Archivo para el mes julio, 2012

Ver detrás de la apariencia

Miércoles, julio 18th, 2012

VER DETRÁS DE LA APARIENCIA

 

Hola.

Os querría presentar un texto de Antonio Blay que, al menos en mi caso, me ayudó a afrontar las situaciones que usualmente me creaban un cierto conflicto interior, y ante las que por muchas buenas intenciones que le pusiera al asunto, y por mucho que leyera y me propusiera tener una actitud positiva, al final solía acabar sumergido en las mismas tribulaciones de siempre. En este texto encontré un par de claves para reorientar mi manera de encararlas.

Jordi Calm

Al principio solamente ves una cosa que pasa. Por ejemplo, veo que ante una cosa que dicen yo me altero. Muy bien. Vuelvo a mirar y vuelve a pasar lo mismo. Entonces se trata de que yo siga observando y no me conforme con eso, que siga observando esa alteración aun cuando yo la haya visto. Cuando yo aprendo realmente a seguir observando (sólo observando, no teorizando, ese mismo fenómeno, cuando parece que ya no hay nada más que ver, que ya está todo visto, pero sigo) curiosamente entonces se desarrolla una capacidad de visión en profundidad. Y esta visión en profundidad me permite ver lo que hay justo detrás de aquella apariencia. Es decir que se va desarrollando la atención profunda y la atención profunda trae consigo la realidad profunda de la apariencia del síntoma. Siempre detrás de la cosa está la substancia de la cosa.

Yo puedo estar teorizando y podré, probablemente equivocarme, pero si yo miro llegaré a penetrar en aquello y entonces para mí será una visión inmediata y evidente. El ver nunca engaña, puedo ver poco de momento, pero nunca engaña. Lo que engaña es interpretar lo que veo y por eso el desarrollar esta capacidad de ver, de estar atento, desarrollarla incansablemente, es el modo de llegar a descubrir con certeza las cosas.

No porque vea una cosa debo edificar todo un tinglado teórico sobre aquella cosa que he descubierto. Así es como se han hecho la mayor parte de sistemas ideológicos, quizá sobre algo muy correcto que se ha visto, pero que, en lugar de seguir observando más y más aquello, entonces la mente ha gozado lo suyo creando todo un sistema.

El trabajo de realización es ahondar en la visión hasta llegar al fondo. Es un ahondar a través de algo que hemos ido metiendo encima hasta que la misma atención, porque viene del centro, nos conduzca al centro.

(Extracto de: Ser. Curso de psicología de la autorrealización. A. Blay. Editorial Índigo 2009)

Quisiera preguntaros algunas cosas acerca de este texto.

¿Creéis que es siempre es aplicable esta diferenciación entre ver y teorizar?

¿Os es fácil hacerlo, o intentarlo? ¿Qué problemas encontráis?

¿Hasta donde creéis realmente que se puede llegar en esta profundización de la realidad de las cosas?


Sobre la actitud positiva

Miércoles, julio 18th, 2012

SOBRE LA ACTITUD POSITIVA

De acuerdo con la línea de Antonio Blay, llamamos actitud positiva a la conducta propia del yo experiencia: cuando ya estamos despiertos y somos conscientes de que nuestra naturaleza es ser capacidad de ver amar y hacer.

Actitud positiva es lo mismo que actualización del potencial, es hacer aquello que está en nuestra naturaleza: tratar de entender la realidad, interesarnos por ella y mirar de perfeccionarla con nuestra acción. Actitud positiva viene de “poner”; ponemos luz, atención y combatividad. No viene de “me parece muy bien” o de “estamos de acuerdo en todo”.

De hecho, cuando algo nos parece muy bien, no solemos hacer nada; o sea que el conformismo está reñido con la actitud positiva. Claro que cuando todo nos parece muy mal, también solemos abstenernos de actuar porque consideramos que no se dan las condiciones mínimas para que nuestro esfuerzo sea rentable. Así que tanto el juicio positivo como el juicio negativo inhiben la acción. Lo cual nos lleva de vuelta al primer párrafo: la actitud positiva es inherente al estado de conciencia de estar despiertos.

Y hay que tener claro que actualizar y actitud vienen de acto. Es decir, no se actualiza nada si sólo se piensa o si sólo se quiere. Denunciar una situación y rechazarla emocionalmente no actualiza nada, deja todo tal cual está; y a menudo contribuye a tranquilizar la conciencia del que ya se ha manifestado en contra. Lo mismo que predicar soluciones utópicas de difícil concreción a corto plazo; el que lo hace corre el peligro de creerse por encima de los demás y retirarse indignado ante la falta de eco que tienen sus propuestas.

La actitud positiva que, repetimos, es inherente al despertar, es una acción en el aquí y ahora. Y por tanto ha de ser necesariamente individual: en el aquí y ahora de cada uno. Todos tenemos un aquí y ahora personal, familiar, profesional y social. Los tres ámbitos primeros no acostumbran a salir en los periódicos pero, por lógica, es en ellos donde más ejercitamos la actitud positiva; porque además, es en ellos donde se concretan y manifiestan los resultados de la crisis social que estamos sufriendo. Y también es en ellos donde podemos sembrar una conciencia capaz de promover una organización colectiva más acorde con la dignidad del ser humano.

La crisis está poniendo al descubierto la inoperancia de una organización social y económica obsoleta que, en vez de resolver los problemas, no hace más que complicarlos. No es necesario ser muy listo para ver que estamos en condiciones de organizar las cosas de otra manera. Pero si el sistema se aguanta es por el miedo que están consiguiendo difundir, y la consecuente cobardía del “mientras a mi no me toque…”. Así que lo más urgente, ahora que las condiciones objetivas están dadas, es conseguir que suba el nivel de conciencia de los individuos.

Y la conciencia es única. No puede haber conciencia política si previamente no la hay personal, familiar y profesional.


Nuestras capacidades esenciales. Parte II (Miquel Cazaña)

Martes, julio 17th, 2012

NUESTRAS CAPACIDADES ESENCIALES. PARTE II (MIQUEL CAZAÑA)

En la primera parte de este artículo dijimos que el Yo Experiencia es el nivel de conciencia en el que uno vive la existencia como un estímulo constante y ejercita sus capacidades esenciales (energía como capacidad de hacer, amor como capacidad de amar e inteligencia como capacidad de ver) en todo momento y de forma consciente.

Lo habitual es que, por la educación en general y las tendencias familiares en particular hayamos ejercitado poco uno o dos de los tres centros, una o dos de nuestras capacidades. Pues ya de niños empezamos a pensar que en ciertos ámbitos de la realidad es mejor no meterse por que el ridículo personal está asegurado.

Todos hemos escuchado frases como:

“A este niño se le da fatal la gimnasia”.

Ese niño tiene dificultades en su centro motor y si no se refuerza este aspecto puede mantener poco desarrollada la capacidad de hacer (energía) durante toda su vida.

Y es que, en muchas ocasiones, en lugar de reforzar los aspectos deficitarios se intenta sobresalir en los ámbitos que de entrada uno ya maneja mejor, pensándonos que así tenemos más posibilidades de brillar al menos en algo que se nos da bien. Pero, independientemente de que yo, según el criterio del personaje, pueda brillar de cara a los demás en el aspecto que manejo, si no se ejercitan los tres centros uno vive la realidad de manera parcial.

Ahora, ya de adultos, se puede ver qué centro (energía, amor o inteligencia) tengo menos desarrollado. Para ello tengo que observar qué actividades no hago nunca, aunque conozca a otros que sí las hacen y sepa que son muy positivas para ellos. Yo puedo ver qué actividades me he prohibido siempre por presiones del personaje (el miedo a hacer el ridículo persiste). Y algunas de esas actividades coincidirán con aspectos de la realidad en los que tengo dificultades periódicamente.

Pero, ¿Hasta qué punto vale la pena ejercitar conscientemente nuestras tres capacidades esenciales? ¿Hasta qué punto puede cambiar nuestra vida?

En cuánto a la Energía o capacidad de hacer:

Con la práctica regular de artes marciales, deportes de combatividad o de superación física iremos notando cada vez más seguridad. Uno dejará progresivamente de notar incapacidad ante situaciones que antes le oprimían, y ante las que se notaba incapacitado (es el típico pensamiento de “no puedo”; uno ve a menudo a los demás como crueles y opresores). La vida y las situaciones empezarán a verse y vivirse como un estimulante desafío para el que estamos preparados, por que estamos cultivando la fuerza real que tenemos, la Energía que somos.

La Energía la notamos sutilmente en el vientre, unos centímetros por encima del ombligo, y no tiene demasiado que ver con los músculos, sino que es algo mucho más potente y maravilloso, por que no tiene caducidad y en su crecimiento no se percibe fin. Una persona de 80 años puede tener muchísimo más desarrollada la Energía que un chaval de 20. Y sentirse más seguro andando por la calle.

Con un gran ejercicio de la energía uno puede llegar a ver que la vejez es sólo una circunstancia en un plano físico. Puedo estar realmente agotado pero sin embargo notar que mi centro energético está ahí firme, como un potente huracán que continúa desafiando todo lo que tiene por delante.

En el plano del Amor, la falta de desarrollo de nuestra capacidad de amar se vive como falta de respaldo por parte de los demás, aislamiento, falta de motivación por las cosas…

Hay muchas maneras de ejercitar el Amor que somos; desarrollando la sensibilidad ejercitamos nuestra capacidad de amar, nuestra felicidad. Con las relaciones, el baile, la pintura, la poesía, las audiciones de música… El arte en general es un terreno extenso y fantástico para desarrollar la capacidad de amar y la felicidad que somos. Con cualquier tarea de expresión artística uno desarrolla personalmente su capacidad de amar.

Y si entendemos que las personas, los animales y los objetos son estímulos a los que amar en todo momento, no nos faltará de nada para sentirnos realizados afectivamente, para ser felices. Pues el amor se vive como felicidad, y ejercitando nuestra capacidad de amar no hay lugar para la soledad, por que no habrá ausencia de amor. Uno se sentirá integrado en el mundo, sentirá que forma parte de la Unidad.

Evidentemente, en el Yo Experiencia no da lugar a pensar que me han de querer para yo ser feliz. Uno se siente cada vez más feliz y más a gusto y estimulado con la gente, y ama a los demás independientemente de la respuesta que reciba, por que esa es nuestra naturaleza.

Como dice Blay: “La satisfacción real es ver que uno es amor y expresarlo.”

Y en el plano de la Inteligencia, el haber ejercitado poco este campo suele llevar a uno a vivir situaciones en las que se siente engañado por los demás, o con cierta falta de orientación en la vida. Uno no le encuentra sentido a las cosas.

La capacidad de ver se ejercita entendiendo y viendo las cosas por uno mismo, descubriendo cosas: desarrollando un criterio, una opinión, haciendo el esfuerzo de entender argumentos intelectuales de otros o haciendo investigaciones… Es una práctica con la que cobra un gran sentido la vida y las cosas que uno decide hacer en ella. Y digo decide por que uno sabe lo que quiere cuando desarrolla su capacidad de ver y entender. En ese momento todo empieza a tener un sentido y una coherencia.

La Inteligencia que somos, nuestra capacidad de ver, suele confundirse con los conocimientos que uno tiene, y sin embargo la diferencia es muy importante. Podemos saber muy bien lo que dice un filósofo pero no tener ni la menor idea de por qué lo dice, no entender la esencia del razonamiento. Los conocimientos son imprescindibles, son información necesaria para moverse por el mundo, pero la capacidad de ver y entender es lo que realmente me permite comprender la realidad y moverme en ella de una forma óptima.