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La lucidez y el futuro inmediato

Lunes, abril 17th, 2017

LA LUCIDEZ Y EL FUTURO INMEDIATO
Por Jordi Sapés de Lema

Dice Antonio Blay: la lucidez es el que ve en el acto de ver; el sujeto que ve y la actualización de la capacidad de ver; actualización que, obviamente requiere de un objeto que está siendo observado. Pero fijaros que aquí no hay juicio por ninguna parte; la lucidez no opina si lo que ve está bien o está mal. Ve lo que hay y el sentido que tiene. 

Últimamente se habla mucho de exceso de información. Dicen que este exceso nos impide asimilar una noticia porque justo cuando la estamos mirando nos llega otra. Dicen que esto ha conseguido hacernos impermeables a las desgracias y que las cosas que suceden ya no nos sorprenden ni nos alteran. En otras palabras: no tenemos tiempo de juzgar la información que recibimos y nos olvidamos de ella. Y se quejan de que esto genera despreocupación moral, porque no juzgamos ni condenamos; ya nada nos sorprende.  

Sin embargo, la gente se traga toda clase de necedades que aparecen en el ámbito virtual, noticias que buscan ser sorprendentes: da igual que sean ciertas o falsas, lo importante es que sean emocionantes. El placer de enterarse de algo y transmitirlo al círculo inmediato no tiene precio porque concede protagonismo; lo de menos es si lo que se difunde es cierto o falso. Incluso se ha acuñado un término para describir este tipo de información: la postverdad. Qué lejos queda aquel argumento tan socorrido de que no leemos los periódicos “porque solo dicen mentiras”. 

En realidad los periódicos ponen de manifiesto lo que nuestros ojos parecen negarse a ver: no es que una noticia se solape con otra, es que las mismas noticias se repiten a diario, solo cambia la localización: fenómenos meteorológicos catastróficos, ataques terroristas aparentemente irracionales, desahucios, refugiados ahogados en el mar…y declaraciones políticas vacías de contenido, interesadas únicamente en disimular la incapacidad del que las realiza. 

Incluso se valora la estrategia que consiste en ignorar la realidad y actuar como si no pasara nada, porque permite contemplar impasible el fracaso de todos aquellos que intentan proponer soluciones. A la gente no le gusta que le propongan soluciones porque esto implica reconocer que hay problemas; así que nadie sigue a estos agoreros que, al poco tiempo, se retiran de la escena sumidos también en la impotencia. Pero claro, la situación va a peor: o sea que lo que vendrá a continuación será convertir al denunciante en alborotador y culpable.  

Este próximo año vamos a asistir a este fenómeno: el vecino será el responsable de nuestros problemas; así que cada país se encerrará sobre sí mismo y los gobernantes utilizarán las palabras unidad y diálogo como un arma arrojadiza contra los demás, quienes, supuestamente, se negarán a participar en los esfuerzos por mejorar la situación. Poco a poco, conceptos como pleno empleo, estado del bienestar, jubilación, etc. se irán relativizando porque ya nos han advertido de que las cosas no volverán a ser como antes. Así que no nos quedará más remedio que revisar un sistema que está impidiendo claramente que la humanidad avance.

Entonces será el momento en el que la gente lúcida, que no divide el mundo en buenos y malos, podrá empezar a plantear la necesidad de nuevos valores de referencia para organizar el colectivo; valores distintos de la productividad, el beneficio, la riqueza material, la competencia y el mercado; y se podrá empezar a hablar de sabiduría, salud, sociedad, bienestar psicológico, seguridad material, vocación, solidaridad y espiritualidad.

Esto no es una utopía porque ya es algo real en estos momentos; hay muchas personas que miran y ven el mundo de esta manera; el problema es que el poder económico y político está haciendo cuanto puede para impedir que esta visión se consolide; y la gente educada en el consumismo sigue siendo mayoría. Pero los mensajes y las proclamas de los gobernantes ante los continuos desastres que se suceden, suenan cada vez más vacíos y más absurdos. Se demostrarán tan inútiles que no tendremos más que resaltar de nuevo el potencial del ser humano, de cada ser humano, de cada pueblo y de cada nación, y reivindicar respeto, libertad y dignidad. Sea lo que sea que nuestros ojos tengan que contemplar, nadie podrá oscurecer la lucidez que habrá en ellos.

Así que debemos caminar mirando hacia este horizonte, evitando caer en las trampas del personaje social y de la miseria emocional, que todavía nos afecta porque nuestro psiquismo es débil. A veces las circunstancias adoptan un aspecto muy desagradable, pero hemos de tener claro que es falso, que es nada, vacío. Nuestros ojos han de traspasarlas para ver la realidad desde la conciencia de nuestro ser espiritual; y esto implica serenidad, amplitud y seguridad interior, derivadas de una corriente de luz que desciende de arriba e ilumina la verdad.


De Fidel Castro a Donald Trump, pasando por la Iglesia

Miércoles, diciembre 7th, 2016

DE FIDEL CASTRO A DONALD TRUMP, PASANDO POR LA IGLESIA
Por Jordi Sapés

En mi artículo del mes pasado comentaba que con el desplome de la Unión Soviética había caído también el humanismo: la idea de que la sociedad evoluciona apoyándose en el esfuerzo del ser humano. Me olvidaba de Cuba, de la revolución que hizo posible que un pueblo condenado a ser el burdel de los EEUU se levantara y alcanzara con su esfuerzo la completa alfabetización de sus gentes y la sanidad gratuita para toda la población.
 
Hoy, con motivo de la muerte de Fidel Castro, se debate en los medios de comunicación si debemos resaltar las conquistas sociales de Cuba o el hecho de que se hayan producido en ausencia de democracia. Bien, a lo mejor tenemos que deslindar ambas cuestiones; porque un atropello contra el débil decidido democráticamente tal vez sea más censurable que otro que se adopta para sobrevivir en circunstancias difíciles. Y si el que goza de libertad la utiliza para seguir dificultando la existencia de quien no la tiene, habrá que ver si no está poniendo esta libertad al servicio de intereses nada democráticos, entendiendo por democracia el poder del pueblo.
 
Cuba venía siendo noticia por el intento de su gobierno de proceder a una transición económica y política que EEUU podría facilitar levantando el embargo y autorizando el comercio con la isla. El restablecimiento de relaciones con los EEUU es el primer fruto de un empeño por llegar a un acuerdo en el que ha jugado un papel protagonista la diplomacia vaticana. Así que podemos preguntarnos qué hace el Vaticano en un país que se define comunista: la respuesta es que ambas instancias, la Iglesia y el gobierno cubano, han descubierto que mantienen opiniones parecidas en el ámbito de la economía.

Veamos algunos pasajes del discurso que el Papa Francisco ha hecho recientemente en una reunión con empresarios:         
 
“Desgraciadamente, el tiempo que vivimos ha impuesto el paradigma de la utilidad económica como principio de las relaciones personales. La mentalidad reinante propugna la mayor cantidad de ganancias posibles, a cualquier tipo de costo y de manera inmediata. No sólo provoca la pérdida de la dimensión ética de las empresas sino que olvida que la mejor inversión que se puede realizar es invertir en la gente, en las personas, en sus familias. La mejor inversión es crear oportunidades. La mentalidad reinante pone el flujo de las personas al servicio del flujo de capitales provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos a usar y tirar. Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más. El flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas. 
 
No son pocas las veces que, frente a los planteos de la Doctrina Social de la Iglesia, se salga a cuestionarla diciendo: «Estos pretenden que seamos organizaciones de beneficencia o que transformemos nuestras empresas en instituciones de filantropía». La única pretensión que tiene la Doctrina Social de la Iglesia es velar por la integridad de las personas y de las estructuras sociales. Cada vez que, por diversas razones, ésta se vea amenazada, o reducida a un bien de consumo, la Doctrina Social de la Iglesia será voz profética que nos ayudará a todos a no perdernos en el mar seductor de la ambición.”
 


El primer párrafo constituye una denuncia sin paliativos del sistema basado exclusivamente en el beneficio del capital que utiliza al ser humano como un engranaje más de la máquina de producir riqueza para unos pocos. El segundo confiesa la inutilidad de esta denuncia. Y no porque los empresarios buenos y conscientes no alcancen a contrarrestar una mayoría egoísta y sin entrañas, sino porque el sistema económico excluye a corto plazo del mercado a toda empresa incapaz de aumentar su competitividad  rebajando sus costes. En igualdad de condiciones en relación a los demás factores, el buen empresario que decide repartir beneficios con sus trabajadores se verá de inmediato superado por el que los explota sin piedad. Porque la piedad la deciden las leyes que regulan el mercado laboral y, como podemos ver, la tendencia es a liberalizarlo; es decir a desproteger cada vez más a los que están obligados a poner sus capacidades al servicio de quien tiene los medios para sacarles provecho. Y dicho sea de paso, esta liberalización, sinónimo de desprotección de la gente, se basa en leyes que se deciden democráticamente.
 
La cuestión es si es posible transformar las empresas en instituciones de filantropía o, más que eso, en instituciones al servicio del desarrollo del ser humano, en vez de tener por finalidad exclusiva engordar al capital. Y la respuesta es afirmativa, a condición de que la empresa no sea propiedad del capital sino de los trabajadores y de que no deba competir en un mercado que se rige exclusivamente por el beneficio sino que pueda desarrollarse en el marco de un sistema que tenga por objetivo el progreso de la colectividad como un todo.
 
En este planteamiento se han encontrado la Iglesia y el gobierno cubano. Este último ha visto en el humanismo cristiano una oportunidad para mantener las conquistas sociales al tiempo que favorece una liberalización distinta de la merienda de negros que receta el neoliberalismo.
 
Veremos qué papel jugará Trump en todo esto. De momento parece ser que, en el ámbito económico, pretende ponerle palos a las ruedas de este neoliberalismo que hubiera seguido imparable de haber ganado Clinton. A veces Dios escribe recto con renglones torcidos.  Y si todo acaba siendo demagogia puede que el pueblo no tenga más remedio que despertar.             


A qué nos podemos agarrar

Jueves, agosto 11th, 2016

A QUÉ NOS PODEMOS AGARRAR
Por Jordi Sapés

La obra del famoso filósofo Emmanuel Kant se divide en dos grandes partes, una teórica y otra práctica. En la teórica el filósofo niega que sea posible demostrar la existencia de Dios y en la práctica afirma que la dignidad del hombre reside en actuar de la manera más ejemplar posible, superando su inclinación al egoísmo. Pero al final, confiesa que no hay más remedio que suponer la existencia de otra vida porque en esta, la citada actitud ejemplar no recibe premio alguno.

Desde luego, no es muy agradable contemplar lo que está ocurriendo y constatar que va en sentido totalmente contrario a lo que nosotros defendemos: Lo que vence es la mentira, el egoísmo y la violencia; y además vence democráticamente; ni tan solo tenemos el consuelo de pensar que alguien nos lo impone. Es evidente que existe una admiración por la gente capaz de lucrarse personalmente con el dinero público, de utilizar la policía y la fiscalía para calumniar a los opositores políticos y de conectar con las emociones más bajas de la gente azuzándola en contra de los extranjeros o de los catalanes. La homofobia y el machismo continúan siendo la ideología imperante en los Institutos, ante la aparente dimisión o inoperancia de los profesores y las drogas se puede comprar en la esquina ante la inoperancia de la policía; al igual que las armas en EEUU ante la inoperancia de los legisladores. Y encima, la única oposición real a este estado de cosas parece ser el Estado Islámico dispuesto a castigar con la muerte, por sorpresa, a todos los infieles. Si pudieran, nos regarían a todos con gasolina y nos prenderían fuego con una cerilla.

Sólo falta que Donald Trump gane la presidencia de EEUU; esto parece estar alcanzando dimensiones apocalípticas, y da pábulo a toda clase de teorías de la conspiración, porque es lógico preguntarse si alguien maneja los hilos sembrando tanta impotencia y desorientación y despreciando las más elementales nociones del sentido común.

Pero en vez de leerlo como el fin de la especie humana lo podemos interpretar como una expresión del fin del sistema, como la fase previa a un punto de inflexión que ha de suponer un cambio radical en la humanidad. Quizá sea utópico pensar de esta manera pero, como dice Don Juan: el guerrero no cree en nada pero debe creer. Debemos creer en el ser humano porque no hay otra opción posible ni una mejor forma de existir. Esta es la otra vida que Kant buscaba después de la muerte; y el premio es mantener despierto nuestro espíritu, aquí y ahora, por encima de toda esta porquería mental y emocional.

Reflexiono en voz alta para llamar vuestra atención y abrir un poco de discusión al respecto: Defender la dignidad del ser humano ¿es incompatible con imponer la disciplina en los institutos, reprimir el gamberrismo y asegurar que en nuestras calles se respetan los derechos humanos? ¿Debemos admitir costumbres que conculcan libertades que hemos conquistado con la lucha de siglos? Si se prohíbe la ablación del clítoris, ¿por qué no se ha de prohibir el burka o sancionar que las mujeres anden por la calle tres pasos por detrás del marido? Si se prohíben las corridas de toros, ¿por qué no se han de prohibir los corre bous?

Lo que planteo con estas preguntas es la necesidad de un rearme moral que tenga una trascendencia social. No veo que tengamos que hacer dejación del orden y la responsabilidad social y permitir que sean movimientos reaccionarios lo que alcen esta bandera.

Tenéis que saber que el radicalismo islámico, que es un movimiento fascista, no nos ataca por ser cristianos, nos ataca con el argumento de que no creemos en nada. Este es el discurso que oyen los jóvenes de los barrios marginales por boca de los salafistas: no creen en nada, solo están interesados en hacer lo que les da la gana, no respetan nada: los hijos no respetan a sus padres, las mujeres no respetan a sus maridos, los alumnos no respetan a sus maestros; se están quedando sin alma. Así es como el fascismo cuestiona la libertad.

Pero claro, ¿libertad para qué? decía Lenin. Lo decía porque las libertades burguesas eran pura teoría para una mayoría de la población que ni tan solo alcanzaba a comer. Ahora tendremos que reformularnos la pregunta atendiendo a que la mayor parte de esta población ni tan solo alcanza a pensar. Y en algo debe haber influido que primero se haya quitado la religión de las escuelas, después la educación para la ciudadanía y ahora se pretenda eliminar la filosofía de los planes de estudio. Siempre en nombre de la libertad porque, claro, no debemos adoctrinar a los jóvenes; ya los adoctrinará el mercado a través de los anuncios de la televisión; o los salafistas.

Así que, para defender esta libertad, tenemos que dotarla de contenido: libertad para desarrollar el potencial, libertad y tiempo para vivir como seres espirituales que somos. Esto no implica ser creyentes de ninguna religión pero exige la conciencia de lo que somos y el compromiso de actuar, al servicio de la humanidad, de una manera acorde con esto que somos. Deberá ser, como decía Karl Rahner, una libertad ascética; que, para el creyente, implica una relación personal e inmediata con Dios, y para el no creyente un compromiso indestructible con el ser.

Sólo podremos agarrarnos al ser, así que vayámonos preparando y teniendo claro que deberemos asumir la responsabilidad de educar a nuestros hijos más allá de lo que se les exige en la escuela. No podemos continuar haciendo ver que no pasa nada porque, si no les ofrecemos algo de una calidad superior, se negarán simplemente a seguir. Y harán bien. 


Una extensión del Trabajo en nuestro entorno

Jueves, agosto 11th, 2016

UNA EXTENSIÓN DEL TRABAJO EN NUESTRO ENTORNO
Por Isabel Moya

Soy maestra de profesión y me siento muy contenta de poder compartir con vosotros una experiencia que llevé a cabo con alumnos de Ciclo Medio de Primaria (9-10 años) a lo largo de esos dos cursos. 

Siendo la tutora de un grupo de 25 alumnos, decidí buscar un espacio donde ellos pudieran expresarse, bien individualmente o bien en grupo, y esto les ayudara a desarrollar, tanto la conciencia de su individualidad, como su integración y cohesión en el grupo.

Para ello aprovechamos la sesión de tutoría de la que disponíamos el viernes a última hora y dedicamos entre 20 y 30 minutos de ésta a la nueva actividad. Habilitamos un espacio en el centro del aula (apartando mesas) en el cual cabíamos todos sentados en círculo, en el suelo. 

Podría decirse que las sesiones constaban de dos partes:

1-. Sentados en círculo nos preparábamos para finalizar la semana.

Primeramente se dedicaban unos 10 minutos a que los alumnos expresasen cómo sentían haber vivido la semana, prestando atención tanto a lo que decían haberles gustado, como a lo que no, intentando explicitar el porqué. 

La segunda parte (10 min) incidía más expresamente en experimentar y potenciar  la conciencia de sí mismos, utilizando las siguientes técnicas:

. La visualización. Los alumnos habían de tener presente "aquello" que deseaban y que les hubiera gustado muchísimo que pasara. Después, con los ojos cerrados, habían de imaginar y "vivir" este deseo ya cumplido.

. Observación de la respiración (centrarse en el instante presente) Se trata de observar el recorrido del aire entrando y saliendo del cuerpo. Habían de seguir este recorrido, prestando atención al movimiento que generaba en su cuerpo, haciéndose evidente el vínculo energía-cuerpo. Podíamos ayudarnos poniendo una mano en el pecho y la otra en el vientre y sentir este balanceo como de una "ola".

. Presencia de sí mismos (despertar). Se pidió a los alumnos que cada uno se colocara detrás de sí mismo,  de manera que pudieran tener presente su cuerpo, a la vez que su entorno y desde aquí observar la clase y sus compañeros. Era importante el comentario posterior de cómo se habían sentido en esta situación. 

Estos tres ejercicios se fueron alternando en las diferentes sesiones,  en función del tiempo disponible y del estado de atención y disponibilidad que captaba en los alumnos.

2-. Cerramos la clase y la semana:

Se trata del juego del "telégrafo". Nos cogíamos todos de las manos. Con los ojos cerrados, un alumno (por orden de lista) iniciaba la "señal" apretando la mano del compañero que tenía cogida. Éste, al sentirla, la pasaba al siguiente, hasta que volvía a llegar al primero, quién al decir "recibido" indicaba el final de la actividad. Todos, al oírla, se levantaban y se preparaban para marchar. 

Esta actividad les gustó tanto a los alumnos  que ellos mismos propusieron "abrir la semana" sistemáticamente los lunes a primera hora. Así, conforme iban llegando a clase, dejaban sus cosas y se sentaban en círculo. La actividad era la misma, sólo que la señal se iba pasando en sentido contrario. Es decir, se estipuló, por ejemplo, que al abrir se rota hacia la derecha y que al cerrar se rota hacia la izquierda. 

Como extra, (al acabar el trimestre), se sugirió a los alumnos que de pie y en círculo, comenzaran todos a rotar, parándose delante de cada uno de sus compañeros, para, una vez aquí, y de manera personalizada, les dijeran,  o bien una palabra que le quisieran regalar, o bien una cualidad  que les gustase especialmente de ellos y después se abrazasen.

Tengo que decir que la respuesta de los alumnos fue muy positiva. Llegada la hora los viernes por la tarde, acostumbraban a recordarme que ya tocaba sentarse en círculo y, como he comentado, los lunes a primera hora, lo hacían por iniciativa propia. 

Es de destacar que en las despedidas de trimestre, se respiraba, especialmente, un ambiente de cariño  y compañerismo. Los alumnos se abrazaban y,  sin ganas de marchar, sólo "tenían ojos" para todo lo bueno que compartían con sus compañeros. Este hecho lo destacaron también otros profesores que presenciaron el evento al pasar por la clase para despedirse. 

Se trata de un planteamiento sencillo con el que, de manera sistemáticamente, teníamos en cuenta  y dábamos importancia a nuestro ámbito interior.

Es, en definitiva, una muestra de cómo el Trabajo que realizamos se va reflejando inexorablemente en nuestro entorno inmediato, aunque hablemos a veces de pequeñas cosas que consideremos irrelevantes,  pero que están ahí, quedan y pueden ir dando buenos frutos.


Conciencia individual y conciencia colectiva

Jueves, agosto 11th, 2016

CONCIENCIA INDIVIDUAL Y CONCIENCIA COLECTIVA
Por Jordi Sapés

Estar despierto es ser consciente del potencial y actualizarlo en respuesta a los estímulos que nos ofrece nuestro entorno. Protagonizar la existencia es tomar conciencia de que esta es nuestra misión en este plano, así que no hace falta esperar que el exterior llame nuestra atención con sucesos especialmente notorios porque nosotros nos sentimos en todo momento participes y corresponsables de este entorno. De hecho en nuestra conciencia desaparece esta falsa distinción entre exterior e interior. 

Pero entonces se nos plantea el problema de los distintos ritmos con los que evolucionan el individuo y la sociedad; individualmente podemos progresar mucho más rápidamente que el colectivo y hay que procurar no olvidarlo si no queremos caer en el desánimo. Máxime cuando este colectivo se encuentra a todas luces paralizado, presa de un sistema económico y político que ha dejado de funcionar pero que todavía no cuenta con una clara alternativa y sigue moviéndose por pura inercia. 

En estos momentos asistimos a una pelea por las migajas: la inversión se retrae porque si antes el capital se llevaba 6 unidades de cada 10 producidas, ahora exige llevarse 8 y si no, no se arriesga. Se retrae porque antes, de las 6 que se llevaba, aceptaba devolver 2 a la colectividad en forma de impuestos y ahora no está dispuesto ni a devolver 1; y además exige que esta 1 se aplique al pago de la deuda que hemos contraído con él. ¿Cómo no vamos a contraer deudas con esta distribución del valor que producimos? ¿Cuántos años llevamos viviendo del préstamo porque es la única manera de fomentar el consumo y conseguir que el sistema siga funcionado? 

En los periodos de transición de un sistema a otro, la sociedad camina a un ritmo mucho más rápido al habitual, los líderes y los gobiernos actúan como una luz que despierta a los ciudadanos  y los anima a desarrollarse personalmente subiendo al carro del progreso social. Pero en estos momentos sucede todo lo contrario: los gobernantes preguntan a los ciudadanos lo que opinan mediante encuestas y defienden la opinión mayoritaria para que esta mayoría les vote de nuevo. Así que el mensaje que se difunde es un mensaje de sálvese quien pueda, el más retrógrado posible, aquel que presenta como enemigos de este reparto de migajas a los que el sistema ya ha marginado pero se resisten a desaparecer. 

Y todo está supuestamente amparado por la ley, como si las dictaduras no promulgaran leyes. Y se nos dice que son leyes democráticas, como si el nazismo no hubiera llegado al poder en Alemania por medio de elecciones democráticas. Aparte de que hay un poder que nadie ha votado y que se coloca por encima de cualquier gobierno elegido: la Comisión Europea. 

Este es el panorama que tenemos a nivel colectivo; un panorama oscuro en medio del cual la luz puede brillar especialmente. Y esta luz es la reivindicación de la dignidad del ser humano, en primer lugar de forma individual, en cada ser humano concreto y especialmente en todos aquellos que el sistema ha marginado. Los marginados son los que están desempeñando el papel más complicado en este llamamiento a la Humanidad para que recupere la conciencia de sí misma. Ellos nos dicen que toda ley que no contemple sus derechos es una ley injusta que debe ser denunciada.

Así que en las elecciones que se avecinan no penséis que vayáis a poder modificar nada a corto plazo con vuestro voto, pero procurad dar voz a lo que, por lo menos, intentan defender una sociedad verdaderamente humana en la que la existencia sea un derecho y el egoísmo una vergüenza. 


Acerca de la experiencia de la impersonalidad

Domingo, mayo 8th, 2016

ACERCA DE LA EXPERIENCIA DE IMPERSONALIDAD
Por Jordi Sapés de Lema

Una de las condiciones favorables para experimentar la impersonalidad es la conciencia de que la forma que nos sostiene tiene fecha de caducidad, lo cual, a cierta edad, no es difícil de apreciar. Tal evidencia facilita la desidentificación del cuerpo y del psiquismo, aunque los sigamos utilizando para movernos en este plano material. Claro que  además es preciso no caer en  la creencia popular en la reencarnación que utilizamos para  hacernos trampa e imaginar una muerte provisional. 

Esta aceptación de la muerte no es una negación de la trascendencia porque cuando nos hacemos conscientes del Ser esencial vemos que la personalidad es una expresión de este Ser. Así que, si hay una disolución en la nada, lo que va a desaparecer es esta personalidad, no el Ser. El Ser es Dios y Él no puede desaparecer porque está más allá de la existencia. Y está muy claro que nosotros no vamos a ocupar Su lugar.

En contrapartida, esta visión nos permite relativizar los ataques del personaje, si todavía aparece, y sacar el mejor partido posible de los contratiempos que sufre el yo experiencia. No hay que olvidar que, cuando estamos despiertos, las cosas suceden y punto, no perdemos el tiempo tachándolas de incomprensibles, injustas o crueles. Esto solo lo hace el personaje para justificar su cobardía y su inoperancia. Estar despierto es ver lo que hay; y existir desde el yo experiencia es responder a esto que hay con la inteligencia, el amor y la energía adecuados. Respuesta que no suele ser especialmente espectacular porque los tres potenciales combinados expresan la dosis de amor, energía e inteligencia que las circunstancias y personas que en ellas intervienen pueden absorber y asimilar. Así que, externamente, más que llamar la atención por lo que haces y dices, aportas una atmósfera de tranquilidad y ausencia de presión que actúa como un bálsamo al quitar tensión y negatividad.

Además, dejas de llamar la atención; estás ahí pero no luces el acostumbrado ego que reclama atención, admiración u obediencia. Y es que has abandonado toda perspectiva egocéntrica del mundo, no solo porque hayas dejado de ser egoísta, o muy servicial, sino porque ya no describes este mundo por lo que te pasa a ti. Lo que haces es considerarte a ti mismo, existencialmente, como algo que le pasa al mundo. Y pones el acento en aportar a este mundo tanto como puedes, procurando que sea de la mejor calidad posible. Propósito difícil cuando estás pendiente del retorno que vas a obtener.

Esta idea de ti como algo que le pasa al mundo te lleva a contemplarlo tal cual es y a sentirte parte de él, tanto en sus progresos como en sus déficits. Vivirte de forma impersonal te saca del pseudo-grupo de los buenos o elegidos y te convierte en una célula más del colectivo. Eso sí: consciente. Y esta conciencia te hace asumir toda la realidad y compadecerla, caminar con ella, sintiéndote parte de una especie que evoluciona, tanto en lo bueno como en lo malo. Te enorgulleces al ver la sanidad al servicio de los inmigrantes que han conseguido aposentarse entre nosotros y se te encoge el corazón cuando lees que confiscan sus pertenencias a los refugiados. Y miras el radicalismo islámico como la manifestación de una enfermedad colectiva que nos destruirá si no rescatamos nuestra propia espiritualidad del olvido y la proponemos como alternativa al consumismo y al hedonismo excluyente.

Desde esta perspectiva, habiendo asumido que el amor es la conciencia de pertenecer al todo, la salvación personal carece de sentido. Hemos de rechazar esta preocupación exclusiva por nosotros mismos, supuestamente espiritual, porque no es más que una sublimación del egoísmo ordinario. Si publicas en facebook que todos somos dioses recibes montones de adhesiones pero cuando hablas de amar a los enemigos sólo les gusta a cuatro gatos. Así que está bien claro hacia donde tenemos que esforzarnos. 

 


Amar a nuestros enemigos

Domingo, mayo 8th, 2016

AMAR A NUESTROS ENEMIGOS
por Jordi Sapés

Somos un potencial infinito de inteligencia, amor y energía capaces de vivir en unidad con el Todo, gozando de la maravilla de la creación, de su multiplicidad, de su fertilidad, de las posibles y diferentes maneras de expresarnos que esta realidad nos proporciona. A diferencia del resto de seres que comparte con nosotros este plano terrenal, tenemos una conciencia que nos permite actualizar nuestras capacidades de una forma personal, voluntariamente decidida por nosotros mismos, es decir, ser los protagonistas de nuestra existencia.

¿Y qué hemos hecho con todo esto? De una forma figurada podríamos decir que lo hemos cogido y lo hemos metido dentro de un cuerpo limitado y de una mente estrecha. Es como si el genio de la lámpara se hubiera metido voluntariamente dentro de ella y pretendiera la admiración de todos sin conceder ningún deseo: ahí quedaría, olvidado por todos y aprisionado en la lámpara.

Nosotros hacemos algo parecido: el universo es inmenso y desconocido en su mayor parte, estamos justo empezando a entenderlo y  a ser capaces de utilizar este conocimiento para manejarnos en él con cierta soltura. Asimismo estamos empezando a conocernos a nivel de especie y a comprender la necesidad de aprovechar y unificar nuestros esfuerzos para proporcionarnos una vida digna en la que todos y cada uno pueda ejercitar su creatividad y reforzar la presencia de la luz y el amor en nuestra expresión vital.

Pero seguimos empeñados en brillar de una manera personal, en destacar por encima de los demás cómo sea, si conviene como mártires de alguna causa. Y con tal de sobresalir, dado que nuestras posibilidades a nivel personal son muy limitadas, nos dedicamos a devaluar al otro, a denunciarlo, a cuestionarlo. Así, de esta manera tan estúpida, acabamos por convertir nuestra realidad en un infierno. Y cuanto más queremos arreglarlo, más lo estropeamos.

Hay gente que se reúne con el propósito de aunar esfuerzos y superar esta situación, pero lo primero que hacen es trasladar su problema personal al grupo y definirse en tanto que oposición a otro grupo; así que la estupidez personal se hace colectiva y se magnifica. Los asuntos colectivos se trasforman en agravios y las alternativas se presentan a sí mismas como el mejor banderín de enganche para satisfacer las emociones negativas que previamente han sembrado. Y a eso lo llaman democracia, gobierno del pueblo.

Si estuviera en mis manos los haría callar a todos, derogaría todas las leyes y establecería un código universal que penalizara exclusivamente la falta de respeto por el otro. Todo lo demás estaría permitido. Como decía San Agustín: ama y haz lo que quieras. Y es urgente que reflexionemos acerca de la conveniencia de amar a nuestros enemigos porque estamos derivando hacia una situación en la que vamos a estar rodeados de enemigos por todas partes. Ya sabemos que nosotros siempre estamos en el lado de los buenos, pero el enemigo no nos lo va a tener en consideración.

Si nuestra manera de ver la realidad excluye al otro tendremos que modificarla y si la manera de ver del otro nos excluye a nosotros, deberemos pedirle que la modifique. Cualquier forma de entender la realidad que no incorpore a la totalidad es por definición incorrecta. Como especie inteligente, solidaria y práctica hemos de ser capaces de organizar el mundo de manera que todo el mundo se sienta reconocido: cómo  individuo, cómo pueblo o cómo comunidad de cultura y de creencias. Y esto es imposible de conseguir si no nos interesamos por el otro y no hacemos un esfuerzo para explicarnos al otro. Ya no podemos pretender que nos dejen tranquilos: no podremos estar tranquilos mientras alguien esté sufriendo; el amor se hará indispensable porque el egoísmo se volverá contra nosotros mismos.

Este debe ser el modo como Dios nos está ayudando.  


Escuchar la llamada

Domingo, mayo 8th, 2016

ESCUCHAR LA LLAMADA
por Olga Godia

Mi vida está impregnada de cierta inquietud espiritual desde bien pequeña. No entendía muy bien el mundo externo de los mayores, y hallé un lugar seguro dentro de mí, donde había silencio y paz. Así lo vivía entonces.

En un momento de mi vida, surgió la llamada, esa llamada interior que te dice hacia qué dirección ir, y pasé muchos años, como muchos de nosotros, buscando, y me adentré en el Trabajo de la autorrealización. Fruto de este Trabajo, apareció una llamada hacia la plenitud y no la escuché, porque puse mil excusas para no aceptarla; que no estaba preparada, que no era el momento, que no tenía tiempo ni dinero. Era algo que requería esfuerzo, cambiar prioridades, algún sacrificio y el miedo estaba cargado de dudas, quejas, excusas y críticas. Mi miedo era confundirme, porque combinar enriquece, pero en exceso puede hacer que nos perdamos, hay que estar alerta con tanta oferta, que supuestamente te lleva a la plenitud; talleres, seminarios, cursos, terapias y que muchas veces lo que hace es confundirnos.

La vida se encargó de ir recordándomelo en diversos momentos mientras me dedicaba a hacer otras cosas que también formaban parte del camino, durante un par de años, hasta que ya no pude hacerme la sorda, la llamada sonaba repetidamente fuerte y tuve que sentarme en calma, escuchar, y habitar una profundidad infinita en mí, cuando pienso en ello no puedo evitar respirar hondo, “ensancharme”,  ya que aunque mi cuerpo me marca unos límites claros, estoy en contacto con algo que supera aquello que puedo ver, abarcar y sentir. Se trata de Escuchar, Aceptar y Entregarse. Y lo pongo en mayúsculas porque es algo grande, es una fuerza que te lleva, que actúa, que tiene las riendas en sus manos y que configura sentido y riqueza a nuestra vida.

Que nos atrevamos a hacer algo nuevo en nuestra vida, que traspasemos límites, que hagamos de nuestra vida algo estimulante y vivo, sólo depende de nosotros, de conectar con nuestro Ser. 


La realidad actual. Algunos hechos y una alternativa

Lunes, febrero 8th, 2016

LA REALIDAD ACTUAL. ALGUNOS HECHOS Y UNA ALTERNATIVA
Por Jordi Sapés

Noticias del pasado martes 26 de enero de 2016: Dinamarca requisará todos los bienes que obren en poder de los refugiados y superen un valor de 1400 euros. Suecia se propone devolver a sus países de origen 80.000 refugiados que no han obtenido el permiso de residencia, pero no saben cómo hacerlo, así que lo más probable es que esta gente se quede deambulando por el país y se conviertan en ilegales. Lógicamente los “ilegales” solo pueden vivir haciendo cosas ilegales, como es el caso de los top-manta: el propio hecho de declararlos ilegales impide cualquier solución de cualquier gobierno, nacional, autonómico o local. 

El Fondo Monetario Internacional declara que estos refugiados pueden ser a medio plazo un factor de desarrollo de unos países cuya tasa de natalidad disminuye, de manera que cada vez hay menos jóvenes para sufragar las pensiones de los mayores. Pero la gente es incapaz de pensar en el medio plazo, ni tan solo ven lo que tienen delante de los ojos; no soportan nada que les moleste o implique alguna dificultad. Después de haber escuchado reiteradamente que estaban viviendo por encima de sus posibilidades está claro que no pueden atender a toda la gente que, de pronto, llaman a su puerta.

En nuestro país el gobierno se muestra satisfecho porque ha terminado el año con sólo 4.700.000 parados. De los cuales el 50 por ciento carece de subsidio porque llevan más de dos años en paro. Hay un millón y medio de familias que tienen sin trabajo a todos sus miembros.  Pero tenemos que ser buenos y no protestar si queremos que esto se arregle con el desarrollo de la economía. Porque la economía crece; y si no que se lo pregunten a estas 62 personas cuya riqueza equivale a la de la mitad de la población mundial más pobre: unos 3.500 millones de personas. 

Gracias a Dios, los pobres se pueden distraer con el fútbol; en este caso la Copa del Rey. Y para colaborar en la distracción, un locutor de un programa deportivo de 13TV, nos recuerda que a la final del pasado año, que jugaron el Barcelona FC y el Athlectic Club de Bilbao, asistieron al partido aproximadamente unos 80.000 cerdos.  Sí, no es ningún error: ha dicho cerdos. Y supongo que se retenía porque estaba muy indignado. No pasa nada: es la libertad de expresión. La semana anterior en el transcurso de un partido, los aficionados locales exhibieron una pancarta que trataba de puta a la mujer de un jugador del equipo rival y el organismo encargado de la disciplina deportiva les ha puesto una multa de 4 mil euros. Multa que seguramente será recurrida porque conculca la libertad de expresión. 

A todas estas, cada vez son más las familias que se enfrentan a una rebeldía absoluta de sus hijos. Se quejaba una madre en el periódico de que su hijo no hacía caso ni a la policía. Es lógico, ¿no?, ¿por qué tienen que ser nuestros hijos los únicos que se porten bien?, ¿qué sentido tiene portarse bien en un mundo así?

Frente a esta situación, a veces es difícil continuar afirmando que todo está hecho de inteligencia, amor y energía. Cuesta no recordar el episodio de la expulsión de los mercaderes del Templo y pedir a Dios que baje a repartir unas cuantas bofetadas. Pero ahí te das cuenta de que para eso ya nos bastamos nosotros, aunque parece que no acabemos de reaccionar.

El papel que juega Dios nos lo recuerda el Papa Francisco en el libro que acaba de publicar y que se titula: El nombre de Dios es Misericordia. Este libro no nos invita a añadirnos a la pelea sino a resaltar lo que continúa siendo propio del ser humano a pesar de tanta confusión: la capacidad de ver lo que sucede, de ser solidarios con los desamparados y de luchar por un mundo mejor. Esto es algo que podemos hacer de forma personal y que nos resulta muy útil para nuestro crecimiento y desarrollo espiritual. Fijaros en estas personas que renuncian a las comodidades mecánicas para colaborar en la educación y la sanidad de los países del tercer mundo: antes lo llamábamos “misiones” pero ahora, tal como van las cosas, las misiones las tendremos que hacer aquí porque los pobres se han cansado de pasarlo mal y esperar que vayamos a ayudarlos y vienen ellos mismos a buscar la ayuda. 

Los que tenéis hijos en edad de ser educados, no podéis confiar en el sistema para que lo haga porque el sistema se está desmoronando a marchas forzadas; carece de valores y de autoridad para formar unas mentes al  servicio de la humanidad y solo es capaz de crear consumidores frustrados y enchufados a Internet. Así que deberéis nadar contra corriente y desarrollar una escuela paralela en la que se imparta todo lo que pretenden sacar de circulación: música, filosofía y religión.

Sí también religión, porque ya hemos podido comprobar que, espontáneamente, los niños no se preocupan por lo Superior si nadie les ha hablado previamente de ello. Esta idea de que cuando fueran mayores se interesarían por lo Superior se ha demostrado errónea. Otra cosa es que tengamos que mandarlos a las catequesis que organiza el obispado. 

En fin, que no nos faltará trabajo ni ocasiones para ejercitar la misericordia.


Dificultades para superar la mecanicidad

Martes, enero 5th, 2016

DIFICULTADES PARA SUPERAR LA MECANICIDAD
Por Jordi Sapés

El reparto de escaños resultante de las últimas elecciones, tanto las catalanas como las españolas, nos coloca ante una situación muy interesante en tanto que rompe la mecanicidad.En las catalanas ganan los que son explícitamente independentistas en escaños pero no en votos; sin embargo, la naturaleza política tan dispar de las dos fuerzas independentistas que suman mayoría en el parlamento catalán impide alcanzar un acuerdo que permita formar gobierno.  

Y lo mismo sucede en el parlamento español, fragmentado de tal manera que impide alcanzar acuerdos estables entre diferentes partidos. En ambos casos el desacuerdo incluye diferencias de planteamientos en políticas sociales y territoriales: cuando están de acuerdo en la política social discrepan en la territorial y viceversa. 

Lo curioso es la respuesta que se produce a esta situación de desequilibrio: en la práctica se intenta negar la realidad y hacer como si no pasara nada: el PP pretende que los partidos “constitucionales” le permitan seguir gobernando y aplicando una política que la mayoría de la población rechaza; y el Sr. Mas pretende que las CUP hagan lo mismo: que le voten como presidente de la Generalitat y le dejen continuar con su hoja de ruta.

Esta petición se basa en dos clases de argumentos aparentemente contrarios: en el ámbito español asegurar la estabilidad que necesitan los mercados y en el catalán seguir con el proceso que ha de conducirnos a la independencia. Estos argumentos parecen ignorarse mutuamente pero, en realidad,  cada uno intenta esconder su flanco débil, que justamente representa la otra parte: la estabilidad económica no sería posible en la España actual si Cataluña consiguiera independizarse; y no hay posible independencia de Cataluña sin una base social mucho más amplia que haga compatible este proceso con la seguridad jurídica y económica de la población.

Paradójicamente, las fuerzas políticas que señalan estos flancos débiles y proponen simplemente que se reconozcan y traten de una forma consciente, son tachadas de inmorales y de irracionales. Inmorales por tener la osadía de cuestionar los sacrosantos valores de la unidad y la prima de riesgo e irracionales por no estar dispuestos a cambiar de opinión las veces que haga falta a cambio de alguna prebenda.

Así que en el ámbito público sucede lo mismo que en el privado: la inercia de lo habitual intenta ahogar todo cambio real calificando de utópico, absurdo y obstaculizador justamente aquello que está señalando el camino. En el ámbito social  el respeto por las personas y los pueblos y en el ámbito personal el respeto por nuestra naturaleza esencial.

No obstante podemos ser optimistas porque, pasado un determinado punto, lo acostumbrado ya no se puede contemplar como solución y las cuestiones que están sin atender ya no van a desaparecer de la escena política o de la conciencia individual. Así que nosotros, que podemos conjugar ambos aspectos de la realidad en tanto que lo superior trasciende lo individual, tenemos la posibilidad de jugar un papel de catalizador en este cambio evolutivo que se ha iniciado.