Archivo para el mes febrero, 2016

Sobre progresos y mejoras en el Trabajo

Lunes, febrero 8th, 2016

SOBRE PROGRESOS Y MEJORAS EN EL TRABAJO
Por Jordi Calm Guiteras

En el Trabajo el concepto de mejora, de progreso, está siempre latente, especialmente en la mente de quien emprende esta andadura, porque, como cualquier propuesta de desarrollo interior, plantea transitar por un camino que nos ha de llevar a una vivencia de nosotros y de la realidad distinta, con cambios que entendemos han de ser constatables, y además en una dirección determinada.Sin embargo, esta evolución puede ser experimentada de formas muy diversas.

Correspondiendo con los tres niveles de conciencia de los cuales hablamos a menudo: personaje, personalidad y yo-esencial, podríamos establecer tres escenarios diferentes. 

En un primer nivel, cuando iniciamos el Trabajo con un personaje al lado que está condicionando nuestro día a día, la persona, porque así nos han enseñado de hecho a la mayoría, tenderá a entender que es recriminándose algo como va a progresar;  es una versión lateral, pero en la misma dirección, del concepto de pecador que tan bien le va al personaje y que, de una forma u otra, late continuamente en nuestro acervo popular adoptando la siguiente máxima: "es diciéndome lo mal que hago una cosa como podré hacerlo mejor". El Trabajo, y la experiencia que genera, se encarga de denostar esta idea a las primeras de cambio, mostrando además hasta qué punto, en tanto nos acogemos a ella, obtenemos justo el resultado contrario al esperado: el hecho de decirnos a nosotros mismos que somos torpes no hace sino edificar una experiencia mental de torpeza, ya que nuestro inconsciente es, por decirlo así, consecuente con los mensajes que se le dan.

Esta fase, superada cuando gracias al despertar ya tenemos una conciencia de nosotros, abre la puerta a una segunda etapa en la que son los propios retos que la existencia nos va planteando los que estimulan un progreso, porque ya estamos preparados para aceptar el envite, ya somos capaces de ver que aquello que se nos muestra como dificultad es en la mayoría de los casos un empunjoncito que la vida nos da para atender aspectos hasta ahora poco desarrollados de nuestra personalidad. Por hacer un símil, podríamos decir que, en el baile que compartimos con la vida, vemos en esta poca experimentación la causa de algún que otro pisotón a destiempo en algún paso poco practicado. Sin embargo, a estas alturas del Trabajo ya sabemos que es a base de ejercitar ese paso como acabaremos ejecutándolo correctamente al principio, y después incluso con cierta gracilidad, alejados ya de los traspiés y despuntes que, bien por acción bien por omisión (por querer evitarlos) pueden haber salpicado nuestro día a día durante lustros.

Sin embargo, el tránsito por esta segunda fase, que puede extenderse en el tiempo durante meses, o años, nos permite acceder a otra más sutil, y al tiempo muy fecunda, cuyo leitmotif no es ya la constatación de talo cual grado de desarrollo y su mejora, sino el reconocimiento de una plenitud en cada cualidad Trabajada, plenitud a la cual se trata sencillamente de dar paso. Además, esta excelencia se intuye como algo inconmensurable, lo cual convierte su ejercitamiento en una pulsión tan inagotable como progresivamente gozosa, y siempre en presente. La labor consiste entonces en ir apartando todo aquello que, de un modo u  otro, nos aleje de esta vivencia de totalidad, tanto a nivel interno como en el contacto con un entorno al que cada vez integramos más en nuestra conciencia. 

A modo de ejemplo con una cualidad concreta, en la primera etapa pretendemos ser buenos utilizando la fórmula de resaltar lo malos que somos y, así, “cambiar”; en la segunda tratamos de ejercitar la bondad a base de afrontar las situaciones en las que la vida nos crea dificultades para aplicarla, y en la tercera reconocemos y nos orientamos hacia una bondad esencial, esférica, y constatamos que pueden haber piedras en el camino de esa vivencia.

El primer paso es importante, porque su tránsito por él nos vacuna de desvíos, el segundo nos enseña a ejercitar nuestra conciencia en la buena dirección, y el tercero nos asienta en una realidad holística y gozosa que, aunque requiera tanto o más esfuerzo que los pasos anteriores, nos abre también paso a otras experiencias que empiezan a ir más allá de lo que podamos, o sea procedente, expresar con palabras.


La realidad actual. Algunos hechos y una alternativa

Lunes, febrero 8th, 2016

LA REALIDAD ACTUAL. ALGUNOS HECHOS Y UNA ALTERNATIVA
Por Jordi Sapés

Noticias del pasado martes 26 de enero de 2016: Dinamarca requisará todos los bienes que obren en poder de los refugiados y superen un valor de 1400 euros. Suecia se propone devolver a sus países de origen 80.000 refugiados que no han obtenido el permiso de residencia, pero no saben cómo hacerlo, así que lo más probable es que esta gente se quede deambulando por el país y se conviertan en ilegales. Lógicamente los “ilegales” solo pueden vivir haciendo cosas ilegales, como es el caso de los top-manta: el propio hecho de declararlos ilegales impide cualquier solución de cualquier gobierno, nacional, autonómico o local. 

El Fondo Monetario Internacional declara que estos refugiados pueden ser a medio plazo un factor de desarrollo de unos países cuya tasa de natalidad disminuye, de manera que cada vez hay menos jóvenes para sufragar las pensiones de los mayores. Pero la gente es incapaz de pensar en el medio plazo, ni tan solo ven lo que tienen delante de los ojos; no soportan nada que les moleste o implique alguna dificultad. Después de haber escuchado reiteradamente que estaban viviendo por encima de sus posibilidades está claro que no pueden atender a toda la gente que, de pronto, llaman a su puerta.

En nuestro país el gobierno se muestra satisfecho porque ha terminado el año con sólo 4.700.000 parados. De los cuales el 50 por ciento carece de subsidio porque llevan más de dos años en paro. Hay un millón y medio de familias que tienen sin trabajo a todos sus miembros.  Pero tenemos que ser buenos y no protestar si queremos que esto se arregle con el desarrollo de la economía. Porque la economía crece; y si no que se lo pregunten a estas 62 personas cuya riqueza equivale a la de la mitad de la población mundial más pobre: unos 3.500 millones de personas. 

Gracias a Dios, los pobres se pueden distraer con el fútbol; en este caso la Copa del Rey. Y para colaborar en la distracción, un locutor de un programa deportivo de 13TV, nos recuerda que a la final del pasado año, que jugaron el Barcelona FC y el Athlectic Club de Bilbao, asistieron al partido aproximadamente unos 80.000 cerdos.  Sí, no es ningún error: ha dicho cerdos. Y supongo que se retenía porque estaba muy indignado. No pasa nada: es la libertad de expresión. La semana anterior en el transcurso de un partido, los aficionados locales exhibieron una pancarta que trataba de puta a la mujer de un jugador del equipo rival y el organismo encargado de la disciplina deportiva les ha puesto una multa de 4 mil euros. Multa que seguramente será recurrida porque conculca la libertad de expresión. 

A todas estas, cada vez son más las familias que se enfrentan a una rebeldía absoluta de sus hijos. Se quejaba una madre en el periódico de que su hijo no hacía caso ni a la policía. Es lógico, ¿no?, ¿por qué tienen que ser nuestros hijos los únicos que se porten bien?, ¿qué sentido tiene portarse bien en un mundo así?

Frente a esta situación, a veces es difícil continuar afirmando que todo está hecho de inteligencia, amor y energía. Cuesta no recordar el episodio de la expulsión de los mercaderes del Templo y pedir a Dios que baje a repartir unas cuantas bofetadas. Pero ahí te das cuenta de que para eso ya nos bastamos nosotros, aunque parece que no acabemos de reaccionar.

El papel que juega Dios nos lo recuerda el Papa Francisco en el libro que acaba de publicar y que se titula: El nombre de Dios es Misericordia. Este libro no nos invita a añadirnos a la pelea sino a resaltar lo que continúa siendo propio del ser humano a pesar de tanta confusión: la capacidad de ver lo que sucede, de ser solidarios con los desamparados y de luchar por un mundo mejor. Esto es algo que podemos hacer de forma personal y que nos resulta muy útil para nuestro crecimiento y desarrollo espiritual. Fijaros en estas personas que renuncian a las comodidades mecánicas para colaborar en la educación y la sanidad de los países del tercer mundo: antes lo llamábamos “misiones” pero ahora, tal como van las cosas, las misiones las tendremos que hacer aquí porque los pobres se han cansado de pasarlo mal y esperar que vayamos a ayudarlos y vienen ellos mismos a buscar la ayuda. 

Los que tenéis hijos en edad de ser educados, no podéis confiar en el sistema para que lo haga porque el sistema se está desmoronando a marchas forzadas; carece de valores y de autoridad para formar unas mentes al  servicio de la humanidad y solo es capaz de crear consumidores frustrados y enchufados a Internet. Así que deberéis nadar contra corriente y desarrollar una escuela paralela en la que se imparta todo lo que pretenden sacar de circulación: música, filosofía y religión.

Sí también religión, porque ya hemos podido comprobar que, espontáneamente, los niños no se preocupan por lo Superior si nadie les ha hablado previamente de ello. Esta idea de que cuando fueran mayores se interesarían por lo Superior se ha demostrado errónea. Otra cosa es que tengamos que mandarlos a las catequesis que organiza el obispado. 

En fin, que no nos faltará trabajo ni ocasiones para ejercitar la misericordia.


Las relaciones humanas

Sábado, febrero 6th, 2016

LAS RELACIONES HUAMANAS

Cuanto más estoy descubriéndome yo como ese foco de energía, inteligencia y afectividad, y no como una forma particular de sentir, de pensar y de hacer, cuanto más me vivo como fondo más veo lo maravillosa que es cada persona tal como es. En cambio, cuanto más me vivo como forma particular más estoy dividiendo a las personas en unas que van a favor y otras que van en contra. La prueba de que se vive realmente en lo esencial de uno es esta facilidad natural de aceptar a la otra persona de verdad, no de una manera vaga, implícita, sino de un modo actual como tal persona en particular. Ello quiere decir que estoy viviéndome en lo fundamental.

Cuando se vive lo fundamental hay una total libertad en cuanto a las formas. En la medida en que las formas me detienen, que me apego a ellas o las rechazo, quiere decir que yo me estoy viviendo como forma; por lo tanto la relación humana es un test y a la vez una escuela para ir despertando. 

En la medida que voy viviéndome en lo que soy, dejo de vivir para conseguir cosas, dejo de utilizar al otro para que me dé o me escuche; me dé seguridad o me dé afirmación de mi propio valor. En la medida que vivo la realidad mía -la energía, la felicidad y la comprensión-, el otro es un medio, gracias al cual yo expando esa comprensión, ese amor, esa energía. Amar a alguien no es hacerle ningún favor; en cambio el personaje siempre vive el amar a otro como que está haciéndole un favor especial, favor del que espera una serie de pagos , de compensaciones. Amar a alguien es un privilegio, el privilegio de poder expresar en la existencia lo que yo soy como esencia y por lo tanto es el otro que me hace un favor a mí cuando yo puedo amarle y comprenderle; está enriqueciéndome, está haciéndome crecer.

En el fondo el sentido de la relación humana es llegar a vivir en la unidad detrás de la multiplicidad, permitir que la multiplicidad, que las diferencias existan completamente, pero que, a la vez, yo sea capaz de aceptar esas diferencias radicales porque estoy viviendo lo que está detrás de las diferencias, que es, una vez más la inteligencia, la afectividad, la energía.

La relación humana es, por un lado, un modo de crecer; por otro lado es un modo de expresar en el mundo concreto lo que soy en el mundo abstracto. Es un proceso constante de creación, de crecimiento, de juego gozoso, de poder compartir un poco más con el otro lo que yo soy y lo que el otro es en el fondo.

La relación humana ha de limpiarse de ese sentimentalismo que hemos adquirido en virtud de un personaje de ser bueno. La relación humana ha de basarse en la realidad, no en el deber moral de ser buenos, sino en un realismo exigente. Sólo el realismo exigente conduce a la unidad. Por lo tanto veamos con claridad el juego que solemos hacer de que yo soy amable para evitar conflictos y los problemas que me crean esos conflictos. El juego que estoy haciendo por el que estoy siempre tratando de evitar que el otro se enfade ¿porque lo amo?, no, porque temo que en su enfado me dirá cosas muy desagradables y entonces yo tendré que vivir hacia él cosas desagradables. Esa bondad está basada en la debilidad y el temor. Sólo cuando soy fuerte puedo ser amable. Cuando soy fuerte no temo, no necesito defenderme y entonces el amor y la amabilidad son auténticos , son genuinos.