Archivo para el mes noviembre, 2013

Los sentimientos. Costumbres y un buen uso

Jueves, noviembre 7th, 2013

LOS SENTIMIENTOS. COSTUMBRES Y UN BUEN USO
Publicado por Jordi Calm

En nuestra existencia todos vivimos en carne propia un abanico muy amplio de emociones y sentimientos, desde los que consideramos positivos, agradables y placenteros hasta otros más molestos, desagradables o perniciosos.

Al mismo tiempo, y como algo que con frecuencia se considera consustancial al ser humano, solemos ser muy sensibles a las dinámicas que generan estos sentimientos, hasta el punto de que para valorar cómo ha sido la vida de cualquier persona, si tenemos la noción de que su “balanza emocional” se decantó en vida del lado “negativo” fácilmente afirmaremos que esa persona no levantó cabeza. Podríamos decir, vox populi, que la mayor o menor vivencia de determinadas gamas de sentimientos parecen marcar la bondad o desgracia de una existencia: “Tuvo una vida feliz” o “fue un desdichado”.

En contraposición, en el Trabajo afirmamos que nuestra realidad esencial está hecha de inteligencia, amor y energía, y que el sentimiento inherente a esta naturaleza esencial es, en todo momento, la felicidad. Parece ser que nos encontramos pues ante una dicotomía entre esta afirmación de plenitud positiva de nuestra naturaleza esencial y la amalgama diversa y oscilante de registros emocionales que todos llevamos a cuestas con mayor o menor fortuna.

Hay, sin embargo, un camino de entendimiento para esta encrucijada el cual, curiosamente, atiende ambas partes.

Como sabemos a través del Trabajo, todo sentimiento es el resultado de un juicio previo, de una valoración que hacemos de determinada situación. Se nos dice también que, dependiendo del nivel de conciencia en el que estemos, esta emoción emana o bien de los prejuicios del personaje o de una visión despierta de esa situación. A poco que nos hayamos movido en este nivel de conciencia despierto, descubrimos enseguida que la observación de la realidad no conlleva ningún juicio negativo, sólo la constatación de determinada circunstancia, que, al poner verdadero interés en verla, nos propone una actuación determinada, actuación que no deja residuo y que es independiente del resultado obtenido, porque sencillamente hacemos lo mejor que podemos hacer. La paz, la calma y una sensación de bienestar y placidez que nos acompaña en estas dinámicas no hacen sino dan fe de que estamos, como mínimo, cercanos a esta experiencia de felicidad per se, plena, que en su día se nos anunció.

Si esto es así, y es algo que está en nuestra mano constatar experimentalmente, podemos deducir que el resto de registros emocionales, especialmente los negativos, aunque no sólo ellos, ya que también podemos reparar en algunos considerados positivos que suelen estar teñidos por ejemplo de excitación, tensión, u orgullo, en verdad no hacen sino mandarnos, a través de su manifestación, un mensaje muy significativo: estamos juzgando la realidad desde un nivel de conciencia limitado, parcial, sesgado. Así, la angustia denunciará un juicio severo, o una expectativa de futuro que se revela excesivamente pesimista; la tristeza por una relación perdida dará fe del excesivo optimismo con el que dibujamos en un momento dado una determinada realidad; y un sentimiento de inferioridad o de incapacidad, certificará un desajuste en las varas de medir que nos autoimponemos, muchas veces sin ni siquiera saber porqué.

Así pues, los sentimientos devienen un baremo, un indicador en grado e intensidad de nuestro nivel de conciencia.

Otra cosa es que sea fácil atender a los sentimientos desde esta perspectiva, y aprender a manejar su significado revelador. El principal problema reside en que debido a su fuerza, pero sobre todo a un hábito que se extiende y difunde de generación en generación, tendemos a identificarnos con nuestros estados de ánimo, a vivirnos en ellos a pesar del desgarro que nos puedan provocar, y del desajuste interior que revelan. En determinadas circunstancias, esta identificación puede hacer que la simple lectura de este texto genere, en quien se aferre a ellos con fuerza, una reacción incluso irritada con la que tratará de reafirmar su postura y, por tanto, se alejará de cualquier reflexión.

Sin embargo, para las personas que hacemos el Trabajo y que hemos tenido la oportunidad de transitar por niveles de conciencia despiertos sabemos que hay algo más, un lugar muy alejado de estas tribulaciones y del cual emana una calidad y una calidez muy superior, algo que se reafirma a sí mismo a pesar de la brevedad con la que lo degustamos, o precisamente por eso. Sabemos que podemos poner un contrapeso en el otro lado de la balanza, y que por poco que lo tengamos a mano, nuestra elección se decanta rápidamente hacía él. Está claro que tenemos que ir por ahí y, desde ahí, atender a los sentimientos y la información que nos descubren

Blay resumía toda esta exposición en unas pocas frases referidas en concreto al sufrimiento

El sufrimiento es la consecuencia del error; allí donde hay error inevitablemente hay sufrimiento. El sufrimiento nos está señalando allí donde nosotros estamos funcionando mal; aquello que nos hace sufrir nos está indicando concretamente algo que hemos de desarrollar más o algo que hemos de cambiar en su esquema.

Así pues, los sentimientos pueden devenir una guía completa de nuestra realidad interior, una guía riquísima en registros que nos permitirá, en tanto sepamos descifrarlos, calibrar nuestro estado actual a través de la percepción de un sentimiento en grado e intensidad, el cual no tan sólo avisará, sino que también orientará hacia la dirección correcta. Tenemos pues, un lenguaje por aprender, un lenguaje a través del cual, a medida que vayamos ganando en destreza, podremos acceder a un nivel de conciencia más elevado.


Prestar atención a lo que nos molesta

Jueves, noviembre 7th, 2013

PRESTAR ATENCIÓN A LO QUE NOS MOLESTA
Textos de Jordi Sapés

Todos llegamos al Trabajo porque queremos ser felices. Y tenemos derecho a ello porque esta es nuestra naturaleza esencial. El problema es que el personaje ha distorsiona la percepción de nosotros mismos y nos ha llevado a identificar la felicidad con el hecho de que ocurran determinados sucesos, al tiempo que nos prohíbe ser felices si estas circunstancias no se dan.

Nos cuesta mucho entender que la complejidad del mundo y la poca fuerza que tenemos individualmente convierten esta felicidad condicionada en una quimera. Y sin embargo, destinamos la mayor parte de nuestro tiempo y esfuerzos a manipular la realidad con la intención de alcanzar este objetivo. Así que es imprescindible que revisemos esta forma de enfocar la existencia porque es obvio que nunca nos conducirá a ser felices.

Si la felicidad la somos, no puede depender de las circunstancias porque lo que somos lo somos siempre, en cualquier situación. Y dado que la mayoría de situaciones por las que atravesamos ofrecen alguna dificultad que nos puede causar sufrimiento, tenemos que hacer el esfuerzo de entender cómo se puede ser feliz en estos momentos en vez de desgraciado. Para eso es preciso estar situados en unplano de conciencia superior al habitual y hacer justamente lo contrario de lo acostumbrado: procurar actualizar el amor que somos en estas circunstancias, especialmente aquellas que el personaje considera adversas para sus intereses.

Esta actitud supone pasar por encima del sentimiento habitual de rechazo que experimentamos en estas ocasiones y poner la atención en eso que se nos presenta como adverso. Normalmente no prestamos atención a lo que nos molesta, lo que hacemos es juzgarlo de forma peyorativa y rechazarlo emocionalmente, con lo cual sólo conseguimos dar mayor fuerza a la negatividad. Prestarle atención implica reconocerlo como real, con la misma realidad que nos adjudicamos a nosotros. Reconocerlo como real no es lo mismo que aceptarlo porque de entrada me seguirá pareciendo mal; aunque veré la inutilidad de pretender que desaparezca. Nosotros somos y estamos aquí por derecho propio; y esto que nos molesta, también. A lo mejor ni tan siquiera se ha enterado de que nos está molestando. Pero lo que es seguro es que no ha venido a este mundo con el propósito de interferir en nuestra existencia. De hecho, la comparte, forma parte de ella; por eso no desaparece por más que le proyectemos pensamientos y sentimientos negativos.

Cuando la presunta molestia es un ser humano, el personaje lo utiliza para hacernos buenos, por comparación. Eso es fácil de conseguir: cuanto peor resulta ser la gente que nos rodea, más brilla nuestra bondad. Así que queda claro que somos buenos; pero no felices, porque por bueno que uno sea, es imposible ser feliz cuando estás rodeado de gente mala. Así que mejor optar por la recomendación que nos da el Evangelio y que nos insta a amar a nuestros enemigos, porque los enemigos son tan nuestros como los amigos: nadie nace amigo o enemigo, somos nosotros que los hacemos amigos, si favorecen nuestros intereses, o enemigos, si los perjudican.

Pero aunque su conducta, o su mera existencia, represente una dificultad para nuestros propósitos o proyectos, esta existencia forma parte de la realidad que les incluye a ellos y a nosotros; así que lo inteligente es incluirlos también en nuestra conciencia en vez de rechazar la realidad como injusta o equivocada.

Quizás, después de tantos años de escuchar que para ser bueno hay que perdonar a los demás, conviene resaltar que perdonar no es una alternativa propia de gente buena sino de gente lista. En vez de decir: “no seas malo”, quizás sea mejor decir: “no seas estúpido”; a ver si de esta manera hacemos más caso de las recomendaciones de lo Superior. Porque así como la bondad es algo de lo que parece que podemos prescindir o dejar para más adelante, de la inteligencia no conviene pasar; porque andar equivocado expresamente no presenta ninguna ventaja.


El sentido de la vida a través de la presencia de Dios

Jueves, noviembre 7th, 2013

EL SENTIDO DE LA VIDA A TRAVÉS DE LA PRESENCIA DE DIOS

El sentido de la vida no es sólo el sentido global de la vida, es el sentido de cada instante de la vida, pues si yo no vivo este sentido en cada instante, yo no podré realizar este sentido. En mi etapa de búsqueda, el sentido de la vida es encontrar la plenitud; luego, si éste es el sentido de la vida, éste es también el sentido de cada momento de la vida, de cada circunstancia; porque «la vida» es un término demasiado general, y si me conformo con esta idea general descubriré que mi conducta particular está muy lejos de este objetivo. Es convirtiéndolo en objeto efectivo de ahora y del momento siguiente como yo realizaré este objetivo. Es, pues, una consigna de cada momento. ¿Estoy abriéndome ahora a lo que es la plenitud, la felicidad, el ser, la verdad, me estoy abriendo a ello? ¿O estoy esperando que algo o alguien me dé un poco más de afirmación o de satisfacción?

Esta perspectiva se podrá ir rectificando mediante la práctica de la meditación y de la Presencia. Esto, al principio, puede darnos la impresión de que nos aísla de las personas, de que disminuye el estímulo, el interés, la motivación que antes teníamos; y es que, ciertamente, la motivación cambia, pero cambia para mejorar. Porque mi motivación será interna, la de expresar algo que vivo, y el resultado será mucho más pleno que si estoy crispado por si me sale bien o mal lo que tenga que hacer.

Somos instrumentos de Dios

Nosotros somos como unos instrumentos conscientes, inteligentes, en manos de Dios, para poder expresar un poco más Su plenitud en la tierra. Somos canales para poder iluminar -mediante Su acción a través de nosotros- un poco más a los demás. No porque yo tenga que enseñar nada ni porque tenga que cambiar o iluminar a nadie, sino solamente porque dejo que Dios a través de mí haga su trabajo de iluminación, de redención. No soy yo quien hago; sólo dejo que Dios haga en mí y a través de mí. En el momento en que creo ser yo, personalmente, quien hace algo, estoy ya cerrando esta apertura hacia Dios, esta puerta de entrada de Dios en mí.

Para que Dios actúe en nosotros es preciso mantener nuestra mente y nuestra afectividad abiertas a su Presencia. Entonces, toda vida adquiere un sentido nuevo. No en el sentido de realizar grandes cosas, pues la vida más aparentemente minúscula y aislada puede adquirir entonces una enorme significación, al convertirse en un canal de transmisión de un poco más de luz, de paz, de fuerza, de gozo, para los demás. Es un trabajo que nos transforma y a la vez hace más felices a los otros.

No se trata de vagos sentimentalismos; se trata de algo tan real como las cosas más reales que existen. Precisamente, yo no he de tener una actitud sentimental -en el sentido peyorativo que se da a la palabra- al tratar con los demás; yo he de tener una actitud entera, sólida, maciza, pero con una gran apertura interior a Dios presente en mí. Y entonces, dentro de mi actitud decidida, clara, sólida, fuerte, se filtrará algo que el otro percibirá, o le beneficiará aunque no se dé cuenta; algo que será una auténtica ayuda para el otro, sin que yo mencione nada relacionado con la vida espiritual, sin necesidad de mostrarme como un apóstol o como divulgador de alguna ideología. Es algo secreto, es algo entre Dios y yo; pero dejando el sitio disponible para que Dios haga su trabajo a través de mí. Esta experiencia está al alcance de todos, pues Dios no tiene ninguna preferencia. Toda persona que tenga una sincera aspiración y la intuición de la Presencia y existencia de Dios en todo, tiene a su disposición esta experiencia, pero hay que estar allí, hay que ir a por ello.

No nos lamentemos de los problemas, de las circunstancias, etc. En lugar de lamentarnos, trabajemos para abrirnos a la Fuente, trabajemos para la solución única, real. Con esta práctica todos los problemas de inseguridad, tensión, depresión, neurosis, fobias, filias, etc., todo se desvanece como se funde un pedazo de hielo a la luz del sol. Todos los problemas existen sólo por defecto de esta Presencia Divina, porque lo positivo ha dejado de expresarse de un modo intenso y lo negativo lo sustituye, pero sólo como ausencia temporal de lo positivo. Todos los estados de miedo, de angustia, no son más que esta ausencia de la Conciencia de ser. Todos los problemas son ausencia de Dios; con su Presencia todos los problemas psicológicos se derriten, desaparecen. Pero hemos de abrirnos, cultivar, vivir esta Presencia mediante la receptividad y el silencio.


Sobre el amor

Jueves, noviembre 7th, 2013

SOBRE EL AMOR
Textos de Antonio Blay

Estamos acostumbrados a pensar que el amor es una cualidad que depende siempre de alguien: el amor es algo que doy a alguien y que alguien me da a mí. Efectivamente, esto es así a un nivel de la personalidad en que aparece como si fuera una cosa transitiva, que se comunica, que se traslada del sujeto al objeto. Pero, pensemos que este amor es sólo una manifestación elemental de lo que es el verdadero Amor. El verdadero Amor es el estado de éxtasis de Ser, es la conciencia de plenitud de Ser del todo. El Ser, cuando se vive directamente, es un estado tan perfecto, tan total, tan único, tan simple, tan complejo, que se transforma en felicidad suprema. El Amor es esta conciencia subjetiva de realidad, de unidad, de simplicidad, de plenitud. Esto es el Amor. Sólo en el aspecto personal esta plenitud interior se desborda, se exterioriza en un grado menor; a esto es a lo que llamamos amor transitivo.

Lo mismo ocurre exactamente con una flor: la flor no necesita dar su perfume a nadie, pero la naturaleza de la flor es que su perfume se irradie; por el mismo hecho de ser perfume, irradia perfume, pero no es que su función sea la de irradiar, es su misma naturaleza lo que hace que esta consecuencia sea inevitable. Y lo mismo vemos en el sol: su naturaleza consiste en ser luz y esta luz tiene su razón de ser en llenar el cielo de luz dando lugar a lo que llamamos día. Su naturaleza consiste en ser luz y esta luz tiene una razón de ser en sí misma, que es única y simple; lo que sucede es que esta razón de ser se manifiesta de un modo irradiante, pero no posee este carácter transitivo con el que se nos manifiesta. Igual pasa con el Amor: el Amor es la conciencia subjetiva de Ser, la felicidad de Ser del todo, y esto, inevitablemente, trasciende, se irradia. Todo lo que llamamos amor en nuestro mundo fenoménico, en el mundo de la personalidad, no son nada más que unos pequeños aspectos de esta irradiación del Amor que Es. De hecho, son muchas las personas que tienen problemas en este campo afectivo; podemos decir que un noventa por ciento de los problemas que tienen las personas en general provienen del hecho de no sentirse amados, de la frustración, de los fracasos afectivos, de los desengaños, de la soledad. Y son simplemente problemas de la personalidad. Lo que ocurre es que la persona está intentando vivir del exterior una cosa que ya es de un modo total en su centro. Estos problemas no existirían si la persona tomara conciencia de que el Amor es algo de su propia naturaleza, que es un Amor cuyo papel es el de irradiar, y no el de recibir.

El amor genera amor.

Cuanto más amor demos, más amor viviremos, y cuanto más amor demos y vivamos, en este sentido activo, paradójicamente, más amor nos devolverá el mundo, aunque esta segunda matización sea secundaria. Hemos de aprender a vivir lo que somos, a amar no proyectándonos en alguien, sino porque nuestra naturaleza es ser amor, ser feliz, aunque las circunstancias no favorezcan nuestros deseos, porque nuestra felicidad es algo que Es intrínsecamente. Por tanto, dejemos la puerta abierta para que lo que está en el centro salga y se irradie. Nada ni nadie nos podrá quitar o disminuir esa plenitud, ese amor, esa felicidad, ese gozo, esa alegría. Es algo semejante a lo que sucede con la belleza: podemos ir a institutos de belleza, o hacer todo tipo de arreglos en los vestidos, peinados, etc.; sin embargo, la belleza solamente puede salir de dentro. Somos belleza y hay que dar salida a esa belleza que somos. En la medida en que lo consigamos, se expresará en nosotros armonía y belleza, aunque desde un punto de vista geométrico, desde un punto de vista de formas, esta belleza no encaje con los esquemas estéticos de una época, de un momento dado. Habrá una belleza –aunque nuestros rasgos físicos sean desastrosos- que tendrá un valor mucho más considerable y que todo el mundo percibirá; es una belleza que, a medida que transcurra el tiempo, crecerá, pues no depende de nada. Nadie nos puede dar esa belleza; en cambio, sí que podemos hacer que esta belleza crezca más y más, viviéndola y expresándola.


Las dificultades en el trabajo interior. Una reflexión global

Jueves, noviembre 7th, 2013

LAS DIFICULTADES EN EL TRABAJO INTERIOR. UNA REFLEXIÓN GLOBAL
Publicado por Jordi Calm

En el Trabajo, y de hecho en todo esfuerzo sostenido que hagamos por progresar en algún aspecto de nuestra vida, suele suceder que, tras unos inicios que pueden ser más o menos prometedores, nos toca enfrentarnos a situaciones externas que percibimos como complicadas o, en otra cara de la misma moneda, a procesos internos que nos generan bloqueos y parones para los que a veces ni siquiera sabemos encontrar ninguna explicación. De una forma u otra, afrontamos escollos que vivimos con una cierta gravedad, y que fácilmente nos hacen dudar de nuestras capacidades; de hecho, es probable que unos cuantos de nosotros, si en su momento no hubiéramos tenido a alguien al lado que nos orientara, hubiéramos dado por fracasada esta experiencia de desarrollo interior.

A medida que vamos superando algunas de estas crisis, porque el hecho es que se suceden con una cierta periodicidad en formas y maneras diversas, va creciendo en nosotros una confianza, una valentía que a veces hasta nos sorprende; ya no vivimos estos conflictos con los miedos, angustias o pánicos iniciales, si no que nos sabemos con recursos para afrontarlos, recursos que, si bien en los primeros escarceos no siempre tenemos claro cuándo y cómo van a salir, constatamos que acaban por aparecer, y nos llevan a un desenlace que resulta enriquecedor, aunque es verdad que no siempre a la carta.

Es importante destacar que, mayoritariamente, el proceso que sufrimos hasta salir de estas situaciones es en mayor o menor grado convulso, y siempre transformante; al final hay partes de nuestra personalidad que se diluyen o pierden fuerza y otras que se expanden, o bien surgen sin más para manifestarse y asentarse en nuestra conciencia, y en nuestra vida. Este intercambio siempre deviene provechoso, porque se aprecia que lo que se disgregó estaba en un nivel de conciencia más bajo que lo que finalmente ha ocupado su lugar, y que la vivencia de nosotros y de la realidad, si es que se puede separar, aumenta y se hace más rica, más plena, y también más real.

Esta constatación de una mayor autenticidad en nuestra vida a medida que vamos superando (aprovechando para el símil que la vuelta ciclista está en liza) puertos de montaña de diversa categoría genera un efecto curioso, y es que a la que vemos las cosas con algo de perspectiva emerge en nosotros una especie de intuición de que todo ha tenido, y por lo tanto tiene y tendrá, un sentido; que todo lo que ha ido sucediendo es, precisamente, lo que nos ha llevado a esta vivencia actual cada vez más genuina y veraz que tenemos de nosotros, del mundo que nos rodea, y de la realidad. Esta intuición es, como tantas cosas en el Trabajo, gradual pero fidedigna.

Podríamos llegar a preguntarnos -o, quizá, a darnos cuenta- si lo que realmente sucede es que, en ciertos niveles, la realidad inmensa y transpersonal que somos no está haciendo sino tirar de nosotros a través de estas dificultades para que nos abramos paso hacia ella. Al escribir estas palabras no puedo dejar de recordar las palabras que Blay pronunció en el seminario que fue el origen del libro La realidad : “Si yo os dijera que lo que se ve cuando se está despierto es que nunca se ha dormido, eso no lo creeríais…” el silencio y las risas desorientadas que siguieron a sus palabras dan fe de que, de entrada, no es una afirmación fácil de asumir.


El Papa Francisco

Jueves, noviembre 7th, 2013

EL PAPA FRANCISCO

En círculos eclesiásticos se cuenta un chascarrillo que ha tomado relevancia estos últimos meses. Se refiere a una discusión que implica a la Santísima Trinidad:

Cuentan que el Padre llama al Hijo y le comunica que las cosas en la Tierra andan muy mal y tendrá que volver a bajar a nuestro planeta. El Hijo se niega en redondo, aduce que en su anterior descenso lo pasó muy mal y no está dispuesto a repetir la experiencia. El Padre insiste, dice que es algo que no puede eludir pero Hijo se resiste. Total que interviene El Espíritu Santo diciendo: No os enfadéis, ya bajaré yo, que no he estado nunca en el Vaticano y me hace gracia visitarlo.

Bien, pues parece ser que esta visita se ha hecho realidad: tenemos un nuevo Papa que habla y se comporta como si hubiera entendido el Evangelio. Fijaros lo que dice en diversas declaraciones.

La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad, favoreciendo sus expresiones concretas

Veo con claridad que la Iglesia necesita curar las heridas y dar calor a los corazones de los fieles con su presencia y proximidad. La veo como un hospital de campo después de una batalla. Es absurdo preguntarle a un herido grave si tiene colesterol o tiene el azúcar alto. Primero hemos de curar su herida y después podremos hablar de lo demás.

La religión tiene derecho a expresar sus opiniones al servicio de la gente, pero Dios ha hecho al ser humano libre y no podemos inmiscuirnos espiritualmente en su libertad.

El confesionario no es una sala de torturas sino un lugar en el que el Señor nos estimula a actuar lo mejor que podamos.

El anuncio de la salvación es previo a las obligaciones morales y religiosas. Pero hoy día da la impresión de que lo estamos planteando al revés.

Dios está presente en la vida de todas las personas, en la vida de cada uno. Aunque la vida de esta persona sea un desastre, se entregue al vicio, a las drogas o a cualquier otra cosa. Dios está presente en su vida. Aunque la vida de una persona parezca un terreno lleno de espinos y hierbajos, siempre es un espacio en el que la buena simiente puede crecer. Tenemos que confiar en Dios.

La mujer ha de tener un papel más importante en la Iglesia y ha de estar presente en los lugares en los que se toman las decisiones importantes.

Solidaridad es una palabra que corre el riesgo de ser cancelada del diccionario, porque molesta. Porque te obliga a mirar al otro y darte al otro con amor.

Violencia, explotación, discriminación, marginación, planteamientos restrictivos de las libertades fundamentales, tanto de los individuos como de los colectivos, son algunos de los principales elementos de pobreza que se deben superar. Precisamente estos aspectos caracterizan muchas veces los movimientos migratorios, unen migración y pobreza.

Donde no hay trabajo falta la dignidad, es difícil tener dignidad sin trabajar; el trabajo es dignidad, llevar el pan a casa, y amar. Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema económico que lleva a esta tragedia. Un sistema económico que tiene en el centro un ídolo que se llama dinero. Pero Dios ha querido que en el centro del mundo estén el hombre y la mujer y que lleven adelante el mundo con su trabajo, y no el dinero.

Parece imposible pero tenemos en el Vaticano un papa que piensa igual que nosotros. Y como era de esperar, la Conferencia Episcopal Española, los obispos de un estado que tiene 6 millones de parados, no se ha hecho eco de estas palabras.

Pero nosotros sí que tenemos que divulgarlas y exigir que la Iglesia que administra los obispados y las parroquias se haga eco de las mismas. A nosotros nos conviene que una institución que mantiene una influencia tan importante como la Iglesia Católica vuelva a predicar el Evangelio de una forma clara y práctica. Así que atentos a lo que sucede en el Vaticano.