Archivo para el mes mayo, 2014

Existir a lo grande

Lunes, mayo 26th, 2014

EXISTIR A LO GRANDE
Publicado por Jordi Sapés

El Potencial que somos, la capacidad de ver amar y hacer que somos, se actualiza en respuesta a los estímulos que nos llegan del exterior. Estamos en continuo movimiento de intercambio con este exterior que a la vez nos sirve de estimulo. Necesitamos sostener nuestro cuerpo para, a continuación, ponernos a entender, integrar y trasformar las circunstancias que se nos presentan y en el seno de las cuales existimos. Es un intercambio que redunda en un crecimiento mutuo: yo me desarrollo en el mundo y el mundo evoluciona gracias a mí.
 
Nuestra existencia requiere no solo los alimentos que necesitamos para mantener nuestro organismo, sino también las dificultades que tenemos que vencer, las injusticias que tenemos que remediar y los aspectos de la realidad que tenemos que comprender. La idea de que somos algo independiente de todo esto es una fantasía carente de sentido. Sin alimentos podemos durar unos pocos días, sin aire, que es nuestro espacio colectivo, unos pocos minutos; y sin impresiones de la mente, que es la realidad en la que existimos, ni un segundo.

Pero además, en nuestro camino hacia la autorrealización, necesitamos atravesar y resolver determinadas circunstancias; y estas circunstancias son justo las que la existencia nos presenta. Cada día vivimos infinitas percepciones de la realidad, pero sólo prestamos atención a aquellas que no sabemos manejar porque destacan como algo extraordinario y ajeno a nuestras previsiones; situaciones imprevistas, buenas o malas. Lo que para otros es irrelevante para nosotros resulta importante; y somos nosotros quienes le atribuimos importancia. No hay existencia más triste que la de aquel que no tiene nada que destacar en su jornada. Y sin embargo, a veces nos instalamos en el deseo de que “no pase nada”.

Por suerte no dejan de pasarnos cosas, es un cable que nos echa lo Superior. Porque nosotros nunca hubiéramos solicitado las experiencias que nos han causado dolor pero nos han obligado a crecer. Y nunca hubiéramos descubierto que el hecho de crecer es lo que consigue que los problemas desaparezcan.

Si miramos con un poco de objetividad veremos que nuestra aportación al mundo difícilmente compensa todo lo que recibimos de él. Hemos recibido el regalo inmenso de existir, un regalo que desde nuestra limitada forma personal nunca podremos pagar; pero tenemos el vicio de considerarnos el centro del mundo y de juzgar la realidad en función de si se pone o no al servicio de nuestros intereses personales. Así que no solo no agradecemos lo que recibimos sino que encima pedimos algo diferente.

Este sinsentido desaparece a medida que ampliamos nuestra noción de existir; no se trata de ser humildes y ponernos a un lado sino de tomar conciencia de todo lo que incorpora nuestro yo experiencia individual: el cuerpo físico, nuestras sensaciones, sentimientos, conocimientos, relaciones y habilidades. Después podemos observar también nuestro yo experiencia social, nuestra participación en diferentes colectivos: desde la familia, la empresa, el pueblo, el estado hasta la propia humanidad; con toda su historia, su desarrollo filosófico, científico, moral, político y espiritual.

Todo esto está a nuestra disposición por el solo hecho de haber nacido; otra cosa es que lo aprovechemos o no, que lo hagamos nuestro y enriquezca nuestra personalidad. Porque puede que lo consideremos de poco interés al lado del feo que nos hicieron la semana pasada en una reunión familiar o de lo difícil que nos está resultando conseguir un crédito para cambiar el coche.

Como dice el Padrenuestro: danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. El pan de cada día son las dificultades que tenemos que resolver y la injusticia desaparece en el momento en que dejamos de ser mezquinos y nos abrimos a la realidad que somos.


La alquimia del sueño

Lunes, mayo 26th, 2014

LA ALQUIMIA DEL SUEÑO
Publicado por Jordi Calm

Como ya hemos comentado en algún otro artículo, un proceso inherente a cualquier trabajo de autorrealización que se precie de tal es el de la desidentificación personal, la constatación de que aquello que creías ser, y que hasta el momento te conducía por un camino con más de un bache, por fortuna no se corresponde con una realidad esencial más profunda, rica y fecunda que se va abriendo paso en nuestra conciencia.

Una de las consecuencias de esta desidentificación la encontramos en el hecho de que, al poder vivirte en otro nivel de conciencia, las vicisitudes experimentadas en el nivel anterior van tomando un cariz muy distinto, pasan de ser el factor determinante de tu vida a algo así como información que, en determinadas circunstancias, puede cumplir un determinado propósito.
 

Un ejemplo de este propósito lo podemos encontrar en el contacto que mantenemos con otras personas. Todas las incidencias que se vivieron dormido pueden ser útiles a la hora de tratar circunstancias ajenas, ya que reconoces situaciones que no te son desconocidas o constatas reacciones y vicisitudes que ubicas con facilidad.

Y observas que cuanto más terreno hayas recorrido por esos caminos más reconoces algunas de sus curvas, sus vericuetos, sus atajos y sus falsos atajos, de forma que puedes calibrar con mayor finura la respuesta a dar, porque conoces el origen, el destino, el camino a seguir, pero también la percepción que de ese camino se puede estar haciendo la persona en ese momento.

¿Es imprescindible ese proceso?, en absoluto. Como solemos decir en el Trabajo, en verdad hay dos canales para conocer la verdad, el discernimiento y el sufrimiento, y de lo que estoy hablando es fruto básicamente de éste último, pero puede llegar a ser muy gratificante poder, cual proceso alquímico, convertir el plomo que hemos cargado con nuestras tribulaciones en información que deviene metal precioso para otras personas, que lo que antes era motivo de sufrimiento, incluso de reproche personal en tanto estabas dormido, se convierte, tras tu travesía, en algo así como un regalo que puedes ofrecer a otras personas con una sonrisa.

Este aprovechamiento de vivencias pasadas para aportar un poco más de luz a nuestro entorno desde la perspectiva del Trabajo es algo que está, en verdad, a disposición de cualquier persona sea cual sea su entorno profesional o personal; y es importante observar que dar pasos en esta dirección, además de repercutir en su propia felicidad, deviene también un acto de responsabilidad, incluso de justicia. Os animo a comentar si alguna vez os habéis encontrado en alguna tesitura de este estilo, y vuestra experiencia con él.


El deseo (capítulo 4). El deseo como impulso interior

Lunes, mayo 26th, 2014

EL DESEO (CAPÍTULO 4). EL DESEO COMO IMPULSO INTERIOR

Cuando en nosotros hay el deseo de algo, eso quiere decir que esencialmente existe en nosotros la posible realización de ese algo. El deseo puede tener dos formas básicas: o bien yo deseo llegar a ser de un modo determinado, o bien deseo algo externo a mí. Yo puedo desear llegar a vivir con una gran serenidad, o con una gran seguridad interior, o con una gran paz; o puedo desear una casa muy bonita, o poder disponer de unos medios económicos que me permitan una autonomía en mi vida.
 
O sea, puedo desear algo de mí, de mi interior (en relación a mi modo de ser), o puedo desear un objeto. Pero cuando miro bien eso…, me doy cuenta que en último término las dos cosas son una sola. Yo deseo un objeto, o deseo unas determinadas condiciones exteriores, porque creo que en aquellas condiciones yo me sentiré mejor, yo seré más feliz, yo viviré de un modo más pleno. O sea que, en definitiva, siempre estamos buscando vivir de un modo más pleno, más satisfactorio, más completo, más auténtico. Lo que pasa es que a veces lo buscamos directamente, aspirando al estado en sí, y otras veces lo buscamos indirectamente, a través de una condición externa: que las personas cambien, que tengan otro carácter, que en mi trabajo me asciendan, que yo aumente de categoría, etc. Pero en el fondo siempre todo va a parar a esta exigencia profunda de vivir yo más mi propia plenitud, de un modo u otro.

Bien. Esta plenitud se desea porque ya está empujando por dentro. El deseo no viene simplemente de algo que nos falta. Si nos faltara algo y sólo eso, esto no generaría nunca el deseo. El deseo solamente se genera cuando, por un lado, yo vivo limitado, y por otro lado, otro nivel en mí vive o percibe una plenitud. Es el contraste entre estas dos cosas que hay en mí lo que genera el deseo. Si yo solamente fuera eso limitado, viviría la limitación como única posibilidad, sin contraste posible, sin demanda posible. Yo sería eso y no podría aspirar a más porque no podría sentir o intuir nada más. Pero resulta que a pesar de vivir unas limitaciones, algo en mí intuye que hay otro modo de vivir más pleno, más auténtico. Esto es lo que produce el deseo.

El deseo no nos viene nunca del exterior, el deseo nos viene por ese desequilibrio interior existente entre lo potencial y lo actualizado. Si no hubiese este potencial, aunque se nos ofrecieran exteriormente toda clase de estímulos, no habría respuesta interior. Yo tengo hambre y en la medida que tengo hambre, la intuición, el instinto, me dice que he de comer unas cosas; pero en el momento en que el hambre ha quedado satisfecha, en el momento en que hay un equilibrio entre mi conciencia orgánica y mi demanda interior, entonces ya no hay hambre, y aunque aparezcan alimentos en el exterior, aquello no me produce hambre. El hambre se debe, pues, a un desequilibrio interior. Y todo deseo es exactamente igual; las cosas exteriores no me tentarían si no hubiera una demanda interior.