Archivo para el mes marzo, 2014

Vivir despierto

Jueves, marzo 6th, 2014

VIVIR DESPIERTO
Por Jordi Sapés

Si alguien de Barcelona, o de Sevilla, viaja por vez primera a París, pongamos por ejemplo, no se le ocurrirá mandar una postal que diga: “Estamos en una ciudad que no es Barcelona, o Sevilla”. Hablará de donde está, no de dónde estaba antes de moverse.

Sin embargo, cuesta Dios y ayuda, conseguir que dejemos de explicar el despertar comentando que no estamos nerviosos, angustiados y confusos. Hay que insistir mucho para que se acabe escribiendo que experimentamos seguridad, paz y claridad. Y no es porque sí, es porque la gente ha venido al Trabajo para no estar nervioso, angustiado y confuso. Después se han encontrado con la sorpresa de que experimentan seguridad, paz y claridad; pero como esto, inicialmente, no lo pueden mantener, vuelven a caer en la trampa de luchar contra el nerviosismo, la angustia y la confusión.

¿Cómo se puede salir de esta oscilación entre lo que parecen dos estados de ánimo: uno desagradable y otro mejor? Viendo y comprendiendo que el mejor no es lo contrario del desagradable sino que es algo de naturaleza distinta. La confusión es el resultado de comparar lo que sucede con lo que el personaje tenía previsto que sucediera; la claridad es la conciencia de que yo soy capacidad de ver y comprender. La confusión está relacionada con el objeto mientras que la claridad es el propio sujeto.

Si miramos la claridad desde la confusión la interpretaremos como el arte de encontrar una explicación que podamos defender si nos preguntan.  En cambio si miramos la confusión desde la claridad, constataremos que estábamos alucinando. Y cambia mucho, porque la gente considera que la confusión es lo acostumbrado, lo normal, y que al que ve algo con evidencia le dan el premio Nobel.                  

Y así nos encontramos luchando por despertar en vez de luchar por no caer en el sueño. Al principio está muy bien luchar por despertar pero, después de un tiempo, vivir como sonámbulos es algo que ya no debiéramos admitir. Sin embargo, nos resistimos a observarlo con cierto detalle, a mirar cual es la razón por la que algo absorbe nuestra conciencia hasta el punto de hacernos desaparecer de la misma. Como máximo señalamos el asunto, pero no la razón: “estaba distraído pensando en si tenía que comprar garbanzos o lentejas”. Este es el asunto, pero la razón es cómo vas a quedar si no aciertas con la legumbre adecuada. Esto no se mira; y no se mira porque nos pasa totalmente desapercibido: notamos una angustia mientras decidimos qué comprar, pero como ya estamos acostumbrados a andar angustiados todo el día, no le damos importancia. Es más, lo consideramos una muestra de responsabilidad.

Bien, pues dormido la atención está en la legumbre, en lo que van a decir los niños, en el tiempo que hace que comimos legumbres por última vez, en si me podré defender mejor si compro garbanzos o si compro lentejas… y despierto está en que yo soy el que compra y el que decide. 

Así que despertar no es entrar en meditación profunda en la parada del mercado para percibirme a mí mismo en el fondo de mi conciencia; es percibirme decidiendo que compro lentejas; asumiendo que ya soy mayor para tomar esta decisión porque una dieta sana incluye comer lentejas de tanto en cuando. Estar despierto no estar con los ojos muy abiertos mirando las lentejas, es disfrutar de la apuesta que yo estoy haciendo, aquí y ahora, por esta legumbre.

Este es el nivel de conciencia superior inmediato: el estado natural del ser humano. En vez de reaccionar a las circunstancias pensando cómo vas a quedar, asumes que eres capacidad de ver, de interesarte por la realidad y de actuar en ella y ejerces esta capacidad siendo protagonista de tu existencia.


El trabajo de lo sagrado en lo profano

Jueves, marzo 6th, 2014

EL TRABAJO DE LO SAGRADO EN LO PROFANO
Por Rosa Maria Bachs

A lo largo del  ejercicio del Trabajo han ido sucediéndose los pasos de un proceso luminoso de impregnar  de amor-felicidad la relación con la cotidianidad. Lo he descubierto primero como un propósito que ya estaba previamente Diseñado en mi natalidad, y ahora como un proyecto de profundización y actualización.

Las personas, mi persona incluida, y los objetos en la vida práctica, se atienden y se manejan con excepcional respeto viéndolos en un plano existencial  y a la vez trascendente. Con un hacer lleno de armonía, energía, serenidad y alabanza. La belleza, el ingenio y la habilidad operativa, van a la par en un orden práctico que se cuida con esmero y renovación.

Cuando se pone toda la atención en una persona o en un objeto, ésta o éste se perciben completos, con la belleza de lo que es. Ello origina un darse cuenta del ser en la manifestación. 

Sacar de su contexto a una persona o a un objeto es extraerlo del pensamiento sobre el campo existencial que lo incluye. No podemos opinar sobre él. No lo podemos relacionar. No lo podemos comparar. Nos faltan los referentes. Referentes de experiencia personal y referentes de experiencia cultural, más allá de las modas y de los modelos idealizados por el estándar social.

En la historia artística del surrealismo Duchamp inició el proceso de sacar al objeto del contexto para el que había sido creado, lo cual permitía convertirlo en objeto singular y darle otra  oportunidad creativa, y a la vez, conferirle la categoría de objeto único. Salvarlo de la comparación y del utilitarismo, y elevarlo a la esfera del arte, es decir a esta mirada incondicionada que  penetra en la Presencia de la existencia, el Ser manifestado, y la ama profundamente.

En mi caso esta última experiencia ya la había tenido en los trabajos de dibujo y pintura que ejercía. Por ejemplo en el retrato se presentaban todo tipo de fisonomías: las que el personaje encontraba agradables, desagradables y las que le resultaban indiferentes. Tras el ejercicio de observar y dibujar, se demostró  al mirarlas de cerca, es decir atentamente y sin comparación, que todas sin excepción eran de una sencilla integridad y peculiar belleza. Y también que dibujar permitía acariciar los rasgos y amar el hecho en sí, de materializarlos en una recreación. Ello se debe a la simple experiencia de existir y afirmarlo, en el intento de plasmar el misterio manifiesto de lo que es. En el ejercicio de pintar pasa también algo sorprendente y es que cada color es percibido como un estímulo distinto para cada uno a un nivel físico y psicológico, y al mismo tiempo a un nivel espiritual es vivido como Luz vivificante. Porque tanto el interior, la luz del ver consciente, como el exterior, la luz o energía electromagnética en que son bañadas las cosas, participan del mismo potencial, tienen un origen común que las trasciende.

En el trabajo de arte terapia que actualmente conduzco, sucede también que cualquier trazo, forma, color es mirado desde un estrato más profundo donde cobra carta de realidad en la recreación de la experiencia interna, mediante sucesivos pasos que se observan, se conciencian y se superan en incesantes y auténticas transformaciones.

Pero el arte, la caricia, la luz, no tienen que limitarse a la plasmación de un dibujo o pintura, sino a la vivencia profunda de la luz del ver y del gesto en sí mismos, dirigidos al entorno  y  a nuestros congéneres,  puesto que  es posible materializarlo  en lo cotidiano, y sacralizar lo profano a través de nuestra acción consciente. Esta se desarrolla en un espacio de representación que es a la vez un cuadro viviente.

Es preciso renovar el propósito de sacralizar lo profano en las acciones más sencillas a través de la visión y el sentimiento espiritual.


El deseo (capítulo 2)

Jueves, marzo 6th, 2014

EL DESEO. PROMESA DE CRECIMIENTO

Pero eso que hablamos del deseo como proyección de futuro, podemos verlo también desde otro ángulo distinto.

El deseo es el lenguaje por el cual se anuncia nuestro crecimiento. Todo crecimiento, todo desarrollo, se anuncia previamente a través del deseo. El niño pequeño que necesita moverse, que necesita gesticular, tocar las cosas, que necesita tratar de incorporarse y ver hasta donde puede llegar o no llegar…; cuando después el niño necesita un afecto, una comprobación de que es aceptado…, cuando después tiene una curiosidad intelectual, y va experimentando… Todo esto lo hace porque hay algo que lo empuja por dentro, porque hay un impulso que se manifiesta en su conciencia en forma de deseo, en forma de ganas de… hacer algo. Estas ganas de, son el lenguaje por el cual se manifiesta todo lo que es y todo lo que va siendo.

Todo lo que nosotros somos ahora, primero ha sido un deseo. Es el deseo de andar, las ganas de andar, lo que ha permitido que nosotros ejercitáramos el andar y desarrolláramos la capacidad de andar. Es el deseo de comprender lo que ha motivado que nosotros preguntáramos, que leyéramos, que reflexionáramos, y así se ha formado una noción de las cosas. Es un deseo de algo superior lo que nos ha hecho inquirir, lo que nos ha hecho experimentar, de un modo o de otro, y que nos va dando una determinada experiencia. Siempre el deseo es el lenguaje anticipado de la realidad.

Muchas personas demuestran que no viven, o que no viven bien, precisamente porque no tienen deseos. Cuando la persona no tiene ganas de, no tiene ánimos de, está desanimada…; es cuando estas fuerzas vivas de dentro no se manifiestan en forma de deseo, de aspiración o aspiraciones. No porque no estén dentro sino porque algo les impide que se manifiesten. Entonces la persona vive como si no tuviera deseos y al vivir como si no tuviera deseos vive como si no viviera.

Diríamos que hay algo que nos hace existir, una inteligencia, una voluntad, algo… llamémosle Vida, llamémosle Dios, llamémosle el nombre que queramos. Y este algo se expresa siempre de una manera dinámica, se expresa a través de todos los niveles; a través del nivel biológico, a través del nivel mental, del nivel espiritual, del nivel estético, del nivel que sea, y siempre se manifiesta mediante esta demanda de algo, esta búsqueda de algo, esta ilusión por algo.

Todos nuestros deseos tienen una realidad, una justificación y una importancia extraordinaria. Cuanto más se manifieste en nosotros conscientemente un deseo, eso significa que hay una fuerza disponible, que hay un móvil claro, intenso, y que por lo tanto se podrá realizar aquello que deseamos. Todo deseo no es nada más que lo que nos empuja a ser más, a vivir más, a actualizar más nuestro potencial interior. Lo mismo si se trata del deseo de tener dinero, que si se trata del deseo de llegar a la santidad, que si se trata del deseo de vivir en paz en un rincón de una montaña.

Todo deseo es expresión de algo que quiere actualizarse, por lo tanto todo deseo es para nosotros no sólo una realidad empírica sino que es una realidad en el sentido de valoración profunda de la cosa deseada. Es una promesa, es el anticipo de una realidad que hemos de vivir; es un derecho y una necesidad que hemos de poder culminar.

 

Extracto del libro Conciencia, existencia, realización (1995)