Archivo para el mes mayo, 2013

El progreso paciente e inagotable del Ver

Jueves, mayo 9th, 2013

EL PROGRESO PACIENTE E INAGOTABLE DEL VER
Publicado por Jordi Calm

A raíz del texto de Antonio Blay escogido este mes, en el que Blay acota con su precisión habitual los ámbitos de la visión despierta y del pensamiento concreto, creo conveniente remarcar un aspecto del Trabajo en que estas precisiones tienen especial valor, y utilidad. Uno de los primeros descubrimientos que solemos hacer cuando empezamos con despertadores y diarios es que la manera en la que usualmente interpretamos la realidad que nos envuelve y, en consecuencia, la forma en la que respondemos a sus retos, parte de unas premisas mentales que, en forma de juicios y pensamientos, definen nuestras posibilidades de actuación y las enmarcan en unos márgenes tan estrechos como presuntamente inevitables.

Y es así porque, tal y como pensamos en un principio la realidad, nos es imposible encontrar otra manera de actuar que como lo hacemos, a pesar de los berenjenales en los que nos sumerjan nuestras acciones y, aunque a menudo constatamos en nosotros un regusto más o menos agridulce según las consecuencias que suframos, este sinsabor, que no es sino una alerta punzante de la falibilidad de nuestro esquema mental, suele ser padecido sin más, lo cual permite reproducir estas dinámicas de valoración y actuación tantas veces como nuestra resistencia psicológica, y en extremos incluso física, lo permita. A menudo nuestra llegada al Trabajo se produce cuando esta resistencia se ha quebrado, o somos conscientes de la inminencia de dicha rotura,  ya que es entonces, y sólo entonces, cuando nos planteamos otras posibilidades, y las palabras que oímos en el curso de introducción al Trabajo puedes ser escuchadas y tenidas en consideración por nuestro intelecto.

El carácter práctico de este Trabajo hace que pronto este dinámica mental que mueve nuestros hilos no tan sólo haga cada vez más evidentes sus distorsiones, sino que descubramos primero y constatemos inmediatamente después que hay otra manera de entender la vida, y por tanto de manejarnos en ella, una manera que se basa no en la aplicación inconsciente de esquemas mentales limitantes y limitados, sino en una visión directa de la realidad exterior desde una vivencia directa de nuestra realidad interior. Pisamos el terreno con los ojos abiertos, y no a través de un mapa mal dibujado que, a fuerza de poner nuestra atención sólo en él, se convierte en una venda. Es el Ver del cual habla Antonio, el Ver que transforma.

Este descubrimiento deviene muy esclarecedor, por breve que sea, ya que un solo instante da fe de su existencia; sin embargo, la forma en la que debe asentarse en nosotros es, por su propia naturaleza, gradual, ya que cualquier intento de acelerar el proceso de maduración que cada cual precisa para moverse con soltura en este, o en cualquier otro nivel de conciencia más profundo, es en un principio frustrante y, con suerte más pronto que tarde, una muestra más de antiguas idealizaciones. Sin embargo, esta disposición paciente, por real, que se nos pide tiene muchas contrapartidas, porque en el largo camino que el Trabajo nos propone recorrer y que nos lleva del personaje al yo experiencia primero y a la impersonalidad después, siempre encontraremos otra puerta que abrir, otra realidad más profunda e inclusiva que ver de forma eminentemente recreativa ya que, y también como seña de identidad de este Trabajo, cada nivel de conciencia que asentemos en nosotros siempre será operativo, siempre nos permitirá no tan sólo una contemplación, sino también una actuación, una actualización en la existencia de esta realidad interior que descubramos, por inmensa y profunda que esta sea.
 


Protagonizando la evolución

Jueves, mayo 9th, 2013

PROTAGONIZANDO LA EVOLUCIÓN
Publicado por Jordi Sapés

No podemos quejarnos de la época en que vivimos. Seguramente no es muy confortable pero tenemos la oportunidad de vivir una época en la que la historia se acelera.

En nuestro país hemos asistido a la caída del franquismo, el advenimiento de la democracia, la descentralización de la administración, la entrada en la Unión Europea, el cambio de moneda, la burbuja inmobiliaria, la crisis económica, el afloramiento de la corrupción, la aparición de los indignados y la obsolescencia de la última Constitución.

En el mundo hemos experimentado la caída del socialismo soviético, el triunfo de la Escuela de Chicago, el advenimiento de un presidente norteamericano de raza negra y la crisis financiera mundial.

A eso tenemos que añadir ahora la renuncia de un Papa, que pone de relevancia la existencia de algo Superior, y la elección de un nuevo pontífice que, de momento, habla en clave evangélica en vez de hacerlo en clave vaticana. Veremos hasta dónde llega esta nueva perspectiva de la Iglesia, pero no podemos pasar por alto estos sucesos sin saludarlos con una cierta esperanza. Porque no cabe duda de que estamos asistiendo al derrumbe de lo viejo y a la aparición de algo nuevo.

Desde el punto de vista de materialismo histórico, los grandes cambios sociales se producen cuando el sistema económico vigente deja de ser útil para el progreso y se convierte en un lastre. Cuando esto sucede, se dan las condiciones objetivas para un cambio radical del sistema. Y nadie puede negar que el capitalismo aparece cada vez más como un cuerpo extraño a erradicar, porque está paralizando la economía y generando un sinfín de situaciones socialmente inadmisibles, opuestas a la dignidad del ser humano.

Pero el materialismo histórico dice también que no basta con estas condiciones objetivas: es necesario un factor subjetivo que las aproveche y plantee un cambio para dar curso a una demanda ya existente, la demanda de una humanidad que ya ha despertado a un nivel superior de conciencia.

En teoría, este papel  lo tenían que jugar los partidos de izquierda: organizaciones políticas de la clase obrera que, al liberarse de la alienación material, iban a liberar la totalidad de la sociedad. Pero estos partidos han fallado y, sin embargo, nuestra especie está lista para una concepción global del planeta y una organización social acorde con la visión holística del cosmos. De hecho, el capital, ya se mueve en clave planetaria, aunque su objetivo sigue siendo la explotación egoísta de los recursos materiales y humanos.

Por el contrario, las organizaciones políticas continúan fragmentadas e identificadas con territorios concretos y se prestan al juego del divide y vencerás de los egoísmos territoriales, que el capital utiliza al igual que hace con los personales. En la situación económica que atravesamos es particularmente lacerante la ausencia de una estrategia común de los sindicatos europeos, más corporativos que nunca e insensibles a las dificultades que atraviesan un porcentaje más que notable de la población mundial.

A lo mejor es que este factor subjetivo que se echa en falta somos nosotros:  la gente que nos movemos en los ambientes de la espiritualidad viva. A lo mejor el nuevo paradigma es el del evangelio: amarnos los unos a los otros desde la capacidad de amar que somos, actualizándola de un modo concreto, con la ayuda de nuevas estructuras políticas y administrativas que han de sustituir las actuales. Desde luego esto sería algo realmente novedoso; tendría el carácter que se precisa para un cambio de modelo económico y de sistema social. ¿Os imagináis a las diferentes Iglesias protagonizando este cambio, por encima de fronteras y culturas?

Ya sabéis que todo empieza por una imagen arquetípica.  


Ver y pensar

Jueves, mayo 9th, 2013

VER Y PENSAR

Hay una gran diferencia entre estar simplemente atentos a algo y el razonar sobre algo. Al razonar nos estamos pronunciando sobre ese algo, estamos formando símbolos, estamos juzgando, valorando, seleccionando. Pero cuando yo miro algo, cuando aprendo a dirigir mi atención de una manera fija, sostenida, sobre algo, estoy simplemente mirando y es manteniendo esta actitud de mirar cuando se puede llegar a ver, del mismo modo que sólo manteniendo la actitud de escuchar se puede llegar a oír. Y al decir escuchar quiero decir escuchar de veras y en consecuencia, oír de veras; porque lo que ahora hacemos no es escuchar de veras, pues mientras estamos escuchando también estamos pensando, estamos comparando, razonando o criticando lo que escuchamos, y esto nos impide desarrollar nuestra capacidad de oír del todo.

Como estamos tan acostumbrados a escuchar de este modo ni siquiera nos ha pasado por la mente la idea de que realmente existe la capacidad de escuchar del todo. Uno cree que ya está atento, que ya se está enterando de todo, pero luego, cuando la persona tiene que repetir o dar cuenta de lo que ha escuchado, se evidencia que la persona sólo ha cogido unos pequeños fragmentos de lo que se ha dicho -y aun esos fragmentos los interpreta mediante una óptica totalmente subjetiva-, que no ha tenido la capacidad de escuchar realmente lo que el otro decía, cómo lo decía y desde la perspectiva en que lo decía.

En el sentido de la atención sostenida ocurre lo mismo que en el escuchar. Hemos de aprender a mirar sin razonar, a fijar nuestra atención, muy clara, muy despierta, muy lúcida, en un acto simple de mirar aunque a primera vista esto nos parezca muy tonto, pues, como se dice en forma de chiste, los mochuelos se «fijan» mucho. A pesar de que parezca una cosa tonta, es preciso practicar para llegar a descubrir que ahí está la clave más importante para entrar en el reino interior, en este mundo oculto, en este mundo de posibilidades inmensas que hay en nuestra mente y en nuestro corazón.

Repito: se trata de la capacidad de mirar con una atención sostenida, sin razonar. Después ya razonaremos si conviene, ya que no se trata de abdicar de nuestro juicio crítico, sino simplemente que cuando se trata de mirar, en la medida en que tratamos de razonar estamos disminuyendo nuestra capacidad de mirar. Cuando «miramos» manteniendo esta actitud de atención sostenida, se produce un fenómeno extraordinario: entonces la mente adquiere la capacidad de entrar dentro de la cosa que mira, adquiere la capacidad de penetrar; y ahí está una de las principales diferencias entre mirar y pensar. Con el pensar nosotros solamente representamos las cosas por medio de ideas, no entramos dentro de nada, nos limitamos a tomar fotografías y hacer combinaciones con esas fotografías, con los datos, con las ideas. En cambio, a través del mirar aprendemos a hacer el contacto del «foco» de nuestra mente con otros focos que existen en nosotros, sea al nivel del sentimiento, sea al nivel de la intuición, de la sensación, de lo que sea; y cuando mantenemos esa atención sostenida, entonces se produce una penetración de nuestro foco mental dentro de este otro sector, del sentimiento o de la sensación, entramos en él, y al penetrar se produce el descubrimiento de unas fuerzas que transforman; transforman la mente, transforman la capacidad de vivir.

Extracto de la obra: El trabajo interior, técnicas de meditación. A. Blay. Ediciones Indigo 1993