Archivo para el mes abril, 2012

Vivir el Trabajo Espiritual

Martes, abril 10th, 2012

VIVIR EL TRABAJO ESPIRITUAL

Como dice Paul Éluard: hay muchos mundos, pero están en este. La realidad no es igual para todos, depende del nivel de conciencia que tenemos. Y esto afecta a las interrelaciones que establecemos con los demás. Cuando estamos en el personaje vemos a los demás como posibles amigos: algunos, y como probables enemigos: la mayoría. Cuando estamos situados en el yo experiencia, los demás son una curiosidad a investigar y una posibilidad para ampliar y compartir nuestro mundo. Y cuando nos encontramos en un nivel superior, los demás constituyen una parte de nosotros.

El Trabajo es el medio que lo superior nos proporciona para que evolucionemos y vayamos ascendiendo de nivel. Y la relación con los demás en el propio Trabajo se contempla de un modo distinto a medida que vamos despertando.

Inicialmente el alumno llega al Trabajo porque quiere mejorar su existencia, no cambiarla. La relación que establece con la persona que lo orienta es una relación personal, y casi es mejor que no se relacione con sus compañeros de Trabajo, porque los personajes suelen hacer piña entre sí para quejarse de las dificultades del Trabajo y compadecerse mutuamente por los problemas que tienen respectivamente. Si tenemos en cuenta que el Trabajo nos habla siempre desde el nivel superior en el que estamos, esta relación entre personajes constituye más un obstáculo que otra cosa.

Cuando ya hemos despertado al nivel del conciencia del yo experiencia, entonces la relación con los compañeros de Trabajo se convierte en una ocasión para actualizar el potencial en aquellos ámbitos que conviene reforzar. Porque así como el personaje se ha cuidado muy bien de establecer relaciones con determinadas personas y rechazar a otras, en el Trabajo nos encontramos a cada uno tal como es. Y dado que estamos despiertos, no tenemos más remedio que enfrentar aquella manera de ser que manifiesta el otro.

Entonces es cuando el Trabajo proporciona un valor añadido a la relación de pareja, si los dos están involucrados en él. Justo lo contrario de al principio, cuando lo habitual es que cada uno utilice el personaje del otro como un arma arrojadiza en la guerra de los sexos. Ahora tenemos la oportunidad de contemplar al otro en toda su totalidad, no sólo en la parte que nos gustaba y nos interesaba. Y eso nos revelará que tenemos a nuestro lado una persona mucho más extraordinaria de lo que pensábamos; una persona que es todo un mundo en sí misma, un mundo en el que ha tenido la gentileza de invitarnos a participar.

Esto se hace extensible a otras personas de nuestro entorno personal o laboral con las que mantenemos una relación estrecha.

Y en el nivel superior, allí donde tenemos conciencia de ser el Todo, divulgar el Trabajo se convierte en algo espontáneo y natural. El que se beneficia del Trabajo entiende que ha de hacer llegar a todo el mundo que hay otra manera de enfocar la existencia que no exige ninguna creencia previa ni adscripción alguna a ninguna organización. Sólo exige madurez y honestidad.

El problema es que, a menudo, el Trabajo se confunde con otra oferta más, de las tantas que hay en el supermercado de los milagros: propuestas de todo tipo para huir de la realidad y refugiarse en la fantasía. Por eso va bien tener un punto de referencia, una ventana, para que la gente se pueda asomar y ver en qué estamos metidos: Simplemente nos estamos tomado la vida en serio; porque el Trabajo es una forma de vida, es vivir a tope las capacidades que somos, sin ponerle condiciones a la Vida sino agradeciéndole el privilegio que se nos ha dado de vivirla conscientemente.


La triada y el Centramiento

Martes, abril 10th, 2012

LA TRIADA Y EL CENTRAMIENTO

Una de las aportaciones más importantes del trabajo de Blay se resume en la frase “somos un potencial infinito de energía, amor-felicidad e inteligencia”. Podríamos decir que esta es la frase que resume de forma más adecuada todo el magnífico legado de Blay. Esta afirmación se puede trasladar a todo cuanto hay si observamos la vida que nos rodea. A la energía, amor-felicidad e inteligencia tenemos que encontrarle un significado más profundo del que estamos acostumbrados para entender que estos atributos están por doquier en todo cuanto existe.

En el caso de la energía no nos costará mucho entender, gracias a los avances de la física, que todo lo que se manifiesta está constituido por energía, que cuando cristaliza solemos llamar materia, aunque la dualidad energía-materia se transforman en unidad cuando penetramos en la famosa ecuación de Einstein: energía es igual a la masa (materia) por la velocidad de la luz al cuadrado.

Triada

La inteligencia tenemos que entenderla como organización, como orden y estructura. Todo lo que existe, toda la energía, es energía organizada, así por ejemplo un polímero es energía organizada, un compuesto químico, natural o sintético que consiste en unidades estructurales repetidas. Y el amor hay que concebirlo como interrelación, y comprender que toda energía organizada, toda forma, subsiste por interrelación, por amor. Y esa interrelación que hace que las formas subsistan podemos encontrarla en la relación Tierra-Sol, porque el Sol es uno de los elementos que han influido para que en la Tierra aparezca la vida, y así en cualquier cosa que existe. Cuando vemos, cuando sentimos, esta interrelación a nivel total, en todas las cosas, entonces llegamos a la Unidad, al Amor en mayúsculas. Esta triada se ve también en los seres humanos que son en el nivel de energía, energía vital, sexualidad, fuerza y materia física, en el nivel de amor-felicidad, afectividad en la forma de sentimientos y emociones, desde donde se experimenta el amor, la amistad, el cariño, y nos regocijamos con la belleza, y en el nivel de inteligencia, allí está la razón, las ideas, el discernimiento y la lucidez. Fijémonos que Blay no dice que tenemos energía, afectividad e inteligencia, sino que va más allá: Que lo Somos; y nuestra existencia reside en actualizar ese potencial infinito que Somos, en Crecer en comprensión de la Realidad, en interrelación y en esfuerzo.

Hay una práctica en el Trabajo que ayuda a experimentar esto que aquí se afirma, que somos un potencial infinito de energía, amor-felicidad e inteligencia. Se llama el ejercicio del centramiento, porque nos lleva a vivirnos en esos tres focos hasta experimentarlos como una unidad, como un eje que es el centro de todo. Como un centro que Somos desde donde funcionamos plenamente de un modo permanente, donde vivimos la verdad de las cosas, la positividad total de Ser expresión, la Energía de la Vida.

A continuación un fragmento del libro “La Realidad” de Antonio Blay donde se explica como se realiza el ejercicio del centramiento:

 

La duración recomendada por el mismo Blay es de 15-20 minutos. Aquí se reproduce la secuencia practicada en estas ocasiones siguiendo el orden habitual del ejercicio. Naturalmente, el momento de la práctica se ralentiza en cuanto a su ritmo, procedimiento necesario para poder profundizar en los estratos internos de la personalidad. Las frases están formuladas en plural pues el ejercicio se practicó en grupo. Es natural que en el trabajo individual el sentido de las mismas adopte una forma singular.

 

CENTRAMIENTO

Se trata del ejercicio de centramiento ya conocido, practicado ahora como una técnica de trabajo dirigida a la toma de conciencia de la realidad que somos. Hay que procurar estar vivos por dentro, despiertos, intentando que la secuencia sea vivida, vivenciada interiormente. Si se produce alguna pequeña interferencia, algún ruido, aceptadlos como naturales y no permitáis que os distraigan.
Posición cómoda, sentados con la espalda recta. Respiración más bien baja la cual conducirá a un estado relajado. Tomar conciencia de sí mismo, aquí y ahora. Siempre muy atentos y despiertos.

 

Secuencia del ejercicio

1a fase

Haremos varias respiraciones. Profundas, lentas, cerrando los ojos. Al sacar el aire, sentimos como todo el cuerpo se afloja y va quedando en una total comodidad. Ahora dejamos que la respiración salga totalmente libre. Para ello, sentiremos el gusto de respirar, como si en ello se expresara nuestro ser. Seguimos el movimiento libre de la respiración, la cual se produce espontáneamente. Este movimiento produce un estado de bienestar, de placer, como lo produce todo acto natural. Observemos el movimiento, como suben y bajan el vientre y el pecho. Ahora, pasamos de la observación del movimiento, a esa fuerza que hace mover el vientre y el pecho. Hay una fuerza natural que funciona sola; es muy agradable. Ella hace que el vientre y el pecho suban y bajen. Prestamos atención a esta fuerza que origina este movimiento y descubrimos que procede de la parte de atrás. Esta fuerza respiratoria, rítmica, que va y viene… esta fuerza, es una fuerza de la vida. Es la fuerza de la vida… de toda la vida… que respira en nosotros. Esta fuerza es como una ola de un océano de vida. Es la vida, la fuerza de la vida… que respira en mí. Detrás de esa fuerza, existe como un campo muy grande de energía, un campo inmenso de energía. Este incesante ritmo respiratorio procede de allí. El movimiento de mi respiración es como una ola, de esa fuerza, de ese océano… Todo el poder de la vida está en el movimiento de mi respiración del mismo modo que todo el poder del mar está en cada ola.

 

2a fase

Pasamos ahora a la zona del pecho. Imaginemos que estamos delante de una persona a quién queremos en particular, y a la cual expresamos concretamente nuestro cariño, nuestro amor, de tal manera que sentimos el amor… el cariño… el gozo…, la alegría. También podemos expresar ese amor, hacia Dios. Sintamos el amor. Ese amor que sentimos, esa alegría viviente que nos hace sentir llenos de gozo viene de un fondo que está detrás de lo que sentimos, y es como un Sol, un sol luminoso, profundo. El amor que sentimos es como la manifestación de unos rayos de este Sol. Nos situamos en este Sol, dejando ahora aparte la imagen de la persona que ha servido para conectar con este amor. Dejamos aparte toda imagen, toda idea, y nos situamos en este Sol, que es amor, que es felicidad profunda. Es algo que ya está ahí, es algo que ya Es. El sentir es lo más importante; solamente sintiendo. Sólo mirando y sintiendo, mirando el sentir. Sin pensar, sólo saboreando. De este Sol es de donde surge toda posibilidad de amor, de alegría, de felicidad, de plenitud. Eso que vivimos, lo somos. Eso está siempre presente. Y cuanto más nos centramos en eso, más intenso, más profundo, más elevado es ese amor, y esa felicidad. Ya está ahí, siempre. Ese gozo, es lo que soy.

 

3a fase

Pasamos ahora a la mente. Vemos como una luz expandida, es un espacio de luz, de un color azul, eléctrico, intenso. De este azul viene toda la capacidad de comprender, de saber, de conocer. Es pura claridad, no tiene forma, pero es de donde surgen todas las formas. No hay ideas, pero es de donde surgen todas las ideas. Es sólo pura luz… del entendimiento. Es pura luz… de la inteligencia. Nos mantenemos atentos en este nivel de pura luz. Desde aquí, todo lo podemos comprender fácilmente, con suma facilidad, Del mismo modo que desde la zona del pecho, del fondo del pecho, del Sol del amor, todo es bienestar, es alegría, es felicidad, aquí todo es paz, lucidez, claridad, Luz de la mente.

 

4a fase

Nadie nos puede quitar eso que somos. Seamos conscientes de la fuerza de la vida a través de la respiración, del gozo del amor a través del pecho, de la luz de la inteligencia a través de la cabeza. Ahora nos quedamos así, presentes, en Silencio, sin pensar en nada, solamente siendo la conciencia de nuestra presencia. y nos vivimos enteros, de arriba-abajo, muy presentes en una simple conciencia de Ser. Conciencia de Ser, aquí y ahora, que surge del Silencio, que emana de este profundo Silencio.

 

Final

Ahora recuperamos la conciencia exterior, pero sobre todo, nos mantenemos conscientes, interiormente abiertos a todo eso… Respiramos más seguido, moviendo brazos y manos con calma. Pero sobre todo manteniendo esta conciencia de lo que somos, al movemos, al hablar, al actuar. Tratando de que eso que somos se exprese. Hablando desde ahí, moviéndonos desde ahí, riendo desde ahí, sin quedar encerrados en la estructura externa habitual. Y me mantengo así todo lo posible, al máximo, funcionando así, viviendo desde esa verticalidad, y desde ese fondo profundo, que soy Yo mismo.

Ahora lo importante es poder moverse desde ahí, desde esa calma, desde este espacio, desde esta luminosidad. Como si el andar surgiera de eso, como si toda la actitud surgiera de ese fondo; que el ver y el formular palabras, surjan de eso. y que toda nuestra vida sea una expresión de ese fondo; de ese fondo que se expresa en lo particular, sin dejar de ser el fondo.

(La Realidad – Antonio Blay)


La plenitud existencial

Martes, abril 10th, 2012

LA PLENITUD EXISTENCIAL

Al hablar del desarrollo económico de las sociedades occidentales, suele decirse que nuestras necesidades esenciales están cubiertas. Se entiende por “necesidades esenciales” no solo las biológicas sino también las culturales: el bienestar que disfrutamos incluye nuestra formación intelectual y nos asegura la protección y el cuidado de la colectividad en caso de enfermedad, accidente, jubilación etc. Parece incuestionable que nuestra existencia se desarrolla en condiciones muy superiores a las de otras áreas del planeta o a las de tiempos pasados.

Sin embargo, nos sentimos desconcertados por el hecho de no experimentar el grado de satisfacción que sería de esperar; y no se nos ocurre qué más podemos hacer para alcanzar el grado de felicidad y sosiego que tanto anhelamos. La respuesta es que ningún objeto, sea material, mental o emocional puede satisfacer verdaderamente nuestras necesidades esenciales.

Es como encerrar un pájaro en una jaula de oro y suministrarle el mejor alpiste y el agua más fresca y cristalina; eso le asegura la satisfacción de sus necesidades físicas elementales. Pero las necesidades esenciales distan de ser satisfechas porque lo que define al pájaro es su capacidad de volar; y lo esencial para él es poder ejercitar esta capacidad. Si le abrimos la jaula comprobaremos cuan rápidamente renuncia a todas las comodidades que le hemos proporcionado. Pues lo mismo sucede con el ser humano: si lo que nos define es nuestra capacidad de comprender, amar y hacer, solo el ejercicio consciente de estas capacidades puede satisfacer de verdad nuestras necesidades esenciales.

Pero el sistema económico que nos ofrece el bienestar material se hace cargo de ellas para invertirlas y administrarlas, supuestamente en beneficio del colectivo. Su fuerza y dinamismo es enorme frente el individuo singular. Parece que solo tienen la opción de ejercitar su humanidad de una manera personal aquellos que destacan. Por eso nos identificamos tanto con el lugar que ocupamos, o podemos llegar a ocupar, en el engranaje colectivo. Y dado que disponer de poder sobre el entorno está al alcance de muy pocos, nos dedicamos a soñar que un día formaremos parte del grupo de los elegidos. Este sueño nos aliena al sistema de una manera total: enérgica, mental y afectivamente: queremos llegar a ser alguien y nos olvidamos de que ya somos nosotros.

La impresión de que el ser humano no puede expresarse de forma plena en el marco existencial presente parece ganar terreno. Mucha gente quiere transformar el mundo para hacerlo más acorde con la naturaleza esencial del hombre; pero topan con un engranaje económico que parece inalterable en su propia dinámica. Seguro que el esfuerzo acumulado de muchos hará evolucionar el colectivo con los años; pero esta idea no satisface el hambre de plenitud que tenemos aquí y ahora, ni el deseo de vivir una existencia significativa. Si la sensación de inutilidad cristaliza en nuestro psiquismo, el sistema puede acabar por destruirnos internamente, llevándonos a un nihilismo relativista fundamentado en la decepción y disfrazado de “experiencia”.

Pero existe otro camino que no se relaciona con la personalidad social sino con el ser esencial. Cuando uno toma conciencia de este ser esencial las cosas se perciben de manera muy distinta, porque la personalidad deja de ocupar la totalidad de la conciencia. Continúa siendo útil, indispensable para relacionarnos con los demás y movernos en el mundo, pero pasa a ser una herramienta de este ser esencial que el sistema había desterrado al inconsciente.

Constatar experimentalmente que somos algo más que la personalidad social nos permite relativizar la repercusión que tenemos en el mundo sin devaluar la totalidad de nuestra existencia; podemos sufrir la falta de resultados manifiestos sin que eso genere en nosotros un sentimiento de nulidad personal. O sea que tendremos más facilidad para ser nosotros mismos; no necesitaremos que nadie nos homologue. Desde la conciencia del yo esencial seguiremos actualizando nuestra capacidad de pensar, sentir y hacer, porque esto es existir; pero lo haremos como expresión de lo que ya somos, dando más importancia a la labor que a los resultados.

Ser uno mismo significa ejercitar de forma consciente y voluntaria la capacidad de comprender, amar y hacer genérica del ser humano de una manera propia y específica, la de cada uno; teniendo en cuenta el entorno pero percibiéndolo como un estímulo en vez de un obstáculo o una finalidad. Ser uno mismo significa gozar de la capacidad de comprender, amar y transformar el entorno; no de los resultados que se deriven de su ejercicio. Los resultados pueden ser muy válidos, pero no son Yo.

Es sorprendente que tengamos que resaltar que nuestra capacidad de investigar es más valiosa que toda la información disponible en la totalidad de las bibliotecas de este mundo. Esta información cabe en un gran ordenador, pero es imposible dotar al ordenador de la capacidad de investigar.

También nuestra capacidad de amar es superior al reconocimiento que podamos conseguir. Eso lo saben muy bien todas las personas que viven del éxito del público. Amar es ampliar el Yo, incluyendo en él un entorno cada vez más amplio. Nuestra capacidad de amar es tan ilimitada como el universo, porque está orientada a contenerlo todo entero. Pero eso implica integrar lo que nos parece extraño, injusto o inadmisible. La felicidad no es un estado de embobamiento derivado de no tener que preocuparnos por nada; todo lo contrario, es el resultado de interesarnos por aquello que se nos presenta de entrada como una agresión personal. Es la experiencia de poder transmutar los sentimientos negativos con solo prestar un poco de atención y consideración a aquello que nos aflige. Así, iremos descubriendo que cada cosa tiene su lugar y su función; y que esta función resulta siempre benéfica para nosotros. Aunque de entrada no lo parezca.

Con esta percepción del mundo la acción se convierte en un toque personal, como el artista que recompone de un modo singular el paisaje que sus sentidos perciben. No lucha contra nadie ni quiere conseguir nada, solo ejercita la capacidad que tiene de rediseñar su entorno. No nos hace ninguna falta salir en los periódicos para sentirnos protagonistas de nuestra existencia; solo necesitamos ganas de vivir. A esto, a las ganas de vivir, es a lo que llamamos plenitud existencial: a la ilusión de levantarnos por la mañana con un montón de cosas por hacer, de pequeños objetivos que nos hacen vibrar.

Por más amplias que sean nuestras metas, todas están hechas de pequeños logros que son la manifestación progresiva de aquello que ya vivimos como real en nosotros mismos, algo que deseamos contemplar también en el exterior. Somos capacidad de comprender, amar y hacer; y en la medida en que las ejercitamos nos las encontramos fuera, ante nosotros, en forma de “mundo”. Este es el gran secreto.


Tener Voluntad

Martes, abril 10th, 2012

TENER VOLUNTAD

Voluntad viene de “volo” que, en latín, significa querer. Eso es importante tenerlo en cuenta porque “tener voluntad” equivale a mantener un deseo el tiempo suficiente para que se transforme en acto. Llamamos “falta de voluntad” a querer algo, pero quererlo poco; de tal manera que cualquier otro deseo pasa por encima de eso.

Sabemos por ejemplo que es importante conseguir un título académico y que para ello es necesario aprobar unos exámenes. Así que pensamos que tenemos que estudiar, al menos la semana antes de los exámenes. Queremos estudiar para aprobar pero, a los pocos minutos, también queremos ver una película; y este segundo deseo es más fuerte que el primero.

Bien, pues fortalecer la voluntad es tener más ganas de estudiar, no es estudiar a pesar de no tener ganas. Y esto es algo que se puede trabajar: tener más ganas del algo equivale valorarlo más, lo cual requiere un tiempo y un ejercicio.

¿Cómo puedo valorar más algo concreto? Muy sencillo: prestándole atención, manteniéndolo en mi conciencia. Daros cuenta de cuánto valoráis aquel viejo jersey que vuestra pareja siempre os quiere tirar. ¿Por qué tiene tanto valor para vosotros?: porque lleva mucho tiempo a vuestro lado, porque le habéis prestado mucha atención.

Pues lo mismo tenéis que hacer para valorar algo que intelectualmente consideráis importante pero emocionalmente parece que no os gusta demasiado. Por ejemplo: para recuperar la libertad de decidir si queréis fumar o no.

A la gente le resulta difícil dejar de fumar porque quieren hacerlo contradiciendo sus propios deseos: sucede simplemente que las ganas de fumar son más fuertes que las ganas de dejarlo. Y es que, de entrada, el centro emocional no puede ver con buenos ojos que le quitéis algo que le gusta a cambio de nada. No hay que dejar de fumar hay que recuperar la libertad de hacerlo. Eso ya le gustará más al centro emocional.

Pero además, hay que tener verdaderas ganas de ser libre. O sea que, si queréis dejar de fumar, tenéis que estar bastantes días visualizando y sintiendo cómo vais a disfrutar vuestra libertad recuperada y lo bien que os vais a notar. Lo podéis hacer cada día al acostaros y al levantaros. Y durante el día, cada vez que os acordéis. Así iréis contemplando esta imagen una y otra vez; y cada vez os parecerá más interesante. Es decir, vuestra voluntad se hará más grande.

No confundáis voluntad con obcecación o con auto represión; que bastante reprimidos estamos ya por el exterior. La voluntad es ganas de vivir mejor.


Actitudes ante la investigación del sentido de la vida

Martes, abril 10th, 2012

ACTITUDES ANTE LA INVESTIGACIÓN DEL SENTIDO DE LA VIDA, POR ANTONIO BLAY

Todo ser racional, en un momento u otro de su vida, tiene que detenerse a pesar de su más o menos agitado ritmo de vida diaria, para enfrentarse con un enigma fundamental que exige una respuesta clara, inmediata y contundente: Yo, ¿por qué existo?, ¿para qué estoy viviendo?, ¿cuál es el sentido de mi existencia?, ¿qué es la vida?

Son numerosas las personas que ante preguntas “tan extrañas” después de otear brevemente su horizonte intelectual y revisar rápidamente su archivo de datos y experiencias personales, presionados por los problemas inmediatos a resolver o por su rutina habitual de acción, zanjan la cuestión con un elocuente encogimiento de hombros y prosiguen sus actividades, luchas y problemas, sin comprender nada de esa vida en la que luchan y por la que luchan; más bien sintiéndose aliviados al alejar de si tales pensamientos perturbadores.

Otras personas, las más, se contestarán a sí mismas de acuerdo con las lecciones aprendidas en su infancia o juventud. Y aquí encontramos varios grupos:

El grupo en el que prevalece una formación científica, se satisfará afirmado que la vida no es más que un proceso de lucha por la supervivencia, de adaptación progresiva al medio ambiente, de evolución de un proceso orgánico, etc.

El grupo en el que predomina el aspecto religioso tradicional nos dirá que la vida es el campo de experimentación creado por Dios, para que el hombre, luchando por el bien y en contra del mal, merezca ganar la felicidad o la condena eterna.

Existe también el grupo de los que mantuvieron durante un tiempo una visión idealista de la vida, pero que ante los fracasos y desengaños, o bien presionados por incentivos más inmediatos, se refugian en el escepticismo adoptando una filosofía que les parece “más realista”.

Hay otras personas que, después de haber hecho varias incursiones en el terreno de las más variadas escuelas filosóficas, acaba con un lio tan tremendo en su cabeza que ya no consiguen mirar nada por sí mismos y solamente saben pensar en términos de tal o cual “autoridad”.

Algo parecido sucede con los que después de haber descubierto que en todas las grandes religiones, así como en la teosofía y el ocultismo, hay cosas excelentes, y que algunas grandes verdades y aspectos éticos son comunes o similares, acaban aceptando “un poco de todo”, resultando de ello un confuso y espeso “potaje intelectual”, que por su contenido de dudas e ideas contradictorias, anula toda posibilidad de trabajo espiritual concreto y positivo.

Hay también, claro está, es grupo enorme formado por los agnósticos, que con una pirueta lógica asombrosa, toma como punto de partida la conclusión firme de que al hombre le es totalmente imposible llegar a conocer nada verdadero sobre el sentido de su vida, si es que la vida puede tener realmente algún sentido. Y partiendo de esta postura “tan racional” ahogan desde su nacimiento cualquier deseo de investigar, cualquier intento de enfrentarse ante el problema con la mente abierta.

Las personas de estos grupos adoptan estas posiciones como una necesidad de afirmarse a sí mismos en aquello que afirman o niegan. Y parece que la necesidad de esta afirmación personal es más importante que la misma respuesta afirmativa o negativa al problema en cuestión. Incluso más importante que el mismo problema.

Creo que es principalmente esta actitud la que incapacita a la persona para ver y descubrir nada realmente nuevo. Es el gesto de hincharse a sí mismo en la pretensión de ser y estar completo en sí mismo. Y verdaderamente, en esta situación, en este estado, no hay sitio para nada más.

La otra actitud que también incapacita para ver y descubrir es la opuesta: la de encogerse. Es la actitud del miedo, de quien está en el mundo sintiéndose con el riesgo constante de ser gravemente lesionado, física o moralmente. Y necesita estar defendiéndose a base de ocupar el menor sitio posible, físico, afectivo y mental. Y por eso tampoco hay aquí sitio para nada nuevo.

Las únicas personas que tienen una oportunidad de descubrir alguna nueva verdad son las que con sencillez y sinceridad son capaces de enfrentarse con el mundo, con la vida, en esa disposición, mezcla de curiosidad, interés y admiración que siente el niño ante cada cosa nueva que se le presenta en su experiencia cotidiana, viendo en ella algo mágico y maravilloso que a la vez le atrae y exige ser desentrañado. Son las personas que ante la importancia del descubrimiento que presienten se olvidan de sus propias cualidades, limitaciones y problemas, para entregarse con todo su ser, abierto y receptivo, primero al tímido acercamiento y tanteo, y luego a la incondicional búsqueda y total penetración del misterio.

Extracto del libro:

Antonio Blay.- Plenitud en la vida cotidiana.- Editorial CEDEL, 1981. (capítulo primero)


La Identificación

Martes, abril 10th, 2012

LA IDENTIFICACIÓN

Llamamos identificación al fenómeno de crispación o de limitación mental y de proyección de toda nuestra noción de realidad en el objeto que vivimos en aquel momento. Identificarse es confundir la propia realidad con la realidad de un fenómeno interno o externo.

Por ejemplo, si cuando estoy en el cine sigo con interés una película que me resulta muy interesante, todas las vicisitudes del héroe o de la heroína producirán en mi una gran sensación, hasta el punto de emocionarme, conmoverme, animarme o exaltarme, y es porque vivo aquellas escenas con una realidad que me hace olvidar por unos instantes mi propia realidad.

Precisamente cuando la olvido es cuando más me emociono, cuando más intensamente reacciono ante una película bien hecha.

Pero ¿qué ocurre en esos instantes en que solo percibo lo que veo en la pantalla, en que estoy contento, alegre o asustado según se desarrolle el argumento? Sencillamente, que he olvidado mi noción de realidad, y aunque sigo teniéndola no la vivo como mía sino que se la doy al personaje con el que me identifico. Confundo mi noción de realidad con la suya. Estoy literalmente hipnotizado por aquella imagen, por el personaje que representa, y toda mi noción de realidad, en vez de vivirla como mía, la vivo como perteneciente a él. Yo, en aquel instante creo ser él.

Fragmento del libro de Antonio Blay: Plenitud en la vida cotidiana (Ediciones CEDEL) (capítulo III)

A la luz de este fragmento podemos reflexionar sobre los siguientes puntos:

1.- ¿vemos claro que la realidad siempre la ponemos nosotros?

2.- ¿qué es despertar?