Archivo para el mes enero, 2014

El arte y la ciencia de la felicidad

Martes, enero 21st, 2014

EL ARTE Y LA CIENCIA DE LA FELICIDAD
Por Jordi Calm

Nuestra identidad profunda es Felicidad
Dentro del desarrollo de nuestras facultades superiores en el nivel espiritual hemos de tratar algo que parece utópico y que no obstante está al alcance de nuestra conciencia. Es lo que podríamos llamar el arte y la ciencia de la Felicidad.
Se suele considerar que la felicidad es algo de otro mundo, que en esta vida es imposible encontrar nada que sea realmente y definitivamente pleno, pero esto se refiere a nuestro modo habitual de funcionar.

Nosotros estamos destinados a vivir la felicidad, la más grande plenitud que podamos soñar; es nuestro destino, porque es nuestro origen, nuestra fuente. La naturaleza de nuestro ser, la Identidad profunda de nosotros mismos está hecha de felicidad porque somos expresión Directa de la Felicidad de Dios, del Absoluto.
Como siempre, el problema está en que nosotros consideramos que la felicidad ha de ser el producto de algo, que nos ha de llegar como consecuencia de cumplirse una serie de requisitos o de condiciones que nosotros ponemos a nuestra vida. Yo me he hecho una idea de mí mismo y de la vida, y creo que sólo en la medida en que se realicen los deseos o proyectos que yo tengo -de mí, de los demás y de mi situación-, que sólo entonces podré ser feliz. Éste es un error de base. La felicidad no está nunca en el mundo, nunca procede de nada ni de nadie, sino que la felicidad está en la fuente de nuestro ser, está en la Mente Divina que nos está haciendo existir.
La felicidad es la naturaleza más profunda de nosotros mismos; y es algo que viviremos en la medida en que nos obliguemos a cultivarla, a abrirnos a ella. No es algo que nos ha de venir, sino que es algo que se ha de producir en nosotros cuando dejemos de buscarla en donde no está.

Toda felicidad viene de Dios
Tendríamos que meditar largamente en que todo placer, toda satisfacción que nos puedan dar las cosas, las personas, las situaciones, no son nada más que una pequeña partícula de la Felicidad Absoluta que es Dios; no es ésta otra felicidad, sino la misma que nos pueden dar las situaciones más idealizadas. La misma felicidad que yo puedo encontrar en un amor pleno, correspondido; o que puedo encontrar en un ideal de amistad, en una buena música, incluso en una buena comida y en las experiencias más elementales de nuestra vida, esta misma felicidad en grado Absoluto, esto es Dios.
No es otra felicidad. No es que tengamos que renunciar a una felicidad para que a cambio se nos dé otra que dicen que vale más. No. Toda felicidad que nosotros vivimos es expresión de la única Felicidad, que es el Absoluto. El mal está en que nosotros nos limitamos a desear una determinada felicidad, un modo de felicidad, a través de unas circunstancias determinadas, y esta condición que ponemos, esta dependencia de unos modos determinados de ser feliz, esto es lo que pone barreras a nuestra capacidad de descubrir y realizar la felicidad. Las mejores cosas de la vida solamente hacen despertar en mí algo de esta felicidad. No me dan, sino que despiertan, actualizan felicidad.
Habríamos de meditar sobre la naturaleza del bien, de lo agradable, del bienestar que buscamos en la vida y llegar a descubrir que este bien que buscamos es una expresión del mismo Dios que nos anima y que se expresa a través de nuestra vida y de nuestra conciencia. Cuando yo pueda ver que Dios es la Felicidad absoluta inalterable, y que este Dios es algo que está presente en mí, que es algo que está pidiendo que yo lo reconozca, que me abra a Él, entonces ya no correré detrás de unas situaciones (o no huiré de otras), porque descubriré que nada puede darme lo que ya está en mí desde siempre. Aprenderé a amar a este Dios que está mí y en todas partes y a abrirme a esta Presencia que es Amor-Felicidad. Entonces la vida interior no es una vida de obligación, de esfuerzo, de ascesis, sino que es una vida de plena expansión de conciencia, de constante descubrimiento de un nuevo modo de vivir feliz.
Pero es imposible que yo pueda vivir esta felicidad, que pueda tomar posesión de esta herencia, que es mía y que me es dada en cada momento, si yo creo que la he de encontrar en otra parte o que la he de realizar a través de unas condiciones externas determinadas. Por eso es importante que yo aprenda cómo funciona este circuito de la felicidad. En la felicidad ocurre como con el impulso vital: éste nunca me viene dado de fuera; el impulso vital es la esencia, el centro mismo de mi ser y tiende a irradiarse. Y en la medida que se expresa, en la medida que se exterioriza de un modo inteligente, crece. En el amor-felicidad es exactamente igual. En la medida que le doy paso, que lo expreso, que lo cultivo, que lo acepto, que no le pongo límites, en esa misma medida crece. Como ocurre con la inteligencia: en la medida que yo la ejercite, que la exprese, en esta misma medida crecerá.

 

Extraído del libro: Personalidad y niveles superiores de conciencia. Ediciones Índigo 1991


Propuestas para el Nuevo Año

Martes, enero 21st, 2014

PROPUESTAS PARA EL NUEVO AÑO
Por Jordi Sapés

El nuevo año comenzó oficialmente el pasado 1 de enero, pero hay muchos que no se han enterado  porque siguen viviendo exactamente igual que el año anterior. No importa: un año son 365 días y el año nuevo puede empezar en cualquiera de estos días. El único requisito para iniciarlo es que el día sea realmente nuevo y tenga la vocación de convertirse en cotidiano. Porque hay muchos años nuevos que no duran ni una semana: mueren ahogados por la rutina que el viejo consigue imponer.

Ahí van algunas reflexiones que pueden ayudar a sobrevivir el nuevo año:

-    En el nuevo año estáis despiertos, en el  anterior: dormidos.
-    En el nuevo año tenéis cosas que aportar, en el anterior no tenéis nada que decir
-    En el nuevo se nota vuestra presencia, en el viejo pasáis desapercibidos.
-    En el nuevo tenéis proyectos, en el viejo obligaciones.

Todo lo nuevo es inicialmente delicado y puede morir fácilmente si no recibe alimento de un entorno que aliente su desarrollo. Así que lo primero que tenéis que hacer es buscar un lugar donde plantar el nuevo año, como si fuera un arbolito. No es preciso que compréis un terreno y trasladéis la vivienda; inicialmente basta con una maceta un poco grande que se puede poner en un rincón de la casa; un rincón que se vea, que no pase desapercibido. Y una vez plantado, lo regáis cada día.

Para acordaros de regarlo tendréis que despertar, así que el árbol puede haceros de despertador. Y luego tendréis que aportarle agua y abono. Esto es algo que no hacíais el año pasado, es nuevo: el agua son vuestra propuestas.  Claro que no todo el mundo las espera; si tratáis de proponer cosas en vuestro trabajo o en vuestra familia, igual os hacen callar. Tenéis que buscar un lugar en el  que estén esperando saber lo que opináis, un  lugar en el que lo aconsejable no sea pasar desapercibido sino todo lo contrario, un lugar en el que se valore vuestra presencia porque se nota que estáis vivos.

Este lugar ha de existir realmente y tenéis que proporcionarle un espacio en vuestra conciencia. No es necesario que sea muy grande, puede ser del tamaño del rincón en el que habéis puesto la maceta. Pero es importante que le prestéis atención, que no pase desapercibido. Y que sea nuevo, de manera que para atenderlo tengáis que despertar.

ADCA se os ofrece como maceta. Quizás de aquí un tiempo os quede pequeña pero, de momento, os sirve porque cumple todas las condiciones necesarias para movilizar en vosotros esta presencia esperada.

No lo minusvaloréis. Ya sabéis que cuando se actualiza el Potencial en un ámbito de la existencia, por pequeño que sea, esta actualización se traslada automáticamente a todos los demás.


El trabajo a conciencia: trascender la personalidad

Martes, enero 21st, 2014

EL TRABAJO A CONCIENCIA: TRASCENDER LA PERSONALIDAD
Por Miquel Cazaña

Muchas veces, en los artículos de ADCA hablamos de la necesidad de estar despierto como único remedio al nivel de conciencia del personaje; al que, por el contrario, llamamos estar dormido. Esta necesidad de estar despierto, de ser conscientes de ser el sujeto de nuestra existencia, cae por su propio peso cuando las pesadillas a las que nos somete el personaje se hacen insoportables y uno busca algo sólido y verdadero.

Al principio, este ejercicio es como un extraño reto que no se acaba de comprender, aunque uno intuye que haciéndolo se encontrará mejor. Más adelante, cuando el Trabajo penetra en la persona satisfaciendo la demanda del Yo Esencial, este reto de recuperar la conciencia del Yo Soy, se convierte en una carrera de fondo en la que básicamente se trata de ser sincero con uno mismo, de constatar en qué nivel de conciencia estamos situados en cada momento. Darse cuenta de si uno está dormido para volver a tomar conciencia del sujeto que tiene la capacidad de decidir su respuesta.
La diferencia entre estos dos niveles de conciencia es muy grande. Pero experimentar uno u otro depende de con qué actitud queramos vivir: si optamos por responsabilizarnos de nuestra existencia o dejamos que funcione por sí solo el modo 'automático'. En el segundo caso uno no está disponible, se mueve por mecanismos aprendidos que funcionan por él. Pero en el modo consciente, se modifica absolutamente todo: sientes una responsabilidad total y absoluta contigo mismo y percibes que tienes un compromiso con lo Superior, un compromiso que hace que la vida tenga un sentido palpable y real. En ese momento eres el protagonista de tu existencia, eres el capitán de tu alma, como decía Nelson Mandela.

Este artículo quiere resaltar la necesidad de hacerlo todo con conciencia y a conciencia: desde el Espíritu y para el Espíritu, con perseverancia, constatando que uno está totalmente presente en cada cosa que hace. Eso es lo que se conoce como "integridad" y es sinónimo de libertad del Espíritu.
También debemos tener en cuenta que el hecho de acomodarnos y seguir con el orden establecido nos mantiene esclavos de nuestros mecanismos viviendo con más desasosiego interior y menos libertad. Y esto se traslada al campo de nuestra expresión social, que es un reflejo de cómo me vivo a mí mismo.
Esto no son cuentos de hadas. Últimamente hemos trabajado con Jordi Sapés la figura de Jesucristo y el mensaje que dejó al aceptar su muerte. Asumió la muerte del cuerpo físico como única manera de hacernos ver la única realidad existente, la Realidad Esencial. Por desgracia, mucha gente considera la vida de este hombre algo histórico o mítico que ya no sorprende; porque lo relacionamos con la moralina que le añade la Iglesia. Pero conlleva un mensaje claro y muy potente, francamente transformador que no es único como podemos contemplar en otros ejemplos sorprendentes de personas que hacen un trabajo a conciencia. Y recientes.
Antes he mencionado a Nelson Mandela.
Mandela, el primer presidente negro de Sudáfrica, venció no solo los intereses subjetivos sino también la inercia del colectivo; la presión de la propia comunidad negra, nada dispuesta a perdonar a los blancos después de haberlos sometido al Apartheid durante tanto tiempo.  Tras 27 años en prisión por una condena injusta, en condiciones infrahumanas, recibiendo una única visita cada seis meses, su respuesta podría haber sido el tradicional "ojo por ojo, diente por diente".

Pero no lo hizo. Mandela tenía un propósito que estaba por encima de su personalidad y en esos momentos estaba en condiciones de perdonar desde lo más hondo del alma. Seguramente esos 27 años en prisión le llevaron a constatar lo esencial en sí mismo y en su propósito, la reunificación del país. Al salir de prisión  puso su personalidad al servicio de esta reunificación.
Indicó las virtudes de aquello que quería y lo pudo hacer porque lo que defendía se sustentaba en el hondo sentido común que nos proporciona la conciencia: el amor que se manifiesta en la unidad. Estaba dispuesto a morir por el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas convivieran en igualdad de oportunidades.

Dice Antonio Blay:
Yo como personalidad no existo. Yo como personalidad sólo existo en interdependencia total, inevitable, con todo el resto. No existe nada que pueda calificarse de identidad separada. Eso no existe en absoluto. La fragmentación es producto de la visión del yo idea, pero es una unidad. Desde el punto de vista fenoménico somos una unidad inevitable con el todo y no podemos dejar de serlo.

Lo cierto es que no es necesario vivir una situación crítica para comprometernos en este trabajo de honestidad y descubrimiento. Lo crítico es dejar que el personaje funcione por nosotros y desperdicie las  posibilidades que nuestra naturaleza nos da. En cada momento de nuestra vida estamos decidiendo si optamos por el trabajo hecho a conciencia o nos dejamos llevar por los mecanismos aprendidos. Somos un punto en la conciencia de Dios, así que antes o después volveremos experimentar completamente la Totalidad. La gracia en está en descubrirlo ahora, en esta dimensión.