AMAR A NUESTROS ENEMIGOS
por Jordi Sapés

Somos un potencial infinito de inteligencia, amor y energía capaces de vivir en unidad con el Todo, gozando de la maravilla de la creación, de su multiplicidad, de su fertilidad, de las posibles y diferentes maneras de expresarnos que esta realidad nos proporciona. A diferencia del resto de seres que comparte con nosotros este plano terrenal, tenemos una conciencia que nos permite actualizar nuestras capacidades de una forma personal, voluntariamente decidida por nosotros mismos, es decir, ser los protagonistas de nuestra existencia.

¿Y qué hemos hecho con todo esto? De una forma figurada podríamos decir que lo hemos cogido y lo hemos metido dentro de un cuerpo limitado y de una mente estrecha. Es como si el genio de la lámpara se hubiera metido voluntariamente dentro de ella y pretendiera la admiración de todos sin conceder ningún deseo: ahí quedaría, olvidado por todos y aprisionado en la lámpara.

Nosotros hacemos algo parecido: el universo es inmenso y desconocido en su mayor parte, estamos justo empezando a entenderlo y  a ser capaces de utilizar este conocimiento para manejarnos en él con cierta soltura. Asimismo estamos empezando a conocernos a nivel de especie y a comprender la necesidad de aprovechar y unificar nuestros esfuerzos para proporcionarnos una vida digna en la que todos y cada uno pueda ejercitar su creatividad y reforzar la presencia de la luz y el amor en nuestra expresión vital.

Pero seguimos empeñados en brillar de una manera personal, en destacar por encima de los demás cómo sea, si conviene como mártires de alguna causa. Y con tal de sobresalir, dado que nuestras posibilidades a nivel personal son muy limitadas, nos dedicamos a devaluar al otro, a denunciarlo, a cuestionarlo. Así, de esta manera tan estúpida, acabamos por convertir nuestra realidad en un infierno. Y cuanto más queremos arreglarlo, más lo estropeamos.

Hay gente que se reúne con el propósito de aunar esfuerzos y superar esta situación, pero lo primero que hacen es trasladar su problema personal al grupo y definirse en tanto que oposición a otro grupo; así que la estupidez personal se hace colectiva y se magnifica. Los asuntos colectivos se trasforman en agravios y las alternativas se presentan a sí mismas como el mejor banderín de enganche para satisfacer las emociones negativas que previamente han sembrado. Y a eso lo llaman democracia, gobierno del pueblo.

Si estuviera en mis manos los haría callar a todos, derogaría todas las leyes y establecería un código universal que penalizara exclusivamente la falta de respeto por el otro. Todo lo demás estaría permitido. Como decía San Agustín: ama y haz lo que quieras. Y es urgente que reflexionemos acerca de la conveniencia de amar a nuestros enemigos porque estamos derivando hacia una situación en la que vamos a estar rodeados de enemigos por todas partes. Ya sabemos que nosotros siempre estamos en el lado de los buenos, pero el enemigo no nos lo va a tener en consideración.

Si nuestra manera de ver la realidad excluye al otro tendremos que modificarla y si la manera de ver del otro nos excluye a nosotros, deberemos pedirle que la modifique. Cualquier forma de entender la realidad que no incorpore a la totalidad es por definición incorrecta. Como especie inteligente, solidaria y práctica hemos de ser capaces de organizar el mundo de manera que todo el mundo se sienta reconocido: cómo  individuo, cómo pueblo o cómo comunidad de cultura y de creencias. Y esto es imposible de conseguir si no nos interesamos por el otro y no hacemos un esfuerzo para explicarnos al otro. Ya no podemos pretender que nos dejen tranquilos: no podremos estar tranquilos mientras alguien esté sufriendo; el amor se hará indispensable porque el egoísmo se volverá contra nosotros mismos.

Este debe ser el modo como Dios nos está ayudando.  

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