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A la Espiritualidad desde la Razón

Miércoles, diciembre 7th, 2016

A LA ESPIRITUALIDAD DESDE LA RAZÓN
Publicado por Jordi Sapés

Nadie discute la importancia que ha tenido el pensamiento racional y el desarrollo de la ciencia en la evolución de la humanidad. Otra cosa es que podamos seguir manteniendo la idea de que estos factores, por sí solos, nos conducirán al incremento de la conciencia y a la felicidad. 

Desde la Revolución Francesa el pensamiento filosófico no solo se había considerado capaz de explicar todos los fenómenos sociales sino que presentaba los periodos turbulentos de la historia como una transición entre un nivel de desarrollo agotado y otro superior.

Algunos autores reflejaban en su obra una cierta angustia, producto de una sensación de vacío interior, pero sus argumentos se consideraban ajenos a las preocupaciones de la gente normal que se dedicaba  a prosperar económicamente y a proporcionar educación a sus hijos para que pudieran continuar prosperando.

Pero esta imagen de una humanidad caminando hacia el bienestar y la felicidad cayó estrepitosamente el día en que los aliados entraron en Auschwitz. Los campos de concentración de la Alemania nazi desvelaron un exterminio masivo de seres humanos que no solo se había realizado con métodos y criterios industriales sino que incluso reciclaba los restos humanos que se podían aprovechar. Claro, a esto no se le podía llamar “progreso”, ni se podía explicar racionalmente; así que no se explicó: nos limitamos a quedarnos horrorizados y a gritar muy alto que no volvería a suceder.

La ideología del progreso y la evolución social persistió unos años más en los países del Este mientras Occidente se dedicaba a reemplazar el pensamiento por la técnica; pero ambos modelos acabaron apostando por la automatización y la burocracia y la carrera armamentista inclinó la balanza a favor de la parte tecnológicamente más avanzada. Así acabó derrotada de un modo definitivo la idea de que la humanidad podía avanzar apoyándose en el trabajo y el esfuerzo colectivo. Algunos se sintieron muy satisfechos por la caída de una ideología que apoyaba el ateísmo sin advertir que con ella desaparecía también el humanismo. Porque el desarrollo económico como único objetivo pasó a convertir al individuo en un engranaje más de la tecnocracia económica.

Las personas y sus problemas han dejado de importar, lo único relevante es el crecimiento en términos globales; el desarrollo de la conciencia ha dejado paso al consumismo y la publicidad ha reemplazado a las ideas. Y todo esto a costa del sufrimiento de miles de personas que continúan llevando una vida llena de privaciones y humillaciones. Inicialmente esta gente estaba situada en los llamados países del tercer mundo y nos permitíamos el lujo de ignorarla, pero a estas masas que se agolpan desesperadas en nuestras fronteras se añade cada vez más gente de nuestro propio entorno. La técnica no necesita al hombre, va dejando gente en la cuneta, sin medios de subsistencia o con salarios cada vez más bajos; para el sistema, que haya tanta gente y viva cada vez más tiempo representa un problema.

Y aquello que no tenía que volver a pasar, Auschwitz, se está reproduciendo en las aguas del Mediterráneo y en las vallas que se levantan en las fronteras de los países desarrollados. Ahora dejamos que los marginados se ahoguen en el mar y nos encerramos a nosotros mismos detrás de estas vallas; pretendemos así desentendernos de los que están sufriendo: que no nos molesten, que no alteren el sopor profundo en el que hemos caído.

Este fracaso de la técnica ha provocado que algunos se vuelvan de nuevo hacia la espiritualidad pero es una espiritualidad que hace las veces de refugio personal y promueve una huida hacia dentro. De hecho intenta mantener la utopía trasladándola del terreno material al metafísico, hablando de un Ser que está fuera del mundo o de un potencial que enaltece al individuo con independencia de cómo lo utilice; incluso en el caso de que no lo utilice. Es una forma de soñar despierto que al sistema ya le va bien, porque no se entromete en la vida ordinaria ni se preocupa por el colectivo. 

Claro que esta clase de espiritualidad es preferible al fundamentalismo religioso que reparte condenas por doquier o se propone lisa y llanamente destruir, a base de bombazos, una sociedad que considera degenerada. Lo cierto es que, en estos momentos, el único horizonte que contempla buena parte de la población mundial es la precariedad o la ruina total; y no es de extrañar que algunos decidan llevarse por delante a unos cuantos representantes de este sistema que los está desahuciando. La religión tiene poco o nada que ver con esto pero, en determinados ambientes, reemplaza las alternativas de orientación marxista que habían despertado cierta ilusión y esperanza. Su fracaso ha dado paso al nihilismo más absoluto.

Hace pocos meses, en una manifestación de este nihilismo, un yihadista asesinó en Francia a un sacerdote anciano; pero el Papa Francisco no solo se negó a relacionar el Islam con la violencia sino que dijo: “Sé que es peligroso decir esto pero el terrorismo crece cuando no hay otra opción y cuando el dinero se transforma en un dios que, en lugar de la persona, es puesto en el centro de la economía mundial. Esa es la primera forma de terrorismo. Ese es un terrorismo básico en contra de toda la humanidad”.

Muchos consideran a este Papa un accidente, una excepción que no va a tener continuidad. Nosotros pensamos que en el seno de la Iglesia ha aparecido una luz que tenemos que cuidar, acompañar y reforzar. Porque este Papa se limita a decir en voz alta lo que predica el Evangelio; así que, si al final resulta ser una excepción, es que el problema es muy gordo.

Recordemos qué dice el Evangelio:

“Entonces dirá a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y él les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’.”

Nuestro planteamiento resalta la doble naturaleza del hombre: esencial y existencial. La esencia nos hace a todos lo mismo y la existencia nos hace a cada uno distinto. Si no fuéramos iguales, no nos entenderíamos ni podríamos trabajar juntos de cara al futuro; pero si no fuéramos distintos tampoco tendríamos nada que decirnos. Así que ser uno mismo implica tener algo que decir, en vez de seguirle la corriente al sistema; y cuando un ser humano tiene algo que decir y se sale del guión establecido sus actos resultan impredecibles. En esto reside la esperanza de superar esta situación actual de bloqueo y regresión que estamos padeciendo.

No estamos en contra del progreso científico-técnico ni de la experiencia mística capaz de proporcionar una felicidad imposible de vivir en este plano material, pero si “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” fue para enseñarnos a atender a las personas concretas que tenemos al lado, aunque sea con un amor más pequeño, menos espectacular. Porque cada ser humano concreto, representa en su realidad personal toda la esencia que es y toda la exclusividad con la que existe. ¿Y dónde hemos encontrado siempre indicaciones en este sentido?, en las palabras de Jesús en el Evangelio.


Asamblea y nueva junta de ADCA

Miércoles, diciembre 7th, 2016

ASAMBLEA Y NUEVA JUNTA DE ADCA
Por Imanol Cueto

Este 16 de octubre pasado ocurrió un hecho muy destacable para toda la familia ADCA, la renovación de la junta directiva de la asociación, y para dicho acto no se podía haber elegido un mejor lugar que el monasterio de Santa María la Real de Oseira donde la comunión entre todos los asistentes era el sentir reinante, esto hizo que desde ese espacio común todo sucediera de una forma absolutamente sencilla y natural.

Nosotros como nueva junta directiva de ADCA quisiéramos mostrar nuestro más profundo y sincero agradecimiento a las personas que pusieron en funcionamiento la asociación.

Por su gestión y tesón a la hora de ir superando todas las dificultades que conlleva crear algo nuevo, nos consta que esto ha supuesto un gran trabajo y esfuerzo al cual, nosotros como junta elegida queremos ante todorespetar, salvaguardar y darle la continuidad, persistencia y creatividad que se merece. Gracias a todos!

Por otro lado nuestras pretensiones están encaminadas a seguir cuidando y propiciando el crecimiento de esta asociación creada en su día como un espacio de encuentro en el cual todas las personas afines al Trabajo podamos tener la oportunidad de interactuar entre nosotros. Creemos que actualmente la participación de los socios no es todo lo satisfactoria que debiera y nuestro compromiso, aparte de ocuparnos de las labores logísticas y divulgativas de la asociación, se va a centrar en estimular dicha participación para hacer de ADCA un ámbito vivo donde todos podamos expresar nuestras inquietudes, a la vez de servir de marco propicio para la evolución como colectivo dentro del cual compartimos un mismo objetivo común, el desarrollo de la conciencia y la autorrealización. Esta incentivación a la participación será nuestra seña de identidad, nuestro Leitmotiv, para ello hemos recogido diferentes proyectos e ideas nuevas que pretendemos enriquezcan y colaboren en dicha función. Todo esto siguiendo las directrices que Blay nos legó y auspiciados bajo el método de Trabajo creado por Jordi Sapés y Mª Pilar de Moreta.

De izquierda a derecha y de arriba abajo, los miembros de la nueva junta de ADCA: Laura López, Miquel Cazaña, Pilar Lainez, Imanol Cueto, Marga Martín, Pepe Caro, Ana Balado, Georgina Salas y Jaume Arasa.


Hemos creído oportuno organizarnos en cinco grupos de trabajo intercomunicados entre si y que sistematizan de una manera más ordenada y concreta la hoja de ruta que pretendemos ir trabajando a lo largo de estos años, aunque evidentemente esto no es óbice para que puedan ir surgiendo asuntos nuevos que atenderemos adecuadamente y comunicaremos bajo el procedimiento adecuado al resto de los socios. Dichos grupos de trabajo son los siguientes:


- Primer congreso ADCA “Antonio Blay”
- Financiación y búsqueda de patrocinadores
- Rediseño página Web e incentivación participación socios
- Comunicación audiovisual
- Comunicación con terceros

Por último queremos resaltar que los primeros contactos entre nosotros han sido muy gratos, llenos de una granilusión y motivación, destacando desde el primer momento la participación de todos los miembros de la junta. Es este trabajo grupal y en equipo, el que queremos hacer extensible a todos los socios que quieran colaborar, con cualquier tipo de idea o proyecto, que persiga los objetivos antes descritos.

De manera que desde aquí lanzamos una invitación a colaborar con ADCA para que entre todos continuemos ampliando y actualizando nuestro potencial Esencial individual y colectivo.


Acerca de los propósitos de la existencia

Miércoles, diciembre 7th, 2016

ACERCA DE LOS PROPÓSITOS DE LA EXISTENCIA
Publicado por Jordi Sapés

En uno de los textos preparatorios del Retiro de Oseira nos planteamos la cuestión de los propósitos en la existencia, entendiendo por tales la decisión consciente de intervenir en nuestra realidad concreta con unos determinados objetivos. No se trata por tanto de deseos o ilusiones sino de actos; actos, claro está, dirigidos a una finalidad que consideramos deseable. Así que el propósito exige la actualización de las tres capacidades que somos: imaginar la situación futura y el camino para alcanzarla  (inteligencia), desearla lo suficiente (amor) y hacer lo necesario para materializarla. Este último punto: realizarlos, es lo que convierte a los deseos en propósitos. 

Fijaros que el personaje tiene muchas ilusiones y pocos propósitos; en la mayoría de los casos porque considera que no se los puede permitir. Cuando nuestros esfuerzos apenas nos bastan para sobrevivir, si tenemos la sensación de tener que defendernos de las presiones del exterior o de no poder cumplir nuestros compromisos de una forma mínimamente aceptable, no nos vamos a plantear encima nuevos objetivos. Como máximo, lo que haremos será soñar acerca de cosas que nos gustaría llevar a cabo el día que nuestra realidad sea diferente y no los permita. Pero esto no llega nunca, porque no está en nuestras manos modificar las circunstancias de una forma radical. 

Así que los propósitos se han de referir a nuestro mundo habitual, a la realidad que estamos manejando, tal cual es. Simplemente se trata de que yo acepte actuar conscientemente en ella, en lo que de mi depende, en vez de sentirme totalmente determinado y condicionado por ella. Siempre hay algo que puedo hacer; aplazar mi protagonismo para cuando las cosas sean diferentes, equivale a dimitir de la existencia; porque, a lo mejor, cuando sean diferentes yo no estaré allí para participar en ellas.   

Es indispensable visualizar hacia dónde queremos ir, pero partiendo del lugar en el que nos encontramos y de la realidad que vivimos. Porque esta realidad, lejos de ser un impedimento insalvable, posee un potencial de desarrollo que podemos catalizar con nuestra acción. El objetivo final, lo que yo estoy intuyendo como posibilidad futura, puede ser algo muy grande, pero este objetivo empieza a materializarse el día en que damos el primer paso: haciendo, no soñando.

Desde la perspectiva del Trabajo, la cuestión no es cómo nos va la vida sino cómo le vamos nosotros a la Vida. Dicho de otra manera: ¿estamos aprovechando el potencial que somos para desarrollar nuestro yo experiencia e intervenir de un modo positivo en nuestro ámbito existencial? Positivo viene aquí de poner: poner la inteligencia el amor y la energía que somos en todo aquello en que hacemos.  Lógicamente esto supone ser conscientes de lo que somos; supone estar despiertos y no utilizar el personaje como coartada para el abstencionismo. 

El personaje va a intentar disuadirnos de entrada porque está muy preocupado por sostener y mantener lo poco que tiene y desconfía profundamente de nuestras capacidades.  Lo que intenta incrementar es nuestro temor al fracaso, para conseguir que nos echemos atrás y nos refugiemos en lo que ya tenemos, aunque nos parezca pobre y limitado. Y cuando  conseguimos superar sus reticencias y ponernos en marcha, aprovecha todas las dificultades que lógicamente se nos plantean para desanimarnos y conseguir que arrojemos la toalla. Cuanta más dimensión tenga el proyecto más dificultades se presentarán al principio; así que, en los primeros pasos, es básico resistir al desánimo. Y constatar que estas dificultades se superan proporciona casi tanta satisfacción como haber alcanzado el objetivo final.

Digo “casi” porque el objetivo final es la autorrealización y esto todavía no lo hemos experimentado; pero un poco realizados sí que nos sentimos los socios fundadores de ADCA por el hecho de poder pasar los trastos a una nueva Junta.

Recordad que ADCA pretende ser un ámbito de comunicación y solidaridad para los que estamos en el Trabajo, así que puede ser un lugar adecuado para materializar el pequeño gran propósito de contribuir a la extensión y consolidación del Trabajo.         


Medios para educar nuestra actitud en la vida

Miércoles, diciembre 7th, 2016

MEDIOS PARA EDUCAR NUESTRA ACTITUD EN LA VIDA
Textos de Antonio Blay

Otro aspecto de la expresión es que nos educa para nuestra verdadera actitud en la vida. Nuestra vida se compone de una interacción constante con el medio ambiente a nivel físico, afectivo, mental, espiritual. Esta vida está exigiendo que nosotros respondamos, que nosotros actuemos y, al mismo tiempo, que nosotros aceptemos, admitamos algo exterior. En esta dialéctica constante que constituye nuestra existencia, el secreto está en que yo aprenda a vivir poniendo todo en acción, todo lo que en mi interior tiene realidad, todo lo que en mi interior tiene valor, significación.

Todo lo que yo tengo lo tengo para darlo, todo lo que tengo lo tengo porque me ha sido dado, y me ha sido dado para que yo, a mi vez, lo entregue. Todo lo que tengo no soy yo. Sólo cuando entregue lo que tengo seré yo. Cuanto más aprenda a entregar todo lo que tengo, más rápidamente yo recuperaré mi identidad. Lo que yo tengo no me pertenece; lo que yo tengo pertenece en todo momento a la vida, pertenece al todo, a la humanidad. Cuando yo entrego algo no hago otra cosa que restituir las cosas a su sitio, de la misma manera que un día habré de entregar la materia que forma mi cuerpo para que se reintegre con el campo de fuerzas materiales que hay en la tierra. Exactamente igual, todo mi campo de energías afectivas y mentales pertenecen a un campo universal de energías afectivas y mentales. Es a causa de una idea de identificación, de una apropiación indebida, que yo creo que yo soy eso que tengo. Esto que tengo nunca ha sido mío; ahora bien, es gracias a eso que se produce en mí esa evolución, ese ciclo, por lo que yo puedo adquirir conciencia en mi personalidad de la identidad que ya estoy siendo mi centro. Mi Yo no necesita ninguna evolución, mi Yo no necesita ninguna iluminación, ninguna realización. Lo que yo llamo realización no es otra cosa que la toma de conciencia de esa Identidad Central en lo que es ahora el mecanismo de mi mente consciente. Y esta realización existencial, esta realización en el tiempo, es un acto profundamente social, porque es producir un descenso de unas energías superiores a un nivel de mi conciencia personal; y, como mi conciencia personal forma parte de la conciencia de la humanidad, como es una parte en el plano de la mente en la tierra y en el plano afectivo de la humanidad, entonces esta energía superior que se manifiesta a través de mí permite iluminar, impulsar, elevar la vibración de esa conciencia humana en general y de ese plano mental o afectivo o físico, en particular. Es una colaboración a la verdadera redención de la conciencia elemental. Es una ayuda para que ascienda más y más la conciencia de lo que existe. Este ascenso se facilita cuando en mí se produce esa toma de conciencia que llamamos Realización Espiritual.

Cuando yo entrego todo lo que hay en mí, todo lo que hay en mi dinámica de la existencia cotidiana, lo que hago es devolver lo mismo que he recibido, pero lo devuelvo transformado, fecundado por el proceso que ha seguido en mi propia conciencia. Esa es mi función: servir de transformador, para que una energía superior pueda expresarse a un nivel inferior, gracias a lo cual ese nivel inferior puede ascender. Esa es la función del trabajo espiritual. Mi yo no necesita ninguna liberación; el yo es ya algo liberado. Es mi ilusión la que necesita liberarse, es mi engaño, mi identificación. Pero en la Realización no se produce ningún cambio substancial. En la Realización simplemente descubro lo que yo he sido siempre. Por lo tanto, hemos de ver la expresión como un medio gracias al cual yo entrego, yo ayudo, yo doy, yo sirvo a los demás. Cada situación de contacto es una demanda para que yo haga esta respuesta total. Tan sólo es mi temor, mi ignorancia, mi pequeña mente, lo que me hace defender, retener cosas en mi interior. En cada instante he de dar lo mejor de mí, y darlo del todo. No es reteniendo cosas que yo me haré fuerte; es dando lo mejor de mí que yo descubriré esta realidad.

 

Texto extraído del libro de Antonio Blay: “Caminos de Autorrealización. Tomo III – La integración con la realidad exterior”. Ediciones Cedel – Año 1982


Un hito en la asociación

Miércoles, diciembre 7th, 2016

UN HITO EN LA ASOCIACIÓN
Publicado por Jordi Calm

El día 16 de este mes va a celebrarse la Asamblea Anual de ADCA. No será una Asamblea cualquiera ya que, en ella, la Junta actual, de la que formo parte, traspasará la responsabilidad que hasta ahora ha tenido en la gestión de los quehaceres diarios de ADCA.

Sin querer entrar en mayores recuerdos en cuanto a los inicios, a las personas que colaboraron con su esfuerzo y que ahora ya no están, y a la propia labor realizada por las personas que pasamos el relevo, si creo que puede ser interesante comentar algunos aspectos sobre lo que ADCA, como asociación, pretendió y pretende representar.

Por una parte, ADCA ha pretendido ser un lugar de encuentro, un entorno que facilita espacio, información útil y, por qué no, también un poco de acogida a todas aquellas personas que, de una manera u otra, sienten una demanda de trabajo interior, de autodescubrimiento y de realización. Porque este camino, de entrada ilusionante, a veces deviene también arduo, y los paisajes floridos y coloristas que encontramos en algunos libros, o exposiciones, pierden en algunos momentos su brillo inicial, dando paso incluso a una cierta aridez no exenta a veces de un sentimiento de soledad. En este sentido, que haya un lugar en el que, además de un material permanente, se pueda encontrar periódicamente, nuevos materiales puedan comentar con independencia de la relación que se tenga con el Trabajo, puede insuflar, además de forma regular impulso y vida, a todas aquellas personas que, buscan sentido y orientación a su vida. 

Además,  la asociación permite divulgar, y asentar, una línea determinada de Trabajo que, en verdad, no es sino el fruto de un esfuerzo ingente que inició Antonio Blay al día siguiente de su experiencia mística a los 18 años de edad, y que han continuado Jordi Sapés y Pilar de Moreta con un trabajo intelectual y al tiempo práctico y orientado a la vida cotidiana de las personas. Este trabajo, como los buenos vinos, ha ido tomando forma y vida con el paso de los años y, con el nacimiento de ADCA, se ha podido mostrar en internet, y por tanto, al mundo, en toda su profundidad, rigor y extensión. Sin duda se han sentado unas bases que ahora otras personas podrán recoger, ampliar y expandir, con la misma o mayor ilusión, capacidad y entrega de la que ha hecho gala la Junta actual.

Porque este doble aspecto de casa común, divulgación y asentamiento de un cuerpo de conocimiento interior profundo eleva a ADCA a un nivel que va más allá de cualquier aspecto personal, para erigirse en algo así como un arquetipo a descubrir, a vivir y a compartir con todos nuestros semejantes y, por extensión, sin ánimo de ser pretencioso, a la humanidad, en tanto que cualquier persona interesada en conocer una realidad trascendente puede encontrar aquí un camino para vivirla, experimentarla y, también, disponer de una herramienta para compartirla. 

Sea este el camino que siga orientando los avatares de la Asociación. Sea este su destino. 

Y muchas gracias por formar parte de él.


Requisitos para un Trabajo Espiritual Efectivo

Miércoles, diciembre 7th, 2016

REQUISITOS PARA UN TRABAJO ESPIRITUAL EFECTIVO
Publicado por Jordi Calm

Siempre que alguien nos plantea dudas sobre las posibles opciones de un camino de trabajo interior, nosotros le proponemos que aplique la siguiente “prueba del algodón”: mira si, al cabo de seis meses, tu visión de la realidad ha cambiado de forma sustancial; comprueba si, una vez pasada la novedad inicial, este camino está siendo para ti algo real y transformador. No si te hace ilusión, no si las teorías que te explican son muy bonitas y sueñas con llevarlas a término en un futuro, no si con ellas puedes hablar de lo mucho que te esfuerzas para ser mejor, como muy bien describe Jordi Sapés en su artículo de este mes, sino si te está transformando de verdad.  

Porque en esta línea de Trabajo Espiritual no nos proponemos  mejorar, nos proponemos ser; y esto cambia por completo la perspectiva que la persona tiene de sí misma y de la realidad que la envuelve. No es que estemos en un grado 3 y queremos llegar a 7, es que  somos 10 y siempre lo hemos sido. Lo que pasa es que hemos de redescubrirlo porque lo hemos olvidado. Hemos olvidado que ya somos 10 y pretendemos arreglar este olvido, y al menos acercarnos a esta puntuación, mediante una serie de entramados mentales, a cual más complicado. 

No hay nada contra lo que luchar, no hay nada que mejorar, solo hay que descubrir el Ser que somos, y dejar que este Ser se exprese. Y es evidente que esta expresión se hace de un modo concreto y en una realidad concreta, en situaciones a veces fáciles y a veces no tanto, en tesituras a veces agradables y a veces todo lo contrario, y casi nunca a nuestro albur, pero la gracia está en que sabemos ver en cada circunstancia la oportunidad de actualizar (convertir en acto), en toda su potencialidad, esta realidad 10 que ya somos. Dicho de otra manera, para desplegar todo lo que somos, para volar, hay que tener los pies muy asentados en el suelo, y transitar con firmeza, sensibilidad y criterio por el terreno que pisamos, sea llano, empinado, pedregoso o arenoso; o con algún socavón que haya que sortear, saltar, o incluso atravesar. De esta forma, lo que cambia no es la realidad que nos envuelve, sino el hecho de contemplarla sin prejuicios y de interactuar en ella desde un protagonismo consciente.

Lo cual nos lleva al segundo punto que pretende destacar este artículo: la necesidad de esta conciencia de cambio, de proceso de transformación que tan bien reflejaba Einstein en su famosa frase: “un problema no se puede arreglar en el mismo nivel de pensamiento en el que se creó”.  Si lo que queremos es “mejorar”, si lo que queremos es “hacer reformas” y cambiar la pintura, o la decoración, de una casa para seguir en ella cuando, en verdad, apenas se sostiene porque sus cimientos no tienen entidad, mejor que vayamos a buscar los remiendos a otra parte, porque lo que aquí se propone es dejar de atender espejismos y llevar la atención a lo que es real y auténtico: nuestra naturaleza esencial como capacidad infinita de ver, amar y hacer; la cual está inmersa en un entorno que le estimula a hacerlo a cada instante.

Lo paradójico de todo esto es que en este proceso las cosas que tenemos entre manos mejoran, pero lo hacen porque dejan ya de ser el baremo a través del cual dejamos que los demás, y el personaje que llevamos encima, nos juzgue constantemente, y pasan a ocupar el lugar que les corresponde: productos, objetos creados por un sujeto que se ha descubierto en el ser que es, y se está experimentando. Así, y sólo así, recuperamos en cada acto el placer infantil de jugar por jugar, dándonos, eso sí, la capacidad de aprender en cada jugada.

 


El engaño del bien como aspiración

Miércoles, diciembre 7th, 2016

EL ENGAÑO DEL BIEN COMO ASPIRACIÓN
Publicado por Jordi Sapés

Nuestra premisa de partida es que nuestra naturaleza esencial está hecha de inteligencia, amor y energía; por lo tanto somos esencialmente buenos. Sólo una información introducida en nuestra mente de una manera artificial puede haber generado en nosotros la idea contraria, la idea de ser personas deficientes, inclinadas al mal y necesitadas de una educación moral que contrarreste esta tendencia. De ahí se deriva la famosa frase: “somos humanos” con la que se pretenden disculpar los errores que cometemos.

Si una persona adulta se equivoca sumando y afirma que dos y dos son cinco, se la corrige rápidamente, nadie aduce que se ha equivocado porque es “humana”; sin embargo, otros errores que tienen consecuencias mucho más nefastas, se miran con tolerancia considerándolos algo inherente a nuestra naturaleza.    

Y claro, cuando consideramos natural la deficiencia, el bien aparece como una aspiración que honra a quien la tiene. La aspiración, no la bondad, porque la bondad se considera el objetivo final de algo que inicialmente solo son buenas intenciones; intenciones que, por el hecho de formar parte del  esquema de valores personal, permite desde el déficit, compararse para bien con aquellos que no la tienen, con aquellos que no son “conscientes” de esta naturaleza “defectuosa”. Aquí aparece el personaje revestido con sus mejores galas: un yo ideal que maneja una espiritualidad que aparece en forma de aspiración, no de realidad; y que, al mismo tiempo que se la plantea, la da por imposible porque “es muy difícil”. 

Que todo esto es un tinglado mental queda de inmediato demostrado por la experiencia del despertar: despiertos todo se percibe como inteligencia, amor y energía en diversas formas que participan de una misma realidad esencial; no hace falta realizar esfuerzo alguno para advertirlo. Y las supuestas virtudes a las que aspira el personaje quedan obsoletas: no es preciso aceptar, comprender o confiar en nada ni nadie porque, de pronto, todas las cosas y todas las personas adquieren sentido, ocupan su lugar dentro del Todo, y juegan el papel inherente a su condición actual. Y esto se consigue con algo tan simple como es despertar: ejercitándolo y convirtiéndolo en el nivel de conciencia habitual. 

Así que no le veo demasiado sentido a querer competir en este mercado de propuestas, promesas, terapias, ejercicios, etc. destinados a proporcionar nuevos materiales al personaje para que pueda seguir soñando despierto y apartándose cada vez más de del fondo. Es posible que este sea un terreno propicio para que muchos consideren la subjetividad como algo que merece atención, puede que sea la antesala que llevará a algunos a realizar un trabajo real de autorrealización. Pero nosotros debemos dejar muy claro que no somos la antesala sino el lugar adecuado para recuperar la conciencia de uno mismo y caminar en la dirección correcta, no debemos tener miedo de proclamar en voz alta que el bien es algo natural, no una aspiración y que nosotros sabemos cómo experimentarlo. 

Está claro que esto va a asustar a todo los que utilizan la espiritualidad como una afición, un complemento y una manera de adornar la prisión en la que se encuentran, pero nuestra voz llamará también la atención de los que están buscando algo real y están hartos de sucedáneos; y además, dejará sin armas a nuestro propio personaje que nos obliga a escondernos cuando estamos entre personas normales. Mal va si no podemos manifestar nuestra experiencia personal hablando con personas normales; significa que el Trabajo sigue siendo algo superestructural, más ideológico que práctico; porque la práctica, lo que hacemos en el mundo, la bondad natural que manifestamos, ha de ser nuestra tarjeta de presentación.

Nosotros hablamos de la realidad para actuar en ella, no estamos aquí para comprender y apoyar presuntas debilidades del ser humano que son artificiales, ni para divulgar maravillas utópicas que supuestamente nos convertirán en superhombres. Estamos aquí para dar luz y poner amor en la cocina, la casa, los hijos, el trabajo y las relaciones: lo sagrado es vivir conforme a nuestra naturaleza, no tener buenas intenciones. 


Recibir y dar paso a Dios en mí

Jueves, agosto 11th, 2016

RECIBIR Y DAR PASO A DIOS EN MÍ
Texto de Antonio Blay

Hemos de aprender a vivir las situaciones con una sencillez absoluta, con gran naturalidad. He de poder vivir la alegría, la simplicidad, he de poder vivirlo todo con este ensanchamiento interior de la conciencia. No poner cara de misterio, cara de lástima o de recogimiento. Busquemos nuestra verdadera cara, nuestra verdadera naturaleza, y tal vez descubramos que se está riendo a carcajadas de todos los personajes que estamos representando.

En nuestro proceso de encuentro con la divinidad, el segundo aspecto  es el de recibir y dar paso a Dios en mí. Descubriremos que en todo lo que es proceso, es decir, en todo aspecto de la existencia, existe un doble juego, una doble dirección. Nos movemos en el mundo de la dualidad. El acto de crecimiento se hace siempre a través del doble juego.

Este trabajo de encuentro con Dios, en tanto que proceso está  también sometido a este doble juego, a esta doble dirección. Yo voy hacia El, yo me expreso, yo trato de formular mi aspiración y mi intuición, y trato de ser una llama viva de demanda. Pero luego viene el otro aspecto, aquel por el cual yo aprendo a ser escéptico, por el que me abro para que algo nuevo venga y me llene. 

Una vez que me he expresado, si mi expresión es auténtica, es sincera, debo estar receptivo y en silencio, para que este vacío que se ha producido se llene de esa divinidad, de esa energía. Esto no ocurriría si mi proyección primera no ha sido dirigida en este sentido. Si yo me he vaciado hacia abajo, me llenaré de abajo, si me vacío en el medio, me llenaré de ahí, si me vacío arriba me llenaré de arriba.

Así pues, yo he de aprender a ser receptivo a la divinidad, a Dios, a lo superior. Y no olvidemos que esta receptividad a lo superior es algo nuevo. Esto quiere decir que yo no he de esperar algo determinado, ya que todo lo determinado es viejo, es conocido. Lo nuevo es lo otro, lo no conocido, es un esperar del todo pero sin esperar nada, porque no sabemos que es lo que hemos de esperar. Toda formulación que yo me haga, toda idea, toda referencia concreta que quiera hacerme, está ya poniendo condiciones, obstruyendo el camino, cerrando la posibilidad de que esto ocurra. Yo debo quedarme receptivo hacia arriba, pero sin la más mínima noción de un Dios concreto. Esta es la espera más correcta. En cuanto quiero reproducir una situación anterior que me ha parecido muy elevada, o en la que he tenido un cierto sentimiento muy sublime, una cierta intuición, entonces pretendo repetir esto; de hecho no estoy haciendo oración a Dios, sino que estoy haciendo oración a esa experiencia, sencillamente al recuerdo de aquella sensación o de aquella intuición. Y este tratar de evocar un recuerdo nos cierra.

La experiencia espiritual ha de ser siempre una experiencia con relación a lo desconocido, a lo nuevo. Cada instante ha de ser una actitud de aventura total. En cuanto yo quiero algo determinado no estoy buscando a Dios, sino que busco este algo determinado.

Ahora bien; yo intuyo que Dios es mi fuente, que es la Fuente de donde sale todo mi ser, que es mi centro, mi verdadero yo, el Yo de mí yo; por tanto todo lo que soy, absolutamente  todo lo que soy y creo ser, absolutamente todo, me viene de la Fuente única. Y esto por sí solo, ya debería ser suficiente para que viéramos lo absurdo de nuestra actitud cuando nos atribuimos la propiedad de cualquier cosa, de la virtud, de la inteligencia, de la cultura, del prestigio, de la bondad o de cualquier otra cualidad. Toda propiedad personal es una especia de renuncia que hacemos a abrirnos, a vincularnos a lo que es la fuente de nosotros mismos.

 

Texto extraído del libro de Antonio Blay: “Caminos de Autorrealización. Tomo II – La integración trascendente”. Ediciones Cedel – Año 1982


A qué nos podemos agarrar

Jueves, agosto 11th, 2016

A QUÉ NOS PODEMOS AGARRAR
Por Jordi Sapés

La obra del famoso filósofo Emmanuel Kant se divide en dos grandes partes, una teórica y otra práctica. En la teórica el filósofo niega que sea posible demostrar la existencia de Dios y en la práctica afirma que la dignidad del hombre reside en actuar de la manera más ejemplar posible, superando su inclinación al egoísmo. Pero al final, confiesa que no hay más remedio que suponer la existencia de otra vida porque en esta, la citada actitud ejemplar no recibe premio alguno.

Desde luego, no es muy agradable contemplar lo que está ocurriendo y constatar que va en sentido totalmente contrario a lo que nosotros defendemos: Lo que vence es la mentira, el egoísmo y la violencia; y además vence democráticamente; ni tan solo tenemos el consuelo de pensar que alguien nos lo impone. Es evidente que existe una admiración por la gente capaz de lucrarse personalmente con el dinero público, de utilizar la policía y la fiscalía para calumniar a los opositores políticos y de conectar con las emociones más bajas de la gente azuzándola en contra de los extranjeros o de los catalanes. La homofobia y el machismo continúan siendo la ideología imperante en los Institutos, ante la aparente dimisión o inoperancia de los profesores y las drogas se puede comprar en la esquina ante la inoperancia de la policía; al igual que las armas en EEUU ante la inoperancia de los legisladores. Y encima, la única oposición real a este estado de cosas parece ser el Estado Islámico dispuesto a castigar con la muerte, por sorpresa, a todos los infieles. Si pudieran, nos regarían a todos con gasolina y nos prenderían fuego con una cerilla.

Sólo falta que Donald Trump gane la presidencia de EEUU; esto parece estar alcanzando dimensiones apocalípticas, y da pábulo a toda clase de teorías de la conspiración, porque es lógico preguntarse si alguien maneja los hilos sembrando tanta impotencia y desorientación y despreciando las más elementales nociones del sentido común.

Pero en vez de leerlo como el fin de la especie humana lo podemos interpretar como una expresión del fin del sistema, como la fase previa a un punto de inflexión que ha de suponer un cambio radical en la humanidad. Quizá sea utópico pensar de esta manera pero, como dice Don Juan: el guerrero no cree en nada pero debe creer. Debemos creer en el ser humano porque no hay otra opción posible ni una mejor forma de existir. Esta es la otra vida que Kant buscaba después de la muerte; y el premio es mantener despierto nuestro espíritu, aquí y ahora, por encima de toda esta porquería mental y emocional.

Reflexiono en voz alta para llamar vuestra atención y abrir un poco de discusión al respecto: Defender la dignidad del ser humano ¿es incompatible con imponer la disciplina en los institutos, reprimir el gamberrismo y asegurar que en nuestras calles se respetan los derechos humanos? ¿Debemos admitir costumbres que conculcan libertades que hemos conquistado con la lucha de siglos? Si se prohíbe la ablación del clítoris, ¿por qué no se ha de prohibir el burka o sancionar que las mujeres anden por la calle tres pasos por detrás del marido? Si se prohíben las corridas de toros, ¿por qué no se han de prohibir los corre bous?

Lo que planteo con estas preguntas es la necesidad de un rearme moral que tenga una trascendencia social. No veo que tengamos que hacer dejación del orden y la responsabilidad social y permitir que sean movimientos reaccionarios lo que alcen esta bandera.

Tenéis que saber que el radicalismo islámico, que es un movimiento fascista, no nos ataca por ser cristianos, nos ataca con el argumento de que no creemos en nada. Este es el discurso que oyen los jóvenes de los barrios marginales por boca de los salafistas: no creen en nada, solo están interesados en hacer lo que les da la gana, no respetan nada: los hijos no respetan a sus padres, las mujeres no respetan a sus maridos, los alumnos no respetan a sus maestros; se están quedando sin alma. Así es como el fascismo cuestiona la libertad.

Pero claro, ¿libertad para qué? decía Lenin. Lo decía porque las libertades burguesas eran pura teoría para una mayoría de la población que ni tan solo alcanzaba a comer. Ahora tendremos que reformularnos la pregunta atendiendo a que la mayor parte de esta población ni tan solo alcanza a pensar. Y en algo debe haber influido que primero se haya quitado la religión de las escuelas, después la educación para la ciudadanía y ahora se pretenda eliminar la filosofía de los planes de estudio. Siempre en nombre de la libertad porque, claro, no debemos adoctrinar a los jóvenes; ya los adoctrinará el mercado a través de los anuncios de la televisión; o los salafistas.

Así que, para defender esta libertad, tenemos que dotarla de contenido: libertad para desarrollar el potencial, libertad y tiempo para vivir como seres espirituales que somos. Esto no implica ser creyentes de ninguna religión pero exige la conciencia de lo que somos y el compromiso de actuar, al servicio de la humanidad, de una manera acorde con esto que somos. Deberá ser, como decía Karl Rahner, una libertad ascética; que, para el creyente, implica una relación personal e inmediata con Dios, y para el no creyente un compromiso indestructible con el ser.

Sólo podremos agarrarnos al ser, así que vayámonos preparando y teniendo claro que deberemos asumir la responsabilidad de educar a nuestros hijos más allá de lo que se les exige en la escuela. No podemos continuar haciendo ver que no pasa nada porque, si no les ofrecemos algo de una calidad superior, se negarán simplemente a seguir. Y harán bien. 


Una extensión del Trabajo en nuestro entorno

Jueves, agosto 11th, 2016

UNA EXTENSIÓN DEL TRABAJO EN NUESTRO ENTORNO
Por Isabel Moya

Soy maestra de profesión y me siento muy contenta de poder compartir con vosotros una experiencia que llevé a cabo con alumnos de Ciclo Medio de Primaria (9-10 años) a lo largo de esos dos cursos. 

Siendo la tutora de un grupo de 25 alumnos, decidí buscar un espacio donde ellos pudieran expresarse, bien individualmente o bien en grupo, y esto les ayudara a desarrollar, tanto la conciencia de su individualidad, como su integración y cohesión en el grupo.

Para ello aprovechamos la sesión de tutoría de la que disponíamos el viernes a última hora y dedicamos entre 20 y 30 minutos de ésta a la nueva actividad. Habilitamos un espacio en el centro del aula (apartando mesas) en el cual cabíamos todos sentados en círculo, en el suelo. 

Podría decirse que las sesiones constaban de dos partes:

1-. Sentados en círculo nos preparábamos para finalizar la semana.

Primeramente se dedicaban unos 10 minutos a que los alumnos expresasen cómo sentían haber vivido la semana, prestando atención tanto a lo que decían haberles gustado, como a lo que no, intentando explicitar el porqué. 

La segunda parte (10 min) incidía más expresamente en experimentar y potenciar  la conciencia de sí mismos, utilizando las siguientes técnicas:

. La visualización. Los alumnos habían de tener presente "aquello" que deseaban y que les hubiera gustado muchísimo que pasara. Después, con los ojos cerrados, habían de imaginar y "vivir" este deseo ya cumplido.

. Observación de la respiración (centrarse en el instante presente) Se trata de observar el recorrido del aire entrando y saliendo del cuerpo. Habían de seguir este recorrido, prestando atención al movimiento que generaba en su cuerpo, haciéndose evidente el vínculo energía-cuerpo. Podíamos ayudarnos poniendo una mano en el pecho y la otra en el vientre y sentir este balanceo como de una "ola".

. Presencia de sí mismos (despertar). Se pidió a los alumnos que cada uno se colocara detrás de sí mismo,  de manera que pudieran tener presente su cuerpo, a la vez que su entorno y desde aquí observar la clase y sus compañeros. Era importante el comentario posterior de cómo se habían sentido en esta situación. 

Estos tres ejercicios se fueron alternando en las diferentes sesiones,  en función del tiempo disponible y del estado de atención y disponibilidad que captaba en los alumnos.

2-. Cerramos la clase y la semana:

Se trata del juego del "telégrafo". Nos cogíamos todos de las manos. Con los ojos cerrados, un alumno (por orden de lista) iniciaba la "señal" apretando la mano del compañero que tenía cogida. Éste, al sentirla, la pasaba al siguiente, hasta que volvía a llegar al primero, quién al decir "recibido" indicaba el final de la actividad. Todos, al oírla, se levantaban y se preparaban para marchar. 

Esta actividad les gustó tanto a los alumnos  que ellos mismos propusieron "abrir la semana" sistemáticamente los lunes a primera hora. Así, conforme iban llegando a clase, dejaban sus cosas y se sentaban en círculo. La actividad era la misma, sólo que la señal se iba pasando en sentido contrario. Es decir, se estipuló, por ejemplo, que al abrir se rota hacia la derecha y que al cerrar se rota hacia la izquierda. 

Como extra, (al acabar el trimestre), se sugirió a los alumnos que de pie y en círculo, comenzaran todos a rotar, parándose delante de cada uno de sus compañeros, para, una vez aquí, y de manera personalizada, les dijeran,  o bien una palabra que le quisieran regalar, o bien una cualidad  que les gustase especialmente de ellos y después se abrazasen.

Tengo que decir que la respuesta de los alumnos fue muy positiva. Llegada la hora los viernes por la tarde, acostumbraban a recordarme que ya tocaba sentarse en círculo y, como he comentado, los lunes a primera hora, lo hacían por iniciativa propia. 

Es de destacar que en las despedidas de trimestre, se respiraba, especialmente, un ambiente de cariño  y compañerismo. Los alumnos se abrazaban y,  sin ganas de marchar, sólo "tenían ojos" para todo lo bueno que compartían con sus compañeros. Este hecho lo destacaron también otros profesores que presenciaron el evento al pasar por la clase para despedirse. 

Se trata de un planteamiento sencillo con el que, de manera sistemáticamente, teníamos en cuenta  y dábamos importancia a nuestro ámbito interior.

Es, en definitiva, una muestra de cómo el Trabajo que realizamos se va reflejando inexorablemente en nuestro entorno inmediato, aunque hablemos a veces de pequeñas cosas que consideremos irrelevantes,  pero que están ahí, quedan y pueden ir dando buenos frutos.