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Lunes, junio 10th, 2013
LA FORMACIÓN DE UN ARTISTA A TRAVÉS DEL TRABAJO ESPIRITUAL
Publicado por Miquel Cazaña
Llevo nueve años en el Trabajo Espiritual, en la línea de Antonio Blay y con la ayuda de Jordi Sapés. Lo inicié justo cuando estaba terminando los estudios de ilustración y empezaba a buscarme la vida en lo profesional, en el mundo de la ilustración y de la pintura.
Uno de los campos en los que la espiritualidad ha incidido y ha aportado más luz es justamente en mi carrera profesional. Considero absolutamente necesaria la vivencia de lo espiritual para ser operativo en el terreno artístico. De hecho debo reconocer que, en gran medida, es gracias a la espiritualidad y a la ayuda de Jordi Sapés que, en estos momentos, me estoy dedicando a la pintura. Porque sin esta ayuda igual hubiera sucumbido a las llamadas a la “responsabilidad” por parte de un entorno que considera el arte como una apuesta excesivamente aventurada. Pero, el alma, cuando la escuchas, te muestra cuál es tu camino.
En este artículo quisiera explicar toda la nebulosa que he vivido estos años; entendiendo por nebulosa una serie de ideas, juicios y supuestos déficits, que dificultan la experiencia. Y cómo he podido vencer estas dificultades mediante la decisión de hacer de mi trabajo y mi vida diaria una opción personal de servicio a los demás. Vale la pena considerar los factores que provocan una visión distorsionada del intento:
El primero es el personaje. En los inicios, justamente porque no tienes experiencia profesional, te sientes obligado a demostrar que eres realmente bueno; lo cual se traduce en expectativas desproporcionadas, muy poco realistas y prácticas. Te crees muy bueno (yo idea) pero temes que tu calidad no sea reconocida por el exterior y esto te obliga a aspirar a ser considerado un genio mundial en la primera exposición que hagas (yo ideal). Cuando esto no sucede, lógicamente, te sientes muy desgraciado y frustrado porque interpretas que nadie se interesa por ti ni por tu trabajo.
A esto le acompaña la idea ampliamente difundida de que sólo hay dos clases de artistas: los millonarios de dinero, prestigio y reconocimiento y los desconocidos que viven en la miseria y el olvido. Y para pertenecer al primer grupo es indispensable que te descubra un mecenas cazatalentos. Lógicamente, el progreso real que haces, no se percibe al lado de esta fantasía. Pero lo peor es que no dependes de ti mismo; dependes completamente de los demás, porque el éxito te lo tienen que dar los demás. Y lo que la mayoría hace, de entrada, cuando explicas que te estás dedicando profesionalmente a pintar es mirarte como un soñador que, a cierta edad, debería sentar la cabeza y hacer algo “más de provecho”.
En el nivel de conciencia del personaje, el éxito está fuera, y tú te consideras el resultado de lo que los demás opinan de ti y de tu trabajo. Deseas que lo acepten y lo alaben porque te identificas con lo que haces y con el impacto que causas. Así que ya nos podemos hacer una idea de lo irritante que puede llegar a ser este oficio desde este nivel de conciencia. Sobre todo porque en el mundillo del personaje los artistas se despedazan los unos a los otros. En definitiva, tiende a ser todo muy aéreo; como si habláramos de humo.
Si además eres emocional, es normal que vayas de la impotencia a la euforia, viviendo en un quiero y no puedo, creyéndote un genio pero con dificultades para bajar a la tierra y llevar una vida práctica. Pero es ahí donde tienes que trabajar: siendo práctico y buscando maneras de hacer viable y visible tus propuestas. Hasta que esto no empieza funcionar, nada se mueve. Y el Trabajo Espiritual es lo que paradójicamente, te obliga a bajar de las nubes. El Trabajo Espiritual te hace vivir este peregrinaje como un sendero de realización profesional que va ligado a la realización espiritual. Tienes que ir apartando todo lo que es humo: pretensiones, ideas, juicios, fantasías…y substituirlo por propósitos prácticos que se puedan materializar. El resultado es una experiencia cada vez más enriquecedora, tanto para ti como para los demás; una experiencia que se convierte en una filosofía de vida.
Mi proyecto final de carrera en 2004-2005 fue un primer paso para enfocar la profesión como algo propio que se desarrolla hacia el exterior, hacia lo que ven tus ojos; pero atendiendo una inquietud interior. En este caso, un fenómeno impactante como es el mundo de la inmigración en la ciudad de Barcelona.
También inicié el Trabajo de compartir mi trabajo personal con la gente: gente que ya conocía y me animó a continuar, que supieron ver el amor que yo sentía por lo que estaba haciendo y me ayudaron a transitar por la realidad material. Y gente que te conoce a raíz de tu obra y también se interesa por ti; gente que vas incorporando en el camino. Al principio los trabajos son esporádicos y la remuneración escasa, porque crees poco en ti y no te atreves a valorar tu obra. Vas combinando el pintar con trabajos ocasionales que nada tienen que ver con el arte, pero que te permiten volver a él con más fuerza.
Poco a poco te atreves a hacer propuestas personales: exposiciones, libros de autor. Este es el camino que define a un artista: hacer propuestas propias que enmarcan tu vida y te hacen evolucionar. Así es como he experimentado una verdadera libertad; compatible con las limitaciones económicas iniciales que vas superando con la ilusión de estar desarrollando una vocación que el mundo te agradece y te devuelve en forma de remuneración. Esta vocación es lo que te permite ser austero y paciente y acentúa las ganas de trabajar y evolucionar constantemente. Una evolución que se expresa hacia fuera y se vive hacia dentro, en un viaje que va de la mano de la espiritualidad.
Para terminar, expongo algunos valores que he ido cultivando estos años. Creo en ellos porque he comprobado que dan sentido al trabajo:
1. Hacer del arte algo cercano a la gente. Exponiendo en lugares públicos o con cierta afluencia de gente (polideportivos, bares, hospitales, centros cívicos, supermercados), buscando que la gente tenga un encuentro espontáneo y fortuito con el arte. Lo mismo hago en redes sociales como Facebook. Es como una galería que llega a todas las casas.
2. Precios asequibles. El precio del arte es muy relativo y el mercado es el que manda; pero cada uno es libre de poner el precio que quiera. Así que he optado por unos precios asequibles para todos y que a mí me permiten una difusión continuada. Me hace muy feliz que todo el que lo desee pueda gozar de un original.
3. Trabajo constante. Trabajando espiritualmente, así como pincel en mano, sin prisa pero sin pausa, para que la evolución y los descubrimientos sean constantes.
4. Hacer las obras a conciencia y con toda la conciencia. Procurando estar cada vez más disponible para ser un canalizador de algo esencial que se expresa a través de mí.
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Lunes, junio 10th, 2013
LA IDENTIFICACIÓN
Llamamos identificación al fenómeno de crispación o de limitación mental, y de proyección de toda nuestra noción de realidad en el objeto que vivimos en aquel momento. Identificarse es por lo tanto confundir la propia realidad con la realidad de un fenómeno interno o externo.
Por ejemplo, si cuando estoy en el cine sigo con interés una película que me resulta muy interesante, todas las vicisitudes del héroe o de la heroína producirán en mí una gran sensación hasta el punto de emocionarme, conmoverme, animarme o exaltarme, y es porque vivo aquellas escenas con un verismo, con una realidad que me hace olvidar por unos instantes mi propia realidad. Precisamente cuando la olvido es cuando más me emociono, cuando más intensamente reacciono ante una película bien hecha. Pero, ¿qué ocurre en esos instantes en que sólo percibo lo que veo en la pantalla, en que estoy contento, alegre o asustado, según se desenvuelva el argumento? Sencillamente que he olvidado mi noción de realidad, y aunque sigo teniéndola no la vivo como mía sino que se la doy al personaje con el que me identifico. Confundo mi noción de realidad con la suya. Estoy literalmente hipnotizado por aquella imagen, por el personaje que representa, y toda mi noción de realidad en vez de vivirla como mía, la vivo como perteneciendo a él. Yo, en aquel instante, creo ser él.
No siempre se da esta identificación absoluta. Pero recuérdense Vds. mismos en el cine y traten de averiguar cuánto rato han estado conscientes de ustedes mismos durante la proyección de una película: ¿cuánto tiempo ha estado consciente de que estaba en el cine, de que había gente alrededor? Verán que, si la película está bien hecha, ocurre un doble fenómeno: el de completo olvido de sí mismo y del ambiente inmediato, y simultáneamente un sumergirse totalmente en la pantalla, en las imágenes que nos apasionan.
Este fenómeno es una identificación. Identificación que es el producto de una mente estrecha y que no vive en profundidad, antes por el contrario lo que hay en lo profundo, la realidad, la energía interior- la proyecta hacia fuera, la vive como si perteneciera al exterior.
El fenómeno de la identificación es una manifestación fundamental de nuestro infantilismo. Y el factor básico de esta identificación es otra identificación: la que todos tenemos con la idea y noción de nosotros mismos. ¿Cómo me identifico yo conmigo mismo? ¿Acaso no soy yo el mismo? Hablo de la identificación que establecemos con nuestra idea e imagen de nosotros mismos. Pero, ¿es que no puedo identificarme con mi idea de mí mismo? Lo que sucede es que no me doy cuenta de que tengo una idea de mí mismo y ahí está precisamente la identificación. Creo que yo soy eso que pienso. Si no estuviera identificado, vería que tengo una idea, pero precisamente debido a la identificación no me doy cuenta de que tengo una idea a la que estoy agarrado y crispado y que me vivo absolutamente todo yo según esa idea. Si automáticamente me crispo y me agarro a multitud de ideas según sean favorables o no al contenido de mi idea del yo, es porque estoy fundamentalmente agarrado a esta idea del yo. O sea, que yo no vivo directamente mi realidad vital, mi realidad central, energética, espiritual, de donde brotan mis impulsos de un modo puro, auténtico, espontáneo. Mi mente se ha acostumbrado a quedar centrada sobre la idea que me he formado de mí, porque esta idea es la que me sirve de barrera y a la vez de tamiz para relacionarme con el mundo y dejar entrar y salir sólo lo que me convenga.
Publicado por Jordi Calm
Extracto del libro Plenitud en la vida cotidiana. Editorial Cedel, 1981.
Lunes, junio 10th, 2013
EL TRABAJO EN LA VIDA COTIDIANA
Publicado por Nicolás Cabezas
Hace unos cuatro años que inicié la andadura por el Trabajo. No por una situación de crisis sino por “casualidad”; y, cómo no, debido al interés del personaje por ser “más y mejor”.
Di los primeros pasos y durante más de un año, por el “desierto” de identificar el personaje y la dificultad de notar mi presencia. El simple gesto de darme cuenta me traía de cabeza.
Supongo que la perseverancia me ayudó a constatar pequeños síntomas de algo que podía parecerse al famoso “despertar”. Y en paralelo, empecé a tomar conciencia de que, pese a no tener grandes preocupaciones, me sentía incompleto y me agotaba en un continuo intento por perfeccionarme. Era agotador constatar que nunca pasaba lo que tenía que pasar y que la gente no eran como tenían que ser.
En esta época tenía un encargo profesional comunitario de cierta importancia. Los últimos veinticinco años, salvo alguna estancia en el extranjero, los he dedicado a la administración local, concretamente al ámbito de la participación ciudadana: calle, gente, problemas, soluciones, ….. y también formación, conocimiento de la administración y descubrimiento de quienes participábamos en esta tarea.
Antes de llegar al Trabajo, entendía la realidad como algo complejo, que se podía analizar y diagnosticar desde diferentes perspectivas para, finalmente, actuar. Eso es lo que hacemos en la administración. Pero esta realidad, cambia por completo si, en vez de mirarla desde la perspectiva del personaje, la ves desde la conciencia. Verla despierto ha sido algo progresivo conforme profundizaba en el Trabajo; y ha sido un regalo de la vida.
Levantarse, dar gracias a lo Superior por el nuevo día, por el sustento, por la posibilidad de participar en todo lo que sucede, de sentir el amor que me rodea y que vivo en la interrelación con el Todo, a través de las personas y las cosas que se encuentran conmigo: mi familia, mis compañeros y compañeras de trabajo, la gente del barrio, los políticos… experiencias que me permiten actualizar lo que soy y crecer personalmente. El hecho es que esta labor profesional ha supuesto un reconocimiento a nivel estatal.
Pero se acabó el proyecto y llegaron los recortes. Muy valorado, pero de vuelta a los despachos y con el sueldo recortado. Y aquí es donde lo Superior me puso a prueba y encontré la ayuda del Trabajo. El personaje intentó recuperar su terreno aduciendo que la economía familiar se quedaba temblando y que a mí me trataban como un viejo dinosaurio. Pero conseguí no caer en la disputa y el agravio y convertir la situación en una nueva oportunidad.
El resultado es que actualmente estoy interviniendo en ámbitos que permiten un debate y una actuación sobre la propia administración. Se habla de cambio de era, de nuevo paradigma, de organizar la administración como un ser vivo que hay que atender; para que los que trabajamos en ella nos sintamos a gusto y podamos dar lo mejor de nosotros a la ciudadanía que atendemos. Es llevar la espiritualidad a cada rincón. A veces con prudencia, para no asustar; pero otras así de claro. Y todo desde mi nuevo puesto de trabajo. Estoy ganado en serenidad, en seguridad; conociendo gente y pisando terrenos que nunca me había imaginado que tendría a mi alcance.
También estoy iniciando una aventura relacionada con hombre igualitarios, promoviendo un grupo de hombres que actúen desde otro paradigma de la masculinidad. Esto me obliga a estar muy activo y muy despierto, alejándome de la inhibición y la parálisis que siempre justifica el personaje. Adoptando un protagonismo consciente y corriendo riesgos que el personaje no me permitiría.
Este es mi día a día con el Trabajo.
Autor: Nicolás Cabezas
Lunes, junio 10th, 2013
COGER EL SUJETO Y OLVIDAR EL OBJETO. COJER EL OBJETO Y OLVIDAR EL SUJETO
Desde un punto de vista práctico, ¿qué es lo más importante: la conciencia de mi o la conciencia de lo que tengo que hacer?, ¿el sujeto o el objeto?
Depende. A veces tengo que prestar más atención a mi realidad personal y a veces tengo que prestársela a lo que tengo delante.
¿Cómo podemos diferenciar ambas circunstancias? Pues es bastante fácil: tenemos que ver a qué cosa le estamos dando mayor importancia. Si lo que nos interesa es nuestro prestigio individual, nuestra valoración, nuestra fama y nuestro poder personal, tenemos que prestarnos atención a nosotros mismos por encima de cualquier otra cosa. En cambio, si lo que nos interesa es perfeccionar lo que tenemos delante, llevar a cabo un proyecto, colaborar en un movimiento social, etc. entonces deberemos prestar la máxima atención posible a esta labor y dejarnos a nosotros mismos en un segundo plano.
Si reflexionamos y somos honestos con nosotros mismos, cada uno verá en qué está más interesado. Como decía Gurdjieff: vale mas ser temporalmente egoísta que eternamente injusto; o sea que preocuparse por uno mismo no es ningún delito. Puedo preocuparme por mi porque necesito liberarme del personaje, porque necesito reforzar mi yo experiencia, porque siento el llamado del yo esencial que me pide tiempo para el centramiento o la meditación o porque he descubierto mi vocación y estoy reestructurando toda mi existencia. No hay nada de malo en ello. Lo único que se me puede pedir es que lo haga a conciencia.
Igual que se me requiere conciencia cuando el propósito es trasformar la realidad con mi acción personal. Si alguien piensa que puede trasformar algo cumpliendo estrictamente lo que la sociedad le exige, está muy equivocado. Todo el mundo conoce el refrán que dice: el que hace lo que puede no está obligado a más; pero en el Trabajo defendemos que, haciendo solo lo que uno puede, nadie se mueve de sitio, porque vive prisionero de sus limitaciones. Así que para modificar algo es preciso hacer mucho más esfuerzo del que se requiere para mantener las cosas tal como están.
Lo que es fatal es invertir los esfuerzos en un ámbito con el fin de mejorar el otro. Por ejemplo: intentar ganar prestigio y valoración a base de destacar públicamente o renunciar a ser uno mismo a cambio de poder político, económico o social. En ambos casos la acción está desvirtuada y en vez de fortalecer los ámbitos elegidos, los perjudica. Tanto el que se pretende reforzar como, por descontado, el que se ha optado por subordinar o ignorar.
Cada vez que nos sentimos mal retribuidos por lo que hacemos, no solo en dinero, sino en reconocimiento y prestigio, es señal de que nos tenemos que prestar más atención a nosotros mismos y reforzar nuestro yo experiencia. Porque de lo contrario, tampoco vamos a dar a los demás aquello que necesitan; lo que haremos será apoyar sus déficits para que ellos nos ayuden en los nuestros. Así que los esfuerzos que hagamos no van a solucionar nada y dejarán insatisfecho a todo el mundo.
La acción real que transforma nuestro entorno sólo se puede hacer cuando nos sentimos lo suficiente seguros de nosotros mismos como para prescindir de cualquier clase de retorno. Y eso no significa que los demás nos tengan sin cuidado, significa todo lo contrario.
Lunes, junio 10th, 2013
YO IDEA, YO IDEAL: EL PERSONAJE
Fragmento del libro Ser: Curso de psicología de la autorrealización (Editorial ÍNDIGO):
Podemos decir que el niño, de un modo natural, es un potencial de energía, de inteligencia y de amor-felicidad. Él es intrínsecamente eso, es lo que es su identidad como individuo, y su existencia es ir actualizando eso en forma concreta, a través de lo físico, de lo afectivo y de lo emocional concreto.
Pero recibe del exterior el impacto de una exigencia, de un modelo de ser: “tú has de ser de esa manera, amable, obediente, estudioso, cuidadoso, listo, etc.”, y se le condiciona; los mayores condicionan su afecto y la valoración del niño al cumplimiento de ese modelo.
Fijaos que, de por sí, este modelo no tiene nada que ver con el niño, es un modelo totalmente externo, extraño, que se superpone a la mente y a lo que es la naturaleza del niño. El niño trata de cumplir el modelo y entonces los mayores le juzgan, y le juzgan de acuerdo con su cumplimiento o no de ese modelo: “eres bueno, eres malo, eres tonto, eres listo, eres obediente, eres descarado, etc”. Fijaos que este juicio es un juicio que se está haciendo en relación con ese modelo que se le ha impuesto.
O sea, primero, imposición del modelo que es tan ajeno al niño como el nombre que se le da, y segundo, se le juzga en virtud de su obediencia o no a ese modelo. Y entonces al niño no se le dice: “tú has hecho algo que no deberías haber hecho”, o “tú has hecho una acción torpe”, no. Se le dice “tú eres torpe”, “tú eres mal educado” o “tú eres tonto”. No se juzga el acto que haya hecho en relación con el modelo, se le juzga a él por el acto. O sea que se le está dando al niño una definición de él que no tiene nada que ver con él, por que se le juzga en relación con un modelo que es totalmente ajeno a él. Modelo que puede ser muy conveniente, pero que no es él.
Entonces al niño se le está diciendo: “tú eres eso, tú eres lo otro” y, claro, la actitud afectiva de los mayores hacia el niño depende de ese juicio: “si eres bueno te quiero, te sonrío, te doy caramelos, te satisfago tus caprichos, y si eres malo te quedas sin postre, o no te quiero”, o lo que sea.
Por lo tanto al niño se le va imponiendo la idea de que él es ese niño bueno o malo. Se le está imponiendo una idea, un concepto de sí mismo y se le dice que ese concepto es él.
El niño que ve que todo el mundo funciona así, que todo el mundo coincide, pues no tiene más remedio que aceptar eso porque no tiene criterio, no tiene sentido crítico propio, por lo tanto el niño acepta que “yo soy”: Antonio, niño, torpe, etc. Es decir que se forma uno la idea de sí mismo de acuerdo con este juicio que ha recibido del exterior: “yo soy Antonio”, pero Antonio es un nombre que me ha venido de fuera, que no tiene nada que ver conmigo, y “soy un niño torpe”; soy torpe porque yo debiera ser muy hábil según me dicen y porque soy torpe me critican, me rechazan o, por el contrario si soy listo me quieren, me satisfacen unos deseos, me protegen. Y así se le va imponiendo al niño una idea de sí mismo que no tiene, en sí, nada que ver con el niño mismo.
Miércoles, marzo 6th, 2013
SOBRE LA DISCREPANCIA
El tema de la discrepancia renace periódicamente y aparece como fuente de confusión en el Trabajo.
La cuestión viene de la denuncia que hacemos en relación a la manera que tiene el personaje de interpretar la realidad. Decimos que al personaje nunca le parece nada bien, que se dedica a rechazar la realidad porque no es tal como él pretende que sea; que siempre habla de lo que no hay en lugar de prestar atención a lo que hay, que para observar la realidad lo primero que hay que hacer es librarse de los ideales del personaje, etc.
Sucede que a menudo, hay quien interpreta que lo bueno y deseable es justo lo contrario: que todo nos parezca bien, que hagamos elogio de la realidad en la que vivimos, que ignoremos los déficits que esta realidad presenta, nos conformemos con lo que hay y aparquemos los ideales como una utopía irrealizable.
Y no es eso. Lo que el Trabajo denuncia es el rechazo de la realidad, no la pretensión de mejorarla. Porque nuestra existencia consiste justamente en mejorar esta realidad aportándole una mayor luz, unidad y eficacia. Pero eso se puede hacer partiendo de lo que hay y utilizándolo como materia prima a transformar, no rechazándolo como algo inadmisible e insoportable. El rechazo no solo conduce a la parálisis sino que, por desgracia, la justifica; porque queda muy estético quedarse al margen de la realidad para no contaminarse con ella.
Lo que nosotros censuramos es la discrepancia del personaje, basada en el egocentrismo y la vanidad, no la lucha de las personas que trabajan y se esfuerzan por hacer un mundo mejor. La discrepancia es un derecho que se ejercita precisamente luchando a favor de algo, no en contra de nadie. Y el ejercicio implica hacer, no pensar ni sentir. Se puede pensar y sentir, pero es algo totalmente estéril si no se traduce en el hacer, en el actuar.
Hay una discrepancia institucionalizada que es absolutamente inútil. Es aquella que ya se sabe que no va a servir para nada. Es la de los sindicatos que se reúnen con la administración para que la administración les comunique que este año también les van a robar la paga extra a los funcionarios. A esto lo llaman ahorrar. Pero los sindicatos acuden a la reunión a sabiendas de que es cosa hecha que su presencia sólo sirve para cumplir un trámite obligado por la ley.
También es una discrepancia institucionalizada la de los partidos que presentan propuestas y enmiendas en el Congreso a sabiendas de que la mayoría absoluta del partido del gobierno, hará imposible que prosperen. Y no necesariamente porque el partido del gobierno no esté de acuerdo con la propuesta sino porque no son ellos los que la presentan.
También lo es la de los que participan en estas campañas de Internet a favor de reducir el número de políticos y el sueldo que cobran. Esta discrepancia es especialmente desagradable porque busca el mal de otro en vez del beneficio propio. Podrían defender que todo el mundo gozara de las mismas ventajas que los políticos, pero se inclinan por perjudicar a la gente que conservan una mínima seguridad en su existencia. No les exigen que cumplan adecuadamente la función para la que han sido elegidos sino que invierten su energía en quitarles los derechos adquiridos.
Esto nos conduce a una nueva manera de manipular que se basa en acusar al otro de ser el culpable de que “estemos viviendo por encima de nuestras posibilidades”. Este enfoque permite no solo despedir gente a mansalva y reducir el salario y los derechos de aquellos que permanecen empleados, sino también hacerles responsables de los problemas que tenemos a estos que “sobran”. Y así vamos a acabar siendo una “pandilla de vagos, corruptos y malversadores” que suerte tenemos de la “gente cabal” que ha decidido escarmentarnos y poner las cosas en su sitio. Como señala Gurdjieff, lo que mueve al mundo, hoy por hoy, no es el sexo sino las emociones negativas. A eso nos referimos cuando hablamos de la discrepancia del personaje.
Por el contrario, hay gente que hace propuestas, que lucha por aportar algo nuevo en su trabajo, en su medio social. Aprovecho para recomendar un libro que ha publicado Daniel Gabarró y que os podéis bajar gratuitamente de las siguientes Webs: www.sinenemigos.org (en castellano) y www.senseenemics.org (en catalán). El título es suficientemente explicito y veréis la cantidad de opciones que plantea.
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Martes, septiembre 25th, 2012
LA CRÍTICA DEL PERSONAJE Y DEL YO EXPERIENCIA
Siguiendo el hilo del artículo de julio, podemos aplicar a la situación social el mismo criterio que aplicamos a nuestros problemas personales.
Hay una crítica del personaje que consiste en rechazar las cosas porque no coinciden con el presupuesto que él tiene de lo que le ha de suceder. Porque él vive en un mundo en el que las cosas le suceden a él, como si fuera el centro de este mundo. Este rechazo es total, en bloque, no se detiene en detalles ni profundiza en ellos porque lo considera una pérdida de tiempo; simplemente esto no es de recibo para él. Y dado que no se cuestiona estos presupuestos, se encuentra en un callejón sin salida, viviendo en un mundo negativo, en el que nunca pasa lo que debería pasar. Pero si se le pregunta por lo que cree que ha de suceder, tampoco lo sabe; sólo sabe que esto no. Es decir, no tiene una alternativa para la realidad, solo tiene exigencias.
Trasladando esta manera de interpretar las cosas a la realidad económica y social que estamos viviendo, la crítica se dedica a poner al descubierto las vergüenzas y a señalar a los malos. Para unos, los malos son los políticos, los banqueros y los especuladores; para otros los que gastan más de lo que pueden, los que defraudan y las autonomías. Estamos asistiendo a una histeria colectiva en la que todo el mundo se dedica a buscar y señalar culpables; lo cual va creando un estado de opinión favorable a “que venga alguien a poner orden”. Este es el tipo de crítica que hace el personaje; y lógicamente, lo que consigue es dejar la solución de las cosas en manos de otro mecanismo, en este caso represor.
En cambio hay otra crítica, la del yo experiencia, que analiza la situación y observa qué puede hacer para mejorarla. Criticar significa examinar la realidad a la luz de la razón, no significa poner de vuelta y media a nadie. Esa crítica en vez de denunciar a los malos, que ya se denuncian solos, lo que hace es averiguar donde están los buenos, los que son capaces de presentar una alternativa coherente y factible. Y hacerles propaganda, para que todo el mundo les conozca y colabore con ellos. A veces, como en el caso de nuestra personalidad, hay cosas que son muy aprovechables y otras que conviene reforzar o modificar de raíz, pero es indispensable poder distinguir unas de otras.
La moral del personaje es una moral muy desagradable, porque está basada en que el malo es el otro. Y claro, esta moral se alimenta del mal; el personaje es bueno por definición y lo es porque está en contra de los malos; cuantos más haya mejor porque esto resalta su virtud.
Por desgracia la realidad es mucho más compleja y requiere una actitud más consciente en la que el bien y el mal son algo mucho más difuso y está más repartido. Los políticos que gobiernan actúan así porque la gente se desentiende de la política y no llegan ni a enterarse de que existen otros políticos diferentes de los que acostumbra a votar. Los especuladores y los defraudadores campan por sus respetos porque tenemos un sistema económico basado en el egoísmo personal; si no hay más defraudadores y especuladores es porque no saben, porque no pueden o porque temen el castigo. Los privilegiados seguirán manejando el mundo mientras la mayoría de la población los envidie y desee ser como ellos. Las autonomías seguirán siendo imprescindibles mientras unos pueblos quieran anular a otros. Y los bancos indispensables si queremos que alguien nos preste dinero y ni tan siquiera estamos dispuestos a tomarnos el trabajo de ir a pagar personalmente los recibos de la luz y el gas.
El problema no son los recortes sino a dónde va el dinero que se consigue con ellos. Aunque parezca mentira, todavía hay mucha gente que cree que los políticos se lo llevan a su casa. El objetivo no es ajustar el Presupuesto del Estado, porque los ingresos están disminuyendo más deprisa que los gastos, el objetivo real es privatizarlo todo con la excusa de que el Estado no tiene dinero y trasformar el modelo europeo de protección social en el americano, que no tiene ni seguridad social y cada uno se las compone como puede.
Es importante que tengamos claro que la llamada economía del bienestar, que es el sistema político y económico que gozábamos hasta ahora, es el resultado de muchos años de lucha protagonizada por los partidos de izquierda y los sindicatos; no es fruto de la iniciativa personal de ciudadanos que se han puesto de acuerdo para asfaltar las calles o han realizado una colecta para construir un hospital; esto lo ha hecho el Estado con los impuestos, en competencia con la empresa privada. Ahora lo hará solamente la empresa privada; y la empresa privada invierte solo en aquello que le reporta beneficios a corto y medio plazo.
Así que socialmente estamos caminando hacia atrás a una velocidad de vértigo, y encima le hacemos el juego al capital, que es el que manda realmente, criticando a los políticos en Internet desde el comedor de casa. Sabe mal tener que reconocerlo pero, además de estar en el personaje, tenemos un personaje franquista; los años que llevamos de democracia no han sido suficientes para sustituirlo por otro más ilustrado. La prueba es que los yayoflautas han de recurrir a tácticas de la clandestinidad para conseguir que sus acciones tengan el éxito previsto.
A este paso todos tendremos que volver a la clandestinidad. Si os fijáis, los que estamos en el Trabajo, de hecho, nos movemos bastante en la clandestinidad, sin hacer demasiada publicidad de nuestra manera de contemplar la realidad. Es la táctica a seguir cuando las personas conscientes son minoría. Se basa en no confesar públicamente tu manera de pensar, pero actuar en base a ella despertando la atención de tu entorno, que ven en ti una honestidad, una generosidad y un espíritu de lucha en pro de condiciones de existencia que favorecen a la mayoría, aceptando el peligro personal de perder las migajas que te echa el sistema.
Pero igual podemos evitarlo si ponemos toda la carne en el asador y aprovechamos todas las oportunidades; si tenemos más claro que la conciencia no es algo que se practica en la intimidad sino que se basa en amar al prójimo como a ti mismo. Como dice Gurdjieff: cuanto peores la condiciones de vida, mejores los frutos del Trabajo, siempre que se recuerde el Trabajo.
Domingo, junio 10th, 2012
LA SENCILLEZ DEL NIÑO QUE UNA VEZ HABÍA SIDO
La mayor parte de nuestros pensamientos, emociones y acciones se produce en un nivel subconsciente que no percibimos a no ser que lo observamos expresamente. Por ejemplo, no prestamos atención a los movimientos que hacemos para caminar.
Pues bien, con los pensamientos sucede lo mismo. No nos damos cuenta de que cuando salimos de casa para ir al trabajo, pensamos donde está el trabajo. Y que, a la vuelta, recordamos donde está nuestra casa. La existencia de esta clase de pensamientos sólo se pone de relieve cuando se produce una anomalía, como la amnesia. Si sufro un accidente que me causa amnesia transitoria, lo único que sabré es que soy yo; pero no recordaré nada: ni como me llamo ni donde vivo. Es una de las maneras de quedarse sin personaje.
Existe una película: A propósito de Henry, dirigida por Mike Nichols y protagonizada por Harrison Ford, cuyo argumento se basa justamente en este tema: Henry es un abogado de gran éxito y escasos escrúpulos. Sin dejar de mantener una apariencia de familia feliz, tanto él como su esposa se son infieles, y sus relaciones con su hija son prácticamente nulas. Un día Henry baja a comprar tabaco al supermercado, se produce un atraco; y recibe un disparo que le provoca graves daños cerebrales. No recuerda nada de su vida anterior, supuestamente exitosa y feliz; tiene que aprenderlo todo como un niño pequeño: hablar, leer, comportarse en público… Total que acaba siendo un hombre nuevo; nunca mejor dicho, porque el que se encarga de enseñarle todo esto es un humilde empleado negro del hospital, que es todo corazón.
Esta es una de las sorpresas que nos da el Trabajo. El personaje supone que cuando encuentre lo Superior será extremadamente inteligente y poderoso; y lo que descubre es la sencillez del niño que una vez había sido. Todo lo demás sobra, es falso, es apariencia.
Y es porque nos liberamos de todos estos pensamientos que hay en el subconsciente, algunos claramente erróneos; la mayoría, parciales o incorrectos. Tenemos la oportunidad de verlos y prescindir de ellos. Así podemos liberarnos de todas las estupideces que nos habíamos acostumbrado a cometer para salir adelante.
Hay quien tiene miedo de quedarse sin recursos; pero entonces baja Dios misericordioso a echarnos un cable. Y no viene con rayos y truenos (eso lo reserva para asustar al personaje) sino en forma de un humilde empleado negro que es todo corazón.
Jueves, mayo 31st, 2012
¿POR QUÉ CORREMOS TANTO PARA MANTENERNOS EN EL MISMO SITIO?
En “Alicia en el país de las maravillas”, hay una anécdota muy divertida: Alicia y la Reina corren a toda pastilla y, de pronto, Alicia cae en la cuenta de que el paisaje no cambia. Extrañada, Alicia le pregunta a la Reina qué está pasando; y esta responde: es que corremos tanto para conseguir mantenernos en el mismo sitio.
Este fenómeno describe muy bien la existencia del personaje: corre constantemente para no perder lo poco que tiene y mantenerse en una realidad que le disgusta. Su mundo está lleno de paradojas: Si le preguntas al personaje qué ha pasado hoy, lo habitual es que te responda que no ha pasado nada. Y si no te conformas con la respuesta te explica las cosas que no han sucedido; por ejemplo: hoy tampoco le ha tocado la lotería.
Su realidad está llena de acontecimientos en los que no cree: No cree lo que ponen los periódicos, o lo que dicen los políticos, o la Iglesia… Hace unos días encontré un conocido que no cree en la Bolsa.
Los que creen que Jesucristo vino a salvarnos del infierno, están permanentemente preocupados por no ir al infierno; los que predican la castidad, no piensan en otra cosa más que en el sexo; los que tienen trabajo temen el paro… Es como si todo estuviera mal pero pudiera estar mucho peor.
Y entonces llega el Trabajo y dice que la realidad está hecha de Inteligencia, Amor y Energía. Así que, seguramente, los periódicos cuentan bastantes cosas, los políticos conducen el país por un determinado camino, la Iglesia resalta la dimensión espiritual del hombre, la Bolsa revela los fallos del sistema, el infierno está en la mente, el sexo es la expresión física del amor y los que tiene trabajo están en condiciones de preocuparse por aquellos que no lo tienen.
Esa es una de las virtudes que tiene el Trabajo: nos hace contemplar la realidad. Porque si es absurdo que corramos tanto para mantenernos en el mismo sitio, más absurdo es que, encima, no le prestamos atención a esta realidad permanente, constante y aburrida en la que estamos instalados.
A veces parece que sólo intentan influir en el mundo los muy buenos, como Vicente Ferrer, o los muy malos como los traficantes de armas, drogas y especuladores internacionales
¿Y nosotros qué? ¿Sólo pasábamos por aquí?
¿Vamos a leer este artículo pero ni tan solo lo vamos a comentar? ¿Preferimos seguir probando a ver si nos toca la lotería?
Martes, abril 10th, 2012
LA IDENTIFICACIÓN
Llamamos identificación al fenómeno de crispación o de limitación mental y de proyección de toda nuestra noción de realidad en el objeto que vivimos en aquel momento. Identificarse es confundir la propia realidad con la realidad de un fenómeno interno o externo.
Por ejemplo, si cuando estoy en el cine sigo con interés una película que me resulta muy interesante, todas las vicisitudes del héroe o de la heroína producirán en mi una gran sensación, hasta el punto de emocionarme, conmoverme, animarme o exaltarme, y es porque vivo aquellas escenas con una realidad que me hace olvidar por unos instantes mi propia realidad.
Precisamente cuando la olvido es cuando más me emociono, cuando más intensamente reacciono ante una película bien hecha.
Pero ¿qué ocurre en esos instantes en que solo percibo lo que veo en la pantalla, en que estoy contento, alegre o asustado según se desarrolle el argumento? Sencillamente, que he olvidado mi noción de realidad, y aunque sigo teniéndola no la vivo como mía sino que se la doy al personaje con el que me identifico. Confundo mi noción de realidad con la suya. Estoy literalmente hipnotizado por aquella imagen, por el personaje que representa, y toda mi noción de realidad, en vez de vivirla como mía, la vivo como perteneciente a él. Yo, en aquel instante creo ser él.
Fragmento del libro de Antonio Blay: Plenitud en la vida cotidiana (Ediciones CEDEL) (capítulo III)
A la luz de este fragmento podemos reflexionar sobre los siguientes puntos:
1.- ¿vemos claro que la realidad siempre la ponemos nosotros?
2.- ¿qué es despertar?
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Categoría Personaje | Etiquetas: Etiquetas: Antonio Blay, ego, identificación, Jordi Sapés, noción de realidad, Personaje, plenitud en la vida cotidiana,
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