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Decir lo que pensamos o hacer lo que creemos

Lunes, abril 17th, 2017

DECIR LO QUE PENSAMOS O HACER LO QUE CREEMOS
Por Jordi Sapés de Lema

Se avecina una tormenta de sinceridad. Los líderes mundiales se han cansado de tanta contención y han decidido que ya está bien de ser políticamente correctos, así que van a decir públicamente lo que piensan y al que no le guste que se aguante. Y esto generará una ola de agitación, porque hay mucha gente que hace tiempo que se siente reprimida e ignorada y considera que los poderes públicos favorecen y conceden toda clase de ventajas a los que, procedentes de otros países, “vienen a quitarnos el trabajo”. Ya era hora de que alguien defendiera a la gente de aquí y restableciera el orden y las buenas costumbres de toda la vida.

Es el momento de los que tenían la impresión de haberse quedado rezagados en el progreso. Oiremos que ahora toca hacer callar a todos estos progres que viven de dar lecciones de solidaridad y amor al prójimo e impiden gozar de las comodidades que la gente se ha ganado con su trabajo, haciéndoles sentir culpables y amargándoles la existencia con problemas que ellos no han causado. Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Veremos también cómo esta posición gana terreno en el ámbito de las relaciones personales: ya está bien de que todo el mundo se crea con derecho a decirnos lo que tenemos que hacer: en casa, en el trabajo, en las organizaciones… Ya estamos haciendo todo lo que podemos, que no nos exijan más. Si no les parece bien lo que hacemos, pues dimitimos y punto. Ya basta de que se metan con nosotros en vez de agradecernos el esfuerzo que hacemos.

Será todo un triunfo del personaje: el que lo tenga más gordo será el más famoso. La gente pide autenticidad, aunque sea cruda, porque está harta de hipocresía: el malote de la clase que se porta mal y tiene enamoradas a las guapas; el futbolista que coge el micro de un periodista y lo tira al agua; el pícaro más listo que todos que se sale con la suya…éstos serán los héroes. Y los demás, los que no se atrevan a sobresalir, se sentirán cada vez más marginados, más acomplejados, con una personalidad desdibujada de la que todo el mundo se aprovecha.

Así que no podremos andar por el mundo pasando desapercibidos; tendremos que ser especialmente atrevidos y empeñarnos en actualizar el potencial haciendo algo que destaque y llame la atención. Esto generará en nosotros un campo de energía que nos mantendrá en nuestro lugar e impedirá que la corriente nos arrastre. Si no hay atrevimiento todo lo demás resultará estéril.

Y el premio será la satisfacción interior derivada de dar sentido a la existencia y de vivirla como vocación. Estamos luchando y no tenemos tiempo para pararnos a poner medallas, lo que necesitamos es ánimo, decisión, constancia, colaboración y, sobre todo, refuerzos. Los que llevamos un cierto tiempo en la brecha os queremos comunicar nuestro agradecimiento por contar con esta colaboración y este refuerzo; y excusarnos por no poderos ofrecer un ambiente más tranquilo y un discurrir más relajado.

La ventaja que tiene este proyecto nuestro es que nos mantiene en vilo constantemente y nos impide caer en el sueño.

Por cierto que, en esta tesitura, vale la pena destacar unas palabras de la última entrevista del Papa Francisco en El País. Dice lo siguiente:

“Yo, dentro de la jerarquía de la Iglesia, o de los agentes pastorales de la Iglesia (obispos, curas, monjas, laicos…) le tengo más miedo a los anestesiados que a los dormidos. A aquellos que se anestesian con la mundanidad. Entonces claudican ante la mundanidad. Y eso me preocupa. Que si está todo quieto, está tranquilo, si las cosas están bien… demasiado orden. Cuando uno lee los Hechos de los Apóstoles, las epístolas de San Pablo, ahí había lío, había problemas, la gente se movía. Había movimiento y había contacto con la gente. El anestesiado no tiene contacto con la gente. Está defendido de la realidad. Está anestesiado. Y hoy día hay tantas maneras de anestesiarse de la vida cotidiana, ¿no?

En esto, a mí me llama la atención que Jesús en la última cena, cuando hace esa larga oración al padre por los discípulos no le pide “mira, cuídalos del quinto mandamiento, que no maten, del séptimo mandamiento, que no roben”. No. Cuídalos de la mundanidad; cuídalos del mundo. Lo que anestesia es el espíritu del mundo. Y entonces el pastor se convierte en un funcionario. Y eso es el clericalismo, que a mi juicio es el peor mal que puede tener hoy la Iglesia.” 

Bueno, nosotros tenemos lío constantemente; o sea que estamos protegidos contra la anestesia. Ánimo y adelante.  


La lucidez y el futuro inmediato

Lunes, abril 17th, 2017

LA LUCIDEZ Y EL FUTURO INMEDIATO
Por Jordi Sapés de Lema

Dice Antonio Blay: la lucidez es el que ve en el acto de ver; el sujeto que ve y la actualización de la capacidad de ver; actualización que, obviamente requiere de un objeto que está siendo observado. Pero fijaros que aquí no hay juicio por ninguna parte; la lucidez no opina si lo que ve está bien o está mal. Ve lo que hay y el sentido que tiene. 

Últimamente se habla mucho de exceso de información. Dicen que este exceso nos impide asimilar una noticia porque justo cuando la estamos mirando nos llega otra. Dicen que esto ha conseguido hacernos impermeables a las desgracias y que las cosas que suceden ya no nos sorprenden ni nos alteran. En otras palabras: no tenemos tiempo de juzgar la información que recibimos y nos olvidamos de ella. Y se quejan de que esto genera despreocupación moral, porque no juzgamos ni condenamos; ya nada nos sorprende.  

Sin embargo, la gente se traga toda clase de necedades que aparecen en el ámbito virtual, noticias que buscan ser sorprendentes: da igual que sean ciertas o falsas, lo importante es que sean emocionantes. El placer de enterarse de algo y transmitirlo al círculo inmediato no tiene precio porque concede protagonismo; lo de menos es si lo que se difunde es cierto o falso. Incluso se ha acuñado un término para describir este tipo de información: la postverdad. Qué lejos queda aquel argumento tan socorrido de que no leemos los periódicos “porque solo dicen mentiras”. 

En realidad los periódicos ponen de manifiesto lo que nuestros ojos parecen negarse a ver: no es que una noticia se solape con otra, es que las mismas noticias se repiten a diario, solo cambia la localización: fenómenos meteorológicos catastróficos, ataques terroristas aparentemente irracionales, desahucios, refugiados ahogados en el mar…y declaraciones políticas vacías de contenido, interesadas únicamente en disimular la incapacidad del que las realiza. 

Incluso se valora la estrategia que consiste en ignorar la realidad y actuar como si no pasara nada, porque permite contemplar impasible el fracaso de todos aquellos que intentan proponer soluciones. A la gente no le gusta que le propongan soluciones porque esto implica reconocer que hay problemas; así que nadie sigue a estos agoreros que, al poco tiempo, se retiran de la escena sumidos también en la impotencia. Pero claro, la situación va a peor: o sea que lo que vendrá a continuación será convertir al denunciante en alborotador y culpable.  

Este próximo año vamos a asistir a este fenómeno: el vecino será el responsable de nuestros problemas; así que cada país se encerrará sobre sí mismo y los gobernantes utilizarán las palabras unidad y diálogo como un arma arrojadiza contra los demás, quienes, supuestamente, se negarán a participar en los esfuerzos por mejorar la situación. Poco a poco, conceptos como pleno empleo, estado del bienestar, jubilación, etc. se irán relativizando porque ya nos han advertido de que las cosas no volverán a ser como antes. Así que no nos quedará más remedio que revisar un sistema que está impidiendo claramente que la humanidad avance.

Entonces será el momento en el que la gente lúcida, que no divide el mundo en buenos y malos, podrá empezar a plantear la necesidad de nuevos valores de referencia para organizar el colectivo; valores distintos de la productividad, el beneficio, la riqueza material, la competencia y el mercado; y se podrá empezar a hablar de sabiduría, salud, sociedad, bienestar psicológico, seguridad material, vocación, solidaridad y espiritualidad.

Esto no es una utopía porque ya es algo real en estos momentos; hay muchas personas que miran y ven el mundo de esta manera; el problema es que el poder económico y político está haciendo cuanto puede para impedir que esta visión se consolide; y la gente educada en el consumismo sigue siendo mayoría. Pero los mensajes y las proclamas de los gobernantes ante los continuos desastres que se suceden, suenan cada vez más vacíos y más absurdos. Se demostrarán tan inútiles que no tendremos más que resaltar de nuevo el potencial del ser humano, de cada ser humano, de cada pueblo y de cada nación, y reivindicar respeto, libertad y dignidad. Sea lo que sea que nuestros ojos tengan que contemplar, nadie podrá oscurecer la lucidez que habrá en ellos.

Así que debemos caminar mirando hacia este horizonte, evitando caer en las trampas del personaje social y de la miseria emocional, que todavía nos afecta porque nuestro psiquismo es débil. A veces las circunstancias adoptan un aspecto muy desagradable, pero hemos de tener claro que es falso, que es nada, vacío. Nuestros ojos han de traspasarlas para ver la realidad desde la conciencia de nuestro ser espiritual; y esto implica serenidad, amplitud y seguridad interior, derivadas de una corriente de luz que desciende de arriba e ilumina la verdad.


A qué nos podemos agarrar

Jueves, agosto 11th, 2016

A QUÉ NOS PODEMOS AGARRAR
Por Jordi Sapés

La obra del famoso filósofo Emmanuel Kant se divide en dos grandes partes, una teórica y otra práctica. En la teórica el filósofo niega que sea posible demostrar la existencia de Dios y en la práctica afirma que la dignidad del hombre reside en actuar de la manera más ejemplar posible, superando su inclinación al egoísmo. Pero al final, confiesa que no hay más remedio que suponer la existencia de otra vida porque en esta, la citada actitud ejemplar no recibe premio alguno.

Desde luego, no es muy agradable contemplar lo que está ocurriendo y constatar que va en sentido totalmente contrario a lo que nosotros defendemos: Lo que vence es la mentira, el egoísmo y la violencia; y además vence democráticamente; ni tan solo tenemos el consuelo de pensar que alguien nos lo impone. Es evidente que existe una admiración por la gente capaz de lucrarse personalmente con el dinero público, de utilizar la policía y la fiscalía para calumniar a los opositores políticos y de conectar con las emociones más bajas de la gente azuzándola en contra de los extranjeros o de los catalanes. La homofobia y el machismo continúan siendo la ideología imperante en los Institutos, ante la aparente dimisión o inoperancia de los profesores y las drogas se puede comprar en la esquina ante la inoperancia de la policía; al igual que las armas en EEUU ante la inoperancia de los legisladores. Y encima, la única oposición real a este estado de cosas parece ser el Estado Islámico dispuesto a castigar con la muerte, por sorpresa, a todos los infieles. Si pudieran, nos regarían a todos con gasolina y nos prenderían fuego con una cerilla.

Sólo falta que Donald Trump gane la presidencia de EEUU; esto parece estar alcanzando dimensiones apocalípticas, y da pábulo a toda clase de teorías de la conspiración, porque es lógico preguntarse si alguien maneja los hilos sembrando tanta impotencia y desorientación y despreciando las más elementales nociones del sentido común.

Pero en vez de leerlo como el fin de la especie humana lo podemos interpretar como una expresión del fin del sistema, como la fase previa a un punto de inflexión que ha de suponer un cambio radical en la humanidad. Quizá sea utópico pensar de esta manera pero, como dice Don Juan: el guerrero no cree en nada pero debe creer. Debemos creer en el ser humano porque no hay otra opción posible ni una mejor forma de existir. Esta es la otra vida que Kant buscaba después de la muerte; y el premio es mantener despierto nuestro espíritu, aquí y ahora, por encima de toda esta porquería mental y emocional.

Reflexiono en voz alta para llamar vuestra atención y abrir un poco de discusión al respecto: Defender la dignidad del ser humano ¿es incompatible con imponer la disciplina en los institutos, reprimir el gamberrismo y asegurar que en nuestras calles se respetan los derechos humanos? ¿Debemos admitir costumbres que conculcan libertades que hemos conquistado con la lucha de siglos? Si se prohíbe la ablación del clítoris, ¿por qué no se ha de prohibir el burka o sancionar que las mujeres anden por la calle tres pasos por detrás del marido? Si se prohíben las corridas de toros, ¿por qué no se han de prohibir los corre bous?

Lo que planteo con estas preguntas es la necesidad de un rearme moral que tenga una trascendencia social. No veo que tengamos que hacer dejación del orden y la responsabilidad social y permitir que sean movimientos reaccionarios lo que alcen esta bandera.

Tenéis que saber que el radicalismo islámico, que es un movimiento fascista, no nos ataca por ser cristianos, nos ataca con el argumento de que no creemos en nada. Este es el discurso que oyen los jóvenes de los barrios marginales por boca de los salafistas: no creen en nada, solo están interesados en hacer lo que les da la gana, no respetan nada: los hijos no respetan a sus padres, las mujeres no respetan a sus maridos, los alumnos no respetan a sus maestros; se están quedando sin alma. Así es como el fascismo cuestiona la libertad.

Pero claro, ¿libertad para qué? decía Lenin. Lo decía porque las libertades burguesas eran pura teoría para una mayoría de la población que ni tan solo alcanzaba a comer. Ahora tendremos que reformularnos la pregunta atendiendo a que la mayor parte de esta población ni tan solo alcanza a pensar. Y en algo debe haber influido que primero se haya quitado la religión de las escuelas, después la educación para la ciudadanía y ahora se pretenda eliminar la filosofía de los planes de estudio. Siempre en nombre de la libertad porque, claro, no debemos adoctrinar a los jóvenes; ya los adoctrinará el mercado a través de los anuncios de la televisión; o los salafistas.

Así que, para defender esta libertad, tenemos que dotarla de contenido: libertad para desarrollar el potencial, libertad y tiempo para vivir como seres espirituales que somos. Esto no implica ser creyentes de ninguna religión pero exige la conciencia de lo que somos y el compromiso de actuar, al servicio de la humanidad, de una manera acorde con esto que somos. Deberá ser, como decía Karl Rahner, una libertad ascética; que, para el creyente, implica una relación personal e inmediata con Dios, y para el no creyente un compromiso indestructible con el ser.

Sólo podremos agarrarnos al ser, así que vayámonos preparando y teniendo claro que deberemos asumir la responsabilidad de educar a nuestros hijos más allá de lo que se les exige en la escuela. No podemos continuar haciendo ver que no pasa nada porque, si no les ofrecemos algo de una calidad superior, se negarán simplemente a seguir. Y harán bien. 


Conciencia individual y conciencia colectiva

Jueves, agosto 11th, 2016

CONCIENCIA INDIVIDUAL Y CONCIENCIA COLECTIVA
Por Jordi Sapés

Estar despierto es ser consciente del potencial y actualizarlo en respuesta a los estímulos que nos ofrece nuestro entorno. Protagonizar la existencia es tomar conciencia de que esta es nuestra misión en este plano, así que no hace falta esperar que el exterior llame nuestra atención con sucesos especialmente notorios porque nosotros nos sentimos en todo momento participes y corresponsables de este entorno. De hecho en nuestra conciencia desaparece esta falsa distinción entre exterior e interior. 

Pero entonces se nos plantea el problema de los distintos ritmos con los que evolucionan el individuo y la sociedad; individualmente podemos progresar mucho más rápidamente que el colectivo y hay que procurar no olvidarlo si no queremos caer en el desánimo. Máxime cuando este colectivo se encuentra a todas luces paralizado, presa de un sistema económico y político que ha dejado de funcionar pero que todavía no cuenta con una clara alternativa y sigue moviéndose por pura inercia. 

En estos momentos asistimos a una pelea por las migajas: la inversión se retrae porque si antes el capital se llevaba 6 unidades de cada 10 producidas, ahora exige llevarse 8 y si no, no se arriesga. Se retrae porque antes, de las 6 que se llevaba, aceptaba devolver 2 a la colectividad en forma de impuestos y ahora no está dispuesto ni a devolver 1; y además exige que esta 1 se aplique al pago de la deuda que hemos contraído con él. ¿Cómo no vamos a contraer deudas con esta distribución del valor que producimos? ¿Cuántos años llevamos viviendo del préstamo porque es la única manera de fomentar el consumo y conseguir que el sistema siga funcionado? 

En los periodos de transición de un sistema a otro, la sociedad camina a un ritmo mucho más rápido al habitual, los líderes y los gobiernos actúan como una luz que despierta a los ciudadanos  y los anima a desarrollarse personalmente subiendo al carro del progreso social. Pero en estos momentos sucede todo lo contrario: los gobernantes preguntan a los ciudadanos lo que opinan mediante encuestas y defienden la opinión mayoritaria para que esta mayoría les vote de nuevo. Así que el mensaje que se difunde es un mensaje de sálvese quien pueda, el más retrógrado posible, aquel que presenta como enemigos de este reparto de migajas a los que el sistema ya ha marginado pero se resisten a desaparecer. 

Y todo está supuestamente amparado por la ley, como si las dictaduras no promulgaran leyes. Y se nos dice que son leyes democráticas, como si el nazismo no hubiera llegado al poder en Alemania por medio de elecciones democráticas. Aparte de que hay un poder que nadie ha votado y que se coloca por encima de cualquier gobierno elegido: la Comisión Europea. 

Este es el panorama que tenemos a nivel colectivo; un panorama oscuro en medio del cual la luz puede brillar especialmente. Y esta luz es la reivindicación de la dignidad del ser humano, en primer lugar de forma individual, en cada ser humano concreto y especialmente en todos aquellos que el sistema ha marginado. Los marginados son los que están desempeñando el papel más complicado en este llamamiento a la Humanidad para que recupere la conciencia de sí misma. Ellos nos dicen que toda ley que no contemple sus derechos es una ley injusta que debe ser denunciada.

Así que en las elecciones que se avecinan no penséis que vayáis a poder modificar nada a corto plazo con vuestro voto, pero procurad dar voz a lo que, por lo menos, intentan defender una sociedad verdaderamente humana en la que la existencia sea un derecho y el egoísmo una vergüenza. 


Acerca de la experiencia de la impersonalidad

Domingo, mayo 8th, 2016

ACERCA DE LA EXPERIENCIA DE IMPERSONALIDAD
Por Jordi Sapés de Lema

Una de las condiciones favorables para experimentar la impersonalidad es la conciencia de que la forma que nos sostiene tiene fecha de caducidad, lo cual, a cierta edad, no es difícil de apreciar. Tal evidencia facilita la desidentificación del cuerpo y del psiquismo, aunque los sigamos utilizando para movernos en este plano material. Claro que  además es preciso no caer en  la creencia popular en la reencarnación que utilizamos para  hacernos trampa e imaginar una muerte provisional. 

Esta aceptación de la muerte no es una negación de la trascendencia porque cuando nos hacemos conscientes del Ser esencial vemos que la personalidad es una expresión de este Ser. Así que, si hay una disolución en la nada, lo que va a desaparecer es esta personalidad, no el Ser. El Ser es Dios y Él no puede desaparecer porque está más allá de la existencia. Y está muy claro que nosotros no vamos a ocupar Su lugar.

En contrapartida, esta visión nos permite relativizar los ataques del personaje, si todavía aparece, y sacar el mejor partido posible de los contratiempos que sufre el yo experiencia. No hay que olvidar que, cuando estamos despiertos, las cosas suceden y punto, no perdemos el tiempo tachándolas de incomprensibles, injustas o crueles. Esto solo lo hace el personaje para justificar su cobardía y su inoperancia. Estar despierto es ver lo que hay; y existir desde el yo experiencia es responder a esto que hay con la inteligencia, el amor y la energía adecuados. Respuesta que no suele ser especialmente espectacular porque los tres potenciales combinados expresan la dosis de amor, energía e inteligencia que las circunstancias y personas que en ellas intervienen pueden absorber y asimilar. Así que, externamente, más que llamar la atención por lo que haces y dices, aportas una atmósfera de tranquilidad y ausencia de presión que actúa como un bálsamo al quitar tensión y negatividad.

Además, dejas de llamar la atención; estás ahí pero no luces el acostumbrado ego que reclama atención, admiración u obediencia. Y es que has abandonado toda perspectiva egocéntrica del mundo, no solo porque hayas dejado de ser egoísta, o muy servicial, sino porque ya no describes este mundo por lo que te pasa a ti. Lo que haces es considerarte a ti mismo, existencialmente, como algo que le pasa al mundo. Y pones el acento en aportar a este mundo tanto como puedes, procurando que sea de la mejor calidad posible. Propósito difícil cuando estás pendiente del retorno que vas a obtener.

Esta idea de ti como algo que le pasa al mundo te lleva a contemplarlo tal cual es y a sentirte parte de él, tanto en sus progresos como en sus déficits. Vivirte de forma impersonal te saca del pseudo-grupo de los buenos o elegidos y te convierte en una célula más del colectivo. Eso sí: consciente. Y esta conciencia te hace asumir toda la realidad y compadecerla, caminar con ella, sintiéndote parte de una especie que evoluciona, tanto en lo bueno como en lo malo. Te enorgulleces al ver la sanidad al servicio de los inmigrantes que han conseguido aposentarse entre nosotros y se te encoge el corazón cuando lees que confiscan sus pertenencias a los refugiados. Y miras el radicalismo islámico como la manifestación de una enfermedad colectiva que nos destruirá si no rescatamos nuestra propia espiritualidad del olvido y la proponemos como alternativa al consumismo y al hedonismo excluyente.

Desde esta perspectiva, habiendo asumido que el amor es la conciencia de pertenecer al todo, la salvación personal carece de sentido. Hemos de rechazar esta preocupación exclusiva por nosotros mismos, supuestamente espiritual, porque no es más que una sublimación del egoísmo ordinario. Si publicas en facebook que todos somos dioses recibes montones de adhesiones pero cuando hablas de amar a los enemigos sólo les gusta a cuatro gatos. Así que está bien claro hacia donde tenemos que esforzarnos. 

 


Espiritualidad y policia

Domingo, mayo 8th, 2016

ESPIRITUALIDAD Y POLICÍA
por Jaume Arasa

La policía debemos hacernos responsables de nuestros actos. 

Son momentos convulsos. A los problemas habituales de conflictos de convivencia, drogas, robos, violencia, explotación sexual, etc., se suman constantes manifestaciones que denuncian la corrupción y gestión de los gobiernos y el malestar que generan los sueldos bajos, o la falta de trabajo. En la calle es evidente el aumento de la pobreza y hay estudios que indican que esta pobreza repercute en el número de suicidios y en el aumento de personas con enfermedades mentales. A esto se añaden los problemas internacionales de guerras, terrorismo y victimas desplazadas de los conflictos, problemas que nos tocan cada vez más de cerca.

Tenemos que valorar qué parte de responsabilidad tiene en todo ello la institución policial y las personas que trabajamos en ella. En la historia reciente, estructuras poco democráticas y con fines egoístas se han servido de la policía para mantenerse en el poder y han sido protagonistas de abusos de autoridad y excesos en el uso de la fuerza. Estos hechos permanecen en el recuerdo de muchas personas y se asocian a emociones de rechazo que a veces generan una aversión hacia nosotros. Debemos aceptarlo como un hecho que está ahí, lo cual no nos exime de la responsabilidad de nuestros propios actos y de la obligación de no reaccionar de la misma manera.    

No obstante, la ley nos obliga a desahuciar a personas sin recursos por mandato judicial; y a  desalojar a gente que está reivindicando mejoras sociales. Hacemos cosas que van en contra de la moral objetiva y del bien común; y estos actos alimentan este rechazo histórico previo. A mi parecer, ser consciente de ello y decirlo abiertamente aporta claridad al asunto.

Nosotros mismos, como policías, tenemos motivos para estar descontentos, agobiados, y desesperanzados; pero dejarnos llevar por eso, lo único que favorece es a que la situación actual se mantenga. Debemos hacer el esfuerzo de vivir nuestra profesión de forma consciente y con una actitud positiva; porque esta actitud es  la precursora del cambio que ha de suceder tarde o temprano.

Yo entré de muy joven en la policía autonómica; movido por un ideal de ayuda al prójimo. Y he  trabajado en diferentes puestos, atrapado de entrada por el personaje. Pero el despertar se ha reflejado también en mi profesión a la que estoy intentando aportar este plus de calidad que da el hecho de estar presente. He mantenido contactos con altos cargos políticos y administrativos, he propuesto realizar unas jornadas poniendo en contacto a la policía con personas de distintos ámbitos sociales que se distinguen por una especial sensibilidad en el ámbito de la conciencia.  También he conseguido introducir el concepto de  autoconciencia en el código ético de la policía de Cataluña añadiéndolo a los valores tradicionales. Y  en la actualidad estoy preparando un curso destinado a desarrollar este concepto que, si se aprueba, se realizará en el marco del sindicato mayoritario del cuerpo. 

Espero que esta experiencia personal pueda servir de ejemplo a todo el que quiera dedicarse a difundir el valor del Trabajo en su propio ámbito laboral porque esta responsabilidad la compartimos todos.  


Amar a nuestros enemigos

Domingo, mayo 8th, 2016

AMAR A NUESTROS ENEMIGOS
por Jordi Sapés

Somos un potencial infinito de inteligencia, amor y energía capaces de vivir en unidad con el Todo, gozando de la maravilla de la creación, de su multiplicidad, de su fertilidad, de las posibles y diferentes maneras de expresarnos que esta realidad nos proporciona. A diferencia del resto de seres que comparte con nosotros este plano terrenal, tenemos una conciencia que nos permite actualizar nuestras capacidades de una forma personal, voluntariamente decidida por nosotros mismos, es decir, ser los protagonistas de nuestra existencia.

¿Y qué hemos hecho con todo esto? De una forma figurada podríamos decir que lo hemos cogido y lo hemos metido dentro de un cuerpo limitado y de una mente estrecha. Es como si el genio de la lámpara se hubiera metido voluntariamente dentro de ella y pretendiera la admiración de todos sin conceder ningún deseo: ahí quedaría, olvidado por todos y aprisionado en la lámpara.

Nosotros hacemos algo parecido: el universo es inmenso y desconocido en su mayor parte, estamos justo empezando a entenderlo y  a ser capaces de utilizar este conocimiento para manejarnos en él con cierta soltura. Asimismo estamos empezando a conocernos a nivel de especie y a comprender la necesidad de aprovechar y unificar nuestros esfuerzos para proporcionarnos una vida digna en la que todos y cada uno pueda ejercitar su creatividad y reforzar la presencia de la luz y el amor en nuestra expresión vital.

Pero seguimos empeñados en brillar de una manera personal, en destacar por encima de los demás cómo sea, si conviene como mártires de alguna causa. Y con tal de sobresalir, dado que nuestras posibilidades a nivel personal son muy limitadas, nos dedicamos a devaluar al otro, a denunciarlo, a cuestionarlo. Así, de esta manera tan estúpida, acabamos por convertir nuestra realidad en un infierno. Y cuanto más queremos arreglarlo, más lo estropeamos.

Hay gente que se reúne con el propósito de aunar esfuerzos y superar esta situación, pero lo primero que hacen es trasladar su problema personal al grupo y definirse en tanto que oposición a otro grupo; así que la estupidez personal se hace colectiva y se magnifica. Los asuntos colectivos se trasforman en agravios y las alternativas se presentan a sí mismas como el mejor banderín de enganche para satisfacer las emociones negativas que previamente han sembrado. Y a eso lo llaman democracia, gobierno del pueblo.

Si estuviera en mis manos los haría callar a todos, derogaría todas las leyes y establecería un código universal que penalizara exclusivamente la falta de respeto por el otro. Todo lo demás estaría permitido. Como decía San Agustín: ama y haz lo que quieras. Y es urgente que reflexionemos acerca de la conveniencia de amar a nuestros enemigos porque estamos derivando hacia una situación en la que vamos a estar rodeados de enemigos por todas partes. Ya sabemos que nosotros siempre estamos en el lado de los buenos, pero el enemigo no nos lo va a tener en consideración.

Si nuestra manera de ver la realidad excluye al otro tendremos que modificarla y si la manera de ver del otro nos excluye a nosotros, deberemos pedirle que la modifique. Cualquier forma de entender la realidad que no incorpore a la totalidad es por definición incorrecta. Como especie inteligente, solidaria y práctica hemos de ser capaces de organizar el mundo de manera que todo el mundo se sienta reconocido: cómo  individuo, cómo pueblo o cómo comunidad de cultura y de creencias. Y esto es imposible de conseguir si no nos interesamos por el otro y no hacemos un esfuerzo para explicarnos al otro. Ya no podemos pretender que nos dejen tranquilos: no podremos estar tranquilos mientras alguien esté sufriendo; el amor se hará indispensable porque el egoísmo se volverá contra nosotros mismos.

Este debe ser el modo como Dios nos está ayudando.  


Dificultades para superar la mecanicidad

Martes, enero 5th, 2016

DIFICULTADES PARA SUPERAR LA MECANICIDAD
Por Jordi Sapés

El reparto de escaños resultante de las últimas elecciones, tanto las catalanas como las españolas, nos coloca ante una situación muy interesante en tanto que rompe la mecanicidad.En las catalanas ganan los que son explícitamente independentistas en escaños pero no en votos; sin embargo, la naturaleza política tan dispar de las dos fuerzas independentistas que suman mayoría en el parlamento catalán impide alcanzar un acuerdo que permita formar gobierno.  

Y lo mismo sucede en el parlamento español, fragmentado de tal manera que impide alcanzar acuerdos estables entre diferentes partidos. En ambos casos el desacuerdo incluye diferencias de planteamientos en políticas sociales y territoriales: cuando están de acuerdo en la política social discrepan en la territorial y viceversa. 

Lo curioso es la respuesta que se produce a esta situación de desequilibrio: en la práctica se intenta negar la realidad y hacer como si no pasara nada: el PP pretende que los partidos “constitucionales” le permitan seguir gobernando y aplicando una política que la mayoría de la población rechaza; y el Sr. Mas pretende que las CUP hagan lo mismo: que le voten como presidente de la Generalitat y le dejen continuar con su hoja de ruta.

Esta petición se basa en dos clases de argumentos aparentemente contrarios: en el ámbito español asegurar la estabilidad que necesitan los mercados y en el catalán seguir con el proceso que ha de conducirnos a la independencia. Estos argumentos parecen ignorarse mutuamente pero, en realidad,  cada uno intenta esconder su flanco débil, que justamente representa la otra parte: la estabilidad económica no sería posible en la España actual si Cataluña consiguiera independizarse; y no hay posible independencia de Cataluña sin una base social mucho más amplia que haga compatible este proceso con la seguridad jurídica y económica de la población.

Paradójicamente, las fuerzas políticas que señalan estos flancos débiles y proponen simplemente que se reconozcan y traten de una forma consciente, son tachadas de inmorales y de irracionales. Inmorales por tener la osadía de cuestionar los sacrosantos valores de la unidad y la prima de riesgo e irracionales por no estar dispuestos a cambiar de opinión las veces que haga falta a cambio de alguna prebenda.

Así que en el ámbito público sucede lo mismo que en el privado: la inercia de lo habitual intenta ahogar todo cambio real calificando de utópico, absurdo y obstaculizador justamente aquello que está señalando el camino. En el ámbito social  el respeto por las personas y los pueblos y en el ámbito personal el respeto por nuestra naturaleza esencial.

No obstante podemos ser optimistas porque, pasado un determinado punto, lo acostumbrado ya no se puede contemplar como solución y las cuestiones que están sin atender ya no van a desaparecer de la escena política o de la conciencia individual. Así que nosotros, que podemos conjugar ambos aspectos de la realidad en tanto que lo superior trasciende lo individual, tenemos la posibilidad de jugar un papel de catalizador en este cambio evolutivo que se ha iniciado.        


Dios pone los ejercicios

Domingo, septiembre 6th, 2015

DIOS PONE LOS EJERCICIOS
Por Jordi Sapés

La realidad está hecha de energía, inteligencia y amor. Cuando nuestro desarrollo personal descuida alguno de estos aspectos o se satisface considerando que lo manifiesta en un grado superior al de su entorno, la realidad se encarga rápidamente de desmentirlo presentándose en forma de problema. No tenemos más que mirar que aspectos de la realidad se nos presentan más cuesta arriba para ver las capacidades que necesitamos ejercitar.

Pero esto sucede también cuando, habiendo advertido esta falta de desarrollo, nos proponemos remediarla con nuestra mejor voluntad y nos hacernos el propósito de tratar algunas cosas de una manera distinta de cómo veníamos haciéndolo. La idea suele consistir en hacer pequeñas mejoras, algunos retoques. Pero la respuesta que tiene en cuenta lo que hasta ahora habíamos considerado irrelevante tiene un tenor muy diferente, no puede ser la misma de costumbre convenientemente remozada. Y el hecho de querer mantener la de costumbre, limpiándole la cara, produce más desgracias que beneficios y nos coloca ante la evidencia de que el cambio ha de ser mucho más profundo.

Como dice el refrán: a veces para solucionar algo se ha de estropear del todo, precisamente para que los apaños no sean posibles. Esto es lo que está sucediendo ahora en relación a un problema colectivo: los refugiados de las guerras y del hambre que pretenden entrar en Europa. La avalancha es de tal magnitud que los gobiernos europeos no han dudado en quitarse la careta y proclamar en voz alta que no los quieren; pero esto solo ha servido para desenmascarar su inmoralidad porque la gente continúa llegando y superando todos los obstáculos que se les pone. Es una corriente imparable a la que habrá que dejar de tratar como una cuestión de orden público. En todo caso, el orden público habrá que imponérselo a los ciudadanos europeos que protestan porque se les despierta del letargo en el que están instalados.

La inmoralidad ofrece diferentes formas: colocar tanques en las fronteras, levantar vallas en las mismas, amenazar con confiscar los salarios de los trabajadores en situación ilegal, negarles cobertura sanitaria, permitir que se ahoguen en el mar, dispararles para que no pongan el pie en territorio europeo y devolverles al otro lado si lo han conseguido. Todo esto conculcando la legislación internacional. ¿Quiénes son aquí los ilegales? Esto no solo es ilegal: es inhumano; y sobre todo inútil, porque una legislación que ignora la realidad se cae por sí sola.

¿Y quién se preocupa realmente por el origen del problema? Ya es evidente que las fuerzas del mercado no van a sacar al continente africano de la miseria, solo van a agravarla cada día más. También es evidente que las filas del fundamentalismo islámico se nutren de personas que viven marginadas por el fundamentalismo financiero. La inteligencia y la energía, la razón y la técnica, se están mostrando incapaces de resolver la situación. Falta el amor. Son millones de personas las que reclaman un compromiso con la humanidad que, hoy por hoy, no tenemos.

Ya sé que la excomunión no está de moda, pero igual el Papa debería leerles la cartilla a estos dirigentes europeos que se dicen católicos o protestantes y adoptan estas medidas represivas en vez de atender la situación. Claro que igual sucedería que la mayoría de católicos, encabezados por estos dirigentes, se pondrían de acuerdo y lo excomulgarían a él.

En todo caso, ahí tenemos algo que nadie había previsto y nadie sabe cómo solucionar sin cambiar los esquemas tradicionales. Es un ejercicio que Dios nos pone.


Vivier en nuestro planeta

Lunes, agosto 24th, 2015

VIVIR EN NUESTRO PLANETA
Por Jordi Sapés

 

La encíclica del Papa Francisco sobre el trato que el ser humano está dando al planeta del que formamos parte no dice nada que no se esté afirmando desde hace tiempo: Dios dijo “dominad la tierra”, no dijo “destruidla”; el sistema capitalista opera exclusivamente en términos de beneficio a corto plazo y no considera como gasto la destrucción del medio ambiente; los estudios de preservación del mismo que se adjuntan a los grandes proyectos urbanísticos son un trámite meramente estético para cubrir las formas; los gobiernos son incapaces de tomar decisiones a largo plazo, más allá del período que les toca gobernar y se despreocupan de los problemas que sus decisiones van a causar a las generaciones futuras, etc.

Todo esto está más que sabido, la novedad es que lo diga el Papa. Pero la encíclica contiene otras afirmaciones que vale la pena destacar: la primera es que la idea de que la técnica acabará por solucionarlo todo está definitivamente desprestigiada. Después de la masacre del pueblo judío en los crematorios nazis, con el aprovechamiento incluido de los restos humanos susceptibles de tener un valor de mercado, quedó claro que la técnica solo beneficia al poder; y, hoy día, el poder ni tan solo lo tienen los gobiernos: está en manos del capital financiero.

La otra afirmación, quizás la más importante, es que esto se está produciendo ante la práctica indiferencia de la población, exceptuando los colectivos ecologistas, que son minoría y sirven más de coartada que de otra cosa.Porque la inmensa mayoría de la población occidental, la supuestamente cristiana, no está dispuesta a renunciar a unos grados de temperatura de su calefacción o de su aire acondicionado, ni hace nada efectivo por luchar a favor de alternativas energéticas de tipo ecológico.

El Papa ha hecho un especial esfuerzo por dirigirse a todo el mundo: creyentes y no creyentes, cristianos o fieles de otras religiones. Y también se ha guardado de condenar a nadie, seguramente porque no puede presentar a los cristianos en general y a los católicos en particular como ejemplo de la conciencia que reivindica. Pero en coherencia con esta postura de humildad se atreve a proponer la única solución realmente práctica para enfrentar el problema de un modo decidido: un gobierno mundial que respete rigurosamente el principio de subsidiariedad según el cual cada colectivo ha de decidir sobre los asuntos que puede resolver por si mismo. Y es obvio que sobre el efecto invernadero, la contaminación de los océanos, el hambre de los países del tercer mundo, el derroche energético y consumista del primero, las pandemias y las guerras de religión solo puede actuar con eficacia una autoridad mundial.

No es el primero en proponerlo, también parece ser un objetivo del Club Bilderberg, así que  el Papa se ha decidido a presentar batalla a nivel internacional en nombre del espíritu. Llevamos bastante tiempo discutiendo si la Unión Europea ha de ser la Europa de los pueblos o la de los mercados; y ahora vamos a trasladar esta discusión al  ámbito planetario: a ver si este planeta ha de ser propiedad de las multinacionales o de la humanidad.