Archivo para el mes diciembre, 2013

Las dificultades: un medio eficaz para curar el orgullo

Lunes, diciembre 9th, 2013

LAS DIFICULTADES: UN MEDIO EFICAZ PARA CURAR EL ORGULLO

El orgullo es el problema más difícil de resolver y por eso no nos ha de extrañar que quien desee trabajar de veras en la vida espiritual se encuentre enfrentado a dificultades, problemas y contrariedades de todo tipo, y que muchas veces sea víctima de grandes injusticias. ¿Por qué? A veces porque la persona se «desconecta» de su entorno y no sabe ver las leyes más simples de la vida. Otras veces esto sucede porque sólo cuando la persona se encuentra con dificultades, cuando tiene que movilizar todos sus recursos interiores, cuando se enfrenta con cosas imposibles -cuando vive su impotencia, su limitación, cuando se da cuenta de que está ante algo que no puede solucionar, cuando se enfrenta a la crítica, al ridículo, inerme, sin poder hacer nada-, si sabe estar atento y consciente, aquello se convierte en una oportunidad extraordinaria para descubrir la no-realidad de su yo personal.

Sólo cuando uno se enfrenta con la negación de todo aquello sobre lo que se apoya es cuando puede neutralizar y deshacer la crispación que se ha formado sobre la idea de sí mismo. Cuando uno ve atacado y destruido todo aquello que uno quería del modo más vehemente, entonces descubre que realmente ha sido un imbécil toda la vida, que ha estado jugando a ser un gran personaje y se lo ha creído, cuando en realidad todo lo que tenía de verdaderamente bueno le ha venido siempre no por sus propios méritos, sino de la única fuente de donde procede todo lo bueno.

Es preciso pasar por una especie de inmolación de lo personal. Sólo cuando uno afronta una y otra vez las dificultades, los obstáculos, las críticas, los desengaños, y no se limita a quejarse, a exclamarse, a hacerse la víctima, sino que se abre a la situación y procura ser consciente de sí y de la situación, entonces es cuando se produce la disolución de esa crispación, de ese gesto, de ese nudo que tenía en lo más profundo de su mente. Entonces es cuando se abre el paso al poder de la gracia que penetra y por sí mismo transforma, eleva, llena.

Hemos de llegar a comprender que todo nuestro trabajo de mejoramiento y de realización está protagonizado por Dios. No somos nosotros quienes trabajamos, quienes mejoramos, no somos nosotros quienes tenemos más virtud, más amor, más comprensión, más interés, ni más sabiduría. Es sólo la luz de la Verdad, la fuerza del Amor, la potencia de la Energía absoluta las que se manifiestan un poco más a través de nosotros y permiten que nuestra tontería quede en un segundo plano y se exprese un poco más la brillantez interna, la luz que nos llega de lo superior.

No hemos de crisparnos sobre nuestro trabajo de mejoramiento. Hemos de trabajar y a la vez hemos de abandonar todo trabajo, hemos de darlo todo, pero como si no hubiéramos hecho absolutamente nada. Hemos de aprender este doble gesto, este doble movimiento, de nosotros hacia arriba y, después, de arriba hacia nosotros; abrirse a la gracia es tomar el atajo más rápido que hay, no para llegar sino para permitir que nos llegue la verdad, la realización.

 


Economía y espiritualidad

Lunes, diciembre 9th, 2013

ECONOMÍA Y ESPIRITUALIDAD

Hace tres o cuatro años, en uno de los artículos publicados en www.aticzendo.com, planteé que la superación del actual sistema económico y social tendría que apoyarse necesariamente en la espiritualidad, porque sólo la espiritualidad era capaz de trascender la lógica del beneficio y la acumulación del capital. Lo que nunca me hubiera imaginado es que la iniciativa surgiera del Vaticano. Aquí tenéis algunos fragmentos significativos de la última publicación del Papa Francisco: Evangelii Gaudium.  

Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil.

Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la desigualdad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad.

Siempre me angustió la situación de los que son objeto de las diversas formas de trata de personas. Quisiera que se escuchara el grito de Dios preguntándonos a todos: «¿Dónde está tu hermano?». ¿Dónde está tu hermano esclavo? ¿Dónde está ese que estás matando cada día en el taller clandestino, en la red de prostitución, en los niños que utilizas para mendicidad, en aquel que tiene que trabajar a escondidas porque no ha sido formalizado? No nos hagamos los distraídos. Hay mucho de complicidad. ¡La pregunta es para todos! En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda.

A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer a un pueblo.

No cuesta mucho reconocer en estas palabras el espíritu que llevamos transmitiendo desde hace tiempo y que resaltamos especialmente en las reflexiones de los Retiros de Oseira. La novedad es que en estos momentos podemos preguntar a nuestros queridos gobernantes, tan católicos ellos, qué están haciendo para acomodar su política a estas directrices del Vaticano. Porque ahora empieza a ser evidente que lo que ellos llaman orden, desde el punto de vista de la espiritualidad, es decir, desde el punto de vista de la naturaleza humana, no es más que arbitrariedad, injusticia y prepotencia.

Pero nada de esto se puede modificar sin cambiar el sistema económico. También el Papa lo denuncia:

Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano!

Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esta minoría feliz. Este desequilibrio proviene de las ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no tiene límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar los beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.

Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo a Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la percibe como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado.

Y sin embargo, nuestros gobiernos protagonizan una carrera desenfrenada cuyo objetivo es privatizarlo todo, devolver al mercado lo que años de lucha social había conquistado. De la misma manera que el Papa ha convocado una especie de congreso para dentro de dos años con el objetivo de hablar de la familia, estarían bien que convocara otra para hablar del sistema económico y proponer una alternativa al estado de cosas que denuncia. Porque esperar que los poderosos colaboren en el cambio o lo protagonicen es algo que parece imposible incluso para los milagros.

Mientras tanto, por favor, procuremos difundir estas palabras. Sobre todo en los ambientes católicos. El Papa también hace un llamado en este sentido:       

La cultura mediática y algunos ambientes intelectuales a veces transmiten una marcada desconfianza hacia el mensaje de la Iglesia, y un cierto desencanto. Como consecuencia, aunque recen, muchos agentes pastorales desarrollan una especie de complejo de inferioridad que les lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones. Se produce entonces un círculo vicioso, porque así no son felices con lo que son y con lo que hacen, no se sienten identificados con su misión evangelizadora, y esto debilita la entrega. Terminan ahogando su alegría misionera en una especie de obsesión por ser como todos y por tener lo que los demás poseen.

Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista– siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra.


Sobre la reserva a la hora de comentar los artículos

Lunes, diciembre 9th, 2013

SOBRE LA RESERVA A LA HORA DE COMENTAR LOS ARTÍCULOS
Publicado por Jordi Calm

En la pasada asamblea anual de ADCA, algunos de los asistentes hicieron mención de la dificultad que encuentran en comentar los artículos que salen cada mes en la web, como este mismo, ya que observan en ellos un nivel y profundidad ante los cuales creen que cualquier cosa que digan no aportará nada al mismo, que en lugar de enriquecer no se hará sino empobrecer lo que ya está escrito.

Este comentario generó una cierta desazón en los redactores, ya que convertía el esmero con el que se emplean para ofrecer unos materiales dignos de ser leídos y comentados en una especie de boomerang que se volvía en contra de su propia finalidad.

Cuando oí estos comentarios, me vino a la cabeza el silencio que se produce al acabar la exposición inicial en las charlas previas a los cursos que, personalmente, estoy dando desde hace años. En ese lapso de tiempo, que parece eternizarse pero al que la práctica ha ido restando inquietud, siempre doy por sentado que mucha gente tiene serias dudas sobre la idoneidad de la pregunta que quiere formular, si es algo demasiado simple u obvio, si es algo que por cualquier motivo le da reparo comentar, etc. Sin embargo, he de decir que cuando alguien da el primer paso y toma la palabra, cosa que afortunadamente hasta ahora siempre ha sucedido, la respuesta y los comentarios que provoca esta primera intervención no sólo genera nueva información que enriquece sobremanera la explicación inicial, por académicamente correcta que ésta haya sido,  si no que, además, da pie a otras cuestiones que, al abordarse ya de forma abierta, permite entre otras muchas cosas que las personas hagan bajar a la tierra, a su realidad particular, los conceptos y las propuestas que, con carácter más genérico se han expuesto en un principio.

Creo que es importante reseñar que estos comentarios en las charlas rara vez pretenden situarse en el mismo plano que el discurso inicial, no procuran -ni se preocupan por- estar al mismo nivel, ni por encima, ni por debajo, de nada, sino que en la mayoría de casos todo su interés se centra o bien en solicitar alguna aclaración o ampliación sobre algún tema concreto, o bien en aportar una experiencia particular que, por si misma, propone una relectura determinada de algún tema. En cualquier caso, suele suceder que otras personas se añaden a la tertulia y entre unos y otros se consigue ampliar y profundizar ese aspecto que el grupo ha considerado oportuno tratar, en un proceso que es, por su propia naturaleza, muy enriquecedor para todo el mundo, ponente incluido. Un buen ejemplo de lo beneficiosas que son estas dinámicas lo tenemos, salvando las distancias, en el libro SER. Curso de psicología de la Autorrealización, de Antonio Blay; a poco que le echéis un vistazo podréis comprobar enseguida cuán distinto sería este libro sin las preguntas que los asistentes, sin duda salvando también algún apuro inicial, le formulan a Antonio.

He de decir que, además, en este caso de los comentarios hay algo que juega poderosamente a su favor, y es la propia razón de ser de estos artículos, y por extensión de la Asociación en sí, que no es si no poner a disposición de todos un tema relacionado con el Trabajo para que cualquier persona pueda compartir opinión y parecer con el resto de lectores. Y, en todo momento, lo que se pretende es que este intercambio tenga un carácter recreativo, entre personas que comparten o tienen simpatía por una determinada visión de la vida y del ser humano, la cual, no lo olvidemos, nos preserva de juicios y prevenciones del personaje. Si hemos tenido una vivencia relacionada en mayor o menor grado con lo expuesto, si conocemos algún tema afín que puede ser conveniente apuntar o, si, simplemente, hay algo que creemos que puede ser interesante, o divertido, o aclarador, exponer, ya tenemos de entrada tres motivos  para lanzarnos al ruedo y comprobar que este toro, en lugar de embestir, hace cosquillas agradables. Y podría encontrar fácilmente muchos otros incentivos, entre ellos el hecho de que, con estos comentarios, la ilusión con la que los redactores escriben estos textos tendrá la oportunidad de ser compartida con todos vosotros.


Todo está en el Silencio

Lunes, diciembre 9th, 2013

TODO ESTÁ EN EL SILENCIO

La práctica del Silencio debe ser aprendida; mejor dicho, debe ser aprendida la práctica de dejar lo que no es silencio, pues sólo así se presenta el Silencio. El Silencio no es algo que nosotros podamos manejar o manipular; el Silencio es algo que siempre está ahí y sólo hay que descubrirlo; y se descubre cuando se quita lo que lo cubre, cuando se quita todo lo que lo oculta a nuestra conciencia. Por eso el trabajo no se relaciona con el Silencio mismo, sino con las demás cosas. Es cuando yo suelto las demás cosas-porque no tienen nada que ver con el Ser esencial, con Dios, con la realidad-, cuando entonces viene el Silencio. Cuando veo que ninguna idea, sensación, acción, tiene nada que ver con la Realidad profunda de mí, del Ser, cuando me doy cuenta de esto, lo suelto todo, lo dejo ir todo y me quedo sin nada. Este aprendizaje de “soltar” y de desidentificación es el que hay que realizar.

Cuando me desprendo de todo y me quedo sin nada, cuando yo ya no soy nada específico, entonces soy simplemente consciente de la Conciencia de Ser, sin ser ninguna cosa.

Cuando se va ganado terreno en esta práctica, entonces cada vez es más fácil. Se va tomando conciencia del desplazamiento de la atención hacia la profundidad, hasta que se puede aplicar a voluntad. Y lo mismo se consigue soltando las cosas que pienso, siento y quiero, que trasladándome directamente de donde estoy habitualmente hacia más adentro; es lo mismo. Me doy cuenta de que al “soltar” las cosas se produce este desplazamiento en profundidad de mi foco de conciencia, pero también que trasladándome voluntariamente se suelta todo lo otro. Mediante la práctica se va ganando la capacidad de trasladarse más hacia dentro, hacia el fondo, pero después uno descubre que no es trasladarse, es dejar de estar fuera.

Al principio es como si hubiera un movimiento activo, y que en lugar de estar, diríamos, en la fila 23, se pasa a estar en la 10. Esto debe aprenderse a hacerlo a voluntad, hasta que- a base de repetir la práctica- se llega a la fila 8,7,6,  y finalmente uno se da cuenta que no se trata de llegar sino que se trata de dejar de estar en cualquier otro sitio, uno se da cuenta de que siempre está en el Centro.

Lo curioso de esta práctica del Silencio es que, cuando llega a vivirse, nunca más se olvida, es como si la conciencia  realmente hubiera nacido a una nueva dimensión. Cuando se toca fondo, cuando la experiencia es realmente de Silencio, aquello deja en uno algo tan profundo que jamás desaparece. Y a medida que va trabajando y actualizando este Silencio, queda cada vez más presente y uno se da cuenta de que es idéntico a la propia Identidad, y entonces  se vive en este Silencio.

Fragmento del libro: “Personalidad y Niveles Superiores de Conciencia” Ed. Índigo 1991, pág.268

 


La importancia de ADCA en el Trabajo Espiritual

Lunes, diciembre 9th, 2013

LA IMPORTANCIA DE ADCA EN EL TRABAJO ESPIRITUAL

El pasado 12 de octubre pude asistir a la realización de uno de mis sueños de todos estos años de dedicación al Trabajo espiritual de Antonio Blay. ADCA constituye un ámbito de relación de gente que está en el Trabajo para algo que está más allá de su propia evolución personal, de gente dispuesta a realizar un esfuerzo del que no se van a beneficiar ni ellos ni su familia sino otras personas que desconocen o conocen muy poco.

Gurdjieff dice que el Trabajo tiene tres aspectos que es indispensable atender para alcanzar al realización: el Trabajo a favor de uno mismo, el Trabajo a favor de los demás y el Trabajo a favor del propio Trabajo.

Estos tres aspectos atienden al ser, al amor y a la verdad:

El Trabajo sobre uno mismo sirve para darnos cuenta de que somos reales, que tenemos entidad por nosotros mismos y no somos un puro reflejo de lo que los demás piensan de nosotros. Si no hay un sujeto consciente y real, nada se puede hacer. Por eso el Trabajo destinado a reforzarse uno mismo es un primer paso indispensable.  Pero ya sabéis que cuando uno se descubre a si mismo se descubre como capacidad de ver, amar y hacer; capacidades que se actualizan porque el entorno las estimula. Sin embargo, este estímulo y esta actualización ya no es algo automático como los pensamientos, las emociones y las reacciones del personaje sino que requiere un interés real por el entorno. No porque el entorno me reconozca, me quiera o me proteja a mi sino por el entorno en sí, como algo diferente de mi pero que forma parte de mi realidad y está en mi conciencia.

En el momento que percibimos que los demás, los animales, las plantas y los objetos están en nuestra conciencia es cuando este interés, que de entrada es amor, se convierte en evidencia y verdad. Tal como lo definía Blay: el amor es el sentimiento derivado de la conciencia de la unidad del Todo. Cuando se tiene esta conciencia, entonces el Trabajo deja de ser un medio y se convierte en un fin: es la manera de vivir en y desde esta Totalidad que nos incluye. Así que la clave es el amor, el interés por los demás.

Pero claro, si no pasamos de la primera fase, si el Trabajo sólo es algo que nos ocupa en la medida en que nos refuerza personalmente, no puede progresar. Entonces es cuando nos quedamos en esta tierra de nadie en la que ya no nos importa lo que piensen de nosotros pero, quizás por eso mismo, tampoco nos importan los demás. Y el sentimiento de vacío se hace más notorio que nunca, porque somos como extranjeros en nuestra propia tierra y nuestra propia familia. A no ser que volvamos a mirar esta tierra, esta familia, la colectividad y la misma humanidad con los ojos del Trabajo.

La Asociación para el Desarrollo de la Conciencia y la Autorrealización se creó para ser una experiencia de este segundo nivel de desarrollo del Trabajo. Se creó para constituir un marco de intercambio de experimentos, ilusiones, consejos, ánimos e interés por cómo le va al otro el camino que recorre hacia la conciencia de la Totalidad. Y son varias las personas que lo están utilizando, que se preocupan cada mes por aportar algo nuevo que es al mismo tiempo testimonio personal y manifestación de un nivel de conciencia Superior.  De esta manera la luz se multiplica, porque cada uno procura compartir con los demás su propia experiencia. Y esto es lo que nos hace protagonistas del Trabajo y sembradores de conciencia  a todos sin exclusión.

Tenemos pues una herramienta inapreciable que nos permite ir más allá del círculo vicioso en el que solemos movernos cuando estamos en el personaje y nos proporciona un ámbito de actuación que refuerza y anima el yo experiencia. No queda más que animar a todo el mundo a invertir en él, porque este es un nivel Superior, del tipo que nos devuelve multiplicado el esfuerzo que hacemos.             

 


La vivencia del Trabajo en nuestro entorno laboral. Una realidad al alcance de todos

Lunes, diciembre 9th, 2013

LA VIVENCIA DEL TRABAJO EN NUESTRO ENTORNO LABORAL. UNA REALIDAD AL ALCANCE DE TODOS

El pasado sábado 12 de octubre tuvo lugar la primera Asamble Anual de ADCA. Fue una magnífica oportunidad para revisar el camino recorrido hasta el momento y también para compartir con todos los asistentes las excelentes perspectivas que la Asociación, gracias a la colaboración de todos, tiene en estos momentos.

Por la tarde se celebraron varias ponencias, de las cuales iremos dado cumplida cuenta en otros apartados de esta web.

Por mi parte, quisiera centrar el discurso de este artículo en las que tuvieron por motivo la exposición de diversas experiencias en la aplicación del Trabajo en el mundo laboral. En concreto, hay cuatro puntos que quisiera destracar.

1.- La constatación de la posibilidad.Fue un gran placer comprobar como varias personas habían hecho posible que las ideas del Trabajo dieran sus frutos más allá de una perspectiva personal que estuviera orientadaexclusivamente a su propio crecimiento interior. Por primera vez podíamos constatar con hechos concretos que esto era posible y, por ende, del inmenso potencial de Trabajo que difundimos en la Asociación

2.- La diversidad. Los sectores en los que se había incidido abarcaban tanto el sector público como el privado, desde grandes organizaciones a trabajadores autónomos. En todos los casos, dado un ambiente laboral concreto, y por diverso que éste fuera, la persona en cuestión había sido capaz de incidir en él y de obtener unos resultados que, a tenor de lo expuesto, podríamos calificar entre buenos y excelentes.

3.- El efecto transformador. En todos los casos, se hizo muy evidente que las acciones de estas personas habían modificado su realidad, habían aportado luz y vida a un determinada realidad profesional, la cual acogía esta aportación y adaptaba, si no modificaba, sus dinámicas habituales a raíz de estos estímulos, procurando en el proceso nuevos entornos más acordes a los parámetros del ser humano y del mundo que ofrece el Trabajo.

4.- La  inspiración. La ilusión que transmitían los ponentes en la exposición, y también la que vivieron en el momento en que tenía lugar las experiencias que decribían, fue sin duda una fuente de inspiración para todos. Cada uno de los asistentes escuchamos cosas con las que nos identificamos, realidades que ahora se nos hacían cercanas, posibles y, por qué no, factibles en nuestro entorno y dentro de nuestras posibilidades.  


Finalmente, quisiera compartir con todos los lectores de este artículo el buen sabor de boca que tanto estas ponencias como toda la jornada dejó en cada uno de los asistentes. La visión del ser humano y de la realidad que difunde la Asociación se mostró con una realidad y una fuerza como nunca la habíamos conocido hasta ese día. como una verdad cada vez más asentada y factible para todos los asistentes y, por extensión, para todas las personas que se relacionan con ADCA. Una verdad que no sólo dio fe de su potencial de manifestación, sino que me atrevería a decir que encontró también a unas personas ilusionadas y dispuestas a trabajar para seguir dándole forma.