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¿Qué es la vida? ¿es la muerte parte de la vida?

Domingo, mayo 8th, 2016

¿QUÉ ES LA VIDA? ¿ES LA MUERTE PARTE DE LA VIDA?

Si entendemos por vida todo lo que es manifestación de formas de inteligencia, de felicidad y de energía, y ahí tienes una primera definición muy genérica de lo que es la vida, las manifestaciones de esto, entonces todo está funcionando siempre de un modo cíclico, y cíclico quiere decir que funciona y de repente deja de funcionar, o que funciona hacia afuera y que funciona hacia adentro, y si tú estás en el medio esto te parecerá como que funciona y luego deja de funcionar; actividad-descanso.

En realidad este descanso es tan inherente al proceso de renovación como lo es la forma exterior de manifestación. Lo vemos en la naturaleza. Cuando parece que todo está muerto, realmente no está muerto sino que está concentrándose en una actividad muy profunda que luego surge en un nuevo impulso exterior. De modo que la vida no sólo es lo exterior, lo visible, sino que también es todo lo profundo. Aunque desde el punto de vista exterior esto profundo aparece como no vida.

La muerte y la vida son simplemente una especie de curva sinusoide de un solo proceso continuo. El gran error es confundir la vida con las formas de vida. Nosotros identificamos la vida con un cuerpo, y un cuerpo es una forma de vida. La vida es la energía, la inteligencia que están detrás y que son las que configuran la forma. Y esta vida es un latido y crea una forma que luego se retira, se repliega, se renueva en el fondo. De modo que lo mismo es vida el aspecto expansivo que el aspecto retractivo. Si tú entiendes bien qué diferencia hay entre vida y formas de vida, verás que en el momento en que tú te puedas intuir como siendo vida y no forma de vida, la muerte es un proceso totalmente natural y que no te quita nada , que además es absolutamente necesario para volver a adoptar otra forma de vida.

Pregunta: ¿Así pues, la vida es eterna, no?

La vida, si no es eterna, por lo menos es continua. Porque la noción de eternidad habría que mirarla muy despacio. Es contínua, eso sí. Y cuando uno se descubre siendo la vida misma y no las formas de vida , entonces el problema de la muerte desaparece porque uno no puede dejar de ser vida; la es intrínsecamente . Es cuando uno se confunde con unas formas que aparece el drama de que toda forma es temporal, es caduca, es vulnerable; pero cuando se descubre como la fuerza inherente que está detrás y que se manifiesta de un modo expansivo o de un modo contractivo, entonces la muerte adquiere un sentido y además se ve que se está produciendo constantemente. En cada momento estamos desechando ideas o adquiriendo ideas, en cada momento hay una renovación celular, en cada momento nos dormimos y perdemos conciencia de todo y luego la volvemos a adquirir. Siempre está el latido constante en la vida. Lo que pasa es que no la miramos, pero si lo miras verás que la muerte es inherente al proceso que llamamos vida.

Si no muriéramos no podríamos vivir: estaríamos muertos. Lo vemos en el dormir: el dormir es una muestra de esto en un ciclo pequeño. Lo vemos en el olvidar. Lo vemos en el desaprender, si no soltáramos lo que conocemos, raramente podríamos aprender cosas nuevas, si no soltáramos viejos hábitos no podríamos adquirir formas nuevas de comportamiento. Es decir, todo, en su existencia, está implicando la no existencia; en un sentido visible, es la cara y cruz de una misma cosa.

 

Texto extraído de la obra de Blay: "Ser. Curso de psicología de la autorrealización". Editorial Indigo 2009


Amar a nuestros enemigos

Domingo, mayo 8th, 2016

AMAR A NUESTROS ENEMIGOS
por Jordi Sapés

Somos un potencial infinito de inteligencia, amor y energía capaces de vivir en unidad con el Todo, gozando de la maravilla de la creación, de su multiplicidad, de su fertilidad, de las posibles y diferentes maneras de expresarnos que esta realidad nos proporciona. A diferencia del resto de seres que comparte con nosotros este plano terrenal, tenemos una conciencia que nos permite actualizar nuestras capacidades de una forma personal, voluntariamente decidida por nosotros mismos, es decir, ser los protagonistas de nuestra existencia.

¿Y qué hemos hecho con todo esto? De una forma figurada podríamos decir que lo hemos cogido y lo hemos metido dentro de un cuerpo limitado y de una mente estrecha. Es como si el genio de la lámpara se hubiera metido voluntariamente dentro de ella y pretendiera la admiración de todos sin conceder ningún deseo: ahí quedaría, olvidado por todos y aprisionado en la lámpara.

Nosotros hacemos algo parecido: el universo es inmenso y desconocido en su mayor parte, estamos justo empezando a entenderlo y  a ser capaces de utilizar este conocimiento para manejarnos en él con cierta soltura. Asimismo estamos empezando a conocernos a nivel de especie y a comprender la necesidad de aprovechar y unificar nuestros esfuerzos para proporcionarnos una vida digna en la que todos y cada uno pueda ejercitar su creatividad y reforzar la presencia de la luz y el amor en nuestra expresión vital.

Pero seguimos empeñados en brillar de una manera personal, en destacar por encima de los demás cómo sea, si conviene como mártires de alguna causa. Y con tal de sobresalir, dado que nuestras posibilidades a nivel personal son muy limitadas, nos dedicamos a devaluar al otro, a denunciarlo, a cuestionarlo. Así, de esta manera tan estúpida, acabamos por convertir nuestra realidad en un infierno. Y cuanto más queremos arreglarlo, más lo estropeamos.

Hay gente que se reúne con el propósito de aunar esfuerzos y superar esta situación, pero lo primero que hacen es trasladar su problema personal al grupo y definirse en tanto que oposición a otro grupo; así que la estupidez personal se hace colectiva y se magnifica. Los asuntos colectivos se trasforman en agravios y las alternativas se presentan a sí mismas como el mejor banderín de enganche para satisfacer las emociones negativas que previamente han sembrado. Y a eso lo llaman democracia, gobierno del pueblo.

Si estuviera en mis manos los haría callar a todos, derogaría todas las leyes y establecería un código universal que penalizara exclusivamente la falta de respeto por el otro. Todo lo demás estaría permitido. Como decía San Agustín: ama y haz lo que quieras. Y es urgente que reflexionemos acerca de la conveniencia de amar a nuestros enemigos porque estamos derivando hacia una situación en la que vamos a estar rodeados de enemigos por todas partes. Ya sabemos que nosotros siempre estamos en el lado de los buenos, pero el enemigo no nos lo va a tener en consideración.

Si nuestra manera de ver la realidad excluye al otro tendremos que modificarla y si la manera de ver del otro nos excluye a nosotros, deberemos pedirle que la modifique. Cualquier forma de entender la realidad que no incorpore a la totalidad es por definición incorrecta. Como especie inteligente, solidaria y práctica hemos de ser capaces de organizar el mundo de manera que todo el mundo se sienta reconocido: cómo  individuo, cómo pueblo o cómo comunidad de cultura y de creencias. Y esto es imposible de conseguir si no nos interesamos por el otro y no hacemos un esfuerzo para explicarnos al otro. Ya no podemos pretender que nos dejen tranquilos: no podremos estar tranquilos mientras alguien esté sufriendo; el amor se hará indispensable porque el egoísmo se volverá contra nosotros mismos.

Este debe ser el modo como Dios nos está ayudando.  


Hacernos como niños

Domingo, mayo 8th, 2016

HACERNOS COMO NIÑOS
por Jordi Sapés

“Os aseguro que, si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mateo, 18, 3)

Si os fijáis, esto va en dirección contraria a los cursos, terapias, talleres, ejercicios, etc. Los niños simplemente son, todavía no tienen currículo y nadie se lo pide; por eso pueden ejercitar sin trabas su capacidad de ver, amar y hacer, respondiendo de una manera espontánea a todo cuanto les llega.

Entonces, ¿para qué sirven los cursos que hacemos? La respuesta es: sirven para quitar, no para añadir. Nuestro yo esencial ha quedado escondido debajo de un montón de ideas, normas morales, consignas, frustraciones, resultados, éxitos y fracasos. Lo hemos de redescubrir, de destapar. No lo hemos de conseguir porque ya lo somos, el problema es que nos hemos olvidado de él. Nos hemos olvidado de lo que somos porque lo hemos enterrado debajo de un montón de trastos inútiles. Trastos físicos, pero también morales e ideológicos. 

Y también nos hemos olvidado de cómo somos, porque cada uno de nosotros es un ser único: cómo cada uno de nosotros no hay nadie. Sin embargo, hemos “aprendido” a no querernos, a no estar satisfechos de nosotros mismos, a intentar vivir cómo los demás pretenden que seamos. Y hemos acabado totalmente desorientados, porque nos relacionamos con mucha gente y es imposible ser como cada uno pretende que seamos.

Así que nuestros cursos no añaden nada, no sirven para nada, no nos hacen ser más nada. Al contrario, nos desnudan, nos quitan los disfraces que nos pusieron y nos hemos acostumbrado a llevar. Y contrariamente a lo previsto, porque desnudarse produce de entrada una cierta zozobra, descubrimos que al quintárnoslos no experimentamos ninguna clase de vergüenza por andar desnudos; que lo vergonzoso es andar disfrazados de cosas absurdas y antinaturales y, encima, envidiar el disfraz del vecino porque parece más aparente.

No obstante, esto no es una llamada a convertirnos en ermitaños, vestidos con sacos de arpillera para resguardarnos de las inclemencias del tiempo. Una vez que nos hemos reencontrado en nuestra desnudez, ya da igual cómo nos quieran vestir, estamos dispuestos a ponernos lo que toque, siempre que no sea excesivamente ridículo. Pero eso sí, queremos jugar, queremos disfrutar de la vida con todos los niños y niñas que nos acompañan. Podemos jugar a padres y madres, profesores y alumnos, amigos y enemigos, empresarios y empleados, monjes y laicos, etc. Cada uno ha escogido un juego y unos compañeros y, todos juntos, recreamos el mundo cuando nos levantamos y nos olvidamos de él al acostarnos. Pero nos levantamos de nuevo con ilusión porque es un juego, no una obligación; y porque vamos cambiando las reglas cada vez que alguien tiene la impresión de no disfrutar lo suficiente.        

Blay decía que hay tres niveles de conciencia: conciencia de personaje, conciencia de acto y conciencia de autor. El personaje es el que lleva el disfraz y se confunde con él, el actor es el que se lo ha quitado y está en condiciones de ponerse el que convenga para representar un papel, y el autor es el que se inventa el argumento de la obra para representarla con todos sus amigos. 

Mira por donde, al evolucionar volvemos al principio, volvemos a ser niños. ¿Y tú de qué haces? le preguntan al niño: Yo hago de mi mismo, responde. Y el que ha preguntado añade: Yo Soy


Sobre progresos y mejoras en el Trabajo

Lunes, febrero 8th, 2016

SOBRE PROGRESOS Y MEJORAS EN EL TRABAJO
Por Jordi Calm Guiteras

En el Trabajo el concepto de mejora, de progreso, está siempre latente, especialmente en la mente de quien emprende esta andadura, porque, como cualquier propuesta de desarrollo interior, plantea transitar por un camino que nos ha de llevar a una vivencia de nosotros y de la realidad distinta, con cambios que entendemos han de ser constatables, y además en una dirección determinada.Sin embargo, esta evolución puede ser experimentada de formas muy diversas.

Correspondiendo con los tres niveles de conciencia de los cuales hablamos a menudo: personaje, personalidad y yo-esencial, podríamos establecer tres escenarios diferentes. 

En un primer nivel, cuando iniciamos el Trabajo con un personaje al lado que está condicionando nuestro día a día, la persona, porque así nos han enseñado de hecho a la mayoría, tenderá a entender que es recriminándose algo como va a progresar;  es una versión lateral, pero en la misma dirección, del concepto de pecador que tan bien le va al personaje y que, de una forma u otra, late continuamente en nuestro acervo popular adoptando la siguiente máxima: "es diciéndome lo mal que hago una cosa como podré hacerlo mejor". El Trabajo, y la experiencia que genera, se encarga de denostar esta idea a las primeras de cambio, mostrando además hasta qué punto, en tanto nos acogemos a ella, obtenemos justo el resultado contrario al esperado: el hecho de decirnos a nosotros mismos que somos torpes no hace sino edificar una experiencia mental de torpeza, ya que nuestro inconsciente es, por decirlo así, consecuente con los mensajes que se le dan.

Esta fase, superada cuando gracias al despertar ya tenemos una conciencia de nosotros, abre la puerta a una segunda etapa en la que son los propios retos que la existencia nos va planteando los que estimulan un progreso, porque ya estamos preparados para aceptar el envite, ya somos capaces de ver que aquello que se nos muestra como dificultad es en la mayoría de los casos un empunjoncito que la vida nos da para atender aspectos hasta ahora poco desarrollados de nuestra personalidad. Por hacer un símil, podríamos decir que, en el baile que compartimos con la vida, vemos en esta poca experimentación la causa de algún que otro pisotón a destiempo en algún paso poco practicado. Sin embargo, a estas alturas del Trabajo ya sabemos que es a base de ejercitar ese paso como acabaremos ejecutándolo correctamente al principio, y después incluso con cierta gracilidad, alejados ya de los traspiés y despuntes que, bien por acción bien por omisión (por querer evitarlos) pueden haber salpicado nuestro día a día durante lustros.

Sin embargo, el tránsito por esta segunda fase, que puede extenderse en el tiempo durante meses, o años, nos permite acceder a otra más sutil, y al tiempo muy fecunda, cuyo leitmotif no es ya la constatación de talo cual grado de desarrollo y su mejora, sino el reconocimiento de una plenitud en cada cualidad Trabajada, plenitud a la cual se trata sencillamente de dar paso. Además, esta excelencia se intuye como algo inconmensurable, lo cual convierte su ejercitamiento en una pulsión tan inagotable como progresivamente gozosa, y siempre en presente. La labor consiste entonces en ir apartando todo aquello que, de un modo u  otro, nos aleje de esta vivencia de totalidad, tanto a nivel interno como en el contacto con un entorno al que cada vez integramos más en nuestra conciencia. 

A modo de ejemplo con una cualidad concreta, en la primera etapa pretendemos ser buenos utilizando la fórmula de resaltar lo malos que somos y, así, “cambiar”; en la segunda tratamos de ejercitar la bondad a base de afrontar las situaciones en las que la vida nos crea dificultades para aplicarla, y en la tercera reconocemos y nos orientamos hacia una bondad esencial, esférica, y constatamos que pueden haber piedras en el camino de esa vivencia.

El primer paso es importante, porque su tránsito por él nos vacuna de desvíos, el segundo nos enseña a ejercitar nuestra conciencia en la buena dirección, y el tercero nos asienta en una realidad holística y gozosa que, aunque requiera tanto o más esfuerzo que los pasos anteriores, nos abre también paso a otras experiencias que empiezan a ir más allá de lo que podamos, o sea procedente, expresar con palabras.


La realidad actual. Algunos hechos y una alternativa

Lunes, febrero 8th, 2016

LA REALIDAD ACTUAL. ALGUNOS HECHOS Y UNA ALTERNATIVA
Por Jordi Sapés

Noticias del pasado martes 26 de enero de 2016: Dinamarca requisará todos los bienes que obren en poder de los refugiados y superen un valor de 1400 euros. Suecia se propone devolver a sus países de origen 80.000 refugiados que no han obtenido el permiso de residencia, pero no saben cómo hacerlo, así que lo más probable es que esta gente se quede deambulando por el país y se conviertan en ilegales. Lógicamente los “ilegales” solo pueden vivir haciendo cosas ilegales, como es el caso de los top-manta: el propio hecho de declararlos ilegales impide cualquier solución de cualquier gobierno, nacional, autonómico o local. 

El Fondo Monetario Internacional declara que estos refugiados pueden ser a medio plazo un factor de desarrollo de unos países cuya tasa de natalidad disminuye, de manera que cada vez hay menos jóvenes para sufragar las pensiones de los mayores. Pero la gente es incapaz de pensar en el medio plazo, ni tan solo ven lo que tienen delante de los ojos; no soportan nada que les moleste o implique alguna dificultad. Después de haber escuchado reiteradamente que estaban viviendo por encima de sus posibilidades está claro que no pueden atender a toda la gente que, de pronto, llaman a su puerta.

En nuestro país el gobierno se muestra satisfecho porque ha terminado el año con sólo 4.700.000 parados. De los cuales el 50 por ciento carece de subsidio porque llevan más de dos años en paro. Hay un millón y medio de familias que tienen sin trabajo a todos sus miembros.  Pero tenemos que ser buenos y no protestar si queremos que esto se arregle con el desarrollo de la economía. Porque la economía crece; y si no que se lo pregunten a estas 62 personas cuya riqueza equivale a la de la mitad de la población mundial más pobre: unos 3.500 millones de personas. 

Gracias a Dios, los pobres se pueden distraer con el fútbol; en este caso la Copa del Rey. Y para colaborar en la distracción, un locutor de un programa deportivo de 13TV, nos recuerda que a la final del pasado año, que jugaron el Barcelona FC y el Athlectic Club de Bilbao, asistieron al partido aproximadamente unos 80.000 cerdos.  Sí, no es ningún error: ha dicho cerdos. Y supongo que se retenía porque estaba muy indignado. No pasa nada: es la libertad de expresión. La semana anterior en el transcurso de un partido, los aficionados locales exhibieron una pancarta que trataba de puta a la mujer de un jugador del equipo rival y el organismo encargado de la disciplina deportiva les ha puesto una multa de 4 mil euros. Multa que seguramente será recurrida porque conculca la libertad de expresión. 

A todas estas, cada vez son más las familias que se enfrentan a una rebeldía absoluta de sus hijos. Se quejaba una madre en el periódico de que su hijo no hacía caso ni a la policía. Es lógico, ¿no?, ¿por qué tienen que ser nuestros hijos los únicos que se porten bien?, ¿qué sentido tiene portarse bien en un mundo así?

Frente a esta situación, a veces es difícil continuar afirmando que todo está hecho de inteligencia, amor y energía. Cuesta no recordar el episodio de la expulsión de los mercaderes del Templo y pedir a Dios que baje a repartir unas cuantas bofetadas. Pero ahí te das cuenta de que para eso ya nos bastamos nosotros, aunque parece que no acabemos de reaccionar.

El papel que juega Dios nos lo recuerda el Papa Francisco en el libro que acaba de publicar y que se titula: El nombre de Dios es Misericordia. Este libro no nos invita a añadirnos a la pelea sino a resaltar lo que continúa siendo propio del ser humano a pesar de tanta confusión: la capacidad de ver lo que sucede, de ser solidarios con los desamparados y de luchar por un mundo mejor. Esto es algo que podemos hacer de forma personal y que nos resulta muy útil para nuestro crecimiento y desarrollo espiritual. Fijaros en estas personas que renuncian a las comodidades mecánicas para colaborar en la educación y la sanidad de los países del tercer mundo: antes lo llamábamos “misiones” pero ahora, tal como van las cosas, las misiones las tendremos que hacer aquí porque los pobres se han cansado de pasarlo mal y esperar que vayamos a ayudarlos y vienen ellos mismos a buscar la ayuda. 

Los que tenéis hijos en edad de ser educados, no podéis confiar en el sistema para que lo haga porque el sistema se está desmoronando a marchas forzadas; carece de valores y de autoridad para formar unas mentes al  servicio de la humanidad y solo es capaz de crear consumidores frustrados y enchufados a Internet. Así que deberéis nadar contra corriente y desarrollar una escuela paralela en la que se imparta todo lo que pretenden sacar de circulación: música, filosofía y religión.

Sí también religión, porque ya hemos podido comprobar que, espontáneamente, los niños no se preocupan por lo Superior si nadie les ha hablado previamente de ello. Esta idea de que cuando fueran mayores se interesarían por lo Superior se ha demostrado errónea. Otra cosa es que tengamos que mandarlos a las catequesis que organiza el obispado. 

En fin, que no nos faltará trabajo ni ocasiones para ejercitar la misericordia.


El perdón

Jueves, enero 7th, 2016

EL PERDÓN
Publicado por Rosa Bachs

La experiencia de un suceso, totalmente insólito, inesperado y aparentemente ofensivo, me hizo replantear mi responsabilidad en los acontecimientos.

Al  principio me preguntaba por qué había sucedido. Miraba en el otro, las razones, las reacciones, las causas, los prejuicios, las experiencias colaterales, los miedos y los malentendidos inherentes a algunas relaciones.

A pesar de comprender los motivos  de modo más objetivo y obtener un alivio, me faltaba paz. Era como seguir atada al recuerdo, y aunque este no tenía un contenido emocional que implicara un comportamiento reactivo, me sometía a una atadura negativa inevitable. Creo que lo que rechazamos, lo que nos duele, aunque sea levemente, nos somete. No podemos desprendernos de ello. Ante el malestar producido por esta concienciación, seguí manteniendo las pantallas abiertas para vislumbrar qué revelación podía transformarse en paz. 

Sin embargo, la revelación la tuve cuando estuve frente a la persona. La vi resplandeciente de Vida, con una vibración peculiar maravillosa, sin pensamientos sobre ella. Era como si se hubiera parado el tiempo y no existiera ningún referente más que la propia vida que me regalaba. Acogí esta presencia y entonces se liberaron las ataduras. Hubo un reconocimiento de amor y de luz en la presencia del otro, que a la vez estaba unida a la mía. 

En la galería de ofensas aguardaban toda suerte de sinsabores. No importaba qué motivos habían promovido el acontecer. Si habían sido los personajes, las fricciones de las personalidades, o los niños inconscientes. Simplemente se había producido un evento y éste era una gran ocasión para mirar las partes en juego de cada uno. Y entonces vi, que era un reto mirar mi responsabilidad en el asunto, puesto que vi la inutilidad de decirle al otro lo que debe reflexionar y lo que debe hacer. Lo realmente cierto es que no debo olvidarme de mí. Aún en el supuesto que vea cosas del otro, y sean ciertas, no puedo cambiar con la razón su manera de ver las cosas y menos decidir por él. Por otra parte sí que puedo decidir qué hago yo, cómo me comporto, que le digo y cómo lo veo. Si hago una conexión de fondo a fondo, la paz es inmediata y no hay nada que objetar respecto al agravio, porque en el fondo éste no existe. Lo experimenté realmente, y comprendí lo que previamente había sido un concepto.

Me di cuenta, que en cada uno de los protagonistas de la galería  había una parte inacabada de concienciar de las experiencias personales. Unos representaban el miedo a decidir, a salir de la sujeción a lo establecido. Otros, el control de las maneras de hacer. Finalmente el más duro, la herida inconsciente.

Todos me estaban llamando la atención. Todos señalaban una cuestión que creía era del otro. Todo era igualmente uno, aunque se tratara del plano psicológico. Cuando lo he comprendido, he tenido una gran recompensa: la reconciliación real con cada uno de ellos y conmigo. La reconciliación es tan gozosa, tan compartida, tan inmediata, que ha hecho evidente que antes de ella tenía un problema. Un problema de rechazo que yo no quería tener, pero que estaba allí, clavado en el recuerdo. Cada vez que veía la persona, la veía con el recuerdo interpuesto, no era consciente de mí misma y no la veía a ella como presencia. 

Y ahí está el Sujeto de la cuestión, porque en el fondo somos una sola Presencia. De ahí el sincronismo de la respuesta.


Los conflictos en las relaciones

Lunes, enero 4th, 2016

Los conflictos en las relaciones

Otra consecuencia de esto que estoy explicando es que yo no soy solamente yo, sino que también soy la imagen que tengo del otro, la cual para mí es el único otro que conozco. La imagen que tengo de mi mujer es la única que conozco. Ella es ella, pero yo la conozco solo en la medida en que soy consciente de ella y del modo en que soy consciente de ella.

Para mí no hay otra esposa que aquella que está en mi conciencia, aunque al margen de esto, ella es ella; y a veces esto trae muchas sorpresas. Porque resulta que cuando ella tiene unas respuestas que no se corresponden en absoluto con las que hay en mi conciencia, entonces esto produce una sorpresa y un cambio en mi modelo, en mi imagen de ella o en mi valoración de ella. 

Así resulta que nuestras relaciones con lo que llamamos "lo exterior" son, al mismo tiempo, relaciones con otros sectores de nosotros mismos. Cuando yo trato con una persona, no sólo lo hago con la persona, sino que trato con mi sector de conciencia que es la imagen y la valoración que tengo de aquella persona. O sea que, en el fondo, todo trato con el otro es a la vez un trato conmigo mismo.

Resultado de esto es que todo conflicto que tenga con otras personas, cosas o situaciones, será un conflicto que tendré con otras partes de mí mismo. En cambio, toda relación de armonía o de unificación que yo tenga con otras personas, cosas o situaciones, será un proceso de reunificación, de armonización de mí mismo, de ensanchamiento de conciencia de mí mismo. Cuando tengo un conflicto con una persona, cuando rechazo a una persona, o cuando me enfado con ella, estoy produciendo no solamente un enfado con aquella persona, sino también un enfado entre un sector de mi conciencia que llamo yo y otro sector de mi conciencia que llamo fulanito de tal. Rechazo, oposición, contradicción; con eso estoy marginando un sector de mi propia conciencia, un sector que es mío, totalmente mío, aparte de la persona misma. Como yo me relaciono con imágenes y conceptos, es decir con unos sectores de mi conciencia, entonces cuando tengo problemas con las personas, tengo problemas con esos sectores de mi conciencia total. Y todo conflicto es un conflicto entre un sector de mí y mi imagen del otro. El resultado es que el otro se va, pero yo me llevo el conflicto. Por eso los conflictos internos duran tanto, porque yo estoy viviendo lo que me afecta a mí, pero por otro lado atribuyo al otro aspectos que en realidad pertenecen a mi interior; los resentimientos, los odios o los miedos hacia otras personas me los llevo a casa y pueden durar días, semanas o a veces toda la vida.

En cambio cuando soy capaz de comprender profundamente, de aceptar profundamente, no superficialmente, esto significa que un sector de mi conciencia al que llamo "yo" se armoniza con otro sector de mi conciencia al que llamo "el otro". Cuanto más puedo comprender y aceptar al otro, más estoy uniendo dos sectores de mi propia conciencia. Y en la medida en que soy capaz de comprender y armonizarme profundamente con el mundo, estoy consiguiendo mi unidad total de conciencia.

En el fondo, lo que llamo yo y lo que llamo lo otro son dos zonas exactamente de lo mismo. Los otros son yo mismo.

 

Extracto del libro: Despertar y sendero de realización. Antonio Blay. Editorial Indigo. 2010


Pre-requisitos para el camino espiritual (II)

Viernes, diciembre 18th, 2015

PRE-REQUISITOS PARA EL CAMINO ESPIRITUAL (II)

(continuación del anterior)

Armonización de lo superior con lo inferior

El cuarto requisito, y éste ya es para ir desarrollándolo sobre la marcha, es el de procurar trabajar lo espiritual de manera que se armonice siempre con los niveles elementales de la personalidad. Hay personas en las que su descubrimiento de lo espiritual es explosivo y que, entonces, se dejan llevar por esta demanda o por esta experiencia que puedan tener de lo espiritual y se vuelven de espaldas a todo lo que es vida de su personalidad, de su mente concreta, de su vitalidad, de su cuerpo, siendo esto completamente erróneo.

Hemos de aprender a vivir toda nuestra personalidad y todos nuestros niveles superiores armonizando unos y otros, haciendo que nuestra vida se ensanche, que nuestro desarrollo espiritual sea realmente una expansión de conciencia, no un cerrar ninguna puerta, sino un ordenar las cosas desde una perspectiva más alta, un vivir las experiencias desde otras experiencias superiores. Este poder armonizar lo superior y lo inferior es fundamental para que lo espiritual sea algo realmente creador, resolutivo. Y sin embargo vemos aquellas personas que, porque lo espiritual lo viven a través de lo afectivo, se convierten entonces en seres irracionales, en seres que se dejan llevar por verdaderos fanatismos, por verdaderas obsesiones, que no están viviendo las cosas de un modo equilibrado, de un modo integrado; otros que lo viven a través de la mente, se convierten en seres puramente teóricos, intelectualistas que dejan de tener contacto dinámico con la vida, con las personas, etc.; otras personas, que al vivir estos otros aspectos, se vuelven de espaldas a su cuerpo considerándolo como algo negativo, como algo primitivo, como algo malo, cuando no hay nada en él que sea malo.

Completa entrega.

Debiéramos añadir un último requisito: el de estar dispuesto a hacer un trabajo sin prisas y con completa entrega. La vida espiritual en cualquiera de sus formas no es un hobby, no se puede hacer como algo secundario en la vida. Llega un momento en que se le pide al aspirante toda su energía, toda su sinceridad y toda su generosidad, ya que se trata de trascender el centro del yo personal, que es la base actual del funcionamiento de las facultades psicológicas habituales. Hay que movilizar toda la capacidad de atención y de discernimiento ya que se trata de alcanzar su misma fuente, y hay que movilizar toda la capacidad de amar y de servicio, puesto que exigirá una entrega completa de todo lo meramente personal.

Pero no es que se trate de un panorama sombrío, lleno de esfuerzos y de austeridad, ya que todas estas renuncias van acompañadas de un gozo mayor al entrar en el cauce de la verdadera vida plena, pues por ella discurre, con completa energía y libertad, la fuente de felicidad, de sabiduría, de paz.

 

Antonio Blay.- Tensión. Miedo y liberación interior.


El yo-experiencia y el yo-idea

Miércoles, diciembre 2nd, 2015

EL YO-EXPERIENCIA Y EL YO-IDEA
Textos de Antonio Blay

El Yo-experiencia (lo real) o personalidad es el resultado de todo lo que vivimos de un modo activo. Gracias a las experiencias, dijimos, movilizamos las energías, desarrollamos nuestros niveles, actualizamos nuestra inteligencia y adquirimos unos modos de reacción ante las situaciones. Esta respuesta que damos una y otra vez va desarrollando en nosotros un eje que es la base de nosotros mismos en el mundo de los fenómenos, en lo existencial. Yo realmente soy lo que he desarrollado: en inteligencia, en energía, en afectividad, en capacidad de adaptación, etc.; ésta es mi verdad objetiva, yo soy exactamente esto.

El personaje (mecánica mental fantasiosa) se genera a través de las experiencias incompletas, insatisfactorias. La idea que tenemos de nosotros mismos va adquiriendo una fuerza especial porque utilizamos imágenes para vernos en una situación distinta, realizando imaginativamente lo que, de hecho, no se ha podido desarrollar. Es un modo de vivir la satisfacción que no se ha podido tener en la vida real a causa de unas experiencias frustrantes. Así, yo voy utilizando mi imagen y mi idea de mí en un sentido imaginativo orientado a los deseos internos y que se va alejando poco a poco de lo que es el yo-experiencia real. Entonces yo tiendo a ser en mi mente distinto de lo que soy en mi realidad. Por esto existe tanta diferencia entre mis propósitos y mis realizaciones; por ejemplo, cuando me hago un programa de trabajo, lo hago con mi mente y por lo tanto está en juego el yo-idea, pero la realización del programa debe hacerla el yo-experiencia, y éste siempre presenta un desfase con el yo-idea. Este desfase puede ser en más o en menos, pero lo frecuente es que uno crea que puede hacer mucho más; y compone un programa magnífico en el que hay tiempo para todo, se cumplen los objetivos, todo es excelente, pero luego, un día por una circunstancia, otro día por otra circunstancia, otro día porque uno lo pospone para el día siguiente, etcétera, el hecho es que hay una reducción notable en la realización de los objetivos, y cuando la persona al cabo de un tiempo vuelve a hacer un nuevo programa suele suceder lo mismo. Esto indica que están en juego mecanismos distintos, los de planificación y los de ejecución: el personaje y el yo-experiencia.

El personaje es muy importante porque es el que usamos para pensar en nosotros, es el que tomamos como referencia para valorarnos y para medir las cosas que los demás dicen o hacen. Así, por ejemplo alguien puede manifestar una idea que me lesiona; ¿por qué me lesiona? Porque implica una valoración de mi prestigio. Yo me siento ofendido porque alguien me ha dejado de lado o porque no se me tiene la consideración que creo merecer. Entonces este yo-idea pasa a ser el centro de mi vida intelectual, mi vida vivida como mente, como idea.

O sea que vivimos dos planos distintos. El plano de la idea en el cual soy vulnerable a toda idea negativa y en el que me siento atraído por toda idea afirmativa. Y el plano de mi experiencia real, de mi yo-experiencia, en el que soy capaz de hacer unas cosas determinadas o no soy capaz de hacerlas. Cuanto más se separe el yo-idea del yo-experiencia -cuanto más yo vaya hinchando o deformando la idea que tengo de mí- más estaré en conflicto con la vida real porque estaré viviendo en mi mente con la presunción de hacer y de valorar unas cosas, y de que me valoren a mí de una manera determinada, y la realidad cotidiana no estará de acuerdo con esta planificación mental. Cuanto más yo choque con la realidad, más frustrado me sentiré y mayor necesidad tendré de desear futuras realizaciones, futuras grandezas; iré hinchando más y más esta imagen ideal.

Es importante ver claro el mecanismo del personaje y el valor real de nuestro yo-experiencia. Para calibrar el valor real de éste, hemos de mirar lo que nosotros hacemos realmente. Si hago un examen retrospectivo de las experiencias de mi vida, lo que he hecho en una ocasión y en otra ocasión, y en otra, aparte de las motivaciones, simplemente los hechos, aquello me dará una visión clara, innegable, del yo-experiencia.

Para apreciar la importancia que para mí tiene el personaje he de observar cuáles son las cosas que me molestan, que me enfadan o que me deprimen. Las cosas me disgustan en la medida que van en contra de los contenidos del yo-ideal cuando este yo-ideal es fuerte en mí y yo dependo de él. Cuando yo no vivo sólidamente el yo-experiencia es cuando yo estoy más colgado a mi representación; entonces, más me duelen las ideas negativas de mí. Este dolor, al vivirse como una ofensa o una negación, puede llegar a producir resultados fisiológicos funestos. Hay personas que han padecido un colapso cardíaco a causa de un disgusto. Y ¿qué es un disgusto? Simplemente la negación de una idea; la negación de un valor que hay en la mente alrededor del yo-ideal.

Es importante que uno aprenda a distinguir en su vida práctica esos dos niveles de su realidad. El personaje lo vivimos cuando estamos pensando; el yo-experiencia cuando actuamos. Cuanto más débil es el yo-experiencia más fuerte es el yo-ideal. Cuanto más uno necesita refugiarse en la idea y en las interpretaciones de sí mismo es que vive con poca fuerza la positividad de su yo-experiencia en su vida inmediata.

 


Los milagros y la fe

Miércoles, diciembre 2nd, 2015

LOS MILAGROS Y LA FE
por Jordi Sapés

Una de las actividades que se cuentan de la vida de Jesús en los evangelios es la afición que tenía por curar a los paralíticos. Siempre que tenía ocasión de interpelar a un paralítico, le decía: “levántate y anda”; y cuando el milagro se producía, añadía: “tu fe te ha salvado”. Yo siempre había entendido que la fe consistía en creer que Jesús le podía curar; pero con el tiempo, he visto que el verdadero milagro consiste en que el paralítico considere posible su curación. Porque, lo más normal, es que si le dices a un paralítico que se levante, este te responda indignado: “¿pero qué dices?, ¿qué no ves que soy paralítico?”. Seguramente que hubo muchos que respondieron así, y estos no aparecen en los evangelios.

El milagro se produce cuando los paralíticos se atreven a creer en sí mismos y en su capacidad de levantarse por encima de unas limitaciones que pensaban tener y que, a la postre se demuestra que no son reales. Lo que hace Jesús es transmitirles la fe en sí mismos y en su capacidad para trascender las limitaciones a las que se habían acostumbrado.

Porque claro, también tiene sus ventajas ser paralítico: vives fatal, pero no has de hacer nada y siempre hay alguien que se compadece de ti y te echa una moneda. En cambio la fe exige un esfuerzo superior al ordinario y no todo el mundo está dispuesto a realizarlo.

Otra cosa que hace Jesús con los paralíticos que levanta es perdonarles los pecados. Esto es importante porque él paralítico es paralítico a causa de sus pecados y, si no se le perdonan, vuelve a paralizarse al poco tiempo.

También aquí suele haber confusión: mucha gente interpreta que el paralítico lo es porque Dios le ha castigado por sus pecados, pero es absurdo que Dios lo castigue por un lado y lo cure por otro. El pecado es la desorientación, la falta de orden mental, el no tener claro qué cosas son fundamentales  y cuáles accesorias. La parálisis que produce esta desorientación no es tanto de estar inmóvil como de dar vueltas en un círculo vicioso que no tiene salida: siempre los mismos problemas y siempre la misma imposibilidad de superarlos. Hasta que uno acaba considerando la propia vida como un problema y el hecho de vivir como una condena.

Claro, para ver dónde está el error, primero hay que levantarse por encima de los pensamientos habituales y cuestionarlos. Mirarlos con lupa y observar en qué acciones contraproducentes y en qué omisiones pusilánimes o irresponsables se traducen. Y esto se hace desde un nivel de conciencia superior, simbolizado aquí por Jesús; que además de amor, también es verdad y vida.

Y para hacer eso, también se requiere fe en la capacidad de ver y reconocer el error que hay en uno mismo. El gran enemigo de la fe es el dicho: mejor malo conocido que bueno por conocer; es el miedo a perder la poca seguridad que tenemos para abrirnos a la Realidad que somos. Atrevernos es el verdadero milagro.