Archivo para el mes julio, 2014

Sobre las “recaídas” en el Trabajo

Domingo, julio 6th, 2014

Sobre las "recaídas" en el Trabajo
Publicado por Jordi Calm

Suele suceder que toda persona que lleva a cabo un trabajo interior tiene en varios momentos la percepción de que va para atrás, de que lo que había conseguido los días o semanas anteriores de repente brilla por su ausencia y vuelve a estar como antes, sino peor, porque añade al parón esta sensación de pérdida. Esto ocurre, por ejemplo, cuando constatamos determinadas resistencias, cuando vemos que hay partes de nosotros que tratan de escabullirse o de hacer trampas en el Trabajo, por mucho que veamos de forma cada vez más clara su utilidad; lo cual no hace sino confundirnos doblemente.

Pero hablar de recaída no hace justicia a la verdad, ya que es exactamente al contrario.
 
Hemos de tener en cuenta que nuestro camino promueve la experiencia estable de nuestra realidad esencial en tanto que capacidad de ver, amar y hacer, y que esta vivencia en plenitud normalmente está bastante alejada de nuestra experiencia cotidiana, inmersos como estamos en un nivel de conciencia dormido. Este nivel de conciencia, donde el personaje se mueve con desenvoltura, con los años, ha ido generando todo un entramado psicológico complejo, que, en su conjunto, está muy imbricado en lo que normalmente interpretamos que es nuestro actual modo de ser.

Es desde esta estructura de la que partimos cuando empezamos a hacer el Trabajo y sucede que, a poco que nos tomamos en serio el ejercicio de los despertadores, y los diarios, descubrimos que esta realidad esencial que se anuncia en cursos y libros no tan sólo existe, sino que nos reconocemos en ella cada vez que tomamos conciencia de nosotros; y, además, vemos también que a poco que adquirimos práctica con ella, es operativa, porque podemos manejarnos desde ella en nuestra relación con nuestro entorno con resultados muy distintos a los habituales. Pero ambos descubrimientos son intermitentes, se hacen a saltos, hay un vaivén entre ambos niveles de conciencia, y es esta discontinuidad la que nos perturba, y la que nos hace pensar que recaemos cuando no conseguimos “sostener” determinado grado de conciencia en nuestras vidas.

Estas “recaídas” no hacen sino mostrarnos partes de este entramado psicológico que, en verdad nunca han dejado de estar ahí, operando a nivel consciente o inconsciente, pero que, gracias al esfuerzo que hemos mantenido por despertar ya no pueden seguir ocultas, y tienen que manifestarse. Es ahora cuando estamos en disposición de verlos, y de atravesarlos, antes no, lo  cual es, sin duda, un avance. Volviendo a buscar ejemplos concretos, esa pereza que en un momento dado nos dificulta la redacción del diario, esa desidia que nos invade a la hora de escuchar los despertadores o esa angustia que surge en un determinado momento y para la que no encontramos explicación lógica, todas ellas han estado siempre latentes, no salen de la nada, es algo que arrastrábamos sin saberlo y que ahora se nos hace evidente, y porque nos damos cuenta, lo podemos Trabajar.

Porque para que esta realidad esencial que somos pueda manifestarse cada vez con mayor plenitud necesita sacarse de encima todo aquello que le impide expresarse; necesita superar, trascender, cualquier traba psicológica que esté actualmente frenando esta expansión.

Es importante que veamos que estas dificultades hay que atravesarlas, aquí no hay opción para los atajos, no es nada que se pueda rodear, porque cada mecanismo, cada prejuicio, cada automatismo que, en el trascurso de nuestra vida, ha ido generando una vivencia en un nivel de conciencia dormido está ahí, y ocupa un espacio en nuestra vida interior, es también un producto de nuestra energía, amor e inteligencia, (aunque sea fruto del mal uso que el personaje ha hecho de ellas). Es imprescindible que sean identificadas y reemplazadas por otras experiencias más reales, profundas y esenciales, porque no pueden ser extirpadas de nuestra conciencia sin más, por decirlo de una manera muy gráfica: las lobotomías psicológicas no son una alternativa, porque nuestra psicología, que no acepta el vacío, no nos lo permite.

Y ahí está el verdadero quid de la cuestión, el Trabajar esa situación o actitud que, de entrada, el personaje juzgamos como negativa  y con la que tratará, a veces con cierta vehemencia, de identificarnos como lo que realmente es: la constatación de donde estamos realmente, del peso de la mochila que llevamos encima y la oportunidad, ahora y sólo ahora real, de dejarla atrás, piedra a piedra, para ser cada vez más uno con nuestra realidad esencial y convertirnos en los auténticos protagonistas de nuestra vida.


La droga de las emociones negativas

Domingo, julio 6th, 2014

LA DROGA DE LAS EMOCIONES NEGATIVAS
Publicado por Jordi Sapés

La educación que reciben los niños les obliga a sustituir su capacidad de ver, amar y hacer por una determinada visión del mundo, una moral concreta y un conjunto de protocolos destinados a actuar en cada situación. De esta manera, cualquier pensamiento, emoción o acto se clasifican automáticamente en adecuados o inadecuados, según respondan o no al modelo de referencia.

Desde luego, hay formas de hacer que son adecuadas o inadecuadas en relación al objetivo que uno pretende; por ejemplo es materialmente  inadecuado cocer el arroz echando directamente los granos al fuego y socialmente inadecuado no saludar al vecino si quieres mantener buenas relaciones con él. Es lo que Kant denomina: imperativos hipotéticos: protocolos de obligado cumplimiento para alcanzar determinados objetivos. Enseñar esto a los niños parece lógico y necesario.
 
El problema es dónde queda aquí el protagonismo personal. Si reflexionamos un poco veremos que este planteamiento obliga al individuo que pretende ser él mismo a mostrarse inadecuado: a estar en desacuerdo, a desobedecer o a sentir emociones inconfesables. El desacuerdo o la desobediencia es algo difícil de mantener si no quieres entrar en conflicto con el entorno. Lo mismo sucede con las emociones inadecuadas de carácter positivo, es decir gratificantes, como puede ser, por ejemplo, que te guste algo prohibido.

En cambio las emociones negativas están a nuestra disposición y cualquiera puede elegir las que más le convengan porque se justifican en la crítica de los que incumplen el modelo. Está prohibido que me guste el marido de la vecina pero me puede disgustar que el mío no me quiera lo suficiente. Esto está bien visto porque ya de pequeños nos explicaron que teníamos una tendencia a ser malos que era indispensable reprimir. Así que el personaje tiene barra libre para toda clase de emociones negativas contra el mal.

Eso explica la afición que tenemos por la crítica a todo y a todos y la facilidad con la que nos sentimos agraviados, ninguneados o maltratados. La razón de esta inclinación es que esto nos permite sentir, experimentar emociones que no son las obligatorias sin caer en la inmoralidad sino justo lo contrario: apareciendo como especialmente buenos y sacrificados.

Como sentir lo correcto acaba siendo innecesario porque es obligado, la única manera de experimentar emociones es sentirnos desilusionados, defraudados, ignorados, estafados, maltratados, etc. En estas emociones nosotros somos los protagonistas, utilizamos al otro como pretexto pero decidimos nosotros.

Poco a poco, nuestro centro emocional se va emponzoñando y cada vez nos sentimos más solos y abandonados, al borde la angustia de soledad. Y así acabamos recurriendo a la reina de las emociones negativas: la autocompasión, el pobre de mí qué desgraciado que soy; como no me quiere nadie me quiero yo mismo. Y si alguien me quiere ha de demostrarlo dándome la razón, apoyándome y compadeciéndome por lo que sufro; y andar con pies de plomo para no agravar este sufrimiento. El agravio y la autocompasión son una verdadera epidemia del alma.

Claro, cuando despiertas y tú eres tú, todas las razones para sentirte defraudado caen de repente porque se quedan sin el punto de referencia del modelo. Entonces el otro también puede ser él mismo; y como no se te ocurre juzgarlo sólo puedes interesarte por él y disfrutar de su forma de ser. Cualquier forma de ser es interesante de por si cuando prescindes del egocentrismo del personaje. Pero si además es compatible con la tuya en alguno de los múltiples ámbitos que propone la existencia, tus emociones serán constantemente positivas.

Tenedlo muy presente esto: cualquier emoción negativa es del personaje, porque la Totalidad está hecha de todas las formas que incluye; y no sobra ninguna.


El deseo (capítulo 6). El deseo en la oración

Domingo, julio 6th, 2014

EL DESEO (CAPÍTULO 6). EL DESEO EN LA ORACIÓN
Textos de Antonio Blay

Quizá esto lo veremos ilustrado, aunque suene un poco extraño, al hablar de la oración. La oración es frecuentemente una expresión de lo que yo deseo. Lo mismo si deseo ser muy bueno, o muy virtuoso, que si deseo que se solucione un problema que yo tengo, del tipo que sea. Entonces mientras yo estoy formulando mi deseo en la forma de oración, ¿qué está funcionando realmente en mí? Está funcionando un aspecto del sentimiento y está funcionando un aspecto de la mente. Pero no funciona en absoluto el aspecto de la energía.
 
A pesar de las repetidas promesas que hay, formales, inequívocas, de que todo lo que pidiéramos en la oración nos será dado, de que todo lo que pidiéramos en nombre de Cristo nos será dado, de que si nosotros dijéramos a una montaña (sin dudas en nuestro corazón) que se cambiara de sitio, la montaña se cambiaría…, a pesar de las múltiples afirmaciones que hay en este sentido en el evangelio (sólo para referirnos a la tradición cristiana), a pesar de eso, siempre vamos a la oración con el sentimiento de que vamos a pedir, pero ay!…, es muy difícil que se nos dé. Pedimos porque sentimos la necesidad de pedir, pero pedimos de modo parecido a quien compra un décimo de la lotería, o llena una quiniela diciendo «a ver si hay suerte». Uno tiene una actitud como de que Dios estuviera allá arriba tratando de ver si yo soy buen chico, si me lo merezco o no me lo merezco, si le va bien ayudarme o no le va bien, y entonces, bueno, me dará lo que quiera darme.

Siempre parece que falla algo, o que lo hacemos mal, y entonces la respuesta no viene. Y claro, como esto lo hemos probado con muy buena fe, con mucha ilusión, varias veces…, entonces llega un momento que estamos con miedo, con dudas. Por un lado desearíamos que fuese cierto, que toda oración hecha con sinceridad tuviera respuesta, pero por otro lado tenemos el miedo de que no sea así. Entonces, esa oración que hacemos en esa actitud, es una oración donde se expresa: deseo, temor, una idea de algo, un hacer una cara de lástima, un adoptar una actitud de buen chico… y nada más.

Viendo esto mismo desde un ángulo religioso, podemos decir que esta imagen que tenemos de Dios es completamente infantil. Es como el niño pequeño que pide algo a su padre, y al estar acostumbrado que el padre diga ¡no, no puede ser! o ¡no hay dinero! o ¡has de ser más bueno! O cualquier cosa de esas…, está esperando a ver si pilla al padre en buen momento; pues a veces el padre dice sí, y a veces incluso el padre da algo sin pedirlo. Es un problema que el niño no entiende. Pues esa es la imagen que nosotros tenemos al hacer oración. Y esto es una contradicción muy grande con la noción que por otro lado tenemos de lo que ha de ser el Ser, en sentido Absoluto. El Ser, en sentido Absoluto, no puede no querer, el Ser es todo acto. El Ser es todo don, es todo entrega. No hay condiciones en el Ser. No se trata de que Dios quiera o no darnos algo; Dios, por su naturaleza, es entrega, es entrega total. Es a mi escala humana que a veces yo quiero o no quiero, pues depende de la actitud del momento y de otras muchas cosas. Pero refiriéndonos a la intuición de un Ser Absoluto, estas limitaciones son absurdas, no existen. Dios, como omnipotencia, como omnisciencia, está totalmente en manifestación; por lo tanto, El no puede no querer, siempre es querer. El problema nunca está en que Dios quiera o no quiera; el problema está en que yo esté receptivo o no, esté sintonizado o no lo esté.

Si Dios fuera un Ser extracósmico, si Dios fuera un ser totalmente distinto, aparte de todo, entonces tendría que bastarle el que yo tuviera buena fe para que al expresar mi deseo, esto le movilizara. Pero como parece ser que Dios no es un ser extracósmico, sino que es un ser que es el Ser, y que no hay ni extra ni intra, sino que toda noción de localización y de relación desaparece en lo Absoluto…, y como parece ser que la función y el sentido de la existencia consiste en una expresión progresiva de este Absoluto a través de todo cuanto existe, y que esta expresión está ordenada a través de un crecimiento constante hacia una mayor abundancia de manifestación…, entonces parece ser que es posible establecer una apertura interior a esta realidad, que no se trata de formular una demanda externa a una realidad aparte de nosotros, sino de lograr una receptividad, una sintonía; de conseguir que toda mi capacidad de conciencia (por lo menos por unos instantes) esté presente y receptiva al Ser, a Dios.

Pero ¿qué es mi conciencia? El deseo es un sector de mi conciencia, es un aspecto. Pero luego está la mente, está la intuición, está mi voluntad, o energía… ¿donde está todo esto cuando yo hago oración? Todo esto está retenido dentro porque en el fondo de mi oración existe siempre un temor. Pero cuando yo descubro que tengo una capacidad de acción, y cuando quiero algo, lo quiero no sólo con la mente y con el deseo, sino que lo quiero también a través de mi sector de energía, entonces aquello me movilizará inmediatamente. Y entonces, a la vez que me movilizo, soy más yo que crezco, soy más todo yo.

En el aspecto interno ocurre algo muy parecido. Todo está a nuestra disposición. Pero hemos de poder sintonizar con este todo, o Dios, más que como un padre personal, parece actuar como un principio impersonal. La electricidad, por ejemplo, está ahí, pero yo no puedo sólo pedir que haya luz, yo necesito conocer un poco qué es la electricidad, y que la electricidad circula a través de unos conductores, y que es necesario hacer la conexión adecuada, y luego dar a un interruptor…, y entonces la electricidad, que siempre estaba ahí, se actualiza en luz. ¿Por qué? Porque yo establezco las conexiones, porque utilizo las leyes de aquel principio.

Nuestra conexión con Dios es algo muy parecido. No basta con que yo desee de un modo muy sincero e ingenuo, que yo pida unas cosas; es preciso que yo, todo yo, esté presente y abierto a esa realidad. Que yo conecte con Dios no sólo a través de mi deseo, sino a través de todos los poros de mi ser. Por esto, el primer mandamiento es «amarás a Dios sobre todas las cosas». Y San Pablo dice «amar a Dios con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas». Entonces este amar a Dios no es sólo el amor de un nivel. No sólo una expresión emocional o afectiva (por profunda que sea); es un vivir conectado con esta conciencia de realidad a través de todos los sectores de mi conciencia. Entonces mi energía y mi voluntad no estarán separadas de este aspecto de Dios como energía. Así como mi mente será un modo de conectar con Dios como Verdad y mi sentimiento será un modo de conectar con Dios como amor o como felicidad. Y hasta que yo no aprendo a conectarme todo yo con Dios, no se producen las condiciones por las cuales se puede materializar, se puede actualizar, lo que siempre está ahí.

 

Extracto del libro Conciencia, existencia y realización. Editorial ÍNDIGO (1995)


El Trabajo en el seminario de Dueñas

Domingo, julio 6th, 2014

EL TRABAJO EN EL SEMINARIO DE DUEÑAS
Publicado por Rosa Bachs

La experiencia  de compartir la fuente de revelación  de las parábolas del evangelio, tuvo una gran repercusión de fondo.

El trabajo de equipo en el que cada uno se implicó profundamente, ofreció un reconocimiento del espíritu en el sí del grupo. Cada paso que dábamos, era a la vez un salto en el vacío y una construcción que salía de unas palabras y frases sin aparente sentido o con supuestas contradicciones, para convertirse en algo vivo, preciso, lleno de significado y verdad.
 
La interacción en que nos sumergió la experiencia,  nos ofreció un contacto esencial  a cada miembro y  al grupo como entidad total de consenso.  Este  podía señalar nuevas directrices,  como resultado de una siembra  de dudas,  preguntas,  opiniones,  inspiraciones,  intuiciones  y sucesivas comprensiones.

Cada miembro  participó con sinceridad e interés, por el afán de encontrar el verdadero significado. Las sesiones fluían en un orden que iba asentando el desarrollo de la parábola y que llevaba progresivamente  a una comprensión clara del trabajo que se estaba realizando, mediante la preparación previa de Jordi Sapés, y la ayuda del diccionario de símbolos. Sin estas contribuciones hubiera costado atar cabos. Y es que no estamos avezados  a lecturas simbólicas. Casi siempre leemos literalmente, y por ello, nos sorprende el mensaje que  se revela, cuando hacemos el esfuerzo de elaborar una lectura simbólica.

Esta tarea nos dio la oportunidad de unir el trabajo del evangelio, al trabajo que ya estamos llevando a cabo, basado en las directrices de Antonio Blay.

En el trabajo del evangelio, se planteó el problema de las falsas ilusiones en relación con el Trabajo espiritual, cuando la personalidad considera que los estados interiores van ligados a circunstancias exteriores determinadas, y entonces se nos advierte de que el hombre despierto no busca seguridades externas, o salidas dónde habitualmente las encuentra. Cuando se han perdido todas las referencias, sentimos la llamada de lo espiritual pero a menudo continuamos ligados a la memoria, inconscientes de la desorientación y esterilidad que ello supone. Para nacer en espíritu es necesaria la muerte de lo que es mecánico, y la superación de toda fijación memorística.

La vida espiritual y el Trabajo no tienen nada que ver con la perspectiva habitual del hombre, que se excusa en circunstancias que le impiden entregarse  a lo espiritual, al Trabajo. Este no tiene que ser pensado, sino vivido. La advertencia es: A lo que damos prioridad en nuestros pensamientos, voliciones y actos, allí reside la identificación y también la dirección. O nos identificamos con el espíritu y nos entregamos a él despiertos, o nos sumergimos en los quehaceres habituales dormidos. Ello no quiere decir que haya que dejar los quehaceres, sino imbuírlos de espíritu. Recordemos la frase atribuida a Jesús:

”Buscad primero el Reino de  Dios y todo lo demás se os dará por añadidura”.

Fue un seminario de enriquecimiento y concienciación del Trabajo, basado en el reencuentro  de un ser realizado, Jesucristo,  a través de las parábolas que los evangelistas  transcribieron.

La estancia y la  asistencia a los oficios del monasterio, ayudaban al silencio, a la concentración y a la profundidad que se requerían para poder penetrar en el espíritu de revelación de las parábolas.

Hay que señalar que la labor de equipo fue una relación altamente gozosa, desde la que se captó el descubrimiento de atender con una conciencia más profunda, así como la sintonización al unísono con esta conciencia, lo cual permitió una valoración, una comprensión y una fuerza que sólo el sentimiento de unión surgida del equipo podía dar.

He aquí lo que obtuvimos: descubrir  la significación de las parábolas de los evangelios y encontrar la relación consciente con el Trabajo que estamos realizando.


Conciencia y presunción

Domingo, julio 6th, 2014

CONCIENCIA Y PRESUNCIÓN
Publicado por Jordi Sapés

Transcribo una experiencia de centramiento de una compañera nuestra:

“El otro día en un centramiento tuve como una imagen muy vívida de lo que éramos y de lo que sucedía justo debajo de nosotros…era un sinsentido, sobre todo porque arriba todo era paz y sosiego y abajo la gente iba y venía como hormigas empujándose unos a otros cada uno con sus propios problemas. Toda la gente hablaba, cada uno de lo suyo, y nadie escuchaba a nadie porque claro, todo el mundo estaba hablando. Yo veía a toda esa gente y no podía hacer nada, sólo me decía “ellos creen que eso es real… si supieran lo que hay más arriba”. Claro que en ese nivel de percepción no cabe nada porque más allá de uno mismo y con careta no se puede percibir ni luz ni nada.

Vale la pena tanto la imagen, que es muy gráfica, como el último comentario: con careta no se puede percibir ni luz ni nada. Y cuando la careta es de felicidad, de compasión, de responsabilidad o de espiritualidad, menos todavía. Lo único real es despertar y la última trampa del personaje es presentarse voluntario para arreglar la pesadilla.

Este comentario me ha recordado aquella imagen de Gurdjieff del cochero, el caballo y el carruaje que representan el estado habitual de nuestros tres centros: el intelectual, el emocional y el motor. El cochero está borracho de manera habitual, soñando que es alguien importante, el caballo está famélico por falta de atención y el carruaje a punto de caerse a pedazos. Pero como el trayecto que hacen siempre es el mismo: de la estación al ayuntamiento, basta con que el cochero suba al pescante para que el caballo arranque y lleve el carruaje por las calles de costumbre. Magnífica imagen de la mecanicidad y del estado ordinario de nuestra conciencia.

Para despertar es indispensable ante todo que el cochero deje de beber y despierte; para, a continuación, atender al caballo y reparar el carruaje. Así que lo que menos le conviene al cochero es escuchar la idea de que es un potencial infinito de inteligencia, amor y energía; porque lo celebra con otra ronda.

Aquí también viene a cuento el comentario que hizo el Papa, hace ahora una semana, sobre el sistema económico: “este sistema es inhumano”. Ha sido espectacular la repercusión que han tenido estas palabras: todos los obispos las han repetido y en las parroquias no se comenta otra cosa. Incluso los ministros más católicos del gobierno han mostrado su inquietud y su deseo de cambiar rápidamente las estructuras productivas para poder dar trabajo a los millones de parados que hay en nuestro país y que han merecido la atención del Papa en este mismo comentario.

No ha sucedido nada de esto ¿verdad?, el comentario del Papa ha quedado como algo anecdótico, que no viene al caso. Seguramente tendría más repercusión si hiciera un llamamiento a los empresarios para que fueran más conscientes, porque eso no compromete a nada. Si cogemos cualquier cosa y le añadimos el calificativo “consciente”, todo mejora. Así que además de empresarios conscientes podría haber capitalistas conscientes, parados conscientes, desahuciados conscientes, emigrantes conscientes, etc.

La conciencia no es ningún calificativo; solo se puede predicar del ser humano en cuanto


El deseo (capítulo 5). Los deseos son realizables

Domingo, julio 6th, 2014

EL DESEO (CAPÍTULO 5). LOS DESEOS SON REALIZABLES
Textos de Antonio Blay

Siempre yo puedo realizar mi deseo, porque el deseo es expresión de mi propio fondo. Si yo quiero llegar a una mayor plenitud es porque esta plenitud existe en algún sitio en mí. Si yo quiero llegar a una mayor realidad es porque esta realidad existe en mí. Y si no existiera en mí, yo no tendría noción de que pudiera existir una mayor realidad.

Todos podemos realizar nuestros deseos del todo, en el sentido de actualización de nuestro modo de ser y de sentimos. Nuestro modo de ser y de sentirnos no depende del exterior aunque creamos que es así; depende de cómo yo reacciono al exterior, no del propio exterior.
 
La realización del deseo depende de la conjunción de tres factores. Del sentimiento (que en parte viene reflejado por el deseo), de la mente y de la voluntad. Pero al decir esto no quiero indicar que yo debo usar la inteligencia y la voluntad para luchar activamente y conseguir los objetivos que busco -aunque esa es la fórmula que se da generalmente-, no; yo estoy hablando ahora de una actualización, de una realización inmediata. Hay una posibilidad de realizar inmediatamente nuestros deseos, porque las condiciones de la realización están todas en nosotros. Por alto que sea el deseo, por ambicioso que sea, mientras se pueda formular como un modo de sentirme yo, como un modo de ser, entonces se podrá realizar, al contado. Pero siempre exige la actualización de estos tres resortes que son las tres cualidades básicas de nuestro propio ser, que son: el aspecto afectivo, el aspecto mental y el aspecto energía.