LA REALIDAD ACTUAL. ALGUNOS HECHOS Y UNA ALTERNATIVA
Por Jordi Sapés

Noticias del pasado martes 26 de enero de 2016: Dinamarca requisará todos los bienes que obren en poder de los refugiados y superen un valor de 1400 euros. Suecia se propone devolver a sus países de origen 80.000 refugiados que no han obtenido el permiso de residencia, pero no saben cómo hacerlo, así que lo más probable es que esta gente se quede deambulando por el país y se conviertan en ilegales. Lógicamente los “ilegales” solo pueden vivir haciendo cosas ilegales, como es el caso de los top-manta: el propio hecho de declararlos ilegales impide cualquier solución de cualquier gobierno, nacional, autonómico o local. 

El Fondo Monetario Internacional declara que estos refugiados pueden ser a medio plazo un factor de desarrollo de unos países cuya tasa de natalidad disminuye, de manera que cada vez hay menos jóvenes para sufragar las pensiones de los mayores. Pero la gente es incapaz de pensar en el medio plazo, ni tan solo ven lo que tienen delante de los ojos; no soportan nada que les moleste o implique alguna dificultad. Después de haber escuchado reiteradamente que estaban viviendo por encima de sus posibilidades está claro que no pueden atender a toda la gente que, de pronto, llaman a su puerta.

En nuestro país el gobierno se muestra satisfecho porque ha terminado el año con sólo 4.700.000 parados. De los cuales el 50 por ciento carece de subsidio porque llevan más de dos años en paro. Hay un millón y medio de familias que tienen sin trabajo a todos sus miembros.  Pero tenemos que ser buenos y no protestar si queremos que esto se arregle con el desarrollo de la economía. Porque la economía crece; y si no que se lo pregunten a estas 62 personas cuya riqueza equivale a la de la mitad de la población mundial más pobre: unos 3.500 millones de personas. 

Gracias a Dios, los pobres se pueden distraer con el fútbol; en este caso la Copa del Rey. Y para colaborar en la distracción, un locutor de un programa deportivo de 13TV, nos recuerda que a la final del pasado año, que jugaron el Barcelona FC y el Athlectic Club de Bilbao, asistieron al partido aproximadamente unos 80.000 cerdos.  Sí, no es ningún error: ha dicho cerdos. Y supongo que se retenía porque estaba muy indignado. No pasa nada: es la libertad de expresión. La semana anterior en el transcurso de un partido, los aficionados locales exhibieron una pancarta que trataba de puta a la mujer de un jugador del equipo rival y el organismo encargado de la disciplina deportiva les ha puesto una multa de 4 mil euros. Multa que seguramente será recurrida porque conculca la libertad de expresión. 

A todas estas, cada vez son más las familias que se enfrentan a una rebeldía absoluta de sus hijos. Se quejaba una madre en el periódico de que su hijo no hacía caso ni a la policía. Es lógico, ¿no?, ¿por qué tienen que ser nuestros hijos los únicos que se porten bien?, ¿qué sentido tiene portarse bien en un mundo así?

Frente a esta situación, a veces es difícil continuar afirmando que todo está hecho de inteligencia, amor y energía. Cuesta no recordar el episodio de la expulsión de los mercaderes del Templo y pedir a Dios que baje a repartir unas cuantas bofetadas. Pero ahí te das cuenta de que para eso ya nos bastamos nosotros, aunque parece que no acabemos de reaccionar.

El papel que juega Dios nos lo recuerda el Papa Francisco en el libro que acaba de publicar y que se titula: El nombre de Dios es Misericordia. Este libro no nos invita a añadirnos a la pelea sino a resaltar lo que continúa siendo propio del ser humano a pesar de tanta confusión: la capacidad de ver lo que sucede, de ser solidarios con los desamparados y de luchar por un mundo mejor. Esto es algo que podemos hacer de forma personal y que nos resulta muy útil para nuestro crecimiento y desarrollo espiritual. Fijaros en estas personas que renuncian a las comodidades mecánicas para colaborar en la educación y la sanidad de los países del tercer mundo: antes lo llamábamos “misiones” pero ahora, tal como van las cosas, las misiones las tendremos que hacer aquí porque los pobres se han cansado de pasarlo mal y esperar que vayamos a ayudarlos y vienen ellos mismos a buscar la ayuda. 

Los que tenéis hijos en edad de ser educados, no podéis confiar en el sistema para que lo haga porque el sistema se está desmoronando a marchas forzadas; carece de valores y de autoridad para formar unas mentes al  servicio de la humanidad y solo es capaz de crear consumidores frustrados y enchufados a Internet. Así que deberéis nadar contra corriente y desarrollar una escuela paralela en la que se imparta todo lo que pretenden sacar de circulación: música, filosofía y religión.

Sí también religión, porque ya hemos podido comprobar que, espontáneamente, los niños no se preocupan por lo Superior si nadie les ha hablado previamente de ello. Esta idea de que cuando fueran mayores se interesarían por lo Superior se ha demostrado errónea. Otra cosa es que tengamos que mandarlos a las catequesis que organiza el obispado. 

En fin, que no nos faltará trabajo ni ocasiones para ejercitar la misericordia.

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