EL CUENTO DE LAS GOTAS INTERPRETADO: ESENCIA Y EXISTENCIA
 
Con esta entrada se inicia la serie de artículos para dar una interpretación del cuento publicado anteriormente que podéis encontrar en este enlace: Las dos gotas.
 
Se presenta Gota Chata
Se presenta Gota Oronda
 
Una cosa es lo que somos (agua) y otra como somos. El “como” es la forma que adopta nuestro Ser cuando se manifiesta (gotas). El Ser es el mismo para todos; en cambio, nuestra personalidad, o manera de ser, es distinta para cada uno. La personalidad depende del código genético que tenemos, del entorno en el que hemos nacido y de las circunstancias y experiencias que hemos vivido. El Ser no depende de nada, siempre es idéntico; por eso nuestra identidad esencial reside en el Ser.
 
Tenemos que considerarnos a nosotros mismos desde esta doble perspectiva: nuestra naturaleza genérica de seres humanos (agua) y nuestra personalidad concreta (gota chata y gota oronda). Olvidar lo que somos esencialmente nos lleva a encontrarnos perdidos, desamparados e impotentes en este mundo; pero menospreciar lo que nos hace individuos únicos y diferenciados, nos impide averiguar la razón por la que estamos aquí.
 
En la espiritualidad siempre se habla de unidad; pero si hablamos de unidad es porque existe la multiplicidad. Esto no es contradictorio: la creación, para ser perfecta, necesita ser infinitamente múltiple; por tanto, multiplicidad y unidad son las dos caras del Amor. El valor de cada uno de nosotros reside en el hecho de Ser, pero también en el hecho de ser de una manera determinada. Como nosotros no hay nadie más,  en tanto que personalidad somos diferentes y únicos; aunque, en el Ser esencial, todos somos Uno.
 
El problema es que nos hemos olvidado del Ser esencial y hemos acabado por identificarnos con nuestra manera de ser. La forma ha acabado por ser lo único que importa (si es plana o redonda). Y querer vivir todo lo que Yo Soy a través de la forma que tengo es lo que causa la mayoría de nuestros problemas. Porque todas las formas son limitadas, son una parte. Y no podemos vivir la experiencia del Todo a través de la parte.
 
El resultado de esta identificación es que buscamos la plenitud en la forma y, para alcanzarla, nos dedicamos a realzar esta forma de ser (plana o redonda), al tiempo que, secretamente, envidiamos la forma de ser de los demás (redonda o plana). En el fondo, explicamos nuestra desorientación, soledad e impotencia pensando que nuestra manera de ser es deficiente y que la felicidad reside en otras maneras de ser (la plana sueña con una existencia libre y la redonda con una existencia estable). Sin embargo, de cara a la galería, buscamos que los demás nos reconozcan y nos admiren por destacar en aquello que la sociedad valora en cada lugar y tiempo (la plana es la que más presión resiste y la redonda la que más lejos ha llegado). Todos queremos ser iguales, pero más iguales que los otros (más planos o más redondos que nadie). Y si no conseguimos despertar la admiración de nuestro entorno por lo mucho que valemos, nos dedicamos a exigirla por lo mucho que sufrimos (más presión o más inestabilidad que nadie).
 
El lío adopta pues estas dos versiones: valgo mucho porque soy más que los demás en aquello que todo el mundo valora; o valgo mucho porque sufro más que nadie los problemas que todo el mundo tiene.
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1 comentario

  1. Comentario de Miquel Cazaña el día 30 mayo, 2010

    Este cuento tiene mucha miga. Es muy interesante que lo desgranes Jordi. Yo también te lo agradezco.
    Mientras leía esta explicación me he acordado de despertar y de procurar ser Yo en un sentido amplio: notar ese algo que no depende de nada pero que lo es todo. Notar eso que es tan sutil, esa autenticidad que al momento me reporta toda la paz interior que ansio cuando me dedico a cazar moscas con los pensamientos. Un abrazo y gracias por compartirlo todo con nosotros.

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