Archivo para el mes noviembre, 2012

La alegría en la vida cotidiana

Sábado, noviembre 3rd, 2012

LA ALEGRÍA EN LA VIDA COTIDIANA
Publicado por Isabel Moya

Quisiera comentar la necesidad de parar un poco más la atención en nosotros mismos a la hora de realizar  nuestras acciones, para que éstas expresen y actualicen no sólo la energía y la inteligencia, sino también el amor que somos.

El caso es que, en ocasiones, nos encontramos con que, a pesar de intentar atender todas nuestras obligaciones (ya sean laborales, familiares, de relación…) con mucha responsabilidad y entrega, al final  nos queda una sensación de cansancio y  el sentimiento de habernos sacrificado, lo que nos crea  insatisfacción.  En esos momentos, echamos de menos la gratificación y de plenitud que esperábamos sentir; como si hubiéramos dado algo y no  recibiéramos nada a cambio.

Si toda la capacidad de sentir amor, gozo y felicidad surge de nosotros, de nuestro centro, está claro que,  cuando sucede esto, a nuestras acciones les falta algo: alegría, gusto, entusiasmo…. Se trata de expresar a los demás nuestra felicidad, para  permitirnos  sentirla. 

Hablo de estar conscientes el mayor tiempo posible para impregnar nuestros actos con un toque de alegría, de atención al otro,  de disfrute…Este ingrediente hace que vayamos actualizando  el amor que somos.

Todas las  situaciones personales pueden servir de estímulo para que,  conscientemente,  nos obliguemos a expresar nuestra felicidad, encontrando placer en eso que hacemos.

Blay dice que expresión y recepción van juntos y los compara con la respiración: “Cuanto más aprendo a expulsar el aire, a expresar, más libre y más disponible quedo para poder recibir a fondo”

A mí me parece importante tenerlo presente y ponerlo en práctica cada vez más, porque compruebo que mi vida se enriquece y va cobrando más sentido. Y vosotros…. 

 ¿Qué opináis?


El trabajo del Centramiento

Sábado, noviembre 3rd, 2012

EL TRABAJO DEL CENTRAMIENTO

La esencia de la existencia está en el foco de dónde está surgiendo. Este foco es allí donde yo soy más yo. Es donde, de momento, puedo vivir y descubrir más y más mi propia identidad. De hecho no es un solo foco, sino que es un eje en el que hay un centro mental, un centro afectivo, un centro de energía. 

Instintivamente ya se tiende a valorar esto; se habla siempre de que un sentimiento profundo tiene más valor, tiene más categoría que un sentimiento superficial, y lo mismo con la visión y la energía. O sea que instintivamente se tiende a valorar lo profundo como algo cualitativamente muy superior. 

Se trata, pues, de que yo aprenda a situarme voluntariamente, no porque las circunstancias lo provoquen, sino simplemente por exigencia de autenticidad, de situarme más y más en este centro o en este eje donde yo soy yo.

Cuando yo aprendo a funcionar más desde el centro, adquiero libertad en relación con todo lo que es el campo, y adquirir libertad quiere decir adquirir eficacia. Si yo aprendo a estar situado en el centro de mi mente, y el centro de mi mente es allí donde está surgiendo la capacidad de ver y de comprender, no en lo visto y en lo comprendido, sino en la capacidad misma, en el foco de visión y de comprensión, yo tendré una libertad total en relación con toda la información que hay en la mente y tendré una libertad y una agilidad total en relación con todos los procesos mentales de pensar, de recordar, de sacar conclusiones, etc. De modo que funcionar conscientemente desde el centro es el requisito de la eficacia máxima, a la vez que es el requisito para que yo sea realmente yo y no mis cosas, no mis ideas, no mis emociones, no mis procesos físicos.

Estas indicaciones que os doy son útiles para que os podáis situar en la zona más central. No debéis confundir esto con una actitud de control y rigidez. Es a través de la práctica que iréis aprendiendo a situaros sin tensión.

Entonces debéis dedicar ratos a instalaros primero en el yo que contempla la respiración; que siente y contempla ese sentir del respirar. Pero lo importante no es tanto el sentir del respirar, sino que yo me doy cuenta de eso. Es ser, como si dijéramos, un vigía consciente, lúcido, de lo que está pasando. Luego situarnos en el nivel afectivo y evocar un sentimiento de amor, de alegría; pero sobre todo darme cuenta de que soy yo quien está sintiendo eso y ese yo está justo detrás o en el fondo de lo que siento. Y luego lo mismo con la mente: yo que estoy mirando o prestando atención a mis ideas, o simplemente prestando atención, atención para ver, no sólo cosas sino también para ver conceptos, ver y entender. Y darme cuenta de que soy yo quien está ahí.

Consiste pues en un intento de ir hacia el fondo como identidad, en lugar de estar sólo desparramado hacia el campo que está surgiendo de ese fondo. Es aprender a situarse y a mantener eso todo el rato que uno pueda: yo que veo, yo que siento, yo que estoy funcionando físicamente: yo. Veréis que se descubre como una conciencia de eje. Si uno está atento se descubre de un modo natural, y se caracteriza porque uno está viviendo más y más como un eje. Por un lado no se ata a nada, no se identifica con nada. Es decir que hay una soltura, y al mismo tiempo una disponibilidad para actuar con rapidez y eficacia en lo que sea. Son estos dos rasgos: no identificación –o sea, no dependencia-, y al mismo tiempo plena disponibilidad de ver, sentir y hacer. Y esto solamente se da cuando uno está en el centro; las dos cosas a la vez.

Éste es el trabajo del centramiento y esto debéis hacerlo varias veces al día. No queráis alargarlo. Se intenta y si sale bien, bien; si sale mal, pues nada, no pasa nada. Lo importante es el intento sincero, consciente; porque este intento y no el conseguirlo, es lo único que desarrolla, lo único que es realmente trabajo.

 

Extracto del libro SER, Curso de Psicología de la autorrealización. Editorial Índigo


Nivel de conciencia y práctica cotidiana

Sábado, noviembre 3rd, 2012

NIVEL DE CONCIENCIA Y PRÁCTICA COTIDIANA

Ken Wilber, en su obra más conocida: El espectro de la conciencia, hace una afirmación contundente desde la perspectiva filosófica y psicológica de la realidad. Dice: la realidad es un nivel de conciencia. Por eso nosotros planteamos que los problemas que tenemos habitualmente no se solucionan sino que se trascienden; y esto se hace modificando el nivel de conciencia en el que estamos situados. Conciencia que incluye lo que llamamos exterior e interior, en el bien entendido de que no hay un exterior inamovible y un interior afectado por las circunstancias externas, sino que el exterior es la visión que de él tenemos, la interpretación que nuestra mente realiza.

Así que, como decía Wittgenstein, el mundo en el que vivimos depende en gran medida del vocabulario que tenemos, de los conceptos que vehiculan las imágenes que maneja nuestra mente y que nosotros utilizamos para crear-describir la realidad en la que nos movemos. Y una de las maneras de alterar esta realidad es incorporar nuevos conceptos acerca de la misma; por ejemplo: las ideas del Trabajo.

Es importante diferenciar las ideas del Trabajo de otras que no lo son. Las ideas del Trabajo se refieren, como hemos dicho, al mundo en el que nos movemos. Podemos encontrar en libros y charlas ideas acerca de mundos paralelos y planos trascendentes que nunca hemos experimentado. Pero si estas ideas no afectan para nada nuestra cotidianidad  si podemos permitirnos incorporarlas y defenderlas sin que alteren nuestra vida cotidiana, es que no son ideas del Trabajo. Quizás lo sean para otros, pero no para nosotros.

A veces resaltamos mucho que nuestra línea va en la dirección del llamado Cuarto Camino. El  Cuarto Camino no exige retirarse del mundo para atender la realidad espiritual sino que, justamente,  plantea desarrollarla en medio de las actividades cotidianas. En principio, esto facilita el acceso a una evolución personal que, tradicionalmente, implicaba renunciar al mundo e ingresar en una orden religiosa. Sin embargo, en contrapartida, para seguir esta vía, es indispensable luchar contra la inercia de un mundo estructurado de tal forma que, si no se opone al espíritu, al menos no lo tiene en cuenta para nada.

El Trabajo de Antonio Blay se basa en esta divisa: ver lo que eres y ver lo que no eres pero crees ser. Y a veces, no nos damos cuenta de lo lejos que eso está de pensar en lo que eres y pensar en lo que no eres pero crees ser. Por eso Blay advertía muy en serio contra el peligro de creer lo que explicaba; porque sabía lo fácil que es creerlo y seguir actuando como de costumbre. En cambio, cuando uno ve lo que es, le resulta imposible continuar actuando como antes. Y si uno ve que no es lo que creía ser, podrá seguir haciendo la comedia durante un tiempo, pero no demasiado.

No obstante, esta capacidad que tenemos de hacer comedia, de seguir interpretando un papel cuando ya no nos los creemos, funciona también al revés. Sabiendo que hay una forma de intervenir en la realidad propia de niveles de conciencia más elevados que aquel en el que estamos situados normalmente, si nos proponemos actuar de esta manera, ni que sea en pequeñas actividades que no supongan una gran distorsión de nuestras costumbres, tendremos la ocasión de experimentar estos niveles. Basta con que nosotros hagamos un poco de esfuerzo gratuito, sin esperar nada a cambio, para que lo Superior nos lo retribuya con creces.

Como dice el Evangelio: al que tenga le daré, pero al que no tenga, lo poco que tiene le será quitado. Esto es una condena para el personaje y una gran noticia para el que tiene ganas de trabajar.