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El seminario de las Relaciones según la linea de Trabajo Antonio Blay

Jueves, abril 20th, 2017

EL SEMINARIO DE LAS RELACIONES SEGÚN LA LÍNEA DE ANTONIO BLAY
Por Laura López

Éste es un seminario de fin de semana que imparten Jordi Sapés y Maria Pilar de Moreta –ambos fueron alumnos de Antonio Blay.

Está pensado para entender como son las relaciones que mantenemos, y aunque lo primero que suele venir a la mente cuando se habla de relaciones es la pareja lo cierto es que a través de ellas se abarca mucho más: ¿habría existencia si no hubiera relaciones? ¿ podríamos aprender? ¿ incluir conceptos? Me gusta mucho una cosa que expresa Sapés más o menos así; imaginemos nuestra vida sin los demás: ¿es posible? Es evidente lo limitada que quedaría.

Sin embargo, en vez de vivir las relaciones como algo creativo, con dificultades que superar en forma de retos, muchas veces las vivimos como una fuente de conflictos que no sabemos superar y que nos llevan a tener una sensación de infelicidad o de poca libertad.

 Y éste seminario es un buen lugar para pararse y repasar como nos desenvolvemos con las relaciones que mantenemos. Lo normal es que se den por habituales y normales ciertos modos que puestos al descubierto y a la luz de la conciencia nos parezcan bastante infantiles, como por ejemplo que el otro haga las cosas como yo quiero, que incluso disimule y me diga lo que quiero oir y ésto a la inversa también se da; por una inercia interna que no cuestionamos nos parece muy adecuado decirles a los demás lo que deben de hacer o lo que creemos que les gustará escuchar de nosotros. Todas éstas son una serie de actitudes basadas en la ilusión, en la falta de libertad y también de compromiso y no hay nada de auténtico en ellas.

Creo que según vamos despertando nos vamos dando cuenta de que las personas estamos hechas de la misma materia prima; y es debido a ésta comprensión que podemos dejar de estar a la defensiva y abrirnos a los demás sin miedo. Si yo despierto, dejo de ponerle pegas al otro, respeto su forma particular, sus conocimientos que está queriendo mostrar y hago lo mismo conmigo, no me censuro y me dejo ser yo, abierta y no por eso con miedo de perder mi propio criterio. Aquí es donde encuentro la libertad que da la capacidad para ser creativo en las relaciones y crecer de manera conjunta.

Es absurdo ponerle pegas a lo que existe por si mismo.

Una de las cosas que me vino a la cabeza en éste seminario es el verdadero sentido de la palabra amor, que creo que tiene mucho que ver con el respeto. Yo antes lo relacionaba más con el querer, con el deseo y también con el ser buena, y el ser buena lo confundía con hacer lo que era conveniente para los demás. Ésta fase se aclara muy bien en el comienzo del taller, cuando se explica el porqué de la desconexión del niño de su fondo.

Estoy convencida de que las relaciones de todo tipo son un amplio campo para explorar y un impulso para despertar y que despiertos tendremos seguramente algunas dificultades, pero éstas serán el trampolín que nos llevarán a abrirnos y gozar cada vez más de los otros y de la realidad.


Decir lo que pensamos o hacer lo que creemos

Lunes, abril 17th, 2017

DECIR LO QUE PENSAMOS O HACER LO QUE CREEMOS
Por Jordi Sapés de Lema

Se avecina una tormenta de sinceridad. Los líderes mundiales se han cansado de tanta contención y han decidido que ya está bien de ser políticamente correctos, así que van a decir públicamente lo que piensan y al que no le guste que se aguante. Y esto generará una ola de agitación, porque hay mucha gente que hace tiempo que se siente reprimida e ignorada y considera que los poderes públicos favorecen y conceden toda clase de ventajas a los que, procedentes de otros países, “vienen a quitarnos el trabajo”. Ya era hora de que alguien defendiera a la gente de aquí y restableciera el orden y las buenas costumbres de toda la vida.

Es el momento de los que tenían la impresión de haberse quedado rezagados en el progreso. Oiremos que ahora toca hacer callar a todos estos progres que viven de dar lecciones de solidaridad y amor al prójimo e impiden gozar de las comodidades que la gente se ha ganado con su trabajo, haciéndoles sentir culpables y amargándoles la existencia con problemas que ellos no han causado. Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Veremos también cómo esta posición gana terreno en el ámbito de las relaciones personales: ya está bien de que todo el mundo se crea con derecho a decirnos lo que tenemos que hacer: en casa, en el trabajo, en las organizaciones… Ya estamos haciendo todo lo que podemos, que no nos exijan más. Si no les parece bien lo que hacemos, pues dimitimos y punto. Ya basta de que se metan con nosotros en vez de agradecernos el esfuerzo que hacemos.

Será todo un triunfo del personaje: el que lo tenga más gordo será el más famoso. La gente pide autenticidad, aunque sea cruda, porque está harta de hipocresía: el malote de la clase que se porta mal y tiene enamoradas a las guapas; el futbolista que coge el micro de un periodista y lo tira al agua; el pícaro más listo que todos que se sale con la suya…éstos serán los héroes. Y los demás, los que no se atrevan a sobresalir, se sentirán cada vez más marginados, más acomplejados, con una personalidad desdibujada de la que todo el mundo se aprovecha.

Así que no podremos andar por el mundo pasando desapercibidos; tendremos que ser especialmente atrevidos y empeñarnos en actualizar el potencial haciendo algo que destaque y llame la atención. Esto generará en nosotros un campo de energía que nos mantendrá en nuestro lugar e impedirá que la corriente nos arrastre. Si no hay atrevimiento todo lo demás resultará estéril.

Y el premio será la satisfacción interior derivada de dar sentido a la existencia y de vivirla como vocación. Estamos luchando y no tenemos tiempo para pararnos a poner medallas, lo que necesitamos es ánimo, decisión, constancia, colaboración y, sobre todo, refuerzos. Los que llevamos un cierto tiempo en la brecha os queremos comunicar nuestro agradecimiento por contar con esta colaboración y este refuerzo; y excusarnos por no poderos ofrecer un ambiente más tranquilo y un discurrir más relajado.

La ventaja que tiene este proyecto nuestro es que nos mantiene en vilo constantemente y nos impide caer en el sueño.

Por cierto que, en esta tesitura, vale la pena destacar unas palabras de la última entrevista del Papa Francisco en El País. Dice lo siguiente:

“Yo, dentro de la jerarquía de la Iglesia, o de los agentes pastorales de la Iglesia (obispos, curas, monjas, laicos…) le tengo más miedo a los anestesiados que a los dormidos. A aquellos que se anestesian con la mundanidad. Entonces claudican ante la mundanidad. Y eso me preocupa. Que si está todo quieto, está tranquilo, si las cosas están bien… demasiado orden. Cuando uno lee los Hechos de los Apóstoles, las epístolas de San Pablo, ahí había lío, había problemas, la gente se movía. Había movimiento y había contacto con la gente. El anestesiado no tiene contacto con la gente. Está defendido de la realidad. Está anestesiado. Y hoy día hay tantas maneras de anestesiarse de la vida cotidiana, ¿no?

En esto, a mí me llama la atención que Jesús en la última cena, cuando hace esa larga oración al padre por los discípulos no le pide “mira, cuídalos del quinto mandamiento, que no maten, del séptimo mandamiento, que no roben”. No. Cuídalos de la mundanidad; cuídalos del mundo. Lo que anestesia es el espíritu del mundo. Y entonces el pastor se convierte en un funcionario. Y eso es el clericalismo, que a mi juicio es el peor mal que puede tener hoy la Iglesia.” 

Bueno, nosotros tenemos lío constantemente; o sea que estamos protegidos contra la anestesia. Ánimo y adelante.  


La lucidez y el futuro inmediato

Lunes, abril 17th, 2017

LA LUCIDEZ Y EL FUTURO INMEDIATO
Por Jordi Sapés de Lema

Dice Antonio Blay: la lucidez es el que ve en el acto de ver; el sujeto que ve y la actualización de la capacidad de ver; actualización que, obviamente requiere de un objeto que está siendo observado. Pero fijaros que aquí no hay juicio por ninguna parte; la lucidez no opina si lo que ve está bien o está mal. Ve lo que hay y el sentido que tiene. 

Últimamente se habla mucho de exceso de información. Dicen que este exceso nos impide asimilar una noticia porque justo cuando la estamos mirando nos llega otra. Dicen que esto ha conseguido hacernos impermeables a las desgracias y que las cosas que suceden ya no nos sorprenden ni nos alteran. En otras palabras: no tenemos tiempo de juzgar la información que recibimos y nos olvidamos de ella. Y se quejan de que esto genera despreocupación moral, porque no juzgamos ni condenamos; ya nada nos sorprende.  

Sin embargo, la gente se traga toda clase de necedades que aparecen en el ámbito virtual, noticias que buscan ser sorprendentes: da igual que sean ciertas o falsas, lo importante es que sean emocionantes. El placer de enterarse de algo y transmitirlo al círculo inmediato no tiene precio porque concede protagonismo; lo de menos es si lo que se difunde es cierto o falso. Incluso se ha acuñado un término para describir este tipo de información: la postverdad. Qué lejos queda aquel argumento tan socorrido de que no leemos los periódicos “porque solo dicen mentiras”. 

En realidad los periódicos ponen de manifiesto lo que nuestros ojos parecen negarse a ver: no es que una noticia se solape con otra, es que las mismas noticias se repiten a diario, solo cambia la localización: fenómenos meteorológicos catastróficos, ataques terroristas aparentemente irracionales, desahucios, refugiados ahogados en el mar…y declaraciones políticas vacías de contenido, interesadas únicamente en disimular la incapacidad del que las realiza. 

Incluso se valora la estrategia que consiste en ignorar la realidad y actuar como si no pasara nada, porque permite contemplar impasible el fracaso de todos aquellos que intentan proponer soluciones. A la gente no le gusta que le propongan soluciones porque esto implica reconocer que hay problemas; así que nadie sigue a estos agoreros que, al poco tiempo, se retiran de la escena sumidos también en la impotencia. Pero claro, la situación va a peor: o sea que lo que vendrá a continuación será convertir al denunciante en alborotador y culpable.  

Este próximo año vamos a asistir a este fenómeno: el vecino será el responsable de nuestros problemas; así que cada país se encerrará sobre sí mismo y los gobernantes utilizarán las palabras unidad y diálogo como un arma arrojadiza contra los demás, quienes, supuestamente, se negarán a participar en los esfuerzos por mejorar la situación. Poco a poco, conceptos como pleno empleo, estado del bienestar, jubilación, etc. se irán relativizando porque ya nos han advertido de que las cosas no volverán a ser como antes. Así que no nos quedará más remedio que revisar un sistema que está impidiendo claramente que la humanidad avance.

Entonces será el momento en el que la gente lúcida, que no divide el mundo en buenos y malos, podrá empezar a plantear la necesidad de nuevos valores de referencia para organizar el colectivo; valores distintos de la productividad, el beneficio, la riqueza material, la competencia y el mercado; y se podrá empezar a hablar de sabiduría, salud, sociedad, bienestar psicológico, seguridad material, vocación, solidaridad y espiritualidad.

Esto no es una utopía porque ya es algo real en estos momentos; hay muchas personas que miran y ven el mundo de esta manera; el problema es que el poder económico y político está haciendo cuanto puede para impedir que esta visión se consolide; y la gente educada en el consumismo sigue siendo mayoría. Pero los mensajes y las proclamas de los gobernantes ante los continuos desastres que se suceden, suenan cada vez más vacíos y más absurdos. Se demostrarán tan inútiles que no tendremos más que resaltar de nuevo el potencial del ser humano, de cada ser humano, de cada pueblo y de cada nación, y reivindicar respeto, libertad y dignidad. Sea lo que sea que nuestros ojos tengan que contemplar, nadie podrá oscurecer la lucidez que habrá en ellos.

Así que debemos caminar mirando hacia este horizonte, evitando caer en las trampas del personaje social y de la miseria emocional, que todavía nos afecta porque nuestro psiquismo es débil. A veces las circunstancias adoptan un aspecto muy desagradable, pero hemos de tener claro que es falso, que es nada, vacío. Nuestros ojos han de traspasarlas para ver la realidad desde la conciencia de nuestro ser espiritual; y esto implica serenidad, amplitud y seguridad interior, derivadas de una corriente de luz que desciende de arriba e ilumina la verdad.


Acerca de los propósitos de la existencia

Miércoles, diciembre 7th, 2016

ACERCA DE LOS PROPÓSITOS DE LA EXISTENCIA
Publicado por Jordi Sapés

En uno de los textos preparatorios del Retiro de Oseira nos planteamos la cuestión de los propósitos en la existencia, entendiendo por tales la decisión consciente de intervenir en nuestra realidad concreta con unos determinados objetivos. No se trata por tanto de deseos o ilusiones sino de actos; actos, claro está, dirigidos a una finalidad que consideramos deseable. Así que el propósito exige la actualización de las tres capacidades que somos: imaginar la situación futura y el camino para alcanzarla  (inteligencia), desearla lo suficiente (amor) y hacer lo necesario para materializarla. Este último punto: realizarlos, es lo que convierte a los deseos en propósitos. 

Fijaros que el personaje tiene muchas ilusiones y pocos propósitos; en la mayoría de los casos porque considera que no se los puede permitir. Cuando nuestros esfuerzos apenas nos bastan para sobrevivir, si tenemos la sensación de tener que defendernos de las presiones del exterior o de no poder cumplir nuestros compromisos de una forma mínimamente aceptable, no nos vamos a plantear encima nuevos objetivos. Como máximo, lo que haremos será soñar acerca de cosas que nos gustaría llevar a cabo el día que nuestra realidad sea diferente y no los permita. Pero esto no llega nunca, porque no está en nuestras manos modificar las circunstancias de una forma radical. 

Así que los propósitos se han de referir a nuestro mundo habitual, a la realidad que estamos manejando, tal cual es. Simplemente se trata de que yo acepte actuar conscientemente en ella, en lo que de mi depende, en vez de sentirme totalmente determinado y condicionado por ella. Siempre hay algo que puedo hacer; aplazar mi protagonismo para cuando las cosas sean diferentes, equivale a dimitir de la existencia; porque, a lo mejor, cuando sean diferentes yo no estaré allí para participar en ellas.   

Es indispensable visualizar hacia dónde queremos ir, pero partiendo del lugar en el que nos encontramos y de la realidad que vivimos. Porque esta realidad, lejos de ser un impedimento insalvable, posee un potencial de desarrollo que podemos catalizar con nuestra acción. El objetivo final, lo que yo estoy intuyendo como posibilidad futura, puede ser algo muy grande, pero este objetivo empieza a materializarse el día en que damos el primer paso: haciendo, no soñando.

Desde la perspectiva del Trabajo, la cuestión no es cómo nos va la vida sino cómo le vamos nosotros a la Vida. Dicho de otra manera: ¿estamos aprovechando el potencial que somos para desarrollar nuestro yo experiencia e intervenir de un modo positivo en nuestro ámbito existencial? Positivo viene aquí de poner: poner la inteligencia el amor y la energía que somos en todo aquello en que hacemos.  Lógicamente esto supone ser conscientes de lo que somos; supone estar despiertos y no utilizar el personaje como coartada para el abstencionismo. 

El personaje va a intentar disuadirnos de entrada porque está muy preocupado por sostener y mantener lo poco que tiene y desconfía profundamente de nuestras capacidades.  Lo que intenta incrementar es nuestro temor al fracaso, para conseguir que nos echemos atrás y nos refugiemos en lo que ya tenemos, aunque nos parezca pobre y limitado. Y cuando  conseguimos superar sus reticencias y ponernos en marcha, aprovecha todas las dificultades que lógicamente se nos plantean para desanimarnos y conseguir que arrojemos la toalla. Cuanta más dimensión tenga el proyecto más dificultades se presentarán al principio; así que, en los primeros pasos, es básico resistir al desánimo. Y constatar que estas dificultades se superan proporciona casi tanta satisfacción como haber alcanzado el objetivo final.

Digo “casi” porque el objetivo final es la autorrealización y esto todavía no lo hemos experimentado; pero un poco realizados sí que nos sentimos los socios fundadores de ADCA por el hecho de poder pasar los trastos a una nueva Junta.

Recordad que ADCA pretende ser un ámbito de comunicación y solidaridad para los que estamos en el Trabajo, así que puede ser un lugar adecuado para materializar el pequeño gran propósito de contribuir a la extensión y consolidación del Trabajo.         


Requisitos para un Trabajo Espiritual Efectivo

Miércoles, diciembre 7th, 2016

REQUISITOS PARA UN TRABAJO ESPIRITUAL EFECTIVO
Publicado por Jordi Calm

Siempre que alguien nos plantea dudas sobre las posibles opciones de un camino de trabajo interior, nosotros le proponemos que aplique la siguiente “prueba del algodón”: mira si, al cabo de seis meses, tu visión de la realidad ha cambiado de forma sustancial; comprueba si, una vez pasada la novedad inicial, este camino está siendo para ti algo real y transformador. No si te hace ilusión, no si las teorías que te explican son muy bonitas y sueñas con llevarlas a término en un futuro, no si con ellas puedes hablar de lo mucho que te esfuerzas para ser mejor, como muy bien describe Jordi Sapés en su artículo de este mes, sino si te está transformando de verdad.  

Porque en esta línea de Trabajo Espiritual no nos proponemos  mejorar, nos proponemos ser; y esto cambia por completo la perspectiva que la persona tiene de sí misma y de la realidad que la envuelve. No es que estemos en un grado 3 y queremos llegar a 7, es que  somos 10 y siempre lo hemos sido. Lo que pasa es que hemos de redescubrirlo porque lo hemos olvidado. Hemos olvidado que ya somos 10 y pretendemos arreglar este olvido, y al menos acercarnos a esta puntuación, mediante una serie de entramados mentales, a cual más complicado. 

No hay nada contra lo que luchar, no hay nada que mejorar, solo hay que descubrir el Ser que somos, y dejar que este Ser se exprese. Y es evidente que esta expresión se hace de un modo concreto y en una realidad concreta, en situaciones a veces fáciles y a veces no tanto, en tesituras a veces agradables y a veces todo lo contrario, y casi nunca a nuestro albur, pero la gracia está en que sabemos ver en cada circunstancia la oportunidad de actualizar (convertir en acto), en toda su potencialidad, esta realidad 10 que ya somos. Dicho de otra manera, para desplegar todo lo que somos, para volar, hay que tener los pies muy asentados en el suelo, y transitar con firmeza, sensibilidad y criterio por el terreno que pisamos, sea llano, empinado, pedregoso o arenoso; o con algún socavón que haya que sortear, saltar, o incluso atravesar. De esta forma, lo que cambia no es la realidad que nos envuelve, sino el hecho de contemplarla sin prejuicios y de interactuar en ella desde un protagonismo consciente.

Lo cual nos lleva al segundo punto que pretende destacar este artículo: la necesidad de esta conciencia de cambio, de proceso de transformación que tan bien reflejaba Einstein en su famosa frase: “un problema no se puede arreglar en el mismo nivel de pensamiento en el que se creó”.  Si lo que queremos es “mejorar”, si lo que queremos es “hacer reformas” y cambiar la pintura, o la decoración, de una casa para seguir en ella cuando, en verdad, apenas se sostiene porque sus cimientos no tienen entidad, mejor que vayamos a buscar los remiendos a otra parte, porque lo que aquí se propone es dejar de atender espejismos y llevar la atención a lo que es real y auténtico: nuestra naturaleza esencial como capacidad infinita de ver, amar y hacer; la cual está inmersa en un entorno que le estimula a hacerlo a cada instante.

Lo paradójico de todo esto es que en este proceso las cosas que tenemos entre manos mejoran, pero lo hacen porque dejan ya de ser el baremo a través del cual dejamos que los demás, y el personaje que llevamos encima, nos juzgue constantemente, y pasan a ocupar el lugar que les corresponde: productos, objetos creados por un sujeto que se ha descubierto en el ser que es, y se está experimentando. Así, y sólo así, recuperamos en cada acto el placer infantil de jugar por jugar, dándonos, eso sí, la capacidad de aprender en cada jugada.

 


El engaño del bien como aspiración

Miércoles, diciembre 7th, 2016

EL ENGAÑO DEL BIEN COMO ASPIRACIÓN
Publicado por Jordi Sapés

Nuestra premisa de partida es que nuestra naturaleza esencial está hecha de inteligencia, amor y energía; por lo tanto somos esencialmente buenos. Sólo una información introducida en nuestra mente de una manera artificial puede haber generado en nosotros la idea contraria, la idea de ser personas deficientes, inclinadas al mal y necesitadas de una educación moral que contrarreste esta tendencia. De ahí se deriva la famosa frase: “somos humanos” con la que se pretenden disculpar los errores que cometemos.

Si una persona adulta se equivoca sumando y afirma que dos y dos son cinco, se la corrige rápidamente, nadie aduce que se ha equivocado porque es “humana”; sin embargo, otros errores que tienen consecuencias mucho más nefastas, se miran con tolerancia considerándolos algo inherente a nuestra naturaleza.    

Y claro, cuando consideramos natural la deficiencia, el bien aparece como una aspiración que honra a quien la tiene. La aspiración, no la bondad, porque la bondad se considera el objetivo final de algo que inicialmente solo son buenas intenciones; intenciones que, por el hecho de formar parte del  esquema de valores personal, permite desde el déficit, compararse para bien con aquellos que no la tienen, con aquellos que no son “conscientes” de esta naturaleza “defectuosa”. Aquí aparece el personaje revestido con sus mejores galas: un yo ideal que maneja una espiritualidad que aparece en forma de aspiración, no de realidad; y que, al mismo tiempo que se la plantea, la da por imposible porque “es muy difícil”. 

Que todo esto es un tinglado mental queda de inmediato demostrado por la experiencia del despertar: despiertos todo se percibe como inteligencia, amor y energía en diversas formas que participan de una misma realidad esencial; no hace falta realizar esfuerzo alguno para advertirlo. Y las supuestas virtudes a las que aspira el personaje quedan obsoletas: no es preciso aceptar, comprender o confiar en nada ni nadie porque, de pronto, todas las cosas y todas las personas adquieren sentido, ocupan su lugar dentro del Todo, y juegan el papel inherente a su condición actual. Y esto se consigue con algo tan simple como es despertar: ejercitándolo y convirtiéndolo en el nivel de conciencia habitual. 

Así que no le veo demasiado sentido a querer competir en este mercado de propuestas, promesas, terapias, ejercicios, etc. destinados a proporcionar nuevos materiales al personaje para que pueda seguir soñando despierto y apartándose cada vez más de del fondo. Es posible que este sea un terreno propicio para que muchos consideren la subjetividad como algo que merece atención, puede que sea la antesala que llevará a algunos a realizar un trabajo real de autorrealización. Pero nosotros debemos dejar muy claro que no somos la antesala sino el lugar adecuado para recuperar la conciencia de uno mismo y caminar en la dirección correcta, no debemos tener miedo de proclamar en voz alta que el bien es algo natural, no una aspiración y que nosotros sabemos cómo experimentarlo. 

Está claro que esto va a asustar a todo los que utilizan la espiritualidad como una afición, un complemento y una manera de adornar la prisión en la que se encuentran, pero nuestra voz llamará también la atención de los que están buscando algo real y están hartos de sucedáneos; y además, dejará sin armas a nuestro propio personaje que nos obliga a escondernos cuando estamos entre personas normales. Mal va si no podemos manifestar nuestra experiencia personal hablando con personas normales; significa que el Trabajo sigue siendo algo superestructural, más ideológico que práctico; porque la práctica, lo que hacemos en el mundo, la bondad natural que manifestamos, ha de ser nuestra tarjeta de presentación.

Nosotros hablamos de la realidad para actuar en ella, no estamos aquí para comprender y apoyar presuntas debilidades del ser humano que son artificiales, ni para divulgar maravillas utópicas que supuestamente nos convertirán en superhombres. Estamos aquí para dar luz y poner amor en la cocina, la casa, los hijos, el trabajo y las relaciones: lo sagrado es vivir conforme a nuestra naturaleza, no tener buenas intenciones. 


A qué nos podemos agarrar

Jueves, agosto 11th, 2016

A QUÉ NOS PODEMOS AGARRAR
Por Jordi Sapés

La obra del famoso filósofo Emmanuel Kant se divide en dos grandes partes, una teórica y otra práctica. En la teórica el filósofo niega que sea posible demostrar la existencia de Dios y en la práctica afirma que la dignidad del hombre reside en actuar de la manera más ejemplar posible, superando su inclinación al egoísmo. Pero al final, confiesa que no hay más remedio que suponer la existencia de otra vida porque en esta, la citada actitud ejemplar no recibe premio alguno.

Desde luego, no es muy agradable contemplar lo que está ocurriendo y constatar que va en sentido totalmente contrario a lo que nosotros defendemos: Lo que vence es la mentira, el egoísmo y la violencia; y además vence democráticamente; ni tan solo tenemos el consuelo de pensar que alguien nos lo impone. Es evidente que existe una admiración por la gente capaz de lucrarse personalmente con el dinero público, de utilizar la policía y la fiscalía para calumniar a los opositores políticos y de conectar con las emociones más bajas de la gente azuzándola en contra de los extranjeros o de los catalanes. La homofobia y el machismo continúan siendo la ideología imperante en los Institutos, ante la aparente dimisión o inoperancia de los profesores y las drogas se puede comprar en la esquina ante la inoperancia de la policía; al igual que las armas en EEUU ante la inoperancia de los legisladores. Y encima, la única oposición real a este estado de cosas parece ser el Estado Islámico dispuesto a castigar con la muerte, por sorpresa, a todos los infieles. Si pudieran, nos regarían a todos con gasolina y nos prenderían fuego con una cerilla.

Sólo falta que Donald Trump gane la presidencia de EEUU; esto parece estar alcanzando dimensiones apocalípticas, y da pábulo a toda clase de teorías de la conspiración, porque es lógico preguntarse si alguien maneja los hilos sembrando tanta impotencia y desorientación y despreciando las más elementales nociones del sentido común.

Pero en vez de leerlo como el fin de la especie humana lo podemos interpretar como una expresión del fin del sistema, como la fase previa a un punto de inflexión que ha de suponer un cambio radical en la humanidad. Quizá sea utópico pensar de esta manera pero, como dice Don Juan: el guerrero no cree en nada pero debe creer. Debemos creer en el ser humano porque no hay otra opción posible ni una mejor forma de existir. Esta es la otra vida que Kant buscaba después de la muerte; y el premio es mantener despierto nuestro espíritu, aquí y ahora, por encima de toda esta porquería mental y emocional.

Reflexiono en voz alta para llamar vuestra atención y abrir un poco de discusión al respecto: Defender la dignidad del ser humano ¿es incompatible con imponer la disciplina en los institutos, reprimir el gamberrismo y asegurar que en nuestras calles se respetan los derechos humanos? ¿Debemos admitir costumbres que conculcan libertades que hemos conquistado con la lucha de siglos? Si se prohíbe la ablación del clítoris, ¿por qué no se ha de prohibir el burka o sancionar que las mujeres anden por la calle tres pasos por detrás del marido? Si se prohíben las corridas de toros, ¿por qué no se han de prohibir los corre bous?

Lo que planteo con estas preguntas es la necesidad de un rearme moral que tenga una trascendencia social. No veo que tengamos que hacer dejación del orden y la responsabilidad social y permitir que sean movimientos reaccionarios lo que alcen esta bandera.

Tenéis que saber que el radicalismo islámico, que es un movimiento fascista, no nos ataca por ser cristianos, nos ataca con el argumento de que no creemos en nada. Este es el discurso que oyen los jóvenes de los barrios marginales por boca de los salafistas: no creen en nada, solo están interesados en hacer lo que les da la gana, no respetan nada: los hijos no respetan a sus padres, las mujeres no respetan a sus maridos, los alumnos no respetan a sus maestros; se están quedando sin alma. Así es como el fascismo cuestiona la libertad.

Pero claro, ¿libertad para qué? decía Lenin. Lo decía porque las libertades burguesas eran pura teoría para una mayoría de la población que ni tan solo alcanzaba a comer. Ahora tendremos que reformularnos la pregunta atendiendo a que la mayor parte de esta población ni tan solo alcanza a pensar. Y en algo debe haber influido que primero se haya quitado la religión de las escuelas, después la educación para la ciudadanía y ahora se pretenda eliminar la filosofía de los planes de estudio. Siempre en nombre de la libertad porque, claro, no debemos adoctrinar a los jóvenes; ya los adoctrinará el mercado a través de los anuncios de la televisión; o los salafistas.

Así que, para defender esta libertad, tenemos que dotarla de contenido: libertad para desarrollar el potencial, libertad y tiempo para vivir como seres espirituales que somos. Esto no implica ser creyentes de ninguna religión pero exige la conciencia de lo que somos y el compromiso de actuar, al servicio de la humanidad, de una manera acorde con esto que somos. Deberá ser, como decía Karl Rahner, una libertad ascética; que, para el creyente, implica una relación personal e inmediata con Dios, y para el no creyente un compromiso indestructible con el ser.

Sólo podremos agarrarnos al ser, así que vayámonos preparando y teniendo claro que deberemos asumir la responsabilidad de educar a nuestros hijos más allá de lo que se les exige en la escuela. No podemos continuar haciendo ver que no pasa nada porque, si no les ofrecemos algo de una calidad superior, se negarán simplemente a seguir. Y harán bien. 


Somos la conciencia

Jueves, agosto 11th, 2016

SOMOS LA CONCIENCIA
Texto de Antonio Blay

Al hacer el trabajo para reconocer las cualidades básicas en uno mismo, aceptarlas, asumirlas y expresarlas, se produce una conciencia de crecimiento real que hace que uno no tenga problemas con el no-yo y que uno se viva interiormente completamente en sintonía con absolutamente todas las personas, seres y circunstancias. Vive en un equilibrio en lugar de vivir pretendiendo estar por encima, o sintiéndose estar por debajo del otro. La dificultad de esto que explico deriva de que uno sigue pensando con los esquemas habituales a los que está acostumbrado. Entonces todo esto le suena como si fuera una especia de subjetivismo gratuito, como si se tratara de una fantasía personal.

No hay nada de fantasía personal. Si uno se toma el trabajo de observar, con exigencia, lo que pasa cuando percibe y realiza el trabajo tal como lo he indicado, descubrirá que es una cosa absolutamente rigurosa, precisa.  

A través de este aspecto particular de las cualidades del no-yo vemos que en el fondo el problema consiste en que sin darme cuenta mi atención es manejada por los estímulos; cuando estoy viendo lo exterior, y sobretodo cuando veo unas cualidades que me despiertan admiración en el exterior, yo no estoy atento a mí como sujeto, y entonces todo lo que se despierta en mí -de sensibilidad, de estética, de lo que sea-, lo asocio mecánicamente al objeto, lo atribuyo exclusivamente al objeto y no a mí. En cambio si yo mantengo mi atención en mí, en lo que llamo mí, no veo estos valores, estas culidades sólo en el exterior. Es un problema de enfoque de atención. La atención es algo extraordinario. La atención (no el pensamiento sino la atención) es como un foco luminoso que ilumina una porción de la conciencia, y aquello que ilumina lo vivo como real. Pero como esa atención queda absorbida, queda seducida por la naturaleza de los estímulos, entonces vamos dando realidad a las cosas que sucesivamente se nos presentan.

Aprender a despertar, a ser conscientes de la propia capacidad de atención, aprender a mantenerla a voluntad es el primer paso en el trabajo interior. La atención es la herramienta fundamental del trabajo interior porque es la que permite la toma de conciencia, es la que facilita todos los descubrimientos y expansiones de conciencia. Es como si nosotros estuvieramos constituidos por unos grandes campos de conciencia y nuestra atención, o está enfocada sobre una zona muy pequeña de un campo, o aprende a cambiar de un plano a otro, pero solamente es real aquello y lo demás permanece en la sombra, en la inconsciencia. Es como si nunca viviéramos la capacidad de estar abiertos a todo el plano de conciencia. El hecho de que normalmente sólo nos movamos de una zona pequeña a otra zona pequeña -que se ha comparado muchas veces al mono que necesita constantemente pasar de una rama a otra rama y a otra rama, es decir, de un aspecto particular a otro aspecto particular- es debido a que estamos viviendo nuestra atención a través de una contracción de la mente, y esto hace que nuestra atención funcione de un modo estrecho a través de la parte más externa de nuestra mente.

La práctica de la atención sostenida, sea a través de la reflexión, del estudio o de técnicas de meditación, concentración, etc., va permitiendo que la atención se centralice más . Al relajar la mente y mantener centrada la atención, uno descubre una atención más profunda. Cuanto más profunda es la atención, más campo abarca; cuanto más externa, menos campo abarca. Y cuando la atención consigue situarse en su punto de origen que es el centro de la mente, entonces hay una visión total, una visión de todo el campo mental. 

 

Texto extraído de la obra de Antonio Blay: Despertar y sendero de realización. Ediciones Indigo. 2010


Conciencia individual y conciencia colectiva

Jueves, agosto 11th, 2016

CONCIENCIA INDIVIDUAL Y CONCIENCIA COLECTIVA
Por Jordi Sapés

Estar despierto es ser consciente del potencial y actualizarlo en respuesta a los estímulos que nos ofrece nuestro entorno. Protagonizar la existencia es tomar conciencia de que esta es nuestra misión en este plano, así que no hace falta esperar que el exterior llame nuestra atención con sucesos especialmente notorios porque nosotros nos sentimos en todo momento participes y corresponsables de este entorno. De hecho en nuestra conciencia desaparece esta falsa distinción entre exterior e interior. 

Pero entonces se nos plantea el problema de los distintos ritmos con los que evolucionan el individuo y la sociedad; individualmente podemos progresar mucho más rápidamente que el colectivo y hay que procurar no olvidarlo si no queremos caer en el desánimo. Máxime cuando este colectivo se encuentra a todas luces paralizado, presa de un sistema económico y político que ha dejado de funcionar pero que todavía no cuenta con una clara alternativa y sigue moviéndose por pura inercia. 

En estos momentos asistimos a una pelea por las migajas: la inversión se retrae porque si antes el capital se llevaba 6 unidades de cada 10 producidas, ahora exige llevarse 8 y si no, no se arriesga. Se retrae porque antes, de las 6 que se llevaba, aceptaba devolver 2 a la colectividad en forma de impuestos y ahora no está dispuesto ni a devolver 1; y además exige que esta 1 se aplique al pago de la deuda que hemos contraído con él. ¿Cómo no vamos a contraer deudas con esta distribución del valor que producimos? ¿Cuántos años llevamos viviendo del préstamo porque es la única manera de fomentar el consumo y conseguir que el sistema siga funcionado? 

En los periodos de transición de un sistema a otro, la sociedad camina a un ritmo mucho más rápido al habitual, los líderes y los gobiernos actúan como una luz que despierta a los ciudadanos  y los anima a desarrollarse personalmente subiendo al carro del progreso social. Pero en estos momentos sucede todo lo contrario: los gobernantes preguntan a los ciudadanos lo que opinan mediante encuestas y defienden la opinión mayoritaria para que esta mayoría les vote de nuevo. Así que el mensaje que se difunde es un mensaje de sálvese quien pueda, el más retrógrado posible, aquel que presenta como enemigos de este reparto de migajas a los que el sistema ya ha marginado pero se resisten a desaparecer. 

Y todo está supuestamente amparado por la ley, como si las dictaduras no promulgaran leyes. Y se nos dice que son leyes democráticas, como si el nazismo no hubiera llegado al poder en Alemania por medio de elecciones democráticas. Aparte de que hay un poder que nadie ha votado y que se coloca por encima de cualquier gobierno elegido: la Comisión Europea. 

Este es el panorama que tenemos a nivel colectivo; un panorama oscuro en medio del cual la luz puede brillar especialmente. Y esta luz es la reivindicación de la dignidad del ser humano, en primer lugar de forma individual, en cada ser humano concreto y especialmente en todos aquellos que el sistema ha marginado. Los marginados son los que están desempeñando el papel más complicado en este llamamiento a la Humanidad para que recupere la conciencia de sí misma. Ellos nos dicen que toda ley que no contemple sus derechos es una ley injusta que debe ser denunciada.

Así que en las elecciones que se avecinan no penséis que vayáis a poder modificar nada a corto plazo con vuestro voto, pero procurad dar voz a lo que, por lo menos, intentan defender una sociedad verdaderamente humana en la que la existencia sea un derecho y el egoísmo una vergüenza. 


Acerca de la experiencia de la impersonalidad

Domingo, mayo 8th, 2016

ACERCA DE LA EXPERIENCIA DE IMPERSONALIDAD
Por Jordi Sapés de Lema

Una de las condiciones favorables para experimentar la impersonalidad es la conciencia de que la forma que nos sostiene tiene fecha de caducidad, lo cual, a cierta edad, no es difícil de apreciar. Tal evidencia facilita la desidentificación del cuerpo y del psiquismo, aunque los sigamos utilizando para movernos en este plano material. Claro que  además es preciso no caer en  la creencia popular en la reencarnación que utilizamos para  hacernos trampa e imaginar una muerte provisional. 

Esta aceptación de la muerte no es una negación de la trascendencia porque cuando nos hacemos conscientes del Ser esencial vemos que la personalidad es una expresión de este Ser. Así que, si hay una disolución en la nada, lo que va a desaparecer es esta personalidad, no el Ser. El Ser es Dios y Él no puede desaparecer porque está más allá de la existencia. Y está muy claro que nosotros no vamos a ocupar Su lugar.

En contrapartida, esta visión nos permite relativizar los ataques del personaje, si todavía aparece, y sacar el mejor partido posible de los contratiempos que sufre el yo experiencia. No hay que olvidar que, cuando estamos despiertos, las cosas suceden y punto, no perdemos el tiempo tachándolas de incomprensibles, injustas o crueles. Esto solo lo hace el personaje para justificar su cobardía y su inoperancia. Estar despierto es ver lo que hay; y existir desde el yo experiencia es responder a esto que hay con la inteligencia, el amor y la energía adecuados. Respuesta que no suele ser especialmente espectacular porque los tres potenciales combinados expresan la dosis de amor, energía e inteligencia que las circunstancias y personas que en ellas intervienen pueden absorber y asimilar. Así que, externamente, más que llamar la atención por lo que haces y dices, aportas una atmósfera de tranquilidad y ausencia de presión que actúa como un bálsamo al quitar tensión y negatividad.

Además, dejas de llamar la atención; estás ahí pero no luces el acostumbrado ego que reclama atención, admiración u obediencia. Y es que has abandonado toda perspectiva egocéntrica del mundo, no solo porque hayas dejado de ser egoísta, o muy servicial, sino porque ya no describes este mundo por lo que te pasa a ti. Lo que haces es considerarte a ti mismo, existencialmente, como algo que le pasa al mundo. Y pones el acento en aportar a este mundo tanto como puedes, procurando que sea de la mejor calidad posible. Propósito difícil cuando estás pendiente del retorno que vas a obtener.

Esta idea de ti como algo que le pasa al mundo te lleva a contemplarlo tal cual es y a sentirte parte de él, tanto en sus progresos como en sus déficits. Vivirte de forma impersonal te saca del pseudo-grupo de los buenos o elegidos y te convierte en una célula más del colectivo. Eso sí: consciente. Y esta conciencia te hace asumir toda la realidad y compadecerla, caminar con ella, sintiéndote parte de una especie que evoluciona, tanto en lo bueno como en lo malo. Te enorgulleces al ver la sanidad al servicio de los inmigrantes que han conseguido aposentarse entre nosotros y se te encoge el corazón cuando lees que confiscan sus pertenencias a los refugiados. Y miras el radicalismo islámico como la manifestación de una enfermedad colectiva que nos destruirá si no rescatamos nuestra propia espiritualidad del olvido y la proponemos como alternativa al consumismo y al hedonismo excluyente.

Desde esta perspectiva, habiendo asumido que el amor es la conciencia de pertenecer al todo, la salvación personal carece de sentido. Hemos de rechazar esta preocupación exclusiva por nosotros mismos, supuestamente espiritual, porque no es más que una sublimación del egoísmo ordinario. Si publicas en facebook que todos somos dioses recibes montones de adhesiones pero cuando hablas de amar a los enemigos sólo les gusta a cuatro gatos. Así que está bien claro hacia donde tenemos que esforzarnos.