Archivo para el mes diciembre, 2015

Hágase tu voluntad

Miércoles, diciembre 23rd, 2015

HÁGASE TU VOLUNTAD
por Jordi Sapés

Conviene de tanto en cuanto mirar de intuir cuál es la Voluntad de Dios para poder ayudarle porque, como dice Gurdjieff, ser Dios es una de las cosas más difíciles que hay en este mundo. Se acercan momentos en los que deberemos elegir a determinadas personas para que dirijan los esfuerzos colectivos en esta dirección, es un buen momento para repasar los encargos que Dios nos hace y escoger a los más dotados para protagonizar esta labor del pueblo. 

Hagamos una lista de cosas especialmente urgentes:

-Que la economía y la política se pongan al servicio del desarrollo del hombre.

-Que se excluya cualquier ideología, religiosa o filosófica, que pretenda dividirnos en buenos y malos.

-Que se fomente la participación de las personas en los asuntos colectivos 

-Que nadie pretenda decidir lo que es o no es importante para los demás.

-Que la vida, la subsistencia y el trabajo sean un derecho inalienable que hay que asegurar de inmediato.

El que crea que esto es utópico que mire lo que está sucediendo y se pregunte si podemos permitir que continúe así. Que vea que, después de años de eludir la solución de los problemas, nos están explotando en la cara. Que vea que los actuales responsables  no saben cómo arreglarlo o carecen de poder real para hacerlo.

No es admisible que las personas que dirigen los gobiernos actúen como chulos de barrio, aprovechen para desprestigiar a los de la banda rival, falten el respeto a los ciudadanos y conviertan las calles en un lugar intransitable lleno de alambradas y supuestas ilegalidades. 

Las personas normales tenemos un nivel de conciencia bastante más elevado. No hablo de niveles de conciencia superiores, hablo de niveles elementales pero humanos. Un ser humano consciente de serlo no bombardea a nadie, no permite que la gente se ahogue en el mar, se quede sin recursos para valerse por sí misma o se vea condenada a la marginación y a la delincuencia en medio de una abundancia superflua.  Y si una persona normal y corriente no tolera esto, no se entiende que apoyemos y financiemos estas conductas y permitamos que actúen así en nuestro nombre.

Siempre que hablamos de cómo solucionar los problemas colectivos se plantea la pregunta: ¿qué podemos hacer?, siempre desde la idea de que no podemos hacer nada. Bueno, al menos podemos dejar de avalar a los que justifican esto, ¿no? Igual no sabemos a quién poner pero al menos hagamos sitio para que surja algo nuevo. 

Examinad las ofertas: hay algunas que intentan aportan un poco de luz y consiguen que algo se mueva en la buena dirección.  ¿Un ejemplo?: Creo recordar que en las anteriores generales algunos votamos al Partida Animalista que son los que defienden que se prohíban espectáculos en los que se atormenta un animal.  

También lo recomendaba Gurdjieff: primero practique el amar a los animales, son más sensibles.


El desarrollo de ADCA. Una experiencia colectiva y personal

Martes, diciembre 22nd, 2015

El desarrollo de ADCA. Una experiencia colectiva y personal
Por Jordi Calm Guiteras

El pasado 22 de noviembre tuvo lugar en Barcelona la tercera Asamblea Anual de ADCA. En ella, además de dar fe de asistentes, cuentas, actividades y proyectos, algunos de nuestros socios tuvieron la ocasión de compartir sus experiencias del Trabajo en su ámbito laboral, o lúdico. De estas ponencias, que tenemos intención de compartir con un cierto detalle en posteriores artículos, hay dos aspectos que considero importante destacar.

Por una parte, y a un nivel más colectivo, se hizo evidente en estas exposiciones, y en perfecta continuidad con lo expresado en la Asamblea, el lento pero firme asentamiento de la Asociación, es decir, del arquetipo que ésta defiende y propaga: una vivencia y visión de la realidad mucho más acorde con nuestra realidad esencial, y con la realidad en sí. Cada descripción ejemplifica una aplicación práctica de  una manera de ser y vivir que nos reconoce, nos incluye y nos expande en un entorno con el que podemos, ya desde nosotros, contactar, incidir, y mejorar. Porque en las ponencias se habla de experiencias concretas, de actuaciones directas en un entorno al cual se aporta luz, pero no ya por nosotros, sino porque ayudamos a hacer florecer la de los demás, porque ayudamos  a que, de modo directo, indirecto o circunstancial, ellos sean más ellos, y, en consecuencia, la realidad se pueda arrancar unos cuantos velos de encima.  

A modo de ejemplo de esta impresión general, y sin ánimo de ser indiscreto, destacaría la honda impresión que en algunos de los asistentes despertó lo que allí se estaba expresando, tanto por la dimensión y la profundidad de las experiencias que se describían como por la constatación del amplio abanico de posibilidades en las que el Trabajo se puede manifestar e incidir en nuestra sociedad. Para todos los asistentes se hizo evidente aquellas plantas que vemos florecer surgen de un puñado de semillas extraídas de un saco mucho más grande de potencialidades a explorar, y a cultivar.

En segundo lugar, y a nivel personal, es de destacar que todos los que allí se expresaron han dado un paso más en una dirección por la que la Asociación siempre ha animado a transitar: la vivencia del Trabajo no como algo puramente personal y egocentrado sino como algo a vivir y a compartir con los demás. Y, en esta empresa, todo vale, desde un simple comentario en la web hasta un me gusta en Facebook, pasando por una conversación un poquito más despierta con cualquiera de nuestros seres queridos. Cualquiera de estos pasos ayuda a romper los prejuicios que el personaje trata de colocar entre nosotros y la realidad: “no te atrevas, no te comprenderán, quedarás mal”. Ante nosotros tenemos personas que han ido mucho más allá en este empeño; y os aseguro que ninguna de ellas nacieron valientes o temerarias, al principio encontraron las mismas resistencias que todos nosotros, pero las han trabajado y las han superado. Y para ellos este proceso es algo gozoso y pleno, lo cual se hizo evidente a todos los asistentes a la Asamblea simplemente contemplando su rostro, y sus ojos, mientras transmitían sus experiencias. 

Seguro que muchos de vosotros, en vuestros respectivos ámbitos y en la medida de vuestras posibilidades, ya estáis llevando a cabo alguna actividad, y estáis teniendo alguna experiencia en este sentido. Desde la asociación no dejamos de animaros a compartir estas experiencias, tanto en los apartados de la web en los que tenemos la oportunidad de hacerlo como en futuras asambleas.

Muchas gracias por formar parte de esta Asociación.


Pre-requisitos para el camino espiritual (II)

Viernes, diciembre 18th, 2015

PRE-REQUISITOS PARA EL CAMINO ESPIRITUAL (II)

(continuación del anterior)

Armonización de lo superior con lo inferior

El cuarto requisito, y éste ya es para ir desarrollándolo sobre la marcha, es el de procurar trabajar lo espiritual de manera que se armonice siempre con los niveles elementales de la personalidad. Hay personas en las que su descubrimiento de lo espiritual es explosivo y que, entonces, se dejan llevar por esta demanda o por esta experiencia que puedan tener de lo espiritual y se vuelven de espaldas a todo lo que es vida de su personalidad, de su mente concreta, de su vitalidad, de su cuerpo, siendo esto completamente erróneo.

Hemos de aprender a vivir toda nuestra personalidad y todos nuestros niveles superiores armonizando unos y otros, haciendo que nuestra vida se ensanche, que nuestro desarrollo espiritual sea realmente una expansión de conciencia, no un cerrar ninguna puerta, sino un ordenar las cosas desde una perspectiva más alta, un vivir las experiencias desde otras experiencias superiores. Este poder armonizar lo superior y lo inferior es fundamental para que lo espiritual sea algo realmente creador, resolutivo. Y sin embargo vemos aquellas personas que, porque lo espiritual lo viven a través de lo afectivo, se convierten entonces en seres irracionales, en seres que se dejan llevar por verdaderos fanatismos, por verdaderas obsesiones, que no están viviendo las cosas de un modo equilibrado, de un modo integrado; otros que lo viven a través de la mente, se convierten en seres puramente teóricos, intelectualistas que dejan de tener contacto dinámico con la vida, con las personas, etc.; otras personas, que al vivir estos otros aspectos, se vuelven de espaldas a su cuerpo considerándolo como algo negativo, como algo primitivo, como algo malo, cuando no hay nada en él que sea malo.

Completa entrega.

Debiéramos añadir un último requisito: el de estar dispuesto a hacer un trabajo sin prisas y con completa entrega. La vida espiritual en cualquiera de sus formas no es un hobby, no se puede hacer como algo secundario en la vida. Llega un momento en que se le pide al aspirante toda su energía, toda su sinceridad y toda su generosidad, ya que se trata de trascender el centro del yo personal, que es la base actual del funcionamiento de las facultades psicológicas habituales. Hay que movilizar toda la capacidad de atención y de discernimiento ya que se trata de alcanzar su misma fuente, y hay que movilizar toda la capacidad de amar y de servicio, puesto que exigirá una entrega completa de todo lo meramente personal.

Pero no es que se trate de un panorama sombrío, lleno de esfuerzos y de austeridad, ya que todas estas renuncias van acompañadas de un gozo mayor al entrar en el cauce de la verdadera vida plena, pues por ella discurre, con completa energía y libertad, la fuente de felicidad, de sabiduría, de paz.

 

Antonio Blay.- Tensión. Miedo y liberación interior.


Pre-requisitos para el camino espiritual

Miércoles, diciembre 2nd, 2015

PRE-REQUISITOS PARA EL CAMINO ESPIRITUAL
Textos de Antonio Blay

Demanda auténtica

¿Qué requisitos, pues, hay que tener o hay que seguir para tratar de abrirse paso en este sendero espiritual? El primer requisito es que hay una demanda auténtica. Nadie puede ir a lo espiritual porque él personalmente lo decide así. Lo espiritual solamente amanece en nosotros, cuando se abre paso a través de nuestras estructuras personales, es un crecimiento, es un desarrollo que viene de dentro; por mucho que me hayan educado a mí en un ambiente de tipo religioso, o del tipo que sea, esto no producirá en mí ni siquiera un poco de desarrollo, de apertura espiritual.

Ahora bien, no hemos de confundir lo espiritual con las formas culturales religiosas, llamadas espiritualistas; todas las formas culturales están en el terreno de la mente, en el terreno de las conductas exteriores, de las acciones que dependen de la mente y del yo-idea. Nada del exterior nos puede dar nada del nivel superior. El nivel superior se desarrolla como todo lo genuino desde dentro. Puede haber personas que leen mucho, que practican mucho una serie de normas y de enseñanzas que se les ha dado y que, no obstante, no viven en absoluto nada de lo espiritual; y sin embargo, puede haber personas que están renegando de todo lo que tiene nombre de espiritual o de religioso y que, en cambio, están viviendo una auténtica espiritualidad. La espiritualidad viene dada cuando lo que son niveles superiores amanecen, se mueven, surgen, sea con el nombre que sea.

Ya hemos dicho que la primera fase del camino en lo espiritual se manifiesta por una inadaptación, por una inadecuación con el modo de vida; lo que son satisfacciones para los demás, a uno no le satisfacen; lo que sirve de compensación para la mayor parte de las personas, a uno no le compensa. Hay una demanda que es persistente, más allá de que las cosas vayan bien o vayan mal. Esto es la garantía de que la demanda es auténtica; no hace falta que uno sienta una demanda ansiosa, urgente, no. Esto surge, en verdad, de una manera muy suave, pero la característica no está en la intensidad, sino en la persistencia; cuando uno descubre que a través de los años, que a través de los vaivenes de su situación material y psicológica, hay una constante aspiración de algo más, ese algo más está pidiendo abrirse paso, existe esa demanda espiritual.

Que la personalidad se encuentre mínimamente desarrollada

El segundo requisito es que la persona haya desarrollado hasta un grado mínimo, por lo menos, su personalidad. Por su personalidad queremos decir lo que hemos explicado en toda la primera parte, o sea, que la persona haya vivido sus experiencias, que haya desarrollado su mente, su capacidad de afrontar situaciones, que su afectividad tenga un cierto grado de madurez, porque en la medida que la mente no se haya desarrollado, que lo vital esté totalmente reprimido, habrá tal cantidad de distorsiones en la persona, que aunque exista una demanda genuina, y puede existir, su trabajo quedará constantemente deformado, su trabajo estará confuso y no podrá encontrar un cauce, diríamos, armónico de desarrollo, precisamente porque le faltan los instrumentos.

El desarrollo de la personalidad no puede ser sustituido por nada, el desarrollo de la personalidad hay que hacerlo y para eso tenemos la personalidad, para desarrollarla, ya que si no la desarrollamos, no cumple su verdadera función de servir de instrumento a algo superior. Por esto, aunque tengamos baches o lagunas en nuestra formación de la personalidad, de nuestra mente, nuestra afectividad, voluntad, etcétera -¡quién no la tiene!- el desarrollo espiritual, si está bien dirigido, comportará el que la persona complete la formación de su personalidad, será el mismo ahondamiento en lo espiritual que le obligará a afrontar situaciones de las que antes huía, a desarrollar una capacidad de concentración que antes no había conseguido, desidentificarse de unos efectos, de unos conflictos o de unas pasiones que, hasta ahora, consideraba insuperables, esto le será necesario, le vendrá impuesto por su interior, no del exterior, le vendrá impuesto del interior el que consiga una mayor madurez en su formación personal.

Decimos, por lo tanto, que el primer requisito es que haya una demanda auténtica y, el segundo, que la personalidad esté desarrollada a un grado mínimo.

Sinceridad de respuesta

El tercero es que la persona responda sinceramente a la demanda. Y aquí nos encontramos con ese problema que todos conocemos, en un grado u otro. Estamos constantemente regateando; por un lado, hay en mí una demanda que es algo genuino, pero, por otro lado, está mi vida corriente, llena de preocupaciones, llena de ocupaciones y, sobre todo, llena de hábitos. Y es ahí donde surge realmente la dificultad, durante mucho tiempo mis hábitos de conducta no me permiten responder con sinceridad a la demanda de lo espiritual: no tengo tiempo, ahora no puedo, no tengo condiciones, más adelante; uno empieza un día porque está entusiasmado, a los dos días se acabó todo. Quizá es que la persona no sabe responder con sinceridad, se deja llevar por sus automatismos, está conducida por su inercia, pero la persona tiene que pronunciarse con claridad sobre esa demanda del interior. Si yo decido que eso vale, yo he de poner todos los medios que están a mi alcance para que, eso que vale, yo pueda vivirlo, trabajarlo, abrirme a ello y saber descubrir todas las trampas que me están haciendo mi mente y mi vitalidad, mi rutina, mi inconsciencia, saberlas descubrir, denunciarlas y actuar de un modo inteligente para neutralizar esa inercia.

 

Texto extraído de la obra de Antonio Blay: Tensión. Miedo y liberación interior.Editorial Indigo


 


El yo-experiencia y el yo-idea

Miércoles, diciembre 2nd, 2015

EL YO-EXPERIENCIA Y EL YO-IDEA
Textos de Antonio Blay

El Yo-experiencia (lo real) o personalidad es el resultado de todo lo que vivimos de un modo activo. Gracias a las experiencias, dijimos, movilizamos las energías, desarrollamos nuestros niveles, actualizamos nuestra inteligencia y adquirimos unos modos de reacción ante las situaciones. Esta respuesta que damos una y otra vez va desarrollando en nosotros un eje que es la base de nosotros mismos en el mundo de los fenómenos, en lo existencial. Yo realmente soy lo que he desarrollado: en inteligencia, en energía, en afectividad, en capacidad de adaptación, etc.; ésta es mi verdad objetiva, yo soy exactamente esto.

El personaje (mecánica mental fantasiosa) se genera a través de las experiencias incompletas, insatisfactorias. La idea que tenemos de nosotros mismos va adquiriendo una fuerza especial porque utilizamos imágenes para vernos en una situación distinta, realizando imaginativamente lo que, de hecho, no se ha podido desarrollar. Es un modo de vivir la satisfacción que no se ha podido tener en la vida real a causa de unas experiencias frustrantes. Así, yo voy utilizando mi imagen y mi idea de mí en un sentido imaginativo orientado a los deseos internos y que se va alejando poco a poco de lo que es el yo-experiencia real. Entonces yo tiendo a ser en mi mente distinto de lo que soy en mi realidad. Por esto existe tanta diferencia entre mis propósitos y mis realizaciones; por ejemplo, cuando me hago un programa de trabajo, lo hago con mi mente y por lo tanto está en juego el yo-idea, pero la realización del programa debe hacerla el yo-experiencia, y éste siempre presenta un desfase con el yo-idea. Este desfase puede ser en más o en menos, pero lo frecuente es que uno crea que puede hacer mucho más; y compone un programa magnífico en el que hay tiempo para todo, se cumplen los objetivos, todo es excelente, pero luego, un día por una circunstancia, otro día por otra circunstancia, otro día porque uno lo pospone para el día siguiente, etcétera, el hecho es que hay una reducción notable en la realización de los objetivos, y cuando la persona al cabo de un tiempo vuelve a hacer un nuevo programa suele suceder lo mismo. Esto indica que están en juego mecanismos distintos, los de planificación y los de ejecución: el personaje y el yo-experiencia.

El personaje es muy importante porque es el que usamos para pensar en nosotros, es el que tomamos como referencia para valorarnos y para medir las cosas que los demás dicen o hacen. Así, por ejemplo alguien puede manifestar una idea que me lesiona; ¿por qué me lesiona? Porque implica una valoración de mi prestigio. Yo me siento ofendido porque alguien me ha dejado de lado o porque no se me tiene la consideración que creo merecer. Entonces este yo-idea pasa a ser el centro de mi vida intelectual, mi vida vivida como mente, como idea.

O sea que vivimos dos planos distintos. El plano de la idea en el cual soy vulnerable a toda idea negativa y en el que me siento atraído por toda idea afirmativa. Y el plano de mi experiencia real, de mi yo-experiencia, en el que soy capaz de hacer unas cosas determinadas o no soy capaz de hacerlas. Cuanto más se separe el yo-idea del yo-experiencia -cuanto más yo vaya hinchando o deformando la idea que tengo de mí- más estaré en conflicto con la vida real porque estaré viviendo en mi mente con la presunción de hacer y de valorar unas cosas, y de que me valoren a mí de una manera determinada, y la realidad cotidiana no estará de acuerdo con esta planificación mental. Cuanto más yo choque con la realidad, más frustrado me sentiré y mayor necesidad tendré de desear futuras realizaciones, futuras grandezas; iré hinchando más y más esta imagen ideal.

Es importante ver claro el mecanismo del personaje y el valor real de nuestro yo-experiencia. Para calibrar el valor real de éste, hemos de mirar lo que nosotros hacemos realmente. Si hago un examen retrospectivo de las experiencias de mi vida, lo que he hecho en una ocasión y en otra ocasión, y en otra, aparte de las motivaciones, simplemente los hechos, aquello me dará una visión clara, innegable, del yo-experiencia.

Para apreciar la importancia que para mí tiene el personaje he de observar cuáles son las cosas que me molestan, que me enfadan o que me deprimen. Las cosas me disgustan en la medida que van en contra de los contenidos del yo-ideal cuando este yo-ideal es fuerte en mí y yo dependo de él. Cuando yo no vivo sólidamente el yo-experiencia es cuando yo estoy más colgado a mi representación; entonces, más me duelen las ideas negativas de mí. Este dolor, al vivirse como una ofensa o una negación, puede llegar a producir resultados fisiológicos funestos. Hay personas que han padecido un colapso cardíaco a causa de un disgusto. Y ¿qué es un disgusto? Simplemente la negación de una idea; la negación de un valor que hay en la mente alrededor del yo-ideal.

Es importante que uno aprenda a distinguir en su vida práctica esos dos niveles de su realidad. El personaje lo vivimos cuando estamos pensando; el yo-experiencia cuando actuamos. Cuanto más débil es el yo-experiencia más fuerte es el yo-ideal. Cuanto más uno necesita refugiarse en la idea y en las interpretaciones de sí mismo es que vive con poca fuerza la positividad de su yo-experiencia en su vida inmediata.

 


Los milagros y la fe

Miércoles, diciembre 2nd, 2015

LOS MILAGROS Y LA FE
por Jordi Sapés

Una de las actividades que se cuentan de la vida de Jesús en los evangelios es la afición que tenía por curar a los paralíticos. Siempre que tenía ocasión de interpelar a un paralítico, le decía: “levántate y anda”; y cuando el milagro se producía, añadía: “tu fe te ha salvado”. Yo siempre había entendido que la fe consistía en creer que Jesús le podía curar; pero con el tiempo, he visto que el verdadero milagro consiste en que el paralítico considere posible su curación. Porque, lo más normal, es que si le dices a un paralítico que se levante, este te responda indignado: “¿pero qué dices?, ¿qué no ves que soy paralítico?”. Seguramente que hubo muchos que respondieron así, y estos no aparecen en los evangelios.

El milagro se produce cuando los paralíticos se atreven a creer en sí mismos y en su capacidad de levantarse por encima de unas limitaciones que pensaban tener y que, a la postre se demuestra que no son reales. Lo que hace Jesús es transmitirles la fe en sí mismos y en su capacidad para trascender las limitaciones a las que se habían acostumbrado.

Porque claro, también tiene sus ventajas ser paralítico: vives fatal, pero no has de hacer nada y siempre hay alguien que se compadece de ti y te echa una moneda. En cambio la fe exige un esfuerzo superior al ordinario y no todo el mundo está dispuesto a realizarlo.

Otra cosa que hace Jesús con los paralíticos que levanta es perdonarles los pecados. Esto es importante porque él paralítico es paralítico a causa de sus pecados y, si no se le perdonan, vuelve a paralizarse al poco tiempo.

También aquí suele haber confusión: mucha gente interpreta que el paralítico lo es porque Dios le ha castigado por sus pecados, pero es absurdo que Dios lo castigue por un lado y lo cure por otro. El pecado es la desorientación, la falta de orden mental, el no tener claro qué cosas son fundamentales  y cuáles accesorias. La parálisis que produce esta desorientación no es tanto de estar inmóvil como de dar vueltas en un círculo vicioso que no tiene salida: siempre los mismos problemas y siempre la misma imposibilidad de superarlos. Hasta que uno acaba considerando la propia vida como un problema y el hecho de vivir como una condena.

Claro, para ver dónde está el error, primero hay que levantarse por encima de los pensamientos habituales y cuestionarlos. Mirarlos con lupa y observar en qué acciones contraproducentes y en qué omisiones pusilánimes o irresponsables se traducen. Y esto se hace desde un nivel de conciencia superior, simbolizado aquí por Jesús; que además de amor, también es verdad y vida.

Y para hacer eso, también se requiere fe en la capacidad de ver y reconocer el error que hay en uno mismo. El gran enemigo de la fe es el dicho: mejor malo conocido que bueno por conocer; es el miedo a perder la poca seguridad que tenemos para abrirnos a la Realidad que somos. Atrevernos es el verdadero milagro.

 


Identidad esencial, personalidad y personaje

Miércoles, diciembre 2nd, 2015

IDENTIDAD ESENCIAL, PERSONALIDAD Y PERSONAJE
Por Jordi Sapés

Está claro que conviene volver periódicamente a repasar la diferencia que hay entre estos tres conceptos que utiliza la mente para referirse a nosotros.

Decimos que nuestra identidad es aquello que no cambia en el transcurso de nuestra existencia, lo que permanece constante e inmutable. Si hacemos un proceso de observación en nosotros mismos, desestimando todo aquello que constatamos que ha cambiado a lo largo de nuestra existencia, veremos que cuando decimos “yo” no nos podemos referir a nuestro cuerpo, ni a nuestros pensamientos, ni a nuestros gustos ni a nuestra profesión, porque todas estas cosas han ido cambiando y seguirán haciéndolo mientras continuemos en este mundo.

¿Qué es lo que vemos que ha permanecido invariable? la capacidad de comprender, la capacidad de amar y la capacidad de hacer. Estas capacidades la hemos invertido en diferentes asuntos, pero esto no las han modificado. Así que podemos afirmar que somos eso.

Ahora bien, para decirlo en voz alta o escribirlo, necesito un cuerpo. Y puedo escribirlo porque sé escribir y porque tengo una mente educada que me permite expresar mediante conceptos o ideas esta realidad que percibo. Y además me gusta escribir, le he cogido afición y he ido desarrollando una cierta habilidad con la que consigo que mis escritos no sean tan soporíferos como cuando empecé. Todo esto es consecuencia de haber puesto en práctica estas capacidades esenciales. La energía que soy ha hecho crecer mi cuerpo y lo mantiene vivo, la inteligencia que soy ha desarrollado mi mente y el amor que soy ha extendido mi alma a muchas cosas y personas que me han acompañado en mi existencia. Todo eso: el cuerpo, los conocimientos, las relaciones, las habilidades… todo esto es mi personalidad. Y está claro que esta personalidad es algo indispensable para caminar por este mundo y relacionarme con los demás.

Bueno, ¿y el personaje qué es? El personaje es una opinión: si a ti te parece bien o mal mi personalidad. Y también es que si yo me entero de que no te gusto, me deprimo y me siento desgraciado e impotente. Esto es el personaje: lo que tú piensas de mi personalidad y lo que yo pienso de ella cuando me entero. El personaje es que resulta que tengo que ser de otra manera, para gustarte a ti y poderme sentir seguro de mi mismo.

Pero también puede ser que, cuando me entere de que no te gusto, te ponga a parir y considere que eres tú el que tienes que ser de otra manera. Y también puedo opinar que, cuando la gente me mire, no han de sentir si les gusto o no; y si lo sienten lo han de ignorar; no digo disimularlo sino ignorarlo.

¿Es complicado verdad? Pero bueno, ¿por qué tengo yo que tener la personalidad que quieren los demás?; si además es imposible porque ¡son tantos!, ¡no puedo satisfacer a todo el mundo!

Lo mejor es ser como soy porque esta es mi manera personal de ser. Y esto es la personalidad. El personaje sobra.

Definiciones:

Yo: el ser.

La personalidad: mi manera de ser.

El personaje: la opinión que creo que los demás tienen de mí.


La voz del alma

Miércoles, diciembre 2nd, 2015

LA VOZ DEL ALMA
por Miquel Cazaña

La actividad más saludable que puede existir en ésta vida es, probablemente, guiarse por la voz del alma. Escuchar ésa voz aterciopelada y cálida, a veces fina y sutil como el viento, otras veces sólida y contundente como un muro de piedra. Pero siempre profunda y transformadora, ya que siempre nos habla desde el Fondo.

Ella nos ha traído al Trabajo. Se siente gratificada porque todo lo que aquí encontramos es autenticidad, honestidad y desarrollo. Esencia en definitiva.

Es la voz que me guió a mí con fe por el camino del arte, contra viento y marea; remando a contracorriente a través de una atmósfera nublada que no permitía ver el camino. Pero ella lo señalaba y Jordi Sapés me ayudaba a afinar el oído y escucharla.  Poco a poco fui descubriendo que esa sintonía tenía mucha más fuerza que todos los ruidos del exterior.

También gracias a ella he conocido muchos compañeros de viaje que la oyen. Personas con las que he notado que somos una sola voz, un sólo Espíritu. Y es que encontrarnos en el entorno del Trabajo significa un tesoro de experiencia: la de conocernos sin máscaras, sin muletas ni embudos; en un ambiente en el que no tienes que ser ni llegar a ser nada en concreto, ni tienes que demostrar nada a nadie. Vibras de manera natural en un nivel en el que todo fluye de manera sencilla, donde no hay distinción entre yo y el otro. Notas que eres lo mismo que el otro, porque estáis desnudos ante los ojos de Dios.

Vivimos en un mundo obsesionado por la forma que oculta la esencia; por eso no es extraño que en general la actitud positiva sea tan escasa, sobre todo cuando hay que ponerla al servicio de lo que se considera ajeno. Conmueve e impacta lo que está ocurriendo a orillas del Mediterráneo; ver a los valientes que caminan hasta el fin del mundo con la vida pendiendo de un hilo porque en su biblioteca la palabra futuro ha desaparecido. Y ver a los voluntarios que los recogen del mar y devuelven a la vida a tantos como pueden.
Porque el derecho más elemental e imprescindible, el derecho a la vida, sigue sin estar garantizado. Allí están desnudos, con el alma al descubierto, en la delgada línea entre la vida y la muerte. "El pueblo está salvando al pueblo", dice desconsolado un voluntario de una ONG desbordada. Lo dice con la convicción que da la experiencia de estar desnudo ante los ojos de Dios.

Y mientras tanto, en la noticias nos avisan: "Les advertimos que las imágenes que van a ver a continuación pueden herir su sensibilidad". ¿Qué sensibilidad?, ¿aquella que prefiere cambiar de canal y continuar en su parque de atracciones particular?
Por lo menos pidamos responsabilidades. Nadie merece tanta indiferencia como la que estamos viviendo. Tenemos la obligación de denunciar la frivolidad y el engaño allí donde se den y cada vez que se den, solicitando una mayor información y transparencia.

Dios nos ha traído al Trabajo para que veamos cuál es nuestra misión. Escuchemos la voz del alma y seamos su altavoz con la seguridad de que no hay mejor manera de vivir.

 


Por qué lo importante es participar

Miércoles, diciembre 2nd, 2015

POR QUÉ LO IMPORTANTE ES PARTICIPAR

Cuando oímos la frase: lo importante es participar, suele haber un cierto aroma de resignación en el que la pronuncia, porque usualmente la utilizamos cuando nuestro interlocutor, por cualquier motivo, no ha podido ganar en alguna competición, o similares, y entonces, a modo de consolación, a menudo incluso con un tono de voz deshilachado, pretendemos endulzar un poco la situación.

Sin embargo, desde la perspectiva del Trabajo, propongo que no estaría de más añadir a esta frase la coletilla "…y más que ganar".

 Es fácil pensar que esto ya es pasarse un poco ¿verdad?

Veámoslo con un poco más de detalle. Si aplicamos el sentido de “ganar” en términos del Trabajo, bien podríamos decir que “ganar” significa despertar de maravilla al oír un despertador, hacer un centramiento especialmente profundo o, para los más avanzados, responder con acierto algunas cuestiones del curso de filosofía. Pues bien, si unimos a esta frase otra también muy utilizada en el Trabajo: lo importante es el esfuerzo, y no el resultado ya podemos empezar a encontrar un cierto sentido a esta propuesta de corolario tan aparentemente extravagante.

Porque, para el Trabajo, participar significa esforzarse, trabajar, ejercitar y, por tanto, actualizar el potencial que somos en la medida en la que somos capaces en este momento. Y sucede que es eso, y sólo eso, lo que nos transforma, lo que nos llevará en volandas de un nivel de conciencia a otro; es ese esfuerzo el que nos permite atravesar cualquier dificultad que surja porque, por otra parte, en tanto la tenemos delante es la que es procedente atravesar, limpiar, ver, trascender, etc… en ese momento.

Lo importante es el esfuerzo, y no el resultado. No importa que despertemos cuando oímos un despertador, no es eso lo que se sigue en los diarios (en verdad, con el conteo de los Excel tendríamos suficiente); lo que es objeto de atención y seguimiento es el proceso en ese esfuerzo, sea lo que sea lo que dé de sí, tanto si es despertar como si es tropezar con algún impedimento, porque ese impedimento es nuestro también, ahí está porque en algún momento se enquistó, y ahora es necesario acogerlo y traspasarlo para que, con Trabajo, esa emoción, ese pensamiento, o lo que sea que nos perturbe se ponga en su sitio y dé paso a la energía, amor e inteligencia que somos y que ahora podrá expresarse, y vivirse, con mayor plenitud. Y si todo este proceso acaba desembocando en “ganar”, bienvenido sea, pero a su debido tiempo, no antes.

Finalmente, significar que esta propuesta tiene un corolario muy liberador y es que, al hacernos independientes del resultado, nos habilita para vivir el proceso siempre de forma gozosa, porque sabremos que ante un despertador, un centramiento o, en verdad, cualquier dificultad que encontremos en nuestra vida, la gracia, y el disfrute, está en meterse en ello a fondo, en ese participar que nos permite dar lo mejor de nosotros en esa participación.