Archivo para el mes septiembre, 2015

Dios pone los ejercicios

Domingo, septiembre 6th, 2015

DIOS PONE LOS EJERCICIOS
Por Jordi Sapés

La realidad está hecha de energía, inteligencia y amor. Cuando nuestro desarrollo personal descuida alguno de estos aspectos o se satisface considerando que lo manifiesta en un grado superior al de su entorno, la realidad se encarga rápidamente de desmentirlo presentándose en forma de problema. No tenemos más que mirar que aspectos de la realidad se nos presentan más cuesta arriba para ver las capacidades que necesitamos ejercitar.

Pero esto sucede también cuando, habiendo advertido esta falta de desarrollo, nos proponemos remediarla con nuestra mejor voluntad y nos hacernos el propósito de tratar algunas cosas de una manera distinta de cómo veníamos haciéndolo. La idea suele consistir en hacer pequeñas mejoras, algunos retoques. Pero la respuesta que tiene en cuenta lo que hasta ahora habíamos considerado irrelevante tiene un tenor muy diferente, no puede ser la misma de costumbre convenientemente remozada. Y el hecho de querer mantener la de costumbre, limpiándole la cara, produce más desgracias que beneficios y nos coloca ante la evidencia de que el cambio ha de ser mucho más profundo.

Como dice el refrán: a veces para solucionar algo se ha de estropear del todo, precisamente para que los apaños no sean posibles. Esto es lo que está sucediendo ahora en relación a un problema colectivo: los refugiados de las guerras y del hambre que pretenden entrar en Europa. La avalancha es de tal magnitud que los gobiernos europeos no han dudado en quitarse la careta y proclamar en voz alta que no los quieren; pero esto solo ha servido para desenmascarar su inmoralidad porque la gente continúa llegando y superando todos los obstáculos que se les pone. Es una corriente imparable a la que habrá que dejar de tratar como una cuestión de orden público. En todo caso, el orden público habrá que imponérselo a los ciudadanos europeos que protestan porque se les despierta del letargo en el que están instalados.

La inmoralidad ofrece diferentes formas: colocar tanques en las fronteras, levantar vallas en las mismas, amenazar con confiscar los salarios de los trabajadores en situación ilegal, negarles cobertura sanitaria, permitir que se ahoguen en el mar, dispararles para que no pongan el pie en territorio europeo y devolverles al otro lado si lo han conseguido. Todo esto conculcando la legislación internacional. ¿Quiénes son aquí los ilegales? Esto no solo es ilegal: es inhumano; y sobre todo inútil, porque una legislación que ignora la realidad se cae por sí sola.

¿Y quién se preocupa realmente por el origen del problema? Ya es evidente que las fuerzas del mercado no van a sacar al continente africano de la miseria, solo van a agravarla cada día más. También es evidente que las filas del fundamentalismo islámico se nutren de personas que viven marginadas por el fundamentalismo financiero. La inteligencia y la energía, la razón y la técnica, se están mostrando incapaces de resolver la situación. Falta el amor. Son millones de personas las que reclaman un compromiso con la humanidad que, hoy por hoy, no tenemos.

Ya sé que la excomunión no está de moda, pero igual el Papa debería leerles la cartilla a estos dirigentes europeos que se dicen católicos o protestantes y adoptan estas medidas represivas en vez de atender la situación. Claro que igual sucedería que la mayoría de católicos, encabezados por estos dirigentes, se pondrían de acuerdo y lo excomulgarían a él.

En todo caso, ahí tenemos algo que nadie había previsto y nadie sabe cómo solucionar sin cambiar los esquemas tradicionales. Es un ejercicio que Dios nos pone.


Lo espiritual no es pasivo

Domingo, septiembre 6th, 2015

LO ESPIRITUAL NO ES PASIVO
Textos de Antonio Blay

Hay un aspecto de la relación humana que conviene aclarar, porque muchas personas, cuando se les habla de la dimensión espiritual, de la actitud receptiva, de la comprensión ante los demás, etc., tienden a asociar esas actitudes a una disposición meramente pasiva o de tolerancia, y esto puede dar lugar a unos malentendidos que no deben existir.

Cuando decimos que ante los demás hemos de tener una actitud receptiva, intentando «entender» lo que el otro está diciendo, tratando de intuir lo que siente y de percibir lo que le hace funcionar por detrás de sus mecanismos -su dimensión profunda no queremos decir que hemos de encontrarlo todo maravilloso, magnífico, que hemos de decir siempre amén a todo lo que la otra persona nos plantee, sino que hemos de tener una visión realmente grande, amplia, de lo espiritual.

Lo espiritual no está hecho sólo de esta bondad dulzona, pasiva, sentimental (o sentimentaloide); lo espiritual incluye lo más recio, lo más profundo de la existencia. Lo espiritual es la raíz de toda la fuerza que existe en la naturaleza, de toda la capacidad combativa que podemos ver en el reino animal, por ejemplo; de toda la fuerza cósmica, de la que tenemos pequeños atisbos cuando un cataclismo de la naturaleza nos asusta por sus terribles efectos. No asociemos lo espiritual sólo al aspecto blando, pasivo, de una mentalidad sensiblera; lo espiritual es la potencia más extraordinaria que existe. Y esta potencia se expresa en todos los niveles: desde el nivel material, pasando por lo biológico, hasta el nivel más intelectual y más espiritual.

Así, cuando se habla de la actitud espiritual, las personas interpretan que han de manifestar dulzura, compasión, perdón, olvido, etc., porque contraponen esta actitud pasiva a la actitud de lucha, de enfrentamiento, de exigencia o imposición, a la actitud de luchar para imponer unas ideas o lograr unos objetivos, al aspecto lucha en todas sus manifestaciones.

La lucha es algo esencial en la existencia y es algo esencialmente positivo. Lo que puede ser negativo son las motivaciones de la lucha. Cuando estoy luchando para afirmarme yo en contra de los demás, o por oposición a los demás, esta lucha es negativa; es la lucha que trata de ensalzarme a mí disminuyendo a los otros. En cambio, existe una lucha que es enteramente positiva; es la movilización de toda la potencia al servicio de una idea clara y expresada a través de una conciencia creativa de unidad.

Las personas entienden la actitud de lucha de forma egocentrada, y por eso es por lo que al hablarles de comprensión asocian automáticamente la actitud pasiva a lo que llamamos espiritual. Pero lo espiritual es la base de lo que funciona en el nivel natural; es, de hecho, las cualidades de lo natural sin las deficiencias del nivel psicológico habitual, marcado por los hábitos egocentrados.


El Trabajo en el ámbito laboral

Domingo, septiembre 6th, 2015

EL TRABAJO EN EL ÁMBITO LABORAL
Por Olga Godia

Hacía años que buscaba y rebuscaba por todo este mundillo espiritual. Leía libros, asistía a conferencias, hacía cursos y ansiaba encontrar algo más. Al principio todo era nuevo, pero con los años me di cuenta que todos decían lo mismo y me estaba cansando, ya nada de todo esto tenía sentido para mí, porque nada en mí cambiaba. Buscaba alguien que me dijera algo nuevo, que fuera un poco más allá. El personaje se divertía de lo lindo porque conocía cosas que muchas personas ni se preguntaban y eso lo hacía sentir diferente. Pero en el fondo sabía que había algo más, que tenía que haber algo que fuera más real, más sencillo y que no iba por buen camino.

En esta búsqueda apareció una persona que me presentó aquello que yo tanto ansiaba,  e inicié mi proceso en el Trabajo. Empecé sabiendo que sería duro, que tendría que dedicarle muchas horas, pero no dudé ni un segundo. Era el Trabajo que tenía que hacer. No tenía grandes problemas y estaba bien, pero sabía que podía estar mejor.

En unos meses experimenté el primer despertar y me di cuenta del sueño en el que andaba metida toda mi vida; que si la gente no era como tenía que ser, que si las cosas no iban como a mí me gustaba y muchos otros aspectos de la realidad con las que yo estaba en guerra.

Los primeros cambios los viví en mi entorno más próximo, la familia. Dejé de juzgarlos y me limité a ver, y de entrada me inundó una gran pena al ver cómo había estado perdiendo el tiempo juzgando a la gente. Lo extendí en todos los ámbitos de mi vida, también en el laboral.

El ámbito laboral donde trabajo suele despertar mucha curiosidad porque es un submundo muy desconocido. Trabajo en una cárcel, como vigilante. Tenemos que cumplir unas normas y un reglamento, que cumplo, pero aportando un poco de luz con ayuda del Trabajo. Como podéis suponer, mi visión, y por tanto mi forma de actuar, tienen estilo propio, lo vivo como una ocasión de crear, de servir, de manifestarme; ahí entra la pasión por saber y conocer más, por comprender mejor.

Tengo muy claro que el que entra es la persona y el delito se queda fuera. A lo mejor muchos os echareis las manos a la cabeza, porque es difícil pensar esto cuando han violado o asesinado a alguien, pero hay que tener claro que muchos de ellos tienen muchas dificultades: patologías, familias muy desestructuradas, una visión de la realidad distorsionada, y con eso no los quiero disculpar, pero, por otra parte, ¿Quién nos dice que mañana no podamos ser uno de ellos? No soy nadie para juzgar, ya lo hizo un juez, los condenó y están cumpliendo una pena. Los internos están privados de libertad y eso ya es bastante condena, aunque algunas veces no seamos conscientes de la magnitud que esto representa. Y, en esa falta de libertad, procuro hacerles la vida un poco más humana. Los hay que saben aprovechar la ayuda que se les brinda, algo tan sencillo como facilitarles un puesto de confianza donde realizan alguna tarea, donde se sienten útiles y apreciados, donde, cuando hacen su trabajo y son respetuosos con sus compañeros y con nosotros, y les obsequias con un "gracias", un café o una sonrisa, se llenan de satisfacción. Y te explican las dificultades que tienen con sus hijos o con sus parejas, no es fácil para ninguna de las dos partes. Y les aportas, con un comentario, un granito de arena para que vean otra realidad a la que ellos no están acostumbrados, y ves como sus ojos hablan al no tener que defenderse ni justificarse.

Y día a día, cada vez más, veo como pierdo el interés en satisfacer el reconocimiento y  las necesidades afectivas de la propia personalidad. Es entrar en relación con el otro para ayudar, apoyar, impulsar; para dar en lugar de tomar.

Como a la mayoría de nosotros, me han recortado el sueldo, las vacaciones y otras pequeñas cosas, pero no podrán recortar el calor humano y la luz que pueda irradiar mientras esté allí.