El esfuerzo y el resultado en el trabajo
Jueves, mayo 31st, 2012
EL ESFUERZO Y EL RESULTADO EN EL TRABAJO
Con cierta frecuencia, todas aquellas personas que llevamos a cabo este trabajo interior nos encontramos con momentos en que nuestros esfuerzos en despertar, en profundizar en el centramiento, o en entender determinado texto de filosofía, por poner algunos ejemplos concretos, no dan los frutos que esperamos, y mucho menos cuando los esperamos. No hay manera de tomar conciencia de nosotros como sujeto al oír un despertador, los focos de energía, amor e inteligencia son como mucho algo muy difuso en algún lugar de nuestra espalda y no damos con una explicación apropiada a tal pregunta sobre tal filósofo.
Nuestro esfuerzo es real, ponemos todo lo que buenamente estaba en nuestras manos, pero la cosa se queda ahí, sin apenas ningún fruto constatable que ni tan siquiera muestre un cierto respeto por nuestros desvelos. Esta situación con facilidad nos provoca una mayor o menor frustración, y a menudo concluimos no tan sólo que no nos sale nada ese día, sino que tampoco saldrá en un futuro, porque ese fracaso no es sino una muestra más de nuestra incapacidad para el trabajo y, en general, para cualquier cosa.
Sin embargo, nada está más lejos de la realidad, porque las cosas no son en absoluto como parecen. Como el futuro tiene a bien demostrarnos, al cabo de unos días de mantener con denuedo el trabajo en ese ejercicio, ya sea fruto de nuestra perseverancia o tozudez, o sea porque atendemos a los consejos que en este sentido nos da el receptor de nuestros escritos, descubrimos con sorpresa que, sin ninguna razón aparente, sin hacer ni más ni menos que otras veces, percibimos en nosotros un lugar donde somos capaces de vivir una gran paz y plenitud interior que, además, identificamos como propia, el eje que une nuestros tres focos toma forma con nitidez y es algo plenamente experimentable, o bien, en el tercer caso, la respuesta ante una cuestión relacionada con la teoría de las mónadas de Leibniz surge con claridad y nos aporta una nueva visión del mundo.
¿Por qué ocurre esto? ¿y por qué es este un patrón que se repite con asiduidad? Podemos apuntar varias razones, la primera es la constatación de que en todos estos ejercicios ponemos en marcha aspectos conscientes e inconscientes de nosotros mismos, los cuales tienen unos ciclos de activación y concienciación que no son para nada inmediatos, y cuyo periodo de maduración, que por fortuna no está al albur de nuestras urgencias, permite que se asienten en nosotros con mayor solidez. Por otra parte, esta dilación en el tiempo nos permite situar nuestro punto de partida inicial, identificar los aspectos a superar en nuestro proceso de desarrollo y percibir en nuestro interior qué partes de nosotros evolucionan realmente, y cómo. Además, este resultado que obtenemos, diferido pero real, y el modo como se produce, nos permite descubrir y asentar una gran fe y confianza en nuestras posibilidades, que ya no dependen del resultado que logremos de hoy para mañana, si no de la constatación de la fuerza interior que somos capaces de activar, y que, en su momento, obtiene su recompensa.
Cabe añadir que, una vez llegados a este punto, nos va a ser fácil deducir que esa fuerza interior que ahora ha sido capaz de derribar esa barrera que parecía insalvable, nos permitirá en el futuro superar otras dificultades relacionadas con nuestro desarrollo interior, o con cualquier otra cosa, con la misma solvencia.
A partir de este texto, podemos reflexionar sobre las siguientes cuestiones
¿Nuestra vivencia con el trabajo ha seguido siempre las pautas que se plantean en el artículo ?
¿Nos ha ocurrido algo similar en otros ámbitos de nuestra vida? ¿Hemos obtenido al final los mismos resultados?
Categoría Espiritualidad | Etiquetas:
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