Archivo para el mes agosto, 2016

Recibir y dar paso a Dios en mí

Jueves, agosto 11th, 2016

RECIBIR Y DAR PASO A DIOS EN MÍ
Texto de Antonio Blay

Hemos de aprender a vivir las situaciones con una sencillez absoluta, con gran naturalidad. He de poder vivir la alegría, la simplicidad, he de poder vivirlo todo con este ensanchamiento interior de la conciencia. No poner cara de misterio, cara de lástima o de recogimiento. Busquemos nuestra verdadera cara, nuestra verdadera naturaleza, y tal vez descubramos que se está riendo a carcajadas de todos los personajes que estamos representando.

En nuestro proceso de encuentro con la divinidad, el segundo aspecto  es el de recibir y dar paso a Dios en mí. Descubriremos que en todo lo que es proceso, es decir, en todo aspecto de la existencia, existe un doble juego, una doble dirección. Nos movemos en el mundo de la dualidad. El acto de crecimiento se hace siempre a través del doble juego.

Este trabajo de encuentro con Dios, en tanto que proceso está  también sometido a este doble juego, a esta doble dirección. Yo voy hacia El, yo me expreso, yo trato de formular mi aspiración y mi intuición, y trato de ser una llama viva de demanda. Pero luego viene el otro aspecto, aquel por el cual yo aprendo a ser escéptico, por el que me abro para que algo nuevo venga y me llene. 

Una vez que me he expresado, si mi expresión es auténtica, es sincera, debo estar receptivo y en silencio, para que este vacío que se ha producido se llene de esa divinidad, de esa energía. Esto no ocurriría si mi proyección primera no ha sido dirigida en este sentido. Si yo me he vaciado hacia abajo, me llenaré de abajo, si me vacío en el medio, me llenaré de ahí, si me vacío arriba me llenaré de arriba.

Así pues, yo he de aprender a ser receptivo a la divinidad, a Dios, a lo superior. Y no olvidemos que esta receptividad a lo superior es algo nuevo. Esto quiere decir que yo no he de esperar algo determinado, ya que todo lo determinado es viejo, es conocido. Lo nuevo es lo otro, lo no conocido, es un esperar del todo pero sin esperar nada, porque no sabemos que es lo que hemos de esperar. Toda formulación que yo me haga, toda idea, toda referencia concreta que quiera hacerme, está ya poniendo condiciones, obstruyendo el camino, cerrando la posibilidad de que esto ocurra. Yo debo quedarme receptivo hacia arriba, pero sin la más mínima noción de un Dios concreto. Esta es la espera más correcta. En cuanto quiero reproducir una situación anterior que me ha parecido muy elevada, o en la que he tenido un cierto sentimiento muy sublime, una cierta intuición, entonces pretendo repetir esto; de hecho no estoy haciendo oración a Dios, sino que estoy haciendo oración a esa experiencia, sencillamente al recuerdo de aquella sensación o de aquella intuición. Y este tratar de evocar un recuerdo nos cierra.

La experiencia espiritual ha de ser siempre una experiencia con relación a lo desconocido, a lo nuevo. Cada instante ha de ser una actitud de aventura total. En cuanto yo quiero algo determinado no estoy buscando a Dios, sino que busco este algo determinado.

Ahora bien; yo intuyo que Dios es mi fuente, que es la Fuente de donde sale todo mi ser, que es mi centro, mi verdadero yo, el Yo de mí yo; por tanto todo lo que soy, absolutamente  todo lo que soy y creo ser, absolutamente todo, me viene de la Fuente única. Y esto por sí solo, ya debería ser suficiente para que viéramos lo absurdo de nuestra actitud cuando nos atribuimos la propiedad de cualquier cosa, de la virtud, de la inteligencia, de la cultura, del prestigio, de la bondad o de cualquier otra cualidad. Toda propiedad personal es una especia de renuncia que hacemos a abrirnos, a vincularnos a lo que es la fuente de nosotros mismos.

 

Texto extraído del libro de Antonio Blay: “Caminos de Autorrealización. Tomo II – La integración trascendente”. Ediciones Cedel – Año 1982


A qué nos podemos agarrar

Jueves, agosto 11th, 2016

A QUÉ NOS PODEMOS AGARRAR
Por Jordi Sapés

La obra del famoso filósofo Emmanuel Kant se divide en dos grandes partes, una teórica y otra práctica. En la teórica el filósofo niega que sea posible demostrar la existencia de Dios y en la práctica afirma que la dignidad del hombre reside en actuar de la manera más ejemplar posible, superando su inclinación al egoísmo. Pero al final, confiesa que no hay más remedio que suponer la existencia de otra vida porque en esta, la citada actitud ejemplar no recibe premio alguno.

Desde luego, no es muy agradable contemplar lo que está ocurriendo y constatar que va en sentido totalmente contrario a lo que nosotros defendemos: Lo que vence es la mentira, el egoísmo y la violencia; y además vence democráticamente; ni tan solo tenemos el consuelo de pensar que alguien nos lo impone. Es evidente que existe una admiración por la gente capaz de lucrarse personalmente con el dinero público, de utilizar la policía y la fiscalía para calumniar a los opositores políticos y de conectar con las emociones más bajas de la gente azuzándola en contra de los extranjeros o de los catalanes. La homofobia y el machismo continúan siendo la ideología imperante en los Institutos, ante la aparente dimisión o inoperancia de los profesores y las drogas se puede comprar en la esquina ante la inoperancia de la policía; al igual que las armas en EEUU ante la inoperancia de los legisladores. Y encima, la única oposición real a este estado de cosas parece ser el Estado Islámico dispuesto a castigar con la muerte, por sorpresa, a todos los infieles. Si pudieran, nos regarían a todos con gasolina y nos prenderían fuego con una cerilla.

Sólo falta que Donald Trump gane la presidencia de EEUU; esto parece estar alcanzando dimensiones apocalípticas, y da pábulo a toda clase de teorías de la conspiración, porque es lógico preguntarse si alguien maneja los hilos sembrando tanta impotencia y desorientación y despreciando las más elementales nociones del sentido común.

Pero en vez de leerlo como el fin de la especie humana lo podemos interpretar como una expresión del fin del sistema, como la fase previa a un punto de inflexión que ha de suponer un cambio radical en la humanidad. Quizá sea utópico pensar de esta manera pero, como dice Don Juan: el guerrero no cree en nada pero debe creer. Debemos creer en el ser humano porque no hay otra opción posible ni una mejor forma de existir. Esta es la otra vida que Kant buscaba después de la muerte; y el premio es mantener despierto nuestro espíritu, aquí y ahora, por encima de toda esta porquería mental y emocional.

Reflexiono en voz alta para llamar vuestra atención y abrir un poco de discusión al respecto: Defender la dignidad del ser humano ¿es incompatible con imponer la disciplina en los institutos, reprimir el gamberrismo y asegurar que en nuestras calles se respetan los derechos humanos? ¿Debemos admitir costumbres que conculcan libertades que hemos conquistado con la lucha de siglos? Si se prohíbe la ablación del clítoris, ¿por qué no se ha de prohibir el burka o sancionar que las mujeres anden por la calle tres pasos por detrás del marido? Si se prohíben las corridas de toros, ¿por qué no se han de prohibir los corre bous?

Lo que planteo con estas preguntas es la necesidad de un rearme moral que tenga una trascendencia social. No veo que tengamos que hacer dejación del orden y la responsabilidad social y permitir que sean movimientos reaccionarios lo que alcen esta bandera.

Tenéis que saber que el radicalismo islámico, que es un movimiento fascista, no nos ataca por ser cristianos, nos ataca con el argumento de que no creemos en nada. Este es el discurso que oyen los jóvenes de los barrios marginales por boca de los salafistas: no creen en nada, solo están interesados en hacer lo que les da la gana, no respetan nada: los hijos no respetan a sus padres, las mujeres no respetan a sus maridos, los alumnos no respetan a sus maestros; se están quedando sin alma. Así es como el fascismo cuestiona la libertad.

Pero claro, ¿libertad para qué? decía Lenin. Lo decía porque las libertades burguesas eran pura teoría para una mayoría de la población que ni tan solo alcanzaba a comer. Ahora tendremos que reformularnos la pregunta atendiendo a que la mayor parte de esta población ni tan solo alcanza a pensar. Y en algo debe haber influido que primero se haya quitado la religión de las escuelas, después la educación para la ciudadanía y ahora se pretenda eliminar la filosofía de los planes de estudio. Siempre en nombre de la libertad porque, claro, no debemos adoctrinar a los jóvenes; ya los adoctrinará el mercado a través de los anuncios de la televisión; o los salafistas.

Así que, para defender esta libertad, tenemos que dotarla de contenido: libertad para desarrollar el potencial, libertad y tiempo para vivir como seres espirituales que somos. Esto no implica ser creyentes de ninguna religión pero exige la conciencia de lo que somos y el compromiso de actuar, al servicio de la humanidad, de una manera acorde con esto que somos. Deberá ser, como decía Karl Rahner, una libertad ascética; que, para el creyente, implica una relación personal e inmediata con Dios, y para el no creyente un compromiso indestructible con el ser.

Sólo podremos agarrarnos al ser, así que vayámonos preparando y teniendo claro que deberemos asumir la responsabilidad de educar a nuestros hijos más allá de lo que se les exige en la escuela. No podemos continuar haciendo ver que no pasa nada porque, si no les ofrecemos algo de una calidad superior, se negarán simplemente a seguir. Y harán bien. 


Una extensión del Trabajo en nuestro entorno

Jueves, agosto 11th, 2016

UNA EXTENSIÓN DEL TRABAJO EN NUESTRO ENTORNO
Por Isabel Moya

Soy maestra de profesión y me siento muy contenta de poder compartir con vosotros una experiencia que llevé a cabo con alumnos de Ciclo Medio de Primaria (9-10 años) a lo largo de esos dos cursos. 

Siendo la tutora de un grupo de 25 alumnos, decidí buscar un espacio donde ellos pudieran expresarse, bien individualmente o bien en grupo, y esto les ayudara a desarrollar, tanto la conciencia de su individualidad, como su integración y cohesión en el grupo.

Para ello aprovechamos la sesión de tutoría de la que disponíamos el viernes a última hora y dedicamos entre 20 y 30 minutos de ésta a la nueva actividad. Habilitamos un espacio en el centro del aula (apartando mesas) en el cual cabíamos todos sentados en círculo, en el suelo. 

Podría decirse que las sesiones constaban de dos partes:

1-. Sentados en círculo nos preparábamos para finalizar la semana.

Primeramente se dedicaban unos 10 minutos a que los alumnos expresasen cómo sentían haber vivido la semana, prestando atención tanto a lo que decían haberles gustado, como a lo que no, intentando explicitar el porqué. 

La segunda parte (10 min) incidía más expresamente en experimentar y potenciar  la conciencia de sí mismos, utilizando las siguientes técnicas:

. La visualización. Los alumnos habían de tener presente "aquello" que deseaban y que les hubiera gustado muchísimo que pasara. Después, con los ojos cerrados, habían de imaginar y "vivir" este deseo ya cumplido.

. Observación de la respiración (centrarse en el instante presente) Se trata de observar el recorrido del aire entrando y saliendo del cuerpo. Habían de seguir este recorrido, prestando atención al movimiento que generaba en su cuerpo, haciéndose evidente el vínculo energía-cuerpo. Podíamos ayudarnos poniendo una mano en el pecho y la otra en el vientre y sentir este balanceo como de una "ola".

. Presencia de sí mismos (despertar). Se pidió a los alumnos que cada uno se colocara detrás de sí mismo,  de manera que pudieran tener presente su cuerpo, a la vez que su entorno y desde aquí observar la clase y sus compañeros. Era importante el comentario posterior de cómo se habían sentido en esta situación. 

Estos tres ejercicios se fueron alternando en las diferentes sesiones,  en función del tiempo disponible y del estado de atención y disponibilidad que captaba en los alumnos.

2-. Cerramos la clase y la semana:

Se trata del juego del "telégrafo". Nos cogíamos todos de las manos. Con los ojos cerrados, un alumno (por orden de lista) iniciaba la "señal" apretando la mano del compañero que tenía cogida. Éste, al sentirla, la pasaba al siguiente, hasta que volvía a llegar al primero, quién al decir "recibido" indicaba el final de la actividad. Todos, al oírla, se levantaban y se preparaban para marchar. 

Esta actividad les gustó tanto a los alumnos  que ellos mismos propusieron "abrir la semana" sistemáticamente los lunes a primera hora. Así, conforme iban llegando a clase, dejaban sus cosas y se sentaban en círculo. La actividad era la misma, sólo que la señal se iba pasando en sentido contrario. Es decir, se estipuló, por ejemplo, que al abrir se rota hacia la derecha y que al cerrar se rota hacia la izquierda. 

Como extra, (al acabar el trimestre), se sugirió a los alumnos que de pie y en círculo, comenzaran todos a rotar, parándose delante de cada uno de sus compañeros, para, una vez aquí, y de manera personalizada, les dijeran,  o bien una palabra que le quisieran regalar, o bien una cualidad  que les gustase especialmente de ellos y después se abrazasen.

Tengo que decir que la respuesta de los alumnos fue muy positiva. Llegada la hora los viernes por la tarde, acostumbraban a recordarme que ya tocaba sentarse en círculo y, como he comentado, los lunes a primera hora, lo hacían por iniciativa propia. 

Es de destacar que en las despedidas de trimestre, se respiraba, especialmente, un ambiente de cariño  y compañerismo. Los alumnos se abrazaban y,  sin ganas de marchar, sólo "tenían ojos" para todo lo bueno que compartían con sus compañeros. Este hecho lo destacaron también otros profesores que presenciaron el evento al pasar por la clase para despedirse. 

Se trata de un planteamiento sencillo con el que, de manera sistemáticamente, teníamos en cuenta  y dábamos importancia a nuestro ámbito interior.

Es, en definitiva, una muestra de cómo el Trabajo que realizamos se va reflejando inexorablemente en nuestro entorno inmediato, aunque hablemos a veces de pequeñas cosas que consideremos irrelevantes,  pero que están ahí, quedan y pueden ir dando buenos frutos.


Somos la conciencia

Jueves, agosto 11th, 2016

SOMOS LA CONCIENCIA
Texto de Antonio Blay

Al hacer el trabajo para reconocer las cualidades básicas en uno mismo, aceptarlas, asumirlas y expresarlas, se produce una conciencia de crecimiento real que hace que uno no tenga problemas con el no-yo y que uno se viva interiormente completamente en sintonía con absolutamente todas las personas, seres y circunstancias. Vive en un equilibrio en lugar de vivir pretendiendo estar por encima, o sintiéndose estar por debajo del otro. La dificultad de esto que explico deriva de que uno sigue pensando con los esquemas habituales a los que está acostumbrado. Entonces todo esto le suena como si fuera una especia de subjetivismo gratuito, como si se tratara de una fantasía personal.

No hay nada de fantasía personal. Si uno se toma el trabajo de observar, con exigencia, lo que pasa cuando percibe y realiza el trabajo tal como lo he indicado, descubrirá que es una cosa absolutamente rigurosa, precisa.  

A través de este aspecto particular de las cualidades del no-yo vemos que en el fondo el problema consiste en que sin darme cuenta mi atención es manejada por los estímulos; cuando estoy viendo lo exterior, y sobretodo cuando veo unas cualidades que me despiertan admiración en el exterior, yo no estoy atento a mí como sujeto, y entonces todo lo que se despierta en mí -de sensibilidad, de estética, de lo que sea-, lo asocio mecánicamente al objeto, lo atribuyo exclusivamente al objeto y no a mí. En cambio si yo mantengo mi atención en mí, en lo que llamo mí, no veo estos valores, estas culidades sólo en el exterior. Es un problema de enfoque de atención. La atención es algo extraordinario. La atención (no el pensamiento sino la atención) es como un foco luminoso que ilumina una porción de la conciencia, y aquello que ilumina lo vivo como real. Pero como esa atención queda absorbida, queda seducida por la naturaleza de los estímulos, entonces vamos dando realidad a las cosas que sucesivamente se nos presentan.

Aprender a despertar, a ser conscientes de la propia capacidad de atención, aprender a mantenerla a voluntad es el primer paso en el trabajo interior. La atención es la herramienta fundamental del trabajo interior porque es la que permite la toma de conciencia, es la que facilita todos los descubrimientos y expansiones de conciencia. Es como si nosotros estuvieramos constituidos por unos grandes campos de conciencia y nuestra atención, o está enfocada sobre una zona muy pequeña de un campo, o aprende a cambiar de un plano a otro, pero solamente es real aquello y lo demás permanece en la sombra, en la inconsciencia. Es como si nunca viviéramos la capacidad de estar abiertos a todo el plano de conciencia. El hecho de que normalmente sólo nos movamos de una zona pequeña a otra zona pequeña -que se ha comparado muchas veces al mono que necesita constantemente pasar de una rama a otra rama y a otra rama, es decir, de un aspecto particular a otro aspecto particular- es debido a que estamos viviendo nuestra atención a través de una contracción de la mente, y esto hace que nuestra atención funcione de un modo estrecho a través de la parte más externa de nuestra mente.

La práctica de la atención sostenida, sea a través de la reflexión, del estudio o de técnicas de meditación, concentración, etc., va permitiendo que la atención se centralice más . Al relajar la mente y mantener centrada la atención, uno descubre una atención más profunda. Cuanto más profunda es la atención, más campo abarca; cuanto más externa, menos campo abarca. Y cuando la atención consigue situarse en su punto de origen que es el centro de la mente, entonces hay una visión total, una visión de todo el campo mental. 

 

Texto extraído de la obra de Antonio Blay: Despertar y sendero de realización. Ediciones Indigo. 2010


Conciencia individual y conciencia colectiva

Jueves, agosto 11th, 2016

CONCIENCIA INDIVIDUAL Y CONCIENCIA COLECTIVA
Por Jordi Sapés

Estar despierto es ser consciente del potencial y actualizarlo en respuesta a los estímulos que nos ofrece nuestro entorno. Protagonizar la existencia es tomar conciencia de que esta es nuestra misión en este plano, así que no hace falta esperar que el exterior llame nuestra atención con sucesos especialmente notorios porque nosotros nos sentimos en todo momento participes y corresponsables de este entorno. De hecho en nuestra conciencia desaparece esta falsa distinción entre exterior e interior. 

Pero entonces se nos plantea el problema de los distintos ritmos con los que evolucionan el individuo y la sociedad; individualmente podemos progresar mucho más rápidamente que el colectivo y hay que procurar no olvidarlo si no queremos caer en el desánimo. Máxime cuando este colectivo se encuentra a todas luces paralizado, presa de un sistema económico y político que ha dejado de funcionar pero que todavía no cuenta con una clara alternativa y sigue moviéndose por pura inercia. 

En estos momentos asistimos a una pelea por las migajas: la inversión se retrae porque si antes el capital se llevaba 6 unidades de cada 10 producidas, ahora exige llevarse 8 y si no, no se arriesga. Se retrae porque antes, de las 6 que se llevaba, aceptaba devolver 2 a la colectividad en forma de impuestos y ahora no está dispuesto ni a devolver 1; y además exige que esta 1 se aplique al pago de la deuda que hemos contraído con él. ¿Cómo no vamos a contraer deudas con esta distribución del valor que producimos? ¿Cuántos años llevamos viviendo del préstamo porque es la única manera de fomentar el consumo y conseguir que el sistema siga funcionado? 

En los periodos de transición de un sistema a otro, la sociedad camina a un ritmo mucho más rápido al habitual, los líderes y los gobiernos actúan como una luz que despierta a los ciudadanos  y los anima a desarrollarse personalmente subiendo al carro del progreso social. Pero en estos momentos sucede todo lo contrario: los gobernantes preguntan a los ciudadanos lo que opinan mediante encuestas y defienden la opinión mayoritaria para que esta mayoría les vote de nuevo. Así que el mensaje que se difunde es un mensaje de sálvese quien pueda, el más retrógrado posible, aquel que presenta como enemigos de este reparto de migajas a los que el sistema ya ha marginado pero se resisten a desaparecer. 

Y todo está supuestamente amparado por la ley, como si las dictaduras no promulgaran leyes. Y se nos dice que son leyes democráticas, como si el nazismo no hubiera llegado al poder en Alemania por medio de elecciones democráticas. Aparte de que hay un poder que nadie ha votado y que se coloca por encima de cualquier gobierno elegido: la Comisión Europea. 

Este es el panorama que tenemos a nivel colectivo; un panorama oscuro en medio del cual la luz puede brillar especialmente. Y esta luz es la reivindicación de la dignidad del ser humano, en primer lugar de forma individual, en cada ser humano concreto y especialmente en todos aquellos que el sistema ha marginado. Los marginados son los que están desempeñando el papel más complicado en este llamamiento a la Humanidad para que recupere la conciencia de sí misma. Ellos nos dicen que toda ley que no contemple sus derechos es una ley injusta que debe ser denunciada.

Así que en las elecciones que se avecinan no penséis que vayáis a poder modificar nada a corto plazo con vuestro voto, pero procurad dar voz a lo que, por lo menos, intentan defender una sociedad verdaderamente humana en la que la existencia sea un derecho y el egoísmo una vergüenza. 


La trascendencia como algo cotidiano

Jueves, agosto 11th, 2016

LA TRASCENDENCIA COMO ALGO COTIDIANO
Por Miquel Cazaña

Es posible que a veces, leyendo los artículos de ADCA sobre espiritualidad o trascendencia, tengamos  la impresión de que queda fuera de nuestro alcance, queda mucho camino para experimentarla o, simplemente,  carece de sentido. Pero a poco que reflexionemos, veremos que cualquier fenómeno que suceda en la familiar dimensión del espacio y del tiempo está condenado a la desaparición. El universo parece creado para avanzar a través de esta dimensión del espacio y del tiempo hacia la actualización consciente, pero todo lo que nace aquí, desaparecerá antes o después.

Últimamente, a raíz de un cambio de ciudad y de vida que ha dejado en volandas todas mis referencias habituales, he podido dar un pasito hacia la impersonalidad. A medida que se acercaba el momento del traslado me sentía más y más extraño, con mi antigua casa llena de objetos empaquetados o por empaquetar y con un destino desconocido por delante. Ha sido como un proceso de muerte en el que tenía que deshacerme de todo lo que conocía; y han aflorado las clásicas dudas existenciales del ser humano: el no existir, la eternidad, el misterio del tiempo…

Pero una de las noches sucedió algo que cambió la perspectiva limitada de la mente por la vivencia de la impersonalidad y de la trascendencia. Y lo comparto aquí porque es algo que todos podemos experimentar sin mayores dificultades si le prestamos  un poco de atención. Ya lo había notado otras veces pero en esta ocasión pude vivir el proceso de manera más consciente. 

Me desperté siendo plenamente consciente de que había estado durmiendo tan profundamente que mi conciencia estaba disuelta en la nada más absoluta. Noté primero cómo empezaba a tomar conciencia de sujeto, noté cómo entraba en la dimensión espacio-tiempo a través de un cuerpo, me atribuí las características de esta personalidad subjetiva, así como de su memoria. Me fui mentalizando de mi existencia subjetiva en este espacio-tiempo pero teniendo muy presente la disolución experimentada previamente, como un estado natural de la conciencia en el que no son necesarias las preguntas.  

Esa noche no dormí en mi antigua casa porque estaba llena de paquetes. Tampoco dormí en la nueva porque se encuentra a casi quinientos kilómetros. Dormí en la de mi madre. Fue un paso intermedio, un punto de inflexión en el que me sentí limpio y ligero, dispuesto para protagonizar la nueva aventura.

Os animo a prestar atención a este proceso de penetrar en el sueño profundo y despertar, constatando que esta vivencia de disolución en el Fondo que tanto miedo le da a la forma es el estado de conciencia más natural que existe; el único en el que no hay nada por actualizar. Está todo hecho. Y desde ahí se puede recrear cada día una nueva existencia, cada vez más plena, más transparente, más real.