Archivo para el mes diciembre, 2016

La despedida de un ser querido

Miércoles, diciembre 7th, 2016

LA DESPEDIDA DE UN SER QUERIDO
Publicado por Carlos Ribot

Cuando me pidió Miquel  hace ya tres semanas que escribiera algo sobre la despedida de mi hermana Mar, me pareció tarea fácil, pero he ido posponiéndolo, sin saber muy bien por qué. La gente me pregunta qué tal estoy muy a menudo. Necesariamente les contesto que bien, porque es así. Pero ese retraso significa que hay algo más. Querer hablar de la muerte de un ser querido siempre es difícil. El yo ideal también quiere estar presente: el artículo tiene que ser el mejor del mundo. Jeje, siempre el personaje de por  medio.
 
Ha sido muy duro, muy doloroso. Hace cuatro meses que ella me dijo que tenía algún síntoma, hablando tranquilamente en un bar; hace menos de tres meses que le diagnosticaron de cáncer. 60 años son muy pocos hoy en día; prácticamente queda una tercera parte de la vida por vivir. Antes, y todavía ahora, pienso que es injusto, que la vida ha sido injusta en este caso. Pero quién sabe de justicia y de injusticia.
 
El día de su funeral, un sabio amigo me dijo que no era el momento de pensar en nosotros, en nuestro dolor, sino en ella. Por la tarde, en el cementerio, pensaba leer esa famosa elegía de Miguel Hernández a Ramón Sijé, de la que tanto me había acordado y tan bien definía mi sentir de estos días: “Tanto dolor se agolpa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento”.  Pero gracias a él me dí cuenta de que el momento del dolor había pasado, y que ahora era el momento del adiós. Mi otra hermana no lo entendía así, y lanzó un grito de desesperanza al aire. Conté un cuentecito que habla de que el morir es como un barco que se va alejando desde una orilla, hasta que se le deja de ver; en ese momento, se va aproximando a la otra orilla del océano, y otros que no sabemos le están esperando y recibiendo.
 
En este proceso me he quedado con una profunda paz y serenidad. Vosotros me habéis ayudado mucho, desde El retiro de Oseira, todos vosotros con los que he compartido y sigo compartiendo una experiencia humana y espiritual de unión con lo Superior, que me hace sentir como estoy ahora. Ha dado la casualidad de que todo se precipitó dos semanas después, también compartiendo con vosotros durante el Seminario del Evangelio, en el Monasterio de Dueñas. Allí, cuando ya sabía lo que iba a suceder, Jordi me dijo que me mantuviera centrado y de esta manera iba a poder ser una referencia para los que me necesitaran. Así lo hice.
 
Del otro lado del dolor, ha sido la experiencia del cariño. Me he sentido muy libre, he dicho en cada momento lo que me ha parecido, lo que en otras ocasiones callas, por parecer fuera de lugar o demasiado espiritual, ahora me sentía con la fuerza y la autoridad de comunicarlo. He dicho a la gente que nos venía a ver, a muchas ni las conocía, que hay cosas invisibles que no por ello son menos reales, y que se estaban haciendo presentes en ese aquí y ahora: el cariño y el amor de la gente. Me comentaron que habían ido a verla incluso compañeros que no se llevaban bien con   ella: ¿Hay mejor señal  que ésta de lo que estoy diciendo? Todavía puede haber quien piense que lo hacían por quedar bien. Pero allí se manifestó, se veía, el amor de la gente. Eso me llevo. Ya no hay nadie que me pueda decir que no somos, porque hasta después de morir mi hermana convocaba a gente en el Amor que somos. Y me dio a mí la fuerza y la claridad de pregonarlo a todos los que aparecían por allí.
 
Perder a un ser querido es perder algo de tí mismo, porque con ella se ha ido una parte de mí; todo lo que hemos compartido, disfrutado y reñido juntos, se  materializa de alguna manera, y lo he perdido ahora. La sensación que vivo es la de una silla vacía. Me imagino alrededor de una mesa, y hay alguien que falta. Pero a la vez hay un adiós definitivo.


Cuando volví al trabajo todo el mundo quería consolarme, la gente no sabía qué cara poner, y a mí me hacía gracia y a la vez sentía que tenía que poner cara de tristeza, para estar de alguna  manera en sintonía con el otro. Pero no, no la ponía porque estoy en paz. A todos les contesto igual: He llorado muchas lágrimas, todavía me quedan algunas, pero le he dado todo el amor que he podido, hasta el final.
 
Me quedo con esto, yo lo llamo el milagro de Mar.


La autosugestión

Miércoles, diciembre 7th, 2016

LA AUTOSUGESTIÓN
Textos de Antonio Blay 

¡Y cuántos prejuicios sobre el modo de ser de determinadas personas, sea por su lugar de nacimiento o por su profesión, o simplemente, porque han hecho ciertas acciones que reprobamos! ¡Cuántas opiniones, criterios y juicios cuyo único fundamento consiste en que siempre se nos ha dicho, sin más, que tal cosa ha de ser de esta manera y no de otra! Todo esto es sugestión pura. Sugestión involuntaria e inconsciente.

¿Por qué seguir siendo víctimas automáticas de los condicionamientos que todas estas sugestiones (introducidas en nuestra mente sin participación de nuestra voluntad) están produciendo sin cesar tanto en nuestra vida interior como en nuestra actividad externa? ¿Por qué no hemos de coger el mando de nuestro vehículo y determinar con absoluta seguridad adónde y cómo hemos de ir? ¿Por qué no hemos de poder elegir deliberadamente los condicionamientos que creemos más adecuados para nuestra naturaleza y según nuestras legítimas aspiraciones, y determinar así a voluntad nuestro estado de ánimo y nuestra capacidad de reacción?

No lo hacemos simplemente porque no se nos ha enseñado que esto puede conseguirse. Hemos leído cuatro anécdotas en las que la sugestión producía aparatosos efectos en algunas mujeres histéricas o hemos visto que se utilizaba en un espectáculo para ridiculizar a los que se prestaban al «experimento». No se nos ha enseñado que la sugestión es el arte de introducir ideas en el subconsciente al objeto de que produzcan los efectos correspondientes en nuestra mente consciente, en nuestro estado de ánimo o en nuestros hábitos de conducta. Y que cuanto más positivas y reales sean estas ideas y cuanto más profundamente lleguen a penetrar en nuestro interior, más contundentes y definitivos serán los resultados. No se nos ha enseñado que con la autosugestión tenemos el medio de transformar de raíz nuestra personalidad, neutralizando todos los bloqueos inconscientes y corrigiendo todos los defectos que hasta ahora nos han impedido vivir nuestra espléndida realidad interior a pleno pulmón.

 

La personalidad creadora
Editorial Índigo, página 270
Antonio Blay Fontcuberta      


De Fidel Castro a Donald Trump, pasando por la Iglesia

Miércoles, diciembre 7th, 2016

DE FIDEL CASTRO A DONALD TRUMP, PASANDO POR LA IGLESIA
Por Jordi Sapés

En mi artículo del mes pasado comentaba que con el desplome de la Unión Soviética había caído también el humanismo: la idea de que la sociedad evoluciona apoyándose en el esfuerzo del ser humano. Me olvidaba de Cuba, de la revolución que hizo posible que un pueblo condenado a ser el burdel de los EEUU se levantara y alcanzara con su esfuerzo la completa alfabetización de sus gentes y la sanidad gratuita para toda la población.
 
Hoy, con motivo de la muerte de Fidel Castro, se debate en los medios de comunicación si debemos resaltar las conquistas sociales de Cuba o el hecho de que se hayan producido en ausencia de democracia. Bien, a lo mejor tenemos que deslindar ambas cuestiones; porque un atropello contra el débil decidido democráticamente tal vez sea más censurable que otro que se adopta para sobrevivir en circunstancias difíciles. Y si el que goza de libertad la utiliza para seguir dificultando la existencia de quien no la tiene, habrá que ver si no está poniendo esta libertad al servicio de intereses nada democráticos, entendiendo por democracia el poder del pueblo.
 
Cuba venía siendo noticia por el intento de su gobierno de proceder a una transición económica y política que EEUU podría facilitar levantando el embargo y autorizando el comercio con la isla. El restablecimiento de relaciones con los EEUU es el primer fruto de un empeño por llegar a un acuerdo en el que ha jugado un papel protagonista la diplomacia vaticana. Así que podemos preguntarnos qué hace el Vaticano en un país que se define comunista: la respuesta es que ambas instancias, la Iglesia y el gobierno cubano, han descubierto que mantienen opiniones parecidas en el ámbito de la economía.

Veamos algunos pasajes del discurso que el Papa Francisco ha hecho recientemente en una reunión con empresarios:         
 
“Desgraciadamente, el tiempo que vivimos ha impuesto el paradigma de la utilidad económica como principio de las relaciones personales. La mentalidad reinante propugna la mayor cantidad de ganancias posibles, a cualquier tipo de costo y de manera inmediata. No sólo provoca la pérdida de la dimensión ética de las empresas sino que olvida que la mejor inversión que se puede realizar es invertir en la gente, en las personas, en sus familias. La mejor inversión es crear oportunidades. La mentalidad reinante pone el flujo de las personas al servicio del flujo de capitales provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos a usar y tirar. Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más. El flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas. 
 
No son pocas las veces que, frente a los planteos de la Doctrina Social de la Iglesia, se salga a cuestionarla diciendo: «Estos pretenden que seamos organizaciones de beneficencia o que transformemos nuestras empresas en instituciones de filantropía». La única pretensión que tiene la Doctrina Social de la Iglesia es velar por la integridad de las personas y de las estructuras sociales. Cada vez que, por diversas razones, ésta se vea amenazada, o reducida a un bien de consumo, la Doctrina Social de la Iglesia será voz profética que nos ayudará a todos a no perdernos en el mar seductor de la ambición.”
 


El primer párrafo constituye una denuncia sin paliativos del sistema basado exclusivamente en el beneficio del capital que utiliza al ser humano como un engranaje más de la máquina de producir riqueza para unos pocos. El segundo confiesa la inutilidad de esta denuncia. Y no porque los empresarios buenos y conscientes no alcancen a contrarrestar una mayoría egoísta y sin entrañas, sino porque el sistema económico excluye a corto plazo del mercado a toda empresa incapaz de aumentar su competitividad  rebajando sus costes. En igualdad de condiciones en relación a los demás factores, el buen empresario que decide repartir beneficios con sus trabajadores se verá de inmediato superado por el que los explota sin piedad. Porque la piedad la deciden las leyes que regulan el mercado laboral y, como podemos ver, la tendencia es a liberalizarlo; es decir a desproteger cada vez más a los que están obligados a poner sus capacidades al servicio de quien tiene los medios para sacarles provecho. Y dicho sea de paso, esta liberalización, sinónimo de desprotección de la gente, se basa en leyes que se deciden democráticamente.
 
La cuestión es si es posible transformar las empresas en instituciones de filantropía o, más que eso, en instituciones al servicio del desarrollo del ser humano, en vez de tener por finalidad exclusiva engordar al capital. Y la respuesta es afirmativa, a condición de que la empresa no sea propiedad del capital sino de los trabajadores y de que no deba competir en un mercado que se rige exclusivamente por el beneficio sino que pueda desarrollarse en el marco de un sistema que tenga por objetivo el progreso de la colectividad como un todo.
 
En este planteamiento se han encontrado la Iglesia y el gobierno cubano. Este último ha visto en el humanismo cristiano una oportunidad para mantener las conquistas sociales al tiempo que favorece una liberalización distinta de la merienda de negros que receta el neoliberalismo.
 
Veremos qué papel jugará Trump en todo esto. De momento parece ser que, en el ámbito económico, pretende ponerle palos a las ruedas de este neoliberalismo que hubiera seguido imparable de haber ganado Clinton. A veces Dios escribe recto con renglones torcidos.  Y si todo acaba siendo demagogia puede que el pueblo no tenga más remedio que despertar.             


Mi experiencia en el Seminario del Evangelio

Miércoles, diciembre 7th, 2016

MI EXPERIENCIA EN EL SEMINARIO DEL EVANGELIO
Publicado por Pilar Lainez

Ayer regresé a casa después de hacer el Seminario de interpretación del Evangelio según la línea de Antonio Blay con Jordi Sapés, en la Abadía cisterciense de San Isidro de Dueñas y estoy conmocionada. Esa es la palabra que venía a mi cabeza para definir cómo me sentía al salir de allí. Y como soy muy "fina" y quería contároslo para haceros llegar la frescura de mis impresiones, he buscado en el diccionario el significado de la palabra y he encontrado que "conmoción" es el movimiento o perturbación violenta del ánimo o del cuerpo. Así que ahora, puedo decir de verdad que me sentía conmocionada.

Fui a aquel lugar, casi al otro lado del mundo, tras un largo viaje en tren desde mi Zaragoza natal, al encuentro siempre añorado y deseado con Jordi, Mª Pilar y un grupo de personas hermosas a las que siento como compañeros en el sendero de la autorrealización y el despertar. 

Esta vez éramos pocos, muy pocos, tanto que en principio era fácil sentir lástima porque tanta gente se estuviese perdiendo la oportunidad de aquel encuentro. Pero las cosas suceden siempre por algo. Y ese encuentro de tan solo siete almas acabó siendo un encuentro místico al que se sumó la primera tarde el Superior del monasterio que se muestra francamente interesado por conocer el Trabajo de Blay de la mano de Jordi. La segunda tarde nos visitó sin ser esperada la hermana Muerte, para hacernos un guiño a través de la experiencia de nuestro amigo Carlos que, habiendo iniciado el seminario con nosotros, hubo de partir para acompañar a su hermana en el hospital debido al agravamiento súbito e inesperado de su enfermedad terminal.

Defino el encuentro y el trabajo realizado como místico, avalada una vez más por el diccionario que me indica que la mística es "la experiencia de lo divino". Y es que el seminario trata de eso: de experiencia. Así que, aunque yo abra hoy la ventana de Internet para contaros la mía, se me hace evidente que no puedo haceros llegar el mensaje que el Evangelio tiene para cada uno de vosotros, por más que estéis realizando el Trabajo. 

No. La alquimia solo es posible cuando el alumno dispuesto a recibir, recorre medio mundo hasta aquel lugar, se postra humilde ante las palabras, pone en juego sus potencialidades e indaga en busca del sentido. Solo así puede acceder al resultado de su acción y comprende que el proceso ha sido necesario cuando en un determinado momento durante esos días siente la mirada de Dios sobre su alma.

Pero quizá es posible que quien lea estas palabras no sepa de qué estoy hablando. Me explicaré. El seminario del que hablo es el que organiza Jordi Sapés para el estudio de Evangelio según la línea de Antonio Blay desde hace pocos años y que se celebra por tercera vez en el monasterio de Dueñas. Suelen acudir a él algunas personas de este grupo que están en el Trabajo de autorrealización según Blay y pertenecen al entorno de ADCA, pero sinceramente creo que la mayoría no sabe qué ocurre allí y no alcanza a imaginar lo potente que puede ser aquella experiencia para estimular y acrecentar su avance en el Trabajo.

Lamento que el evento no cuente con una asistencia más nutrida de aquellos que, como yo, están comprometidos con esta locura bendita derivada de haber encontrado a Blay y a Sapés en su vida. Por eso, hoy, en las primeras luces del día siguiente a mi experiencia, tal como se dirigía María Magdalena al sepulcro de Jesús según cuenta Juan ("La tumba vacía" Juan 20, 1-18), enciendo la pantalla del ordenador para gritar a los cuatro vientos que lo que encontré allí debe ser transmitido y que nuestra obligación como seres despiertos es difundir el Mensaje. 

¿Qué Mensaje?… Ya sabéis muy bien cuál es. En particular lo decían las últimas palabras del pasaje de Juan que me tocó analizar cuando Jesús llamó a María por su nombre y ella… comprendió. Un Mensaje que está allí escrito desde hace tropecientos mil años, que se ha leído y se lee en los púlpitos de iglesias católicas y no católicas millones de veces y que yo misma he escuchado mil veces sin comprender, porque el néctar del conocimiento se entrega a la humanidad envuelto en velos de misterio que solo el iniciado sabe apartar para acceder a la Esencia.

Ese iniciado en este seminario es Jordi Sapés, que indica la ruta por la que avanzar entre las palabras del Evangelio pero solo la señala, dejando que cada uno camine la senda con sus propios pies, desbrozando el ramaje con un sencillo diccionario que pone sentido y significado comprensible a las palabras claves que encierra el texto. Y así, después de unas cuantas horas inclinado en grupo sobre los textos, poniendo en juego sus capacidades, el alumno ve cómo va apareciendo el significado real de las palabras y la intención precisa con que fueron dichas y transmitidas.

Pero no queda ahí la cosa, no señor. Este sobrio maestro, apasionado por la realidad que sabe que Es el mismo y que Somos todos, nos espera al final de la senda desbrozada para dar un último toque magistral y empujarnos amorosamente, como la madre empuja a su cría para que abandone el nido y aprenda a volar, animándonos y ayudándonos a encontrar en el Evangelio la aplicación práctica a nuestra biografía y a nuestra historia personal. 

Y entonces …entonces, uno comienza a ver cómo esas palabras se dirigen única y exclusivamente a sí mismo. Cómo detallan los pesares transcurridos en la anhelante búsqueda de respuestas, las subidas y bajadas de su propia noria existencial, los atisbos de claridad entre las brumas… Y sobre todo, uno ve la necesidad de seguir adelante y de comprometerse con Eso. Eso, que se anuncia ahí y que es el Mensaje que vino a traernos Jesús.

Después de esa sesión del seminario que no necesariamente es la última, pero que a mi me ha resultado la más contundente, ya sobran las palabras y te dedicas solo a entregarte. A la experiencia de Dios en el coro cantando con los monjes, a la conexión íntima y poderosa de la Comunión, al afecto de los compañeros…

Y si alguien aún se está preguntando: ¿por qué hacer allí el seminario?, ¿por qué en el monasterio?, creo que ya habrá entendido que resulta la redoma adecuada para que se realice la alquimia de la apertura a Dios a través del Evangelio, al amor de la Liturgia de las Horas. 

Solo deseo que mis palabras animen a mis compañeros en el Trabajo a disfrutar en algún momento de este Seminario ya que estoy segura de que, una vez que lo saboreen, no querrán perderse la edición de cada año porque habrán experimentado el potente espaldarazo que supone para su camino personal.

Espero que a quien en el futuro se abra a esta alquimia le quede en su interior la misma idea que yo he comprendido en esta ocasión: este mundo debe cambiar y es evidente que yo no puedo hacerlo. Sin embargo… no he de dejar nunca de intentar cambiarlo.


La oración personal

Miércoles, diciembre 7th, 2016

LA ORACIÓN PERSONAL
Textos de Antonio Blay

La oración personal consiste en que yo dé expresión de un modo directo a mi aspiración de acercamiento y de participación en lo divino. La oración no es una práctica que deba ser hecha por obligación. La oración no es un deber. La oración tiene muy poco que ver con la moral, en el sentido que estamos hablando nosotros. Tiene muy poco que ver con normas, iglesias o grupos que poseen su propia ética, sus propias reglas. En el sentido en que estamos hablando, la oración no guarda relación con ninguna obligación moral, ni siquiera con el bien o el mal. La oración es la sinceridad, el dar salida de un modo consciente, claro, abierto, total, incondicionado a esa demanda que hay en mí de lo divino.

La oración es que yo exprese, que yo me ponga en contacto, o que trate de ponerme en contacto, con este Dios, con ese Absoluto, con este Todo al que aspiro, y que, de un modo u otro, exprese yo esa demanda. La oración es una exclamación de mi verdad, de mi sinceridad. Por tanto, nada tiene que ver con las fórmulas, con las prácticas estereotipadas, aunque, en la práctica, las fórmulas, reglas y prácticas puedan verificarse mediante un auténtico espíritu de oración. 

El éxito en la oración, y al hablar de éxito queremos significar que la oración nos ayude de un modo eficaz al resultado que buscamos, depende de unos factores que ya hemos enunciado en varias ocasiones:

En primer lugar que yo me sitúe ante Dios con la máxima noción de claridad y de realidad respecto a Él, que trate de evocar en mí toda la fuerza de aspiración que hay hacia Él, para que sea capaz de intuirlo, para que esté todo presente ante mí. Que yo me dé cuenta del Ser a quien me estoy dirigiendo, que esté lo más clara y realmente posible la idea de Dios como objeto. De la claridad y realidad de Dios para mí dependerá el que yo viva la situación de un modo realmente trascendental, o solamente de un modo intrascendente. En otro momento dijimos que, cuando estamos ante un espectáculo que se sale de lo corriente, también nuestra movilización interna está por encima de lo normal. Cada vez que nosotros tratamos de situarnos conscientemente ante Dios, ante lo absoluto, estamos ciertamente ante algo muy por encima de nuestra experiencia normal. Esto dependerá del realismo, de la claridad con la que yo sea capaz de darme cuenta de la noción de Dios. De esa claridad y de esa realidad surgirá, sin esfuerzo alguno, mi reacción profunda.

El segundo requisito es que yo sea realmente Yo, que yo sea Yo en mis dos aspectos fundamentales: yo como personalidad integrada, como conciencia del cuerpo y de sus funciones, como conciencia afectiva, intelectual, con toda mi experiencia, con todo lo que he desarrollado en mi vivir cotidiano. Que yo sea esa conciencia actual y total de mí, ese yo pleno, verdadero, que para mí es verdadero en la vida diaria. Que sea todo eso en el momento de la oración y que, luego, yo trate de vivir, de evocar la intuición más profunda que tengo de mí mismo como sujeto centrado. Es decir, Yo como ser centrado, y Yo como personalidad. De la claridad y realidad de estos dos elementos surgirá la relación espontánea y total transformante. 

La oración nunca debería ser una mera exclamación interior. Cuando la oración surge solamente de mis exclamaciones, de mis deseos, de mis anhelos o de mis demandas es que yo vivo más la realidad de mi personalidad que la realidad de Dios. Cuando, en un momento dado, yo quedo maravillado ante la intuición o ante la percepción real que se abre ante mí, del poder, bondad, grandeza y belleza de Dios, cuando yo me quedo quieto, mudo, silencioso, es que predomina más la conciencia de Dios que la conciencia de mí. No obstante, tanto en un caso como en otro, el proceso es incompleto. Hay unos instantes más sobresalientes, unos momentos cumbres que son revolucionarios, que son transformantes. Y esos momentos son aquellos en los que coincide la máxima actualización del Yo con la máxima actualización del no-yo, o Absoluto, que es Dios. Cuando yo puedo situarme todo yo ante Dios del todo es inevitable que surja una experiencia transformante. Yo no puedo salir de la oración tal como he entrado. Salgo totalmente otro, y no porque salga consolado, tranquilo, feliz, sino porque hay una revolución en mi conciencia interna, una revolución efectiva en la verdad más profunda de mí, del yo y del Dios en una sola experiencia.

La oración debería ser siempre absolutamente revolucionaria. En la medida en que no lo es, nos indica que estamos viviendo solamente en uno de los polos. Y que incluso ese uno lo vivimos también de un modo parcial.

Examinemos nuestra oración y démonos cuenta da qué es lo que le falta, dedicándonos a trabajar de un modo deliberado, sistemático, controlado en aquello que le falta para producir esa actualización simultánea de todo yo y de Dios del todo. 

 

Texto extraído de la obra de Antonio Blay, "Caminos de Autorrealización, Tomo II, La intregración trascendente". Editorial Cedel, 1982


A la Espiritualidad desde la Razón

Miércoles, diciembre 7th, 2016

A LA ESPIRITUALIDAD DESDE LA RAZÓN
Publicado por Jordi Sapés

Nadie discute la importancia que ha tenido el pensamiento racional y el desarrollo de la ciencia en la evolución de la humanidad. Otra cosa es que podamos seguir manteniendo la idea de que estos factores, por sí solos, nos conducirán al incremento de la conciencia y a la felicidad. 

Desde la Revolución Francesa el pensamiento filosófico no solo se había considerado capaz de explicar todos los fenómenos sociales sino que presentaba los periodos turbulentos de la historia como una transición entre un nivel de desarrollo agotado y otro superior.

Algunos autores reflejaban en su obra una cierta angustia, producto de una sensación de vacío interior, pero sus argumentos se consideraban ajenos a las preocupaciones de la gente normal que se dedicaba  a prosperar económicamente y a proporcionar educación a sus hijos para que pudieran continuar prosperando.

Pero esta imagen de una humanidad caminando hacia el bienestar y la felicidad cayó estrepitosamente el día en que los aliados entraron en Auschwitz. Los campos de concentración de la Alemania nazi desvelaron un exterminio masivo de seres humanos que no solo se había realizado con métodos y criterios industriales sino que incluso reciclaba los restos humanos que se podían aprovechar. Claro, a esto no se le podía llamar “progreso”, ni se podía explicar racionalmente; así que no se explicó: nos limitamos a quedarnos horrorizados y a gritar muy alto que no volvería a suceder.

La ideología del progreso y la evolución social persistió unos años más en los países del Este mientras Occidente se dedicaba a reemplazar el pensamiento por la técnica; pero ambos modelos acabaron apostando por la automatización y la burocracia y la carrera armamentista inclinó la balanza a favor de la parte tecnológicamente más avanzada. Así acabó derrotada de un modo definitivo la idea de que la humanidad podía avanzar apoyándose en el trabajo y el esfuerzo colectivo. Algunos se sintieron muy satisfechos por la caída de una ideología que apoyaba el ateísmo sin advertir que con ella desaparecía también el humanismo. Porque el desarrollo económico como único objetivo pasó a convertir al individuo en un engranaje más de la tecnocracia económica.

Las personas y sus problemas han dejado de importar, lo único relevante es el crecimiento en términos globales; el desarrollo de la conciencia ha dejado paso al consumismo y la publicidad ha reemplazado a las ideas. Y todo esto a costa del sufrimiento de miles de personas que continúan llevando una vida llena de privaciones y humillaciones. Inicialmente esta gente estaba situada en los llamados países del tercer mundo y nos permitíamos el lujo de ignorarla, pero a estas masas que se agolpan desesperadas en nuestras fronteras se añade cada vez más gente de nuestro propio entorno. La técnica no necesita al hombre, va dejando gente en la cuneta, sin medios de subsistencia o con salarios cada vez más bajos; para el sistema, que haya tanta gente y viva cada vez más tiempo representa un problema.

Y aquello que no tenía que volver a pasar, Auschwitz, se está reproduciendo en las aguas del Mediterráneo y en las vallas que se levantan en las fronteras de los países desarrollados. Ahora dejamos que los marginados se ahoguen en el mar y nos encerramos a nosotros mismos detrás de estas vallas; pretendemos así desentendernos de los que están sufriendo: que no nos molesten, que no alteren el sopor profundo en el que hemos caído.

Este fracaso de la técnica ha provocado que algunos se vuelvan de nuevo hacia la espiritualidad pero es una espiritualidad que hace las veces de refugio personal y promueve una huida hacia dentro. De hecho intenta mantener la utopía trasladándola del terreno material al metafísico, hablando de un Ser que está fuera del mundo o de un potencial que enaltece al individuo con independencia de cómo lo utilice; incluso en el caso de que no lo utilice. Es una forma de soñar despierto que al sistema ya le va bien, porque no se entromete en la vida ordinaria ni se preocupa por el colectivo. 

Claro que esta clase de espiritualidad es preferible al fundamentalismo religioso que reparte condenas por doquier o se propone lisa y llanamente destruir, a base de bombazos, una sociedad que considera degenerada. Lo cierto es que, en estos momentos, el único horizonte que contempla buena parte de la población mundial es la precariedad o la ruina total; y no es de extrañar que algunos decidan llevarse por delante a unos cuantos representantes de este sistema que los está desahuciando. La religión tiene poco o nada que ver con esto pero, en determinados ambientes, reemplaza las alternativas de orientación marxista que habían despertado cierta ilusión y esperanza. Su fracaso ha dado paso al nihilismo más absoluto.

Hace pocos meses, en una manifestación de este nihilismo, un yihadista asesinó en Francia a un sacerdote anciano; pero el Papa Francisco no solo se negó a relacionar el Islam con la violencia sino que dijo: “Sé que es peligroso decir esto pero el terrorismo crece cuando no hay otra opción y cuando el dinero se transforma en un dios que, en lugar de la persona, es puesto en el centro de la economía mundial. Esa es la primera forma de terrorismo. Ese es un terrorismo básico en contra de toda la humanidad”.

Muchos consideran a este Papa un accidente, una excepción que no va a tener continuidad. Nosotros pensamos que en el seno de la Iglesia ha aparecido una luz que tenemos que cuidar, acompañar y reforzar. Porque este Papa se limita a decir en voz alta lo que predica el Evangelio; así que, si al final resulta ser una excepción, es que el problema es muy gordo.

Recordemos qué dice el Evangelio:

“Entonces dirá a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y él les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’.”

Nuestro planteamiento resalta la doble naturaleza del hombre: esencial y existencial. La esencia nos hace a todos lo mismo y la existencia nos hace a cada uno distinto. Si no fuéramos iguales, no nos entenderíamos ni podríamos trabajar juntos de cara al futuro; pero si no fuéramos distintos tampoco tendríamos nada que decirnos. Así que ser uno mismo implica tener algo que decir, en vez de seguirle la corriente al sistema; y cuando un ser humano tiene algo que decir y se sale del guión establecido sus actos resultan impredecibles. En esto reside la esperanza de superar esta situación actual de bloqueo y regresión que estamos padeciendo.

No estamos en contra del progreso científico-técnico ni de la experiencia mística capaz de proporcionar una felicidad imposible de vivir en este plano material, pero si “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” fue para enseñarnos a atender a las personas concretas que tenemos al lado, aunque sea con un amor más pequeño, menos espectacular. Porque cada ser humano concreto, representa en su realidad personal toda la esencia que es y toda la exclusividad con la que existe. ¿Y dónde hemos encontrado siempre indicaciones en este sentido?, en las palabras de Jesús en el Evangelio.


Asamblea y nueva junta de ADCA

Miércoles, diciembre 7th, 2016

ASAMBLEA Y NUEVA JUNTA DE ADCA
Por Imanol Cueto

Este 16 de octubre pasado ocurrió un hecho muy destacable para toda la familia ADCA, la renovación de la junta directiva de la asociación, y para dicho acto no se podía haber elegido un mejor lugar que el monasterio de Santa María la Real de Oseira donde la comunión entre todos los asistentes era el sentir reinante, esto hizo que desde ese espacio común todo sucediera de una forma absolutamente sencilla y natural.

Nosotros como nueva junta directiva de ADCA quisiéramos mostrar nuestro más profundo y sincero agradecimiento a las personas que pusieron en funcionamiento la asociación.

Por su gestión y tesón a la hora de ir superando todas las dificultades que conlleva crear algo nuevo, nos consta que esto ha supuesto un gran trabajo y esfuerzo al cual, nosotros como junta elegida queremos ante todorespetar, salvaguardar y darle la continuidad, persistencia y creatividad que se merece. Gracias a todos!

Por otro lado nuestras pretensiones están encaminadas a seguir cuidando y propiciando el crecimiento de esta asociación creada en su día como un espacio de encuentro en el cual todas las personas afines al Trabajo podamos tener la oportunidad de interactuar entre nosotros. Creemos que actualmente la participación de los socios no es todo lo satisfactoria que debiera y nuestro compromiso, aparte de ocuparnos de las labores logísticas y divulgativas de la asociación, se va a centrar en estimular dicha participación para hacer de ADCA un ámbito vivo donde todos podamos expresar nuestras inquietudes, a la vez de servir de marco propicio para la evolución como colectivo dentro del cual compartimos un mismo objetivo común, el desarrollo de la conciencia y la autorrealización. Esta incentivación a la participación será nuestra seña de identidad, nuestro Leitmotiv, para ello hemos recogido diferentes proyectos e ideas nuevas que pretendemos enriquezcan y colaboren en dicha función. Todo esto siguiendo las directrices que Blay nos legó y auspiciados bajo el método de Trabajo creado por Jordi Sapés y Mª Pilar de Moreta.

De izquierda a derecha y de arriba abajo, los miembros de la nueva junta de ADCA: Laura López, Miquel Cazaña, Pilar Lainez, Imanol Cueto, Marga Martín, Pepe Caro, Ana Balado, Georgina Salas y Jaume Arasa.


Hemos creído oportuno organizarnos en cinco grupos de trabajo intercomunicados entre si y que sistematizan de una manera más ordenada y concreta la hoja de ruta que pretendemos ir trabajando a lo largo de estos años, aunque evidentemente esto no es óbice para que puedan ir surgiendo asuntos nuevos que atenderemos adecuadamente y comunicaremos bajo el procedimiento adecuado al resto de los socios. Dichos grupos de trabajo son los siguientes:


- Primer congreso ADCA “Antonio Blay”
- Financiación y búsqueda de patrocinadores
- Rediseño página Web e incentivación participación socios
- Comunicación audiovisual
- Comunicación con terceros

Por último queremos resaltar que los primeros contactos entre nosotros han sido muy gratos, llenos de una granilusión y motivación, destacando desde el primer momento la participación de todos los miembros de la junta. Es este trabajo grupal y en equipo, el que queremos hacer extensible a todos los socios que quieran colaborar, con cualquier tipo de idea o proyecto, que persiga los objetivos antes descritos.

De manera que desde aquí lanzamos una invitación a colaborar con ADCA para que entre todos continuemos ampliando y actualizando nuestro potencial Esencial individual y colectivo.


Acerca de los propósitos de la existencia

Miércoles, diciembre 7th, 2016

ACERCA DE LOS PROPÓSITOS DE LA EXISTENCIA
Publicado por Jordi Sapés

En uno de los textos preparatorios del Retiro de Oseira nos planteamos la cuestión de los propósitos en la existencia, entendiendo por tales la decisión consciente de intervenir en nuestra realidad concreta con unos determinados objetivos. No se trata por tanto de deseos o ilusiones sino de actos; actos, claro está, dirigidos a una finalidad que consideramos deseable. Así que el propósito exige la actualización de las tres capacidades que somos: imaginar la situación futura y el camino para alcanzarla  (inteligencia), desearla lo suficiente (amor) y hacer lo necesario para materializarla. Este último punto: realizarlos, es lo que convierte a los deseos en propósitos. 

Fijaros que el personaje tiene muchas ilusiones y pocos propósitos; en la mayoría de los casos porque considera que no se los puede permitir. Cuando nuestros esfuerzos apenas nos bastan para sobrevivir, si tenemos la sensación de tener que defendernos de las presiones del exterior o de no poder cumplir nuestros compromisos de una forma mínimamente aceptable, no nos vamos a plantear encima nuevos objetivos. Como máximo, lo que haremos será soñar acerca de cosas que nos gustaría llevar a cabo el día que nuestra realidad sea diferente y no los permita. Pero esto no llega nunca, porque no está en nuestras manos modificar las circunstancias de una forma radical. 

Así que los propósitos se han de referir a nuestro mundo habitual, a la realidad que estamos manejando, tal cual es. Simplemente se trata de que yo acepte actuar conscientemente en ella, en lo que de mi depende, en vez de sentirme totalmente determinado y condicionado por ella. Siempre hay algo que puedo hacer; aplazar mi protagonismo para cuando las cosas sean diferentes, equivale a dimitir de la existencia; porque, a lo mejor, cuando sean diferentes yo no estaré allí para participar en ellas.   

Es indispensable visualizar hacia dónde queremos ir, pero partiendo del lugar en el que nos encontramos y de la realidad que vivimos. Porque esta realidad, lejos de ser un impedimento insalvable, posee un potencial de desarrollo que podemos catalizar con nuestra acción. El objetivo final, lo que yo estoy intuyendo como posibilidad futura, puede ser algo muy grande, pero este objetivo empieza a materializarse el día en que damos el primer paso: haciendo, no soñando.

Desde la perspectiva del Trabajo, la cuestión no es cómo nos va la vida sino cómo le vamos nosotros a la Vida. Dicho de otra manera: ¿estamos aprovechando el potencial que somos para desarrollar nuestro yo experiencia e intervenir de un modo positivo en nuestro ámbito existencial? Positivo viene aquí de poner: poner la inteligencia el amor y la energía que somos en todo aquello en que hacemos.  Lógicamente esto supone ser conscientes de lo que somos; supone estar despiertos y no utilizar el personaje como coartada para el abstencionismo. 

El personaje va a intentar disuadirnos de entrada porque está muy preocupado por sostener y mantener lo poco que tiene y desconfía profundamente de nuestras capacidades.  Lo que intenta incrementar es nuestro temor al fracaso, para conseguir que nos echemos atrás y nos refugiemos en lo que ya tenemos, aunque nos parezca pobre y limitado. Y cuando  conseguimos superar sus reticencias y ponernos en marcha, aprovecha todas las dificultades que lógicamente se nos plantean para desanimarnos y conseguir que arrojemos la toalla. Cuanta más dimensión tenga el proyecto más dificultades se presentarán al principio; así que, en los primeros pasos, es básico resistir al desánimo. Y constatar que estas dificultades se superan proporciona casi tanta satisfacción como haber alcanzado el objetivo final.

Digo “casi” porque el objetivo final es la autorrealización y esto todavía no lo hemos experimentado; pero un poco realizados sí que nos sentimos los socios fundadores de ADCA por el hecho de poder pasar los trastos a una nueva Junta.

Recordad que ADCA pretende ser un ámbito de comunicación y solidaridad para los que estamos en el Trabajo, así que puede ser un lugar adecuado para materializar el pequeño gran propósito de contribuir a la extensión y consolidación del Trabajo.         


Medios para educar nuestra actitud en la vida

Miércoles, diciembre 7th, 2016

MEDIOS PARA EDUCAR NUESTRA ACTITUD EN LA VIDA
Textos de Antonio Blay

Otro aspecto de la expresión es que nos educa para nuestra verdadera actitud en la vida. Nuestra vida se compone de una interacción constante con el medio ambiente a nivel físico, afectivo, mental, espiritual. Esta vida está exigiendo que nosotros respondamos, que nosotros actuemos y, al mismo tiempo, que nosotros aceptemos, admitamos algo exterior. En esta dialéctica constante que constituye nuestra existencia, el secreto está en que yo aprenda a vivir poniendo todo en acción, todo lo que en mi interior tiene realidad, todo lo que en mi interior tiene valor, significación.

Todo lo que yo tengo lo tengo para darlo, todo lo que tengo lo tengo porque me ha sido dado, y me ha sido dado para que yo, a mi vez, lo entregue. Todo lo que tengo no soy yo. Sólo cuando entregue lo que tengo seré yo. Cuanto más aprenda a entregar todo lo que tengo, más rápidamente yo recuperaré mi identidad. Lo que yo tengo no me pertenece; lo que yo tengo pertenece en todo momento a la vida, pertenece al todo, a la humanidad. Cuando yo entrego algo no hago otra cosa que restituir las cosas a su sitio, de la misma manera que un día habré de entregar la materia que forma mi cuerpo para que se reintegre con el campo de fuerzas materiales que hay en la tierra. Exactamente igual, todo mi campo de energías afectivas y mentales pertenecen a un campo universal de energías afectivas y mentales. Es a causa de una idea de identificación, de una apropiación indebida, que yo creo que yo soy eso que tengo. Esto que tengo nunca ha sido mío; ahora bien, es gracias a eso que se produce en mí esa evolución, ese ciclo, por lo que yo puedo adquirir conciencia en mi personalidad de la identidad que ya estoy siendo mi centro. Mi Yo no necesita ninguna evolución, mi Yo no necesita ninguna iluminación, ninguna realización. Lo que yo llamo realización no es otra cosa que la toma de conciencia de esa Identidad Central en lo que es ahora el mecanismo de mi mente consciente. Y esta realización existencial, esta realización en el tiempo, es un acto profundamente social, porque es producir un descenso de unas energías superiores a un nivel de mi conciencia personal; y, como mi conciencia personal forma parte de la conciencia de la humanidad, como es una parte en el plano de la mente en la tierra y en el plano afectivo de la humanidad, entonces esta energía superior que se manifiesta a través de mí permite iluminar, impulsar, elevar la vibración de esa conciencia humana en general y de ese plano mental o afectivo o físico, en particular. Es una colaboración a la verdadera redención de la conciencia elemental. Es una ayuda para que ascienda más y más la conciencia de lo que existe. Este ascenso se facilita cuando en mí se produce esa toma de conciencia que llamamos Realización Espiritual.

Cuando yo entrego todo lo que hay en mí, todo lo que hay en mi dinámica de la existencia cotidiana, lo que hago es devolver lo mismo que he recibido, pero lo devuelvo transformado, fecundado por el proceso que ha seguido en mi propia conciencia. Esa es mi función: servir de transformador, para que una energía superior pueda expresarse a un nivel inferior, gracias a lo cual ese nivel inferior puede ascender. Esa es la función del trabajo espiritual. Mi yo no necesita ninguna liberación; el yo es ya algo liberado. Es mi ilusión la que necesita liberarse, es mi engaño, mi identificación. Pero en la Realización no se produce ningún cambio substancial. En la Realización simplemente descubro lo que yo he sido siempre. Por lo tanto, hemos de ver la expresión como un medio gracias al cual yo entrego, yo ayudo, yo doy, yo sirvo a los demás. Cada situación de contacto es una demanda para que yo haga esta respuesta total. Tan sólo es mi temor, mi ignorancia, mi pequeña mente, lo que me hace defender, retener cosas en mi interior. En cada instante he de dar lo mejor de mí, y darlo del todo. No es reteniendo cosas que yo me haré fuerte; es dando lo mejor de mí que yo descubriré esta realidad.

 

Texto extraído del libro de Antonio Blay: “Caminos de Autorrealización. Tomo III – La integración con la realidad exterior”. Ediciones Cedel – Año 1982


Un hito en la asociación

Miércoles, diciembre 7th, 2016

UN HITO EN LA ASOCIACIÓN
Publicado por Jordi Calm

El día 16 de este mes va a celebrarse la Asamblea Anual de ADCA. No será una Asamblea cualquiera ya que, en ella, la Junta actual, de la que formo parte, traspasará la responsabilidad que hasta ahora ha tenido en la gestión de los quehaceres diarios de ADCA.

Sin querer entrar en mayores recuerdos en cuanto a los inicios, a las personas que colaboraron con su esfuerzo y que ahora ya no están, y a la propia labor realizada por las personas que pasamos el relevo, si creo que puede ser interesante comentar algunos aspectos sobre lo que ADCA, como asociación, pretendió y pretende representar.

Por una parte, ADCA ha pretendido ser un lugar de encuentro, un entorno que facilita espacio, información útil y, por qué no, también un poco de acogida a todas aquellas personas que, de una manera u otra, sienten una demanda de trabajo interior, de autodescubrimiento y de realización. Porque este camino, de entrada ilusionante, a veces deviene también arduo, y los paisajes floridos y coloristas que encontramos en algunos libros, o exposiciones, pierden en algunos momentos su brillo inicial, dando paso incluso a una cierta aridez no exenta a veces de un sentimiento de soledad. En este sentido, que haya un lugar en el que, además de un material permanente, se pueda encontrar periódicamente, nuevos materiales puedan comentar con independencia de la relación que se tenga con el Trabajo, puede insuflar, además de forma regular impulso y vida, a todas aquellas personas que, buscan sentido y orientación a su vida. 

Además,  la asociación permite divulgar, y asentar, una línea determinada de Trabajo que, en verdad, no es sino el fruto de un esfuerzo ingente que inició Antonio Blay al día siguiente de su experiencia mística a los 18 años de edad, y que han continuado Jordi Sapés y Pilar de Moreta con un trabajo intelectual y al tiempo práctico y orientado a la vida cotidiana de las personas. Este trabajo, como los buenos vinos, ha ido tomando forma y vida con el paso de los años y, con el nacimiento de ADCA, se ha podido mostrar en internet, y por tanto, al mundo, en toda su profundidad, rigor y extensión. Sin duda se han sentado unas bases que ahora otras personas podrán recoger, ampliar y expandir, con la misma o mayor ilusión, capacidad y entrega de la que ha hecho gala la Junta actual.

Porque este doble aspecto de casa común, divulgación y asentamiento de un cuerpo de conocimiento interior profundo eleva a ADCA a un nivel que va más allá de cualquier aspecto personal, para erigirse en algo así como un arquetipo a descubrir, a vivir y a compartir con todos nuestros semejantes y, por extensión, sin ánimo de ser pretencioso, a la humanidad, en tanto que cualquier persona interesada en conocer una realidad trascendente puede encontrar aquí un camino para vivirla, experimentarla y, también, disponer de una herramienta para compartirla. 

Sea este el camino que siga orientando los avatares de la Asociación. Sea este su destino. 

Y muchas gracias por formar parte de él.