Archivo para el mes febrero, 2014

Sobre el miedo

Martes, febrero 4th, 2014

SOBRE EL MIEDO
Publicado por Jordi Sapés

Dice Antonio Blay: el miedo es el resultado de la ignorancia; si hay conocimiento no hay miedo. Así que el miedo está siempre causado por una idea de la realidad que es falsa.

Pero hay una clase de temor que nos impide superar esta situación: el miedo a descubrir que estamos equivocados.Este miedo teme al conocimiento: es el miedo del que no acude al médico por temor a que le descubran una enfermedad; del que no se atreve a protestar contra condiciones laborales indignas por temor a que le despidan; del que no se atreve a observarse a sí mismo por temor a descubrir que es peor de lo que supone, del que no se atreve a ejercitarse en algo por temor a hacerlo mal, etc. Este no es un miedo causado por el desconocimiento de algo externo sino por la ignorancia de nuestra realidad esencial. Se resume en el dicho: mejor malo conocido que bueno por conocer.

Si dejamos que este miedo nos venza, el Potencial que somos se bloquea, lo cual nos convierte en muertos vivientes. Nuestro cuerpo sigue funcionando con el piloto automático: nos levantamos por la mañana y atendemos nuestras “obligaciones”, pero lo que hacemos no cambia nada, solo alimenta unos mecanismos de una manera cada vez más deficiente, porque todo aquello que no progresa tiende a involucionar.

Afortunadamente, tenemos imprevistos, sucesos que no responden a lo esperado y que el personaje contempla con desagrado, pero estos imprevistos nos sacan de la mecanicidad y nos obligan a intervenir en la existencia. Por eso, lo idóneo es que seamos nosotros mismos quienes provoquemos tales imprevistos rompiendo nuestra rutina de una manera expresa y consciente. Y esto se hace incorporando a nuestra existencia actividades nuevas, en ámbitos que la realidad nos propone y que estábamos eludiendo o a tratando superficialmente.

Claro que el día tiene 24 horas, pero estar despierto comprime el tiempo que invertimos en las citadas “obligaciones” porque no lo desperdiciamos en fantasías y cavilaciones. De todas maneras para incorporar nuevas actividades lo mejor es renunciar a algunas habituales que responden a necesidades artificiales que se había creado el personaje.

Así que, a base de pequeñas decisiones, pequeñas pero reales porque se traducen en hechos, podemos conseguir una gran transformación: dejar de vivir a remolque de las circunstancias para pasar a protagonizarlas. Esta es la experiencia que nos hace superar el miedo: yo soy el que responde, sea lo que sea que suceda. El miedo siempre es miedo a perder, y lo único que es imposible perder es nuestra identidad esencial. Eso es tan evidente como el hecho de que vamos a perder todo lo demás.

Tened esto muy presente: el Trabajo no sirve para mejorar; pretender mejorar nos ata a lo que ya somos y nos impide prescindir de lo que ha conseguido esclavizarnos. El Trabajo sirve para transformar de raíz la visión de la realidad que tenemos, para mirarla despiertos desde la conciencia del Ser. Y el Ser sólo se hace evidente cuando dejamos de huir de nosotros mismos pretendiendo arreglar la nulidad que somos como forma.

ADCA nos propone algunas pequeñas alternativas, diversos cauces para prestar un poco más de atención al Espíritu. Utilizadlos de un modo activo, no os limitéis a mirar qué dicen los demás. Plantearos poner por lo menos lo mismo que sacáis; y si es posible, mucho más.


La trampa de la compensación

Martes, febrero 4th, 2014

LA TRAMPA DE LA COMPENSACIÓN
Publicado por Jordi Calm

A menudo cuando empezamos en el Trabajo muchos de los conceptos que nos explican nos suenan muy bien, incluso descubrimos una cierta sintonía interior con ellos; sin embargo, también suele suceder que, a la hora de aplicarlos en nuestro día a día, esa claridad se difumina, a veces con rapidez. Por ejemplo: nos es fácil entender que hay un yo-idea y un yo-ideal que nos hacen bailar la cabeza, incluso podemos ser capaces de reconocerlos puntualmente, pero de ahí a identificar las dicotomías que establecen en nosotros, y constatar hasta que punto somos marionetas de estas dicotomías es fácil que se nos escape, sobre todo si no hemos concluido aún el análisis del personaje a través de los eventos.

Quisiera en este artículo comentar algunas circunstancias cotidianas que nos pueden dar buena cuenta, y en directo, del funcionamiento de esta desagradable pareja.

Supongamos que en algún momento del día descubrimos que  que, por el motivo que sea, hemos hecho algo de una forma que podríamos calificar de “fácilmente mejorable”: recordamos que nos hemos olvidado algo importante en aquel momento, constatamos que acabamos de reaccionar de forma desproporcionada ante alguien que tenemo al lado, etc… Va a ser muy probable que esta constatación, si estamos dormidos cuando la hacemos, provoque una expectativa ante otros eventos que vayan a tener lugar de forma inmediata y ante los cuales, nos demos cuenta o no, pretenderemos reparar a través de ellos el desequilibrio interno que estamos padeciendo. Así, el tono de nuestra siguiente actividad, o nuestro contacto con otras personas, va a estar marcado por la pretensión de que, por decirlo así, vayan bien, de que nuestro comportamiento de lugar a unas situaciones “buenas”. Y en el resultado de esa apuesta va a estar el signo de las próximas horas, y el nuestro.

Si esta dinámica os suena, con todas las particularidades que queráis, más o menos familiar, aquí tenéis una buena muestra del yo-idea y del yo-ideal en plena acción. Fijáos que se cumplen todas las especificaciones que se nos dan al respecto. En cuanto al yo-idea, el sufrimiento inicial es punzante pero enseguida queda oculto en aras de la compensación futura que tenemos planeado conseguir, de forma que se convierte en algo cada vez  más borroso en su identificación, a pesar de su fuerza. Por otra parte, pasamos a valorar el entorno en base a si nos permite o no compensar nuestra “falta” según consigamos alcanzar este ideal que nos hemos fijado, hasta el punto de que si lo que sea no sale como deseamos nos sentimos mal, además de una forma que a menudo es claramente muy desproporcionada respecto a lo que la situación realmente depara, porque ese “fracaso”, sea del grado que sea, nos retrotrae, con fuerza renovada, hacia toda la angustia tapada anteriormente por nuestro “pecado original”.

Y, a modo de funesto colofón, si estos procesos se repiten con cierta regularidad durante varios días, o semanas, o meses,…  o lustros, y seguimos dormidos, fácilmente tenderemos a considerarlos como algo inevitable, asumiremos que nuestra vida es así y que nosotros somos así. Aquí está la, muy triste, identificación con el personaje. Como además todo esto se mueve a nivel de pulsiones, de emociones dotadas de una cierta intensidad, los grilletes, además de hacernos daño, son duros.

Con el Trabajo vamos descubriendo cada vez con más fuerza que nada de esto es, en verdad, real, y no porque despiertos estemos en un mundo de maravillas que borra todo lo que hagamos, sino porque nos permite ver las cosas de forma justa, y si hemos olvidado algo, y ese olvido tiene unas consecuencias, despiertos somos capaces primero de tomar nota para preveerlo en un futuro, y después buscamos alternativas factibles a la situación creada; si constatamos que, dormidos, hemos tenido una determinada reacción, y esta constatación nos sirve de despertador, lo detectamos con rapidez y vemos la manera de reorientar esa realidad concreta, sea en el presente o en el futuro. En ambos casos vivimos el presente utilizando la información que hemos recibido, calibrando nuestra atención hacia las cosas, o nuestra consideración hacia las personas, y es en eso en lo que ponemos nuestro énfasis, en eso Trabajamos para actualizar nuestras capacidades, conscientes de que tenemos mucho por actualizar, y que en ese desarrollo está la vida, y el des-cubrimiento.

 


El Deseo (capítulo 1)

Martes, febrero 4th, 2014

EL DESEO (CAPÍTULO 1)

El deseo, proyección dinámica

En otras ocasiones he hablado de la necesidad de encarar los deseos, de hacer algo con ellos, de vivirlos. Hoy ampliaremos este tema.

El deseo es siempre una proyección. Por eso, cuando digo que actuemos de acuerdo con el deseo es para que el deseo deje de ser deseo y se convierta en algo presente, actual. El problema del deseo es que se mantenga como deseo. Es lo mismo que el temor. El problema del temor no es tenerlo; es mantenerlo. Si yo puedo traer el temor aquí, ahora, lo despacharé, se resolverá, se disolverá. Lo mismo que el deseo.

Si yo puedo traer el deseo aquí y puedo hacer algo con él, ahora, este deseo dejará de ser deseo para convertirse en acción, en experiencia actual, en presente. En cambio, mientras se mantenga como deseo (o como temor), estoy en una zona intermedia que me aísla del centro y también del exterior. Y por eso, cuanto más deseo menos hago; y a la vez cuanto más deseo menos soy. Porque tanto el deseo como el temor están en una capa intermedia; están entre lo que es el centro y lo que es el mundo dinámico de la realidad exterior. Por eso resulta perjudicial quedarse en esa zona puramente mental.

El deseo requiere acción. Podemos tener muchos deseos, pero a condición de vivirlos inmediatamente; de actuar ahora, viviéndolos en el presente. Y si el deseo se refiere a una aspiración de tipo interno, que yo viva también este deseo, ahora. No que lo mantenga como algo al margen de mi presente.
Cuanto más incorporemos nuestro deseo en el presente, menos necesidad tendremos de metas. Las metas se alimentan siempre del deseo sostenido o del temor sostenido. Es la inseguridad en el presente que nos hace proyectar la seguridad en el futuro. Cuanto más uno pueda vivir su seguridad, su capacidad, aquí y ahora, menos necesitará un objetivo, una meta.

Mientras más uno se esfuerza para vivir todo su presente, estará trabajando al cien por cien en la posibilidad de su realización. En cambio, cuando no está trabajando al cien por cien en el ahora de este deseo pero lo está manteniendo dentro, está hinchando su idea de futuro y a la vez lo está alejando más.

También existen temores y deseos que presionan desde nuestro inconsciente. Mas, al vivir el presente, los temores o los deseos ocultos van apareciendo delante de nuestra nariz. Entonces podremos hacer algo con ellos. Cuando al vivir se nos presenta algo concreto, entonces podemos hacer algo. Con lo que no se puede hacer nada es con lo que suponemos. Porque lo que suponemos no es nunca un problema con existencia real ya que es un problema fabricado en la mente.

Al tratar de vivir más y más en presente, irán apareciendo sucesivas capas de presente, que están dentro. Entonces es cuando podremos trabajar con ellas. Está claro que para eso hace falta querer vivir el presente, querer vivir la realidad, querer ser sincero; porque si no hay esta demanda, no tiene sentido el hablar del trabajo sobre sí mismo.

 

Extracto del libro Conciencia, existencia, realización. (1995)