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Hágase tu voluntad

Miércoles, diciembre 23rd, 2015

HÁGASE TU VOLUNTAD
por Jordi Sapés

Conviene de tanto en cuanto mirar de intuir cuál es la Voluntad de Dios para poder ayudarle porque, como dice Gurdjieff, ser Dios es una de las cosas más difíciles que hay en este mundo. Se acercan momentos en los que deberemos elegir a determinadas personas para que dirijan los esfuerzos colectivos en esta dirección, es un buen momento para repasar los encargos que Dios nos hace y escoger a los más dotados para protagonizar esta labor del pueblo. 

Hagamos una lista de cosas especialmente urgentes:

-Que la economía y la política se pongan al servicio del desarrollo del hombre.

-Que se excluya cualquier ideología, religiosa o filosófica, que pretenda dividirnos en buenos y malos.

-Que se fomente la participación de las personas en los asuntos colectivos 

-Que nadie pretenda decidir lo que es o no es importante para los demás.

-Que la vida, la subsistencia y el trabajo sean un derecho inalienable que hay que asegurar de inmediato.

El que crea que esto es utópico que mire lo que está sucediendo y se pregunte si podemos permitir que continúe así. Que vea que, después de años de eludir la solución de los problemas, nos están explotando en la cara. Que vea que los actuales responsables  no saben cómo arreglarlo o carecen de poder real para hacerlo.

No es admisible que las personas que dirigen los gobiernos actúen como chulos de barrio, aprovechen para desprestigiar a los de la banda rival, falten el respeto a los ciudadanos y conviertan las calles en un lugar intransitable lleno de alambradas y supuestas ilegalidades. 

Las personas normales tenemos un nivel de conciencia bastante más elevado. No hablo de niveles de conciencia superiores, hablo de niveles elementales pero humanos. Un ser humano consciente de serlo no bombardea a nadie, no permite que la gente se ahogue en el mar, se quede sin recursos para valerse por sí misma o se vea condenada a la marginación y a la delincuencia en medio de una abundancia superflua.  Y si una persona normal y corriente no tolera esto, no se entiende que apoyemos y financiemos estas conductas y permitamos que actúen así en nuestro nombre.

Siempre que hablamos de cómo solucionar los problemas colectivos se plantea la pregunta: ¿qué podemos hacer?, siempre desde la idea de que no podemos hacer nada. Bueno, al menos podemos dejar de avalar a los que justifican esto, ¿no? Igual no sabemos a quién poner pero al menos hagamos sitio para que surja algo nuevo. 

Examinad las ofertas: hay algunas que intentan aportan un poco de luz y consiguen que algo se mueva en la buena dirección.  ¿Un ejemplo?: Creo recordar que en las anteriores generales algunos votamos al Partida Animalista que son los que defienden que se prohíban espectáculos en los que se atormenta un animal.  

También lo recomendaba Gurdjieff: primero practique el amar a los animales, son más sensibles.


Pre-requisitos para el camino espiritual (II)

Viernes, diciembre 18th, 2015

PRE-REQUISITOS PARA EL CAMINO ESPIRITUAL (II)

(continuación del anterior)

Armonización de lo superior con lo inferior

El cuarto requisito, y éste ya es para ir desarrollándolo sobre la marcha, es el de procurar trabajar lo espiritual de manera que se armonice siempre con los niveles elementales de la personalidad. Hay personas en las que su descubrimiento de lo espiritual es explosivo y que, entonces, se dejan llevar por esta demanda o por esta experiencia que puedan tener de lo espiritual y se vuelven de espaldas a todo lo que es vida de su personalidad, de su mente concreta, de su vitalidad, de su cuerpo, siendo esto completamente erróneo.

Hemos de aprender a vivir toda nuestra personalidad y todos nuestros niveles superiores armonizando unos y otros, haciendo que nuestra vida se ensanche, que nuestro desarrollo espiritual sea realmente una expansión de conciencia, no un cerrar ninguna puerta, sino un ordenar las cosas desde una perspectiva más alta, un vivir las experiencias desde otras experiencias superiores. Este poder armonizar lo superior y lo inferior es fundamental para que lo espiritual sea algo realmente creador, resolutivo. Y sin embargo vemos aquellas personas que, porque lo espiritual lo viven a través de lo afectivo, se convierten entonces en seres irracionales, en seres que se dejan llevar por verdaderos fanatismos, por verdaderas obsesiones, que no están viviendo las cosas de un modo equilibrado, de un modo integrado; otros que lo viven a través de la mente, se convierten en seres puramente teóricos, intelectualistas que dejan de tener contacto dinámico con la vida, con las personas, etc.; otras personas, que al vivir estos otros aspectos, se vuelven de espaldas a su cuerpo considerándolo como algo negativo, como algo primitivo, como algo malo, cuando no hay nada en él que sea malo.

Completa entrega.

Debiéramos añadir un último requisito: el de estar dispuesto a hacer un trabajo sin prisas y con completa entrega. La vida espiritual en cualquiera de sus formas no es un hobby, no se puede hacer como algo secundario en la vida. Llega un momento en que se le pide al aspirante toda su energía, toda su sinceridad y toda su generosidad, ya que se trata de trascender el centro del yo personal, que es la base actual del funcionamiento de las facultades psicológicas habituales. Hay que movilizar toda la capacidad de atención y de discernimiento ya que se trata de alcanzar su misma fuente, y hay que movilizar toda la capacidad de amar y de servicio, puesto que exigirá una entrega completa de todo lo meramente personal.

Pero no es que se trate de un panorama sombrío, lleno de esfuerzos y de austeridad, ya que todas estas renuncias van acompañadas de un gozo mayor al entrar en el cauce de la verdadera vida plena, pues por ella discurre, con completa energía y libertad, la fuente de felicidad, de sabiduría, de paz.

 

Antonio Blay.- Tensión. Miedo y liberación interior.


Por qué lo importante es participar

Miércoles, diciembre 2nd, 2015

POR QUÉ LO IMPORTANTE ES PARTICIPAR

Cuando oímos la frase: lo importante es participar, suele haber un cierto aroma de resignación en el que la pronuncia, porque usualmente la utilizamos cuando nuestro interlocutor, por cualquier motivo, no ha podido ganar en alguna competición, o similares, y entonces, a modo de consolación, a menudo incluso con un tono de voz deshilachado, pretendemos endulzar un poco la situación.

Sin embargo, desde la perspectiva del Trabajo, propongo que no estaría de más añadir a esta frase la coletilla "…y más que ganar".

 Es fácil pensar que esto ya es pasarse un poco ¿verdad?

Veámoslo con un poco más de detalle. Si aplicamos el sentido de “ganar” en términos del Trabajo, bien podríamos decir que “ganar” significa despertar de maravilla al oír un despertador, hacer un centramiento especialmente profundo o, para los más avanzados, responder con acierto algunas cuestiones del curso de filosofía. Pues bien, si unimos a esta frase otra también muy utilizada en el Trabajo: lo importante es el esfuerzo, y no el resultado ya podemos empezar a encontrar un cierto sentido a esta propuesta de corolario tan aparentemente extravagante.

Porque, para el Trabajo, participar significa esforzarse, trabajar, ejercitar y, por tanto, actualizar el potencial que somos en la medida en la que somos capaces en este momento. Y sucede que es eso, y sólo eso, lo que nos transforma, lo que nos llevará en volandas de un nivel de conciencia a otro; es ese esfuerzo el que nos permite atravesar cualquier dificultad que surja porque, por otra parte, en tanto la tenemos delante es la que es procedente atravesar, limpiar, ver, trascender, etc… en ese momento.

Lo importante es el esfuerzo, y no el resultado. No importa que despertemos cuando oímos un despertador, no es eso lo que se sigue en los diarios (en verdad, con el conteo de los Excel tendríamos suficiente); lo que es objeto de atención y seguimiento es el proceso en ese esfuerzo, sea lo que sea lo que dé de sí, tanto si es despertar como si es tropezar con algún impedimento, porque ese impedimento es nuestro también, ahí está porque en algún momento se enquistó, y ahora es necesario acogerlo y traspasarlo para que, con Trabajo, esa emoción, ese pensamiento, o lo que sea que nos perturbe se ponga en su sitio y dé paso a la energía, amor e inteligencia que somos y que ahora podrá expresarse, y vivirse, con mayor plenitud. Y si todo este proceso acaba desembocando en “ganar”, bienvenido sea, pero a su debido tiempo, no antes.

Finalmente, significar que esta propuesta tiene un corolario muy liberador y es que, al hacernos independientes del resultado, nos habilita para vivir el proceso siempre de forma gozosa, porque sabremos que ante un despertador, un centramiento o, en verdad, cualquier dificultad que encontremos en nuestra vida, la gracia, y el disfrute, está en meterse en ello a fondo, en ese participar que nos permite dar lo mejor de nosotros en esa participación.

 


Dios pone los ejercicios

Domingo, septiembre 6th, 2015

DIOS PONE LOS EJERCICIOS
Por Jordi Sapés

La realidad está hecha de energía, inteligencia y amor. Cuando nuestro desarrollo personal descuida alguno de estos aspectos o se satisface considerando que lo manifiesta en un grado superior al de su entorno, la realidad se encarga rápidamente de desmentirlo presentándose en forma de problema. No tenemos más que mirar que aspectos de la realidad se nos presentan más cuesta arriba para ver las capacidades que necesitamos ejercitar.

Pero esto sucede también cuando, habiendo advertido esta falta de desarrollo, nos proponemos remediarla con nuestra mejor voluntad y nos hacernos el propósito de tratar algunas cosas de una manera distinta de cómo veníamos haciéndolo. La idea suele consistir en hacer pequeñas mejoras, algunos retoques. Pero la respuesta que tiene en cuenta lo que hasta ahora habíamos considerado irrelevante tiene un tenor muy diferente, no puede ser la misma de costumbre convenientemente remozada. Y el hecho de querer mantener la de costumbre, limpiándole la cara, produce más desgracias que beneficios y nos coloca ante la evidencia de que el cambio ha de ser mucho más profundo.

Como dice el refrán: a veces para solucionar algo se ha de estropear del todo, precisamente para que los apaños no sean posibles. Esto es lo que está sucediendo ahora en relación a un problema colectivo: los refugiados de las guerras y del hambre que pretenden entrar en Europa. La avalancha es de tal magnitud que los gobiernos europeos no han dudado en quitarse la careta y proclamar en voz alta que no los quieren; pero esto solo ha servido para desenmascarar su inmoralidad porque la gente continúa llegando y superando todos los obstáculos que se les pone. Es una corriente imparable a la que habrá que dejar de tratar como una cuestión de orden público. En todo caso, el orden público habrá que imponérselo a los ciudadanos europeos que protestan porque se les despierta del letargo en el que están instalados.

La inmoralidad ofrece diferentes formas: colocar tanques en las fronteras, levantar vallas en las mismas, amenazar con confiscar los salarios de los trabajadores en situación ilegal, negarles cobertura sanitaria, permitir que se ahoguen en el mar, dispararles para que no pongan el pie en territorio europeo y devolverles al otro lado si lo han conseguido. Todo esto conculcando la legislación internacional. ¿Quiénes son aquí los ilegales? Esto no solo es ilegal: es inhumano; y sobre todo inútil, porque una legislación que ignora la realidad se cae por sí sola.

¿Y quién se preocupa realmente por el origen del problema? Ya es evidente que las fuerzas del mercado no van a sacar al continente africano de la miseria, solo van a agravarla cada día más. También es evidente que las filas del fundamentalismo islámico se nutren de personas que viven marginadas por el fundamentalismo financiero. La inteligencia y la energía, la razón y la técnica, se están mostrando incapaces de resolver la situación. Falta el amor. Son millones de personas las que reclaman un compromiso con la humanidad que, hoy por hoy, no tenemos.

Ya sé que la excomunión no está de moda, pero igual el Papa debería leerles la cartilla a estos dirigentes europeos que se dicen católicos o protestantes y adoptan estas medidas represivas en vez de atender la situación. Claro que igual sucedería que la mayoría de católicos, encabezados por estos dirigentes, se pondrían de acuerdo y lo excomulgarían a él.

En todo caso, ahí tenemos algo que nadie había previsto y nadie sabe cómo solucionar sin cambiar los esquemas tradicionales. Es un ejercicio que Dios nos pone.


El Trabajo en el ámbito laboral

Domingo, septiembre 6th, 2015

EL TRABAJO EN EL ÁMBITO LABORAL
Por Olga Godia

Hacía años que buscaba y rebuscaba por todo este mundillo espiritual. Leía libros, asistía a conferencias, hacía cursos y ansiaba encontrar algo más. Al principio todo era nuevo, pero con los años me di cuenta que todos decían lo mismo y me estaba cansando, ya nada de todo esto tenía sentido para mí, porque nada en mí cambiaba. Buscaba alguien que me dijera algo nuevo, que fuera un poco más allá. El personaje se divertía de lo lindo porque conocía cosas que muchas personas ni se preguntaban y eso lo hacía sentir diferente. Pero en el fondo sabía que había algo más, que tenía que haber algo que fuera más real, más sencillo y que no iba por buen camino.

En esta búsqueda apareció una persona que me presentó aquello que yo tanto ansiaba,  e inicié mi proceso en el Trabajo. Empecé sabiendo que sería duro, que tendría que dedicarle muchas horas, pero no dudé ni un segundo. Era el Trabajo que tenía que hacer. No tenía grandes problemas y estaba bien, pero sabía que podía estar mejor.

En unos meses experimenté el primer despertar y me di cuenta del sueño en el que andaba metida toda mi vida; que si la gente no era como tenía que ser, que si las cosas no iban como a mí me gustaba y muchos otros aspectos de la realidad con las que yo estaba en guerra.

Los primeros cambios los viví en mi entorno más próximo, la familia. Dejé de juzgarlos y me limité a ver, y de entrada me inundó una gran pena al ver cómo había estado perdiendo el tiempo juzgando a la gente. Lo extendí en todos los ámbitos de mi vida, también en el laboral.

El ámbito laboral donde trabajo suele despertar mucha curiosidad porque es un submundo muy desconocido. Trabajo en una cárcel, como vigilante. Tenemos que cumplir unas normas y un reglamento, que cumplo, pero aportando un poco de luz con ayuda del Trabajo. Como podéis suponer, mi visión, y por tanto mi forma de actuar, tienen estilo propio, lo vivo como una ocasión de crear, de servir, de manifestarme; ahí entra la pasión por saber y conocer más, por comprender mejor.

Tengo muy claro que el que entra es la persona y el delito se queda fuera. A lo mejor muchos os echareis las manos a la cabeza, porque es difícil pensar esto cuando han violado o asesinado a alguien, pero hay que tener claro que muchos de ellos tienen muchas dificultades: patologías, familias muy desestructuradas, una visión de la realidad distorsionada, y con eso no los quiero disculpar, pero, por otra parte, ¿Quién nos dice que mañana no podamos ser uno de ellos? No soy nadie para juzgar, ya lo hizo un juez, los condenó y están cumpliendo una pena. Los internos están privados de libertad y eso ya es bastante condena, aunque algunas veces no seamos conscientes de la magnitud que esto representa. Y, en esa falta de libertad, procuro hacerles la vida un poco más humana. Los hay que saben aprovechar la ayuda que se les brinda, algo tan sencillo como facilitarles un puesto de confianza donde realizan alguna tarea, donde se sienten útiles y apreciados, donde, cuando hacen su trabajo y son respetuosos con sus compañeros y con nosotros, y les obsequias con un "gracias", un café o una sonrisa, se llenan de satisfacción. Y te explican las dificultades que tienen con sus hijos o con sus parejas, no es fácil para ninguna de las dos partes. Y les aportas, con un comentario, un granito de arena para que vean otra realidad a la que ellos no están acostumbrados, y ves como sus ojos hablan al no tener que defenderse ni justificarse.

Y día a día, cada vez más, veo como pierdo el interés en satisfacer el reconocimiento y  las necesidades afectivas de la propia personalidad. Es entrar en relación con el otro para ayudar, apoyar, impulsar; para dar en lugar de tomar.

Como a la mayoría de nosotros, me han recortado el sueldo, las vacaciones y otras pequeñas cosas, pero no podrán recortar el calor humano y la luz que pueda irradiar mientras esté allí.


Conceptos que relacionan el Trabajo con la religión

Domingo, mayo 10th, 2015

CONCEPTOS QUE RELACIONAN EL TRABAJO CON LA RELIGIÓN

Ahí van algunas definiciones que os ayudarán a relacionar nuestro lenguaje con el de la Iglesia y a comunicaros con aquellas personas que viven la espiritualidad de una forma más tradicional.  

Yo esencial.- Llamamos así a nuestra naturaleza espiritual, las capacidades que Dios pone a nuestra disposición para que las utilicemos de una manera personal: capacidad de ver, capacidad de amar y capacidad de hacer. Esto es lo que nos hace a Su imagen y semejanza. Una de las primeras tareas que nos planteamos es comprobar de una manera experimental que somos eso mediante el ejercicio que llamamos despertar y que consiste en poner la atención al sujeto, al Yo, con independencia de lo que este sujeto esté atendiendo en cada momento. Buscar el Yo es buscar nuestra identidad real: aquello que nunca cambia, aquello que siempre soy, detrás de todos los fenómenos de la existencia.  

Yo experiencia.- Llamamos así a la forma que utiliza el Yo esencial como vehículo de expresión es este plano existencial. Lo llamamos así porque lo hemos desarrollado utilizando nuestras tres capacidades en respuesta al entorno por el que hemos venido transitando. Así se ha desarrollado nuestro cuerpo, nuestros conocimientos, nuestras relaciones, nuestras habilidades. Es lo que llamamos personalidad y lo que nos distingue a unos de otros. Nosotros resaltamos que esta personalidad no tiene nada de malo porque es conocimiento, sentimiento y habilidad en un grado mayor o menor pero siempre positivo. No obstante se puede perfeccionar, se puede equilibrar y se puede purificar para hacerla lo más útil posible para el Yo esencial que la utiliza como herramienta en este plano material. Entendemos el Decálogo mosaico como una instrucción muy precisa en esta dirección, tal como expresa el Salmo 118.

Personaje.-  Llamamos personaje a lo que la Iglesia llama caída, pecado. El personaje es el olvido total del Yo esencial para atender exclusivamente a las cosas. Es un error que se transmite de padres a hijos a través de la educación y materializa el pecado original. También se refiere a nuestra personalidad pero para juzgarla en función de los criterios sociales vigentes. El personaje sí que nos define como una mezcla de virtudes y defectos, según revistamos o no la manera de ser que está de moda. Esta educación ignora nuestra esencia y nuestra personalidad y pretende sustituirla por una manera de ser que asegure el éxito personal. Esta manera de pensar nos clasifica a nosotros mismos, a las personas y a las circunstancias en función de si favorecen o perjudican los intereses del personaje en este proyecto de llegar a ser importante que ha sustituido y encubierto nuestra realidad esencial. Lo desvirtúa todo y convierte la existencia en el ámbito ideal para la mentira porque todo nos aparta de lo trascendente.     

Trabajo espiritual.- Nosotros planteamos que el estado de conciencia del personaje es un estado artificialmente inducido en la mente por la educación; por tanto, de la misma manera que se ha metido se puede objetivar y desactivar.  Así que el trabajo espiritual es el esfuerzo necesario para salir de la identificación con el personaje, recuperar primero la conciencia de sujeto y, a continuación, la conciencia del ser espiritual que somos.  Lo planteamos no como un proceso de conseguir algo sino de recuperar la evidencia de lo que ya somos. Así que más que añadir ideas y consignas morales, se trata de observar las que hay en nuestra mente y sacarlas para eliminar el filtro que mediatiza y obstaculiza el contacto entre nuestro entorno y la inteligencia, el amor y la vida que somos. Este camino tiene varias fases: primero despertar para poder mirar nuestra realidad desde otra dimensión, segundo observar, entender y desactivar el mecanismo alienante que hay en nuestra mente y con el que llevamos años identificados, tercero reforzar y reequilibrar nuestra personalidad, cuarto limpiar el inconsciente de residuos erróneos y experiencias mal interpretadas  y quinto establecer un contacto actual y personal con Dios. La primera fase es indispensable para iniciar este camino, las siguientes se pueden recorrer más o menos en paralelo y la última depende mas de Él que de nosotros, así que le pedimos ayuda en el momento en el que nos damos cuenta de que con solo nuestras fuerzas es imposible alcanzar la meta que nos hemos propuesto: ser lo que somos. Digamos que es un final que pretendemos tener presente desde casi el principio y digo casi porque primero hay que levantarse del estado de conciencia habitual del personaje: levántate y anda.        
             
Dormir.-  Es vivir en el estado de conciencia alienado a las cosas, en el que yo me defino y valoro no sólo por lo que tengo sino por si poseo de manera destacada precisamente aquello que socialmente se considera señal de prestigio, éxito y poder. Estar dormido pone mis capacidades esenciales al servicio de conseguir estos bienes, materiales o psicológicos, y me aparta cada vez más de la realidad esencial que soy.  Es lo que se conoce como estar en pecado. Lo que pasa es que nosotros no le damos una connotación moral de culpabilidad sino más bien intelectual de desorientación. Y no promovemos la represión de este estado sino su observación para descubrir los axiomas erróneos en los que se apoya.

Despertar.- Es ver con evidencia que ya somos y lo que somos, y en consecuencia, que no tenemos que hacer nada especial para llegar a ser. Despertar se consigue poniendo atención a nuestra presencia en la conciencia en lugar de poner toda esta atención en el exterior para quedar bien. Es registrar esta presencia diferenciándola  de lo que pensamos, sentimos y hacemos; constatando que detrás de los pensamientos, sentimientos y actos hay un sujeto constante, siempre presente, idéntico e inmutable que pertenece a otra dimensión. Esto es la conversión, la metanoia: mirar la realidad desde más allá del pensamiento. Y de entrada tiene también una connotación más intelectual que emocional: ser lo que somos y actuar desde esto que somos.

La Providencia.- Nosotros afirmamos que, a pesar de que la sociedad nos ha obligado a sustituir nuestra conciencia por un conjunto de ideas, normas y reglamentos, el Ser esencial se sigue manifestando internamente en nosotros como una demanda de sentido, felicidad y realidad que no puede colmar los éxitos que tenemos. También se manifiesta esta Providencia en forma de dificultades que nos presenta la existencia y que nos obligan a desarrollar los tres aspectos esenciales: Todo está hecho de inteligencia, amor y energía e ignorar alguno de estos tres aspectos nos lleva a tropezar con lo que hemos eludido. Así que consideramos las dificultades como una instrucción y no como una injusticia y además advertimos expresamente contra el peligro de la especialización que nos  lleva a ejercitar exclusivamente aquello que nos da prestigio social.

La Vida.- El Yo esencial es único, eterno e inmutable; vitaliza el cuerpo físico en el nacimiento y se retira de él en la muerte. La vida es eterna, la muerte no es lo contrario de la vida, es lo contrario del nacimiento. El Yo esencial distingue claramente entre si mismo y la forma que está encarnando. Si existe la reencarnación no es la personalidad la que se reencarna así que nos da igual afirmarla que negarla, en cualquier caso estamos en el aquí y el ahora y es a esto que tenemos que responder. No consideramos nuestros actos como un derecho adquirido para obtener ningún premio ni eludir ningún castigo sino como un ejercicio de responsabilidad que nos lleva a vivir de acuerdo con lo que somos. El posible premio o el castigo después de la muerte física tienen la misma naturaleza emocional o mental que las dificultades que tenemos que enfrentar y superar en el plano físico y desde luego son tan temporales como lo es este plano.  
   
El bien y el mal.- Solo Dios Es: yo soy el que soy; solo Dios es real. El sol alumbra a todo el mundo pero si te pones de espaldas a él verás la oscuridad que tú mismo provocas con tu sombra. Sin embargo, la oscuridad no es real, es el nombre que le ponemos a la falta de luz: podemos disolver la oscuridad aportando luz pero no podemos disolver la luz trasportando oscuridad porque la oscuridad solo es un nombre. Claro que si todo está montado para que te pongas de espaldas a la luz, con el pretexto de atender tus responsabilidades familiares, laborales sociales, y religiosas; y basas la vida en el refrán: “primero es la obligación y después la devoción”, es difícil que percibas la luz y que esta te ilumine. Tan difícil que si no fuera por la influencia de lo Superior acabaríamos todos durmiendo sin remedio. Ahí está el papel de la Iglesia, papel que no siempre cumple de manera adecuada porque a veces parece más bien que contribuya a desalentar a la gente que a animarla a descubrir su realidad.

El pecado.- Es la negación de la realidad como consecuencia de ponerle nombre a un estado psicológico deficitario y considerarlo real. El infierno es una explicación del mundo y de la existencia que no soluciona nada. El pecado se basa en un error, en una mentira, por eso cuando se ve la verdad se perdona instantáneamente. De hecho no hay nada que perdonar porque nunca ha habido agravio. La realidad es al margen de nuestros errores y solo requiere que los veamos para que se nos haga evidente el Amor de Dios.

 


La relación exterior como medio

Lunes, abril 6th, 2015

LA RELACIÓN EXTERIOR COMO MEDIO

La relación con el mundo exterior es un medio enormemente rico que nos permite desarrollar todas nuestras cualidades positivas; es un medio por el cual yo puedo ejercitar la expresión de mis cualidades positivas, esas cualidades que constituyen mi ser, mi personalidad; es un medio para poderlas ejercitar deliberadamente, sistemáticamente y a todos los niveles.

Porque una de las ventajas que tiene ese camino de relación con el exterior es que me está movilizando los niveles más humanos de mi personalidad: mi vista, mi afecto, mi inteligencia concreta, práctica. Constantemente desde el exterior se me está estimulando a que yo responda desde mi cuerpo, a través de mi afecto y a través de mi mente. Es decir, que utilizo así la gama de lo que es mi personalidad cotidiana precisamente como un medio de desarrollo, y esto ninguno de los demás caminos me lo producen.

Es toda mi personalidad que se enriquece; cuando yo voy viviendo en la dimensión más profunda de la relación humana, entonces mi personalidad se ensancha e incluye cada vez más lo que hay de propio en los demás niveles. Pero, ya de entrada, tiene de por sí esta riqueza que mejora mi personalidad positiva. Es un medio gracias al cual yo puedo enriquecerme con la experiencia de las cualidades, con todo lo positivo que estoy percibiendo y admitiendo del exterior.

Es decir, cuando yo me pongo en contacto con una persona, o simplemente con un paisaje, con cualquier cosa, esta cosa me enriquece, me provoca, me da una noción de formas nuevas, de cualidades nuevas, de modos de sentir y de atributos nuevos; y en la medida que en mí hay no sólo la percepción, sino además una admisión, dichos atributos nuevos pasan a ser míos, se produce una asimilación interior de aquello que yo no solamente percibo, sino que además acepto. Yo entonces empiezo a enriquecerme con la experiencia de los demás; todo se convierte para mí en enriquecimiento, en completamiento de mi campo de conciencia, de mi personalidad.

La relación con el exterior es también un medio para conseguir esa conciencia total de estímulo-respuesta, presión-impresión, yo-él, de manera que se forme un campo único que incluya una cosa y la otra. La relación personal es un medio para que, gracias a esta interrelación vivida de un modo correcto, pueda llegarse a superar este famoso personaje que es el que nos mantiene encerrados bajo llave en su dominio. Gracias a la relación vivida de un modo completo, integral, yo tengo también una puerta abierta a lo intemporal.

 

Texto extraído del libro Caminos de Autorrealización Tomo III, Editorial Cedel. 1983


Apariencia y realidad de las personas

Martes, marzo 10th, 2015

APARIENCIA Y REALIDAD DE LAS PERSONAS

Las personas no son buenas o malas, perfectas o imperfectas, orgullosas o egoístas o generosas o santas. La persona nunca es ninguna cosa; la persona es el conjunto de cualidades emotivas que se expresan en un momento, en un lugar; es el conjunto de los rasgos divinos que se expresan en un grado más o menos elemental, pero que están en un proceso de constante transformación. La imagen que nosotros nos hacemos de la persona es una imagen fija, estática, es una instantánea de la persona. Y a esa instantánea le asociamos unas cualidades, o unos defectos, y valoramos esta instantánea. Esto es lo erróneo.

Atribuimos a la imagen instantánea que tenemos de esa persona en nuestra mente unos atributos: es bastante inteligente, es hábil, tiene este defecto, esto otro; hacemos una ficha de ella que nos deja muy satisfechos, porque así creemos tenerla clasificada. Pero la persona no es eso, la persona es una fuerza creadora que se manifiesta, es una inteligencia en un grado de manifestación, es una armonía, un amor, una belleza que está en expresión, a un grado o a otro, a un nivel o a otro; todo lo que vemos de amable, de agradable, de positivo en la persona es lo positivo que se expresa en la persona, no la persona; igualmente, todo lo negativo que vemos en ella es lo que nosotros estamos rechazando de aquella persona. Pero en realidad no es que aquella persona sea positiva o negativa; lo único real son unas cualidades que están en un constante proceso de fluir, y que esas cualidades se conjuntan, se unen, en un momento dado, para formar lo que aparece como una persona. La persona es una suma de cualidades, pero una suma que está en constante variación, en constante proceso. Yo he de aprender a ver en la persona estas cualidades en expresión, y no verlas como atributos estáticos de cualidad o de defecto. Cuando yo digo que una persona es de un modo, le pongo una etiqueta, estoy falseando la verdad. La persona no es inteligente, la persona no es buena, no es egoísta, no es orgullosa. Hay una inteligencia que se expresa en la persona, una generosidad que se expresa en la persona, una autovaloración que se expresa en la persona, una fuerza de conservación que se expresa en la persona.

Pero siempre es de esta manera: es una cualidad que pasa. No se trata de que la persona sea eso; la persona no es ninguna de esas cosas, como yo no soy ninguna de esas cosas. Yo soy yo, yo soy un centro espiritual del cual surgen las cualidades que se expresan dinámicamente, y que, en contacto con lo que yo llamo exterior, forman eso que llamo personalidad. Pero esa personalidad es un proceso dinámico constituido por esa dinámica interior en interacción con lo que llamamos exterior. En ningún momento yo soy una inteligencia determinada, y un modo afectivo determinado, ni una sexualidad determinada, nada que sea determinado.

Me gustaría que esto se comprendiera bien, porque entonces descubriríamos por qué no debemos apegarnos a las personas. No podemos apegarnos a las personas, no por precaución, no por miedo, sino porque no hay nada a qué apegarse. Es como si yo quisiera apegarme al río; no puedo hacerlo; el río pasa, el agua fluye. Es mi percepción visual la que me da la idea de que es el mismo río, de que es la misma agua. El agua está continuamente en un proceso de fluir, de cambiar. Y así está absolutamente todo lo que existe en nosotros y en todos los demás. Todo es un río de cualidades que se expresan en un grado u otro, y que dan una apariencia u otra; pero esa apariencia es cambiante, y no hay nada en las personas que sea estático. Nosotros, a esa instantánea que hacemos de la persona, a esa imagen, le añadimos unos atributos y se los dejamos colgados de esta instantánea. Entonces creemos que la persona es un determinado número de cualidades y defectos. La persona no es esto, la persona es constantemente expresión de algo. Por lo tanto, cuando yo veo lo amable, lo bueno, lo positivo que hay en alguien, es la expresión de la cualidad lo que he de valorar en la persona, y no la persona. Yo he de aprender a valorar la inteligencia que se expresa en la persona, la belleza, la armonía, la sutileza, la potencia, la cualidad que sea, pero en tanto que cualidades que la persona expresa, y no como imagen estática de la persona.

Si aprendiéramos a ver de este modo a nuestros amigos, a nuestros familiares, puedo garantizar que cambiaría por completo nuestro modo de relacionarnos y de actuar con ellos. Porque es debido a esta imagen estática que me he formado de ellos que yo estoy exigiendo a esa persona que se comporte de un modo y no de otro. Es a causa de que he puesto una etiqueta, que yo no puedo admitir que ella actúe de otro modo. Cuando aquella persona se separa de este esquema que me he hecho, entonces me enfado, protesto, me irrito con la otra persona. Si yo aprendiera a ver que aquella persona en ningún momento es en tanto que persona aquello, sino que es sólo un medio de expresión de cualidades, estaría aprendiendo a descubrir y aceptar las cualidades que aparecen ahí, más altas o más bajas, pero no estaría exigiendo unas formas determinadas, un patrón determinado. Esta inmovilización que estoy exigiendo es una falsedad, un error que forzosamente se ha de convertir en conflicto cuando choca con la dinámica del vivir.

 

Texto extraído del libro Caminos de Autorrealización Tomo III, Editorial Cedel. 1983


Sobre la enseñanza de la religión

Martes, marzo 10th, 2015

SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA RELIGIÓN

Si contemplamos la Religión desde la perspectiva de la enseñanza, veremos que, tal como se ha impartido tradicionalmente, es un elemento más del modelo que nos desconecta del fondo y nos hace totalmente dependientes al exterior: las ideas y la moral religiosa contribuyen a identificarnos con el juicio que merecen socialmente nuestros actos. La Iglesia no se da cuenta que esta intervención coloca a Dios fuera de nosotros y lo convierte en una entidad que nos vigila y decide nuestro destino; a menudo de forma caprichosa, injusta e incomprensible.

Pero Dios no es el único que actúa así: comparte este dudoso honor con nuestros padres, hermanos, abuelos, tíos, vecinos, amigos, profesores, jefes, etc. Es uno más a juzgarnos; y, habitualmente, el que menos nos preocupa. Todas estas personas intervienen en el proceso de socialización que procura hacernos “como Dios manda” sean creyentes o no. Pero no por eso vamos a defender que no se eduque a los niños, porque el buen salvaje de Rousseau quizás es bueno, pero es salvaje. Y si estamos de acuerdo en que hay que educar no hay razón alguna para excluir la religión del currículo escolar.

Wittgenstein, defiende que la realidad de cada individuo depende del número y calidad de conceptos que su mente maneja. Así que, sin el bagaje conceptual adecuado, la intuición del fondo que permanece en la conciencia de una forma subliminal, acaba apareciendo como una alucinación desde la perspectiva tecnológica que se da en la escuela.    

Esta perspectiva ha trasladado la religión al ámbito privado de las familias; lo cual implica que los padres que desean transmitir a sus hijos una idea de trascendencia los han de llevar a la parroquia. Así que, estando de acuerdo con las protestas que se ha producido en contra del intento de adoctrinar a los escolares, la solución no es precisamente llevarlos a catequesis porque ahí seguro que les van a adoctrinar. La solución es exigir una enseñanza religiosa, histórica, filosófica y cultural, alejada de cualquier clase de dogmatismo.

No es lo mismo aprender de memoria que Jesucristo nació de una madre virgen, por obra del Espíritu Santo, que estudiar que, en el año 496 después de Cristo, la Iglesia Católica decidió que Jesús había sido concebido sin padre, por obra del Espíritu Santo. Y que, en el año 1555 después de Cristo, un Papa afirmó que la madre de Jesús había permanecido virgen antes, durante y después del parto. Si a continuación se añade que los protestantes no están de acuerdo con esta interpretación, mejor que mejor.

¿Por qué hay que hablar de esto?: porque occidente está lleno de santuarios en honor de la Virgen María y es imposible entrar en un museo y entender las pinturas que hay sin conocer esta tradición. Una vez conocido su origen, corre por cuenta de cada uno creerlo no; si la Iglesia Católica lo considera un dogma será porque, en su momento, fue la manera de acabar con las discusiones que hubo. Actualmente diría que a todo el mundo le trae sin cuidado; si lo he citado es para poner un ejemplo de cómo se puede explicar una tradición sin necesidad de adoctrinar a nadie.

La Conferencia Episcopal Española no parece del todo errada cuando propone lo siguiente:

La enseñanza religiosa católica se estructura a partir de  cuatro dimensiones que fundamentan las competencias específicas de la enseñanza religiosa católica: La dimensión cultural e histórica, la dimensión humanizadora, la dimensión ético-moral y la dimensión epistemológica.

La dimensión cultural e histórica está presente en la enseñanza religiosa, dado que el patrimonio cultural, histórico y antropológico-axiológico que gran parte de las sociedades reciben del pasado está vertebrado por contenidos religiosos. En este sentido, la Religión católica ha dado sus frutos en el arte, en los sistemas de significación moral, en la creación popular y en la acción social.          

El alumno no sólo va a conocer, sino que podrá comprender y asumir los valores que conlleva el conocimiento del hecho religioso en su expresión artística, cultural y estética, teológica y vivencial.         

La dimensión ético-moral explicita las exigencias morales que conlleva el mensaje cristiano. En la religión católica se ofrece una determinada manera de ver la vida, en cuya base se encuentra un concepto de hombre, un núcleo referencial de ideas y creencias, y la propuesta de una escala de principios y valores. La enseñanza religiosa católica expone, fundamenta y jerarquiza los valores y virtudes capaces de educar la dimensión moral y social de la personalidad del alumno, en orden a hacer posible la maduración en la responsabilidad, el ejercicio de la solidaridad y de la caridad. Todo ello fundamentado en la Palabra y en los hechos de Jesucristo.

Con ello estamos fundamentando uno de los valores básicos, su dignidad como ser humano, como hijo de Dios. El sistema educativo no puede tener como objetivo reproducir sin más el modelo de sociedad existente. Habrá de disponer a sus alumnos para que puedan abordar críticamente esa sociedad e intervenir en ella para cambiarla o modificarla.

Para ello, la dimensión humanizadora faculta al alumno para dar respuesta a sus interrogantes más radicales, haciendo a su vez posible la formación de hombres y mujeres conscientes, críticos, libres y creadores.

 

Hasta aquí la propuesta de la Conferencia Episcopal. A mí me parece básicamente correcta y además interesante; diría que excepcional en medio de una educación tecnificada y orientada exclusivamente a la productividad. El problema es que la LOMCE exige que se hagan unos exámenes y que puntúen porque hay que ver si el niño ha aprendido lo que le han enseñado. Y ahí salta la liebre; fijaros en los requisitos que han de cumplir los niños y niñas de primero de Primaria para aprobar. El estudiante:

1. Relata con sus palabras el amor del Padre Dios por todos nosotros.

2. Describe la naturaleza como la fiesta de la creación de Dios.

3. Manifiesta agradecimiento a Dios Padre por la naturaleza a través de dibujos, oraciones, gestos en clase…

4. Indica algunos textos bíblicos que señalan que Dios Padre no nos deja solos.

5. Memoriza la oración del Padrenuestro

6. Repite oraciones sencillas para expresar amor a Dios Padre.

7. Enumera acciones que el Señor realiza para ser mejores hijos de Dios.

8. Sabe que Jesús resucitó y está siempre con nosotros.

9. Cuenta a los demás compañeros lo que hacen en su familia, en su entorno cercano, como Jesús nos enseña.

10. Conoce pasajes del Nuevo Testamento en que se manifiesta la fe en Jesús Resucitado.

11. Describe con algunos rasgos qué es una familia y qué es una comunidad cristiana.

12. Sabe que la Virgen María es Madre de Dios y Madre nuestra.

13. Reconoce en la Iglesia diversas manifestaciones que expresan la alabanza a Dios Padre.

14. Valora y sabe que el cielo es la casa de Dios donde nos encontraremos con Jesús.

 

Ya me diréis dónde quedan aquí los hombres y mujeres conscientes, críticos, libres y creadores. Esto es catequesis pura y dura, retrógrada desde la perspectiva actual del Vaticano. Así que hay que seguir luchando por una enseñanza de la religión que no sea dogmática, a ver si de paso conseguimos modificar los esquemas de la catequesis moralista que se imparte en las parroquias.  


Mi reino no es de este mundo

Miércoles, diciembre 10th, 2014

MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO
Por Jordi Sapés

Recién llegados del Retiro de Oseira, una de las cosas que se hacen más evidentes son las palabras de Jesucristo: mi reino no es de este mundo. Más bien parece que el mundo esté marchando en una dirección opuesta a la conciencia y la libertad que el ser humanos tiene derecho a vivir. Y por eso a menudo caemos en la trampa de pensar que no solo nuestro reino no es de este mundo sino que, además, no tenemos nada que ver con él. Y esto es una trampa que hay que evitar porque por algo estamos aquí.

Imaginaros que nos han pagado un viaje para desplazarnos a un lugar remoto en el que hay un problema grave, para ver si podemos ayudar de alguna manera. Y volvemos del viaje indignados, alegando que ahí es imposible vivir porque hay un problema insoportable.

Si abrimos los periódicos contemplamos como en África se muere la gente a patadas porque todavía no es negocio desarrollar una vacuna contra el ébola; como en EEUU la gente vota contra Obama porque no fomenta las guerras de costumbre y quiere dar cobertura sanitaria a los pobres; como aquí el gobierno salta de alegría porque la economía va mejor mientras se sigue desahuciando cada día a montones de familias; como los grandes empresarios se ofrecen a disminuir el paro si aceptamos un trato laboral cercano a la esclavitud; etc. etc.

Y en nuestra propia casa, nuestros hijos se nos plantan diciendo que para qué demonios tienen que estudiar. Porque el rollo de que han de ser personas de provecho que encontrarán un trabajo y se ganarán la vida, y podrán hacer que sus hijos estudien parra ser personas de provecho y ganarse la vida para que sus hijos… ya no cuela. Gracias a Dios. Porque, ¿qué significa ser personas de provecho?, ¿de provecho para quién?  

Nosotros ya no necesitamos sacar provecho de nada, porque somos conscientes de ser; y lo que somos no precisa mejora; lo que precisa es ser manifestado. Y recordad que, inicialmente, todos hemos vivido esta demanda de ser como un déficit en nuestras vidas. Así que, si a nivel social, el déficit se hace tan manifiesto que aparece en las noticias, es señal de que la humanidad está despertando.

Pero somos muy pocos, diréis. Bueno, nuestra personalidad se parece también a una multitud de tendencias que luchan cada una por sus intereses; y solo hay una que aspira a lo Superior. Esta parte busca conseguir la hegemonía y el resto la contemplan como un incordio pero, contando con la ayuda de Dios, resulta especialmente potente. No porque haga mucho ruido sino porque persiste en buscar la verdad y la realidad.

También el personaje tiene problemas; y, ¿cómo los resolvemos?: los resolvemos jubilando la descripción del mundo que hace y el modelo que promueve. Así que también tenemos que jubilar este sistema social y las normas que lo rigen; y sustituirlas por otras basadas en el amor, en la solidaridad, en la lucidez y en el respeto y aprovechamiento consciente de la vida que somos.

Y en la medida en que las leyes apoyan y refuerzan este modelo nefasto, lo correcto es desobedecerlas. Prepararos porque esto se va a empezar a producir y nos colocará en un terreno inestable para la personalidad. En cambio, será una ocasión para gritar en voz alta: mi reino no es de este mundo; soy un ser consciente que rechaza considerar normal lo que sucede y no estoy dispuesto a seguir apoyando y financiando este estado de cosas.