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El seminario de las Relaciones según la linea de Trabajo Antonio Blay

Jueves, abril 20th, 2017

EL SEMINARIO DE LAS RELACIONES SEGÚN LA LÍNEA DE ANTONIO BLAY
Por Laura López

Éste es un seminario de fin de semana que imparten Jordi Sapés y Maria Pilar de Moreta –ambos fueron alumnos de Antonio Blay.

Está pensado para entender como son las relaciones que mantenemos, y aunque lo primero que suele venir a la mente cuando se habla de relaciones es la pareja lo cierto es que a través de ellas se abarca mucho más: ¿habría existencia si no hubiera relaciones? ¿ podríamos aprender? ¿ incluir conceptos? Me gusta mucho una cosa que expresa Sapés más o menos así; imaginemos nuestra vida sin los demás: ¿es posible? Es evidente lo limitada que quedaría.

Sin embargo, en vez de vivir las relaciones como algo creativo, con dificultades que superar en forma de retos, muchas veces las vivimos como una fuente de conflictos que no sabemos superar y que nos llevan a tener una sensación de infelicidad o de poca libertad.

 Y éste seminario es un buen lugar para pararse y repasar como nos desenvolvemos con las relaciones que mantenemos. Lo normal es que se den por habituales y normales ciertos modos que puestos al descubierto y a la luz de la conciencia nos parezcan bastante infantiles, como por ejemplo que el otro haga las cosas como yo quiero, que incluso disimule y me diga lo que quiero oir y ésto a la inversa también se da; por una inercia interna que no cuestionamos nos parece muy adecuado decirles a los demás lo que deben de hacer o lo que creemos que les gustará escuchar de nosotros. Todas éstas son una serie de actitudes basadas en la ilusión, en la falta de libertad y también de compromiso y no hay nada de auténtico en ellas.

Creo que según vamos despertando nos vamos dando cuenta de que las personas estamos hechas de la misma materia prima; y es debido a ésta comprensión que podemos dejar de estar a la defensiva y abrirnos a los demás sin miedo. Si yo despierto, dejo de ponerle pegas al otro, respeto su forma particular, sus conocimientos que está queriendo mostrar y hago lo mismo conmigo, no me censuro y me dejo ser yo, abierta y no por eso con miedo de perder mi propio criterio. Aquí es donde encuentro la libertad que da la capacidad para ser creativo en las relaciones y crecer de manera conjunta.

Es absurdo ponerle pegas a lo que existe por si mismo.

Una de las cosas que me vino a la cabeza en éste seminario es el verdadero sentido de la palabra amor, que creo que tiene mucho que ver con el respeto. Yo antes lo relacionaba más con el querer, con el deseo y también con el ser buena, y el ser buena lo confundía con hacer lo que era conveniente para los demás. Ésta fase se aclara muy bien en el comienzo del taller, cuando se explica el porqué de la desconexión del niño de su fondo.

Estoy convencida de que las relaciones de todo tipo son un amplio campo para explorar y un impulso para despertar y que despiertos tendremos seguramente algunas dificultades, pero éstas serán el trampolín que nos llevarán a abrirnos y gozar cada vez más de los otros y de la realidad.


En nosotros hay demanda de lo espiritual

Jueves, abril 20th, 2017

EN NOSOTROS HAY DEMANDA DE LO ESPIRITUAL
Textos de Antonio Blay

Los niveles superiores hacen su acto de presencia en nosotros mediante una inquietud, mediante una demanda. Cuando nosotros encontramos el modo de vivir elemental de la vida cotidiana estrecho, insuficiente, cuando hay en nosotros una demanda de una visión más universal de las cosas, de un sentimiento más incluyente, de una búsqueda de aquella verdad que lo explique todo, de una felicidad que no dependa de ningún factor exterior; esta demanda es el signo de la presencia y de la actividad de los niveles superiores en nosotros. Cuando la vida, aun vivida bien, aun vivida con éxito, nos viene estrecha, es señal de que algo mayor está empujando para expresarse.


Problemas que no eran solubles, que no tenían solución a un nivel mental o a un nivel personal, son solucionables desde un nivel superior. Pero, durante un tiempo, cuando hay en nosotros esta demanda de lo superior, pero nuestra vida sigue siendo inferior – al decir inferior nos referimos a lo habitual, a lo normal, no en un sentido peyorativo, sino más bien a lo elemental de la vida cotidiana – cuando hay esta aspiración, por un lado, y, por otro, seguimos sólo nuestro vivir cotidiano, entonces se produce un desequilibrio interior, a la persona le cuesta vivir su vida habitual, no le satisfacen las cosas que les satisface a las demás personas, no le gusta hablar de lo que hablan los demás, se encuentra fuera, inadaptado y esto crea una tensión, un malestar, puede crear incluso una verdadera angustia interior. Uno se ve imposibilitado para alcanzar esta verdad, sobre todo, al no conocer todavía su estructura; cree que es algo en lo que no puede encontrar nunca ninguna satisfacción, pues comprueba que las demás personas no tienen estas preocupaciones y que, si alguna vez les habla de ellas, le dicen que no se preocupe, que eso se cura con el tiempo, que se distraiga, que se divierta, que se tome unas vacaciones o se corra una juerga. Y, por esto, la persona llega a pensar que esta demanda interior no va a encontrar solución, lo cual le provoca un estado de angustia interior. Por lo tanto, lo espiritual es también generador, durante un tiempo, de angustia, de conflicto, de tensión. Mas hemos de decir: «dichoso el que tiene esa crisis, ese desajuste, esa angustia, porque esto es señal de que se encuentra en vísperas de un crecimiento». En cambio, la persona que vive perfectamente ajustada al standard de vida en general existente, o bien es una persona superrealizada, que ya no busca nada, porque ha encontrado la quinta esencia de lo más elevado, o es una persona limitada, como el mismo nivel en el que se está desenvolviendo. Sepamos que es inevitable pasar esta fase de desajuste, de crisis, esta fase de conflicto, pero es una fase para pasarla, no para quedarse en ella, es una fase que requiere buscar soluciones, no pasarse la vida con lamentaciones, solamente criticando, renegando del mundo, de la gente, de las costumbres, de las cosas. Es algo que requiere una visión y una acción positiva.


Extracto del libro Tensión, miedo y liberación interior. Editorial ÍNDIGO, 1972.


Decir lo que pensamos o hacer lo que creemos

Lunes, abril 17th, 2017

DECIR LO QUE PENSAMOS O HACER LO QUE CREEMOS
Por Jordi Sapés de Lema

Se avecina una tormenta de sinceridad. Los líderes mundiales se han cansado de tanta contención y han decidido que ya está bien de ser políticamente correctos, así que van a decir públicamente lo que piensan y al que no le guste que se aguante. Y esto generará una ola de agitación, porque hay mucha gente que hace tiempo que se siente reprimida e ignorada y considera que los poderes públicos favorecen y conceden toda clase de ventajas a los que, procedentes de otros países, “vienen a quitarnos el trabajo”. Ya era hora de que alguien defendiera a la gente de aquí y restableciera el orden y las buenas costumbres de toda la vida.

Es el momento de los que tenían la impresión de haberse quedado rezagados en el progreso. Oiremos que ahora toca hacer callar a todos estos progres que viven de dar lecciones de solidaridad y amor al prójimo e impiden gozar de las comodidades que la gente se ha ganado con su trabajo, haciéndoles sentir culpables y amargándoles la existencia con problemas que ellos no han causado. Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Veremos también cómo esta posición gana terreno en el ámbito de las relaciones personales: ya está bien de que todo el mundo se crea con derecho a decirnos lo que tenemos que hacer: en casa, en el trabajo, en las organizaciones… Ya estamos haciendo todo lo que podemos, que no nos exijan más. Si no les parece bien lo que hacemos, pues dimitimos y punto. Ya basta de que se metan con nosotros en vez de agradecernos el esfuerzo que hacemos.

Será todo un triunfo del personaje: el que lo tenga más gordo será el más famoso. La gente pide autenticidad, aunque sea cruda, porque está harta de hipocresía: el malote de la clase que se porta mal y tiene enamoradas a las guapas; el futbolista que coge el micro de un periodista y lo tira al agua; el pícaro más listo que todos que se sale con la suya…éstos serán los héroes. Y los demás, los que no se atrevan a sobresalir, se sentirán cada vez más marginados, más acomplejados, con una personalidad desdibujada de la que todo el mundo se aprovecha.

Así que no podremos andar por el mundo pasando desapercibidos; tendremos que ser especialmente atrevidos y empeñarnos en actualizar el potencial haciendo algo que destaque y llame la atención. Esto generará en nosotros un campo de energía que nos mantendrá en nuestro lugar e impedirá que la corriente nos arrastre. Si no hay atrevimiento todo lo demás resultará estéril.

Y el premio será la satisfacción interior derivada de dar sentido a la existencia y de vivirla como vocación. Estamos luchando y no tenemos tiempo para pararnos a poner medallas, lo que necesitamos es ánimo, decisión, constancia, colaboración y, sobre todo, refuerzos. Los que llevamos un cierto tiempo en la brecha os queremos comunicar nuestro agradecimiento por contar con esta colaboración y este refuerzo; y excusarnos por no poderos ofrecer un ambiente más tranquilo y un discurrir más relajado.

La ventaja que tiene este proyecto nuestro es que nos mantiene en vilo constantemente y nos impide caer en el sueño.

Por cierto que, en esta tesitura, vale la pena destacar unas palabras de la última entrevista del Papa Francisco en El País. Dice lo siguiente:

“Yo, dentro de la jerarquía de la Iglesia, o de los agentes pastorales de la Iglesia (obispos, curas, monjas, laicos…) le tengo más miedo a los anestesiados que a los dormidos. A aquellos que se anestesian con la mundanidad. Entonces claudican ante la mundanidad. Y eso me preocupa. Que si está todo quieto, está tranquilo, si las cosas están bien… demasiado orden. Cuando uno lee los Hechos de los Apóstoles, las epístolas de San Pablo, ahí había lío, había problemas, la gente se movía. Había movimiento y había contacto con la gente. El anestesiado no tiene contacto con la gente. Está defendido de la realidad. Está anestesiado. Y hoy día hay tantas maneras de anestesiarse de la vida cotidiana, ¿no?

En esto, a mí me llama la atención que Jesús en la última cena, cuando hace esa larga oración al padre por los discípulos no le pide “mira, cuídalos del quinto mandamiento, que no maten, del séptimo mandamiento, que no roben”. No. Cuídalos de la mundanidad; cuídalos del mundo. Lo que anestesia es el espíritu del mundo. Y entonces el pastor se convierte en un funcionario. Y eso es el clericalismo, que a mi juicio es el peor mal que puede tener hoy la Iglesia.” 

Bueno, nosotros tenemos lío constantemente; o sea que estamos protegidos contra la anestesia. Ánimo y adelante.  


Policia y Espiritualidad

Lunes, abril 17th, 2017

Jaume Arasa tiene treinta y ocho años, y hace diecisiete que entró en la Escuela de Policía de Catalunya. Actualmente pertenece a la Unidad Canina de los Mossos de Esquadra.

-¿Como se le ocurre a un chico de veintiún años hacerse policía?
- Primero quería ser agente rural, pero convocaron antes las oposiciones a mosso, me presenté y me cogieron. Fue un poco por casualidad, así y todo siempre he tenido esta vocación de cuidar a la gente. En el colegio siempre tenía este sentimiento de protección a la comunidad. Los quería y los protegía, por eso me hice mosso y me siento bien siéndolo.

-No debe ser fácil…
-Me costó. La gente no es consciente de lo que llega a pasar en la calle. Y cuando lo vives ocho horas de forma continuada es bastante duro: violencia doméstica, robos, peleas,…O te fortaleces o te coge una neurosis, y la parte espiritual me ha ayudado mucho en esto. Antes me ponía muy nervioso en situaciones conflictivas y ahora intento estar presente en lo que pasa. Me sirve para centrarme.

-¿Como llegas a la espiritualidad?
-Hace unos ocho años lo pasé muy mal: a nivel personal estaba muy roto —¡hasta me plantee dejar la policía!— y entonces escuché unos audios de Antonio Blay que me cambiaron la vida porque me transmitían algo muy potente. Después conocí a un alumno suyo, Jordi Sapés, que ha hecho que todo ese trabajo que planteaba Blay lo pudiera llevar a la práctica. Es una espiritualidad que es más bien un camino de autorrealización.

-¿Y cómo es la práctica de la autorrealización, en tu día a día, en tu trabajo?
-Miro de ser mucho más objetivo, observándome, y estar abierto al máximo. Estar lo más consciente que puedo, tanto a nivel físico, afectivo como intelectual. Intento también comunicar esto que vivo, por eso propuse de hacer unas jornadas en la Escuela de Policía, el año 2013, con el título: «Policía y Consciencia», con conferencias de personas relevantes en este tema. Y cuando el 2015 se hizo el Código Ético de la Policía de Catalunya, propuse incluir el valor de la «autoconsciencia», y actualmente, la palabra está recogida dentro del valor de la Templanza.

-Vuestro trabajo parece poco valorado, ¿Cómo lo vives?
- Lo vivo de forma ambivalente, porque me sabe mal de cara a la sociedad, pero también me sabe mal de cara al colectivo, porque hay gente muy maja. Y se me hace difícil. Estoy en la Unidad Canina, en explosivos, nosotros vamos cuando la gente se va corriendo, nosotros vamos a detectar los explosivos. Es nuestra obligación, pero se hace necesario recordar que la vida de un policía tiene el mismo valor que otra vida humana…

-¿Tienes miedo?
-A veces sí que tengo, pero cada vez menos porque este trabajo interior hace que pierdas el miedo porque vas siendo más consciente de ti y vas creciendo. No tengo ganas de morir, pero si viene, es mi trabajo.

-La autorrealización te lleva finalmente a la espiritualidad. ¿Cómo fue esta experiencia?
-Un día fuimos al monasterio de Oseira (Ourense) para contactar con esta parte más espiritual con la ayuda de personas que se dedican desde hace siglos, como son los monjes cistercienses. Fue una experiencia brutal. El hecho de no hacer nada, solo prestando atención a esta parte superior, hizo que notara como subía de grado y entrara en otra atmósfera…Es muy sutil, es muy sencillo, pero es transformante. Ahora miro de volver una vez al año, y he dejado las reticencias que podía tener con la Iglesia para centrarme en la experiencia que me transmite. El cristianismo ha aportado unos valores que cabe agradecer, un trabajo de base muy fuerte que ha hecho evolucionar la humanidad, la persona.

-¿Hablas de Dios?
-No me siento incómodo con la palabra Dios, pero es igual la palabra que le pongamos, lo podemos llamar: punto superior, calma oceánica… da igual, la cuestión es que lo experimentes y constates que modifica la visión que tenías de la realidad y lo puedes aplicar al día a día, estando presente. 

 

A pie de calle

“A pie de calle” quiere ir al encuentro de personas sencillas que, sin hacer ruido, por el solo hecho de existir y dar un sentido a la vida, dejan huella.

                                Laia de Ahumada

Fuente: Revista Dialogal, núm.58 
www.dialogal.org
Autora: Laia de Ahumada
www.laiadahumada.blogspot.com.es

Traducción al castellano: Jaume Arasa


Práctica para descubrir el silencio

Lunes, abril 17th, 2017

PRÁCTICA PARA DESCUBRIR EL SILENCIO
Textos de Antonio Blay

Empezamos de una manera modesta, sencilla, pero eficaz. Cuando yo inspiro, he de aprender a ser consciente de esa inspiración. Esa inspiración me conduce hacia dentro, pero llega un momento en que esa inspiración se detiene, se acaba. Yo he de procurar seguir ese movimiento yendo hacia dentro, y un poco más adentro de ahí donde termina la inspiración. Por unos instantes estaré en una zona de vacío; luego surge la espiración. Yo he de estar atento y tratar de adivinar ese instante que antecede al movimiento de espiración. Es decir, que he de utilizar ese movimiento natural de inspiración y de espiración como soporte para que mi atención, mi conciencia, se profundicen, y lo hagan hasta un punto, hasta una zona más allá del fenómeno, más allá del movimiento, más allá de lo que yo soy normalmente consciente.

Cuando he practicado esto, cuando sé lo que es conducir la conciencia un poco más adentro de donde termina la inspiración, cuando he conseguido captar el instante de donde procede el impulso de espiración, entonces puedo tratar de centrarme en ese momento, lugar y sensación del punto donde inciden la inspiración y la espiración, del punto donde sale este impulso a inspirar o a espirar. Porque ese punto es un punto, no una dimensión. Es decir, el punto que, en un sentido fisiológico, coincidiría con una zona determinada de nuestro sistema nervioso, y que, cuando se sigue mentalmente, conduce a un punto más allá de nuestras variaciones de conciencia, más allá de nuestro fenómeno de percepción. Nos conduce hacia un punto innominado, hacia un punto vacío, un punto que es un ventanal abierto.

Se trata aquí de un ejercicio sencillo, que en un momento dado querremoshacerlo y no podremos, pero que, sin embargo, en otros momentos saldrá muy bien.

Hemos de ejercitar lo mismo en ese otro momento que es nuestra vida cotidiana, cuando yo estoy hablando con alguien, cuando estoy en diálogo con alguien. Cuando yo me expreso de un modo completo, completo en profundidad, en sinceridad, en conciencia de mí, cuando vivo una situación de expresión de un modo completo, el instante que sigue después de la expresión es un instante de vacío, de silencio; ahí es donde yo he de aprender a estar atento. El instante en que se produce en mí una percepción y comprensión plena, y al decir plena quiero decir plenamente aceptada, es también aquel momento en que se produce en mí el silencio espontáneamente. También cuando, de repente veo un paisaje grandioso, se produce en mí una exclamación y un instante de silencio. Igualmente, cuando he escuchado una obra musical extraordinaria, si yo estoy realmente centrado, se producirá en mí un silencio.

Todas estas prácticas que están a nuestro alcance. He aquí el modo de aprovechar esta enorme cantidad de agujeros que hay en nuestro mundo fenomenológico. También es posible que, a veces, en pleno movimiento, en plena acción, uno pueda captar de repente el vacío que hay detrás de todo lo que hemos estado sintiendo o haciendo. Tan sólo ocurre que uno no presta atención a esas impresiones que a veces tenemos, porque creemos que la importancia estriba solamente en lo que se mueve. Y la importancia que pueda tener cualquier cosa que se mueve ciertamente procede de eso que se mueve.

También fuera de mí puedo ejercitar esa atención, cuando yo de vez en cuando contemplo las cosas de un modo objetivo, dándome cuenta de que todo se mueve, de que todo tiene vida. Entonces tal vez pueda intuir el silencio y el vacío que es el soporte y la raíz de toda esa vida y de todo eso que se mueve. Cuando yo estoy hablando de veras con alguien, cuando estamos interactuando el uno con el otro, estamos moviéndonos sobre un vacío, sobre un silencio, sobre un vacío y un silencio que nos incluye a ambos, que nos envuelve a ambos. Y esto, a veces, uno lo intuye. En el momento en que se ha dicho algo con sinceridad, en el momento en que hay una buena comprensión mutua, hay un instante en que se produce esa sensación como si el silencio adquiriera fuerza, cierta corporeidad, cierta presencia. Si aprendo a estar atento y presente a este silencio, tal vez pueda captarlo en ese momento. Hemos de aprender a sentir ese silencio, no fuera, sino también en nosotros.

A. Blay Caminos de Autorrealización tomo III “La integración con la realidad exterior”


La lucidez y el futuro inmediato

Lunes, abril 17th, 2017

LA LUCIDEZ Y EL FUTURO INMEDIATO
Por Jordi Sapés de Lema

Dice Antonio Blay: la lucidez es el que ve en el acto de ver; el sujeto que ve y la actualización de la capacidad de ver; actualización que, obviamente requiere de un objeto que está siendo observado. Pero fijaros que aquí no hay juicio por ninguna parte; la lucidez no opina si lo que ve está bien o está mal. Ve lo que hay y el sentido que tiene. 

Últimamente se habla mucho de exceso de información. Dicen que este exceso nos impide asimilar una noticia porque justo cuando la estamos mirando nos llega otra. Dicen que esto ha conseguido hacernos impermeables a las desgracias y que las cosas que suceden ya no nos sorprenden ni nos alteran. En otras palabras: no tenemos tiempo de juzgar la información que recibimos y nos olvidamos de ella. Y se quejan de que esto genera despreocupación moral, porque no juzgamos ni condenamos; ya nada nos sorprende.  

Sin embargo, la gente se traga toda clase de necedades que aparecen en el ámbito virtual, noticias que buscan ser sorprendentes: da igual que sean ciertas o falsas, lo importante es que sean emocionantes. El placer de enterarse de algo y transmitirlo al círculo inmediato no tiene precio porque concede protagonismo; lo de menos es si lo que se difunde es cierto o falso. Incluso se ha acuñado un término para describir este tipo de información: la postverdad. Qué lejos queda aquel argumento tan socorrido de que no leemos los periódicos “porque solo dicen mentiras”. 

En realidad los periódicos ponen de manifiesto lo que nuestros ojos parecen negarse a ver: no es que una noticia se solape con otra, es que las mismas noticias se repiten a diario, solo cambia la localización: fenómenos meteorológicos catastróficos, ataques terroristas aparentemente irracionales, desahucios, refugiados ahogados en el mar…y declaraciones políticas vacías de contenido, interesadas únicamente en disimular la incapacidad del que las realiza. 

Incluso se valora la estrategia que consiste en ignorar la realidad y actuar como si no pasara nada, porque permite contemplar impasible el fracaso de todos aquellos que intentan proponer soluciones. A la gente no le gusta que le propongan soluciones porque esto implica reconocer que hay problemas; así que nadie sigue a estos agoreros que, al poco tiempo, se retiran de la escena sumidos también en la impotencia. Pero claro, la situación va a peor: o sea que lo que vendrá a continuación será convertir al denunciante en alborotador y culpable.  

Este próximo año vamos a asistir a este fenómeno: el vecino será el responsable de nuestros problemas; así que cada país se encerrará sobre sí mismo y los gobernantes utilizarán las palabras unidad y diálogo como un arma arrojadiza contra los demás, quienes, supuestamente, se negarán a participar en los esfuerzos por mejorar la situación. Poco a poco, conceptos como pleno empleo, estado del bienestar, jubilación, etc. se irán relativizando porque ya nos han advertido de que las cosas no volverán a ser como antes. Así que no nos quedará más remedio que revisar un sistema que está impidiendo claramente que la humanidad avance.

Entonces será el momento en el que la gente lúcida, que no divide el mundo en buenos y malos, podrá empezar a plantear la necesidad de nuevos valores de referencia para organizar el colectivo; valores distintos de la productividad, el beneficio, la riqueza material, la competencia y el mercado; y se podrá empezar a hablar de sabiduría, salud, sociedad, bienestar psicológico, seguridad material, vocación, solidaridad y espiritualidad.

Esto no es una utopía porque ya es algo real en estos momentos; hay muchas personas que miran y ven el mundo de esta manera; el problema es que el poder económico y político está haciendo cuanto puede para impedir que esta visión se consolide; y la gente educada en el consumismo sigue siendo mayoría. Pero los mensajes y las proclamas de los gobernantes ante los continuos desastres que se suceden, suenan cada vez más vacíos y más absurdos. Se demostrarán tan inútiles que no tendremos más que resaltar de nuevo el potencial del ser humano, de cada ser humano, de cada pueblo y de cada nación, y reivindicar respeto, libertad y dignidad. Sea lo que sea que nuestros ojos tengan que contemplar, nadie podrá oscurecer la lucidez que habrá en ellos.

Así que debemos caminar mirando hacia este horizonte, evitando caer en las trampas del personaje social y de la miseria emocional, que todavía nos afecta porque nuestro psiquismo es débil. A veces las circunstancias adoptan un aspecto muy desagradable, pero hemos de tener claro que es falso, que es nada, vacío. Nuestros ojos han de traspasarlas para ver la realidad desde la conciencia de nuestro ser espiritual; y esto implica serenidad, amplitud y seguridad interior, derivadas de una corriente de luz que desciende de arriba e ilumina la verdad.


La despedida de un ser querido

Miércoles, diciembre 7th, 2016

LA DESPEDIDA DE UN SER QUERIDO
Publicado por Carlos Ribot

Cuando me pidió Miquel  hace ya tres semanas que escribiera algo sobre la despedida de mi hermana Mar, me pareció tarea fácil, pero he ido posponiéndolo, sin saber muy bien por qué. La gente me pregunta qué tal estoy muy a menudo. Necesariamente les contesto que bien, porque es así. Pero ese retraso significa que hay algo más. Querer hablar de la muerte de un ser querido siempre es difícil. El yo ideal también quiere estar presente: el artículo tiene que ser el mejor del mundo. Jeje, siempre el personaje de por  medio.
 
Ha sido muy duro, muy doloroso. Hace cuatro meses que ella me dijo que tenía algún síntoma, hablando tranquilamente en un bar; hace menos de tres meses que le diagnosticaron de cáncer. 60 años son muy pocos hoy en día; prácticamente queda una tercera parte de la vida por vivir. Antes, y todavía ahora, pienso que es injusto, que la vida ha sido injusta en este caso. Pero quién sabe de justicia y de injusticia.
 
El día de su funeral, un sabio amigo me dijo que no era el momento de pensar en nosotros, en nuestro dolor, sino en ella. Por la tarde, en el cementerio, pensaba leer esa famosa elegía de Miguel Hernández a Ramón Sijé, de la que tanto me había acordado y tan bien definía mi sentir de estos días: “Tanto dolor se agolpa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento”.  Pero gracias a él me dí cuenta de que el momento del dolor había pasado, y que ahora era el momento del adiós. Mi otra hermana no lo entendía así, y lanzó un grito de desesperanza al aire. Conté un cuentecito que habla de que el morir es como un barco que se va alejando desde una orilla, hasta que se le deja de ver; en ese momento, se va aproximando a la otra orilla del océano, y otros que no sabemos le están esperando y recibiendo.
 
En este proceso me he quedado con una profunda paz y serenidad. Vosotros me habéis ayudado mucho, desde El retiro de Oseira, todos vosotros con los que he compartido y sigo compartiendo una experiencia humana y espiritual de unión con lo Superior, que me hace sentir como estoy ahora. Ha dado la casualidad de que todo se precipitó dos semanas después, también compartiendo con vosotros durante el Seminario del Evangelio, en el Monasterio de Dueñas. Allí, cuando ya sabía lo que iba a suceder, Jordi me dijo que me mantuviera centrado y de esta manera iba a poder ser una referencia para los que me necesitaran. Así lo hice.
 
Del otro lado del dolor, ha sido la experiencia del cariño. Me he sentido muy libre, he dicho en cada momento lo que me ha parecido, lo que en otras ocasiones callas, por parecer fuera de lugar o demasiado espiritual, ahora me sentía con la fuerza y la autoridad de comunicarlo. He dicho a la gente que nos venía a ver, a muchas ni las conocía, que hay cosas invisibles que no por ello son menos reales, y que se estaban haciendo presentes en ese aquí y ahora: el cariño y el amor de la gente. Me comentaron que habían ido a verla incluso compañeros que no se llevaban bien con   ella: ¿Hay mejor señal  que ésta de lo que estoy diciendo? Todavía puede haber quien piense que lo hacían por quedar bien. Pero allí se manifestó, se veía, el amor de la gente. Eso me llevo. Ya no hay nadie que me pueda decir que no somos, porque hasta después de morir mi hermana convocaba a gente en el Amor que somos. Y me dio a mí la fuerza y la claridad de pregonarlo a todos los que aparecían por allí.
 
Perder a un ser querido es perder algo de tí mismo, porque con ella se ha ido una parte de mí; todo lo que hemos compartido, disfrutado y reñido juntos, se  materializa de alguna manera, y lo he perdido ahora. La sensación que vivo es la de una silla vacía. Me imagino alrededor de una mesa, y hay alguien que falta. Pero a la vez hay un adiós definitivo.


Cuando volví al trabajo todo el mundo quería consolarme, la gente no sabía qué cara poner, y a mí me hacía gracia y a la vez sentía que tenía que poner cara de tristeza, para estar de alguna  manera en sintonía con el otro. Pero no, no la ponía porque estoy en paz. A todos les contesto igual: He llorado muchas lágrimas, todavía me quedan algunas, pero le he dado todo el amor que he podido, hasta el final.
 
Me quedo con esto, yo lo llamo el milagro de Mar.


La autosugestión

Miércoles, diciembre 7th, 2016

LA AUTOSUGESTIÓN
Textos de Antonio Blay 

¡Y cuántos prejuicios sobre el modo de ser de determinadas personas, sea por su lugar de nacimiento o por su profesión, o simplemente, porque han hecho ciertas acciones que reprobamos! ¡Cuántas opiniones, criterios y juicios cuyo único fundamento consiste en que siempre se nos ha dicho, sin más, que tal cosa ha de ser de esta manera y no de otra! Todo esto es sugestión pura. Sugestión involuntaria e inconsciente.

¿Por qué seguir siendo víctimas automáticas de los condicionamientos que todas estas sugestiones (introducidas en nuestra mente sin participación de nuestra voluntad) están produciendo sin cesar tanto en nuestra vida interior como en nuestra actividad externa? ¿Por qué no hemos de coger el mando de nuestro vehículo y determinar con absoluta seguridad adónde y cómo hemos de ir? ¿Por qué no hemos de poder elegir deliberadamente los condicionamientos que creemos más adecuados para nuestra naturaleza y según nuestras legítimas aspiraciones, y determinar así a voluntad nuestro estado de ánimo y nuestra capacidad de reacción?

No lo hacemos simplemente porque no se nos ha enseñado que esto puede conseguirse. Hemos leído cuatro anécdotas en las que la sugestión producía aparatosos efectos en algunas mujeres histéricas o hemos visto que se utilizaba en un espectáculo para ridiculizar a los que se prestaban al «experimento». No se nos ha enseñado que la sugestión es el arte de introducir ideas en el subconsciente al objeto de que produzcan los efectos correspondientes en nuestra mente consciente, en nuestro estado de ánimo o en nuestros hábitos de conducta. Y que cuanto más positivas y reales sean estas ideas y cuanto más profundamente lleguen a penetrar en nuestro interior, más contundentes y definitivos serán los resultados. No se nos ha enseñado que con la autosugestión tenemos el medio de transformar de raíz nuestra personalidad, neutralizando todos los bloqueos inconscientes y corrigiendo todos los defectos que hasta ahora nos han impedido vivir nuestra espléndida realidad interior a pleno pulmón.

 

La personalidad creadora
Editorial Índigo, página 270
Antonio Blay Fontcuberta      


Mi experiencia en el Seminario del Evangelio

Miércoles, diciembre 7th, 2016

MI EXPERIENCIA EN EL SEMINARIO DEL EVANGELIO
Publicado por Pilar Lainez

Ayer regresé a casa después de hacer el Seminario de interpretación del Evangelio según la línea de Antonio Blay con Jordi Sapés, en la Abadía cisterciense de San Isidro de Dueñas y estoy conmocionada. Esa es la palabra que venía a mi cabeza para definir cómo me sentía al salir de allí. Y como soy muy "fina" y quería contároslo para haceros llegar la frescura de mis impresiones, he buscado en el diccionario el significado de la palabra y he encontrado que "conmoción" es el movimiento o perturbación violenta del ánimo o del cuerpo. Así que ahora, puedo decir de verdad que me sentía conmocionada.

Fui a aquel lugar, casi al otro lado del mundo, tras un largo viaje en tren desde mi Zaragoza natal, al encuentro siempre añorado y deseado con Jordi, Mª Pilar y un grupo de personas hermosas a las que siento como compañeros en el sendero de la autorrealización y el despertar. 

Esta vez éramos pocos, muy pocos, tanto que en principio era fácil sentir lástima porque tanta gente se estuviese perdiendo la oportunidad de aquel encuentro. Pero las cosas suceden siempre por algo. Y ese encuentro de tan solo siete almas acabó siendo un encuentro místico al que se sumó la primera tarde el Superior del monasterio que se muestra francamente interesado por conocer el Trabajo de Blay de la mano de Jordi. La segunda tarde nos visitó sin ser esperada la hermana Muerte, para hacernos un guiño a través de la experiencia de nuestro amigo Carlos que, habiendo iniciado el seminario con nosotros, hubo de partir para acompañar a su hermana en el hospital debido al agravamiento súbito e inesperado de su enfermedad terminal.

Defino el encuentro y el trabajo realizado como místico, avalada una vez más por el diccionario que me indica que la mística es "la experiencia de lo divino". Y es que el seminario trata de eso: de experiencia. Así que, aunque yo abra hoy la ventana de Internet para contaros la mía, se me hace evidente que no puedo haceros llegar el mensaje que el Evangelio tiene para cada uno de vosotros, por más que estéis realizando el Trabajo. 

No. La alquimia solo es posible cuando el alumno dispuesto a recibir, recorre medio mundo hasta aquel lugar, se postra humilde ante las palabras, pone en juego sus potencialidades e indaga en busca del sentido. Solo así puede acceder al resultado de su acción y comprende que el proceso ha sido necesario cuando en un determinado momento durante esos días siente la mirada de Dios sobre su alma.

Pero quizá es posible que quien lea estas palabras no sepa de qué estoy hablando. Me explicaré. El seminario del que hablo es el que organiza Jordi Sapés para el estudio de Evangelio según la línea de Antonio Blay desde hace pocos años y que se celebra por tercera vez en el monasterio de Dueñas. Suelen acudir a él algunas personas de este grupo que están en el Trabajo de autorrealización según Blay y pertenecen al entorno de ADCA, pero sinceramente creo que la mayoría no sabe qué ocurre allí y no alcanza a imaginar lo potente que puede ser aquella experiencia para estimular y acrecentar su avance en el Trabajo.

Lamento que el evento no cuente con una asistencia más nutrida de aquellos que, como yo, están comprometidos con esta locura bendita derivada de haber encontrado a Blay y a Sapés en su vida. Por eso, hoy, en las primeras luces del día siguiente a mi experiencia, tal como se dirigía María Magdalena al sepulcro de Jesús según cuenta Juan ("La tumba vacía" Juan 20, 1-18), enciendo la pantalla del ordenador para gritar a los cuatro vientos que lo que encontré allí debe ser transmitido y que nuestra obligación como seres despiertos es difundir el Mensaje. 

¿Qué Mensaje?… Ya sabéis muy bien cuál es. En particular lo decían las últimas palabras del pasaje de Juan que me tocó analizar cuando Jesús llamó a María por su nombre y ella… comprendió. Un Mensaje que está allí escrito desde hace tropecientos mil años, que se ha leído y se lee en los púlpitos de iglesias católicas y no católicas millones de veces y que yo misma he escuchado mil veces sin comprender, porque el néctar del conocimiento se entrega a la humanidad envuelto en velos de misterio que solo el iniciado sabe apartar para acceder a la Esencia.

Ese iniciado en este seminario es Jordi Sapés, que indica la ruta por la que avanzar entre las palabras del Evangelio pero solo la señala, dejando que cada uno camine la senda con sus propios pies, desbrozando el ramaje con un sencillo diccionario que pone sentido y significado comprensible a las palabras claves que encierra el texto. Y así, después de unas cuantas horas inclinado en grupo sobre los textos, poniendo en juego sus capacidades, el alumno ve cómo va apareciendo el significado real de las palabras y la intención precisa con que fueron dichas y transmitidas.

Pero no queda ahí la cosa, no señor. Este sobrio maestro, apasionado por la realidad que sabe que Es el mismo y que Somos todos, nos espera al final de la senda desbrozada para dar un último toque magistral y empujarnos amorosamente, como la madre empuja a su cría para que abandone el nido y aprenda a volar, animándonos y ayudándonos a encontrar en el Evangelio la aplicación práctica a nuestra biografía y a nuestra historia personal. 

Y entonces …entonces, uno comienza a ver cómo esas palabras se dirigen única y exclusivamente a sí mismo. Cómo detallan los pesares transcurridos en la anhelante búsqueda de respuestas, las subidas y bajadas de su propia noria existencial, los atisbos de claridad entre las brumas… Y sobre todo, uno ve la necesidad de seguir adelante y de comprometerse con Eso. Eso, que se anuncia ahí y que es el Mensaje que vino a traernos Jesús.

Después de esa sesión del seminario que no necesariamente es la última, pero que a mi me ha resultado la más contundente, ya sobran las palabras y te dedicas solo a entregarte. A la experiencia de Dios en el coro cantando con los monjes, a la conexión íntima y poderosa de la Comunión, al afecto de los compañeros…

Y si alguien aún se está preguntando: ¿por qué hacer allí el seminario?, ¿por qué en el monasterio?, creo que ya habrá entendido que resulta la redoma adecuada para que se realice la alquimia de la apertura a Dios a través del Evangelio, al amor de la Liturgia de las Horas. 

Solo deseo que mis palabras animen a mis compañeros en el Trabajo a disfrutar en algún momento de este Seminario ya que estoy segura de que, una vez que lo saboreen, no querrán perderse la edición de cada año porque habrán experimentado el potente espaldarazo que supone para su camino personal.

Espero que a quien en el futuro se abra a esta alquimia le quede en su interior la misma idea que yo he comprendido en esta ocasión: este mundo debe cambiar y es evidente que yo no puedo hacerlo. Sin embargo… no he de dejar nunca de intentar cambiarlo.


La oración personal

Miércoles, diciembre 7th, 2016

LA ORACIÓN PERSONAL
Textos de Antonio Blay

La oración personal consiste en que yo dé expresión de un modo directo a mi aspiración de acercamiento y de participación en lo divino. La oración no es una práctica que deba ser hecha por obligación. La oración no es un deber. La oración tiene muy poco que ver con la moral, en el sentido que estamos hablando nosotros. Tiene muy poco que ver con normas, iglesias o grupos que poseen su propia ética, sus propias reglas. En el sentido en que estamos hablando, la oración no guarda relación con ninguna obligación moral, ni siquiera con el bien o el mal. La oración es la sinceridad, el dar salida de un modo consciente, claro, abierto, total, incondicionado a esa demanda que hay en mí de lo divino.

La oración es que yo exprese, que yo me ponga en contacto, o que trate de ponerme en contacto, con este Dios, con ese Absoluto, con este Todo al que aspiro, y que, de un modo u otro, exprese yo esa demanda. La oración es una exclamación de mi verdad, de mi sinceridad. Por tanto, nada tiene que ver con las fórmulas, con las prácticas estereotipadas, aunque, en la práctica, las fórmulas, reglas y prácticas puedan verificarse mediante un auténtico espíritu de oración. 

El éxito en la oración, y al hablar de éxito queremos significar que la oración nos ayude de un modo eficaz al resultado que buscamos, depende de unos factores que ya hemos enunciado en varias ocasiones:

En primer lugar que yo me sitúe ante Dios con la máxima noción de claridad y de realidad respecto a Él, que trate de evocar en mí toda la fuerza de aspiración que hay hacia Él, para que sea capaz de intuirlo, para que esté todo presente ante mí. Que yo me dé cuenta del Ser a quien me estoy dirigiendo, que esté lo más clara y realmente posible la idea de Dios como objeto. De la claridad y realidad de Dios para mí dependerá el que yo viva la situación de un modo realmente trascendental, o solamente de un modo intrascendente. En otro momento dijimos que, cuando estamos ante un espectáculo que se sale de lo corriente, también nuestra movilización interna está por encima de lo normal. Cada vez que nosotros tratamos de situarnos conscientemente ante Dios, ante lo absoluto, estamos ciertamente ante algo muy por encima de nuestra experiencia normal. Esto dependerá del realismo, de la claridad con la que yo sea capaz de darme cuenta de la noción de Dios. De esa claridad y de esa realidad surgirá, sin esfuerzo alguno, mi reacción profunda.

El segundo requisito es que yo sea realmente Yo, que yo sea Yo en mis dos aspectos fundamentales: yo como personalidad integrada, como conciencia del cuerpo y de sus funciones, como conciencia afectiva, intelectual, con toda mi experiencia, con todo lo que he desarrollado en mi vivir cotidiano. Que yo sea esa conciencia actual y total de mí, ese yo pleno, verdadero, que para mí es verdadero en la vida diaria. Que sea todo eso en el momento de la oración y que, luego, yo trate de vivir, de evocar la intuición más profunda que tengo de mí mismo como sujeto centrado. Es decir, Yo como ser centrado, y Yo como personalidad. De la claridad y realidad de estos dos elementos surgirá la relación espontánea y total transformante. 

La oración nunca debería ser una mera exclamación interior. Cuando la oración surge solamente de mis exclamaciones, de mis deseos, de mis anhelos o de mis demandas es que yo vivo más la realidad de mi personalidad que la realidad de Dios. Cuando, en un momento dado, yo quedo maravillado ante la intuición o ante la percepción real que se abre ante mí, del poder, bondad, grandeza y belleza de Dios, cuando yo me quedo quieto, mudo, silencioso, es que predomina más la conciencia de Dios que la conciencia de mí. No obstante, tanto en un caso como en otro, el proceso es incompleto. Hay unos instantes más sobresalientes, unos momentos cumbres que son revolucionarios, que son transformantes. Y esos momentos son aquellos en los que coincide la máxima actualización del Yo con la máxima actualización del no-yo, o Absoluto, que es Dios. Cuando yo puedo situarme todo yo ante Dios del todo es inevitable que surja una experiencia transformante. Yo no puedo salir de la oración tal como he entrado. Salgo totalmente otro, y no porque salga consolado, tranquilo, feliz, sino porque hay una revolución en mi conciencia interna, una revolución efectiva en la verdad más profunda de mí, del yo y del Dios en una sola experiencia.

La oración debería ser siempre absolutamente revolucionaria. En la medida en que no lo es, nos indica que estamos viviendo solamente en uno de los polos. Y que incluso ese uno lo vivimos también de un modo parcial.

Examinemos nuestra oración y démonos cuenta da qué es lo que le falta, dedicándonos a trabajar de un modo deliberado, sistemático, controlado en aquello que le falta para producir esa actualización simultánea de todo yo y de Dios del todo. 

 

Texto extraído de la obra de Antonio Blay, "Caminos de Autorrealización, Tomo II, La intregración trascendente". Editorial Cedel, 1982