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De Fidel Castro a Donald Trump, pasando por la Iglesia

Miércoles, diciembre 7th, 2016

DE FIDEL CASTRO A DONALD TRUMP, PASANDO POR LA IGLESIA
Por Jordi Sapés

En mi artículo del mes pasado comentaba que con el desplome de la Unión Soviética había caído también el humanismo: la idea de que la sociedad evoluciona apoyándose en el esfuerzo del ser humano. Me olvidaba de Cuba, de la revolución que hizo posible que un pueblo condenado a ser el burdel de los EEUU se levantara y alcanzara con su esfuerzo la completa alfabetización de sus gentes y la sanidad gratuita para toda la población.
 
Hoy, con motivo de la muerte de Fidel Castro, se debate en los medios de comunicación si debemos resaltar las conquistas sociales de Cuba o el hecho de que se hayan producido en ausencia de democracia. Bien, a lo mejor tenemos que deslindar ambas cuestiones; porque un atropello contra el débil decidido democráticamente tal vez sea más censurable que otro que se adopta para sobrevivir en circunstancias difíciles. Y si el que goza de libertad la utiliza para seguir dificultando la existencia de quien no la tiene, habrá que ver si no está poniendo esta libertad al servicio de intereses nada democráticos, entendiendo por democracia el poder del pueblo.
 
Cuba venía siendo noticia por el intento de su gobierno de proceder a una transición económica y política que EEUU podría facilitar levantando el embargo y autorizando el comercio con la isla. El restablecimiento de relaciones con los EEUU es el primer fruto de un empeño por llegar a un acuerdo en el que ha jugado un papel protagonista la diplomacia vaticana. Así que podemos preguntarnos qué hace el Vaticano en un país que se define comunista: la respuesta es que ambas instancias, la Iglesia y el gobierno cubano, han descubierto que mantienen opiniones parecidas en el ámbito de la economía.

Veamos algunos pasajes del discurso que el Papa Francisco ha hecho recientemente en una reunión con empresarios:         
 
“Desgraciadamente, el tiempo que vivimos ha impuesto el paradigma de la utilidad económica como principio de las relaciones personales. La mentalidad reinante propugna la mayor cantidad de ganancias posibles, a cualquier tipo de costo y de manera inmediata. No sólo provoca la pérdida de la dimensión ética de las empresas sino que olvida que la mejor inversión que se puede realizar es invertir en la gente, en las personas, en sus familias. La mejor inversión es crear oportunidades. La mentalidad reinante pone el flujo de las personas al servicio del flujo de capitales provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos a usar y tirar. Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más. El flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas. 
 
No son pocas las veces que, frente a los planteos de la Doctrina Social de la Iglesia, se salga a cuestionarla diciendo: «Estos pretenden que seamos organizaciones de beneficencia o que transformemos nuestras empresas en instituciones de filantropía». La única pretensión que tiene la Doctrina Social de la Iglesia es velar por la integridad de las personas y de las estructuras sociales. Cada vez que, por diversas razones, ésta se vea amenazada, o reducida a un bien de consumo, la Doctrina Social de la Iglesia será voz profética que nos ayudará a todos a no perdernos en el mar seductor de la ambición.”
 


El primer párrafo constituye una denuncia sin paliativos del sistema basado exclusivamente en el beneficio del capital que utiliza al ser humano como un engranaje más de la máquina de producir riqueza para unos pocos. El segundo confiesa la inutilidad de esta denuncia. Y no porque los empresarios buenos y conscientes no alcancen a contrarrestar una mayoría egoísta y sin entrañas, sino porque el sistema económico excluye a corto plazo del mercado a toda empresa incapaz de aumentar su competitividad  rebajando sus costes. En igualdad de condiciones en relación a los demás factores, el buen empresario que decide repartir beneficios con sus trabajadores se verá de inmediato superado por el que los explota sin piedad. Porque la piedad la deciden las leyes que regulan el mercado laboral y, como podemos ver, la tendencia es a liberalizarlo; es decir a desproteger cada vez más a los que están obligados a poner sus capacidades al servicio de quien tiene los medios para sacarles provecho. Y dicho sea de paso, esta liberalización, sinónimo de desprotección de la gente, se basa en leyes que se deciden democráticamente.
 
La cuestión es si es posible transformar las empresas en instituciones de filantropía o, más que eso, en instituciones al servicio del desarrollo del ser humano, en vez de tener por finalidad exclusiva engordar al capital. Y la respuesta es afirmativa, a condición de que la empresa no sea propiedad del capital sino de los trabajadores y de que no deba competir en un mercado que se rige exclusivamente por el beneficio sino que pueda desarrollarse en el marco de un sistema que tenga por objetivo el progreso de la colectividad como un todo.
 
En este planteamiento se han encontrado la Iglesia y el gobierno cubano. Este último ha visto en el humanismo cristiano una oportunidad para mantener las conquistas sociales al tiempo que favorece una liberalización distinta de la merienda de negros que receta el neoliberalismo.
 
Veremos qué papel jugará Trump en todo esto. De momento parece ser que, en el ámbito económico, pretende ponerle palos a las ruedas de este neoliberalismo que hubiera seguido imparable de haber ganado Clinton. A veces Dios escribe recto con renglones torcidos.  Y si todo acaba siendo demagogia puede que el pueblo no tenga más remedio que despertar.             


A qué nos podemos agarrar

Jueves, agosto 11th, 2016

A QUÉ NOS PODEMOS AGARRAR
Por Jordi Sapés

La obra del famoso filósofo Emmanuel Kant se divide en dos grandes partes, una teórica y otra práctica. En la teórica el filósofo niega que sea posible demostrar la existencia de Dios y en la práctica afirma que la dignidad del hombre reside en actuar de la manera más ejemplar posible, superando su inclinación al egoísmo. Pero al final, confiesa que no hay más remedio que suponer la existencia de otra vida porque en esta, la citada actitud ejemplar no recibe premio alguno.

Desde luego, no es muy agradable contemplar lo que está ocurriendo y constatar que va en sentido totalmente contrario a lo que nosotros defendemos: Lo que vence es la mentira, el egoísmo y la violencia; y además vence democráticamente; ni tan solo tenemos el consuelo de pensar que alguien nos lo impone. Es evidente que existe una admiración por la gente capaz de lucrarse personalmente con el dinero público, de utilizar la policía y la fiscalía para calumniar a los opositores políticos y de conectar con las emociones más bajas de la gente azuzándola en contra de los extranjeros o de los catalanes. La homofobia y el machismo continúan siendo la ideología imperante en los Institutos, ante la aparente dimisión o inoperancia de los profesores y las drogas se puede comprar en la esquina ante la inoperancia de la policía; al igual que las armas en EEUU ante la inoperancia de los legisladores. Y encima, la única oposición real a este estado de cosas parece ser el Estado Islámico dispuesto a castigar con la muerte, por sorpresa, a todos los infieles. Si pudieran, nos regarían a todos con gasolina y nos prenderían fuego con una cerilla.

Sólo falta que Donald Trump gane la presidencia de EEUU; esto parece estar alcanzando dimensiones apocalípticas, y da pábulo a toda clase de teorías de la conspiración, porque es lógico preguntarse si alguien maneja los hilos sembrando tanta impotencia y desorientación y despreciando las más elementales nociones del sentido común.

Pero en vez de leerlo como el fin de la especie humana lo podemos interpretar como una expresión del fin del sistema, como la fase previa a un punto de inflexión que ha de suponer un cambio radical en la humanidad. Quizá sea utópico pensar de esta manera pero, como dice Don Juan: el guerrero no cree en nada pero debe creer. Debemos creer en el ser humano porque no hay otra opción posible ni una mejor forma de existir. Esta es la otra vida que Kant buscaba después de la muerte; y el premio es mantener despierto nuestro espíritu, aquí y ahora, por encima de toda esta porquería mental y emocional.

Reflexiono en voz alta para llamar vuestra atención y abrir un poco de discusión al respecto: Defender la dignidad del ser humano ¿es incompatible con imponer la disciplina en los institutos, reprimir el gamberrismo y asegurar que en nuestras calles se respetan los derechos humanos? ¿Debemos admitir costumbres que conculcan libertades que hemos conquistado con la lucha de siglos? Si se prohíbe la ablación del clítoris, ¿por qué no se ha de prohibir el burka o sancionar que las mujeres anden por la calle tres pasos por detrás del marido? Si se prohíben las corridas de toros, ¿por qué no se han de prohibir los corre bous?

Lo que planteo con estas preguntas es la necesidad de un rearme moral que tenga una trascendencia social. No veo que tengamos que hacer dejación del orden y la responsabilidad social y permitir que sean movimientos reaccionarios lo que alcen esta bandera.

Tenéis que saber que el radicalismo islámico, que es un movimiento fascista, no nos ataca por ser cristianos, nos ataca con el argumento de que no creemos en nada. Este es el discurso que oyen los jóvenes de los barrios marginales por boca de los salafistas: no creen en nada, solo están interesados en hacer lo que les da la gana, no respetan nada: los hijos no respetan a sus padres, las mujeres no respetan a sus maridos, los alumnos no respetan a sus maestros; se están quedando sin alma. Así es como el fascismo cuestiona la libertad.

Pero claro, ¿libertad para qué? decía Lenin. Lo decía porque las libertades burguesas eran pura teoría para una mayoría de la población que ni tan solo alcanzaba a comer. Ahora tendremos que reformularnos la pregunta atendiendo a que la mayor parte de esta población ni tan solo alcanza a pensar. Y en algo debe haber influido que primero se haya quitado la religión de las escuelas, después la educación para la ciudadanía y ahora se pretenda eliminar la filosofía de los planes de estudio. Siempre en nombre de la libertad porque, claro, no debemos adoctrinar a los jóvenes; ya los adoctrinará el mercado a través de los anuncios de la televisión; o los salafistas.

Así que, para defender esta libertad, tenemos que dotarla de contenido: libertad para desarrollar el potencial, libertad y tiempo para vivir como seres espirituales que somos. Esto no implica ser creyentes de ninguna religión pero exige la conciencia de lo que somos y el compromiso de actuar, al servicio de la humanidad, de una manera acorde con esto que somos. Deberá ser, como decía Karl Rahner, una libertad ascética; que, para el creyente, implica una relación personal e inmediata con Dios, y para el no creyente un compromiso indestructible con el ser.

Sólo podremos agarrarnos al ser, así que vayámonos preparando y teniendo claro que deberemos asumir la responsabilidad de educar a nuestros hijos más allá de lo que se les exige en la escuela. No podemos continuar haciendo ver que no pasa nada porque, si no les ofrecemos algo de una calidad superior, se negarán simplemente a seguir. Y harán bien. 


Dificultades para superar la mecanicidad

Martes, enero 5th, 2016

DIFICULTADES PARA SUPERAR LA MECANICIDAD
Por Jordi Sapés

El reparto de escaños resultante de las últimas elecciones, tanto las catalanas como las españolas, nos coloca ante una situación muy interesante en tanto que rompe la mecanicidad.En las catalanas ganan los que son explícitamente independentistas en escaños pero no en votos; sin embargo, la naturaleza política tan dispar de las dos fuerzas independentistas que suman mayoría en el parlamento catalán impide alcanzar un acuerdo que permita formar gobierno.  

Y lo mismo sucede en el parlamento español, fragmentado de tal manera que impide alcanzar acuerdos estables entre diferentes partidos. En ambos casos el desacuerdo incluye diferencias de planteamientos en políticas sociales y territoriales: cuando están de acuerdo en la política social discrepan en la territorial y viceversa. 

Lo curioso es la respuesta que se produce a esta situación de desequilibrio: en la práctica se intenta negar la realidad y hacer como si no pasara nada: el PP pretende que los partidos “constitucionales” le permitan seguir gobernando y aplicando una política que la mayoría de la población rechaza; y el Sr. Mas pretende que las CUP hagan lo mismo: que le voten como presidente de la Generalitat y le dejen continuar con su hoja de ruta.

Esta petición se basa en dos clases de argumentos aparentemente contrarios: en el ámbito español asegurar la estabilidad que necesitan los mercados y en el catalán seguir con el proceso que ha de conducirnos a la independencia. Estos argumentos parecen ignorarse mutuamente pero, en realidad,  cada uno intenta esconder su flanco débil, que justamente representa la otra parte: la estabilidad económica no sería posible en la España actual si Cataluña consiguiera independizarse; y no hay posible independencia de Cataluña sin una base social mucho más amplia que haga compatible este proceso con la seguridad jurídica y económica de la población.

Paradójicamente, las fuerzas políticas que señalan estos flancos débiles y proponen simplemente que se reconozcan y traten de una forma consciente, son tachadas de inmorales y de irracionales. Inmorales por tener la osadía de cuestionar los sacrosantos valores de la unidad y la prima de riesgo e irracionales por no estar dispuestos a cambiar de opinión las veces que haga falta a cambio de alguna prebenda.

Así que en el ámbito público sucede lo mismo que en el privado: la inercia de lo habitual intenta ahogar todo cambio real calificando de utópico, absurdo y obstaculizador justamente aquello que está señalando el camino. En el ámbito social  el respeto por las personas y los pueblos y en el ámbito personal el respeto por nuestra naturaleza esencial.

No obstante podemos ser optimistas porque, pasado un determinado punto, lo acostumbrado ya no se puede contemplar como solución y las cuestiones que están sin atender ya no van a desaparecer de la escena política o de la conciencia individual. Así que nosotros, que podemos conjugar ambos aspectos de la realidad en tanto que lo superior trasciende lo individual, tenemos la posibilidad de jugar un papel de catalizador en este cambio evolutivo que se ha iniciado.        


Protagonizando la evolución

Jueves, mayo 9th, 2013

PROTAGONIZANDO LA EVOLUCIÓN
Publicado por Jordi Sapés

No podemos quejarnos de la época en que vivimos. Seguramente no es muy confortable pero tenemos la oportunidad de vivir una época en la que la historia se acelera.

En nuestro país hemos asistido a la caída del franquismo, el advenimiento de la democracia, la descentralización de la administración, la entrada en la Unión Europea, el cambio de moneda, la burbuja inmobiliaria, la crisis económica, el afloramiento de la corrupción, la aparición de los indignados y la obsolescencia de la última Constitución.

En el mundo hemos experimentado la caída del socialismo soviético, el triunfo de la Escuela de Chicago, el advenimiento de un presidente norteamericano de raza negra y la crisis financiera mundial.

A eso tenemos que añadir ahora la renuncia de un Papa, que pone de relevancia la existencia de algo Superior, y la elección de un nuevo pontífice que, de momento, habla en clave evangélica en vez de hacerlo en clave vaticana. Veremos hasta dónde llega esta nueva perspectiva de la Iglesia, pero no podemos pasar por alto estos sucesos sin saludarlos con una cierta esperanza. Porque no cabe duda de que estamos asistiendo al derrumbe de lo viejo y a la aparición de algo nuevo.

Desde el punto de vista de materialismo histórico, los grandes cambios sociales se producen cuando el sistema económico vigente deja de ser útil para el progreso y se convierte en un lastre. Cuando esto sucede, se dan las condiciones objetivas para un cambio radical del sistema. Y nadie puede negar que el capitalismo aparece cada vez más como un cuerpo extraño a erradicar, porque está paralizando la economía y generando un sinfín de situaciones socialmente inadmisibles, opuestas a la dignidad del ser humano.

Pero el materialismo histórico dice también que no basta con estas condiciones objetivas: es necesario un factor subjetivo que las aproveche y plantee un cambio para dar curso a una demanda ya existente, la demanda de una humanidad que ya ha despertado a un nivel superior de conciencia.

En teoría, este papel  lo tenían que jugar los partidos de izquierda: organizaciones políticas de la clase obrera que, al liberarse de la alienación material, iban a liberar la totalidad de la sociedad. Pero estos partidos han fallado y, sin embargo, nuestra especie está lista para una concepción global del planeta y una organización social acorde con la visión holística del cosmos. De hecho, el capital, ya se mueve en clave planetaria, aunque su objetivo sigue siendo la explotación egoísta de los recursos materiales y humanos.

Por el contrario, las organizaciones políticas continúan fragmentadas e identificadas con territorios concretos y se prestan al juego del divide y vencerás de los egoísmos territoriales, que el capital utiliza al igual que hace con los personales. En la situación económica que atravesamos es particularmente lacerante la ausencia de una estrategia común de los sindicatos europeos, más corporativos que nunca e insensibles a las dificultades que atraviesan un porcentaje más que notable de la población mundial.

A lo mejor es que este factor subjetivo que se echa en falta somos nosotros:  la gente que nos movemos en los ambientes de la espiritualidad viva. A lo mejor el nuevo paradigma es el del evangelio: amarnos los unos a los otros desde la capacidad de amar que somos, actualizándola de un modo concreto, con la ayuda de nuevas estructuras políticas y administrativas que han de sustituir las actuales. Desde luego esto sería algo realmente novedoso; tendría el carácter que se precisa para un cambio de modelo económico y de sistema social. ¿Os imagináis a las diferentes Iglesias protagonizando este cambio, por encima de fronteras y culturas?

Ya sabéis que todo empieza por una imagen arquetípica.  


Espíritu absoluto y absolutismo espiritual

Miércoles, noviembre 10th, 2010

ESPIRITU ABSOLUTO Y ABSOLUTISMO ESPIRITUAL
 
El idealismo alemán culmina en Hegel, que contempla la realidad cotidiana como un aspecto finito del Infinito o Absoluto, cuya naturaleza el hombre comprende a medida que evoluciona y se desidentifica de su forma personal, para captar su esencia.
 
En esta evolución juega un gran papel la conciencia de pueblo organizado como colectivo y representado por el Estado. Según Hegel, la conciencia individual se diluye en el seno del Estado; y con ella, el concepto de moral personal, que se sustituye por el de eticidad. El individuo se siente bueno cuando sacrifica sus intereses egoístas en aras de algo superior; pero al Estado le tiene sin cuidado esta bondad personal; lo único que le importa al Estado es que cumpla la legislación, porque la legislación ya contempla lo que es bueno para el colectivo. Cuando los intereses de la colectividad se contraponen a la conciencia individual, peor para esta conciencia, porque se la supone en un estado de desarrollo embrionario. (más…)

Intentos de la razón de demostrar que Dios no existe

Sábado, septiembre 25th, 2010

INTENTOS DE LA RAZÓN DE DEMOSTRAR QUE DIOS NO EXISTE
 
Con anterioridad al Dios de los judíos, habían ya otros dioses contra los que argumentaban algunos filósofos. Siempre con disimulo, porque a menudo se jugaban la vida.
 
Epicuro (341-271 a.C.): La divinidad o quiere suprimir los males y no puede, o puede y no quiere, o no quiere ni puede, o quiere y puede. Si quiere y no puede es impotente, y la divinidad no puede serlo. Si puede y no quiere es envidiosa, y la divinidad no puede serlo. Si no quiere y no puede, es envidiosa e impotente y por consecuencia no es la divinidad. Si quiere y puede, ¿de dónde procede el mal y por qué no lo suprime?Es una forma indirecta de afirmar que Dios no existe. (más…)

Intentos de la razón de demostrar la existencia de Dios

Domingo, septiembre 19th, 2010

INTENTOS DE LA RAZÓN DE DEMOSTRAR LA EXISTENCIA DE DIOS
 
Desde que la Iglesia Católica irrumpió en la cultura greco-romana imponiendo sus ideas como dogmas de obligado cumplimiento, se han sucedido diversos intentos de probar la existencia de Dios mediante la razón. Vamos a revisar en este artículo las propuestas de diferentes filósofos para convencernos de que Dios existe.
 
Anselmo de Canterbury (1033-1019): En nuestra mente encontramos la idea de algo que es lo más elevado que podemos imaginar: Dios. Decir que Dios no existe es absurdo porque, si no existiera, le faltaría algo; y ya no sería lo más elevado que se puede pensar. Por otro lado, nunca hemos visto a Dios ni a nada que se le parezca; entonces, ¿cómo es que esta idea aparece en nuestra mente? Podemos contestar: porque alguien nos la ha metido. Pero también nos podemos preguntar: ¿aparecería por simple reflexión en la mente de alguien que nunca ha oído hablar de Dios? (más…)

La polémica medieval de los universales continúa vigente

Lunes, julio 12th, 2010

LA POLEMICA MEDIEVAL DE LOS UNIVERSALES CONTINUA VIGENTE
 
La polémica medieval de los universales se preguntaba si todas las palabras tenían una contrapartida real (realismo), o algunas de ellas eran solamente un nombre (nominalismo). La cuestión era muy importante, porque la humanidad, ¿es una realidad existente  o sólo una palabra que utilizamos para hablar de un montón de individuos? La Iglesia necesitaba que la humanidad fuera algo real; sino ¿cómo podía habernos redimido Jesucristo?. (más…)

El valor de la diferencia

Sábado, junio 19th, 2010

EL VALOR DE LA DIFERENCIA
 
La Fenomenología es una corriente filosófica de finales del siglo XIX principios del XX que asume que la realidad no sólo se capta a través de la inteligencia sino también de la emoción. De esta manera, el amor pasa de ser una cuestión moral a tratarse como algo natural, espontáneo y desinteresado. (más…)

El patrón mental de la infancia

Domingo, mayo 23rd, 2010

EL PATRÓN MENTAL DE LA INFANCIA
 
Inquirir qué es el pensamiento es una pregunta de carácter filosófico que tiene diferentes respuestas según la escuela que la conteste. Pero puesto que nosotros hemos nacido en el siglo XX; podemos buscar respuestas en alguna escuela de este siglo que no resulte demasiado complicada y que, por tanto, haya podido tener una influencia importante entre las masas. Esta escuela puede ser perfectamente el “idealismo contemporáneo” que abarca las propuestas del Espiritualismo (Bergson), del Personalismo (Mounier) y, en especial y de forma destacada, del Pragmatismo (James, Dewey, Unamuno y Ortega y Gasset), justo porque presenta el conocimiento no como una cuestión de estudiosos sino como un intento de la mente para procurarse un mínimo de estabilidad. (más…)