Archivo para el mes abril, 2017

El seminario de las Relaciones según la linea de Trabajo Antonio Blay

Jueves, abril 20th, 2017

EL SEMINARIO DE LAS RELACIONES SEGÚN LA LÍNEA DE ANTONIO BLAY
Por Laura López

Éste es un seminario de fin de semana que imparten Jordi Sapés y Maria Pilar de Moreta –ambos fueron alumnos de Antonio Blay.

Está pensado para entender como son las relaciones que mantenemos, y aunque lo primero que suele venir a la mente cuando se habla de relaciones es la pareja lo cierto es que a través de ellas se abarca mucho más: ¿habría existencia si no hubiera relaciones? ¿ podríamos aprender? ¿ incluir conceptos? Me gusta mucho una cosa que expresa Sapés más o menos así; imaginemos nuestra vida sin los demás: ¿es posible? Es evidente lo limitada que quedaría.

Sin embargo, en vez de vivir las relaciones como algo creativo, con dificultades que superar en forma de retos, muchas veces las vivimos como una fuente de conflictos que no sabemos superar y que nos llevan a tener una sensación de infelicidad o de poca libertad.

 Y éste seminario es un buen lugar para pararse y repasar como nos desenvolvemos con las relaciones que mantenemos. Lo normal es que se den por habituales y normales ciertos modos que puestos al descubierto y a la luz de la conciencia nos parezcan bastante infantiles, como por ejemplo que el otro haga las cosas como yo quiero, que incluso disimule y me diga lo que quiero oir y ésto a la inversa también se da; por una inercia interna que no cuestionamos nos parece muy adecuado decirles a los demás lo que deben de hacer o lo que creemos que les gustará escuchar de nosotros. Todas éstas son una serie de actitudes basadas en la ilusión, en la falta de libertad y también de compromiso y no hay nada de auténtico en ellas.

Creo que según vamos despertando nos vamos dando cuenta de que las personas estamos hechas de la misma materia prima; y es debido a ésta comprensión que podemos dejar de estar a la defensiva y abrirnos a los demás sin miedo. Si yo despierto, dejo de ponerle pegas al otro, respeto su forma particular, sus conocimientos que está queriendo mostrar y hago lo mismo conmigo, no me censuro y me dejo ser yo, abierta y no por eso con miedo de perder mi propio criterio. Aquí es donde encuentro la libertad que da la capacidad para ser creativo en las relaciones y crecer de manera conjunta.

Es absurdo ponerle pegas a lo que existe por si mismo.

Una de las cosas que me vino a la cabeza en éste seminario es el verdadero sentido de la palabra amor, que creo que tiene mucho que ver con el respeto. Yo antes lo relacionaba más con el querer, con el deseo y también con el ser buena, y el ser buena lo confundía con hacer lo que era conveniente para los demás. Ésta fase se aclara muy bien en el comienzo del taller, cuando se explica el porqué de la desconexión del niño de su fondo.

Estoy convencida de que las relaciones de todo tipo son un amplio campo para explorar y un impulso para despertar y que despiertos tendremos seguramente algunas dificultades, pero éstas serán el trampolín que nos llevarán a abrirnos y gozar cada vez más de los otros y de la realidad.


En nosotros hay demanda de lo espiritual

Jueves, abril 20th, 2017

EN NOSOTROS HAY DEMANDA DE LO ESPIRITUAL
Textos de Antonio Blay

Los niveles superiores hacen su acto de presencia en nosotros mediante una inquietud, mediante una demanda. Cuando nosotros encontramos el modo de vivir elemental de la vida cotidiana estrecho, insuficiente, cuando hay en nosotros una demanda de una visión más universal de las cosas, de un sentimiento más incluyente, de una búsqueda de aquella verdad que lo explique todo, de una felicidad que no dependa de ningún factor exterior; esta demanda es el signo de la presencia y de la actividad de los niveles superiores en nosotros. Cuando la vida, aun vivida bien, aun vivida con éxito, nos viene estrecha, es señal de que algo mayor está empujando para expresarse.


Problemas que no eran solubles, que no tenían solución a un nivel mental o a un nivel personal, son solucionables desde un nivel superior. Pero, durante un tiempo, cuando hay en nosotros esta demanda de lo superior, pero nuestra vida sigue siendo inferior – al decir inferior nos referimos a lo habitual, a lo normal, no en un sentido peyorativo, sino más bien a lo elemental de la vida cotidiana – cuando hay esta aspiración, por un lado, y, por otro, seguimos sólo nuestro vivir cotidiano, entonces se produce un desequilibrio interior, a la persona le cuesta vivir su vida habitual, no le satisfacen las cosas que les satisface a las demás personas, no le gusta hablar de lo que hablan los demás, se encuentra fuera, inadaptado y esto crea una tensión, un malestar, puede crear incluso una verdadera angustia interior. Uno se ve imposibilitado para alcanzar esta verdad, sobre todo, al no conocer todavía su estructura; cree que es algo en lo que no puede encontrar nunca ninguna satisfacción, pues comprueba que las demás personas no tienen estas preocupaciones y que, si alguna vez les habla de ellas, le dicen que no se preocupe, que eso se cura con el tiempo, que se distraiga, que se divierta, que se tome unas vacaciones o se corra una juerga. Y, por esto, la persona llega a pensar que esta demanda interior no va a encontrar solución, lo cual le provoca un estado de angustia interior. Por lo tanto, lo espiritual es también generador, durante un tiempo, de angustia, de conflicto, de tensión. Mas hemos de decir: «dichoso el que tiene esa crisis, ese desajuste, esa angustia, porque esto es señal de que se encuentra en vísperas de un crecimiento». En cambio, la persona que vive perfectamente ajustada al standard de vida en general existente, o bien es una persona superrealizada, que ya no busca nada, porque ha encontrado la quinta esencia de lo más elevado, o es una persona limitada, como el mismo nivel en el que se está desenvolviendo. Sepamos que es inevitable pasar esta fase de desajuste, de crisis, esta fase de conflicto, pero es una fase para pasarla, no para quedarse en ella, es una fase que requiere buscar soluciones, no pasarse la vida con lamentaciones, solamente criticando, renegando del mundo, de la gente, de las costumbres, de las cosas. Es algo que requiere una visión y una acción positiva.


Extracto del libro Tensión, miedo y liberación interior. Editorial ÍNDIGO, 1972.


Decir lo que pensamos o hacer lo que creemos

Lunes, abril 17th, 2017

DECIR LO QUE PENSAMOS O HACER LO QUE CREEMOS
Por Jordi Sapés de Lema

Se avecina una tormenta de sinceridad. Los líderes mundiales se han cansado de tanta contención y han decidido que ya está bien de ser políticamente correctos, así que van a decir públicamente lo que piensan y al que no le guste que se aguante. Y esto generará una ola de agitación, porque hay mucha gente que hace tiempo que se siente reprimida e ignorada y considera que los poderes públicos favorecen y conceden toda clase de ventajas a los que, procedentes de otros países, “vienen a quitarnos el trabajo”. Ya era hora de que alguien defendiera a la gente de aquí y restableciera el orden y las buenas costumbres de toda la vida.

Es el momento de los que tenían la impresión de haberse quedado rezagados en el progreso. Oiremos que ahora toca hacer callar a todos estos progres que viven de dar lecciones de solidaridad y amor al prójimo e impiden gozar de las comodidades que la gente se ha ganado con su trabajo, haciéndoles sentir culpables y amargándoles la existencia con problemas que ellos no han causado. Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Veremos también cómo esta posición gana terreno en el ámbito de las relaciones personales: ya está bien de que todo el mundo se crea con derecho a decirnos lo que tenemos que hacer: en casa, en el trabajo, en las organizaciones… Ya estamos haciendo todo lo que podemos, que no nos exijan más. Si no les parece bien lo que hacemos, pues dimitimos y punto. Ya basta de que se metan con nosotros en vez de agradecernos el esfuerzo que hacemos.

Será todo un triunfo del personaje: el que lo tenga más gordo será el más famoso. La gente pide autenticidad, aunque sea cruda, porque está harta de hipocresía: el malote de la clase que se porta mal y tiene enamoradas a las guapas; el futbolista que coge el micro de un periodista y lo tira al agua; el pícaro más listo que todos que se sale con la suya…éstos serán los héroes. Y los demás, los que no se atrevan a sobresalir, se sentirán cada vez más marginados, más acomplejados, con una personalidad desdibujada de la que todo el mundo se aprovecha.

Así que no podremos andar por el mundo pasando desapercibidos; tendremos que ser especialmente atrevidos y empeñarnos en actualizar el potencial haciendo algo que destaque y llame la atención. Esto generará en nosotros un campo de energía que nos mantendrá en nuestro lugar e impedirá que la corriente nos arrastre. Si no hay atrevimiento todo lo demás resultará estéril.

Y el premio será la satisfacción interior derivada de dar sentido a la existencia y de vivirla como vocación. Estamos luchando y no tenemos tiempo para pararnos a poner medallas, lo que necesitamos es ánimo, decisión, constancia, colaboración y, sobre todo, refuerzos. Los que llevamos un cierto tiempo en la brecha os queremos comunicar nuestro agradecimiento por contar con esta colaboración y este refuerzo; y excusarnos por no poderos ofrecer un ambiente más tranquilo y un discurrir más relajado.

La ventaja que tiene este proyecto nuestro es que nos mantiene en vilo constantemente y nos impide caer en el sueño.

Por cierto que, en esta tesitura, vale la pena destacar unas palabras de la última entrevista del Papa Francisco en El País. Dice lo siguiente:

“Yo, dentro de la jerarquía de la Iglesia, o de los agentes pastorales de la Iglesia (obispos, curas, monjas, laicos…) le tengo más miedo a los anestesiados que a los dormidos. A aquellos que se anestesian con la mundanidad. Entonces claudican ante la mundanidad. Y eso me preocupa. Que si está todo quieto, está tranquilo, si las cosas están bien… demasiado orden. Cuando uno lee los Hechos de los Apóstoles, las epístolas de San Pablo, ahí había lío, había problemas, la gente se movía. Había movimiento y había contacto con la gente. El anestesiado no tiene contacto con la gente. Está defendido de la realidad. Está anestesiado. Y hoy día hay tantas maneras de anestesiarse de la vida cotidiana, ¿no?

En esto, a mí me llama la atención que Jesús en la última cena, cuando hace esa larga oración al padre por los discípulos no le pide “mira, cuídalos del quinto mandamiento, que no maten, del séptimo mandamiento, que no roben”. No. Cuídalos de la mundanidad; cuídalos del mundo. Lo que anestesia es el espíritu del mundo. Y entonces el pastor se convierte en un funcionario. Y eso es el clericalismo, que a mi juicio es el peor mal que puede tener hoy la Iglesia.” 

Bueno, nosotros tenemos lío constantemente; o sea que estamos protegidos contra la anestesia. Ánimo y adelante.  


Policia y Espiritualidad

Lunes, abril 17th, 2017

Jaume Arasa tiene treinta y ocho años, y hace diecisiete que entró en la Escuela de Policía de Catalunya. Actualmente pertenece a la Unidad Canina de los Mossos de Esquadra.

-¿Como se le ocurre a un chico de veintiún años hacerse policía?
- Primero quería ser agente rural, pero convocaron antes las oposiciones a mosso, me presenté y me cogieron. Fue un poco por casualidad, así y todo siempre he tenido esta vocación de cuidar a la gente. En el colegio siempre tenía este sentimiento de protección a la comunidad. Los quería y los protegía, por eso me hice mosso y me siento bien siéndolo.

-No debe ser fácil…
-Me costó. La gente no es consciente de lo que llega a pasar en la calle. Y cuando lo vives ocho horas de forma continuada es bastante duro: violencia doméstica, robos, peleas,…O te fortaleces o te coge una neurosis, y la parte espiritual me ha ayudado mucho en esto. Antes me ponía muy nervioso en situaciones conflictivas y ahora intento estar presente en lo que pasa. Me sirve para centrarme.

-¿Como llegas a la espiritualidad?
-Hace unos ocho años lo pasé muy mal: a nivel personal estaba muy roto —¡hasta me plantee dejar la policía!— y entonces escuché unos audios de Antonio Blay que me cambiaron la vida porque me transmitían algo muy potente. Después conocí a un alumno suyo, Jordi Sapés, que ha hecho que todo ese trabajo que planteaba Blay lo pudiera llevar a la práctica. Es una espiritualidad que es más bien un camino de autorrealización.

-¿Y cómo es la práctica de la autorrealización, en tu día a día, en tu trabajo?
-Miro de ser mucho más objetivo, observándome, y estar abierto al máximo. Estar lo más consciente que puedo, tanto a nivel físico, afectivo como intelectual. Intento también comunicar esto que vivo, por eso propuse de hacer unas jornadas en la Escuela de Policía, el año 2013, con el título: «Policía y Consciencia», con conferencias de personas relevantes en este tema. Y cuando el 2015 se hizo el Código Ético de la Policía de Catalunya, propuse incluir el valor de la «autoconsciencia», y actualmente, la palabra está recogida dentro del valor de la Templanza.

-Vuestro trabajo parece poco valorado, ¿Cómo lo vives?
- Lo vivo de forma ambivalente, porque me sabe mal de cara a la sociedad, pero también me sabe mal de cara al colectivo, porque hay gente muy maja. Y se me hace difícil. Estoy en la Unidad Canina, en explosivos, nosotros vamos cuando la gente se va corriendo, nosotros vamos a detectar los explosivos. Es nuestra obligación, pero se hace necesario recordar que la vida de un policía tiene el mismo valor que otra vida humana…

-¿Tienes miedo?
-A veces sí que tengo, pero cada vez menos porque este trabajo interior hace que pierdas el miedo porque vas siendo más consciente de ti y vas creciendo. No tengo ganas de morir, pero si viene, es mi trabajo.

-La autorrealización te lleva finalmente a la espiritualidad. ¿Cómo fue esta experiencia?
-Un día fuimos al monasterio de Oseira (Ourense) para contactar con esta parte más espiritual con la ayuda de personas que se dedican desde hace siglos, como son los monjes cistercienses. Fue una experiencia brutal. El hecho de no hacer nada, solo prestando atención a esta parte superior, hizo que notara como subía de grado y entrara en otra atmósfera…Es muy sutil, es muy sencillo, pero es transformante. Ahora miro de volver una vez al año, y he dejado las reticencias que podía tener con la Iglesia para centrarme en la experiencia que me transmite. El cristianismo ha aportado unos valores que cabe agradecer, un trabajo de base muy fuerte que ha hecho evolucionar la humanidad, la persona.

-¿Hablas de Dios?
-No me siento incómodo con la palabra Dios, pero es igual la palabra que le pongamos, lo podemos llamar: punto superior, calma oceánica… da igual, la cuestión es que lo experimentes y constates que modifica la visión que tenías de la realidad y lo puedes aplicar al día a día, estando presente. 

 

A pie de calle

“A pie de calle” quiere ir al encuentro de personas sencillas que, sin hacer ruido, por el solo hecho de existir y dar un sentido a la vida, dejan huella.

                                Laia de Ahumada

Fuente: Revista Dialogal, núm.58 
www.dialogal.org
Autora: Laia de Ahumada
www.laiadahumada.blogspot.com.es

Traducción al castellano: Jaume Arasa


Práctica para descubrir el silencio

Lunes, abril 17th, 2017

PRÁCTICA PARA DESCUBRIR EL SILENCIO
Textos de Antonio Blay

Empezamos de una manera modesta, sencilla, pero eficaz. Cuando yo inspiro, he de aprender a ser consciente de esa inspiración. Esa inspiración me conduce hacia dentro, pero llega un momento en que esa inspiración se detiene, se acaba. Yo he de procurar seguir ese movimiento yendo hacia dentro, y un poco más adentro de ahí donde termina la inspiración. Por unos instantes estaré en una zona de vacío; luego surge la espiración. Yo he de estar atento y tratar de adivinar ese instante que antecede al movimiento de espiración. Es decir, que he de utilizar ese movimiento natural de inspiración y de espiración como soporte para que mi atención, mi conciencia, se profundicen, y lo hagan hasta un punto, hasta una zona más allá del fenómeno, más allá del movimiento, más allá de lo que yo soy normalmente consciente.

Cuando he practicado esto, cuando sé lo que es conducir la conciencia un poco más adentro de donde termina la inspiración, cuando he conseguido captar el instante de donde procede el impulso de espiración, entonces puedo tratar de centrarme en ese momento, lugar y sensación del punto donde inciden la inspiración y la espiración, del punto donde sale este impulso a inspirar o a espirar. Porque ese punto es un punto, no una dimensión. Es decir, el punto que, en un sentido fisiológico, coincidiría con una zona determinada de nuestro sistema nervioso, y que, cuando se sigue mentalmente, conduce a un punto más allá de nuestras variaciones de conciencia, más allá de nuestro fenómeno de percepción. Nos conduce hacia un punto innominado, hacia un punto vacío, un punto que es un ventanal abierto.

Se trata aquí de un ejercicio sencillo, que en un momento dado querremoshacerlo y no podremos, pero que, sin embargo, en otros momentos saldrá muy bien.

Hemos de ejercitar lo mismo en ese otro momento que es nuestra vida cotidiana, cuando yo estoy hablando con alguien, cuando estoy en diálogo con alguien. Cuando yo me expreso de un modo completo, completo en profundidad, en sinceridad, en conciencia de mí, cuando vivo una situación de expresión de un modo completo, el instante que sigue después de la expresión es un instante de vacío, de silencio; ahí es donde yo he de aprender a estar atento. El instante en que se produce en mí una percepción y comprensión plena, y al decir plena quiero decir plenamente aceptada, es también aquel momento en que se produce en mí el silencio espontáneamente. También cuando, de repente veo un paisaje grandioso, se produce en mí una exclamación y un instante de silencio. Igualmente, cuando he escuchado una obra musical extraordinaria, si yo estoy realmente centrado, se producirá en mí un silencio.

Todas estas prácticas que están a nuestro alcance. He aquí el modo de aprovechar esta enorme cantidad de agujeros que hay en nuestro mundo fenomenológico. También es posible que, a veces, en pleno movimiento, en plena acción, uno pueda captar de repente el vacío que hay detrás de todo lo que hemos estado sintiendo o haciendo. Tan sólo ocurre que uno no presta atención a esas impresiones que a veces tenemos, porque creemos que la importancia estriba solamente en lo que se mueve. Y la importancia que pueda tener cualquier cosa que se mueve ciertamente procede de eso que se mueve.

También fuera de mí puedo ejercitar esa atención, cuando yo de vez en cuando contemplo las cosas de un modo objetivo, dándome cuenta de que todo se mueve, de que todo tiene vida. Entonces tal vez pueda intuir el silencio y el vacío que es el soporte y la raíz de toda esa vida y de todo eso que se mueve. Cuando yo estoy hablando de veras con alguien, cuando estamos interactuando el uno con el otro, estamos moviéndonos sobre un vacío, sobre un silencio, sobre un vacío y un silencio que nos incluye a ambos, que nos envuelve a ambos. Y esto, a veces, uno lo intuye. En el momento en que se ha dicho algo con sinceridad, en el momento en que hay una buena comprensión mutua, hay un instante en que se produce esa sensación como si el silencio adquiriera fuerza, cierta corporeidad, cierta presencia. Si aprendo a estar atento y presente a este silencio, tal vez pueda captarlo en ese momento. Hemos de aprender a sentir ese silencio, no fuera, sino también en nosotros.

A. Blay Caminos de Autorrealización tomo III “La integración con la realidad exterior”


La lucidez y el futuro inmediato

Lunes, abril 17th, 2017

LA LUCIDEZ Y EL FUTURO INMEDIATO
Por Jordi Sapés de Lema

Dice Antonio Blay: la lucidez es el que ve en el acto de ver; el sujeto que ve y la actualización de la capacidad de ver; actualización que, obviamente requiere de un objeto que está siendo observado. Pero fijaros que aquí no hay juicio por ninguna parte; la lucidez no opina si lo que ve está bien o está mal. Ve lo que hay y el sentido que tiene. 

Últimamente se habla mucho de exceso de información. Dicen que este exceso nos impide asimilar una noticia porque justo cuando la estamos mirando nos llega otra. Dicen que esto ha conseguido hacernos impermeables a las desgracias y que las cosas que suceden ya no nos sorprenden ni nos alteran. En otras palabras: no tenemos tiempo de juzgar la información que recibimos y nos olvidamos de ella. Y se quejan de que esto genera despreocupación moral, porque no juzgamos ni condenamos; ya nada nos sorprende.  

Sin embargo, la gente se traga toda clase de necedades que aparecen en el ámbito virtual, noticias que buscan ser sorprendentes: da igual que sean ciertas o falsas, lo importante es que sean emocionantes. El placer de enterarse de algo y transmitirlo al círculo inmediato no tiene precio porque concede protagonismo; lo de menos es si lo que se difunde es cierto o falso. Incluso se ha acuñado un término para describir este tipo de información: la postverdad. Qué lejos queda aquel argumento tan socorrido de que no leemos los periódicos “porque solo dicen mentiras”. 

En realidad los periódicos ponen de manifiesto lo que nuestros ojos parecen negarse a ver: no es que una noticia se solape con otra, es que las mismas noticias se repiten a diario, solo cambia la localización: fenómenos meteorológicos catastróficos, ataques terroristas aparentemente irracionales, desahucios, refugiados ahogados en el mar…y declaraciones políticas vacías de contenido, interesadas únicamente en disimular la incapacidad del que las realiza. 

Incluso se valora la estrategia que consiste en ignorar la realidad y actuar como si no pasara nada, porque permite contemplar impasible el fracaso de todos aquellos que intentan proponer soluciones. A la gente no le gusta que le propongan soluciones porque esto implica reconocer que hay problemas; así que nadie sigue a estos agoreros que, al poco tiempo, se retiran de la escena sumidos también en la impotencia. Pero claro, la situación va a peor: o sea que lo que vendrá a continuación será convertir al denunciante en alborotador y culpable.  

Este próximo año vamos a asistir a este fenómeno: el vecino será el responsable de nuestros problemas; así que cada país se encerrará sobre sí mismo y los gobernantes utilizarán las palabras unidad y diálogo como un arma arrojadiza contra los demás, quienes, supuestamente, se negarán a participar en los esfuerzos por mejorar la situación. Poco a poco, conceptos como pleno empleo, estado del bienestar, jubilación, etc. se irán relativizando porque ya nos han advertido de que las cosas no volverán a ser como antes. Así que no nos quedará más remedio que revisar un sistema que está impidiendo claramente que la humanidad avance.

Entonces será el momento en el que la gente lúcida, que no divide el mundo en buenos y malos, podrá empezar a plantear la necesidad de nuevos valores de referencia para organizar el colectivo; valores distintos de la productividad, el beneficio, la riqueza material, la competencia y el mercado; y se podrá empezar a hablar de sabiduría, salud, sociedad, bienestar psicológico, seguridad material, vocación, solidaridad y espiritualidad.

Esto no es una utopía porque ya es algo real en estos momentos; hay muchas personas que miran y ven el mundo de esta manera; el problema es que el poder económico y político está haciendo cuanto puede para impedir que esta visión se consolide; y la gente educada en el consumismo sigue siendo mayoría. Pero los mensajes y las proclamas de los gobernantes ante los continuos desastres que se suceden, suenan cada vez más vacíos y más absurdos. Se demostrarán tan inútiles que no tendremos más que resaltar de nuevo el potencial del ser humano, de cada ser humano, de cada pueblo y de cada nación, y reivindicar respeto, libertad y dignidad. Sea lo que sea que nuestros ojos tengan que contemplar, nadie podrá oscurecer la lucidez que habrá en ellos.

Así que debemos caminar mirando hacia este horizonte, evitando caer en las trampas del personaje social y de la miseria emocional, que todavía nos afecta porque nuestro psiquismo es débil. A veces las circunstancias adoptan un aspecto muy desagradable, pero hemos de tener claro que es falso, que es nada, vacío. Nuestros ojos han de traspasarlas para ver la realidad desde la conciencia de nuestro ser espiritual; y esto implica serenidad, amplitud y seguridad interior, derivadas de una corriente de luz que desciende de arriba e ilumina la verdad.