Archivo para el mes marzo, 2015

Apariencia y realidad de las personas

Martes, marzo 10th, 2015

APARIENCIA Y REALIDAD DE LAS PERSONAS

Las personas no son buenas o malas, perfectas o imperfectas, orgullosas o egoístas o generosas o santas. La persona nunca es ninguna cosa; la persona es el conjunto de cualidades emotivas que se expresan en un momento, en un lugar; es el conjunto de los rasgos divinos que se expresan en un grado más o menos elemental, pero que están en un proceso de constante transformación. La imagen que nosotros nos hacemos de la persona es una imagen fija, estática, es una instantánea de la persona. Y a esa instantánea le asociamos unas cualidades, o unos defectos, y valoramos esta instantánea. Esto es lo erróneo.

Atribuimos a la imagen instantánea que tenemos de esa persona en nuestra mente unos atributos: es bastante inteligente, es hábil, tiene este defecto, esto otro; hacemos una ficha de ella que nos deja muy satisfechos, porque así creemos tenerla clasificada. Pero la persona no es eso, la persona es una fuerza creadora que se manifiesta, es una inteligencia en un grado de manifestación, es una armonía, un amor, una belleza que está en expresión, a un grado o a otro, a un nivel o a otro; todo lo que vemos de amable, de agradable, de positivo en la persona es lo positivo que se expresa en la persona, no la persona; igualmente, todo lo negativo que vemos en ella es lo que nosotros estamos rechazando de aquella persona. Pero en realidad no es que aquella persona sea positiva o negativa; lo único real son unas cualidades que están en un constante proceso de fluir, y que esas cualidades se conjuntan, se unen, en un momento dado, para formar lo que aparece como una persona. La persona es una suma de cualidades, pero una suma que está en constante variación, en constante proceso. Yo he de aprender a ver en la persona estas cualidades en expresión, y no verlas como atributos estáticos de cualidad o de defecto. Cuando yo digo que una persona es de un modo, le pongo una etiqueta, estoy falseando la verdad. La persona no es inteligente, la persona no es buena, no es egoísta, no es orgullosa. Hay una inteligencia que se expresa en la persona, una generosidad que se expresa en la persona, una autovaloración que se expresa en la persona, una fuerza de conservación que se expresa en la persona.

Pero siempre es de esta manera: es una cualidad que pasa. No se trata de que la persona sea eso; la persona no es ninguna de esas cosas, como yo no soy ninguna de esas cosas. Yo soy yo, yo soy un centro espiritual del cual surgen las cualidades que se expresan dinámicamente, y que, en contacto con lo que yo llamo exterior, forman eso que llamo personalidad. Pero esa personalidad es un proceso dinámico constituido por esa dinámica interior en interacción con lo que llamamos exterior. En ningún momento yo soy una inteligencia determinada, y un modo afectivo determinado, ni una sexualidad determinada, nada que sea determinado.

Me gustaría que esto se comprendiera bien, porque entonces descubriríamos por qué no debemos apegarnos a las personas. No podemos apegarnos a las personas, no por precaución, no por miedo, sino porque no hay nada a qué apegarse. Es como si yo quisiera apegarme al río; no puedo hacerlo; el río pasa, el agua fluye. Es mi percepción visual la que me da la idea de que es el mismo río, de que es la misma agua. El agua está continuamente en un proceso de fluir, de cambiar. Y así está absolutamente todo lo que existe en nosotros y en todos los demás. Todo es un río de cualidades que se expresan en un grado u otro, y que dan una apariencia u otra; pero esa apariencia es cambiante, y no hay nada en las personas que sea estático. Nosotros, a esa instantánea que hacemos de la persona, a esa imagen, le añadimos unos atributos y se los dejamos colgados de esta instantánea. Entonces creemos que la persona es un determinado número de cualidades y defectos. La persona no es esto, la persona es constantemente expresión de algo. Por lo tanto, cuando yo veo lo amable, lo bueno, lo positivo que hay en alguien, es la expresión de la cualidad lo que he de valorar en la persona, y no la persona. Yo he de aprender a valorar la inteligencia que se expresa en la persona, la belleza, la armonía, la sutileza, la potencia, la cualidad que sea, pero en tanto que cualidades que la persona expresa, y no como imagen estática de la persona.

Si aprendiéramos a ver de este modo a nuestros amigos, a nuestros familiares, puedo garantizar que cambiaría por completo nuestro modo de relacionarnos y de actuar con ellos. Porque es debido a esta imagen estática que me he formado de ellos que yo estoy exigiendo a esa persona que se comporte de un modo y no de otro. Es a causa de que he puesto una etiqueta, que yo no puedo admitir que ella actúe de otro modo. Cuando aquella persona se separa de este esquema que me he hecho, entonces me enfado, protesto, me irrito con la otra persona. Si yo aprendiera a ver que aquella persona en ningún momento es en tanto que persona aquello, sino que es sólo un medio de expresión de cualidades, estaría aprendiendo a descubrir y aceptar las cualidades que aparecen ahí, más altas o más bajas, pero no estaría exigiendo unas formas determinadas, un patrón determinado. Esta inmovilización que estoy exigiendo es una falsedad, un error que forzosamente se ha de convertir en conflicto cuando choca con la dinámica del vivir.

 

Texto extraído del libro Caminos de Autorrealización Tomo III, Editorial Cedel. 1983


Despertar. Peligros del mal uso y beneficios de la práctica correcta

Martes, marzo 10th, 2015

DESPERTAR. PELIGROS DEL MAL USO Y BENEFICIOS DE LA PRÁCTICA CORRECTA

En el Trabajo, tras un periodo de tanteo, la persona despierta y toma conciencia de sí misma. Lo hace de forma discontinua pero aparece una noción de sujeto, constata que hay alguien detrás de cada fenómeno mental, emocional o motor, y que este sujeto da fe sí mismo de formas muy diversas.

Este es un descubrimiento que resulta revelador y gozoso, tanto por lo que se percibe como por lo que se intuye que puede llegar a ser vivir de forma estable en ese nivel de conciencia. El problema es que se escurre de las manos con asombrosa facilidad.

En este momento suelen aparecer una serie de escollos que debe atravesar para, gracias precisamente a ese tránsito, progresar.

Uno es pretender despertar para evitar determinadas sensaciones, desde una angustia o malestar general hasta aspectos más puntuales como, inseguridad, nerviosismo, impotencia o timidez. La diferencia que constata entre lo que vive dormido y lo que percibe despierto  le lleva a querer reemplazar un estado por otro con premura. Y otro inconveniente es pretender despertar para sentir algo o para conseguir algo, sea una emoción concreta o un determinado objetivo laboral, personal, familiar, etc…

El despertar se convierte en algo que se hace con una segunda intención, para cambiar nuestro estado psicológico o para conseguir algo en el exterior. Esto es una distorsión del ejercicio y, con mucha facilidad tendemos a valorar su eficacia según el éxito alcanzado en estos propósitos.

Sea lo que sea lo que estemos buscando, todo intento orientado en esta dirección está,   abocado al fracaso,  porque no es más que un intento del personaje de satisfacer sus deseos ya que, si  observamos con más detalle la naturaleza de los errores mencionados, podemos adivinar el intento del personaje evitar el yo-idea, y alcanzar el yo-ideal.

Esto puede suceder también después de despertar, cuando nos hemos vuelto a dormir; entonces el personaje intenta apoderarse de lo que él interpreta como una muestra de éxito y superioridad y se muestra eufórico hasta que la próxima frustración lo hace aterrizar.

Antes estos usos y/o abusos, la solución radica en Trabajar para establecer una costumbre que desbarata estos intentos: ejercitar el despertar sin más objetivo que el recuperarnos en nuestra conciencia, sin permitir que algo tan sagrado como nuestra identidad y nuestro protagonismo se vea pervertido por los objetivos del personaje. Añadir finalmente que en este proceso contaremos con una ayuda inestimable, porque a medida que el despertar se vive de esta manera, el sello indeleble de autenticidad gozosa que acompaña la experiencia nos procura la certeza de estar poniendo las cosas en su sitio, tal y como nos propuso Jesús: “Buscad primero el reino de Dios, y su justicia, y todo lo demás os será dado por añadidura”.


Sobre la enseñanza de la religión

Martes, marzo 10th, 2015

SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA RELIGIÓN

Si contemplamos la Religión desde la perspectiva de la enseñanza, veremos que, tal como se ha impartido tradicionalmente, es un elemento más del modelo que nos desconecta del fondo y nos hace totalmente dependientes al exterior: las ideas y la moral religiosa contribuyen a identificarnos con el juicio que merecen socialmente nuestros actos. La Iglesia no se da cuenta que esta intervención coloca a Dios fuera de nosotros y lo convierte en una entidad que nos vigila y decide nuestro destino; a menudo de forma caprichosa, injusta e incomprensible.

Pero Dios no es el único que actúa así: comparte este dudoso honor con nuestros padres, hermanos, abuelos, tíos, vecinos, amigos, profesores, jefes, etc. Es uno más a juzgarnos; y, habitualmente, el que menos nos preocupa. Todas estas personas intervienen en el proceso de socialización que procura hacernos “como Dios manda” sean creyentes o no. Pero no por eso vamos a defender que no se eduque a los niños, porque el buen salvaje de Rousseau quizás es bueno, pero es salvaje. Y si estamos de acuerdo en que hay que educar no hay razón alguna para excluir la religión del currículo escolar.

Wittgenstein, defiende que la realidad de cada individuo depende del número y calidad de conceptos que su mente maneja. Así que, sin el bagaje conceptual adecuado, la intuición del fondo que permanece en la conciencia de una forma subliminal, acaba apareciendo como una alucinación desde la perspectiva tecnológica que se da en la escuela.    

Esta perspectiva ha trasladado la religión al ámbito privado de las familias; lo cual implica que los padres que desean transmitir a sus hijos una idea de trascendencia los han de llevar a la parroquia. Así que, estando de acuerdo con las protestas que se ha producido en contra del intento de adoctrinar a los escolares, la solución no es precisamente llevarlos a catequesis porque ahí seguro que les van a adoctrinar. La solución es exigir una enseñanza religiosa, histórica, filosófica y cultural, alejada de cualquier clase de dogmatismo.

No es lo mismo aprender de memoria que Jesucristo nació de una madre virgen, por obra del Espíritu Santo, que estudiar que, en el año 496 después de Cristo, la Iglesia Católica decidió que Jesús había sido concebido sin padre, por obra del Espíritu Santo. Y que, en el año 1555 después de Cristo, un Papa afirmó que la madre de Jesús había permanecido virgen antes, durante y después del parto. Si a continuación se añade que los protestantes no están de acuerdo con esta interpretación, mejor que mejor.

¿Por qué hay que hablar de esto?: porque occidente está lleno de santuarios en honor de la Virgen María y es imposible entrar en un museo y entender las pinturas que hay sin conocer esta tradición. Una vez conocido su origen, corre por cuenta de cada uno creerlo no; si la Iglesia Católica lo considera un dogma será porque, en su momento, fue la manera de acabar con las discusiones que hubo. Actualmente diría que a todo el mundo le trae sin cuidado; si lo he citado es para poner un ejemplo de cómo se puede explicar una tradición sin necesidad de adoctrinar a nadie.

La Conferencia Episcopal Española no parece del todo errada cuando propone lo siguiente:

La enseñanza religiosa católica se estructura a partir de  cuatro dimensiones que fundamentan las competencias específicas de la enseñanza religiosa católica: La dimensión cultural e histórica, la dimensión humanizadora, la dimensión ético-moral y la dimensión epistemológica.

La dimensión cultural e histórica está presente en la enseñanza religiosa, dado que el patrimonio cultural, histórico y antropológico-axiológico que gran parte de las sociedades reciben del pasado está vertebrado por contenidos religiosos. En este sentido, la Religión católica ha dado sus frutos en el arte, en los sistemas de significación moral, en la creación popular y en la acción social.          

El alumno no sólo va a conocer, sino que podrá comprender y asumir los valores que conlleva el conocimiento del hecho religioso en su expresión artística, cultural y estética, teológica y vivencial.         

La dimensión ético-moral explicita las exigencias morales que conlleva el mensaje cristiano. En la religión católica se ofrece una determinada manera de ver la vida, en cuya base se encuentra un concepto de hombre, un núcleo referencial de ideas y creencias, y la propuesta de una escala de principios y valores. La enseñanza religiosa católica expone, fundamenta y jerarquiza los valores y virtudes capaces de educar la dimensión moral y social de la personalidad del alumno, en orden a hacer posible la maduración en la responsabilidad, el ejercicio de la solidaridad y de la caridad. Todo ello fundamentado en la Palabra y en los hechos de Jesucristo.

Con ello estamos fundamentando uno de los valores básicos, su dignidad como ser humano, como hijo de Dios. El sistema educativo no puede tener como objetivo reproducir sin más el modelo de sociedad existente. Habrá de disponer a sus alumnos para que puedan abordar críticamente esa sociedad e intervenir en ella para cambiarla o modificarla.

Para ello, la dimensión humanizadora faculta al alumno para dar respuesta a sus interrogantes más radicales, haciendo a su vez posible la formación de hombres y mujeres conscientes, críticos, libres y creadores.

 

Hasta aquí la propuesta de la Conferencia Episcopal. A mí me parece básicamente correcta y además interesante; diría que excepcional en medio de una educación tecnificada y orientada exclusivamente a la productividad. El problema es que la LOMCE exige que se hagan unos exámenes y que puntúen porque hay que ver si el niño ha aprendido lo que le han enseñado. Y ahí salta la liebre; fijaros en los requisitos que han de cumplir los niños y niñas de primero de Primaria para aprobar. El estudiante:

1. Relata con sus palabras el amor del Padre Dios por todos nosotros.

2. Describe la naturaleza como la fiesta de la creación de Dios.

3. Manifiesta agradecimiento a Dios Padre por la naturaleza a través de dibujos, oraciones, gestos en clase…

4. Indica algunos textos bíblicos que señalan que Dios Padre no nos deja solos.

5. Memoriza la oración del Padrenuestro

6. Repite oraciones sencillas para expresar amor a Dios Padre.

7. Enumera acciones que el Señor realiza para ser mejores hijos de Dios.

8. Sabe que Jesús resucitó y está siempre con nosotros.

9. Cuenta a los demás compañeros lo que hacen en su familia, en su entorno cercano, como Jesús nos enseña.

10. Conoce pasajes del Nuevo Testamento en que se manifiesta la fe en Jesús Resucitado.

11. Describe con algunos rasgos qué es una familia y qué es una comunidad cristiana.

12. Sabe que la Virgen María es Madre de Dios y Madre nuestra.

13. Reconoce en la Iglesia diversas manifestaciones que expresan la alabanza a Dios Padre.

14. Valora y sabe que el cielo es la casa de Dios donde nos encontraremos con Jesús.

 

Ya me diréis dónde quedan aquí los hombres y mujeres conscientes, críticos, libres y creadores. Esto es catequesis pura y dura, retrógrada desde la perspectiva actual del Vaticano. Así que hay que seguir luchando por una enseñanza de la religión que no sea dogmática, a ver si de paso conseguimos modificar los esquemas de la catequesis moralista que se imparte en las parroquias.