CUANDO LA CIENCIA SE CONVIERTE EN OTRA RELIGION
 
Séptima entrega de la interpretación del cuento Las dos gotas
 
La Ciencia acude en nuestra ayuda:
Otro grupo de elegidos
La práctica científica:
También la ciencia tiene sus heterodoxos
 
Cada época de la humanidad muestra unas creencias sobre las que se basa el “sentido común” de la gente. Mostrarse de acuerdo con ellas implica estar homologado por la sociedad; en cambio, la gente que las cuestiona, suelen verse marginados, e incluso corren el peligro de ser liquidados físicamente. Así, en el Renacimiento, los primeros representantes de la Ciencia: brujos, alquimistas y magos tuvieron que lidiar con la persecución de la Iglesia, celosa de su concepción del mundo basada en el sometimiento a una Divina Providencia que ellos representaban e interpretaban. Fueron tiempos duros para la ciencia; hasta que el dualismo cartesiano resolvió el problema repartiendo el pastel y adjudicando lo trascendente a la Iglesia y lo inmanente a los científicos.
 
A partir de ahí, la ciencia ha ampliando sus conocimientos hasta posibilitar un nuevo sentido común que hace innecesaria esta Divina Providencia y la desplaza al desván de la intimidad personal. Vivimos en un mundo en el que Dios más bien sobra, porque aparece baja lo forma de fanatismos que alientan el terrorismo o impiden el progreso científico. El sentido común actual es materialista: se permite creer en Dios, pero de la misma manera que se puede creer o no en la existencia de civilizaciones extraterrestres. Son ideas que no hacen daño a nadie porque no interfieren para nada en la vida cotidiana.
 
En cambio, hay que estar pendiente de lo que dicen los científicos acerca de cualquier cuestión que repercuta en nuestras vidas: la crisis económica, el calentamiento global, los alimentos que conviene tomar, las vacunas que nos tenemos que aplicar, el nuevo adelanto tecnológico que hará obsoletos todos los aparatos que tenemos, etc. Parece como si, a medida que aumenta el conocimiento social, disminuyera la capacidad personal de tener criterio y decidir. Diferir actualmente de lo que dicen los científicos es exponerte a la marginación y a ser considerado una especie de bárbaro retrógrado. Y sin embargo, es la ilusión de costumbre: antes lo resolvía todo la Divina Providencia y ahora lo resolverá todo la Ciencia. Es el montaje de siempre disfrazado de Academia: con sus dogmas, sacerdotes, herejías y fieles, ávidos de “verdades” que cambian a diario y justifican la existencia de los expertos.
 
Así se divulgan hasta la exageración los efectos favorables de la soja al tiempo que se resaltan, también con desmesura, los perjuicios de la alimentación tradicional. El hecho de observar en el cerebro determinadas reacciones químicas en situaciones concretas conduce a afirmar, sin rubor alguno, que el amor y la conciencia son un mero producto de la química; lo cual nos convierte en contenedores de fluidos que nos hacen la mar de listos. En cambio, a pesar de que el existencialismo ha venido planteando durante todo el siglo XX la cuestión del Ser como un problema fundamental del ser humano, introducirla en un texto sobre cuestiones políticas o económicas te convierte de inmediato en un escolástico redivivo.
 
Esto no tiene nada de científico. Después de más de un siglo de que Einstein formulara la Teoría de la Relatividad, en las escuelas se continúa enseñando el modelo cósmico de Newton: presentando un universo mecánico en el que los cuerpos más pequeños giran alrededor de los más importantes. Exactamente igual que los encargados de transmitir este “conocimiento”: también giran, cada uno a su nivel, alrededor de las autoridades académicas. ¿Alguien se ha planteado que enseñar física cuántica a los escolares estructuraría su mente de tal manera que sería innecesario hablarles de trascendencia?
 
En el siglo XVII se consideraba impensable que la gente normal llegara a entender el concepto de logaritmo neperiano y ahora se enseña en la formación profesional. Hemos de reivindicar que nos llegue el conocimiento que consiguen los científicos; porque actualmente no se trasmite conocimiento sino información; y esta información está sesgada y mediatizada. Hemos de reivindicar que se nos eduque como seres humanos, no como consumidores. Está bien prohibir el adoctrinamiento religioso en la escuela, pero esto no ha de significar el destierro de las materias que se refieren al espíritu y a la capacidad que el ser humano, cada hombre y cada mujer, tienen por si mismos de ver, amar y modificar su entorno.
 
Hemos perdido el rigor que conduce al conocimiento de la verdad; también en el campo de la ciencia. La hemos convertido en una creencia más.
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4 Comentarios

  1. Comentario de DavidNo Gravatar el día 5 septiembre, 2010

    Casualmente hace poco Hawking salía a la palestra descartando a Dios como creador del Universo y en los foros de los diarios electrónicos se comentaba este tema, como en el siguiente artículo de El Periódico:
    http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/20100903/stephen-hawking-descarta-que-dios-fuera-creador-del-universo/465389.shtml
    Parece que todo lo que diga un científico de la talla de Hawking sea ciencia, pero los científicos son también personas y emiten sus opiniones y creencias. En el mismo foro comentaba yo mismo lo siguiente:
    "Durante muchos siglos la iglesia católica sólo permitía que la Biblia estuviera escrita en latín, como la mayoría del pueblo desconocía el latín, la gente creía todo lo que contaban los obispos que eran los únicos transmisores del mensaje cristiano. Cuando la Biblia empezó a traducirse a lenguas vernáculas más gente tuvo acceso a ella y empezaron las discrepancias: desde la Reforma Protestante hasta la Ilustración y la muerte nietzscheana de Dios.
    Ahora la mayoría no entendemos el lenguaje de la ciencia, sin capacidad de entendimiento, nos creemos todo lo que nos cuentan en lugar de comprobarlo por nosotros mismos, confundimos ciencia y opiniones, y los grandes poderes utilizan nuestro desconocimiento para manipularnos, la Gripe A es un buen ejemplo. Aprendamos a ver por nosotros mismos o al menos seamos conscientes de nuestras limitaciones e ignorancia y dejémonos de dogmatismos de cualquier clase."

  2. Comentario de jordi sapesNo Gravatar el día 6 septiembre, 2010

    El hecho de que el Sr. Hawking no precise del concurso de Dios para crear el Universo, no le quita ni le pone nada a Dios. Desde hace siglos a la hipótesis de que Dios ha creado el Universo se le ha opuesto la hipótesis de que Dios es el Universo.
    A mi lo que me preocupa es poder entender porqué Hawking llega a esta conclusión; de momento, en los periódicos, no lo he conseguido encontrar; y mucho me temo que cuando salga su libro, tampoco lo vamos a saber, porque nos lo va a explicar de un modo "divulgativo" que nos nos aclarará nada. 

  3. Comentario de PuriNo Gravatar el día 16 septiembre, 2010

    ¿Alguien se ha planteado que enseñar física cuántica a los escolares estructuraría su mente de tal manera que sería innecesario hablarles de trascendencia?
    Quizás, pero para eso primero los profesores deberían entender la física cuántica, y como sugiere el artículo, la física cuántica es algo que casi todo el mundo acepta como un dogma de fe: no lo entiendo ni encaja con mi percepción limitada de la realidad, pero como lo dicen los científicos, que lo han demostrado siguiendo el método científico, pues debe ser así.

  4. Comentario de jordi sapesNo Gravatar el día 18 septiembre, 2010

    Ya, si tú no lo puedes comprobar, te lo tienes que creer. Pero hay algo más en lo que dices: la percepción que tenemos de las cosas  no es puramente sensible sino que está interpretada por nuestra mente; y por tanto, está interpretada por un paradigma de la realidad que, supuestamente, ya está obsoleto.   

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