LA POLITICA Y LOS POLITICOS       
 
La política aparece en Grecia en el siglo IV antes de Cristo. Su nombre se deriva de la polis griega, que era una unidad territorial formada por una ciudad de dimensiones reducidas y el territorio agrícola circundante. Los antiguos griegos consideran que sólo puede organizarse el territorio que el entendimiento abarca y  con el que uno puede sentirse identificado emocionalmente. La polis se gobierna mediante las decisiones que toman la totalidad de los ciudadanos reunidos en asamblea. También hay un ejecutivo, elegido por sorteo, pero no hace más que poner en práctica las decisiones que ha tomado esta asamblea. Esta es la primera forma de democracia que aparece en la historia. Y conviene señalar que si los ciudadanos tienen tiempo para acudir a la asamblea es porque poseen esclavos que les hacen el trabajo. Y que las mujeres no participan en la misma.
 
Esta primera experiencia democrática acaba con el imperio de Alejandro Magno. Encontramos otro atisbo de democracia en la Roma republicana, aunque los ciudadanos ya no participan directamente en las asambleas sino que eligen a sus representantes. Estos representantes son los primeros políticos. Pero la democracia se suspende de nuevo cuando Octavio Augusto asume poderes imperiales. De hecho, no vuelve a resurgir hasta el siglo XVIII, a raíz de la independencia de los Estados Unidos de América y la Revolución Francesa que establece una división de poderes entre el legislativo (la asamblea) el ejecutivo (el gobierno) y el judicial. La Asamblea vuelve a funcionar, con unos representantes que defienden unos intereses concretos y que procuran ser mayoría para imponerlos. Aunque de entrada solo pueden votar los propietarios, más tarde consiguen el derecho al voto la totalidad de ciudadanos varones; y por último las mujeres.
 
En España las mujeres votaron por primera vez en las elecciones de 1933. En 1936 se rebeló el ejército contra la legalidad democráticamente establecida y dejamos de votar todos: hombres y mujeres, hasta que esta legalidad se restableció en 1975. En este intervalo estuvimos gobernados “por la gracia de Dios”, como ponía en las monedas, la política estaba prohibida. Políticos los había, claro, los franquistas que mandaban y los de la oposición, en la cárcel o en la clandestinidad. Estos eran los “políticos”, porque los franquistas fingían ser sólo prohombres que destacaban por su preocupación por el pueblo; y no cabe duda de que, en muchos casos, así era. Pero por desgracia, de buena o mala fe, colaboraban con otros cuya preocupación básica era impedir que este pueblo se expresara y eligiera libremente a sus representantes.
 
En los últimos años de la lucha contra la dictadura aparecieron formas de organización, clandestinas, parecidas a la antigua polis: las comisiones obreras, las asociaciones de vecinos… gente que luchaba sobre el terreno por mejorar su lugar de trabajo o de residencia al tiempo que reclamaba la libertad. Pero cuando se restablecieron los partidos, esta democracia participativa volvió a desaparecer, porque los políticos se encargaban de representar a los ciudadanos y de actuar en su nombre. Después cayó la Unión Soviética y, con ella, el único sistema económico que suponía una alternativa al capitalismo y la economía de mercado. Este fracaso dejó a los partidos de izquierda profundamente desorientados: abjuraron del marxismo y se volvieron de centro. Pero la derecha, disfrazada también de centro, se encontró con el campo libre para aplicar sus recetas económicas ultraliberales. Las consecuencias las estamos viviendo en estos momentos.
 
Ante la ausencia de una izquierda real que pueda plantar cara, se obliga a los socialistas a aplicar una política liberal que reduce el estado del bienestar. La han impuesto a los griegos, a los españoles, a los portugueses, a los ingleses y a los alemanes;  y pronto caerán los franceses y los italianos. En la práctica, la política ha desaparecido y se hace lo que dictan los mercados financieros. Veremos cuando podremos recuperarla porque hay sectores que no tienen suficiente con esto y aspiran a gobernarnos de nuevo “por la gracia de Dios”.
 
Para conseguirlo, se dedican, entre otras cosas, a difamar a los políticos a través de estos correos que corren por Internet. En ellos se les pinta como gente aberrante, dedicada al derroche, gente ociosa que cobra unos sueldos demenciales, posee unas prebendas injustificadas e incurre en gran cantidad de vicios y delitos que sufragamos con nuestros impuestos. Y se compara esta supuesta bicoca con las privaciones de los parados o de los mileuristas. Incluso ha aparecido un libro que los denuncia con toda clase de datos:
 
Empieza señalando que en España tenemos nada menos que 80.000 altos cargos. ¡Caramba, cuantos!, ¿para qué tanto altos cargos? Después resulta que no son altos cargos sino que son 8.112 alcaldes, 65.896 concejales, 650 senadores y diputados y algún otro cargo más. Pero claro, todos juntos “nos cuestan” unos 720 millones de euros. ¡Caramba, esto si que es una barbaridad!; claro que si dividimos los 720 millones por los 80.000 cargos resulta que cobran una media de 9 mil euros anuales; o sea, menos que los mileuristas. Pero sabemos que hay alcaldes que cobran más que un ministro; claro, porque la inmensa mayoría de concejales de los pueblos no cobran nada. Pero es que resulta que los diputados disponen de 5 millones de euros al año para desplazarse en avión; claro, porque la inmensa mayoría viven fuera de Madrid. Si dividimos esta cifra por el número de diputados y senadores y por las semanas que tiene un año, la “prebenda” sale a 150 euros semanales. Pero hay un concejal que se gastó más de 50.000 euros en prostitutos; ¿y qué? ¿se le puede considerar representativo de sus 65.895 restantes compañeros?
 
En estos momentos habrá unos 10 alcaldes y unos 80 concejales imputados en procesos de corrupción; lo cual supone un 0,12 por ciento del total de cargos políticos. Teniendo en cuenta que la población reclusa española representa un 0,20 por ciento del total de habitantes del país, habrá que convenir que los políticos son gente especialmente honesta. Y si son gente honesta y se han metido en un berenjenal como el de la política, será porque sienten una vocación de servicio, cosa que les honra especialmente.
 
Tengamos presente que el descalabro de la izquierda ha llevado a las capas obreras en Francia a votar por el Frente Nacional de Le Pen. Aquí en España, de momento, el PP absorbe estos sectores, pero empiezan a aparecer partidos xenófobos que hacen bandera de la intolerancia y que pueden arrancar muchos votos. Lo cual puede conducirnos a una derechización todavía más grande porque, cuando la economía va mal, el pueblo gusta de encontrar víctimas propiciatorias.
 
La alternativa a estos correos de Internet; es que sino nos gustan los políticos que hay, entremos nosotros en política; y si no estamos de acuerdo con los partidos existentes, fundemos uno nuevo. Pero no ayudemos a la extrema derecha a desprestigiar la política, porque es precisamente una muestra de la capacidad que tiene el ser humano de trascender su egoísmo y preocuparse por los demás.  

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