recuperado la conciencia del Potencial que somos, tenemos la obligación de buscar un lugar en el mundo que nos permita expresarlo sin limitación alguna y mientras el cuerpo aguante. Esto es algo que depende de nosotros, no del exterior. El exterior está lleno de posibilidades, es rico en oportunidades para expresarnos; y aunque necesitamos unos medios para vivir, no todo lo que hagamos debe tener por finalidad conseguir una remuneración. La mejor remuneración es la conciencia de estar expresando lo que somos.
Como dice Don Juan: “Cualquier cosa es un camino entre un millón de caminos. Por tanto, un guerrero siempre debe tener presente que un camino es sólo un camino; si siente que no debería seguirlo, no debe permanecer en él bajo ninguna circunstancia. Su decisión de mantenerse en ese camino o de abandonarlo debe estar libre de miedo y de ambición. Debe observar cada camino de cerca y de manera deliberada. Y hay una pregunta que un guerrero tiene que hacerse obligatoriamente: ¿Tiene corazón este camino?
Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Sin embargo, un camino sin corazón nunca es agradable. En cambio un camino con corazón resulta sencillo: a un guerrero no le cuesta tomarle gusto; el viaje se hace gozoso; mientras un hombre lo sigue, es uno con él.”
La evolución de los niveles de conciencia
Publicado en enero 31, 2013 a las 12:16, por J.Sapés
LA EVOLUCIÓN DE LOS NIVELES DE CONCIENCIA
Si observamos la vida del ser humano como un proceso psicológico evolutivo, vemos que nuestro punto de partida se basa, en general, en la idea que tenemos de nosotros. Esta idea que tenemos de nosotros (el yo-idea) hace que «funcionemos» de un modo determinado: y este «modo» constituye nuestro modo de ser. Esta idea básica, en su funcionamiento, se convierte en un núcleo, actúa como un núcleo respecto al modo de ser.
Pero a medida que la persona va madurando, va descubriendo progresivamente la relatividad de este yo-idea y de este modo de ser, y va viviendo más la profundidad de su yo-experiencia. Entonces, gracias a que se desidentifica del yo-idea y de que vive más el yo-experiencia, éste manifiesta su condición de eje central y se convierte en un nuevo núcleo. En consecuencia, se puede soltar la identificación con el modo de ser, con el yo personal, y se hace posible ir aceptando a los demás con sus otras (y diferentes) formas y modos de ser, los cuales antes se veían con recelo, temor o desconfianza. Entonces, las otras formas dejan de ser problema, dejan de ser enemigos de los que defenderse.
Así se va adquiriendo un sentido de hermandad, o de grupo, o un sentido social; se vive un ensanchamiento del «campo», podría decirse, hasta que llega un momento en que uno se da cuenta de que esta nueva unidad más grande que se forma también tiene un núcleo. Este es un núcleo nuevo, el de un yo-superior (social). Entonces uno percibe las cosas desde este sentido nuevo de aceptación, de hermandad, ve que los demás, las personas, la naturaleza, son también modos de su conciencia. Esta visión que nos conduce a este nuevo centro, el cual es el común denominador de todo este universo individual (pero más expandido), desarrolla entonces una conciencia participativa con todos los demás, formándose así una nueva unidad mucho más amplia.
Pero esta nueva unidad tiene también su propio núcleo o centro superior, y cuando la persona asume completamente este núcleo se siente, se vive, como Yo superior. Luego, a partir de ahí, podrá abrirse a una conciencia aún superior: la conciencia del universo en sí. Entonces descubrirá que el universo en si a la vez tiene un nuevo centro, al cual llamamos la Mente divina, el Ser Supremo, etcétera.
Eso, como vemos, desde el punto de vista evolutivo funciona en un sentido jerárquico, en el cual, siempre, para pasar a una inclusión en un nuevo conjunto, a una unidad o campo más grande, primero la persona ha de centrarse en el núcleo del campo anterior. Es gracias a este centramiento que la persona pierde su identificación y crispación con el campo anterior. Entonces, al sentirse núcleo, es capaz de «soltar», y eso le da libertad para relacionarse con otros campos mayores, a la vez que desarrolla una nueva conciencia de totalidad que también produce su propio centro (o núcleo de esta totalidad). O sea que la cosa funciona como un proceso, como algo sucesivo: campo-núcleo, campo-núcleo, etc.; pero cada vez este campo-núcleo va ascendiendo.
Extracto del libro: Plenitud en la vida cotidiana. Editorial Cedel
