Archivo para el mes septiembre, 2013

Los adolescentes y el sentido de la existencia

Viernes, septiembre 6th, 2013

LOS ADOLESCENTES Y EL SENTIDO DE LA EXISTENCIA
Publicado por Jordi Sapés

A los dos últimos artículos de Nico y Miquel, que exponen cómo están aplicando el Trabajo en su actividad profesional, quiero añadir este mes otro aspecto práctico que destaca en muchos de los alumnos que tienen hijos: la actividad profesional de padre y madre en la etapa de la adolescencia.

Esta es una etapa en la que los jóvenes se enfrentan con el sentido de la existencia. No pueden seguir obedeciendo sin más las indicaciones de la familia sino que necesitan constatar personalmente que aquello que se les propone merece la pena.

A menudo, esta comprobación personal debuta con un rechazo total a los patrones familiares: los padres se quedan profundamente desconcertados y con la impresión de que la educación que han dado ha sido totalmente inútil. Después, pasado un tiempo, se constata que esto no es así, que el joven simplemente había decidido ponerla en el candelero para poder examinarla. Esto no significa que la vaya a aceptar en bloque y de una manera acrítica, pero podemos estar seguro de que si hemos sabido transmitirles estructura y coherencia, van a emplear esta estructura para edificar su propio proyecto. Así que lo que más nos asusta: la supuesta desorientación, solo es algo transitorio.

Sin embargo, este tránsito se está haciendo cada vez más complicado, porque cuando el joven se pone a examinar los valores y las propuestas que hemos intentado transmitirle, mira a su alrededor y no las encuentra por ningún lado. Lo que encuentra es un monumental desaguisado, una especie de “sálvese quien pueda” encabezado por unas instituciones desacreditadas que han sustituido el poder de convicción por la imposición pura y dura basada en el “cuidado que puede ser peor”.

Siempre podremos proponer a nuestros hijos que se indignen pero, una vez indignados, no pretendamos que regresen al “buen camino” porque el buen camino, simplemente ha desaparecido. Para los jóvenes, las cosas ya no pueden ser peor; así que lo único que les queda es la evasión del fin de semana. Y entre semana, se aburren porque no encuentran nada que les estimule a esforzarse.

Excepto la espiritualidad. ¡Quién lo iba a decir! Y sin embargo, con el materialismo haciendo aguas por todas partes, no podíamos esperar las buenas noticias de otro lado que no fuera los ideales.

A ver si en esta generación somos capaces de iniciar el proceso que ha de llevarnos a trascender la vieja polaridad del espíritu y la materia. Está claro que el consumismo no da para más, ni en el plano material ni en el psicológico. Ya no podemos exigirles a los jóvenes que trabajen; y tampoco que estudien para encontrar más tarde un trabajo mejor pagado. Lo que tenemos que hacer es detener esta locura que lo está destrozando todo y exigir que el ser humano recupere el control de la sociedad.

Un compañero del Trabajo comentaba en su último diario que al ir a  levantar a sus hijos de la cama se he quedado observándolos y los veía hermosos, los percibía como dos personitas que van creciendo y haciéndose mayores, que dentro de poco empezarán a preguntarse por el sentido de la vida, tendrán sus problemas que deberán solucionar, sus desengaños, sus alegrías… se veía a sí mismo, les observaba a ellos y la vida le parecía un verdadero milagro.

Y es cierto, la vida es un milagro que se expresa a través del ser humano. Así que cuando hablamos de retomar el control de la sociedad, no nos estamos refiriendo a cuestiones políticas, a formas de representación electoral o a modos de organización administrativas. Eso vendrá después, a continuación. Pero antes tenemos que conseguir que nadie se atreva a proponer la concesión de un préstamo a un país a cambio del despido de 10.000 funcionarios. O a permitir que aumente el hambre del África subsahariana porque resultan más rentables los cultivos destinados a la producción de carburantes que los que tienen por finalidad dar de comer a la gente.

Los periódicos están llenos de noticias de este tipo. Y eso hay que pararlo; incluso, si es preciso, mediante la desobediencia civil. Así que procuremos no pelearnos con nuestros hijos en un intento de defender el sistema, porque lo único que vamos a conseguir es aparecer ante sus ojos como colaboradores y responsables del mismo. La estructura que nosotros les queremos trasmitir se basa en la naturaleza y dignidad del ser humano y por lo tanto es incompatible con el actual desorden económico y social.

Y si resulta que su dignidad como seres humanos que están alcanzando la madurez  ya no se puede expresar y vehicular a través del trabajo laboral y del progreso material, habrá que buscar otras formas de hacerlo, de ser protagonistas de la propia existencia, actuando con finalidades diferentes de la remuneración o la consecución de títulos académicos. Lo que es evidente es que la alternativa no es “distraerse” o “relajarse” sino todo lo contrario: luchar.

Pueden luchar, por ejemplo, por el derecho a saber y por el derecho a hacer un trabajo en el que se sientan creativos; por el derecho a participar en las decisiones que les afectan, a desarrollar su sensibilidad en el ámbito del arte, a participar en el progreso del conocimiento mediante la investigación, a profundizar en la gestión colectiva de la sociedad, y muchas otras cuestiones que tenemos sobre la mesa en estos momentos.

Claro que para eso, nosotros tenemos que darles ejemplo. Si lo que perciben en los adultos es que nos limitamos a criticarlo todo y, además, les incluimos a ellos en esta crítica, no podemos pretender que hagan algo diferente de llevarnos la contraria y quejarse todavía más alto.   


El Trabajo en la convivencia

Viernes, septiembre 6th, 2013

EL TRABAJO EN LA CONVIVENCIA
Publicado por Rosa Bachs

Cuando trabajaba en la enseñanza, concretamente en educación visual y plástica, tenía los conceptos que debía transmitir a los alumnos muy claros. Uno de ellos era el de la diversidad del conjunto mediante la expresión única de cada uno de ellos. Este concepto era coherente con la manera de estimular, corregir y evaluar.  Los alumnos confirmaban que lo experimentaban tanto en su obra como en sus comentarios. 

Sin embargo, al relacionarme con la pareja yo extrañaba que no supiera aplicarlo con la misma eficacia. Y es que la convivencia implica muchos factores de la personalidad y luchas de poder del personaje, con proyecciones la mayoría de las veces inconscientes

Todo esto es difícil de manejar, pero con la ayuda del trabajo he podido observar que la idea que tenía de cómo debían comportarse los demás, implicaba unas expectativas idealizadas y ego-centradas.

La vida me ha ayudado a experimentar que un amor más completo no se basa sólo en la coincidencia de gustos, intereses, necesidades y proyectos. Esto es afinidad, y es una experiencia de amor limitada. Tenía esta idea de afinidad grabada con mucha fuerza, debido a que había puesto la atención en mí persona, y deseaba que el universo la reconociera. Necesitaba fundirme en lo que creía era mi identidad. Pero esta identidad no es la real. Solo es un instrumento para que apliquemos nuestras capacidades verdaderas. Para actualizarlas necesitamos ir más allá de nuestra persona. En la capacidad de comprender surgen sucesivos grados de amor, en los que la perspectiva de lo otro se va ampliando y el abrazo se va agrandando hasta integrarlo, incluído el lado oscuro del sentir.

La realidad me ha mostrado que las coordenadas que primero nos unieron, habían surgido  del plano espiritual. Si bien en su momento me di cuenta de ello, ignoraba cómo se concretaba en el plano existencial y cómo esta concreción podía implicar un reto espiritual: había que lidiar con la resistencia que imponía la interacción de los personajes y las fuerzas inconscientes que conllevan, así como los intereses contrapuestos de las personalidades. Estar presente, observar con absoluta sinceridad y reconocimiento del otro. Pacientemente y escuchando sin pretensiones, la interacción en la relación ha ido cambiando con el paso de los años. Y es que lo existencial, es variable y efímero por naturaleza. Ahora veo que todos los cambios eran necesarios para lograr el desarrollo que sólo la vida sabe.  Pero lo importante es que el esfuerzo en el trabajo ha incidido substancialmente en la relación, y por extensión en las demás  relaciones.

El trabajo ha consistido en superar paulatinamente el nivel de conciencia existencial  tal como lo experimenta el personaje y percibir que sus dificultades son un cuento absurdo y aburrido. En el intento de superarlo desarrollo las capacidades en las que ando más floja. Entonces las resistencias y crispaciones se van soltando y voy experimentado la paz de lo real. No es que me haya librado de bajar de nivel de conciencia, pero me es mucho más fácil volver al referente que ya tengo experimentado como estado de conciencia más despierto.

En el nivel existencial sigo teniendo mis propios intereses y he ganado en libertad para afirmarlos y realizarlos. He podido cortar la codependencia que me ataba al esquema  histórico familiar y socio cultural que tenía de la relación de pareja. Lo que la vida me trae lo tomo como un estímulo, un reto para investigar, comprender e integrar, y puedo observar que mis intereses se han establecido en un arco de preferencias mucho más amplio, que puedo sustituir sin alterarme.

Ahora amo sin exigir determinadas respuestas que no corresponden al modo de expresarse del otro. Vivo en profundidad al ser único con el que me relaciono con sus peculiaridades, historia y modos. No niego al otro y tampoco me niego yo. Observo, comprendo. Expreso mi  vivencia y punto de vista desde la serenidad. La observación la he ejercitado  con continuidad, atribuyéndome la responsabilidad en las actitudes y reacciones. La experiencia actual  es gozosa y sin residuos con un sentimiento de frescura e inocencia, experiencia que puedo extender al resto de mis relaciones. Al reconocer y amar al ser que nos une, he podido trascender el nivel de encuentro y realizarlo en un plano más profundo.


La depresión. Niveles y causas

Viernes, septiembre 6th, 2013

LA DEPRESIÓN. NIVELES Y CAUSAS

Existe la depresión orgánica como resultado de una disminución de las energías físicas, de un cambio metabólico, un cambio en la circulación o en la presión sanguínea, etc. Todo esto puede producir una depresión basada en lo fisiológico con unas consecuencias psíquicas derivadas de aquélla. 

Y también existe la depresión a nivel del yo-idea, cuando una experiencia se vive como negativa del propio valor. Cada vez que alguien de importancia para nosotros nos niega nuestro valor como persona, el valor de nuestras posibilidades o de algo que hemos realizado, de algo que vivimos como el yo, aquello nos produce una irritación violenta o una reacción depresiva. La depresión se produce en el momento en que yo vivo la situación como una imposibilidad de llegar a la afirmación o a la plenitud que busco. 

Un caso más extremo ocurre cuando se muere una persona querida. Entonces, yo tengo una depresión. ¿Por qué? Se puede justificar muy bonitamente diciendo que es el cariño, el amor, la ausencia de la persona amada, etc…, pero mirándolo desde un punto de vista de causas y efectos, de mecanismos psicológicos, veremos que se estaba viviendo una faceta afectiva, positiva, en contacto con aquella persona. Era mi afecto, era mi ilusión, era lo que yo recibía de la persona o lo que yo podía dar a aquella persona, era el intercambio con la persona; el hecho es que esta situación me hacía vivir algo de valor, algo positivo. En el momento en que aquella persona desaparece de mi vida, también desaparece, como arrancada de cuajo, esa faceta positiva, afectiva, plena, que yo vivía. Entonces yo me siento sin fuerza. Al no poder vivir la afectividad positiva producto de aquella relación, que me nutría, que me fortalecía, en la que yo me apoyaba; al fallarme aquello, yo me siento sin fuerza, me siento des-animado, deprimido. 

También es típico el hecho de que, al fracasar un negocio propio, la persona afectada padezca una gran depresión. Pero lo común, lo normal de la situación no ha de impedir el interesarnos en buscar, en mirar el porqué se produce la depresión. Y se produce porque la persona vivía su actividad, no como una actividad natural de sí mismo, sino como un medio para reafirmar su idea de sí mismo. Y cuando el negocio fracasa es como si fracasara la pretendida y buscada afirmación de sí mismo. Entonces es como si él no valiera, como si fracasara él (no el negocio); entonces, automáticamente se produce esta de-preciación de sí mismo, este descenso de tono afectivo y vital que se llama depresión. 

La depresión, cuando no es producto de un deficiente funcionamiento orgánico, siempre es consecuencia de algo que obstruye la libre circulación de energías, vitales y afectivas, y lo que obstruye las energías es la idea de negación: «yo ya no puedo», «yo ya no valgo», «yo ya, no sirvo», «no tiene remedio». La idea de negación bloquea la energía vital que por otra parte está toda entera dentro o la capacidad afectiva que también sigue toda entera dentro. La idea de negación bloquea todas las fuerzas aunque las fuerzas estén todas allí. Y si de repente surgiera una situación de emergencia, un peligro grave, un incendio, un cataclismo, veríamos a aquella persona olvidarse de su depresión, la veríamos correr, saltar y actuar con una energía insospechada; pues estaba toda entera y no ha quedado afectada para nada; tampoco ha quedado afectado el sentimiento ni la felicidad interior. Pero la idea que cae como una losa encima de la mente y da la noción de No, de negación, «ya no soy», «ya no puedo», «ya no vivo», etc. lo bloquea todo. 

Es la tragedia del «valor» de las ideas. Así, vemos a veces a una persona llena de vida y de facultades, de recursos, incluso con realizaciones notables y con un ambiente fantástico pero que vive como si no tuviera absolutamente nada, como si su vida fuera una negación, un fracaso rotundo, debido a la idea que la persona tenía de un valor determinado que le ha sido negado. Estas son las consecuencias de vivir enajenados, ausentes del yo-experiencia, de vivir hipnotizados con el yo-idea.

 

Estracto del libro Personalidad y niveles superiores de conciencia. Editorial Indigo 1991