LAS DOS GOTAS
 
Érase una vez dos gotas que existían en el agua de una botella:
 
Se presenta Gota Chata
 
            La primera gota se llamaba Gota Chata. Vivía muy pegada a la pared de la botella, en una zona donde la presión era muy fuerte. Las gotas de esta zona estaban apretujadas unas contra otras y se pasaban el día quejándose de tanto agobio.
            Gota Chata era especialmente consciente de este agobio. Soñaba con una existencia libre, sin limitaciones, en un lugar en el que pudiera desplazarse de un lado a otro, sin traba alguna. Así tendría la oportunidad de conocer la botella.
            No obstante, estaba muy orgullosa de si misma y del grado de tensión que era capaz de aguantar. Ella era mucho más fuerte que la mayoría de sus vecinas. Las otras se quejaban por mucho menos de lo que ella soportaba.
            Seguramente era debido a que, de bien pequeña, sus progenitores la habían educado para aguantar mucha presión sin desfallecer.
 
Se presenta Gota Oronda
 
            La segunda gota respondía al nombre de Gota Oronda. Residía en el centro de la botella, un paraje en el que fuertes corrientes desplazaban las gotas de un lado para otro. En esta zona todas las gotas se quejaban de falta de estabilidad y seguridad; y se acusaban mutuamente de egoísmo y falta de interés por sus semejantes.
             Gota Oronda solía trasladarse con su imaginación a un rincón tranquilo y calmado: allí gozaba de la compañía de unas amigas fieles, con las que podía compartir profundas reflexiones sobre el azar y la inseguridad de la existencia.
            Porque Gota Oronda aspiraba a relatar las apasionantes aventuras que había vivido en su incesante recorrido por la botella. Su madre, momentos antes de abandonarla, le hizo una única recomendación: “Hija mía, ve lo más lejos que puedas”. Estaba segura de haber cumplido sus deseos y haber visto más botella que nadie. El problema era despertar en los demás el suficiente interés para poder contarlo.
 
Las creencias de la botella:
 
La inmensa mayoría de las gotas de la botella creían en la existencia de un ser superior al que llamaban La Gran Gota. Nadie la había visto nunca. Sin embargo, se decía que La Gran Gota estaba en todas partes y tenía poder para conceder todo aquello que las gotas le pidieran.
En general todas querían continuar siendo tal como eran, pero mucho más grandes. Estaban convencidas de que sus problemas se acabarían si conseguían aumentar de tamaño.
Así, por ejemplo, Gota Chata deseaba ser todavía más plana y poder aguantar más presión. En cambio, Gota Oronda quería ser más redonda y correr aún más deprisa.
            Lo extraño era que sus deseos se cumplían siempre y a pesar de ello, las gotas no se sentían satisfechas. Quizás porque los problemas, en lugar de arreglarse, también se hacían más gordos. Lo cual, curiosamente, no llevaba las gotas a modificar el sentido de sus plegarias.
 
 
Otras ideas raras:
 
            Al margen de estas creencias, que la mayoría de gotas compartían, algunas gotas tenidas por raras y poco merecedoras de confianza, defendían otras descripciones harto peregrinas.
            Decían, por ejemplo, que aunque las gotas existían no eran nada; lo cual era a todas luces contradictorio y absurdo. Aseguraban que las gotas eran en realidad agua, y que la gota era únicamente la forma que adoptaba este agua.
            Pero lo cierto es que nadie veía el agua por ninguna parte y, en cambio, por dondequiera que se mirase, todo estaba lleno de gotas.
            Con la esperanza de que estas teorías fueran de más utilidad que las tradicionales de La Gran Gota, Gota Chata, un poco a escondidas de sus vecinas, empezó, a leer montones de escritos sobre tales ideas. Las posibilidades que ofrecía eran tan extraordinarias que, casi sin darse cuenta, se aficionó profundamente a los misterios del agua.
 
En el grupo de los elegidos:
 
Cuanto menos cosas comprendía más convencida estaba de la sabiduría que encerraban los textos y documentos que caían en sus manos. Siempre decían lo mismo: que todo estaba hecho de agua. Sin embargo, en cada uno se podía encontrar una frase inspirada que arrojaba un poco de luz sobre este enigma. Por eso destinaba gran parte de su tiempo libre a la búsqueda y lectura de nuevos libros, revistas y artículos.
Con toda la fe de que era capaz, se repetía a si misma que, en realidad, no era una gota sino agua. Pero seguía viviendo como de costumbre y haciendo lo mismo que cuando se tenía exclusivamente por una gota.
Lo único que había cambiado es que ahora conocía su verdadera naturaleza y esto le permitía ser más condescendiente con el comportamiento de las gotas de su entorno. Estas permanecían ignorantes e inconscientes de las enormes posibilidades que ser agua encerraba.
Gota Chata hacía lo posible para divulgar la verdad pero no encontraba nadie a su altura, capaz de comprenderla.
 
Pasando a la práctica:
 
Harta de vivir como una gota, Gota Chata tomó la determinación de ir hasta donde fuera necesario para comprobar los enormes potenciales del agua. Había oído hablar de una gota: Gota Sabia, famosa por su profunda comprensión de estos misterios y decidió colocarse bajo su disciplina.
Gota Sabia, nada más llegar, le comunicó lo que ella ya sabía de memoria: que no era una gota sino agua. Y algo nuevo: que tenía que dejar de identificarse con su manera de ser gota.
Recordando su capacidad de aguantar una presión superior a la de las demás gotas, Gota Chata, intentó ser más modesta y no alardear de sus virtudes. Se obligó a repetir mentalmente una y otra vez: “yo no soy una gota mucho más capaz que las demás de aguantar la presión sin quejarme; lo que yo soy es agua”. Pero no obtuvo ningún resultado, ni apareció al agua por ninguna parte.
Posiblemente Gota Sabia no era tan sabia como su nombre indicaba. De hecho, todo lo que allí se explicaba se podía encontrar en los libros. Quizás no era cuestión de sabiduría sino de fortaleza.
 
Cambiando de técnicas:
 
            Fiel a su determinación, Gota Chata se dirigió a otra maestra muy famosa, conocida como Gota Fuerte.
            Gota Fuerte le prescribió unos ejercicios para que intentara ensancharse y ser más redonda. Esto le pareció muy interesante porque era una posibilidad que ella nunca había imaginado.
            Gota Chata se olvidó por completo del agua y se puso a hacer los ejercicios. Con el fin de modificar su forma y ensancharse tenía que hacer más fuerza contra las paredes de la botella y también contra las gotas adyacentes.
            Lógicamente, estas prácticas aumentaron la presión habitual y el consiguiente malestar. También le acarrearon las protestas de sus gotas vecinas. Pero ambos efectos le proporcionaron la ocasión de demostrarse a si misma, y a las demás gotas, su especial capacidad de aguantar más presión que nadie. Para demostrar lo fuerte que era siguió unos días más con los ejercicios.
Sin embargo, cada vez que descansaba, recuperaba su forma inicial. Y tampoco se le aparecía el agua por ningún lado. Quizás no era cuestión de fuerza sino de bondad.
 
A la tercera va la vencida:
 
            Gota Buena fue entonces la elegida para lograr lo imposible: conseguir llegar a ser agua. Informada de su situación la maestra le propuso a Gota Chata que dejara de identificarse con su sufrimiento.
            Una vez más se entregó con todo su afán a cumplir las instrucciones y se dedicó a tener paciencia con las paredes de la botella y con las gotas de su vecindad. Las miraba sonriendo y les decía: “no me importa la presión que me estáis haciendo ni el malestar que me ocasiona”. Y pensaba para sus adentros: “¡que capacidad tengo de aguantar tanta presión!“
            Las vecinas empezaron a burlarse de ella y a mirarla como si fuera un bicho raro. Al cabo de un tiempo constató que la excluían de sus conversaciones y que ni tan siquiera hablaban de ella para criticarla. Empezó a deprimirse y tuvo que reaccionar rápidamente para no caer enferma.
            Afortunadamente recuperó su salud física y mental y se convenció de que llegar a ser agua era un propósito irrealizable. Peor que esto: no era más que una ficción.       
             
La vía de la no-acción:
 
            Pero cuando se es un elegido, no se puede abandonar tan fácilmente. Por sus lecturas Gota Chata sabía de la existencia de un camino muy distinto, un camino en el que lo correcto era no hacer nada. “No haciendo nada – pensaba Gota Chata – no correré ningún peligro”.
Después de mucho buscar consiguió encontrar una representante de esta vía. Y después de mucho insistir logró que la recibieran.
 Gota Nula, que así se llamaba, al enterarse de sus intenciones de no hacer nada, la echó a cajas destempladas. Tuvo que insistir muchas   veces y escribir innumerables cartas para obtener una segunda audiencia.
 En este segundo encuentro se le informó que “no hacer nada” significaba: no hacer nada. En otras palabras: olvidarse por completo que era una gota.
Por una parte Gota Chata se sintió aliviada. Por otra sus temores reaparecieron: ¿cómo podía olvidarse de que era una gota y resistir al mismo tiempo la presión? ¿si ella olvidaba que era una gota, no la olvidarían de nuevo todas las gotas del entorno?
 
Cuando la renuncia ha de ser total:
 
A modo de prevención pidió información acerca de lo que acontecería si la operación de olvidarse de ser gota tenía éxito.
 Recibió como respuesta que no acontecería nada porque no había nada que pudiera acontecer. Que de hecho ya era agua y que por tanto, nada cambiaría. Preguntó si, por lo menos, desaparecería la presión y recibió de nuevo una respuesta negativa: la presión no podía desaparecer porque era el modo de existencia del agua en el lugar en el que ella residía.
Preguntó entonces qué utilidad podía tener para ella, como gota, realizar esta experiencia y se le contestó que ninguna.
Tales respuestas sumieron a Gota Chata en una total confusión: en las palabras de Gota Nula había, sin duda, un sentido oculto que ella no alcanzaba a descifrar. Seguramente Gota Nula lo hacía ex profeso para que ella lo percibiera.
Quizás si el experimento no era útil para la gota debía serlo para el agua. Pero rápidamente la desengañaron: tampoco era útil para el agua. El agua no deseaba nada; en el hecho de ser agua residía todo cuanto pudiera necesitar.
 
La Ciencia acude en nuestra ayuda:
 
            Por su parte Gota Oronda había decidido dedicarse a encontrar la manera de controlar y dominar las corrientes del centro de la botella. Su objetivo era desplazarse y detenerse a voluntad. Nadie lo había conseguido, pero sabía que algo se investigaba en los torbellinos.
            Los torbellinos eran unas corrientes que permitían a las gotas moverse en un círculo cerrado, pasando una y otra vez por el mismo sitio. Este movimiento circular creaba un punto central que giraba a gran velocidad sobre si mismo, manteniéndose fijo en el aquel lugar.
Dicho fenómeno se utilizaba para transmitir conocimientos a las gotas. Las estudiantes daban vueltas en torno a una gota académica que repetía sin cesar todo lo que había averiguado en sus viajes.
Naturalmente, solo las gotas que tenían algo importante que explicar podían desempeñar esta función. Ser una gota académica implicaba un gran prestigio y reconocimiento. Pero las que accedían al cargo debían renunciar a seguir viajando y, por tanto, a renovar y aumentar sus conocimientos. 
 
Otro grupo de elegidos:
   
Gota Oronda se matriculó en el Torbellino Superior de Dinámica de Gotas. Quedó muy impresionada al ver que las gotas deambulaban por allí mucho más despacio que en su entorno habitual. Y sobre todo que, dejando de lado a las recién llegadas, ninguna parecía tener ganas de comunicar nada a las demás.
En cambio, en las clases todo giraba muy deprisa. Gota Oronda, por más atención que ponía, no conseguía asimilar la información que voceaban las gotas académicas. Todo le sonaba a puro trabalenguas.
Pero no le costó demasiado advertir que el puesto de gota académica podía satisfacer una de sus más ansiados deseos: disponer de un público obligado a escuchar sus historias. Y se propuso hacer los méritos necesarios para obtener una plaza en el torbellino.
Tampoco tardó en descubrir que para acceder a él no era cuestión de entender nada sino de repetir lo escuchado lo más fielmente posible. Y que esto se conseguía girando mucho tiempo en torno a las gotas académicas.
 
La práctica científica:
 
            El paso siguiente fue detectar que cualquier gota que hubiera demostrado ser capaz de repetir los discursos de las gotas académicas de un modo prácticamente exacto podía aspirar a un puesto en el torbellino.
Todo era cuestión de continuar girando en torno a una determinada gota académica hasta conseguir llamar su atención y convencerla de reunir los méritos necesarios para ser nombrada su ayudante.
El trabajo de las ayudantes consistía en ocupar circunstancialmente el lugar de las gotas académicas, de tal forma que estas pudieran descansar. Desde luego no se permitía que las ayudantes explicaran sus propias historias. Tenían que limitarse a repetir las de la Gota Académica a la que sustituían, aunque se consideraba de buen tono olvidar expresamente alguna parte del discurso para que se echara en falta la autoridad que representaban.
Cuando las ayudantes no desempeñaban esta tarea, permanecían recluidas sin hacer nada, ocupación que se conocía con el nombre de “investigación”.
 
También la ciencia tiene sus heterodoxos
 
            Sin embargo, algunas gotas ayudantes, aprovechaban esta reclusión para intercambiar información entre si. No era información científica sino simples historias personales de su vida anterior, antes de residir en el torbellino.
            Así fue como Gota Oronda pudo enterarse de muchas leyendas acerca de la existencia de zonas de la botella en las que las condiciones de vida de las gotas eran muy distintas. También recibió cumplida información de toda clase de supersticiones acerca de la naturaleza y posibilidades de las gotas. Entre otras, nuestras ya conocidas teorías del agua.
            Las compañeras que le hicieron tales confidencias le advirtieron del peligro que suponía hacer referencia a tales explicaciones en las instalaciones del torbellino. Las gotas que mostraban un cierto interés al respecto eran expulsadas de inmediato.
Solo estaba permitido hablar de ellas ocasionalmente, en el transcurso de alguna fiesta, y siempre con el fin premeditado de burlarse de sus presupuestos y ridiculizarlas. Cuanto más se reían de esto, más científicas aparecían las gotas.
Cuando vio que estas reuniones eran peligrosas y no le llevaban a ninguna parte, Gota Oronda decidió olvidarse de todas estas supersticiones y entregar su vida al sueño académico por excelencia: descubrir de qué estaban hechas las gotas.

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7 Comentarios

  1. Comentario de Mª Pilar de Moreta el día 25 mayo, 2010

    Siempre me ha gustado mucho este cuento.
    Gracias, Jordi.

  2. Comentario de David el día 25 mayo, 2010

    Gracias por compartirlo Jordi. No conocía esta faceta tuya, ¡es una agradable sorpresa!
    Este cuento me recuerda en algo a muchas de las cosas que me enseñaste en el curso de historia de la humanidad.
    Un abrazo

  3. Comentario de maria el día 27 mayo, 2010

    Pero bueno, entonces el agua existe o no?
    jeje, es bueno, es bueno.
    Besos

  4. Comentario de jordi sapés el día 28 mayo, 2010

    Sí pero el agua no existe; el agua es. La diferencia entre ser y existir es la clave. El ser puede no existir; y para existir ha de adoptar una forma concreta. Cuando lo propio del ser se aplica a la forma es cuando se lia todo. El problema es que sobre la forma podemos hablar y razonar y, en cambio, el ser sólo se percibe por medio de la intuición. Pero cuando se quiere hablar de la forma prescindiendo del ser, todo se convierte en humo. No es nada fácil este asunto. Si sólo es un tema de conversación se convierte en Filosofía. Pero si se practica el centramiento de Blay, puedes experimentarlo.

  1. El cuento de las gotas interpretado: Esencia y Existencia | Àtic
  2. El cuento interpretado: La figura de Dios | Àtic
  3. El cuento interpretado: Las propuestas alternativas | Àtic

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