Archivo para el mes octubre, 2014

Trascendencia y cotidianidad en la Asamblea Anual de ADCA

Lunes, octubre 27th, 2014

TRASCENDENCIA Y COTIDIANIDAD EN LA ASAMBLEA ANUAL DE ADCA
Por Jordi Calm

El pasado fin de semana del 27 y 28 de septiembre estuvimos en Madrid, celebrando diversas actividades, entre ellas la Asamblea Anual de la Asociación. En ella, además de tener el placer de contactar con un buen número de socios, y disfrutar de su magnífica hospitalidad, pudimos entrelazar dos aspectos que, aunque a priori aparezcan como antitéticos, han de ir de la mano en todo camino de autorrealización: la trascendencia y la cotidianidad.

Ya en el discurso inicial que Jordi Sapés planteó en la Tertulia del Ateneo, y que dio pié a un animado y muy variopinto intercambio de comentarios, se presentaba la trascendencia como algo real y operativo, un lugar accesible en nuestra conciencia desde el cual se podía actuar en nuestro día a día. Al día siguiente, en la Asamblea se hizo evidente  que todas las personas que participaron en ella  recreaban esta operatividad trascendente que Jordi postuló la noche anterior. Todos los socios, presentes y representados actuaban y obraban impulsados por una intención que iba mucho más allá de su forma particular, y que se regía por una visión y vivencia del ser humano y del mundo que les había llevado a hacer las gestiones oportunas para reservar el local, elaborar y presentar las cuentas anuales de la Asociación, o dar el paso de incorporarse a la Junta, por citar tres de los muchos ejemplos que podríamos exponer.

Es importante resaltar que los socios asistentes representaban vivencias muy dispares del Trabajo, desde personas que llevan muchos años en él hasta socios simpatizantes de reciente incorporación con interés por conocernos, cuyas palabras de agradecimiento por la gestión de la web fueron especialmente reconfortantes.

Todos los presentes pudimos disfrutar  de una emoción ligada  a la trascendencia: la de la unidad y, por ende, el amor que se desprende de ella, porque por encima de nuestra manifestación individual subyace un sentimiento común que encuentra en la Asamblea, y por extensión en la Asociación, un marco de expresión.

De la mano del amor iban la inteligencia, concretada en la presentación y comentario de todas las ideas que se propusieron en la Asamblea, y la energía, presente en la disposición de todos los asistentes, porque cada persona cumplía una función, más activa la Junta, más receptiva aunque igualmente participativa los socios.

Estas ideas y este impulso serán próximamente compartidos con el resto de socios simpatizantes cuando reciban el acta y puedan disponer, a través de ella, de otra herramienta que les permita participar en una experiencia que, como la vida, nos trasciende y, al mismo tiempo, nos identifica.

 


El ser humano y la trascendencia aquí y ahora

Lunes, octubre 27th, 2014

EL SER HUMANO Y LA TRASCENDENCIA AQUÍ Y AHORA
Por Jordi Sapés

 

Entendemos la trascendencia como una superación de límites, habitualmente el de la muerte física. Trascendencia equivale para muchos a vida después de la muerte: tenemos miedo a desaparecer y la idea de que la muerte solo es aparente nos tranquiliza.

Otra idea parecida es la hipótesis de la reencarnación: moriremos pero de forma provisional porque vamos a volver de nuevo a este mundo con un nuevo cuerpo y una nueva personalidad.

Aparte de estas hipótesis de tipo físico o metafísico hay otra alternativa más mental que consiste en trascender permaneciendo en la memoria de las generaciones futuras, si es posible con una mención explícita en las crónicas que se refieren a nuestra época. Eso, de un modo más modesto, es lo que pretenden habitualmente los padres: vivir una continuidad influyendo en sus hijos y nietos.

Es curioso que la trascendencia nunca se plantee en términos de pasado; fijaros que si hablamos de reencarnación, la imaginamos siempre en el futuro. Y no hay motivo alguno para verlo así porque, si podemos salir del tiempo y volver a entrar, tanto podemos hacerlo en el pasado como en el futuro. Esta sería la explicación de las genialidades de Leonardo da Vinci o de Jules Verne: procedían del futuro.

Claro que nuestro cuerpo siempre procede del pasado: cuando llegamos a este mundo recibimos una herencia genética, psicológica y material que determina en buena medida cómo será nuestra existencia. Así que esta influencia que aspiramos a tener en las generaciones futuras, de entrada, cae sobre nosotros procedente de las pasadas, tanto de la familia en la que nacemos como de la situación social en la que irrumpimos.    No sabemos si pasaremos a la historia de una forma personal, pero lo que es evidente es que la historia pasa a través de nosotros; así que, de hecho, nuestra personalidad no es más que un eslabón de esta cadena que transmite la trascendencia, desde el pasado, hacia el futuro.

Sin embargo, si pasa del pasado al futuro, es que está presente aquí y ahora. Y como el ahora pasa en un instante a ser pasado, debe ser necesariamente algo que está fuera del tiempo. Nosotros tenemos claro que la trascendencia reside en nuestro ser esencial, siempre presente, siempre idéntico: la trascendencia es nuestra naturaleza esencial y lo trascendente es que nos expresemos desde esta realidad esencial, luchando por que la realidad del ser humano sea el punto de referencia de la existencia individual y social.

No es lo mismo actuar desde el personaje que hacerlo de un modo consciente y voluntario desde nuestra capacidad de ver, amar y hacer. La cosa cambia mucho; y cambia no solo en relación a lo que podemos hacer sino también en relación a lo que admitimos que nos hagan.

Desde la trascendencia hay situaciones que simplemente no son de recibo, por eso Jesucristo expulsó a latigazos a los mercaderes del templo; no se puso a discutir con ellos y a convencerlos de que dieran una mayor cantidad de limosna para los sacrificios. No era un posibilista sino que había venido justamente a destacar claramente que el ser humano tiene muy poco que ver con este patio de Monipodio en el que estamos viviendo.  

Así que lo trascendente aquí y ahora es no colaborar con este orden de cosas y levantar la bandera de la dignidad del ser humano. Ser un hombre o una mujer reales, sin complejos ni limitaciones internas: esto es la trascendencia.


Un concepto clave en la vida espiritual

Lunes, octubre 27th, 2014

UN CONCEPTO CLAVE EN LA VIDA ESPIRITUAL
Textos de Antonio Blay

Todos nuestros mecanismos, todos nuestros contenidos psicológicos, ideas, sentimientos, están siempre basados en estructuras contingentes, transitorias: deseamos tener un cargo, ganar dinero, vivir en un sitio determinado…etcétera; deseamos una serie de cosas, las cuales, todas, por su propia naturaleza, son transitorias, están destinadas a transformarse y a desaparecer.

Por lo tanto no podemos basar nuestra seguridad profunda sobre estos valores. No podemos confiar exclusivamente en estos valores para afirmar nuestro ser (aunque es lo que hacemos), porque estos valores a la larga todos fallan, todos, incluidas las relaciones familiares, a causa de una ley inapelable: la que determina que todo lo que ha tenido un nacimiento tendrá una muerte, todo lo que tiene un principio debe tener un fin.

Si nosotros aspiramos a vivir algo profundo que nos aporte una auténtica seguridad, permanente, inalterable, que no esté a merced de vaivenes de ninguna clase, hemos de buscar algo que no nazca y que no muera.

La vida espiritual es eso, es el nacimiento a esta dimensión perenne, es un descubrir y empezar a vivir una realidad que de por sí es siempre real, está siempre presente y no falla nunca. Y esto se convertirá en un punto de apoyo extraordinario para toda persona que quiera vivir con solidez  interior, que no quiera dejarse engañar por los fuegos fatuos de la ilusión de un momento, de las pequeñas ambiciones que el ego persigue.


Fragmento del libro "El trabajo interior" de Antonio Blay, 1993, Editorial Indigo.