EL VALOR DE LA DIFERENCIA
 
La Fenomenología es una corriente filosófica de finales del siglo XIX principios del XX que asume que la realidad no sólo se capta a través de la inteligencia sino también de la emoción. De esta manera, el amor pasa de ser una cuestión moral a tratarse como algo natural, espontáneo y desinteresado.
 
Uno de los filósofos destacados de esta corriente es Max Scheler. Para Scheler cada ser humano es una individualidad singular, diversa y distinta de las otras. Pero esta individualidad nunca está encerrada en ella misma, porque se capta a si misma como miembro de una comunidad. Y esta comunidad no es sólo un montón de gente sino que está basada en una estructura de significados cada vez más amplia, que va desde la familia, pasando por la ciudad, la nación y el estado, hasta la misma humanidad. E incluso más allá de ella: en una posible comunidad cósmica de diferentes civilizaciones. El hecho de que, por el momento, no hayamos encontrado compañía no significa que no estemos preparados para ello. Quizás por eso la buscamos con tanto anhelo.
 
En estas comunidades, es esencial la interrelación entre las personas. Esta interrelación  precisa del reconocimiento del otro como persona distinta de mi, tan importante como yo. Esto no tiene nada que ver con el gregarismo, ni tampoco con un sentimiento de unidad supraindividual en el que se fundirían las diversas personas, identificándose con una entidad superior. Al contrario, para Scheler, aunque el individuo tiene una doble naturaleza personal y social, la vertiente colectiva nunca anula la particular, que resulta indispensable para obrar como sujeto consciente.
 
Esta singularidad del individuo puede trasladarse a las mismas comunidades, cuando se integran, a su vez, en otras superiores. Así, por ejemplo, cada ciudad tiene su propia personalidad; y la mantiene por más que se integre en otra instancia superior como la nación. Y cada nación mantiene asimismo su personalidad aunque forme parte de un estado o de una organización multinacional.     
 
Lo destacable en Scheler es que presenta el sentimiento que se establece en la relación no como resultado de un contacto afectivo continuado, sino del valor que tiene para cada uno la realidad del otro, en tanto que distinta de la propia. Amar es resaltar la diferencia del otro y defenderla como algo especialmente valioso. Si amamos a algo o a alguien es justamente porque es distinto de nosotros. No lo amamos porque está allí sino porque nos interesa.
 
Y aquellos que, en nombre de la unidad, pretenden ignorar las diferencias, no hacen más que mostrar su resentimiento y odio por los valores positivos de las personas o de los colectivos singulares. En la práctica, lo que pretenden, bajo la excusa de la unidad, es anular a los demás imponiendo su forma personal de ver el mundo.
 
En este momento de la historia de la humanidad, y después de haber vivido el experimento fallido del nazismo y el comunismo soviético -sistemas que intentaron anular al individuo convirtiéndolo en un mero engranaje del colectivo- sigue estando claro que la democracia parlamentaria es el mejor canal para dar cabida a los intereses sociales sin anular los subjetivos. Pero el paso que toca dar ahora es poner en práctica el principio de subsidiariedad: que cada ente se autogestione en aquello que se refiere exclusivamente a su realidad personal o colectiva. Y esto, a nivel mental, implica atender y respetar la personalidad de cada individuo y de cada pueblo, sin pretender imponerle la opinión de los demás en asuntos que sólo le conciernen a él mismo.
 
Claro que para eso hay que sustituir el poder por el amor, es decir, por el interés real hacia las personas o colectivos que hay que administrar. Y tal como plantea Scheler, esto empieza por respetar al otro, no como una concesión, sino como la oportunidad de gozar de la realidad de una manera más amplia e intensa.
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6 Comentarios

  1. Comentario de David el día 20 junio, 2010

    Veo que el principio de subsidiariedad está muy vinculado a la democracia participativa. Ahora, con las nuevas tecnologías y el nuevo DNI electrónico existe la posibilidad del voto electrónico que ya se ha puesto en marcha en diversas ocasiones con más o menos éxito. Existe un partido que se llama Partido de Internet que va en esta línea, que defiende la posibilidad de una síntesis entre democracia parlamentaria y directa:

    http://partidodeinternet.es/
     
    En las próximas elecciones generales se presenta.

  2. Comentario de J.Sapés el día 20 junio, 2010

    El voto por Internet desde luego puede facilitar la participación de la gente en la vida política. Pero no creo conveniente dar mi voto a un partido que no sé qué va a defender en el Congreso en un momento determinado. La propuesta que este partido hace de votar lo que hayan decidido la mayoría de sus integrantes se parece mucho a la práctica actual de los partidos con vocación de gobierno: hacen una encuesta y promueven lo que entienden que la mayoría de la gente desea. Y desde luego, para eso, no hacen falta partidos políticos, con un terminal en cada casa podría gobernar un robot por “virtual decreto”.
    La función de los partidos políticos es proponer y defender propuestas a corto y medio plazo en función de una estrategia a largo plazo que difícilmente aparecerá por generación espontánea en las mentes de una mayoría de ciudadanos. Es más, las mayorías suelen ser conservadoras por definición. Por eso, lo primero que he hecho ha sido buscar la ideología de este nuevo partido: cuales serían sus propuestas. Y como grupo de presión para conseguir una mayor participación me parece bien, pero está claro que, cuanta mayor es la participación, más importante es saber en qué sentido se dirigirá. No olvides que Hitler subió al poder a través de unas elecciones; lo malo es que, a continuación, suprimió todos los partidos a excepción del suyo. Suponiendo que se pudiera instaurar una democracia totalmente directa, probablemente apoyaría los intereses de los grupos con mayor capacidad de hacer propaganda; es decir, con más dinero.

  3. Comentario de maria el día 2 julio, 2010

     
    Permitidme que retome el tema de este articulo.
    No se, no puedo estar de acuerdo con la frase" las mayorías son conservadoras por definición".  ¿que nos lleva , a la necesidad de una élite intelectual que dirija a la masa ? No se porque hay ese miedo a la manipulabilidad de las masas, Yo soy masa y no soy idiota.Es mas, reconozco a uno que va de HItler a kilometros.
    En cuanto al voto directo, es importante porque hace ilusion que tu voto cuente tanto como cualquier otro, pero lo mas definitivo, en mi opinión, es que fuesen listas abiertas.  Que los politicos se tuvieran que enfrentar personalmente y no amparados tras unas siglas , a su gestion ante los ciudadanos.

  4. Comentario de jordi sapés el día 2 julio, 2010

    Este es uno de los problemas que se arrastran desde la propuesta de Platón de una república basada en el gobierno de los sabios: las aristocracias de cualquier tipo, cuando las pones a gobernar, siempre acaban convirtiéndose en dictaduras. En este sentido tienes toda la razón: las dictaduras no dan opción. Pero elites, tanto intelectuales como morales y prácticas, por fortuna las hay; y su función es ser una vanguardia, por definición minoritaria, que transmite lentamente al colectivo una nueva forma de ver el mundo. Desde esta perspectiva, las masas son conservadoras. No te pongas a ti como representante de la masa. Dios mío: ¡qué más quisiéramos!
    La función de esta vanguardia no es dirigir a unas masas manipulables, sino procurar elevar su nivel de conciencia haciendo propuestas progresistas que sean capaces de asumir. En la práctica, la población solo puede ser gobernada en base a patrones que pueda compartir; y por eso la democracia es la forma más adecuada de dirigir un país. Pero los políticos podrían actuar como vanguardia si tuvieran un discurso un poco más elevado, tal como lo tiene, por ejemplo, el ministro de Exteriores, quizás obligado por el cargo. Un discurso que llevara a la gente a un mayor conocimiento de la función que hacen y desarrollara una conciencia de colectivo superior a la visión corporativista que tiene la población. Porque parece como si la única conciencia de colectivo que se estimula fuera el patriotismo; y a menudo, enfrentando unos colectivos a otros.
    Las listas abiertas permiten que los parlamentarios estén mucho menos sujetos a la disciplina de su partido porque no depende tanto de él para renovar el cargo; y también consigue que estos representantes estén más ligados a las necesidades concretas de la circunscripción que les ha elegido. Pero tiene el peligro de hacerlos mucho más localistas y populistas. Una de las frases que más me pone los pelos de punta es aquella que se escucha cada vez que se discute algún aspecto sutil de la realidad: “esto no es lo que de verdad preocupa a los españoles”.

  5. Comentario de maria el día 2 julio, 2010

    Yo creo que si la masa tiene acceso a la Educación seremos  capaces   de discernir .La información que también ha de ser total y de libre acceso. Desconfio de grupos elitistas por muy buenas intenciones que tengan y por muy vanguardistas que se crean a si mismos. No creo que necesitemos salvadores, ahora me parece que es el tiempo de la gente. De gente educada e informada.
    Me sorprende lo que dices de los localismos y los populismos. ¿no estabamos hablando del valor de la diferencia?  y cito: Y esto, a nivel mental, implica atender y respetar la personalidad de cada individuo y de cada pueblo, sin pretender imponerle la opinión de los demás en asuntos que sólo le conciernen a él mismo.

  6. Comentario de jordi sapes el día 3 julio, 2010

    Estoy de acuerdo contigo; pero ¿de quién depende que la masa tenga libre y total acceso a la educación y a la información? Porque, de momento, todavía hay que obligar a muchos jóvenes a que prosigan sus estudios hasta terminar la ESO. Desconfía tanto como quieras, pero conviene leer y escuchar lo que dicen algunos individuos que tienen influencia en el pensamiento social. Y, cuando haya elecciones, examinar con atención los programas que presentan los partidos, para ver el trasfondo ideológico que hay en ellos.
    Estás insistiendo en la connotación elitista que te has hecho de mis palabras, pero yo no hablo de grupos que pretendan dirigir, manipular o salvar a nadie, sino de corrientes o personas que pueden estimular las conciencias con sus propuestas o con su ejemplo. Que alguien se considere a si mismo elite o vanguardia no tiene importancia en un sistema democrático, porque es la sociedad la que lo reconoce como tal, si consigue llamar la atención con sus propuestas o su acción. Ahí tienes el caso de Vicente Ferrer, por poner un ejemplo. Es decir, en última instancia, el protagonismo es de la sociedad; pero de ahí no puedes inferir que la evolución social se produzca de una manera espontánea protagonizada por la mayoría. Ni tampoco que esta mayoría pueda ser ignorada.
    En esto del valor de la diferencia tenemos un buen ejemplo estos días en los que el Constitucional ha dictado, por fin, sentencia sobre el Estatuto catalán. El respeto por el valor de la diferencia de los distintos pueblos de España salta por los aires en el momento en el que un catalán se cree superior por el hecho de ser catalán, cosa que es un ejemplo de localismo. Y también en el momento en el que el representante de otra autonomía dice: ¡qué se han creído estos catalanes!, lo cual es un ejemplo de populismo. Hay un unitarismo que impone la homogeneidad por real decreto: todos somos ciudadanos españoles y punto. Y hay una unidad que valora la diversidad y es producto del común acuerdo entre esta diversidad. Este común acuerdo lo pueden socavar tanto los centralistas como los localistas.

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