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La formación de un artista a través del Trabajo Espiritual

Lunes, junio 10th, 2013

LA FORMACIÓN DE UN ARTISTA A TRAVÉS DEL TRABAJO ESPIRITUAL
Publicado por Miquel Cazaña

Llevo nueve años en el Trabajo Espiritual, en la línea de Antonio Blay y con la ayuda de Jordi Sapés. Lo inicié justo cuando estaba terminando los estudios de ilustración y empezaba a buscarme la vida en lo profesional, en el mundo de la ilustración y de la pintura.

Uno de los campos en los que la espiritualidad ha incidido y ha aportado más luz es justamente en mi carrera profesional. Considero absolutamente necesaria la vivencia de lo espiritual para ser operativo en el terreno artístico. De hecho debo reconocer que, en gran medida, es gracias a la espiritualidad y a la ayuda de Jordi Sapés que, en estos momentos, me estoy dedicando a la pintura. Porque sin esta ayuda igual hubiera sucumbido a las llamadas a la “responsabilidad” por parte de un entorno que considera el arte como una apuesta excesivamente aventurada. Pero, el alma, cuando la escuchas, te muestra cuál es tu camino.

En este artículo quisiera explicar toda la nebulosa que he vivido estos años; entendiendo por nebulosa una serie de ideas, juicios y supuestos déficits, que dificultan la experiencia. Y cómo he podido vencer estas dificultades mediante la decisión de hacer de mi trabajo y mi vida diaria una opción personal de servicio a los demás. Vale la pena considerar los  factores que provocan una visión distorsionada del intento:

El primero es el personaje. En los inicios, justamente porque no tienes experiencia profesional, te sientes obligado a demostrar que eres realmente bueno; lo cual se traduce en  expectativas desproporcionadas, muy poco realistas y prácticas. Te crees muy bueno (yo idea) pero temes que tu calidad no sea reconocida por el exterior y esto te obliga a aspirar a ser considerado un genio mundial en la primera exposición que hagas (yo ideal). Cuando esto no sucede, lógicamente, te sientes muy desgraciado y frustrado porque interpretas que nadie se interesa por ti ni por tu trabajo.

A esto le acompaña la idea ampliamente difundida de que sólo hay dos clases de artistas: los millonarios de dinero, prestigio y reconocimiento y los desconocidos que viven en la miseria y el olvido. Y para pertenecer al primer grupo es indispensable que te descubra un mecenas cazatalentos. Lógicamente, el progreso real que haces, no se percibe al lado de esta fantasía. Pero lo peor es que no dependes de ti mismo; dependes completamente de los demás, porque el éxito te lo tienen que dar los demás. Y lo que la mayoría hace, de entrada, cuando explicas que te estás dedicando profesionalmente a pintar es mirarte como un soñador que, a cierta edad, debería sentar la cabeza y hacer algo “más de provecho”.

En el nivel de conciencia del personaje, el éxito está fuera, y tú te consideras el resultado de lo que los demás opinan de ti y de tu trabajo. Deseas que lo acepten y lo alaben porque te identificas con lo que haces y con el impacto que causas. Así que ya nos podemos hacer una idea de lo irritante que puede llegar a ser este oficio desde este nivel de conciencia. Sobre todo porque en el mundillo del personaje  los artistas se despedazan los unos a los otros.  En definitiva, tiende a ser todo muy aéreo; como si habláramos de humo.

Si además eres emocional, es normal que vayas de la impotencia a la euforia, viviendo en un quiero y no puedo, creyéndote un genio pero con dificultades para bajar a la tierra y llevar una vida práctica. Pero es ahí donde tienes que trabajar: siendo práctico y buscando maneras de  hacer viable y visible tus propuestas. Hasta que esto no empieza funcionar, nada se mueve. Y el Trabajo Espiritual es lo que  paradójicamente, te obliga a bajar de las nubes. El Trabajo Espiritual te hace vivir este peregrinaje como un sendero de realización profesional que va ligado a la realización espiritual. Tienes que ir apartando todo lo que es humo: pretensiones, ideas, juicios, fantasías…y substituirlo por propósitos prácticos que se puedan materializar. El resultado es una experiencia cada vez más enriquecedora, tanto para ti como para los demás;  una experiencia que se convierte en una filosofía de vida.

Mi proyecto final de carrera en 2004-2005 fue un primer paso para enfocar la profesión como algo propio que se desarrolla hacia el exterior, hacia lo que ven tus ojos; pero atendiendo una inquietud interior. En este caso, un fenómeno impactante como es el mundo de la inmigración en la ciudad de Barcelona. 

También inicié el Trabajo de compartir mi trabajo personal con la gente: gente que ya conocía y me animó a continuar, que supieron ver el amor que yo sentía por lo que estaba haciendo y me ayudaron a transitar por la realidad material. Y gente que te conoce a raíz de tu obra y también se interesa por ti; gente que vas incorporando en el camino. Al principio los trabajos son esporádicos y la remuneración escasa, porque crees poco en ti y no te atreves a valorar tu obra. Vas combinando el pintar con trabajos ocasionales que nada tienen que ver con el arte, pero que te permiten volver a él con más fuerza.
 
Poco a poco te atreves a hacer propuestas personales: exposiciones, libros de autor. Este es el camino que define a un artista: hacer propuestas propias que enmarcan tu vida y te hacen evolucionar. Así es como he experimentado una verdadera libertad; compatible con las limitaciones económicas iniciales que vas superando con la ilusión de estar desarrollando una vocación que el mundo te agradece y te devuelve en forma de remuneración. Esta vocación es lo que te permite ser austero y paciente y acentúa las ganas de trabajar y evolucionar constantemente. Una evolución que se expresa hacia fuera y se vive hacia dentro, en un viaje que va de la mano de la espiritualidad.  

Para terminar, expongo algunos valores que he ido cultivando estos años.  Creo en ellos porque he comprobado que dan  sentido al trabajo: 

1. Hacer del arte algo cercano a la gente. Exponiendo en lugares públicos o con cierta afluencia de gente (polideportivos, bares, hospitales, centros cívicos, supermercados), buscando que la gente tenga un encuentro espontáneo y fortuito con el arte. Lo mismo hago en redes sociales como Facebook. Es como una galería que llega a todas las casas.

2. Precios asequibles. El precio del arte es muy relativo y el mercado es el que manda; pero cada uno es libre de poner el precio que quiera. Así que he optado por unos precios asequibles para todos y que a mí me permiten una difusión continuada. Me hace muy feliz que todo el que lo desee pueda gozar de un original.

3. Trabajo constante. Trabajando espiritualmente, así como pincel en mano, sin prisa pero sin pausa, para que la evolución y los descubrimientos sean constantes.

4. Hacer las obras a conciencia y con toda la conciencia. Procurando estar cada vez más disponible para ser un canalizador de algo esencial que se expresa a través de mí.


La identificación

Lunes, junio 10th, 2013

LA IDENTIFICACIÓN

Llamamos identificación al fenómeno de crispación o de limitación mental, y de proyección de toda nuestra noción de realidad en el objeto que vivimos en aquel momento. Identificarse es por lo tanto confundir la propia realidad con la realidad de un fenómeno interno o externo.

Por ejemplo, si cuando estoy en el cine sigo con interés una película que me resulta muy interesante, todas las vicisitudes del héroe o de la heroína producirán en mí una gran sensación hasta el punto de emocionarme, conmoverme, animarme o exaltarme, y es porque vivo aquellas escenas con un verismo, con una realidad que me hace olvidar por unos instantes mi propia realidad. Precisamente cuando la olvido es cuando más me emociono, cuando más intensamente reacciono ante una película bien hecha. Pero, ¿qué ocurre en esos instantes en que sólo percibo lo que veo en la pantalla, en que estoy contento, alegre o asustado, según se desenvuelva el argumento? Sencillamente que he olvidado mi noción de realidad, y aunque sigo teniéndola no la vivo como mía sino que se la doy al personaje con el que me identifico. Confundo mi noción de realidad con la suya. Estoy literalmente hipnotizado por aquella imagen, por el personaje que representa, y toda mi noción de realidad en vez de vivirla como mía, la vivo como perteneciendo a él. Yo, en aquel instante, creo ser él.

No siempre se da esta identificación absoluta. Pero recuérdense Vds. mismos en el cine y traten de averiguar cuánto rato han estado conscientes de ustedes mismos durante la proyección de una película: ¿cuánto tiempo ha estado consciente de que estaba en el cine, de que había gente alrededor? Verán que, si la película está bien hecha, ocurre un doble fenómeno: el de completo olvido de sí mismo y del ambiente inmediato, y simultáneamente un sumergirse totalmente en la pantalla, en las imágenes que nos apasionan.

Este fenómeno es una identificación. Identificación que es el producto de una mente estrecha y que no vive en profundidad, antes por el contrario lo que hay en lo profundo, la realidad, la energía interior- la proyecta hacia fuera, la vive como si perteneciera al exterior.

El fenómeno de la identificación es una manifestación fundamental de nuestro infantilismo. Y el factor básico de esta identificación es otra identificación: la que todos tenemos con la idea y noción de nosotros mismos. ¿Cómo me identifico yo conmigo mismo? ¿Acaso no soy yo el mismo? Hablo de la identificación que establecemos con nuestra idea e imagen de nosotros mismos. Pero, ¿es que no puedo identificarme con mi idea de mí mismo? Lo que sucede es que no me doy cuenta de que tengo una idea de mí mismo y ahí está precisamente la identificación. Creo que yo soy eso que pienso. Si no estuviera identificado, vería que tengo una idea, pero precisamente debido a la identificación no me doy cuenta de que tengo una idea a la que estoy agarrado y crispado y que me vivo absolutamente todo yo según esa idea. Si automáticamente me crispo y me agarro a multitud de ideas según sean favorables o no al contenido de mi idea del yo, es porque estoy fundamentalmente agarrado a esta idea del yo. O sea, que yo no vivo directamente mi realidad vital, mi realidad central, energética, espiritual, de donde brotan mis impulsos de un modo puro, auténtico, espontáneo. Mi mente se ha acostumbrado a quedar centrada sobre la idea que me he formado de mí, porque esta idea es la que me sirve de barrera y a la vez de tamiz para relacionarme con el mundo y dejar entrar y salir sólo lo que me convenga.

Publicado por Jordi Calm
Extracto del libro Plenitud en la vida cotidiana. Editorial Cedel, 1981.


El Trabajo en la vida cotidiana

Lunes, junio 10th, 2013

EL TRABAJO EN LA VIDA COTIDIANA
Publicado por Nicolás Cabezas

Hace unos cuatro años que inicié la andadura por el Trabajo. No por una situación de crisis sino por  “casualidad”; y, cómo no, debido al interés del personaje por ser “más y mejor”.

Di los primeros pasos y durante más de un año, por el “desierto” de identificar el personaje y la dificultad de notar mi presencia. El simple gesto de darme cuenta me traía de cabeza.

Supongo que la perseverancia me ayudó a constatar pequeños síntomas de algo que podía parecerse al famoso “despertar”. Y en paralelo, empecé a tomar conciencia de que, pese a no tener grandes preocupaciones, me sentía incompleto y me agotaba en un continuo intento por perfeccionarme. Era agotador constatar que nunca pasaba lo que tenía que pasar y que la gente no eran como tenían que ser.

En esta época tenía un encargo profesional comunitario de cierta importancia. Los últimos veinticinco años, salvo alguna estancia en el extranjero, los he dedicado a la administración local, concretamente al ámbito de la participación ciudadana:  calle, gente, problemas, soluciones, ….. y también formación, conocimiento de la administración y  descubrimiento de quienes participábamos en esta tarea.

Antes de llegar al Trabajo, entendía la realidad como algo complejo, que se podía analizar y diagnosticar desde diferentes perspectivas para, finalmente, actuar. Eso es lo que hacemos en la administración. Pero esta realidad, cambia por completo si, en vez de mirarla  desde la perspectiva del personaje, la ves desde la conciencia. Verla despierto ha sido algo progresivo conforme profundizaba en el Trabajo; y ha sido un regalo de la vida.

Levantarse, dar gracias a lo Superior por el nuevo día, por el sustento, por la posibilidad de participar en todo lo que sucede, de sentir el amor que me rodea y que vivo en la interrelación con el Todo, a través de las personas y las cosas que se encuentran conmigo: mi familia, mis compañeros y compañeras de trabajo, la gente del barrio, los políticos… experiencias que me permiten actualizar lo que soy y crecer personalmente. El hecho es que esta labor profesional ha supuesto un reconocimiento a nivel estatal.

Pero se acabó el proyecto y llegaron los recortes. Muy valorado, pero de vuelta a los despachos y con el sueldo recortado. Y aquí es donde lo Superior me puso a prueba y encontré la ayuda del Trabajo. El personaje intentó recuperar su terreno aduciendo que la economía familiar se quedaba temblando y que a mí me trataban como un viejo dinosaurio. Pero conseguí no caer en la disputa y el agravio y convertir la situación en una nueva oportunidad.
 
El resultado es que actualmente estoy interviniendo en ámbitos que permiten un debate y una actuación sobre la propia administración. Se habla de cambio de era, de nuevo paradigma, de organizar la administración como un ser vivo que hay que atender; para que los que trabajamos en ella nos sintamos a gusto y podamos dar lo mejor de nosotros a la ciudadanía que atendemos. Es llevar  la espiritualidad a cada rincón. A veces con prudencia, para no asustar; pero otras así de claro. Y todo desde mi nuevo puesto de trabajo. Estoy ganado en serenidad, en seguridad; conociendo gente  y pisando terrenos que nunca me había imaginado que tendría a mi alcance.

También estoy iniciando una aventura relacionada con hombre igualitarios, promoviendo un grupo de hombres que actúen desde otro paradigma de la masculinidad. Esto me obliga a estar muy activo y muy despierto, alejándome de la inhibición y la parálisis que siempre justifica el personaje. Adoptando un protagonismo consciente y corriendo riesgos que el personaje no me permitiría.

Este es mi día a día con el Trabajo.

 

Autor: Nicolás Cabezas


Coger el sujeto y olvidar el objeto. Coger el objeto y olvidar el sujeto

Lunes, junio 10th, 2013

COGER EL SUJETO Y OLVIDAR EL OBJETO. COJER EL OBJETO Y OLVIDAR EL SUJETO

Desde un punto de vista práctico, ¿qué es lo más importante: la conciencia de mi o la conciencia de lo que tengo que hacer?, ¿el sujeto o el objeto?

Depende. A veces tengo que prestar más atención a  mi  realidad personal y a veces tengo que prestársela a lo que tengo delante.

¿Cómo podemos diferenciar ambas circunstancias? Pues es bastante fácil: tenemos que ver a qué cosa le estamos dando mayor importancia. Si lo que nos interesa es nuestro prestigio individual, nuestra valoración, nuestra fama y nuestro poder personal, tenemos que prestarnos atención a nosotros mismos por encima de cualquier otra cosa. En cambio, si lo que nos interesa es perfeccionar  lo que tenemos delante, llevar a cabo un proyecto, colaborar en un movimiento social, etc. entonces deberemos prestar la máxima atención posible a esta labor y dejarnos a nosotros mismos en un segundo plano.

Si reflexionamos y somos honestos con  nosotros mismos, cada uno verá en qué está más interesado. Como decía Gurdjieff: vale mas ser temporalmente egoísta que eternamente injusto; o sea que preocuparse por uno mismo no es ningún delito. Puedo preocuparme por mi porque necesito liberarme del personaje, porque necesito reforzar mi yo experiencia, porque siento el llamado del yo esencial que me pide tiempo para el centramiento o la meditación o porque he descubierto mi vocación y estoy reestructurando toda mi existencia. No hay nada de malo en ello. Lo único que se me puede pedir es que lo haga a conciencia.

Igual que se me requiere conciencia cuando el propósito es trasformar la realidad con mi acción personal. Si alguien piensa que puede trasformar algo cumpliendo estrictamente lo que la sociedad le exige, está muy equivocado. Todo el mundo conoce el refrán que dice: el que hace lo que puede no está obligado a más; pero en el Trabajo defendemos que, haciendo solo lo que uno puede, nadie se mueve de sitio, porque vive prisionero de sus limitaciones. Así que para modificar algo es preciso hacer mucho más esfuerzo del que se requiere para mantener las cosas tal como están. 

Lo que es fatal es invertir los esfuerzos en un ámbito con el fin de mejorar el otro. Por ejemplo:  intentar ganar prestigio y valoración a base de destacar públicamente o renunciar a ser uno mismo a cambio de poder político, económico o social. En ambos casos la acción está desvirtuada y en vez de fortalecer los ámbitos elegidos, los perjudica. Tanto el que se pretende reforzar como, por descontado, el que se ha optado por subordinar o ignorar.

Cada vez que nos sentimos mal retribuidos por lo que hacemos, no solo en dinero, sino en reconocimiento y prestigio, es señal de que nos tenemos que prestar más atención a nosotros mismos y reforzar nuestro yo experiencia. Porque de lo contrario, tampoco vamos a dar a los demás aquello que necesitan; lo que haremos será apoyar sus déficits para que ellos nos ayuden en los nuestros. Así que los esfuerzos que hagamos no van a solucionar nada y dejarán insatisfecho a todo el mundo.

La acción real que transforma nuestro entorno sólo se puede hacer cuando nos sentimos lo suficiente seguros de nosotros mismos como para prescindir de cualquier clase de retorno. Y eso no significa que los demás nos tengan sin cuidado, significa todo lo contrario.   


Ver y pensar

Jueves, mayo 9th, 2013

VER Y PENSAR

Hay una gran diferencia entre estar simplemente atentos a algo y el razonar sobre algo. Al razonar nos estamos pronunciando sobre ese algo, estamos formando símbolos, estamos juzgando, valorando, seleccionando. Pero cuando yo miro algo, cuando aprendo a dirigir mi atención de una manera fija, sostenida, sobre algo, estoy simplemente mirando y es manteniendo esta actitud de mirar cuando se puede llegar a ver, del mismo modo que sólo manteniendo la actitud de escuchar se puede llegar a oír. Y al decir escuchar quiero decir escuchar de veras y en consecuencia, oír de veras; porque lo que ahora hacemos no es escuchar de veras, pues mientras estamos escuchando también estamos pensando, estamos comparando, razonando o criticando lo que escuchamos, y esto nos impide desarrollar nuestra capacidad de oír del todo.

Como estamos tan acostumbrados a escuchar de este modo ni siquiera nos ha pasado por la mente la idea de que realmente existe la capacidad de escuchar del todo. Uno cree que ya está atento, que ya se está enterando de todo, pero luego, cuando la persona tiene que repetir o dar cuenta de lo que ha escuchado, se evidencia que la persona sólo ha cogido unos pequeños fragmentos de lo que se ha dicho -y aun esos fragmentos los interpreta mediante una óptica totalmente subjetiva-, que no ha tenido la capacidad de escuchar realmente lo que el otro decía, cómo lo decía y desde la perspectiva en que lo decía.

En el sentido de la atención sostenida ocurre lo mismo que en el escuchar. Hemos de aprender a mirar sin razonar, a fijar nuestra atención, muy clara, muy despierta, muy lúcida, en un acto simple de mirar aunque a primera vista esto nos parezca muy tonto, pues, como se dice en forma de chiste, los mochuelos se «fijan» mucho. A pesar de que parezca una cosa tonta, es preciso practicar para llegar a descubrir que ahí está la clave más importante para entrar en el reino interior, en este mundo oculto, en este mundo de posibilidades inmensas que hay en nuestra mente y en nuestro corazón.

Repito: se trata de la capacidad de mirar con una atención sostenida, sin razonar. Después ya razonaremos si conviene, ya que no se trata de abdicar de nuestro juicio crítico, sino simplemente que cuando se trata de mirar, en la medida en que tratamos de razonar estamos disminuyendo nuestra capacidad de mirar. Cuando «miramos» manteniendo esta actitud de atención sostenida, se produce un fenómeno extraordinario: entonces la mente adquiere la capacidad de entrar dentro de la cosa que mira, adquiere la capacidad de penetrar; y ahí está una de las principales diferencias entre mirar y pensar. Con el pensar nosotros solamente representamos las cosas por medio de ideas, no entramos dentro de nada, nos limitamos a tomar fotografías y hacer combinaciones con esas fotografías, con los datos, con las ideas. En cambio, a través del mirar aprendemos a hacer el contacto del «foco» de nuestra mente con otros focos que existen en nosotros, sea al nivel del sentimiento, sea al nivel de la intuición, de la sensación, de lo que sea; y cuando mantenemos esa atención sostenida, entonces se produce una penetración de nuestro foco mental dentro de este otro sector, del sentimiento o de la sensación, entramos en él, y al penetrar se produce el descubrimiento de unas fuerzas que transforman; transforman la mente, transforman la capacidad de vivir.

Extracto de la obra: El trabajo interior, técnicas de meditación. A. Blay. Ediciones Indigo 1993


Sobre la discrepancia

Miércoles, marzo 6th, 2013

SOBRE LA DISCREPANCIA

El tema de la discrepancia renace periódicamente y aparece como fuente de confusión en el Trabajo.

La cuestión viene de la denuncia que hacemos en relación a la manera que tiene el personaje de interpretar la realidad. Decimos que al personaje nunca le parece nada bien, que se dedica a rechazar la realidad porque no es tal como él pretende que sea; que siempre habla de lo que no hay en lugar de prestar atención a lo que hay, que para observar la realidad lo primero que hay que hacer es librarse de los ideales del personaje, etc.

Sucede que a menudo, hay quien interpreta que lo bueno y deseable es justo lo contrario: que todo nos parezca bien, que hagamos elogio de la realidad en la que vivimos, que ignoremos los déficits que esta realidad presenta, nos conformemos con lo que hay y aparquemos los ideales como una utopía irrealizable.

Y no es eso. Lo que el Trabajo denuncia es el rechazo de la realidad, no la pretensión de mejorarla. Porque nuestra existencia consiste justamente en mejorar esta realidad aportándole una mayor luz, unidad y eficacia. Pero eso se puede hacer partiendo de lo que hay y utilizándolo como materia prima a transformar, no rechazándolo como algo inadmisible e insoportable. El rechazo no solo conduce a la parálisis sino que, por desgracia, la justifica; porque queda muy estético quedarse al margen de la realidad para no contaminarse con ella.

Lo que nosotros censuramos es la discrepancia del personaje, basada en el egocentrismo y la vanidad, no la lucha de las personas que trabajan y se esfuerzan por hacer un mundo mejor. La discrepancia es un derecho que se ejercita precisamente luchando  a favor de algo, no en contra de nadie. Y el ejercicio implica hacer, no pensar ni sentir. Se puede pensar y sentir, pero es algo totalmente estéril si no se traduce en el hacer, en el actuar.

Hay una discrepancia institucionalizada que es absolutamente inútil. Es aquella que ya se sabe que no va a servir para nada.  Es la de los sindicatos que se reúnen con la administración para que la administración les comunique que este año también les van a robar la paga extra a los funcionarios. A esto lo llaman ahorrar. Pero los sindicatos acuden a la reunión a sabiendas de que es cosa hecha  que su presencia sólo sirve para cumplir un trámite obligado por la ley.

También es una discrepancia institucionalizada la de los partidos que presentan propuestas y enmiendas en el Congreso a sabiendas de que la mayoría absoluta del partido del gobierno, hará imposible que prosperen.  Y no necesariamente porque el partido del gobierno no esté de acuerdo con la propuesta sino porque no son ellos los que la presentan.

También lo es la de los que participan en estas campañas de Internet a favor de reducir el número de políticos y el sueldo que cobran. Esta discrepancia es especialmente desagradable porque busca el mal de otro en vez del beneficio propio. Podrían defender  que todo el mundo gozara de las mismas ventajas que los políticos, pero se inclinan por perjudicar a la gente que conservan una mínima seguridad en su existencia. No les exigen que cumplan adecuadamente la función para la que han sido elegidos sino que invierten su energía en quitarles los derechos adquiridos.

Esto nos conduce a una nueva manera de manipular que se basa en acusar al otro de ser el culpable de que “estemos viviendo por encima de nuestras posibilidades”. Este enfoque permite no solo despedir gente a mansalva y reducir el salario y los derechos de aquellos que permanecen empleados, sino también hacerles responsables de los problemas que tenemos a estos que “sobran”. Y así vamos a acabar siendo una “pandilla de vagos, corruptos y malversadores” que suerte tenemos de la “gente cabal” que ha decidido escarmentarnos y poner las cosas en su sitio. Como señala Gurdjieff, lo que mueve al mundo, hoy por hoy, no es el sexo sino las emociones negativas. A eso nos referimos cuando hablamos de la discrepancia del personaje.

Por el contrario, hay gente que hace propuestas, que lucha por aportar algo nuevo en su trabajo, en su medio social. Aprovecho para recomendar un libro que ha publicado Daniel Gabarró y que os podéis bajar gratuitamente de las siguientes Webs: www.sinenemigos.org (en castellano) y www.senseenemics.org (en catalán). El título es suficientemente explicito y veréis la cantidad de opciones que plantea.


Movilización consciente del Potencial

Miércoles, marzo 6th, 2013

MOVILIZACIÓN CONSCIENTE DEL POTENCIAL
Por Isabel Moya

Todos los que nos encontramos en el Trabajo nos definimos como un potencial infinito de inteligencia, amor y energía; es decir, reconocemos que hay en nosotros una fuerza que nos empuja, en cada uno de estos aspectos de la realidad, a actualizarlo.

Si revisamos bien cada una de nuestras actuaciones en los diferentes entornos en los que nos movemos, podemos darnos cuenta de que las acciones que realizamos, incluso las que nos vienen por obligación, casi siempre nos ofrecen un margen de libertad personal en cuanto al modo de llevarlas a cabo. Así que podemos escoger entre realizarlas de la manera rutinaria de siempre o bien, conocedores de nuestro potencial, ver lo que personalmente podemos aportar.

Supongamos que tengo que confeccionar unos listados: Si conscientemente desestimo la inercia de hacerlos como de costumbre porque me intereso por un nuevo sistema que ha aparecido y decido dedicarle un poco más de tiempo y energía, está claro que adopto una actitud más abierta, que aumento mis conocimientos y que todo ello me genera una satisfacción.   

Y es que esta pequeña diferencia de actitud suele ser a menudo la que nos brinda la oportunidad de aprender algo nuevo, de desarrollar alguna cualidad…

Vale la pena tenerlo presente para poder desarrollarlo conscientemente en las tareas cotidianas.

Blay dice: “No es lo que siento dentro lo que me desarrolla, es lo que yo activo, lo que yo expreso dinámicamente en el mundo”. 


Sobre la plenitud

Martes, febrero 19th, 2013

SOBRE LA PLENITUD

Una de las imágenes más utilizadas para representar la plenitud es la de la copa de agua, colmada hasta rebosar. Esta imagen se aprovecha también para resaltar que copas de diversos tamaños exigen diversas cantidades de agua: la copa más pequeña alcanza su plenitud con menos agua que la grande, así que cuanto más desarrollada está una personalidad, más trabajo requiere alcanzar esta plenitud.

En otras palabras, el esfuerzo que debemos realizar depende de nuestro desarrollo personal: cuanto más evolucionado está nuestro yo experiencia más entrega se nos exige.

Así que si nos sentimos vacios después de haber hecho mucho, sobre todo comparándonos con lo que hace la mayoría, es porque no hemos hecho lo suficiente, porque nuestra copa no está a rebosar. Y el hecho de que las de los demás tampoco lo estén o incluso estén más vacías que la nuestra, no nos resuelve nada.

Una de las consecuencias más graves de habernos desconectado del Potencial que somos y estar buscando nuestra satisfacción en el exterior es que el hecho de no obtenerla nos ha vuelto cicateros con nuestro esfuerzo. Hacemos el intento de esforzarnos en un grado 7 y al no conseguir la plenitud anhelada tendemos a buscar un arreglo en el grado 6 o 5. Terrible equivocación, porque la plenitud está en el 10 y nuestro ser existencial está pensado para dar el 10. Vivimos gracias a la actualización, poca o mucha, del Potencial que somos; pero vamos a medio gas, o a menos; y nunca hemos experimentado el placer y la felicidad que se produce cuando ruge el motor. Se pude vivir con poco esfuerzo, pero se vive mal. Fichte dice que el mal es la consecuencia de quedarnos a media potencia por miedo a dar sin obtener nada a cambio; buscando un sucedáneo de la plenitud en la comodidad y devaluando el mundo como excusa para justificar nuestra pereza. Y Nietzsche nos anima a afirmar nuestra existencia sin renuncias y sin poner condiciones a la realidad; porque negar la realidad es negarse uno mismo.

 Claro que uno no puede entregarse a tope a algo que le disgusta; así que una vez que hemos recuperado la conciencia del Potencial que somos, tenemos la obligación de buscar un lugar en el mundo que nos permita expresarlo sin limitación alguna y mientras el cuerpo aguante. Esto es algo que depende de nosotros, no del exterior. El exterior está lleno de posibilidades, es rico en oportunidades para expresarnos; y aunque necesitamos unos medios para vivir, no todo lo que hagamos debe tener por finalidad conseguir una remuneración.  La mejor remuneración es la conciencia de estar expresando lo que somos.

Como dice Don Juan: “Cualquier cosa es un camino entre un millón de caminos. Por tanto, un guerrero siempre debe tener presente que un camino es sólo un camino; si siente que no debería seguirlo, no debe permanecer en él bajo ninguna circunstancia. Su decisión de mantenerse en ese camino o de abandonarlo debe estar libre de miedo y de ambición. Debe observar cada camino de cerca y de manera deliberada. Y hay una pregunta que un guerrero tiene que hacerse obligatoriamente: ¿Tiene corazón este camino?
Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Sin embargo, un camino sin corazón nunca es agradable. En cambio un camino con corazón resulta sencillo: a un guerrero no le cuesta tomarle gusto; el viaje se hace gozoso; mientras un hombre lo sigue, es uno con él.”


La evolución de los niveles de conciencia

Jueves, enero 31st, 2013

LA EVOLUCIÓN DE LOS NIVELES DE CONCIENCIA

Si observamos la vida del ser humano como un proceso psicológico evolutivo, vemos que nuestro punto de partida se basa, en general, en la idea que tenemos de nosotros. Esta idea que tenemos de nosotros (el yo-idea) hace que «funcionemos» de un modo determinado: y este «modo» constituye nuestro modo de ser. Esta idea básica, en su funcionamiento, se convierte en un núcleo, actúa como un núcleo respecto al modo de ser.

Pero a medida que la persona va madurando, va descubriendo progresivamente la relatividad de este yo-idea y de este modo de ser, y va viviendo más la profundidad de su yo-experiencia. Entonces, gracias a que se desidentifica del yo-idea y de que vive más el yo-experiencia, éste manifiesta su condición de eje central y se convierte en un nuevo núcleo. En consecuencia, se puede soltar la identificación con el modo de ser, con el yo personal, y se hace posible ir aceptando a los demás con sus otras (y diferentes) formas y modos de ser, los cuales antes se veían con recelo, temor o desconfianza. Entonces, las otras formas dejan de ser problema, dejan de ser enemigos de los que defenderse.

Así se va adquiriendo un sentido de hermandad, o de grupo, o un sentido social; se vive un ensanchamiento del «campo», podría decirse, hasta que llega un momento en que uno se da cuenta de que esta nueva unidad más grande que se forma también tiene un núcleo. Este es un núcleo nuevo, el de un yo-superior (social). Entonces uno percibe las cosas desde este sentido nuevo de aceptación, de hermandad, ve que los demás, las personas, la naturaleza, son también modos de su conciencia. Esta visión que nos conduce a este nuevo centro, el cual es el común denominador de todo este universo individual (pero más expandido), desarrolla entonces una conciencia participativa con todos los demás, formándose así una nueva unidad mucho más amplia.

Pero esta nueva unidad tiene también su propio núcleo o centro superior, y cuando la persona asume completamente este núcleo se siente, se vive, como Yo superior. Luego, a partir de ahí, podrá abrirse a una conciencia aún superior: la conciencia del universo en sí. Entonces descubrirá que el universo en si a la vez tiene un nuevo centro, al cual llamamos la Mente divina, el Ser Supremo, etcétera.

Eso, como vemos, desde el punto de vista evolutivo funciona en un sentido jerárquico, en el cual, siempre, para pasar a una inclusión en un nuevo conjunto, a una unidad o campo más grande, primero la persona ha de centrarse en el núcleo del campo anterior. Es gracias a este centramiento que la persona pierde su identificación y crispación con el campo anterior. Entonces, al sentirse núcleo, es capaz de «soltar», y eso le da libertad para relacionarse con otros campos mayores, a la vez que desarrolla una nueva conciencia de totalidad que también produce su propio centro (o núcleo de esta totalidad). O sea que la cosa funciona como un proceso, como algo sucesivo: campo-núcleo, campo-núcleo, etc.; pero cada vez este campo-núcleo va ascendiendo.

Extracto del libro: Plenitud en la vida cotidiana. Editorial Cedel


La vivencia y el desarrollo de nuestras capacidades

Jueves, mayo 31st, 2012

LA VIVENCIA Y EL DESARROLLO DE NUESTRAS CAPACIDADES

Si quiero llegar a vivir una plenitud afectiva, el único medio que existe es que yo ejercite activamente mi acto de amar, mi acto de responder con gozo, con felicidad a las situaciones. Mientras yo esté esperando que el exterior me llene de satisfacción, me llene de amor, estaré esperando toda la vida en vano. Lo único que me desarrolla es ese acto por el cual yo ejercito mi potencia.

Curiosamente eso se ve muy claro en el aspecto físico; yo sé que no puedo tener una fortaleza física que no sea el resultado de mi ejercitamiento físico. En la medida que ejercito, que hago gimnasia, que hago ejercicio físico, etc.…, en esa medida soy más fuerte y no puedo esperar ser fuerte si no me ejercito.

Pero, curiosamente, en lo afectivo estamos creyendo que es al revés, estamos creyendo que no depende de mi ejercitamiento sino que depende de lo que los demás me dan, como si lo afectivo fuera distinto de todo lo demás, como si fuera una especie de hucha y que se trata de que los demás me vayan llenando el depósito con afecto, con amor, con cordialidad.

Nunca seré feliz con el amor que recibo. Siempre seré feliz con el amor real que yo dé. Lo que sucede es que resulta fácil dar cuando se recibe, pero no es absolutamente imprescincible y, en este sentido, el tener unas situaciones que sean afectivamente agradables facilita, pero no sustituye, el que yo responda afectivamente.

En el aspecto inteligencia ocurre exactamente igual: mi capacidad de ver y comprender es el resultado del ejercitamiento activo que yo hago en actos particulares de comprender. Pueden llenarme la cabeza con la información de todas las bibliotecas del mundo y esto no me hará más inteligente. La inteligencia es la capacidad de ver, de comprender, de penetrar la verdad, el sentido o el significado de las cosas. Esto es un acto activo de mi propia capacidad central y sólo en la medida en que la ejercito se actualiza, se desarrolla. Yo puedo tener mucha cultura, que quiere decir información, pero eso no es la inteligencia. La inteligencia es la capacidad de ver por sí mismo, de comprender, y esto necesita también de esa actualización.

Así pues en todos los niveles siempre es lo mismo. Yo puedo tener un medio ambiente que sea agradable o desagradable, que estimule o que no estimule, pero lo único que en todo caso me desarrollará será en qué medida yo respondo a las situaciones, sean las que sean, con mi potencial real. Me desarrollaré en la medida en que viva más mi interés por comprender, más mi gozo y mi afectividad, más mi energía profunda en relación con las situaciones.

Nada puede sustituir a este acto de presencia, de respuesta total de mí mismo. Yo soy exactamente la resultante de lo que he ejercitado, ni más ni menos, como ser concreto. Por lo tanto, yo me he fabricado a mí mismo, dándome cuenta o no, según las respuestas que he ido aprendiendo a dar.

A partir de este fragmento de la obra de Antonio Blay SER. Curso de psicología de la autorrealización, podríamos plantearnos las siguientes preguntas.

¿Estás de acuerdo en que se puede / debe “ejercitar” el amor? ¿Si es así, cómo piensas que se puede hacer?

¿Estás de acuerdo cuando se menciona que hay diferencia entre información e inteligencia?

¿Hay aspectos de nuestras vidas en los que esperamos más del exterior que de nosotros mismos?

Si no actuamos según las premisas que nos propone Antonio, ¿qué otras alternativas tenemos? ¿Qué nos ha ocurrido cuando hemos actuado en base a ellas?