LA REVISION DEL CAPITALISMO
 
Parecía que sólo eran los gobiernos de Grecia y España los que no habían hecho sus deberes. Por eso el mercado los castigaba y obligaba a Zapatero a modificar radicalmente su política. Pero, por lo que se ve, los gobiernos de Francia, Inglaterra y Alemania tampoco gobernaban bien. Y a la postre, están tomando medidas más radicales que las de Zapatero. El gobierno británico no sólo reduce el sueldo de sus funcionarios sino que despide directamente a medio millón: los echa a la calle, los deja sin trabajo.
 
Esto no es una crisis económica, es un cambio de modelo. O mejor dicho: la vuelta a un modelo de capitalismo puro y duro, liquidando la sociedad del bienestar que occidente había desarrollado como contraposición a la alternativa socialista. Por eso los primeros estados que los mercados han pasado por la piedra son aquellos en los que gobierna la socialdemocracia. Y ahora toca aplicar la fórmula en los que gestiona la derecha.
 
Dicen que los economistas siempre saben lo que ha sucedido después que ha sucedido; pero por lo visto hay quien no se entera de lo que pasa ni cuando él mismo está sufriendo las consecuencias. Ese parece ser el caso de los sindicatos, exceptuando los franceses, y de los partidos de izquierda.
 
Porque este proceso de derribo hace tiempo que empezó. Empezó inmediatamente después de la caída del bloque soviético. La izquierda quedó tan desconcertada que no supo defender las conquistas sociales resultantes de las políticas de redistribución de la renta. Estas políticas se basaban en el principio de que los ricos pagaban más impuestos que los pobres. Pero los defensores del liberalismo empezaron a predicar la teoría de que disminuir los impuestos generaba una mayor riqueza de la colectividad. Y todo el mundo picó el anzuelo: hasta los partidos llamados de izquierda se aplicaron a disminuir los impuestos.
 
La realidad parecía darles la razón porque la colectividad incrementaba su riqueza de un modo que parecía no tener límite. El problema es que la “colectividad” es una suma; y las políticas liberales iban dejando progresivamente de redistribuir la renta dentro de este colectivo. Lo cierto es que antes de la crisis ya se había consolidado un mercado laboral basado en la precariedad y el mileurismo. Si la riqueza de la gente parecía mantenerse, o incluso aumentar, era porque el descenso en los ingresos se compensaba con la facilidad por endeudarse y vivir a crédito.
 
Hasta que los prestamistas decidieron, de golpe, cerrar la caja y dejar a todo el mundo enseñando las vergüenzas. Ahora resulta que hay que ahorrar para que el estado pueda pagar sus deudas y hay que trabajar más años si queremos cobrar la jubilación que supuestamente teníamos tan asegurada. Y bien, en vez de disminuir los gastos, ¿por qué no vuelven a subir los impuestos al capital?  Así tendrán más ingresos y no habrá peligro de no poder pagar la deuda.
 
La respuesta es que, lo que busca el capital, es desmantelar por completo el estado del bienestar, pasar todos los servicios que ahora presta el estado a la iniciativa privada y acabar de desmontar la poca organización sindical que queda. Y el problema es que los llamados partidos de izquierda, incluidos los herederos más cercanos del comunismo, se pelean por gestionar esta liquidación.
 
¿Esta es la revisión de capitalismo que nos prometieron?  
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3 Comentarios

  1. Comentario de nicolas el día 27 octubre, 2010

    ¡Hola a todo el mundo.!
    Acertadisimo el articulo. Efectivamente la izquierda (sindicatos incluidos eh !)se quedó "grogui" y  encantada de estarlo. La erótica del poder tiene esas cosas ; de esa manera la izquierda puso su maquinaria a trabajar y a elaborar viejos discursos que parecen nuevos para parecer alternativos. ¿Os suena eso del Estado Relacional?
    Desgraciadamente no han hecho autocrítica, le han encontrado el gusto ser los  Mamporreros del Capital .
    Salud
     

  2. Comentario de pedro el día 27 octubre, 2010

       En el arduo y, al mismo tiempo, fascinante camino por descubrir quienes somos realmente es de suma importancia
    utilizar con precisión los términos para identificar sentimientos, actitudes, arquetipos, etc. Lo mismo ocurre en el
    igualmente arduo camino por comprender (y si se puede, modificar) este mundo. En ese sentido, no ayuda el seguir
    llamando izquierda a partidos que en su día pudieron moverse en ese terreno pero los cuales hace décadas que se
    situaron de lleno en el campo de la lógica del beneficio y el capital. Lo mismo diría sobre los medios de comunicación.
      

  3. Comentario de jordi sapes el día 28 octubre, 2010

    Tienes razón. Pero si además les quitamos el nombre y mandamos el concepto de “izquierda” al ámbito extraparlamentario, corremos el riesgo de que este término se borre de la mente de la gente normal, como ya se ha hecho con el comunismo y, lo que es mucho más grave, con la obra de Marx. No olvides que hay mucha gente de buena fe que se sigue sintiendo de izquierdas pero nunca votará una propuesta radical. O sea que, a mi entender, es mejor promover nuevas corrientes en los partidos tradicionales que puedan llegar a una escisión a un cambio de rumbo de la dirección.

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