Archivo para el mes septiembre, 2014

El deseo (capítulo 7). La fe operativa

Miércoles, septiembre 17th, 2014

EL DESEO (CAPÍTULO 7). LA FE OPERATIVA
Textos de Antonio Blay

Curiosamente, hemos ido a parar a esta noción, que parece extraña (teniendo en cuenta de donde hemos partido), de la Fe. ¿Qué quiere decir Fe? Vemos en el Evangelio constantemente esta referencia a la Fe. «Si tuvierais fe…», «todo es posible a los que creen»… «¿tú crees que puedo curarte?»… (y entonces se produce la curación). Siempre aparece este condicionamiento a la fe. Pero, claro, muchos de nosotros tenemos la palabra fe asociada a cosas desagradables, o poco deseables, según hayan sido nuestras experiencias; y parece que todo el mundo anda un poco receloso con esta palabra fe.

Fe significa que en nosotros hay la intuición de una realidad, de una realidad invisible; y que intuimos que esta realidad invisible es el antecedente de la realidad visible, que todo lo que existe tiene su origen y su mantenimiento desde el lado que no vemos, que todo el soporte de todo lo que llamamos cosas reales, materiales, es un soporte precisamente que no se ve, que está en las fuerzas superiores, cuando uno tiene la intuición de que realmente lo que vemos en el mundo material son las condensaciones, las materializaciones, los productos terminales de otra cosa que existe…, o utilizando el lenguaje religioso, cuando vemos e intuimos que todo lo que existe, existe por la voluntad actual de Dios, que Dios es la causa que está haciendo que todo esté ahora existiendo, que esté funcionando de un modo y no de otro, cuando descubrimos que esa inteligencia superior, esa potencia superior, ese estado superior, es la causa, actual, constante, de todo lo que existe…, entonces, cuando a esta intuición yo puedo responder con toda mi voluntad, entonces tenemos la fe operativa, entonces tenemos la fe transformante.

Mientras yo sólo creo un poco o sólo intuyo un poco, esto es un comienzo de la fe, es el aspecto intelectual o intuitivo de la fe, pero esto no será Fe hasta que yo, todo yo, toda mi energía, toda mi conciencia de realidad de mí, se aplique a esto que intuyo, hasta que todo yo me comprometa en lo que veo, en lo que intuyo. Y sólo cuando hay este compromiso total, esta actualización de todo yo en relación con eso que intuyo, entonces eso se convierte en la Fe que hace milagros. Y los milagros que hace son un efecto inevitable. Inevitable porque estoy poniendo las únicas condiciones que hacen posible que lo que está en potencial se convierta en actual.

Siguiendo con el lenguaje religioso, Dios quiere la plenitud para todos, y no una plenitud allá arriba, sino la plenitud aquí abajo, porque Dios no es sólo el Dios del cielo, es el Dios del cielo y de la tierra. Y nuestra plenitud en la Tierra no está separada ni mucho menos reñida con la plenitud sobrenatural. Sólo existe una plenitud: Dios. Dios que se expresa con más o menos limitaciones a través de un nivel o a través de otro. Lo que hace funcionar una cosa es lo mismo que hace funcionar a la otra; es la misma realidad que se manifiesta a niveles distintos. Es nuestra mente la que pone unas separaciones: «esto es lo espiritual y esto es lo material», «eso es lo bueno y eso es lo malo». Mas, ¡todo es bueno! Y todo eso bueno está disponible para todos si tenemos la valentía, el coraje, de poderlo entender, aceptar y ser consecuentes con ello.

Esta es la verdadera fe operativa. No depende de una voluntad arbitraria de Dios. Dios no cambia de voluntad. Su voluntad está ya hecha y es la de la expresión completa. Ahora bien, esta expresión completa se manifiesta temporalmente según nuestra capacidad para darle paso, y esa es la única limitación aparente en la manifestación; pero no porque El pueda querer ahora más, ahora menos. O sea, que nuestro desarrollo y la expresión más perfecta de esa plenitud son dos caras de la misma cosa. Por lo tanto, en la medida que yo puedo intuir, intuir sinceramente, estar todo yo en la que intuyo y entonces aceptar eso que intuyo como verdad y como realidad…, aceptarlo, pero no como idea sino con toda mi voluntad, como un hecho ya actual puesto que veo que eso es así, y veo que lo que yo deseo ya está realizado, en el momento en que yo acepto aquello, está ya realizado en el plano de las causas. Y cuando está realizado personalmente en el plano de las causas, entonces se actualizará inevitablemente y rápidamente en el plano de los efectos. Pero pretender que se realice en el plano de los efectos sin que esté realizado por nosotros en el plano de las causas es absurdo, es imposible.


Trabajo, sociedad y entorno. Una visión operativa

Miércoles, septiembre 17th, 2014

TRABAJO, SOCIEDAD Y ENTORNO. UNA VISIÓN OPERATIVA
Publicado por Jordi Sapés

Al inicio del nuevo curso es interesante hablar un poco de para qué sirve lo que estudiamos; especialmente cuando el ministerio de Educación saca la Filosofía de los planes de estudio. La Filosofía era una asignatura que tenía por misión estimular la mente a base de generarnos preguntas; y en estos momentos esto se considera algo inconveniente. Incluso se prohíbe preguntar.

Afortunadamente nosotros decidimos en su momento que hacernos preguntas era la mejor forma de progresar en nuestra vida: en lugar de considerar que lo que sucede es inadmisible nos preguntamos por qué está sucediendo; en vez de considerar injustas las situaciones nos preguntamos qué podemos hacer para mejorarlas; y en vez de sentirnos impotentes nos estamos movilizando en pro de una sociedad más respetuosa con las personas, capaz de alimentar su cuerpo y su alma.

Claro, cuando leemos la palabra “sociedad” pensamos de inmediato en el paro, el terrorismo islámico, las listas de espera de la seguridad social, etc. y pensamos que todo esto está fuera de nuestro alcance y que ahí poco podemos hacer. Esto no es del todo cierto, pero la intención de este artículo es resaltar que todas estas cosas suceden también en las pequeñas sociedades en las que participamos: la familia, el trabajo, los amigos, etc. Y es ahí donde no tenemos ninguna cortapisa para aplicar el Trabajo espiritual.

El Trabajo espiritual lo es porque se hace desde el espíritu, no porque pertenezca exclusivamente al terreno del espíritu. Cuando queremos limitarlo a este terreno lo que pasa  es que nos montamos un súper personaje que se dedica a lanzar anatemas, supuestamente desde arriba, porque considera que la realidad no está a su altura. En estos casos es peor el remedio que la enfermedad, lo que hacemos es construir un yo ideal a prueba de disgustos y contrariedades, porque cuantas más dificultades encuentra en el exterior más se enroca en sí mismo y más perfecto se siente.

Por eso decimos que la clave de la evolución del ser humano está en al amor, no en el pensar. Si empezamos el Trabajo hablando de ideas es porque tenemos la cabeza llena de ideas que interfieren nuestra visión de la realidad y es preciso desmontarlas; pero no para sustituirlas por otras. Despertar es algo que se consigue poniendo la atención en nosotros, no pensando en nosotros; y para ver el personaje nos observarnos cuando estamos pensando, no cavilamos  sobre lo que estamos pensando. Así que debemos evitar utilizar las ideas del Trabajo para seguir juzgando a los demás, sobre todo, en familia: es especialmente nefasto utilizar el concepto de personaje como un arma para denunciar al otro.

En cambio, el Trabajo nos alienta a mirar más al entorno con el objetivo de comprenderlo mejor y poder intervenir en su favor; sin esperar ninguna clase de contrapartida. Si tu entorno mejora con tu acción, ¿qué más contrapartidas necesitas? Si esta acción ha de generar una deuda, destrozarás de inmediato lo que acabas de arreglar. Así que el Trabajo nos resulta útil para no desperdiciar la existencia juzgando a los demás o pasándoles factura por nuestros desvelos. El Trabajo es una forma de vivir completamente distinta a la ordinaria, aunque mejor sería decir que es la forma de vivir, porque lo de costumbre, no es vida. Así que no es algo para hacer el martes y el jueves  de 7 a 9 de la tarde, es algo indispensable para estar viviendo todo el tiempo y con toda nuestra presencia.

Que os vaya bien el curso.

 


Sobre normas y leyes

Miércoles, septiembre 17th, 2014

SOBRE NORMAS Y LEYES
Publicado por Jordi Calm

En los modelos morales y de comportamiento en los que nos hemos movido desde nuestra infancia, muy usualmente recibíamos el mensaje de que para conseguir cosas como ser feliz, llegar a ser alguien en la vida, y similares era imprescindible cumplir una serie de normas que acababan por condensarse en frases como “ser un buen chico/a” o “ser una persona de provecho”; era a base de acatar el conjunto de directrices implícitas en estas acepciones (que hay que decir que eran muy diversas y, además, variables según familias) como se podían alcanzar cosas tan relevantes como, sin ir más lejos, la felicidad.

Sucedía algo muy similar en aquellas familias que compartían una vivencia religiosa, donde era también frecuente, por ejemplo, asociar el vivir cristiano con el cumplimiento de una serie de preceptos, entre ellos, y el más conocido, el código mosaico: los diez mandamientos.

Este carácter de condición sine qua non, a menudo sin mucha más información, generó y sigue generando en muchas personas una vivencia tortuosa de la realidad, ya que asumir estas normas era algo que se presuponía accesible sólo a través de un esfuerzo considerable. Kant sintentiza muy bien este carácter penoso al afirmar que cualquier comportamiento humano sólo tendría valor moral si implicaba un sacrificio personal, del ego; sin esta renuncia, ese comportamiento no era digno de mención.

Sin embargo, a pesar muchas veces de tener un cierto convencimiento de haber cumplido razonablemente bien lo de “ser un buen chico/a”, la realidad raramente se comporta según se nos prometió, y este vivir feliz, ser alguien, etc…, en la mayoría de los casos se acaba traduciendo en un ir tirando, por no decir en un mal vivir que se soporta más mal que bien. Siguiendo con el ejemplo cristiano, aunque siempre queda la esperanza de una vida más allá en la que se cumpla la, podríamos decir, contraparte, la verdad es que esta misma desazón con la que se vive la existencia actual, tan alejada de la vida gozosa que se describe para todo aquel que vive en Cristo, hace sospechar a más de uno.

En verdad, todo esto sucede porque el sentido real que tienen estas normas o leyes es muy distinto al que se suele presuponer, ya que no es cumpliendo normas y preceptos como vamos a alcanzar estos estados de felicidad, reconocimiento, dicha, etc..  que se nos anuncian, sino viviendo en el nivel de conciencia inherente al comportamiento que describen estos preceptos.

Como veis, aquí he introducido un elemento nuevo, el nivel de conciencia, lo cual entronca este texto con el Trabajo, y nos va a permitir, a través de él, encontrar una solución a esta disyuntiva. En este punto del relato, no puedo por menos que recordar la relación que Jordi Sapés establecía entre el código mosaico y el desnivel que hay entre un nivel de conciencia dormido y despierto, y su mención a las bienaventuranzas como referentes del nivel de conciencia impersonal.

Pues bien, no va ser cumpliendo de pe a pa estas indicaciones del evangelio como vamos alcanzar un nivel de conciencia determinado, o de gracia, sino que será cuando estemos en éste nivel que actuaremos de acuerdo a estas leyes de forma natural. Bajo esta perspectiva, las normas son más bien como una referencia, un medio para reconocer por donde pisamos, incluso un estímulo si se quiere, pero nunca un fin generador en si mismo. Sólo estando despiertos los mandamientos no serán motivo de esfuerzo sino respuesta coherente, y esto es algo que saben las personas que hacen el Trabajo ya que en él, por ejemplo, no nos fijamos como objetivo ser siempre sensatos, sino que descubrimos que estando despiertos no hay otra, y que cuando estamos dormidos no hay manera.

En verdad, Jesús ya da a entender esta correcta gradación de valores cuando dice: Buscad primero el reino de Dios, y todo lo demás os será dado por añadidura. Siguiendo con Jesús, y a modo de colofón de este texto que espero os de pie a comentarlo de la forma que os plazca, si algún mandato hay en el que el precepto es norma y al mismo tiempo camino es, precisamente, los dos mandamientos con lo que Jesús agrupa el código mosaico: Amarás a Dios sobre todas las cosas (en términos de Trabajo, Trabajar para tomar conciencia plena del SER ), y al prójimo como a ti mismo (ser consciente de la unidad del Todo)