Archivo para el mes febrero, 2015

Practicar la felicidad

Martes, febrero 17th, 2015

PRACTICAR LA FELICIDAD

En esto, sin darnos cuenta, aplicamos un criterio material, creyendo que estas cualidades básicas son algo que, a semejanza de lo físico, lo tendremos por posesión acumulativa, que es algo que nos ha de venir del exterior y que, reteniendo determinadas cosas, retendremos una determinada felicidad o bienestar. Y aplicando este criterio es cuando nos encontramos con repetidos fracasos.

Si yo me centro en la intuición que tengo de que Dios es la felicidad y de que Dios es, al mismo tiempo, la Fuente que me está comunicando mi propia vida en todas sus manifestaciones permitiré que esta felicidad se manifieste en mí del mismo modo que yo puedo tomar el sol poniéndome conscientemente bajo sus rayos. Cuando yo pueda mantenerme centrado en esta intuición de Dios presente como Felicidad y Amor absolutos, interiormente relajado, contemplando, y dirigiéndome afectivamente a este Dios-Amor, es como si yo permitiera que ese amor, esa felicidad, me llenaran desde dentro, y pudiera irradiarlos después hacia fuera.

Este es el secreto de la felicidad. Nunca es por acumulación ni por posesión de nada, sino por reconocimiento de la Fuente y apertura de la mente, del corazón y de la voluntad a esta Presencia de Dios en nosotros. Este cambio de actitud es el que requiere un esfuerzo: de la actitud de esperar de las cosas a dejar de depender de ellas centrándonos en esta intuición y aspiración interna.

Práctica liberadora.

Este cambio exige disciplina. Hay que obligarse a hacerlo durante un tiempo -que no será mucho-, hasta que uno pueda descubrir que esto funciona realmente así, hasta que uno sienta esta Presencia cálida y gozosa dentro de sí mismo. No hay que hacer nada más que esto: meditar en la naturaleza de Dios como Amor Absoluto y mantener esta intuición abriendo, relajando la mente, el sentimiento y la voluntad. Éste es el camino, el medio concreto para descubrir cómo esta felicidad, esta plenitud, este amor, está ahí en todo momento, esperando que nosotros nos pongamos receptivos y disponibles, para poderse expresar.

Esta práctica nos hace independientes del mundo exterior, nos libera de las circunstancias, de las situaciones. Hay que llegar al momento en que uno siente ese amor, esa felicidad, ese calor especial que viene realmente de otro mundo y que es de una calidad totalmente diferente de todo lo que podamos fabricar por nosotros mismos.

Cuando descubrimos que en nosotros existe esta Presencia viviente, cada acto de nuestra vida cambia. Es como si descubriésemos queda vida tiene una dimensión en profundidad y una riqueza en calidad que hacen que las situaciones dejen de tener importancia por sí mismas; entonces, las situaciones se ven sólo como un medio para poder expresar esta felicidad, ese amor, ese calor, esa Luz interior.

Entonces no hay situaciones pequeñas ni situaciones grandes. En todas llega a existir una actitud indiferente, relativamente hablando, ante lo externo de la situación. Pero toda situación es extraordinariamente importante, aunque la importancia de la situación no viene de lo que espero de ella (como ocurre ahora), sino que se origina en el modo de vivirla, en este modo pleno, luminoso, y se ve como un medio, como una oportunidad para renovar y expresar la felicidad interior.

Texto extraído del libro: Personalidad y niveles superiores de conciencia. Editorial Indigo. 1991


El trato que le damos al personaje

Martes, febrero 17th, 2015

EL TRATO QUE LE DAMOS AL PERSONAJE

Todo el mundo llega al Trabajo porque tiene problemas y la ilusión de superarlos. La mayoría de estos problemas son ficticios, son problemas que ha creado el personaje y que desaparecen cuando despertamos. La atención que merecen estos problemas se resume en una frase: despierta.

Y que nadie se sienta desatendido cuando sus cuitas y preocupaciones reciben esta respuesta. Porque, contrariamente a lo que se cree inicialmente, prestar atención a estos problemas solo contribuye a atribuirles una realidad que no tienen. Así que hay que observarlos, registrarlos, constatar cómo se repiten una y otra vez; pero que nadie pretenda solucionarlos de otra manera que no sea  despertando.

Claro, el personaje se alimenta del sufrimiento. Él no se da cuenta de que es una pesadilla y, mientras estemos identificados con él y lo llamemos “yo”, viviremos eso como real. Así que a veces es difícil de comprender que la persona que nos está orientando en el Trabajo se muestre tan poco comprensiva y compasiva. Pero esta es justamente la posición adecuada para “resolver” de verdad estas dificultades.

Si observamos la pesadilla veremos que siempre nos dice que no somos nadie que no valemos nada y que somos impotentes ante una realidad que nos aplasta. Todas las pesadillas son una resultante de la combinación de estas tres ideas. Nosotros aparecemos en ellas llenos de confusión, miedo e inseguridad y la gente que nos rodea hace el papel de listo, malo y cruel. De tanto en cuanto aparece alguien que parece que nos va a ayudar, incluso que nos va a salvar; pero tarde o temprano acaba por traicionarnos  o decepcionarnos porque ese es el papel que le tiene reservado la pesadilla.

Como comprenderéis, no vamos caer en la trampa de participar en este juego absurdo. Estamos ahí para decir: despierta y, una vez hayas despertado, para decirte: mira lo que estabas soñando. La idea de limitación es lo que crea el problema o sea que no es cuestión de darle vueltas a esta idea sino de falsearla. Tú no eres corto, ni malo ni débil, eres un potencial ilimitado de inteligencia, amor y energía.

Si no lo creéis: vosotros  mismos, pero no vamos a alimentar la idea contraria. Probadlo y lo veréis. Atreveos. Podéis hacer lo que os de la gana. La única condición es hacerlo con inteligencia, amor y energía. Las tres cosas a la vez. Si no funciona, es que falta una.

¿Cómo se sabe cuál es? Es muy sencillo: si el que os hace la pascua en la pesadilla es un listo, os falta poner inteligencia; si es un malo, amor; y si es un prepotente: energía. Cuando pongáis esto que os falta veréis como el problema desaparece por arte de magia.

La dificultad consiste en poner aquello que uno cree no tener, pero la solución es arriesgarse y sacar fuerzas de la flaqueza, porque la solución nunca está en el mismo terreno que el problema. Así que no esperéis comprensión y compasión. Es más, aunque sea con buena voluntad, los que os comprenden y os compadecen contribuyen a hundiros en la miseria porque os reafirman en vuestra idea de limitación.    

Fijaros lo que dice al respecto el Evangelio: Al que tenga le daré, pero al que no tiene, lo poco que tiene le será quitado. Como podéis ver, no es nada comprensivo con el personaje.


El trabajo de expresarse con más autenticidad

Martes, febrero 17th, 2015

EL TRABAJO DE EXPRESARSE CON MÁS AUTENTICIDAD

En estos días se ha presentado una situación conflictiva en el ámbito de relación de mis actividades de ejercicio físico.

La tensión ha surgido entre mi deseo de hacer fluir la energía en el ejercicio de la forma expresada en series globales, y la imprevista manera exigida por el profesor, basada en la fragmentación de las series, para recordar con precisión sus secuencias. Este corte racional me desconcentró del goce de fluir, y lo experimenté como una imposición frustrante. En muchas ocasiones, él mismo había dicho que no era necesario forzar la memoria, puesto que fluir era en sí una acción más poderosa y eficaz para ejercitar la forma, ya que ésta se imprimía en la memoria desde el interior, aunque costara más tiempo.

En resumen, se presentó el choque entre la vivencia de la energía interna y la obligación de recordar la forma externa en segmentaciones repetitivas. Estas las experimentaba como áridas y vacías de contenido. Era pasar bruscamente del fondo a la superficie de un  tijeretazo.

Para no aferrarme a ninguna actitud de escapismo y rechazo, me esforcé en entrar en la quietud interior, entregué todas las ideas sobre el particular, y me quedé esperando a que surgiera la dirección justa. Permanecí firme, anclada en la solidez interior, y dispuesta a conocer,libre de deseos y expectativas, lo que se revelara.

Lo que surgió, me llenó de paz. Con este sentimiento advertí, que debía tratarse del paso adecuado. El trabajo al que me comprometía, consistiría en el intento de integrar y mantener conscientemente la vivencia interna a la secuenciación externa. Esto me exigiría un sobreesfuerzo de concentración por efecto de los cortes y las repeticiones que desbarataban el hilo conductor. No sabía cómo lo llevaría a cabo, pero me abrí con voluntad a esta opción.

Me hice el propósito de poner en práctica esta actitud de unir el fondo a la superficie, poniendo más energía y más amor.  

El reto residía, en transformar una experiencia ya asumida, en una vivencia inclusiva de la nueva propuesta del profesor, en la que subyacía la posibilidad de retomar el ejercicio con más precisión, amplitud y profundidad.

Por el contrario, el riesgo consistía en atender a una polaridad en detrimento de la otra. No debía quedarme atrapada ni en el interior, ni tampoco en el exterior. Conseguir la tensión justa, he aquí la cuestión.

La verificación práctica del propósito fue un milagro de unidad y de conexión. Sin mediar palabra, el profesor cambió la estrategia del proceso, y comenzó con un ejercicio muy eficaz para concienciar el fluir de la energía interna. Este hecho facilitó la realización del propósito, porque al llevar a cabo posteriormente la segmentación y repetición de la forma, pude seguir conectada al fluir interno, sensibilización que gocé, a pesar de los cortes y las repeticiones. Por cierto que estos también se propusieron de un modo más equilibrado y armonioso.

Siento una profunda gratitud por todo lo sucedido.