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El progreso paciente e inagotable del Ver

Jueves, mayo 9th, 2013

EL PROGRESO PACIENTE E INAGOTABLE DEL VER
Publicado por Jordi Calm

A raíz del texto de Antonio Blay escogido este mes, en el que Blay acota con su precisión habitual los ámbitos de la visión despierta y del pensamiento concreto, creo conveniente remarcar un aspecto del Trabajo en que estas precisiones tienen especial valor, y utilidad. Uno de los primeros descubrimientos que solemos hacer cuando empezamos con despertadores y diarios es que la manera en la que usualmente interpretamos la realidad que nos envuelve y, en consecuencia, la forma en la que respondemos a sus retos, parte de unas premisas mentales que, en forma de juicios y pensamientos, definen nuestras posibilidades de actuación y las enmarcan en unos márgenes tan estrechos como presuntamente inevitables.

Y es así porque, tal y como pensamos en un principio la realidad, nos es imposible encontrar otra manera de actuar que como lo hacemos, a pesar de los berenjenales en los que nos sumerjan nuestras acciones y, aunque a menudo constatamos en nosotros un regusto más o menos agridulce según las consecuencias que suframos, este sinsabor, que no es sino una alerta punzante de la falibilidad de nuestro esquema mental, suele ser padecido sin más, lo cual permite reproducir estas dinámicas de valoración y actuación tantas veces como nuestra resistencia psicológica, y en extremos incluso física, lo permita. A menudo nuestra llegada al Trabajo se produce cuando esta resistencia se ha quebrado, o somos conscientes de la inminencia de dicha rotura,  ya que es entonces, y sólo entonces, cuando nos planteamos otras posibilidades, y las palabras que oímos en el curso de introducción al Trabajo puedes ser escuchadas y tenidas en consideración por nuestro intelecto.

El carácter práctico de este Trabajo hace que pronto este dinámica mental que mueve nuestros hilos no tan sólo haga cada vez más evidentes sus distorsiones, sino que descubramos primero y constatemos inmediatamente después que hay otra manera de entender la vida, y por tanto de manejarnos en ella, una manera que se basa no en la aplicación inconsciente de esquemas mentales limitantes y limitados, sino en una visión directa de la realidad exterior desde una vivencia directa de nuestra realidad interior. Pisamos el terreno con los ojos abiertos, y no a través de un mapa mal dibujado que, a fuerza de poner nuestra atención sólo en él, se convierte en una venda. Es el Ver del cual habla Antonio, el Ver que transforma.

Este descubrimiento deviene muy esclarecedor, por breve que sea, ya que un solo instante da fe de su existencia; sin embargo, la forma en la que debe asentarse en nosotros es, por su propia naturaleza, gradual, ya que cualquier intento de acelerar el proceso de maduración que cada cual precisa para moverse con soltura en este, o en cualquier otro nivel de conciencia más profundo, es en un principio frustrante y, con suerte más pronto que tarde, una muestra más de antiguas idealizaciones. Sin embargo, esta disposición paciente, por real, que se nos pide tiene muchas contrapartidas, porque en el largo camino que el Trabajo nos propone recorrer y que nos lleva del personaje al yo experiencia primero y a la impersonalidad después, siempre encontraremos otra puerta que abrir, otra realidad más profunda e inclusiva que ver de forma eminentemente recreativa ya que, y también como seña de identidad de este Trabajo, cada nivel de conciencia que asentemos en nosotros siempre será operativo, siempre nos permitirá no tan sólo una contemplación, sino también una actuación, una actualización en la existencia de esta realidad interior que descubramos, por inmensa y profunda que esta sea.
 


Protagonizando la evolución

Jueves, mayo 9th, 2013

PROTAGONIZANDO LA EVOLUCIÓN
Publicado por Jordi Sapés

No podemos quejarnos de la época en que vivimos. Seguramente no es muy confortable pero tenemos la oportunidad de vivir una época en la que la historia se acelera.

En nuestro país hemos asistido a la caída del franquismo, el advenimiento de la democracia, la descentralización de la administración, la entrada en la Unión Europea, el cambio de moneda, la burbuja inmobiliaria, la crisis económica, el afloramiento de la corrupción, la aparición de los indignados y la obsolescencia de la última Constitución.

En el mundo hemos experimentado la caída del socialismo soviético, el triunfo de la Escuela de Chicago, el advenimiento de un presidente norteamericano de raza negra y la crisis financiera mundial.

A eso tenemos que añadir ahora la renuncia de un Papa, que pone de relevancia la existencia de algo Superior, y la elección de un nuevo pontífice que, de momento, habla en clave evangélica en vez de hacerlo en clave vaticana. Veremos hasta dónde llega esta nueva perspectiva de la Iglesia, pero no podemos pasar por alto estos sucesos sin saludarlos con una cierta esperanza. Porque no cabe duda de que estamos asistiendo al derrumbe de lo viejo y a la aparición de algo nuevo.

Desde el punto de vista de materialismo histórico, los grandes cambios sociales se producen cuando el sistema económico vigente deja de ser útil para el progreso y se convierte en un lastre. Cuando esto sucede, se dan las condiciones objetivas para un cambio radical del sistema. Y nadie puede negar que el capitalismo aparece cada vez más como un cuerpo extraño a erradicar, porque está paralizando la economía y generando un sinfín de situaciones socialmente inadmisibles, opuestas a la dignidad del ser humano.

Pero el materialismo histórico dice también que no basta con estas condiciones objetivas: es necesario un factor subjetivo que las aproveche y plantee un cambio para dar curso a una demanda ya existente, la demanda de una humanidad que ya ha despertado a un nivel superior de conciencia.

En teoría, este papel  lo tenían que jugar los partidos de izquierda: organizaciones políticas de la clase obrera que, al liberarse de la alienación material, iban a liberar la totalidad de la sociedad. Pero estos partidos han fallado y, sin embargo, nuestra especie está lista para una concepción global del planeta y una organización social acorde con la visión holística del cosmos. De hecho, el capital, ya se mueve en clave planetaria, aunque su objetivo sigue siendo la explotación egoísta de los recursos materiales y humanos.

Por el contrario, las organizaciones políticas continúan fragmentadas e identificadas con territorios concretos y se prestan al juego del divide y vencerás de los egoísmos territoriales, que el capital utiliza al igual que hace con los personales. En la situación económica que atravesamos es particularmente lacerante la ausencia de una estrategia común de los sindicatos europeos, más corporativos que nunca e insensibles a las dificultades que atraviesan un porcentaje más que notable de la población mundial.

A lo mejor es que este factor subjetivo que se echa en falta somos nosotros:  la gente que nos movemos en los ambientes de la espiritualidad viva. A lo mejor el nuevo paradigma es el del evangelio: amarnos los unos a los otros desde la capacidad de amar que somos, actualizándola de un modo concreto, con la ayuda de nuevas estructuras políticas y administrativas que han de sustituir las actuales. Desde luego esto sería algo realmente novedoso; tendría el carácter que se precisa para un cambio de modelo económico y de sistema social. ¿Os imagináis a las diferentes Iglesias protagonizando este cambio, por encima de fronteras y culturas?

Ya sabéis que todo empieza por una imagen arquetípica.  


Sobre la discrepancia

Miércoles, marzo 6th, 2013

SOBRE LA DISCREPANCIA

El tema de la discrepancia renace periódicamente y aparece como fuente de confusión en el Trabajo.

La cuestión viene de la denuncia que hacemos en relación a la manera que tiene el personaje de interpretar la realidad. Decimos que al personaje nunca le parece nada bien, que se dedica a rechazar la realidad porque no es tal como él pretende que sea; que siempre habla de lo que no hay en lugar de prestar atención a lo que hay, que para observar la realidad lo primero que hay que hacer es librarse de los ideales del personaje, etc.

Sucede que a menudo, hay quien interpreta que lo bueno y deseable es justo lo contrario: que todo nos parezca bien, que hagamos elogio de la realidad en la que vivimos, que ignoremos los déficits que esta realidad presenta, nos conformemos con lo que hay y aparquemos los ideales como una utopía irrealizable.

Y no es eso. Lo que el Trabajo denuncia es el rechazo de la realidad, no la pretensión de mejorarla. Porque nuestra existencia consiste justamente en mejorar esta realidad aportándole una mayor luz, unidad y eficacia. Pero eso se puede hacer partiendo de lo que hay y utilizándolo como materia prima a transformar, no rechazándolo como algo inadmisible e insoportable. El rechazo no solo conduce a la parálisis sino que, por desgracia, la justifica; porque queda muy estético quedarse al margen de la realidad para no contaminarse con ella.

Lo que nosotros censuramos es la discrepancia del personaje, basada en el egocentrismo y la vanidad, no la lucha de las personas que trabajan y se esfuerzan por hacer un mundo mejor. La discrepancia es un derecho que se ejercita precisamente luchando  a favor de algo, no en contra de nadie. Y el ejercicio implica hacer, no pensar ni sentir. Se puede pensar y sentir, pero es algo totalmente estéril si no se traduce en el hacer, en el actuar.

Hay una discrepancia institucionalizada que es absolutamente inútil. Es aquella que ya se sabe que no va a servir para nada.  Es la de los sindicatos que se reúnen con la administración para que la administración les comunique que este año también les van a robar la paga extra a los funcionarios. A esto lo llaman ahorrar. Pero los sindicatos acuden a la reunión a sabiendas de que es cosa hecha  que su presencia sólo sirve para cumplir un trámite obligado por la ley.

También es una discrepancia institucionalizada la de los partidos que presentan propuestas y enmiendas en el Congreso a sabiendas de que la mayoría absoluta del partido del gobierno, hará imposible que prosperen.  Y no necesariamente porque el partido del gobierno no esté de acuerdo con la propuesta sino porque no son ellos los que la presentan.

También lo es la de los que participan en estas campañas de Internet a favor de reducir el número de políticos y el sueldo que cobran. Esta discrepancia es especialmente desagradable porque busca el mal de otro en vez del beneficio propio. Podrían defender  que todo el mundo gozara de las mismas ventajas que los políticos, pero se inclinan por perjudicar a la gente que conservan una mínima seguridad en su existencia. No les exigen que cumplan adecuadamente la función para la que han sido elegidos sino que invierten su energía en quitarles los derechos adquiridos.

Esto nos conduce a una nueva manera de manipular que se basa en acusar al otro de ser el culpable de que “estemos viviendo por encima de nuestras posibilidades”. Este enfoque permite no solo despedir gente a mansalva y reducir el salario y los derechos de aquellos que permanecen empleados, sino también hacerles responsables de los problemas que tenemos a estos que “sobran”. Y así vamos a acabar siendo una “pandilla de vagos, corruptos y malversadores” que suerte tenemos de la “gente cabal” que ha decidido escarmentarnos y poner las cosas en su sitio. Como señala Gurdjieff, lo que mueve al mundo, hoy por hoy, no es el sexo sino las emociones negativas. A eso nos referimos cuando hablamos de la discrepancia del personaje.

Por el contrario, hay gente que hace propuestas, que lucha por aportar algo nuevo en su trabajo, en su medio social. Aprovecho para recomendar un libro que ha publicado Daniel Gabarró y que os podéis bajar gratuitamente de las siguientes Webs: www.sinenemigos.org (en castellano) y www.senseenemics.org (en catalán). El título es suficientemente explicito y veréis la cantidad de opciones que plantea.


Movilización consciente del Potencial

Miércoles, marzo 6th, 2013

MOVILIZACIÓN CONSCIENTE DEL POTENCIAL
Por Isabel Moya

Todos los que nos encontramos en el Trabajo nos definimos como un potencial infinito de inteligencia, amor y energía; es decir, reconocemos que hay en nosotros una fuerza que nos empuja, en cada uno de estos aspectos de la realidad, a actualizarlo.

Si revisamos bien cada una de nuestras actuaciones en los diferentes entornos en los que nos movemos, podemos darnos cuenta de que las acciones que realizamos, incluso las que nos vienen por obligación, casi siempre nos ofrecen un margen de libertad personal en cuanto al modo de llevarlas a cabo. Así que podemos escoger entre realizarlas de la manera rutinaria de siempre o bien, conocedores de nuestro potencial, ver lo que personalmente podemos aportar.

Supongamos que tengo que confeccionar unos listados: Si conscientemente desestimo la inercia de hacerlos como de costumbre porque me intereso por un nuevo sistema que ha aparecido y decido dedicarle un poco más de tiempo y energía, está claro que adopto una actitud más abierta, que aumento mis conocimientos y que todo ello me genera una satisfacción.   

Y es que esta pequeña diferencia de actitud suele ser a menudo la que nos brinda la oportunidad de aprender algo nuevo, de desarrollar alguna cualidad…

Vale la pena tenerlo presente para poder desarrollarlo conscientemente en las tareas cotidianas.

Blay dice: “No es lo que siento dentro lo que me desarrolla, es lo que yo activo, lo que yo expreso dinámicamente en el mundo”. 


Sobre la gracia

Miércoles, marzo 6th, 2013

SOBRE LA GRACIA

Es preciso pasar por una especie de inmolación de lo personal. Sólo cuando uno afronta una y otra vez las dificultades, los obstáculos, las críticas, los desengaños, y no se limita a quejarse, a exclamarse, a hacerse la víctima, sino que se abre a la situación y procura ser consciente de sí y de la situación, entonces es cuando se produce la disolución de esa crispación, de ese gesto, de ese nudo que tenía en lo más profundo de su mente. Entonces es cuando se abre paso al poder de la gracia que penetra y que por sí misma transforma, eleva, llena.

Hemos de llegar a comprender que todo nuestro trabajo de mejoramiento y realización está protagonizado por Dios. No somos nosotros quienes trabajamos, quienes mejoramos, no somos nosotros quienes tenemos más virtud, más amor, más comprensión, más interés, ni más sabiduría. Es sólo la luz de la Verdad, la fuerza del Amor, la potencia de la Energía absoluta las que se manifiestan un poco más a través de nosotros y permiten que nuestra tontería  quede en un segundo plano y se exprese un poco más la brillantez interna, la luz que nos llega de lo superior.

No hemos de crisparnos sobre nuestro trabajo de mejoramiento. Hemos de trabajar y a la vez hemos de abandonar todo trabajo, hemos de darlo todo, pero como si no hubiéramos hecho absolutamente nada. Hemos de aprender este doble gesto, este doble movimiento, de nosotros hacia arriba y, después, de arriba hacia nosotros; abrirse a la gracia es tomar el atajo más rápido que hay, no para llegar sino para permitir que nos llegue la verdad, la realización.

La gracia no es un  poder especial, extraño y difuso. La gracia es algo muy concreto. Es fundamentalmente  una energía  de una potencia extraordinaria  que no depende de nada de nuestras ideas, ni de nuestros sentimientos. La gracia es la manifestación más elevada de la energía;  irradia por sí misma y no está sujeta a ningún vaivén. Esta fuerza inherente a la gracia es la que nos da esa intuición de realidad y la que nos capacita para hacer las cosas que debemos hacer.

La gracia es también conocimiento, pero es un conocimiento directo de la verdad. De la verdad superior pero al mismo tiempo de la verdad de las cosas y de nosotros mismos. Tiene el poder de rectificar, de configurar y de transformar las cosas para adaptarnos realmente a lo que es la verdad. Poder abrirse inteligentemente, conscientemente,  al mundo de la gracia es permitir que actúe en nosotros la mente auténtica, superior; entonces todo lo que depende de nuestra mente va situándose en su lugar.

Y la gracia, por último, es amor, verdadero amor. No el amor que me tengo o me tienen a mí, sino ese amor que se manifiesta a través de mí y que es el único auténtico. Cuando uno logra abrirse a estas realidades y aprende a ser consecuente con estas nociones e intuiciones que le vienen de lo superior, uno se va afinando. Pero el proceso es largo, pues hasta que no se ha transformado por completo la mente y la gracia no ha tomado plena posesión de uno, continúa la crispación sobre el yo.

Extracto de la obra: El trabajo interior. Técnicas de meditación. A. Blay. Editorial INDIGO. 1993


El progreso en el Trabajo. Choque y superación

Martes, febrero 19th, 2013

EL PROGRESO EN EL TRABAJO. CHOQUE Y SUPERACIÓN
Publicado por Jordi Calm

Todas las personas que hacemos el Trabajo experimentamos un progreso palpable en muchos aspectos de nuestras vidas: nuestra capacidad para tratar las circunstancias que nuestro entorno nos presentaba, un mayor reconocimiento y vivencia de nuestra realidad esencial, y así podríamos seguir desplegando un abanico que sería bastante amplio.

En buena parte de estos progresos es muy probable que, en un momento dado, tenga lugar algo parecido a un choque entre una realidad que hasta ese momento se nos presenta como inamovible y, por otra parte, nuestra voluntad de trascenderla, de ir más allá para vivirla de una manera diferente a la habitual, algo que en aquel momento vemos que debemos hacer y nos vemos con las fuerzas suficientes para hacerlo.

Y, básicamente, traspasamos esa circunstancia al añadir elementos nuevos de nosotros mismos que hasta entonces no habíamos utilizado, muchas veces sin tener del todo claro que están a nuestro alcance. Sin embargo, al trabajar ese tema, o esa situación, esa determinación que nos ha llevado hasta ahí se revela adecuada, y conseguimos no solo superar ese escollo, si no reconocer en nosotros esas nuevas fuerzas o capacidades, de modo que las podemos asumir e integrar en esa y cualquier otra circunstancia de nuestra vida en la que consideremos que es conveniente utilizar. A modo de ejemplo concreto, todas las personas que asistimos por primera vez al taller del inconsciente energético (cualquier taller serviría, pero éste, al ser el inicial, y por su impacto, merece ser destacado) afrontamos determinados aspectos de nuestra vida que por una parte teníamos claro que eran importantes pero que, al mismo tiempo, no sabíamos a veces ni por donde coger. Sin embargo, al hacer el taller, la actualización de energías, de emociones, y la comprensión que hacíamos de todo lo que allí sucedía, representaron para muchos de nosotros, por no decir todos, un antes y un después en el Trabajo, y en nuestras vidas.

Porque, cuando se abre una puerta, y se entra en esa habitación que hasta ahora era desconocida para nosotros, resulta que siempre podemos encontrar un cajón con nuevas llaves, y seguir abriendo puertas, y por tanto progresar o, por decirlo de forma más adecuada para el Trabajo que hacemos, actualizarnos.


El Ser y los “modos” de ser.

Martes, febrero 19th, 2013

EL SER Y LOS "MODOS" DE SER

En cuanto al modo de soltarnos…, sólo podremos soltar lo que estamos reteniendo cuando nos vivamos como otra cosa que eso que creemos ser. Mientras uno cree ser algo, defenderá ese algo a capa y espada, con las uñas, con los dientes, con lo que sea. Por eso, lo único liberador es la realización de la propia identidad.

El esquema mental de cada uno está afianzado ahí no sólo como idea, sino como emociones, como fuerzas, como hábitos y como toda la propia historia. Por lo tanto no basta una idea para soltar la que tenemos, para contrarrestarla. Es necesario llegar a tener una conciencia directa, vivencial, profunda, inmediata, de la potencia, de la inteligencia y de la felicidad que somos; sólo entonces nos podremos reír de todas las formas que pretendíamos ser. Uno solamente puede soltar algo cuando tengo algo mejor. Por lo tanto, pretender que la persona «suelte», con la promesa de que luego encontrará algo mejor, es un engaño, es algo que no funciona.

Sólo cuando uno se vive a sí, mismo como felicidad, deja de estar en estado de alerta en relación con las emociones. Sólo cuando uno se vive como inteligencia deja de preocuparle su esquema mental y si éste está amenazado o no. Al descubrir lo que uno es, se ve que uno no es ningún modo de ser. Somos Ser, y no ningún modo de ser. Cuando yo creo ser un modo de ser, todos los demás modos significan un peligro; y por eso sólo yendo a lo que es mi realidad central, yendo al Ser, el que está detrás del modo, me libero del modo y de todos los demás modos. Entonces, de una forma natural, ¡yo viviré mis modos! pero los viviré libremente, sin depender de ellos.

Si pudierais ver con claridad que nos estamos viviendo siempre en tanto que modo, y que nosotros no somos ningún modo, que intrínsecamente somos Ser… con la posibilidad de infinitos modos…, en lo intelectual, en lo afectivo, en la conducta, en todo…, esto sería un salto «mortal» para el miedo. Un salto definitivo que nos situaría más allá del miedo.

Texto extraído del libro La realidad. Curso de Profundización y diálogos. Editorial Indigo. 1994


Sobre la plenitud

Martes, febrero 19th, 2013

SOBRE LA PLENITUD

Una de las imágenes más utilizadas para representar la plenitud es la de la copa de agua, colmada hasta rebosar. Esta imagen se aprovecha también para resaltar que copas de diversos tamaños exigen diversas cantidades de agua: la copa más pequeña alcanza su plenitud con menos agua que la grande, así que cuanto más desarrollada está una personalidad, más trabajo requiere alcanzar esta plenitud.

En otras palabras, el esfuerzo que debemos realizar depende de nuestro desarrollo personal: cuanto más evolucionado está nuestro yo experiencia más entrega se nos exige.

Así que si nos sentimos vacios después de haber hecho mucho, sobre todo comparándonos con lo que hace la mayoría, es porque no hemos hecho lo suficiente, porque nuestra copa no está a rebosar. Y el hecho de que las de los demás tampoco lo estén o incluso estén más vacías que la nuestra, no nos resuelve nada.

Una de las consecuencias más graves de habernos desconectado del Potencial que somos y estar buscando nuestra satisfacción en el exterior es que el hecho de no obtenerla nos ha vuelto cicateros con nuestro esfuerzo. Hacemos el intento de esforzarnos en un grado 7 y al no conseguir la plenitud anhelada tendemos a buscar un arreglo en el grado 6 o 5. Terrible equivocación, porque la plenitud está en el 10 y nuestro ser existencial está pensado para dar el 10. Vivimos gracias a la actualización, poca o mucha, del Potencial que somos; pero vamos a medio gas, o a menos; y nunca hemos experimentado el placer y la felicidad que se produce cuando ruge el motor. Se pude vivir con poco esfuerzo, pero se vive mal. Fichte dice que el mal es la consecuencia de quedarnos a media potencia por miedo a dar sin obtener nada a cambio; buscando un sucedáneo de la plenitud en la comodidad y devaluando el mundo como excusa para justificar nuestra pereza. Y Nietzsche nos anima a afirmar nuestra existencia sin renuncias y sin poner condiciones a la realidad; porque negar la realidad es negarse uno mismo.

 Claro que uno no puede entregarse a tope a algo que le disgusta; así que una vez que hemos recuperado la conciencia del Potencial que somos, tenemos la obligación de buscar un lugar en el mundo que nos permita expresarlo sin limitación alguna y mientras el cuerpo aguante. Esto es algo que depende de nosotros, no del exterior. El exterior está lleno de posibilidades, es rico en oportunidades para expresarnos; y aunque necesitamos unos medios para vivir, no todo lo que hagamos debe tener por finalidad conseguir una remuneración.  La mejor remuneración es la conciencia de estar expresando lo que somos.

Como dice Don Juan: “Cualquier cosa es un camino entre un millón de caminos. Por tanto, un guerrero siempre debe tener presente que un camino es sólo un camino; si siente que no debería seguirlo, no debe permanecer en él bajo ninguna circunstancia. Su decisión de mantenerse en ese camino o de abandonarlo debe estar libre de miedo y de ambición. Debe observar cada camino de cerca y de manera deliberada. Y hay una pregunta que un guerrero tiene que hacerse obligatoriamente: ¿Tiene corazón este camino?
Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Sin embargo, un camino sin corazón nunca es agradable. En cambio un camino con corazón resulta sencillo: a un guerrero no le cuesta tomarle gusto; el viaje se hace gozoso; mientras un hombre lo sigue, es uno con él.”


El Amor en el Trabajo

Jueves, enero 31st, 2013

EL AMOR EN EL TRABAJO

Es importante asumir que el raciocinio nunca nos va a despertar. Nuestra razón puede hilvanar una serie de argumentos con una gran precisión y presentar unas conclusiones aparentemente irrefutables. Pero aun y estando plenamente de acuerdo con ellas, puede que no nos movamos ni un ápice del lugar en el que nos encontramos. Por eso leemos y escuchamos tantas verdades que no hacen mella alguna en nuestra vida habitual.   

Este es uno de los obstáculos más grandes que nos encontramos en el Trabajo: entender las razones del Trabajo es algo indispensable, pero el solo hecho de entenderlas no sirve para gran cosa. Por eso el evangelio se manifiesta superando la razón y presentándonos  situaciones aparentemente absurdas: el pastor que ha extraviado una oveja deja a las otras 99 y se va en busca de esta oveja perdida. Desde un punto de vista racional, está loco; pero es que las 99 ya las tiene, y en cambio la otra es la que le falta para tenerlo todo. El pastor no se conforma con tantas ovejas, las quiere todas.

Así que el Trabajo se ha de apoyar en la pasión; y los que transmitimos el Trabajo hemos de ser capaces de conseguir que la gente se apasione por él. Si no alcanzamos a ofrecer algo que tenga más arrastre que las ilusiones del personaje, tenemos las de perder.

A menudo decimos: el personaje está hecho de inteligencia, pero es una inteligencia que se apoya en un error y eso nos hace desgraciados. Muy bien, de acuerdo, pero tengamos presente que a veces  preferimos sentirnos desgraciados a no sentir nada. Por eso es importante captar el amor que hay en las ilusiones, frustraciones, ánimos y desánimos del personaje.

No vale decir: cuando estés en un estado superior de conciencia serás feliz y mientras tanto abstente de buscar la felicidad. No es eso. El pensamiento es capaz de proyectarse en el futuro pero el amor no. El amor actual solo está dispuesto a retirarse si, a cambio, se le ofrece un gozo superior al contado, ahora mismo. Por eso tenemos que huir de toda forma que relacione el Trabajo con la moral represiva de los amargados y los resentidos.

Si la persona quiere brillar, démosle una oportunidad  de hacerlo; si quiere ser feliz indiquémosle una manera mejor de conseguirlo; si quiere sentirse poderosa digámosle cómo esforzarse para obtener resultados reales. Ahora, no en un futuro,  no el día en que consiga estar despierta todo el tiempo. Las emociones que sentimos son una forma del amor que somos, el error está en creer que nos vienen de fuera, pero eso no es motivo para desecharlas ni reprimirlas sino para prestarles atención y descubrir su naturaleza real.

Como dice San Agustín: ama y haz lo que quieras, porque si amas seguro que no harás daño a nadie. El problema no es amar, es que amamos poco; no es vivir, es que nos limitamos por miedo a consumirnos. Y así es como acabamos: consumiéndonos en la autolimitación y el miedo.

Si algo tiene el Trabajo, es que lo exige todo; no se puede “trabajar” los miércoles y los viernes de 7 a 9. No se le pueden regatear esfuerzos al Trabajo, porque el Trabajo es la Vida experimentada a tope, de una manera apasionada. Si alguien busca compasión en el Trabajo ha de saber que el tipo de compasión que ofrecemos es este darlo todo, este compartir lo que somos y lo que vivimos, tanto si se considera socialmente “positivo” como “negativo”.      


El Trabajo y la educación de los hijos

Jueves, enero 31st, 2013

EL TRABAJO Y LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
Publicado por Jordi Calm

A menudo, en charlas y cursos surge de parte de los asistentes un tema que va volviéndose recurrente y que podríamos resumir como sigue: de qué forma podemos evitar en nuestros hijos la génesis de este personaje que tanto condiciona en la actualidad nuestras vidas. Nuestra respuesta  suele ser que, de entrada, las explicaciones que damos son básicamente para que los asistentes al curso entiendan su propio personaje.

También comentamos que la clave para relacionarse de forma efectiva con sus hijos es hacerlos en un nivel de conciencia despierto, donde todo lo que explicamos en el curso pueda hacerse evidente y, por tanto, también se pueda ver con claridad cual es su papel como padres en cada momento; finalmente, resaltamos también que pretender “salvar” a nuestros hijos de tener un personaje es una idea cercana a la utopía, al estar inmersos en un caldo de cultivo social en el que todo empujará al niño a luchar por una felicidad, que se supondrá externa, en base a destacar de algún modo, y a no hacerse ver de otro.

Sin embargo, y con una cierta independencia del grado de madurez al que hayamos llegado en nuestro desarrollo interior, hay en principio algunas realidades o principios que, entiendo, pueden ser  asumidas y/o compartidas cualquier persona que pretenda profundizar en su conciencia, o simplemente ser un buen progenitor.  A modo de ejemplo, os propongo la siguiente.

La realidad esencial del niño como un potencial inmenso que toma forma en tres ámbitos concretos: energía, amor e inteligencia, es algo que se muestra con evidencia a los ojos de  cualquier padre: la actividad casi incesante es una característica consustancial en los primeros años de la infancia, al igual que la curiosidad innata y las ganas de jugar y relacionarse con todo el mundo.  Por otra parte, que toda manifestación de estas capacidades surge de un fondo sustancialmente positivo es una sensación, si no certeza, que todo el mundo que ha tenido a su cuidado a un niño de corta edad ha experimentado. Así pues, si estas capacidades del niño brotan de un fondo con un potencial inmenso y eminentemente positivo, es fácil colegir que la existencia de una inadecuación entre la respuesta del niño y lo que el modelo social o moral le exige en un momento dado, lejos de dar fe de un defecto consustancial al niño es más bien reflejo de la necesidad de una mayor expresión de tal o cual virtud positiva existente en él. Si, estemos en el Trabajo o no, somos capaces de ver la situación bajo esta óptica, y actuar en consecuencia, conseguiremos, de una manera natural, dar al niño la oportunidad de desarrollar su naturaleza esencial, en lugar de crearle una sensación de limitación o, con el paso del tiempo, un complejo.

Una de las muchas consecuencias que podemos sacar de esta línea de razonamiento es que esta realidad no atañe sólo a nuestros hijos, si no a todos los niños, incluso al que le ha quitado el juguete, o al que le acaba de dar una patada en la espinilla. Esto, que a lo mejor ya no nos despierta tantas simpatías de entrada, es igual de cierto que lo anterior y, por su dificultad, un buen estímulo para nuestro progreso.